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Santoral del 11 de Marzo

INDICE

San Eulogio de Córdoba, Mártir
San Constantino, Mártir
San Sofronio, Patriarca de Jerusalén
Santos MARCOS CHONG UI-BAE y ALEJO U SE-YONG
Santa Oria, Virgen
Beato Juan Bautista Fabriano, Monje
San OENGUS
Beato TOMÁS ATKINSON
Otros santos del día
Videos
Beatos Juan Larke, Germán Gardiner y Juan Ireland, Mártires


SAN EULOGIO DE CÓRDOBA, Mártir
No resistas al que te maltrate;
antes, si alguno te hiriere en la mejilla derecha,
vuelve también la otra.(Mateo, 5,39).


Mientras se conducía a San Eulogio para martirizarlo, recibió una bofetada; ofreció el santo la otra mejilla para cumplir el consejo del Evangelio. Había antes dejado la espada para aceptar el episcopado en lo más recio de la persecución, Resistió valerosamente al rey de los moros. Se le amenazó con los azotes, pero él pidió que, más bien, se le hiciese morir, pues los látigos eran tan impotentes para arrancarle la fe del corazón como para separar su alma de su cuerpo. Se le hizo decapitar, en el año 859.

MEDITACIÓN SOBRE LOS TRES GRADOS DE LA PACIENCIA

I. El primer grado de la paciencia consiste en sufrir con resignación todo lo que nos acaece, sea de parte de Dios, sea por la malicia de los hombres o por nuestra propia culpa. ¿Es así como sufres? El santo varón Job soportó las mayores desgracias, repitiendo: El señor me había dado todo, Él me quitó todo: bendito sea su santo nombre. Medita estas hermosas palabras, repítelas en las aflicciones que te embarguen; no te inquietes, no murmures contra tu prójimo. Has de cansar la malicia de tus enemigos con tu paciencia. (Tertuliano).

II. El segundo grado es desear ardientemente sufrir, y buscar las ocasiones para ello. Así, San Eulogio presentó la otra mejilla para recibir una segunda bofetada, y pidió que se le hiciese morir . Así es como tantos mártires anhelaron la muerte, como tantos penitentes buscaron el padecer. ¿No es verdad, acaso, que el fin de todos tus esfuerzos es evitar el sufrimiento? No te engañes, no hay otro medio para llegar al cielo que el de la cruz; si existiese otro más corto y agradable, Jesucristo nos lo hubiera enseñado.

III. El tercer grado de la paciencia es sufrir con alegría. Los apóstoles se regocijaban en los trabajos y tribulaciones; andaban llenos de gozo cuando habían sido reputados dignos de sufrir por Jesucristo. "Regocijaos -decía Nuestro Señor- si el mundo os aborrece, porque me ha aborrecido a mí antes que a vosotros". Qué bello espectáculo es para Dios ver a un cristiano en lucha con el dolor. (Minucio Félix).
La paciencia
Orad por la conversión de los infieles.

ORACIÓN
Dios omnipotente, haced, os suplicamos, que la intercesión del bienaventurado Eulogio, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo hoy celebramos, nos fortifique en el amor de vuestro Santo Nombre. Por J. C. N. S. Amén.


San EULOGIO DE CÓRDOBA. Doctor de la Iglesia española. (c.800 - 859).

Martirologio Romano: En Córdoba, en la región de Andalucía, en Hispania, san Eulogio, presbítero y mártir, degollado por su preclara confesión de Cristo.

Nació en Córdoba en el seno de una familia cristiana que lo educó en la fe; fue confiado al abad Esperaindeo, que gobernaba el monasterio de Santa Clara, cerca de Córdoba. "Si quieres que tu oración vuele hacia Dios -le dijo su abad- ponle dos alas: el ayuno y la limosna". A los 25 años fue un destacado sacerdote de la iglesia de San Zoilo en Córdoba. En el monasterio de Santa Clara tuvo un condiscípulo: el beato Álvaro Paulo, con el que mantuvo una estrecha amistad que duró hasta la muerte. "Todas sus obras, escribió san Álvaro, estaban llenas de luz. De su bondad, y de su humildad y de su caridad podría dar testimonio el amor que todos le tenían. Su afán de cada día era acercarse más y más al cielo, y gemía sin cesar por el peso de la carga de su cuerpo". Eulogio vivió siempre en su casa con su familia, porque la comunidad de San Zoilo no era monacal, ni él profesó nunca como monje.

Intentó ir a Roma, pero se lo impidieron; quiso ir a Alemania para saber el paradero de dos de sus hermanos: Isidoro y Álvaro, comerciantes y que habían cruzado los Pirineos, pero tuvo que quedarse en Zaragoza, porque no pudo pasar por las luchas que se entablaban en el país, pero en Navarra descubrió que había una España cristiana fuertemente enraizada en su fe, y esto le dio ánimos para volver a Córdoba cargado de libros que no se conocía en aquella ciudad, dividida por las insidias del arzobispo Recafredo, que haciendo el juego a los musulmanes predicaba la insumisión y el insulto al Islam, provocando muchísimas muertes entre los cristianos, que querían con ello alcanzar la palma del martirio. Eulogio criticó estas actitudes suicidas. Hay algunos autores que invierte las actitudes de ambos, Recafredo buscaría un compromiso con el Islam, sin que los cristianos manifestaran su fe insultando al Islam, y Eulogio, en cambio, defendía el martirio. Lo más lógico es que la primera versión sea la auténtica ya que el martirio nunca se busca, sería un suicidio y así lo ha entendido la Iglesia durante siglos. Sabemos que hubo un concilio en Córdoba en el 852, presidido por Recafredo, arzobispo de Sevilla, y dominado por obispos elegidos por el emir. En este concilio se anatemizó a los mártires voluntarios y se decretó que nadie se defendiera. Eulogio, que se rebeló heroícamente en el concilio, hizo caso omiso de esas leyes dictadas por los obispos partidarios del emir.

Se convirtió en el jefe del grupo de sacerdotes de San Zoilo, se dedicó a rezar y a escribir, a instruir y alentar a los cristianos, acusados y perseguidos por el Islam, si no abandonaban el cristianismo. Fue entonces cuando escribió sus obras principales: el “Memorial de los Mártires”, para ejemplo de los más débiles, el “Documento Martirial”, para sostener el ánimo de dos jóvenes cristianas, santas Flora y María de Córdoba, encerradas en el calabozo, y el “Apologético”, para defender la fe cristiana. Eulogio molestó a los visires y al cadí por su incansable actividad y fue encarcelado durante 10 años. Cuando fue liberado, en el 858, fue elegido para suceder al arzobispo de Toledo, pero no llegó a tomar posesión, ya que fue arrestado de nuevo por haber hospedado y bautizado a santa Leocricia en su casa y por ello fue acusado de proselitismo (el delito era muy grave) y se le condenó a morir decapitado. Sus restos están en Oviedo. Es patrón de Córdoba y Oviedo.
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San CONSTANTINO DE CORNUALLES. (c.520 - 576).
Martirologio Romano: En Escocia, san Constantino, rey, discípulo de san Columba y mártir.

Rey de Cornualles, ni en su juventud ni en su madurez fue un ejemplo de virtud, ni modelo de piedad. Se casó con la hija del rey bretón de Armórica, pero tampoco fue un marido ejemplar, ya que la repudió para poder cometer adulterio en libertad. Además depués de jurar que haría la paz con sus enemigos, se disfrazó de abad, entró en el santuario donde estos se encontraban y los mató al pie del altar.
Solamente al morir su mujer, ya anciano, conoció una profunda transformación espiritual, gracias a su encuentro con el abad san Petroc. Abdicó a favor de su hijo Bledic para dedicarse a la vida monástica; se retiró al monasterio de San David de Gales. Fundó iglesias, atravesó el canal de Bristol y vivió muchos años como monje en Irlanda, formándose en la ascesis y el estudio de las Sagradas Escrituras para ser ordenado presbítero. Se retiró al eremitorio de Costyneston (Cosmeston), cerca de Cardiff, y fue discípulo de san Columba y de san Kentigern. Animado por estos santos marchó hacia el norte, donde fundó el monasterio de Govan, del que fue su primer abad y reemprendió la evangelización de los pictos, población indígena de la actual Escocia. Fue en este periodo y gracias a su apostolado que el país se convirtió al cristianismo, asumiendo el nombre de “Escocia”.
Constantino apóstol de Escocia, fue el primer mártir: estaba predicando en la plaza pública en Kintyre, cuando fue asesinado por algunos paganos fanáticos. Su vida no tiene fundamentos históricos. Dos lugares de Cornualles perpetúan su nombre.
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San SOFRONIO DE JERUSALÉN. (550-638).

Martirologio Romano: En Jerusalén, san Sofronio, obispo, que tuvo como maestro y amigo a Juan Mosco, con quien visitó diversos lugares monásticos, siendo elegido a la muerte de Modesto para la sede de la Ciudad Santa, en la cual, cuando cayó en manos de los sarracenos, defendió valientemente la fe y la seguridad del pueblo.

Obispo griego, conocido como "el Sofista" por sus conocimientos de filosofía griega. Nació en Damasco. En su juventud asistió a las clases de retórica, y dedicó algunos años a la enseñanza. Viajó a Palestina y allí ingresó en la comunidad de los eremitas de San Teodosio, aquí conoció a Juan Mosco, al que le unirá una gran amistad y con el que realizó la mayoría de sus viajes. Antes de profesar en su comunidad, marcharon a Egipto, y después de profesar marcharon al Sinaí. En Palestina permanecieron desde el 594 al 603, año en que emprendieron un viaje por la costa turca, donde visitaron Antioquía y Tarso, de aquí pasaron a Egipto donde combatieron la herejía monofisita. Entre los años 614 y 619 estuvieron en Roma, hasta la muerte de Juan. Sofronio regresó a su comunidad de San Teodosio.

San Juan “el Limosnero”, patriarca de Alejandría, lo quiso a su lado para luchar contra los monotelitas y monofisitas. Fue nombrado patriarca de Jerusalén en el 634, y luchó con todas sus fuerzas intelectuales contra los herejes monoenergistas, escribiendo varias cartas donde expuso claramente las doctrinas de Éfeso y Calcedonia. Fue testigo de la caída de Jerusalén en manos del Islam en el 638, y logró que a los cristianos no se les tratara con dureza. Algunos de sus himnos han pasado a la liturgia ortodoxa y romana como el famoso “Popule meus” extraído de sus “Tropos del Viernes Santo”. Fue un gran devoto de María.
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San OENGUS. M. c. 830.

Martirologio Romano: En el monasterio de Tallaght, en Hibernia (hoy Irlanda), san Oengo, de sobrenombre “Cúldeo”, monje, que compuso el catálogo de los santos de aquel país.

Nacido en las cercanías de Clonenagh, Irlanda, Oengus fue educado en escuela monástica, fundada por san Fintano, no lejos del poblado de Mountrath. Se convirtió en ermitaño, vivió por un tiempo en Disertbeagh, donde, en las laderas de Nore, se decía que hablaba con los ángeles. De su amor a la oración y soledad, a él se le llamó el “Kéléde”; en otras palabras, el Ceile Dé, o "Vasallo de Dios."
No satisfecho con ser ermitaño, donde quedaba a solo una milla de distancia del poblado Clonenagh, y, por lo tanto, propenso a ser perturbado por estudiantes o transeúntes, Oengus se reubicó a un lugar más solitario a 8 millas de distancia. Este lugar tan alejado, dos millas sureste del poblado de Maryborough, se llamó en honor a él "el desierto de Aengus", ó "Dysert-Enos". Aquí construyó un pequeño oratorio sobre las montañas Dysert, que eran ruinas abandonadas de una Iglesia.

Su biografía más antigua (s. IX) relata sus increíbles privaciones practicadas por Oengus en su "desierto", y a pesar que buscaba estar lejos de los hombres, su fama atraía a muchos visitantes. El resultado fue que el buen santo abandonara su oratorio en el Desierto-Enos, y, después de algún tiempo de andar deambulando, llegó al monasterio de Tallaght Hill, cerca de Dublín, en ese entonces gobernado por san Mael-Ruain. Ingresó como hermano laico, ocultando su identidad, pero san Mael-Ruain pronto lo descubrió, y trabajo junto con él en la obra conocida como el “Martyrologio de Tallaght”, en el año 790. Este es un catálogo en prosa de los santos irlandeses, y es el mas antiguo de los martirologios irlandeses.

En el año 805, Oengus terminó su famosa “Félire”, una obra poética de los santos de Irlanda, una copia de la cual esta en la Leabhar Breac. Los últimos toques de su trabajo fueron dados en la celda en Disert-beagh (Oengus había dejado Tallaght, no mucho después de la muerte de san Mael-Ruain), donde pereció. Algunos autores dicen que del convento de Tallacht Hill regresó a Clonenagh donde fue abad y obispo. Fue sepultado en Clonenagh, como se describe en su vida.
Aunque en su tiempo fue muy conocido, no ha quedado ningún relato antiguo sobre él, y no se le conmemora litúrgicamente en ninguna diócesis irlandesa.
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Santa ORIA. (1042 - c.1070).


Oria Áurea nació en Villavelayo (La Rioja), y era hija de García Nuño y santa Amunia (cuya festividad también se celebra este día). Oria, bastante jovencita, ingresó en el monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla, como otras muchas jóvenes de su época, que se acogían a la dirección de los monjes del monasterio. En aquel tiempo era abad, santo Domingo de Silos. Gonzalo de Berceo nos narra este encuentro de los dos santos: Oria de rodillas ante Domingo: "Sennor, Dios lo quiere, tal es mi voluntat, prender orden e velo, vivir en castidat, en rencón encerrada yacer en pobredat, vivir de lo que diera por mí la christiandat".

Después de encargarle el prior que pensase mucho el paso que iba a dar, y de insistir Oria en su empeño, Domingo accedió y le dio el hábito. Eran tiempos de heroicidades. Había personas que no se contentaban con encerrarse en un monasterio. Querían todavía mayor rigidez. Se encerraban en celdas increíblemente pequeñas, donde a veces no cabían de pie, para no salir más (sólo abrían un ventanillo que diera al altar). A veces acudían gentes a pedirles consejo, pero normalmente su soledad era total. Las mujeres fueron las que más lo practicaron. Se llamaban "emparedadas". Así vivió Oria durante toda su vida. Sufrió grandes tentaciones del diablo, pero todo lo supero con la oración, la lectura de las Escrituras y de las vidas de los santos. "la su oración horadaba los cielos". Murió a los 26 años. Su madre al quedarse viuda se unió a su hija como reclusa bajo la obediencia del abad de San Millán de la Cogolla.
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Beato JUAN BAUTISTA RIGHI DE FABRIANO. (1469-1539).

Martirologio Romano: En el lugar de Cupramontana, del Piceno, en Italia, beato Juan Bautista de Fabriano Righi, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores.

Nació en Fabriano en el seno de la familia Righi. Desde muy joven fue espiritual y obediente a las enseñanzas recibidas en su familia. Leyendo la vida de san Francisco de Asís, decidió hacerse franciscano. Y así, en plena edad juvenil, nuestro beato vistió el hábito franciscano en el convento de Forano, cerca de Rieti. Después de la profesión, tuvo que dedicar varios años al estudio de la Filosofía y de la Teología antes de ordenarse de sacerdote. Fue durante muchos años, fraile obedientísimo y humildísimo. Nada nos han trasmitido al respecto los antiguos biógrafos. Hemos de suponer, por tanto, que el joven profeso pasó de Forano al convento solitario de la Romita, antiguo monasterio de los camaldulenses, llamado en el pasado Romitella delle Mandriole, situado en las cercanías de Cupramontana.

Juan Bautista pasó prácticamente el resto de su vida, unos cincuenta años, allá arriba en la Romita, dedicado a veces al apostolado y más frecuentemente al silencio y a la oración, a la penitencia, a la lectura de las obras de los Santos Padres de la Iglesia. En la soledad de la Romita nuestro beato encontró lo que su corazón deseaba. Había en la iglesia una imagen venerable de Jesús Crucificado, que había pertenecido a san Santiago de la Marca. Fray Juan la convirtió en objeto de frecuentes visitas, de ardientes oraciones, de profundas meditaciones e incluso, por concesión del Señor, de no raros éxtasis. Émulo de su seráfico Padre, deseaba ardientemente unirse a los sufrimientos de Jesús, trasformarse en el Amor crucificado, tan poco amado por gran parte del mundo. Además, encontró allí otro objeto que le llegaba al corazón y fomentaba su piedad filial: una imagen de terracota, que representaba a la Santísima Virgen contemplando al Niño Jesús tendido en sus rodillas, y que estaba flanqueada por las figuras del apóstol Santiago el Mayor y san Francisco de Asís. Y así el devoto solitario pasaba largas horas a los pies de la nueva y entrañable imagen de la Madre del Señor, intercambiando afectos y sentimientos. Por la noche, después del rezo de maitines, cuando sus hermanos se retiraban a descansar, él se quedaba en el coro para continuar sus plegarias que con frecuencia acababan en éxtasis.

En el espeso bosque que rodea el convento solitario, había y hay todavía una pequeña gruta, como un eremitorio dentro del eremitorio, en la que se recogía el P. Juan Bautista para entregarse a la oración y a la penitencia. Para nuestro beato, el paraíso en la tierra se encontraba en su retiro y soledad. Por gusto suyo, nunca habría salido de allí. Pero la caridad y la obediencia le exigían de vez en cuando que emprendiera viajes más o menos largos. En aquel tiempo, los distintos señores y familias nobles de la región estaban enfrentados y con frecuencia llegaban a conflictos armados. La sociedad y la Iglesia experimentaban los vaivenes del progreso de un renacimiento en todos los órdenes. Y en la alta sociedad, lo mismo que entre los soldados y el pueblo llano, cundía la desmoralización y el declive de las buenas costumbres. El P. Juan Bautista no era un elocuente orador, pero con su palabra sencilla y persuasiva conseguía tocar los corazones y llevarlos a la conversión.

Y así, de tiempo en tiempo, aunque pequeño de estatura y de complexión frágil, emprendía hasta largos viajes con alegría de espíritu para pacificar a los beligerantes o para exhortar a unos y a otros a convertirse y cambiar de vida. Cuando salía de su retiro, siempre acompañado de otro fraile como era preceptivo, no llevaba consigo más que su pobreza pacífica y su firme confianza en Dios. Unas veces hablaba en las iglesias, otras lo hacía en los salones de los palacios señoriales, y su palabra era siempre una cálida exhortación al cumplimiento de los mandamientos divinos, a la frecuencia de los sacramentos, al amor al prójimo, a liberarse de la esclavitud del mundo. Y hablaba con tanto celo y persuasión, que muchos se convertían a Dios, se reconciliaban, se confesaban, hacían penitencia de sus pecados. El apostolado de nuestro beato era sencillo y sin estrépito, pero fecundo. Los biógrafos añaden que Dios lo acompañaba con frecuentes milagros o hechos prodigiosos. La fama del sencillo fraile de la Romita se extendió por toda la Marca de Ancona.

Grande era la caridad del P. Juan Bautista con todos los que encontraba en sus viajes o los que acudían a él. Pero aún era mayor la que practicaba con los frailes de su convento. Estaba atento a sus deseos y necesidades, y su mayor gozo era servir a los enfermos, prestándoles con prontitud y delicadeza cualesquiera cuidados.
Su amor a Jesús crucificado, objeto constante de su amor y su contemplación, lo llevaba a la práctica de las austeridades y penitencias propias de los antiguos anacoretas, cuyos escritos leía con gusto, en particular los de san Juan Clímaco. Ayunaba de continuo a pan y agua haciendo una sola comida al día, y en cuaresma aún menos. Como verdadero hijo de san Francisco, amaba la pobreza y la practicaba, se contentaba con una túnica remendada y con el breviario para la alabanza litúrgica del Señor. Su celda, convertida luego en oratorio, era pequeña y sobria. De hecho, su fama de santidad se extendió pronto por toda la región, y cuando nuestro fraile viajaba, le llevaban enfermos incluso de poblaciones alejadas para que los bendijera, y eran numerosos los exvotos que había, y aún hay, en las paredes de su capilla, en agradecimiento por los beneficios recibidos.

Un día lo asaltó de repente un gran malestar. Los frailes acudieron, le prestaron los primeros auxilios y lo estuvieron atendiendo hasta que les pareció que el peligro había pasado; luego se retiraron. Poco después, estando solo en su celdita, se durmió plácidamente en el Señor. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio del convento, pero, diez años después, lo desenterraron, lo encontraron incorrupto y lo depositaron en una urna debajo del altar del Santísimo Cristo. Y allí, en la iglesia de San Giacomo della Romita se conserva y es venerado hasta nuestros días.
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Beato TOMÁS ATKINSON. (c.1545-1616).

Martirologio Romano: En York, en Inglaterra, beato Tomás Atkinson, presbítero y mártir, que en tiempo del rey Jacobo I fue martirizado por ser sacerdote.

Nació en el East Riding de Yorkshire. No sabemos nada de él hasta su ordenación en Reims, en 1588, año en el que regresó como misionero a su país natal. Se desenvolvió como un pastor celoso y entregado por casi 30 años. Se manejaba en todo a pie, teniendo que andar muchas veces de noche para no ser reconocido, por lo que apenas descansaba. Fue precisamente en una helada que sufrió una caída, de la que nunca se recuperó del todo, y le obligó a desplazarse a partir de allí a caballo.

En todo momento permanecía en oración, y no era nunca una carga para los pobres, al contrario, cuando iba a casas de fieles pobres, daba en ellas lo que recibía de las casas de los demás.
Cuando tenía ya unos 70 años o más, se dirigía a casa del Sr. Vavasour of Willitoft, fue espiado, de modo de poder ser apresado. Fue detenido por agentes armados, y trasladado a York junto con su anfitrión y esposa e hijos de este. Cuando el juez le preguntó si era o no sacerdote, no se atrevió a afirmarlo claramente por miedo a la vida del que lo había albergado y su familia, pero tampoco lo negó abiertamente; sin embargo le habían encontrado al registrarlo un rosario y un texto de indulgencias, por lo que el juez, a falta de mejores pruebas, lo condenó a muerte por traición.

La condena produjo cierto malestar entre el pueblo, porque no era frecuente condenar sin ninguna prueba, o con pruebas tan débiles, sobre todo si el acusado no había negado pero tampoco afirmado ser sacerdote, por lo que luego se amañó un testigo que afirmó haberlo visto celebrar misa.
El beato fue, conforme a lo habitual, ahorcado y descuartizado. Sufrió «con una paciencia admirable, coraje y constancia, y signos de gran consuelo». Fue beatificado por san Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1987.
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Santos MARCOS CHONG UI-BAE y ALEJO U SE-YONG. M. 1866.


Martirologio Romano: En la localidad de Sai-Nam-The en Corea, santos Marcos Chong Ui-Bae, catequista, y Alejo U Se-Yong, mártires, que por su fe cristiana fueron por sus parientes injuriados y perseguidos.

Marcos nació en la localidad de Corea del Sur de Yongin en 1795. Había nacido en el seno de una familia pagana y llegó a la fe siendo adulto. Cuando fue maestro de escuela se casó, pero no tuvo hijos en su matrimonio. Cuando se quedó viudo, le impresionó la cara de alegría de dos sacerdotes católicos a los que tuvo ocasión de ver cuando asistió a su martirio. De esta forma comenzó a interesarse por esta religión “occidental”, leyó libros sobre la fe católica, hasta que decidió su conversión.

Su espíritu, dispuesto más a la verdad que a ofuscarse en sus propias ideas captó inmediatamente la autenticidad de la fe, y así escribió: «creía yo que un cristiano jamás podría ser un hombre de bien, por el contrario, veo que, para llegar a ser un verdadero hombre de bien, es necesario ser cristiano».
Después de recibir el bautismo fue nombrado catequista principal de Seúl y también encontró el modo de ocuparse de enfermos y huerfanos. Aprovechó su posición social para difundir la fe. Se volvió a casar, y de acuerdo con su mujer vivió en pobreza y adoptaron un hijo. En el periodo de las feroces persecuciones anticristianas que sucedió en Corea, Marcos ayudó a muchos católicos a huir al extranjero, pero él prefirió no abandonar el pais.

Una vez apresado, sufrió los consabidos suplicios, sin embargo con él los espías se ensañaron especialmente, sabiendo que era uno de los cabecillas de la comunidad de Seúl; querían hacerlo denunciar a sus correligionarios, y él les daba nombres... de cristianos que ya habían muerto, mientras les decía «ya que para vosotros ser cristiano es un crimen digno de muerte, yo cometo ese crimen, debéis hacerme morir.» Fue decapitado y su cuerpo expuesto, según ley, durante tres días, su cabeza fue suspendida de la barba, ya que era calvo. Su mujer retiró los restos y le dio honrosa sepultura. Mártir en Sai-Nam-The (Corea). Tenía 70 años.

Alejo nació en 1845, en Seoheung (Corea), en el seno de una familia acomodada. Cuando un catequista le habló del cristianismo, quiso hablar con el obispo san Simeón Francisco Berneux, y este le encaminó con el catequista Marcos Chong Ui-Bae para que lo adoctrinase y recibiera el bautismo.
Cuando regresó a la casa paterna, tuvo que sufrir el desacuerdo familiar: cada día habría de sufrir violencia -incluso física- y reproches por parte de los suyos, hasta que enfrentó a su padre y le dijo: «Yo no puedo negar la religión del Señor del cielo. Usted dice que yo soy su deshonra, que le lleno de amargura cada momento de su vida; deme entonces permiso para irme». Contra lo esperado, el padre lo deja libre de abandonar la casa, y vuelve a Seúl, donde Marcos lo acoge.

Allí vivió con su catequista, dedicándose a la tradución del Catecismo y de otros textos para ganarse el sustento, y orando permanentemente por la conversión de su familia.

Sus plegarias fueron al fin escuchadas. Se entera por dos cristianos de su provincia que su padre está dispuesto a recibirlo. Vuelve con su familia, y una vez allí su padre le dice: «...hazme conocer los secretos de esta religión, sin ocultarme nada.» Alejo, eufórico, inició de inmediato la explicación de las grandes verdades del cristianismo, y con la ayuda de la gracia, después de unas pocas semanas, su padre, su familia y muchos de su casa, veinte personas en total, recibieron el bautismo.

La familia de Alejo no pudo ya permanecer en su provincia, emigraron al distrito de Non-sai a fin de poder practicar libremente la religión. El padre de Alejo murió pocos meses después, con admirables sentimientos de fe.

Cuando todos los católicos del pueblo fueron arrestados, Alejo, por miedo, abjuró de su fe y fue liberado. Pero pronto se arrepintió y marchó al encuentro de su obispo, que estaba preso, le confesó lo sucedido, añadiendo que había delatado a un catequista. Fue de nuevo capturado y entonces dio la medida de su valor ante las torturas. Era un joven de 19 años. Murió decapitado en Sai-Nam-The (Corea).
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OTROS SANTOS DEL DÍA:

San Pionio. M. 250.
Martirologio Romano: En Esmirna, en Asia, san Pionio, presbítero y mártir, de quien narra la tradición que, por haber hecho una apología de la fe cristiana ante el pueblo, fue encarcelado, y allí, en prisión, con sus exhortaciones animó a muchos hermanos a soportar el martirio y, después de sufrir varios tormentos, por medio del fuego alcanzó la muerte por Cristo.
Pionio era presbítero de Esmirna y fue martirizado junto a 15 compañeros en la más terrible de las persecuciones: la de Decio. Esta persecución fue probablemente la más eficaz, ya que generó, por su crueldad, muchísimas apostasías dentro de la iglesia.

Pionio y su comunidad fueron arrestados mientras celebraban litúrgicamente el aniversario del martirio de san Policarpo de Esmirna. Su interrogatorio, igual que sus escritos, se hace predicación: "Peor que este fuego es arder en la muerte"; "Yo sólo he enseñado la piedad hacia el Dios vivo que ha hecho el cielo y la tierra. No soy un exaltado; únicamente un servidor del Dios eterno". Le preguntaron: "¿Cómo te llamas? -Pionio respondió: Cristiano. -Polemón: ¿De qué Iglesia? -Pionio: De la católica". Murió quemado en la hoguera. Sus Actas han sido muy poco retocadas y fueron escritas por testimonios oculares.

Santos Trófimo y Talo. M. c. 300.
Martirologio Romano: En Laodicea en Siria, santos Trófimo y Talo, mártires, que, durante la persecución del emperador Diocleciano, después de muchos tormentos crueles obtuvieron la corona de la gloria.
Eran dos hermanos, naturales de Estratónica, detenidos por ser cristianos durante la persecución de Diocleciano. La detención se practicó en Laodicea de Siria, por orden directa del prefecto Asclepiano.
Según la leyenda se intentó lapidarlos, pero las piedras no llegaron a tocarlos; parecían estar protegidos por un escudo invisible que les hubiera enviado Dios. Sorprendido el prefecto por este prodigio, dejó libres a los mártires, pero de ahí a poco fueron de nuevo denunciados como cristianos y, como ellos hicieran pública profesión de su fe en Jesucristo, se les condenó a morir despedazados por los garfios. Los santos fueron atados a sendos caballetes y los verdugos comenzaron a arrancar trozos de sus cuerpos. En medio de los tormentos, no hacían sino rezar y burlarse de los paganos, de modo que el prefecto ordenó que los crucificaran.
Los fieles empaparon lienzos en la sangre que corría de sus heridas para guardarlos como sagradas reliquias y, cuando por fin expiraron, recogieron los cuerpos y les dieron piadosa sepultura en la iglesia de Laodicea, de donde, más tarde, fueron trasladados a Estratónica.

Santa Rosina de Wenglingen. s. IV.

Es una de las santas más populares de los siglos pasados en algunas zonas de Alemania. Poco se sabe de su vida, se piensa que vivió en el siglo IV, como una virgen y que fue mártir, pero a veces se la representa como una eremita mártir en los bosques de Wenglingen, en diócesis de Hamburgo. Es patrona de esta ciudad.


San Vicente de León. M. 554-630.
Martirologio Romano: En León, en Hispania, san Vicente, abad del monasterio de San Claudio.
En el siglo VI dominaban en Galicia los suevos arrianos. Vicente era abad del monasterio de San Clodio en León, y acérrimo defensor de la divinidad de Jesucristo. Este era el punto cardinal de la reñida controversia entre católicos y arrianos. Reunieron un conciliábulo los arrianos de la ciudad y citaron a Vicente con el ánimo de obligarle a abrazar la herejía. El abad se presentó, pero después de proclamar su fe y atacar el arrianismo, fue arrestado, torturado y ejecutado en la puerta de su monasterio para que sus monjes aprendieran la lección.
Su festividad en la ciudad de León es el 11 de marzo, pero en los santorales benedictinos y en el Martirologio Romano, su festividad es el 11 de septiembre.

San Vindiciano de Cambrai - Arrás. M. 712.
Martirologio Romano: En Hanonia, de Neustria, san Vindiciano, obispo de Cambrai y Arras, que, a raíz de la muerte de san Leodegario, invitó al rey Teodorico III a expiar su crimen con la penitencia.
San Vindiciano nació en Artois, fue discípulo de san Eloy, y luego del obispo de Cambrai san Auberto, quien lo asocia a sus tareas episcopales. Cuando la sede quedó vacante, él fue elegido obispo, en un año entre el 667 y el 669. En el año 691 realizó la dedicación de dos basílicas en San Pedro de Hasnon.

Protestó con gran valentía contra los excesos de los reyes merovingios y de los prepotentes mayordomos de palacio; después del asesinato de san Leodegario de Autun, exhortó al rey Teodorico a que hiciera penitencia y expiara el crimen cometido por el mayordomo de palacio Ebroim, y le ordenó expiar su complicidad con la construcción de un monasterio: El rey se avino y se mostró liberal en la construcción del monasterio de San Vaast.
Después de haber acabado con los restos de la idolatría y de haber ejercido un fecundo ministerio pastoral en su diócesis, pasó los últimos años de su vida en la abadía de Saint Vaast. Sus reliquias en la actualidad se conserva en San Vaast un relicario que alberga juntas las reliquias de san Vindiciano y de san Leodegario.

San Benito Crispo de Milán. M. 725.
Martirologio Romano: En Milán, sepultura de san Benito, obispo.
Arzobispo de Milán (681-725); gobernó su sede durante 45 años. Pablo Diácono cuenta que Benito, definido por él como «un hombre de particular santidad, cuya buena fama se difundió por toda Italia», viajó de nuevo a Roma en el 707 "a defender ardientemente" su derechos episcopales de consagrar al obispo de Pavía, que venía siendo ordenado por Roma; aunque el papa habría rechazado su requerimiento, ya que hacía tiempo que el obispo de Pavía dependía de la Santa Sede.

Se le atribuye la construcción de una iglesia en honor de San Benito (junto con un monasterio benedictino), en la zona de Porta Nuova y compuso el epitafio para la tumba de san Caedwalla, rey de Wessex, sepultado en la vieja basílica de San Pedro de Roma, catequizado por él mismo y acompañado a Roma, donde fue bautizado por el Papa Sergio I.

El autor anónimo de unas rimas tituladas «Versus de Mediolano civitate» (Versos de la ciudad de Milán), lo recuerda entre los santos y grandes obispos milaneses y dice que fue sepultado en la basílica de San Ambrosio. Benito, junto con otros santos, es invocado como protector de los que estaban empeñados en algún proceso judicial, ya sea como actuantes y acusadores o como reos.

Juan Kearney. Beato. (1619-1656).
Martirologio Romano: En Clona, en Irlanda, beato Juan Kearney, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, el cual, condenado a la pena capital en Inglaterra por ejercer el sacerdocio, con la huida evitó la pena, pero después, bajo el régimen de Oliver Cromwell, acusado nuevamente de ser sacerdote en la patria, fue ahorcado.

Nació en Cashel, Irlanda. En su primera juventud ingresó en la Orden de los Frailes Menores. Estudió en Lovaina y recibió la ordenación sacerdotal en Bruselas en 1642. En 1644, cuando regresaba a su patria, fue apresado, torturado y condenado a muerte en Londres. Consiguió escapar a Bélgica, aunque luego volvió por Calais a Wexford, Irlanda. Enseño filosofía en Cashel, fue maestro de novicios en Waterford y portero en el convento de Carric-on-Suir.

Cuando en 1653 Cromwell subió al poder la persecución, se recrudeció, y Juan tuvo que esconderse. Pero fue capturado, maltratado y condenado por prófugo de su anterior cargo de haber ejercido el ministerio sacerdotal. Confesando su fe católica y su fidelidad inquebrantable a la Iglesia, fue ahorcado en Clonmell (Irlanda) el 11 de marzo de 1653.

San Domingo Câm. (1800-1859).
Martirologio Romano: En la ciudad de Hung Yên, en Tonquín, santo Domingo Câm, presbítero y mártir, que durante muchos años, a escondidas y con peligro de la vida, ejerció el ministerio, pero finalmente, abrazando la cruz del Señor que con firmeza había rechazado pisotear, fue degollado por mandato del emperador Tu Duc.

Nació en Cam-Chuong, (Vietnam), en el seno de una familia pagana, pero en su juventud entró en contacto con misioneros católicos de su zona de Xuan Hoân y se bautizó. Para ayudar en su perseverancia en la fe ingresó en la Orden Tercera de Santo Domingo, cuyo nombre había tomado en el bautismo. Fue preparado por los misioneros para el sacerdocio secular y lo ejerció con gran celo y eficacia.

Llegada la persecución de 1851, ejerció en la clandestinidad durante 8 años; fue arrestado en 1859 y llevado a la ciudad de Hung-Yen, donde fue juzgado por profesar una religión prohibida, aunque con él, el mandarín, tuvo algunas deferencias. Todos los días pedía al Señor, la gracía de morir mártir. Pasó el resto del tiempo en la cárcel, en la que pudo recibir visltas y animar a todos en el camino de la perseverancia. Fue condenado a muerte a pesar de que el juez intentó salvarlo por su mansedumbre. Fue decapitado en Hung-Yen, el 11 de marzo de 1859. Fue canonizado el 19 de junio de 1988.

San Eutimio de Sardes. M. 840. Obispo de Sardes y mártir. (Ver). 26 de Diciembre.
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