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Santoral del 1 de Abril

INDICE


Hugo de Grenoble, Obispo
Celso de Armagh, Arzobispo
José Anacleto González Flores y 8 compañeros, Beato Mártires México
Ludovico Pavoni, Beato
Santas Agape y Quinta
San GILBERTO DE CAITHNESS
San VALERICO DE LEUCONAY
Santa MARÍA EGIPCIACA
Beata SOFIA CZESKA MACIEJOWSKA
OTROS SANTOS DEL DÍA
Santos: Venancio, Dodolino, Prudencio, Leuconio, Melitón, obispos; Víctor, Esteban, Teodora, Marcela, Quinciano, Ireneo, mártires; Vinebaldo, abad.

SAN HUGO de GRENOBLE,
¡Ay de vosotros los que ahora reís! porque
os lamentaréis y lloraréis.
(Lucas, 6, 25).


Los júbilos eternos son la recompensa del llanto que San Hugo vertía oyendo las confesiones de sus penitentes. Fue obispo de Grenoble durante 52 años, y cumplió sus deberes con celo cada vez mayor. Por espacio de treinta años soportó con paciencia una dolorosa enfermedad; durante cuarenta años resistió al demonio que le sugería blasfemias contra Dios. Tuvo la dicha de recibir en su diócesis a San Bruno y a sus compañeros, y de visitarlos con frecuencia en el yermo de la Cartuja. Murió el 1º de abril de 1132, próximo a los 80 años de edad.


ACERCA DEL MODO DE GOBERNAR LOS OJOS

I. Pon los ojos en las miserias de esta vida: mira cuántos pobres, cuántos enfermos, cuántas personas afligidas; a la vista de tantos sufrimientos, te conmoverás y exclamarás: ¿Qué hice yo, oh Dios amabilísimo, para ser preservado de estas aflicciones? Agradece a Dios esta merced; humíllate viendo que no puedes o que no quieres soportar nada, mientras tantas otras personas sufren tan crueles dolores.

II. Mira a los que el mundo llama dichosos, a los que, reuniendo en sí los bienes de la naturaleza y de la fortuna, parece estuvieran a cubierto de toda miseria común al resto de los mortales. Cuando hayas considerado a estos favoritos del mundo, pregúntate a ti mismo: ¿Cuánto durará esta aparente felicidad? ¿Cuántas penas, deseos, remordimientos de conciencia, aprensiones terribles, acompañan a estas riquezas y a estos placeres? ¡Ah! ¡cuántas miserias y tristezas se esconden bajo el oro y la púrpura! Brillan por afuera, por adentro no son sino miseria.
(Séneca).

III. Cuando te tiente el espíritu de orgullo, mira la tierra, y di en ti mismo: ¿De qué te enorgulleces tú, que pronto estarás encerrado en una tumba y serás pisado por los transeúntes? Si estás afligido, mira el cielo, anímate y di: ¡Ah! esta vida no durará siempre, iré al cielo, donde Dios enjugará mis lágrimas y calmará mis penas. Busquemos, amemos ardientemente los bienes que permanecen para los que los hallaron, que no pueden ser arrebatados a los que los adquirieron. (San Gregorio).
La modestia
Orad por Por los que se hallan
en pecado mortal.


ORACIÓN
Oh Dios omnipotente, haced que la augusta solemnidad del bienaventurado Hugo, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el deseo de la salvación. Por
N. S. Amén.

http://www.aciprensa.com/podcast/santo/abril01BeatoLudovicoPavoni.mp3








Martirologio Romano: En Grenoble, en Burgundia, san Hugo, obispo, que se esforzó en la reforma de las costumbres del clero y del pueblo, y siendo amante de la soledad, durante su episcopado ofreció a san Bruno, maestro suyo en otro tiempo, y a sus compañeros, el lugar de la Cartuja, que presidió cual primer abad, rigiendo durante cuarenta años esta Iglesia con esmerado ejemplo de caridad.

Nació en Chatênauneuf d´Isere (Drôme), en el Delfinado y era hijo de un oficial del ejército. Era un hombre extremadamente tímido, pero supo transformar su timidez en humildad. Estudió en Valence, donde fue ordenado sacerdote y fue nombrado canónigo de su catedral. Tenía 27 años, cuando en el 1080, mientras asistía al sínodo provincial de Aviñón, el legado papal le instó a aceptar la sede de Grenoble, y fue consagrado obispo por el papa san Gregorio VII. Estuvo al frente de su diócesis casi medio siglo. Durante este tiempo buscó siempre la forma de renunciar a su cargo. Cuando llegó a su diócesis se la encontró verdaderamente fuera de control: concubinato de clérigos, simonía, usura, pésima moralidad entre los fieles, deudas y mala administración en el obispado; quiso ponerle remedio, pero al cabo de dos años, pensó que no había nada que hacer y, ansiando vida de oración, se retiró al monasterio cluniacense de Chaise Dieu. El papa le urgió paternalmente que volviera a su sede.

Trece años después, acogió en su diócesis a san Bruno y sus seis compañeros; y los llevó a la Gran Cartuja, cediéndoles los terrenos para su construcción. Según cuenta la leyenda convenció a su padre, Odilo, para que se hiciera cartujo, y vivió como tal hasta su muerte. Eligió a Bruno como su director espiritual y participó en aquella vida de penitencia; con gran fruto espiritual de sus fieles en su modestia máxima y en sus arrebatos continuos. Ya en la vejez, atormentado de las tentaciones que le hacían dudar de la Providencia, pidió ser exonerado de su cargo, pero no fue escuchado. Tuvo amistad con san Bernardo de Claraval, que le visitó varias veces.

En Hugo buscaban consejo los poderosos. Y Hugo, el hombre manso y cordial, se mostró inflexible cuando estaba en juego la gloria de Dios o los intereses espirituales de la Iglesia. En 1112, asistió al concilio de Vienne y tomó parte en la condena del emperador Enrique IV. Y en el concilio de Puy-en-Velay se mostró enérgico en la defensa del papa Inocencio II, contra la ambición del antipapa italiano Anacleto II (1130-1138), que fue excomulgado. Hugo fue uno de los obispos que más trabajó para acabar con el cisma. Con casi 80 años, murió en Grenoble.
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Martirologio Romano: En Tesalónica, de Macedonia, santa Ágape y santa Quionia, vírgenes y mártires, que en la persecución bajo el emperador Diocleciano, por no querer comer carne sacrificada a los ídolos fueron entregadas al prefecto Dulcecio, que las condenó a ser quemadas vivas.

Ágape vivía en Tesalónica con sus hermanas: Quionia e Irene. Sus nombres: Ágape = Caridad; Quionia = Pureza e Irene = Paz, nos hacen reflexionar sobre una leyenda. El emperador Diocleciano (otros autores dicen que fue el emperador Maximino) ordenó confiscar todos los bienes de la Iglesia y la destrucción de los libros sagrados; las tres hermanas fueron encontradas en posesión de los libros sagrados.

Consignar se dice en latín "traditio" con lo cual las hermanas no traicionaron. Cuando el prefecto Dulcecio les preguntó de quién habían aprendido ideas tan extrañas, Quionia respondió: "De nuestro Señor Jesucristo". A Ágape durante el juicio, quisieron que comiera carne sacrificada a los ídolos, y ella se negó rotundamente: "Creo en el Dios viviente, y no perderé por una acción malvada todos los méritos de mi vida pasada". Murieron en la hoguera en Tesalónica.
Mientras tanto Dulcecio supo que Irene tenía libros cristianos y no los había consignado como decía la ley. La interrogó de nuevo y ella dijo que cuando se había publicado el decreto del emperador contra los cristianos con otros muchos huyó a las montañas. Evitó involucrar a las personas que la habían ayudado y declaro que nadie excepto ellos sabían que tenían los libros: "temíamos más a nuestra gente que a otro cualquiera".

Irene, murió dos días más tarde, después de que fuera expuesta en un burdel y los libros sagrados fueron quemado públicamente. Sus "Actas" son auténticas. Junto a ellas también fueron interrogados: santos Agatón, Casia, Felipa y Eutiquia, que sufrieron la cárcel, pero estos nombres fueron añadidos después y probablemente no hayan existido.
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Martirologio Romano: En Palestina, santa María Egipcíaca, célebre pecadora de Alejandría, que por la intercesión de la Bienaventurada Virgen se convirtió a Dios en la Ciudad Santa, y llevó una vida penitente y solitaria a la otra orilla del Jordán.

Según parece, la biografía de santa María Egipciaca se basa en un corto relato, bastante verosímil, que forma parte de la «Vida de San Ciriaco». El santo varón se había retirado del mundo con sus seguidores y, según se dice, vivía en el desierto al otro lado del Jordán. Un día, dos de sus discípulos divisaron a un hombre escondido entre los arbustos y le siguieron hasta una cueva. El desconocido les gritó que no se acercasen, pues era mujer y estaba desnuda; a sus preguntas, respondió que se llamaba María, que era una gran pecadora y que había ido allí a expiar su vida de cantante y actriz. Los dos discípulos fueron a decir a san Ciriaco lo que había sucedido.

 Cuando volvieron a la cueva, encontraron a la mujer muerta en el suelo y la enterraron allí mismo. Este relato dio origen a una complicada leyenda muy popular en la Edad Media, que se halla representada en los ventanales de las catedrales de Bourges y de Auxerre. Podemos resumirla así:
Natural de Alejandría, fue durante 17 años, prostituta en su ciudad "no por intereses, ni por precio, ni dones que le diesen, sino sólo por gusto".

Un día, con 30 años, quiso ir a Jerusalén con unos peregrinos, no por devoción sino por curiosidad, pagó el pasaje con su cuerpo prostituyéndose con los marineros; una vez en la ciudad se dispuso a entrar con la muchedumbre en la iglesia del Santo Sepulcro, pero una fuerza sobrenatural la rechazó, mientras los demás entraban sin obstáculos; era el día de la exaltación de la Santa Cruz. Se arrepintió de una juventud hundida y prometió ante una imagen de María "dar mano a todas las cosas del siglo y entrar por la senda de salvación más estrecha", entonces pudo traspasar las puertas de la iglesia pero... de rodillas; escuchó una voz interior que le decía: "Vete al otro lado del Jordán, y allí encontrarás el descanso".

Se dirigió al Jordán y con sólo tres panes, adquiridos con tres monedas que le dieron de limosna, se adentró en el desierto para vivir la penitencia en la soledad. Allí pasó el resto de sus días. Comía hierbas y frutas silvestres. Estaba ennegrecida por las inclemencias del tiempo. Vivió sola, sin haber visto el rostro de un ser humano en más de 40 años hasta que la encontró el abad san Zósimo de Palestina, que fue quién le dio la comunión, enterró su cuerpo y se le atribuye el relato de su fantástica vida.
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Martirologio Romano: En Lauconay, cerca de Amiens, en la Galia, san Valerico o Valerio, presbítero, que atrajo a muchos compañeros hacia la vida eremítica.

Nació en Auvernia, en el seno de una familia humilde. Era pastor, y se las arregló para aprender a leer mientras cuidaba el ganado y llegó a conocer de memoria el salterio. Un día, su tío le llevó a visitar el monasterio de Autum, Walerico insistió en quedarse y su tío le permitió continuar ahí su educación. Algunos años después, pasó a la abadía de San Germán de Auxerre. En aquella época los monjes podían pasar libremente de un convento a otro, algunos eran simplemente espíritus inquietos, incapaces de establecerse en un sitio pero otros cambiaban de monasterio por verdadero espíritu de perfección, en busca de directores espirituales capaces de ayudarlos a santificarse. Walerico se contaba entre estos últimos. La fama de san Columbano y sus discípulos le movió a ir a Luxueil para ponerse bajo la dirección del gran santo irlandés. Con él fue su amigo Bobo, un noble a quien Walerico había convertido y que abandonó todas sus posesiones para seguirle. Ambos se establecieron en Luxueil, donde encontraron el director espiritual y la forma de vida que necesitaban.

Walerico estaba encargado de cultivar un aparte del huerto. Los otros monjes consideraron como un milagro que los insectos no atacasen la parte del huerto a él confiada, en tanto que devastaban todo el resto, también parece que esto fue lo que movió a san Columbano, quien tenía ya una idea muy elevada de la santidad de Walerico, a admitirle a la profesión después de un noviciado excepcionalmente breve.
El rey Teodorico expulsó al abad del monasterio y sólo permitió que partiesen con él los monjes irlandeses y bretones. Walerico, que no quería quedarse en el monasterio sin su maestro, obtuvo permiso de acompañar a un monje llamado Waldolano, quien iba a partir a una misión de evangelización. Se establecieron en Neustria, donde predicaron con gran libertad, la elocuencia y los milagros de Walerico lograron numerosos conversiones.

Sin embargo el santo se sintió pronto llamado de nuevo retirarse del mundo, esta vez a la vida eremítica. Siguiendo el consejo del obispo Bercundo, escogió un sitio solitario cerca de mar, en la desembocadura del río Somme. Pero, a pesar de todos sus esfuerzos por ocultarse, no consiguió permanecer ignorado, pronto se le reunieron algunos discípulos y las celdas empezaron a multiplicarse en lo que más tarde se convertiría en la célebre abadía de Leuconay.
Walerico partía, de vez en cuando, a predicar misiones en la región, obtuvo un éxito tan grande, que se cuenta que evangelizó no sólo lo que ahora se llama Pas-de-Calais, sino toda la costa oriental del estrecho.

Nuestro santo era alto y de figura ascética, su singular bondad suavizó la rigidez de la regla de san Columbano con excelentes resultados. Los animales acudían a él sin temor, los pájaros iban a posarse sobre sus hombros y a comer en sus manos, en más de una ocasión, el buen abad dijo a los que iban a visitarle. "Dejad comer en paz a estas inocentes criaturas de Dios". San Walerico gobernó el monasterio durante seis años por lo menos y murió hacia el año propagar rápidamente su culto. Dos poblaciones francesas le deben su nombre: Saint-Valéry-sur-Somme y Saint-Valéry-en-Caux.
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Martirologio Romano: En el lugar llamado Ardpatrick, en la región de Munster, en Irlanda, san Celso, obispo de Armagh, que trabajó en favor de la instauración de la Iglesia.

Cellach Mac Aedh nació en Irlanda y parece que fue monje benedictino de Glastonbury; en el 1105 fue ordenado obispo de Armagh. Consagrado obispo, fue un excelente pastor. Fue muy asiduo en las visitas pastorales, administró sabiamente las posesiones de su diócesis y restauró la disciplina eclesiástica. Para darse cuenta de la realidad, visitó todas las ciudades entre 1106 y 1110. En el 1111 convocó un gran concilio general en Fiadh-Mic-Aengus. Asistieron unos cincuenta obispos, 300 sacerdotes, 3.000 eclesiásticos, el rey de Irlanda, los nobles y el legado papal Gilberto de Limerick. El pueblo no recibió de buen grado ni las reformas que llevó a cabo el sínodo, ni la nueva división de las diócesis.

Su gran obra fue corregir los abusos de su familia, ya que ésta era la que ostentaba desde hacía siglos el obispado de Armagh, como si fuera un derecho. Terminó con este poder y se preocupó sobre todo en defender los derechos de la Iglesia y de los necesitados. Los "Anales de Four Masters" cuentan que san Celso recontruyó la catedral de Armagh.

La época en que vivió fue muy agitada; tuvo que ejercer el oficio de mediador en las discordias de los príncipes irlandeses y sufrió las invasiones de los O’Rourke y los O’Brien. Restauró las catedrales e iglesias, fundó escuelas, introdujo a los Canónigos Regulares de san Agustín. En todas sus dificultades le asistió san Malaquías, quien fue primero archidiácono suyo y después obispo de Connor. Poco antes de su muerte, ocurrida en Ardpatrick de Munster, el santo acabó con la costumbre de la sucesión hereditaria, nombrando por sucesor a Malaquías. Según su deseo, fue enterrado en Lismore. "Alma buena y delicada" le llamó san Bernardo de Claraval.
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Martirologio Romano: En Caithness, en Escocia, san Gilberto (Gilbert), obispo, que erigió la iglesia catedral en Dornoch y dispuso hospederías para los pobres, y al morir encomendó lo que él mismo había observado en su vida, a saber: no hacer daño a ningún ser, llevar con paciencia los contradicciones permitidas por Dios y a nadie dar ocasión de tropiezo.

Nacido en Moray, Gilberto recibió las órdenes sagradas y fue nombrado archidiácono de Moray. Según la tradición, siendo todavía muy joven, fue convocado con los obispos de la Iglesia de Escocia a un concilio que tuvo lugar en Northampton, en 1176. Como portavoz de los obispos escoceses, se opuso con fervor y elocuencia a la idea de covertir a los prelados del norte de Gran Bretaña en sufragáneos del Arzobispo de York. Sostuvo firmemente que la Iglesia de Escocia había sido libre desde el principio y que sólo estaba sujeta a la autoridad del Papa; por lo tanto habría sido injusto someterla a la autoridad de un metropolitano inglés, tanto más cuanto que loa ingleses y los escoceses, vivían perpetuamente en guerra. Según parece, ésta fue la idea que se impuso en el concilio.

Es cierto que en el sínodo de Northampton un clérigo llamado Gilberto pronunció un discurso en este sentido, pero es muy difícil probar que se trataba de Gilberto que fue nombrado obispo de Caithness, en 1223.

Según el "Breviario de Aberdeen", Gilberto sirvió a varios monarcas. La leyenda cuenta que sus amigos quemaron los libros en que guardaba las cuentas, con la esperanza de desacreditarle; pero las oraciones del santo lograron que los libros aparecieran íntegros. Después del asesinato del obispo Adam, Alejandro nombró a Gilberto obispo de Caithness.

 El santo gobernó su diócesis sabiamente durante veinte años, construyó varios albergues para los pobres, erigió la catedral de Dornoch y, con su predicación y ejemplo, contribuyó a la civilización de su pueblo. En su lecho de muerte dijo a los que le rodeaban: “Os recomiendo tres máximas que yo he tratado de observar toda mi vida: No hagáis daño a nadie ni tratéis de vengaros si os lo hacen. Soportad con paciencia los sufrimientos que Dios os envíe, teniendo presente que él purifica así a sus hijos para el cielo. Por último, obedeced a la autoridad para no escandalizar a nadie.”
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Martirologio Romano: En Cracovia, Polonia, beata Sofía Czeska-Maciejowska, fundadora de la Congregación de las Virgenes de la Presentación de la Bienaventurada Virgen María.

Nació en Malopolska (Pequeña Polonia) en el seno de una familia de la “Nobleza Media”. Tenían bienes cerca de Cracovia y dos casas en la calle Szpitalna en Cracovia. Era una familia numerosa -cinco varones y cuatro mujeres- criados todos en un ambiente religioso. Sofía fue la tercera.

A los 16 años fue entregada como esposa a un noble, Jan Czeski, tomando su apellido, y se mudó a Slomniki, cerca de la República Checa. Lamentablemente, después de solo seis años quedó viuda y sin hijos. Muchos caballeros intentaron casarse con ella porque era todavía joven, guapa y rica. Pero la mujer hizo otra elección: decidió consagrar su vida a la obras de misericordia. Sofía ya desde 1602 pertenecía a la archiconfraternidad de la Misericordia activa en Cracovia en la iglesia de santa Bárbara de los jesuitas.

En aquel periodo daba limosna a los necesitados pero también a las iglesias y monasterios. Pero la actividad caritativa no le satisfacía plenamente: movida por la fe profunda y del amor por Cristo decidió dar todo lo que poseía a Dios y los necesitados. En aquellos tiempos ella fue testigo de la guerra, las epidemias, las inundaciones, las malas cosechas, el hambre, por lo tanto presenció la muerte de muchas personas. Sofía decidió hacerse cargo de las niñas, especialmente los huérfanas y de familias pobres. Cedió su casa en la calle Szpitalna para ellas, donde no sólo podían vivir y recibir atención médica, sino también estudiar.

En los años 1621-1627 - con los propios medios en la casa comprada en Cracovia en via Szpitalna 18 - un Instituto “Domus Virginum Praesentationis Beatissimae Mariae Virginis” (llamado también “Domus pro orphanellis”) para chicas jóvenes y huérfanas: era la primera escuela femenina formalmente organizada en Polonia, institución que además contaba con estructuras orgánicas adecuadas, en esos tiempos tan sólo los varones iban a la escuela.
La madre Sofía estaba convencida de haber recibido de Dios la llamada a asumir la obra de educación de las chicas y quería servirle también en lo que es más importante: en su camino a la salvación y a la santidad.

Pero para asegurar el futuro del Instituto no bastaban los fondos: eran necesarias personas, educadoras como ella, dedicadas completamente a la obra comenzada por ella. Con este objetivo comenzó a organizar una orden religiosa con el nombre "congregación de las Vírgenes de la Presentación de la Beata Viren María" (llamada solamente Hermanas de la Presentación). El nombre no es casual, en la espiritualidad de la Madre Sofía había dos factores de gran importancia: la adoración eucarística y la devoción mariana. Pero la Congregación fue reconocida después de la muerte de la fundadora, en 1660 el obispo de Cracovia y más tarde también la santa sede aprobaron sus estatutos.

La obra de Madre Sofía se incluía en el proceso de la profundo renovación de la Iglesia católica después del Concilio de Trento (1546-1563), que comenzaba a dar sus frutos al inicio del siglo XVII. En estos cambios tuvo un rol importantísimo la Compañía de Jesús: los jesuitas conseguían influir tanto en la iglesia como en la sociedad gracias a sus famosos colegios que fundaban en los conventos.

Los jesuitas dejaron una marca importante en la espiritualidad de la Congregación fundada por la Madre Sofía: las hermanas conjugaban la vida comunitaria con la vida activa fuera del convento, consagradas a la educación de las chicas y la atención de las huérfanas.
Las Hermanas de la Presentación desde hace cuatro siglos continúan la obra de la Madre Sofía y siguen fieles al carisma original de la fundadora dirigiendo escuelas, colegios, guarderías, orfanatos y centros de reinserción social.

La Madre Sofía Czeska murió a la edad de 66 años. Fue enterrada en la iglesia de Santa María en Cracovia, pero sus restos mortales se encuentran actualmente en la capilla lateral en la iglesia de San Juan (de las Hermanas de la Presentación) en Cracovia. La Madre Sofía Czeska gozó siempre de fama de santidad, tanto en vida como después. Su tumba es lugar de oración.
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Martirologio Romano: En Brescia, de Lombardía, en Italia, beato Ludovico Pavoni, presbítero, que se entregó con ánimo decidido a la formación de los jóvenes pobres, interesándose sobre todo en su educación religiosa y artesana, fundando para ello la Congregación de los Hijos de María Inmaculada.

Nació en Brescia. Vivió en una época caracterizada por profundos cambios políticos y sociales: la Revolución Francesa (1789), la Jacobina (1797), el dominio napoleónico con sus diferentes denominaciones y por fin, desde 1814, el Austriaco. Pero la “política”de Ludovico Pavoni, ordenado sacerdote en 1807, fue siempre y únicamente la política del amor. Renunciando a alcanzar altos cargos eclesiásticos, a los que parecía estar llamado cuando el obispo monseñor Gabrio María Nava le quiere como su secretario (1812), supo dedicarse con creatividad generosa a quien tenía más necesidad: los jóvenes y entre éstos los más pobres. Para ellos abrió un centro formativo, su “Oratorio” (1812). Al mismo tiempo, se entregaba, como destacará el Obispo, "en apoyo de los párrocos para instruir, catequizar por medio de homilías, de catequesis, de ejercicios espirituales sobre todo a la juventud y especialmente a la más pobre que tenía mayor necesidad, con muy buenos resultados".

 El 16 de marzo de 1818 es nombrado Canónigo de la Catedral y se le confia la rectoría de la basílica de San Bernabé.
Notando, entonces, que muchos de los chicos de su Oratorio, sobre todo los pobres, decaían en su empeño y se desviaban del buen camino, cuando tenían que insertarse en el mundo del trabajo, que por desgracia no garantizaba un sano ambiente moral y cristiano, Ludovico Pavoni decide fundar "un Instituto o Escuela de Artes de carácter benéfico y privado, donde al menos los huérfanos, o abandonados por sus propios padres fuesen acogidos, mantenidos gratuitamente, educados cristianamente, y capacitados para desempeñar alguna arte, a fin de formarles queridos para la religión, y útiles para la sociedad y el Estado". Nace así, en 1821, el Instituto de San Bernabé.

Entre las artes, la más importante fue la Tipografia, querida por Pavoni como "Escuela Tipográfica", que se puede considerar la primera Escuela gráfica de Italia y que pronto llega a ser una verdadera Casa Editorial. Con el paso del tiempo se multiplican los oficios enseñados en San Bernabé: en 1831, Pavoni detalla ocho oficios existentes: Tipografia, encuadernación de libros, papelería, plateros, cerrajeros, carpinteros, torneros, zapateros.

El Instituto de San Bernabé unía por primera vez el aspecto educativo, el asistencial y el profesional, pero la fisonomía más profunda "la idea característica" del nuevo Instituto era que "los muchachos pobres, abandonados por sus padres y sus parientes más cercanos, encontrasen todo lo que habían perdido: ... no solamente... pan, vestido y educación en las letras y las artes, sino también el padre y la madre, la familia, de los cuales la mala suerte les ha privado, y con el padre, la madre, la familia todo lo que un pobre podía recibir y gozar".
Durante el cólera de 1836, "con una simple invitación Municipal, y sin la esperanza de recibir ninguna contribución económica, son acogidos gratuitamente en el Pío instituto, alimentados y educados con verdadero amor paterno. ... muchos, y muchos muchachos aun incapaces". Así se lee en las actas de la reunión extraordinaria del Municipio de Brescia del 21 de agosto de 1841.
Pavoni pensó también en los labradores y proyectó una Escuela Agrícola. En 1841, acoge en el Instituto a los Sordomudos. El 3 de junio de 1844 era condecorado por el Emperador de Austria con el título de Caballero de la Corona de hierro.

Para sostener y continuar el Instituto, Ludovico Pavoni ya desde hacía tiempo andaba madurando la idea de formar con sus jóvenes más fervorosos "una Congregación, que unida con los estrechos vínculos de la caridad, y basada en las virtudes evangélicas, se consagrase a acoger y a educar a los muchachos abandonados, y dilatase gratuitamente sus cuidados también a favor de las Casas de Industria, que quizá por falta de Maestros sabios y hábiles en las artes, sienten prejuicios, y agravios": así ya en 1825 escribía al Emperador Francisco I, de visita en Brescia. Obtenido el elogio del fin de la Congregación de los Hijos de María Inmaculada (pavonianos), con decreto del 31 de marzo de 1843 de parte del papa Gregorio XVI, llega por fin la aprobación imperial el 9 de diciembre de 1846. Monseñor Luchi, Vicario General Capitular, haciendo uso de la facultad otorgada por la Santa Sede, erige canónicamente la Congregación de los Hijos de Maria, el 11 de agosto de 1847. Después de haber dado formalmente el 29 de noviembre las dimisiones del Capítulo de la Catedral, el 8 de diciembre de 1847, solemnidad de la Inmaculada, Pavoni emite su profesión perpetua.

Acerca de la fisonomía de la nueva familia religiosa, los contemporáneos reconocen unánimemente la novedad y la originalidad, pues se compone de Religiosos sacerdotes para la dirección espiritual, disciplinar y administrativa de la obra y de religiosos Laicos para llevar adelante los talleres y la educación de los jóvenes. Aparece así la nueva figura del religioso trabajador y educador: el hermano coadjutor pavoniano, insertado directamente en la misión específica de la Congregación, con igualdad de derechos y de deberes con los Sacerdotes.
El día después de estallar la insurrección contra los Austríacos, llamada de "los Diez Días", Ludovico Pavoni acompañaba a sus muchachos a la colina de Salano, a doce kilómetros de Brescia, para ponerlos a salvo del saqueo y de los incendios causados por la revuelta, que justo en la plaza de San Bernabé había montado una barricada. No muy bien de salud, se agrava y al amanecer,muere. Fue el inspirador del "Proyecto Hombre" para la rehabilitación de los drogodependientes.
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Beato ANACLETO GONZÁLEZ FLORES

Martirologio Romano: En Guadalajara, México, beatos laicos José Anacleto González Flores, José Dionisio Luis Padilla Gómez, Jorge Ramón Vargas González y Ramón Vicente Vargas González, mártires.

Anacleto nació en Tepatitlán, en 1888, en el seno de una familia pobre de solemnidad. En 1908 ingresó en el seminario auxiliar de San Juan de los Lagos; pronto alcanzó una basta cultura que le llevó a ganarse el apodo de “Maestro Cleto”. Cuando comprendió que su vocación no era el sacerdocio ingresó en la Escuela libre de leyes. Fue un notable pedagogo, orador, catequistas y lider social cristiano, se convirtió en paladín laico de los católicos de Guadalajara.
Escribió varios libros y artículos periodísticos llenos de espíritu cristiano. En 1922 se casó con María Concepción Guerrero, con la que tuvo dos hijos, pero nunca fue comprendido por su mujer por su compromiso cristiano. Propuso a los católicos la resistencia pacífica y civilizada a los ataques del Estado contra la Iglesia; y para ello fundó la Unión Popular, que contó con miles de afiliados.

Al finalizar el año 1626, apoyó con su prestigio, su verbo y su vida, los proyectos de la Liga nacional defensora de la libertad religiosa. Fue un hombre de oración y de comunión diaria. En 1927, fue arrestado en el domicilio particular de la familia Vargas González, fue trasladado a la cárcel de Colorado, donde fue torturado para que revelase el paradero del obispo de Guadalajara: Francisco Orozco y Jiménez. Los verdugos bajo las órdenes del general de división Jesús María Ferreira, jefe de operaciones de Jalisco, le descoyuntaron las extremidades, le levantaron las plantas de los pies y, a golpes, le desencajaron un brazo. Antes de morir, dijo a Ferreira: “Perdono a usted de corazón, muy pronto nos veremos ante el tribunal divino, el mismo juez que me va a juzgar, será juez, entonces tendrá usted, en mi un intercesor de Dios”. El militar ordenó que lo traspasaran con el filo de una bayoneta.

Luis nació en Guadalajara (Jalisco), en 1899, en el seno de una familia acomodada. En 1917 ingresó en el seminario de Guadalajara, donde destacó por su conducta intachable y la pureza de sus costumbres. Abandonó la institución en 1921 para aclarar dudas vocacionales.
Una vez fuera del seminario ejerció como profesor y dio clases a niños y jóvenes sin recursos. Fue socio fundador de la Asociación católica de la juventud mejicana, donde desarrolló un intenso apostolado en el campo de la promoción social. Tenía una gran devoción mariana.
Al estallar la persecución contra la Iglesia católica, se afilió a la Unión Popular para trabajar por medios pacíficos en la defensa de la religión. En repetidas ocasiones expresó su deseo de seguir a Jesús hasta la muerte.

En 1927, fue detenido por los militares al mando del jefe de operaciones de Jalisco, el general Jesús María Ferreira, quién ordenó el saqueo de su casa y la detención de su madre y de una de sus hermanas. El joven Luis fue llevado a la cárcel del cuartel Colorado. Presintiendo su fin quiso confesarse, pero su compañero de prisión Anacleto González Flores le confortó diciendo: "No, hermano, ya no es hora de confesarse, sino de pedir perdón y de perdonar. Es un Padre y no un juez el que te espera. Tu misma sangre te purificará". Fue fusilado. Tenía 26 años.

Jorge nació en Ahualulco, Jalisco, en 1899, en el seno de una familia cristiana y acomodada. Siendo niño, su familia se trasladó a Guadalajara. Durante la persecución religiosa, en 1926, siendo Jorge empleado de la Compañía hidroeléctrica, su hogar sirvió de refugio a muchos sacerdotes perseguidos, entre otros, el padre Lino Aguirre, futuro obispo de Culiacén, Sinaloa, de quien Jorge fue custodio y compañero de correrías. A finales de marzo de 1927, la familia recibió en su casa al poscrito líder Anacleto Gónzalez Flores.
En este lugar les sorprendió la celada del 1 de abril. Todos, hombres, mujeres y niños, entre vejaciones y sobresaltos, fueron detenidos por el jefe de policia de Guadalajara. Un mismo calabozo sirvió para alojar a tres de los Vargas González: Florentino, Jorge y Ramón; su crimen, alojar a un católico perseguido.

Horas después encerraron en una celda contigua a Luis Padilla y a Anacleto Gónzalez. Jorge se lamentó de no poder comulgar, porque era primer viernes del mes, pero su hermano Ramón le dijo: “No temas, si morimos, nuestra sangre lavaré nuestras culpas”. La entereza de ánimo de los hermanos se mantuvo, charlando con desenfado antes de ser ejecutados. Por una órden de último momento, uno de los tres hermanos, Florentino, fue separado del resto. Jorge fue torturado y fusilado. Su padre y su madre, durante el sepelio se mostraron orgullosos del martirio de sus hijos.

Ramón nació en Ahualulco, Jalisco, en 1905, en el seno de una familia acomodada. Tres notas le distinguieron de sus once hermanos: el color pelirrojo de su pelo, que le valió el mote de “Colorado”, su elevada estatura y su jovialidad. Como su padre, ingresó en la Escuela de medicina de Guadalajara, donde destacó por su buen humor y su catolicismo.

En cuanto pudo hacerlo, atendió gratuitamente la salud de los pobres. A los 22 años, próximo a terminar sus estudios universitarios, Anacleto Gózalez le pidió que se sumase a los campamentos de la resistencia activa como enfermero: “Por usted hago lo que sea, Maestro, pero irme al monte no”, contestó Ramón.

Cuando la policía entró en su casa, Ramón consiguió escaparse, pero no tardó en volver sobre sus pasos y entregarse. Cuando supo que iba a morir, su hombría de bien y su esperanza cristiana le bastaron para unir su sacrificio al de Cristo. Para atenuar la sentencia el general de división Jesús María Ferreira, ofreció dejar en libertad al menor de los hermanos; el indulto le correspondía a Ramón, pero este, sin admitir reclamos, cedió su lugar a su hermano Florentino. Antes de ser fusilado, Ramón flexionó los dedos de su mano diestra formando la señal de la cruz.
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San Melitón de Sardes. M. c. 180.
Se ignoran datos de su origen y vida en familia. Sus biógrafos afirman que vivió en Turquía, Asia Menor. Obispo de Sardes en Lidia; escritor eclesiástico de la época de los Apologistas; gozó de gran reputación, pero hoy queda muy poco de su obra.
Su obra literaria consta de la célebre “Apología” dirigida al emperador Marco Aurelio y de textos teológicos, bíblicos y litúrgicos, de los cuales en nuestros días sólo se conocen fragmentos. Durante su época fue testigo de alguno de los ordenamientos de libros canónicos de la Sagrada Escritura. En los albores del siglo XX se localizó la “Homilía sobre la Pascua”, cuya autoría se le atribuye. Sus escritos versan sobre cristología y soteriolgía, las consecuencias del pecado y el triunfo del Cristo resucitado, la Iglesia y los que viven de acuerdo a la nueva era de Cristo y las figuras del Antiguo Testamento. Se le reconoce como Padre apologista.

San Venancio y compañeros. M. 255.
Martirologio Romano: En Roma, conmemoración de los santos mártires Venancio, obispo, y sus compañeros de Dalmacia y de Istria, Anastasio, Mauro, Pauliniano, Telio, Asterio, Septimio, Antioquiano y Gayano, que la Iglesia honra con alabanza común.
Obispo de Dalmacia. Mártir en Salona, Dalmacia. Su cuerpo, junto con los cuerpos de otos ochos mártires de Dalmacia e Istria (Yugoslavia), fue trasladado por el papa Juan IV al Baptisterios lateranense de Roma.

El Cardenal Baronio preservó la memoria inscribiéndolos en el Martirologio Romano, y otros martirologios siguieron su ejemplo. El hagiógrafo hispánico Tamayo Salazar (siglo XVII) inscribió a Venancio en su calendario haciéndolo obispo de Toledo, pero fue, sin duda, un error de los tantos de este curioso hagiógrafo.
La foto corresponde a un dibujo que representa a este supuesto san Venancio, obispo de Toledo y su correspondiente leyenda.

Hugo de Bonnevaux. Beato. M. 1194.
Martirologio Romano: En el monasterio cisterciense de Bonnevaux, en el Delfinado, en Francia, beato Hugo, abad, cuya caridad y prudencia lograron la armonía entre el papa Alejandro III y el emperador Federico I.

Sobrino nieto de san Hugo de Grenoble; ingresó en la abadía cisterciense de Mezières cuando era muy joven y había renunciado a toda su fortuna en contra de los deseos de sus parientes. En una de las cartas de san Bernardo de Claraval, en la que habla de este monje narra que un día en que le asaltaban terribles tentaciones de volver al mundo, entró a una iglesia a pedir el auxilio divino. La Virgen de la Merced se le apareció, le miró con gran cariño, y le dijo: «Muestra que eres hombre y abre tu corazón a la fortaleza de Dios. Puedes estar seguro de que jamás te asaltará de nuevo esta tentación». Hugo se entregó a penitencias tan severas, que acabó con su salud y empezó a perder la memoria; pero logró restablecerse gracias al sentido común de san Bernardo, quien le envió a la enfermería con instrucciones de que le atendiesen bien y le dejasen hablar con quien quisiera.

En el 1163, fue elegido abad de Léoncel y, en el 1169, se trasladó al monasterio de Buenvalle en Bonnevaux, en el Delfinado, Francia, de donde fue abad. Poseía singulares poderes de adivinación y exorcismo; pero se le recuerda porque en el 1177, medió entre el papa Alejandro III y el emperador Federico Barbarroja logrando la paz entre ellos. Su antiquísimo culto fue aprobado en 1903.

Enrique Alfieri de Asti. Beato. (1345-1401).
Nació en Asti, en el seno de la familia de los señores de Magliano. Ingresó en los franciscanos y pronto se mostró rico en la virtud. Fue superior de la provincia menorítica genovesa. En el Capítulo General del 1387, celebrado en Florencia, fue elegido Vicario General, después por unanimidad Ministro de toda la Orden, cargo que ejerció durante 17 años paternalmente sin disminuir en penitencia y oración, conorado con dones taumatúrgicos.

Presidió seis Capítulos Generales, en los cuales se estudió profundizar en la disciplina religiosa, que dejaba muchos que desear a causa de los cismas existentes en la Iglesia y en el interior de la Orden. Tiene el mérito de favorecer la reforma de los Observantes, iniciada por el beato fray Paoluccio Trinci da Foligno. Los papas Urbano VI y Bonifacio IX le tuvieron gran estima. Murió en Ravenna con fama de santidad y fue sepultado en la iglesia de San Francisco. El Martirologio Franciscano lo retiene como beato.

Juan Bretton. Beato. (c.1527-1598).
Martirologio Romano: En York, en Inglaterra, beato Juan Bretton, mártir, que, siendo padre de familia, mostró una gran constancia en la fe de la Iglesia Romana durante el reinado de Isabel I y, amenazado varias veces, se mantuvo firme, por lo que al fin, falsamente acusado de sedición, fue estrangulado.

Natural de Bretton (actual Mont Breton, cerca de Barnsley, West Riding en el Yorkshire). Era padre de familia y su esposa se llamaba Frances. Católico fervoroso, él y los suyos, se vio obligado a vivir muchas veces separado de su mujer e hijos, para no exponerlos al peligro de la persecución.

Cuando ya era de edad avanzada, fue denunciado por un traidor por hablar mal de la reina Isabel I, y fue encarcelado y juzgado. Se le ofreció la libertad y la vida si abrazaba el anglicanismo, pero al negarse, fue finalmente condenado por alta traición, y ahorcado, arrastrado y descuartizado en York. Fue beatificado el 22 de noviembre de 1987.

Nuno de Santa María Alvares Pereira. Beato. (1360-1431). Carmelita. (Ver) 1 de noviembre.
Carlos de Habsburgo. Beato. (1887-1922). Emperador del imperio austro-húngaro. (Ver) 21 de octubre.

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