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Santoral del 16 de Marzo

INDICE

Beatos JUAN AMIAS y ROBERTO DALBY.
San JUAN DE BRÉBEUF Abadesa,
• Heriberto de Colonia, Santo Obispo,
Beato JUAN SORDI (o Cacciafronte
San Hilario, Obispo, y Compañeros Mártires
Santa Eusebia, Abadesa
Otros Santos y Beratos Completando el santoral de este día

Santos: Hilario, Agapito, Patricio, Heriberto, Bonifacio, Queritano, obispos; Taciano, diácono; Félix, Dionisio, Largo, Julián, Petronila, Columba, Damián, Valentín, mártires; Abraham, eremita; Eusebia, abadesa.


SANTOS JUAN DE BREBEUF e ISAAC JOGUES,
y sus compañeros Mártires

Quien hace que se convierta el pecador de su
extravío salvará su alma de la muerte, y cubrirá la
muchedumbre de sus propios pecados
.
(Santiago, 5, 20).


Estos ocho mártires, caídos bajo los golpes de los indios de América del Norte (Estados Unidos y Canadá actuales) en diferentes fechas entre los años 1642 y 1649, fueron canonizados en 1930. Todos eran oriundos de Francia, seis eran jesuitas y dos simples auxiliares de la misión. Sus trabajos apostólicos en condiciones muy duras y en medio de un país entonces inexplorado, las horribles torturas a las que fueron sometidos en su mayoría, su perseverancia en las pruebas y en su vocación de misioneros, constituyen con su vida y con su muerte una de las páginas más sublimes de la historia de la Iglesia.

MEDITACIÓN SOBRE EL VALOR DE UN ALMA
I. Dios creó a nuestra alma a su imagen y semejanza; la hizo inmortal y la elevó sobre todas las creaturas de este mundo. Él quiere que gobierne a nuestro cuerpo durante la vida, y que, después de nuestra muerte, sea heredera del cielo. Reconoce la grandeza de tu alma, trabaja por ella; desprecia a tu cuerpo y a todos los bienes de la tierra. ¿Qué son estos míseros bienes en comparación de tu alma inmortal? y sin embargo para dar contento a tu cuerpo, ¡pierdes tu alma! Ten piedad de tu alma tratando de agradar a Dios.

II. Jesucristo ha muerto por todos los hombres, es una verdad de fe, mas, tan grande es su bondad, que lo hubiera hecho sólo por tu alma, derramando hasta la última gota de su sangre adorable. Mi alma vale, pues, la sangre de un Dios; ¿cómo la habría yo de entregar al demonio por un vano placer? ¿Qué ha hecho el demonio por ella? ¿Puede procurarle una felicidad duradera ? Entreguemos nuestra alma a Jesús que la ha redimido, que quiere hacerla feliz por toda la eternidad.

III. De lo que antecede, saca dos conclusiones. Primero: debes perder todo antes que perder el alma; riquezas, honores, gustos, salud, todo esto es nada comparado con tu alma. Segundo: el gusto mayor que puedes dar a Jesucristo, la mayor gloria que puedes procurar a Dios, es trabajar por la conversión de las almas, pues por ellas dio una sangre que no hubiera dado para impedir la destrucción del mundo. El hijo de Dios ha derramado su sangre por ti: ¡surge, alma mía, vales la sangre de Dios! (San Agustín).

El afán por la salvación del prójimo
Rogad por vuestros padres.

ORACIÓN

Haced, os suplicamos, Dios omnipotente, que celebrando la solemnidad de vuestros mártires Juan e Isaac y sus compañeros, aprendamos a imitar sus virtudes. Por J. C. N. S. Amén.
http://www.aciprensa.com/podcast/santo/marzo16clementehofbauer.mp3





San HERIBERTO DE COLONIA. (c.970 - 1021)


 Martirologio Romano: En Colonia, en Alemania, san Heriberto, obispo, que, siendo canciller del emperador Otón III, fue elegido a la fuerza para la sede episcopal, desde donde iluminó constantemente al clero y al pueblo con el ejemplo de sus virtudes, que también recomendaba en la predicación. Nació en Worms en el seno de una familia aristocrática, los condes de Eirichgau, que tuvo varios hijos, de los cuales dos fueron obispos: Gezmann de Eichstätt, sede la que le sucedería su hermano Heriberto, y el obispo Enrique de Würzburgo. Recibió formación en la escuela catedralicia de Worms.

Pero Heriberto, en contacto con los maestros de Worms, descubrió las excelencias del servicio divino. Lo dejó todo para hacerse sacerdote y monje. Se formó en los estudios del monasterio benedictino de Gorze en Lorena, famoso por su estricta observancia de la Regla, por ser un monasterio reformado. Su meditación continua de la Sagrada Escritura y su prudencia sobrenatural, le hicieron un gran director de almas. El obispo Hildebaldo de Worms, conocedor de sus buenas cualidades, se apresuró a llamarlo, antes incluso de que profesara en el monasterio. Hacia el año 989, Heriberto ya era canónigo de la catedral de Worms, y poco después pasó a la capilla real de la Corte, aunque no recibió la ordenación sacerdotal hasta el año 995.

 El emperador Otón III le eligió como su canciller en Italia en 994, a quién acompañó a su viaje a Roma, donde el emperador fijó su sede imperial en Roma, aunque no logró ganarse a los romanos. Y su influencia en los asuntos religiosos hasta el punto de decidir la elección papal a favor de Silvestre II. Recién ordenado presbítero, Heriberto fue elegido obispo de Würzburgo, pero renunció a favor de su hermano Enrique, que años más tarde se opondría al propio Heriberto y al emperador san Enrique II el Santo, en la creación de la diócesis de Bamberg. El emperador san Enrique II, no le tuvo en un principio gran simpatía, porque Heriberto se había opuesto a que sucediera a su hermano Otón III como emperador, hasta que se dio cuenta de su error, tuvo que pedirle públicamente perdón, y le confirmó en su cargo de canciller; santa Cunegunda, esposa del emperador fue la que impulsó la reconciliación. Fue elegido obispo de Colonia y rigió la sede en el difícil año del 999, cuando todos pensaban que se acercaba el fin del mundo. Enrique II le encomendó misiones diplomáticas y Heriberto colaboró con él en la creación de la diócesis de Bamberg y la pacificación de Luxemburgo. Como obispo se dedicó a la asistencia de los más pobres. Construyó la abadía benedictina de Deutz en Colonia en la que fue enterrado.
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Santos HILARIO y TACIANO. M. c. 284.

Martirologio Romano: En Aquileya, hoy en el Friuli, santos Hilario, obispo, y Taciano, mártires.

Mártir junto con Taciano, Félix, Largo y Dionisio. Hilario era obispo de Aquileya, Taciano su diácono y los otros tres laicos. Mártires durante la persecución de Numerario en Aquileya.
Hilario nació en Aquilea en el seno de una familia cristiana. Se dedicó al estudio de las Sagradas Escrituras. Fue ordenado diácono y, más tarde, fue consagrado obispo de Aquilea. Gobernó con sabiduría y prudencia, él fue quien ordenó diácono a un discípulo suyo, por nombre Taciano, para que le ayudara en su ministerio.

El césar Numeriano promulgó un edicto que obligaba a los cristianos a adorar a los ídolos. Estuvo encargado de su ejecución Beronio, prefecto de la ciudad. A instigación de un tal Monofanto, sacerdote pagano, Hilario y su diácono Taciano fueron los primeros que comparecieron ante el prefecto. Se les hizo saber que debían obedecer a las órdenes del emperador. En vano trató Beronio de dominarlo con amenazas y torturas, pero todo fue en vano.

Al día siguiente, Taciano compareció ante Beronio, pero todas las tentativas para hacerle sacrificar a los dioses fueron igualmente infructuosas. Los mismos tormentos aplicados a Hilario, fueron renovados en su persona. Beronio dio orden de decapitar a Hilario y a Taciano, a petición de los sacerdotes de los ídolos. Con ellos fueron inmolados otros cristianos que también habían sido detenidos por el nombre de Cristo. Todos murieron el 16 de marzo. Al día siguiente, el clero y los fieles consiguieron autorización para recoger sus cuerpos y enterrarlos con honores fuera de los muros de la ciudad. Patronos de Gorizia (Italia).
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Santa EUSEBIA DE HAMAY. M. c. 680.

Martirologio Romano: En Artois, de Neustria, santa Eusebia, abadesa de Hamay, que, tras la muerte de su padre, con su santa madre Rictrude se retiró a la vida monástica y, todavía adolescente, fue elegida abadesa después de su abuela santa Gertrudis.

Hija de santos Rictrudis y Adalbaldo. Tenía 12 años cuando su madre la mandó a la abadía de Hamay o Hamage, al norte de Francia, fundada de su abuela santa Gertrudis, como abadesa benedictina de Hamay (sucedió en el cargo a su abuela). Santa Rictrudis, que era ya abadesa de Marchinnes, consideró que Eusebia era demasiado joven para tener a su cargo la comunidad y le ordenó venir a Marchinnes con todas sus religiosas. La joven abadesa, no dada a quejarse, se fue a Marchinnes con toda la comunidad, llevando el cuerpo de santa Gertrudis.

Las dos comunidades se fundieron en una, con lo que todo quedó felizmente arreglado, excepto para Eusebia. El recuerdo de Hamay la perseguía. Así, una noche, ella y algunas de las religiosas salieron a escondidas hacia la abandonada abadía, donde rezaron el oficio y se lamentaron de no haber cumplido los mandatos de santa Gertrudis. Aunque este acto no quedó sin castigo, viendo que su hija anhelaba estar en Hamay, santa Rictrudis consultó el caso con el obispo, así como con otros hombres piadosos, quienes le aconsejaron condescendiera con los deseos de Eusebia.

No tuvo que arrepentirse Rictrudis de su acción, pues la joven abadesa probó ser capaz y juiciosa para restablecer en la comunidad la disciplina de los días de santa Gertrudis, a quien se esforzó en imitar en todo. Ninguna incidencia especial parece haber marcado la vida posterior de Eusebia. Contaba solamente cuarenta años de edad, cuando tuvo el presentimiento de su inminente fin. Reunió a las religiosas y les dio sus últimas recomendaciones y bendiciones. Al terminar de hablar, según la leyenda, un resplandor iluminó su celda y casi inmediatamente después su alma voló al cielo. Se la ha asociado a la leyenda de san Quintín.
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Beato JUAN SORDI (o Cacciafronte). M. 1181/3.

Martirologio Romano: En Vicenza, en el territorio de Venecia, beato Juan Sordi o beato Juan Cacciafronte, obispo y mártir, el cual, siendo abad, fue exiliado por su fidelidad al papa, y elegido después obispo de Mantua y trasladado a la sede de Vicenza, murió en defensa de la libertad eclesiástica, asesinado por un sicario.

Natural de Cremona, y pertenecía a la familia de Sordi o Surdi. El nombre de Cacciafronte, por el que generalmente era conocido, era el de su padrastro. A la edad de 15 años, Juan fue nombrado canónigo de Cremona, pero al año siguiente, ingresó a la abadía benedictina de San Lorenzo en su ciudad natal. Ocho años después, era prior de San Víctor y, en 1155, fue nombrado abad de San Lorenzo; se dice que fue un superior muy leal y atento hacia sus monjes.
Los monjes aseguraban que la obediencia no era difícil cuando él mandaba, pues era el primero en practicar lo que exigía y el bienestar espiritual de la comunidad era su constante cuidado.
Juan abogó por la causa del Papa Alejandro III en contra de Octavio, cardenal de Santa Cecilia, quien, bajo el nombre de Víctor IV, pretendía ocupar la silla de San Pedro. Por su celo en la organización de procesiones, y por inducir a la gente de Cremona a seguir leales a Alejandro III, el buen abad fue desterrado por el emperador Federico Barbarroja, quien favorecía a Octavio.

 Llevó por varios años vida solitaria en Mántua. Practicaba la austeridad en su comida, ropa y mobiliario. Compartía su comida con un pobre diariamente. Hizo mucho por remediar la injusticia y siempre vio por los bienes de la Iglesia, siendo siempre indiferente para los propios. El hecho de haber escrito al Papa para que reinstalase al obispo de Graciodorms, su predecesor, quien había abandonado Mántua para seguir a Octavio, de lo cual luego se arrepintió, indica lo poco que era dado a ver por sus propios intereses. La Santa Sede accedió a su petición y Juan renunció a Mántua, pero pronto le fue dada la sede de Vicenza, donde llegó a ser tan popular, como lo había sido en Mántua.

Su muerte fue debida a un acto de venganza. Era usual en aquel entonces arrendar las propiedades eclesiásticas, cuyo producto pasaba a ser propiedad episcopal. Entre los arrendatarios del obispo de Vicenza había un hombre llamado Pedro, quien no sólo no pagaba el arrendamiento, sino que consideraba suyas las tierras. El obispo le reconvino suavemente primero y luego más severamente. Al resultar infructuosa la reconvención, Pedro fue excomulgado. Pero acechó a Juan y lo mató. El santo varón exclamó en su último aliento: "Perdónalo, Señor". El pueblo de Vicenza, lleno de pesar y cólera, determinado a castigar al asesino, incendió su casa. Pedro logró escapar y nunca se volvió a oír de él.
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Beatos JUAN AMIAS y ROBERTO DALBY. M. 1589.

Martirologio Romano: En York en Inglaterra, beatos Juan Amias y Roberto Dalby, sacerdotes y mártires, que, bajo el reinado de Isabel I, fueron condenados a muerte por el sólo hecho de ser sacerdotes y marcharon contentos al ahorcamiento.

Juan nació en Wakefield, York, en el seno de una familia rica; inició su vida como fabricante de tejidos; se casó, pero al enviudar, repartió sus bienes entre sus hijos y estudió en Reims donde fue ordenado sacerdote en el 1581.
Regresó a Inglaterra donde trabajó apostólicamente al norte del país, hasta que fue descubierto y apresado y encarcelado en el castillo de York. Fue martirizado en York junto a Roberto Dalby.

Ambos mártires llegaron llenos de alegría al martirio. Juan besó el madero de la horca en señal de aprecio hacia el martirio, teniendo en cuenta que era ya un hombre anciano. Después de pender unos minutos en la horca se les bajaba y eran colocados en un cajón y allí se les arrancaba el corazón y después eran descuartizados sus miembros. Sus cabezas estuvieron expuestas en sendas picas como signo de escarmiento.

Su martirio tuvo el fruto de la conversión de un preso anglicano llamado Brombey, que había compartido con los mártires la cárcel, y que manifestó que cuando fueron ejecutados, vio como un globo luminoso del cielo se posó sobre ellos. Brombay abrazó la fe católica y la mantuvo hasta su muerte.

Roberto nació en Hemingborough (Yorkshire) Inglaterra; era pastor protestante, pero al tener contacto con católicos tuvo una terrible crisis en su alma, se convenció de la falsedad del anglicanismo y empezó a pensar que por haberlo sostenido y propagado no podría salvarse. Entonces intentó suicidarse, y pero fue detenido a tiempo y confortado y recuperado por un sacerdote católico. Se convirtió al catolicismo y fue ordenado sacerdote en Reims en 1588.
Vuelto a Inglaterra fue detenido muy pronto, en Scarborough, y encerrado en el castillo de York con Juan Amians. Fue ahorcado y descuartizado en York.
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San JUAN DE BRÉBEUF. (1593-1649).

Martirologio Romano: En la región de los hurones, en Canadá, pasión de san Juan de Brébeuf, presbítero de la Compañía de Jesús, que enviado desde Francia a la misión del Hurón, murió por Cristo después de ingentes trabajos, atormentado con gran crueldad por algunos paganos del lugar. Su memoria, con la de los compañeros, se celebra el día 19 de octubre.

Nació en Condé-sur-Vire, Normandía. Ya con algunos estudios ingresó en la Compañía de Jesús en 1617. Deseaba ser hermano coadjutor pero los superiores lo destinaron al sacerdocio. Una vez ordenado, fue enviado a la Misión de Québec, empezó su apostolado entre los hurones en la aldea de Toanché y pudo comprobar cuán difícil era la conversión de aquellos hombres a la fe del Evangelio.

En 1628 volvía a Québec llamado por la obediencia y tras la capitulación de los franceses al mando de Champlain vuelve a Francia. Pero la paz de Saint-GermaIn de 1633 le permite volver con los hurones. Su trabajo halló muchas dificultades, su vida llegó a estar en peligro, pero la misión de Ossossane, fundada por el P. Brebeuf, florecía en conversiones. No obstante, el misionero sólo deseaba ser sustituido como director de la misma, lo que consiguió en 1638, quedando él bajo obediencia al nuevo superior. Tras romperse una clavícula marcha a Québec para reponerse y con el encargo de procurador de la Misión. Vuelve a ella en 1644, pero al poco tiempo es puesto al frente de la Misión de San Ignacio, que comprendía, además, la aldea de San Luis.

Aquí se encontraba con el P. Lalemant cuando fue hecho preso de los iroqueses que le infligieron una muerte dolorosísima: le arrancaron las uñas, le clavaron leznas ardientes, le pasaron ascuas por las partes más sensibles del cuerpo, le cortaban trozos de carne que se comían ante su vista, le desollaron el cráneo y le cortaron los pies. Un hurón renegado le echó agua hirviendo sobre la cabeza en remedo del bautismo y otro, por fin, le hundió en la cabeza un hacha. Durante el martirio el sacerdote perdonaba a sus verdugos, y con esta oración murió. Era el 16 de marzo de 1649.
Fue canonizado el 29 de Junio de 1930, y su memoria litúrgica se celebra, junto con los otros mártires de la evangelización del Canadá, el 19 de octubre.
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OTROS SANTOS DEL DÍA:

San Damián de Terracina. s. IV.
El capítulo tercero de las Actas dicen respecto a san Damián: “...Había en Terracina una viuda de nombre Procla con un hijo único llamado Damián, les faltaban alimento para ella y su hijito, se acercó un día a los pies del buen pastor Valentín, rogándole que le socorriese en su miseria, y le diese lo suficiente para poder vivir ella y su hijo.

Conmovido el piadosísimo Padre por las plegarias de la pobre mujer, que tomó entre sus brazos al infante, lo extrechó en su seno y lo besó, lo adoptó como hijo en presencia de todos los presentes y le dio a la mujer cincuenta monedas de oro, para que proveyese a sus futuras necesidades y así la envió toda gozosa a su casa y retuvo consigo al niño.
 El santo prelado con grandisíma diligencia lo comenzó a instruir en el servicio de Dios. Lo embebió de la doctrina de la Iglesia según las costrumbres y el rito de los Santos Padres, y cuando llegó a edad adulta, lo ordenó diácono; y Damián fue siempre perseverante en la doctrina del maestro.” Mártir en San Valentín. Sus restos reposan en la parroquia de Santos Valentín y Damián de San Valentino.

San Papas. M. c. 300.
Martirologio Romano: En Seleucia, en Persia, san Papas, oriundo de Licaonia, que, tras muchos tormentos, afrontó el martirio por la fe de Cristo.
Mártir en Licaonia o Seleucia, en Asia Menor, durante la persecución de Diocleciano.
San Papas se encuentra inscripto en distintos synaxarios (catálogos de santos) y menaios (santorales del mes) griegos, de donde el Card. Baronio lo encontró e inscribió en el primer Martirologio Romano, compuesto por él. Este tipo de documentos no contienen lo que nosotros llamaríamos "actas de martirio", sino pequeñas narraciones donde se resume en pocas líneas las pruebas que el santo tuvo que pasar para merecer la corona martirial.

Dentro de esas breves líneas, contradictorias en los detalles, se destaca el origen griego de Papas, proveniente de Licaonia (algunos textos lo hacen morir también allí), la cantidad y fiereza de las torturas que tuvo que sufrir, y un milagro que aparece en casi todos los relatos: fue finalmente atado a un palo de árbol seco, y rematado allí, tras lo cual el árbol dio frutos.
Del año del martirio es imposible tener ninguna certeza, aunque la fecha del 16 de marzo es constante en los diversos testimonios. No debe confundirse este san Papas con el obispo homónimo de Seleucia, del siglo IV, que se menciona en la historia de san Simeón bar Sabas.


San Julián de Anazarbo. M. c. 302.
Martirologio Romano: En Anazarbo, en Cilicia, san Julián, el cual, atormentado por largo tiempo, fue metido con serpientes en un saco y precipitado al mar.
Senador cristiano, nacido en Anazarbo de Cilicia y martirizado durante la persecución de Diocleciano; después de ser torturado; fue arrojado al mar en un saco lleno de escorpiones y serpientes. Su cuerpo fue recuperado y enterrado en Antioquía. San Juan Crisóstomo pronunció un sermón de alabanza en su memoria.

Es llamado muchas veces san Julián de Antioquía, porque es allí a donde fue en un principio sepultado. Su inscripción aparece en distintas fechas de los variados calendarios santorales (16 de marzo, 26 de diciembre, 14 de febrero, 20 de junio). 16 de marzo es una de las más seguras. Patrón de Rímini.

San Agapito de Rávena. M. 341.
Xº Obispo de Rávena. Se dice que asistió al concilio de Roma del 337, pero este hecho parece que no tiene justificación histórica. Llamado el padre de los pobres, por la gran caridad que con ellos tenía.




San Allo de Bobbio. s. VII.
Monje de la abadía de Bobbio, discípulo de Columbano. Fue insigne por su virtud. Es celebrado por la diócesis de Bobbio.




Benedicta de Asís. Beata. M. 1260.
Una de las primeras clarisas con santa Clara. En 1214, sucedió a santa Clara como abadesa en el monasterio de San Damiano de Asís, permaneciendo en este cargo hasta 1260. Parece que es la misma abadesa que nos encontramos en 1227 en Siena y del 1240 a 1248 en Vallegloria en Spello.

Estuvo presente en el proceso de canonización de santa Clara en 1253, pero no prestó declaración porque fue durante mucho tiempo su asistente en Asís. A ella, fray León y fray Ángelo, después de a muerte de Clara, le confiaron el Breviario usado por san Francisco de Asís. Asistió al inicio de la construcción de la basílica de Santa Clara (1257), al traslado de las clarisas de San Damiano a los locales anexos en la vieja iglesia de San Giorgio y quizás al traslado del cuerpo de santa Clara de la iglesia de San Giorgio a la nueva basílica.
Se afirma que su vida fue extraordinaria por su singular prudencia y por su fama de virtud y milagros. Fue sepultada en la iglesia de San Giorgio y después trasladada a la basílica de Santa Clara.

Torello de Poppi. Beato. (1201-1281).
Natural de la ciudad de Poppi en el Casentino italiano. A los 18 años era un muchacho a quién le gustaba divertirse en el vicio y el juego. Se cuenta que subido encima de un muro, sintió el canto de un gallo, y una voz interna que le decía: "¡Torello, despiértate del sueño del vicio!".

Fue a la abadía vallumbrosana de la ciudad y se confesó con el abad y repartió todos sus bienes entre los pobres. Se retiró a un lugar desierto llamado Avellaneto, donde vivió como ermitaño durante 60 años.

Aunque a veces se dice que Torello era franciscano, y otras que pertenecía a la Orden de Vallumbrosa, la verdad es que no perteneció a ninguna Orden.
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