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Santoral del 26 de Abril

INDICE


San ISIDORO DE SEVILLA
San ANACLETO
San PASCASIO RADBERTO
San ESTEBAN DE PERM
Beato JULIO JUNYER PADERN
San RAFAEL ARNÁIZ BARÓN
Beatos ESTANISLAO KUBISTA y LADISLAO GORAL
OTROS SANTOS DEL DÍA
-Nuestra Señora del Buen Consejo. Nuestra Señora de la Cabeza- Isidoro, obispo de Sevilla y doctor; Clarencio, Lucidio, obispos; Pedro: Ricardo, monje; Exuperancio (Esperanza), Guillermo, Peregrino, confesores; Rafael Arnaiz Barón, monje trapense, beato.

SANTOS CLETO y MARCELlNO, Papas y Mártires
Haced, pues, penitencia y convertíos, 
a fin de que se borren vuestros pecados.
(Hechos de los Apóstoles, 3,19).


San Cleto, discípulo de San Pedro, murió mártir después de un pontificado de doce años. Fue el primer Papa que utilizó en sus cartas la fórmula: Salud y bendición apostólica. San Marcelino, sucesor de San Cayo, gobernó a la Iglesia con tanto celo como sabiduría. "Junto con otros tres cristianos, Claudio, Cirino y Antonino, fue decapitado", por confesar la fe de Cristo, después de haber sufrido calumnias e innúmeras angustias, bajo la persecución de Diocleciano

MEDITACIÓN SOBRE LA DESCONFIANZA EN UNO MISMO

I. Nada hay más frágil que el hombre; abandonado a su debilidad, es capaz de cometer los mayores crímenes. San Pedro prometió al Salvador que habría de morir antes que abandonarlo y, por unas palabras de una sirvienta, por tres veces renegó de su divino Maestro. ¿Qué más apto para hacernos temblar y para inspirarnos una saludable desconfianza en nosotros mismos? ¿Si han caído las columnas de la Iglesia, qué no nos sucederá a nosotros, que somos débiles como cañas? Señor, he caído por mi propia flaqueza; sólo por vuestra bondad me he levantado. (San Agustín).

II. Si has caído en alguna falta, aunque fuese el más horrible de todos los crímenes, no te desanimes por ello; la bondad de Dios sobrepuja infinita mente a tu malicia. Vuelve a tu Padre; Él te espera, te llama y está preparado para recibirte; antes te cansarías de ofenderle que Él de perdonarte.

III. ¿Quieres corregirte de tus faltas? Prevé y huye de las ocasiones en las cuales has sucumbido; si no lo haces, las mismas causas producirán los mismos efectos. Examina tu vida y verás que las ocasiones y las compañías peligrosas son las que, todos los días, te hacen recaer en los mismos pecados. Un piloto no se acerca sino temblando al escollo donde antes naufragó; un convaleciente no se atreve siquiera a tocar el fruto que lo enfermó; solamente el pecador busca las ocasiones en las que se perdió. ¿Qué necesidad hay de ir a tal parte, donde cada día es preciso vencer o perecer? (San Jerónimo).

La desconfianza en uno mismo
Orad por el Papa.

ORACIÓN
Pastor eterno, considerad con benevolencia a nuestro rebaño y guardadlo con protección constante por vuestros bienaventurados mártires y soberanos pontífices Cleto y Marcelino, a quienes constituisteis pastores de toda la Iglesia. Por J. C. N. S.

http://www.aciprensa.com/podcast/santo/abril26franca.mp3





Martirologio Romano: San Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia, que discípulo de su hermano Leandro, le sucedió en la sede de Sevilla en Andalucía en España; escribió muchas obras eruditas, convocó y presidió varios concilios y se entregó sabiamente por el bien de la fe católica y por la observancia de la disciplina eclesiástica.

Su familia era hispano-romana natural de Cartagena, pero él y los suyos, huyendo de los bizantinos se instalaron en Sevilla. Se formó férreamente en Sevilla con sus hermanos mayores: santos Leandro, Fulgencio y Florentina.

Se cuenta que cuando niño no le gustaba estudiar por lo aburrido que era. Pero un día huyendo se puso a correr por el campo, alegre por la libertad conquistada, y como tuviera sed se acercó a un pozo, sobre la piedra del brocal vio signos profundos y regulares. A una mujer que sacaba agua le preguntó qué era aquello, y ésta le dijo que era la señal del cubo sobre la piedra; entonces el comprendió que su voluntad rebelde podría ser vencida con la constancia y el estudio. Ingresó en el monasterio en el que su hermano san Leandro era abad y se entregó de lleno a la oración. Para el año 583 era ya conocido como un gran apóstol; sin haber cumplido todavía los 30 años sucedió a su hermano como abad. A sus monjes les escribió: "La renuncia completa de sí mismo, la estabilidad en el monasterio, la pobreza, la oración litúrgica, la lección y el trabajo deben ser los pilares de nuestra vida...". Alcanzó en poco tiempo incomparable erudición y dominó el latín, el griego y el hebreo, así de cuanta literatura, ya clásica, ya patrística, se había salvado desde entonces.

Al morir Leandro, fue designado obispo de Sevilla (c. 601). Durante los casi cuarenta años de episcopado se distinguió por su predicación apostólica contra las herejías residuales del arrianismo y contra los herejes llamados "acéfalos", negadores de la dualidad de naturaleza en Cristo, que fueron condenados en el II concilio de Sevilla que él convocó en el 619. Fundó junto a Sevilla un colegio para la formación cultural del clero y de los laicos, y fue su primer maestro. En efecto, la escuela de Sevilla se hizo célebre en toda España. En el IV concilio de Toledo (633), que presidió por sus méritos, hizo obligatorias tales instituciones, que luego se convirtieron en escuelas eclesiásticas y monásticas, precursoras de las universidades. En el año 619 convocó el llamado II sínodo hispalense. Mantuvo una estrecha relación con los reyes visigodos que le permitió colaborar activamente con Sisebuto, Sisenando y Suintila en la estabilidad del reino. Mantuvo una gran amistad con san Braulio, obispo de Zaragoza.
Gran escritor, erudito conocedor de la literatura anacorética oriental y admirador de Orígenes, nos ha legado no sólo la "Historia de los Godos" y el "Libro de las Etimologías" (que es una especie de inventario de todos los conocimientos humanos, muy apreciado en la Edad Media), sino además dos libros sobre los "Oficios divinos", que son una explicación de la antigua liturgia española. En efecto, se le atribuye el misal y el breviario para uso de la Iglesia hispánica, que luego constituyó el núcleo de la liturgia mozárabe, que sobrevivió a la ruina de la Iglesia visigoda. También escribió: tres libros de "Sentencias" (la primera Suma Teológica, libro de texto de teología), "La diferencia de la propiedad de las palabras" (gramática y retórica), "El orden de las criaturas" (ciencias naturales), "Sinónimos" (mística).

Por el volumen de sus escritos, entre los que merece mención especial la "Regla de los monjes", este santo sintetizador de la ciencia antigua puede ser considerado como un maestro de la Europa medieval y fue el mayor pedagogo de la Edad Media. Aún no había muerto, y ya sus obras se encontraban en todas las bibliotecas de Europa. Fue llamado en el VIII concilio de Toledo, "el varón más sabio de los últimos siglos cuyo nombre hay que pronunciar con reverencia". Un antiguo historiador nos los describe: "Fue largo en limosnas, insigne en hospitalidad, sereno de corazón, afable en las exhortaciones, sabio en el consejo, humilde en el vestir, sobrio en la mesa, habilísimo para ganar almas para Cristo, eminente en toda virtud y pronto a dar la vida por la verdad". Los últimos meses de su vida aumentó su caridad hacia los más necesitados, murió de una enfermedad estomacal. Está enterrado en la catedral de León. Patrón de León y Sevilla. MEMORIA FACULTATIVA.
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Martirologio Romano: En Roma, conmemoración de san Cleto (Anacleto), papa, que fue el segundo que rigió la Iglesia Romana después de san Pedro.

El papa Anacleto, o san Cleto, fue Obispo de Roma de los cristianos del año 76 al 89. En las fuentes históricas se atestigua que Anacleto fue sucesor de Lino o el segundo obispo de Roma, tras san Lino. En algunos textos, como el "Martyrologium Hieronymianum" o el "Liber Pontificalis", se distingue un Papa Cleto de otro Anacleto (que incluso habría sido Papa después de san Clemente I, con lo cual se tendría una sucesión del tipo: Lino, Cleto, Clemente, Anacleto) pero parecen más atendibles los testimonios más antiguos mencionados antes. Por ello, antes de la reforma litúrgica de 1960, la Liturgia Romana celebraba la memoria de dos papas: Anacleto el 13 de julio y San Cleto el 26 de abril.
Hoy la Iglesia en su catálogo de la sucesión apostólica sigue la lista y el orden ofrecido originalmente por san Ireneo de Lyon en el año 180, y menciona solamente como a una misma persona a Anacleto también llamado Cleto. El nombre de Cleto forma parte del Canon Romano o Plegaria Eucarística I, siendo esta la forma más frecuentemente usada para llamar al tercer papa. Pero es innegable que hay mucha confusión acerca de su nombre. También su presencia en esa lista del Canon romano probaría que murió mártir.

Según el "Liber Pontificalis", Cleto era de una familia romana, hijo de un tal Emiliano. Habría ordenado a 25 presbíteros, habría sido mártir y sepultado un 26 de abril. Estos 25 presbíteros serían el origen de los 25 títulos de las Iglesias de Roma. En cambio, siempre según el "Liber Pontificalis", Anacleto era de origen griego y habría sido el responsable de mandar construir los sepulcros para los obispos de Roma.
San Cleto o Anacleto nace, según los documentos aludidos, en Atenas, y ya de muy joven es convertido a la fe cristiana por el mismo san Pedro, quien pronto le ordena de diácono y poco más tarde de presbítero. Tal vez seguirá al apóstol en sus correrías evangélicas, hasta que llega a Roma, donde forma parte, desde el primer momento, de aquel grupo de selectos o colaboradores que tenía san Pedro en la ciudad de los Césares. No es de extrañar que a ellos -a Lino, su sucesor; a Anacleto y a Clemente- les confiara de vez en cuando el gobierno de la Iglesia romana, mientras él iba recorriendo las distintas cristiandades.
Por el año 76, y habiendo muerto el sucesor de san Pedro, san Lino, es escogido Anacleto por la comunidad de fieles para sucederle en la cátedra, empezando con ello su pontificado, que había de extenderse hasta el año 88, según unos, o hasta el 90, según otros, Duros tiempos le toca vivir, cuando a los trabajos de consolidación de las primeras cristiandades se iban uniendo las fatigas de la persecución, que no hacía mucho se había desencadenado. Anacleto, como buen pastor, vigila y ora con los perseguidos, a quienes reúne en las catacumbas para celebrar los divinos oficios. El mismo, como posteriormente haría san Dámaso, decora las tumbas de los apóstoles, y especialmente la de san Pedro, que había sido enterrado en la colina del Vaticano. En ella hace construir una especie de túmulo o "memoria" que sirviera para señalar a las generaciones futuras el lugar exacto de la tumba del primer papa.

Nuestro santo aparece, por otra parte, como un Pontífice de la Iglesia romana y universal, con ciertos decretos llenos de interés, usando en sus cartas el saludo, que habían de adoptar sus sucesores, de "Salud y bendición apostólica", y, como casi todos los primeros pastores de la Iglesia, iba a manifestar con su vida la doctrina de Cristo que predicaba. También se le atribuye la disposición que prohibia a los hombres de Iglesia de llevar los cabellos largos: un primer ejemplo de la "tonsura eclesiástica".
Por este tiempo había sucedido en el Imperio el emperador Domiciano (81-86), que al fin de su vida, y echando abajo la templanza característica de su familia, los Flavios, iba a distinguirse como uno de los perseguidores más cruentos de los cristianos. Que en su reinado padeciera el martirio san Anacleto es indudable, aunque no nos queden noticias precisas del modo y la fecha en que lo sufrió. La Iglesia, sin embargo, le ha concedido siempre el título de mártir, habida cuenta de los trabajos que tuvo que padecer. Fue enterrado en la misma colina del Vaticano, junto al sepulcro de san Pedro, a quien tan de cerca había seguido en su vida.
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Martirologio Romano: En el monasterio de Corbie, en Neustria (hoy Francia), san Pascasio Radberto, abad, que expuso de modo claro y lúcido la verdad sobre el Cuerpo y la Sangre del Señor en el misterio de la Eucaristía.

Nació en Soissons. Huérfano muy joven se quedó en la pobreza. Fue recogido, atendido y formado por las monjas benedictinas de Soissons, quienes le bautizaron con el nombre de Radberto. Más tarde tuvo la oportunidad de estudiar en el monasterio masculino de la misma ciudad.
Bastante joven recibió la tonsura, entrando así en la clase eclesiástica, aunque sin orden, por el momento, pues se encontraba gozando de un relativo tiempo de fama como literato de manera que, y según la costumbre entre éstos, decidió adoptar un segundo nombre agregando al suyo aquel de Pascasio.

Ingresó en los benedictinos, en la abadía de Corbie; donde pronto se distinguió por su vida religiosa y por sus estudios científicos y teológicos, bajo la dirección del abad san Adalardo.
Renunció al sacerdocio, movido por la humildad. Firmaba "Pascasio, diácono, el más indigno de ser contado entre los monjes". Acompañó a san Adalardo a Sajonia (Alemania) donde fundaron un monasterio "gemelo" de Corbie. Después, siempre en Corbie, se convirtió -primero- en director de estudios y finalmente en abad. Los monjes le eligieron abad (844) a sabiendas de que no era sacerdote.
Tocarían tiempos difíciles al abad, pues las contiendas doctrinales dividieron a los monjes. Otra situación grave fue cuando, al otorgar el rey de Francia Carlos el Calvo regalos al monasterio, se quiso cobrar el favor obligando a Radberto a recibir a un sobrino suyo expulsado por indignidad. Al negarse a ello, el santo abad tuvo que abandonar el monasterio (851).

Entre sus muchos escritos destacan "La maternidad de la Virgen" y "El cuerpo y la sangre del Señor". Se le atribuyen vidas de santos y comentarios a los textos bíblicos, entre estos últimos -y el más amplio, de doce libros- el dedicado al Evangelio según San Mateo, el cual fue citado por el Concilio Vaticano II en la Constitución "Lumen Gentium".
Reclamado por los suyos, Pascasio Radberto aceptó volver pero sólo en calidad de simple religioso: sería monje, y nada más, oración y estudio hasta el último día de su vida.
Por petición suya fue sepultado entre los pobres y servidores del monasterio; sin embargo, en 1058 sus restos fueron trasladados a la iglesia abacial con los honores reservados a los santos.
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Martirologio Romano: En el monasterio de la Transfiguración, en la ciudad de Moscú, en Rusia, sepultura de san Esteban, obispo de Perm, que evangelizó a los nativos zyrjani, inventó un alfabeto para su lengua en la que celebrar la liturgia, destruyó ídolos, erigió iglesias y confirmó las verdades de la fe entre aquellas gentes.

Se cuenta en la vida de san Sergio de Radonez que un obispo que pasaba a diez kilómetros de su monasterio, camino de Moscú, se volvió hacia el convento y dijo: «La paz sea contigo, hermano Sergio». El santo, que se hallaba en ese momento en el refectorio, se levantó y, volviéndose hacia el sitio en que se encontraba el obispo, respondió: «Buenos días, pastor del rebaño de Cristo; la paz de Dios sea siempre contigo». Después explicó a sus monjes que el obispo era Esteban, que iba a Moscú, y que había saludado al monasterio y atraído sobre él las bendiciones del cielo.

Desde los primeros tiempos de su conversión, los rusos habían enviado misioneros a los mongoles y a los finlandeses. En el siglo XIV se renovó su celo misionero y la principal figura fue el obispo san Esteban. Nació en la ciudad rusa de Velikiy Ustyug, en la zona de los montes Urales, en una región habitada por el pueblo zyrjani (o permyak), todavía paganos en su mayoría. Su familia, de origen ruso, era cristiana: su padre era corista en la ciudad de Ustiug. Desde pequeño aprendió la lengua húngaro-finesa de los zyrjani. Dotado de una brillante inteligencia, quiso dedicarse a difundir el Evangelio. Fue monje en el monasterio de San Gregorio Nacianceno en Rostov, donde estuvo 13 años, aprendiendo el griego, perfeccionando el conocimiento de las Sagradas Escrituras y de los oficios eclesiásticos.

Hacia 1370, fue a evangelizar a los zyrjani o permiaks en la zona de Perm. Los métodos misionales del santo recordaban a los de sus maestros san Cirilo y san Metodio. Según su biógrafo, Esteban estaba convencido de que cada pueblo debía adorar a Dios en su propia lengua, puesto que Dios era el origen de todos los idiomas. Por ello, una de las primeras cosas que hizo fue traducir lo esencial de la liturgia y muchos pasajes de la Sagrada Escritura, al idioma de los zyrjani. Tan convencido estaba de que cada pueblo tiene algo que aportar al cristianismo, que ni siquiera enseñaba a sus convertidos los caracteres rusos, sino que inventó un alfabeto especial, basado en los dibujos de los bordados y grabados de la región. También estableció escuelas para enseñar ese alfabeto. Como otros misioneros rusos, san Esteban empleaba la celebración pública de los oficios litúrgicos, como un medio inicial de atraer a los paganos con su impresionante belleza y solemnidad.

En 1383, en reconocimiento por su gran obra misional, fue nombrado primer obispo de Perm. Ahí hizo frente, con la predicación y la pluma, a las doctrinas de los primeros herejes de Rusia, los strigolniks, cuyas enseñanzas se asemejaban a las de los lolardos y a las de los husitas. También fundó iglesias y monasterios, enseñando y asistiendo a la población en los momentos de mayor necesidad material, protegiéndola de las tasaciones injustas impuestas por los oficiales de Moscú y Novgorod y, en una ocasión, guiando una batalla contra una tribu enemiga.

Varias veces marchó a Moscú y durante una de estas visitas murió. Recibió digna sepultura en el monasterio de la Transfiguración. Desgraciadamente su trabajo con la lengua zyrjan no tuvo mucho éxito y su alfabeto no sobrevivió nada más que en pocas inscripciones, también fracasó en su intento de evitar la homologación con la cultura rusa al desarrollar liturgia y cultura autóctonas. De todas formas permanece como el más alto ideal de santidad para los misioneros rusos. No hubo del santo una canonización formal en la Iglesia católica, sino que la ortodoxia lo canonizó en 1549, acto reconocido por parte de la Iglesia Católica, que lo celebra en el Martyrologium Romanum en el aniversario de su muerte.
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Martirologio Romano: En la aldea de Montjuic, cerca de Girona, en España, beato Julio Junyer Padern, presbítero de la Sociedad Salesiana y mártir, que, durante la persecución contra la fe, alcanzó por el martirio la gloria de la vida eterna.

Nació en Vilamaniscle, Gerona (España). Salesiano desde 1912, sacerdote en 1921. Después de varios destinos ejerció como profesor en Gerona de los estudiantes de filosofía, destacado en literatura y canto gregoriano. Pero había tenido que presenciar la destrucción del seminario salesiano de Campello el 11 de mayo de 1931 y por ello desde la victoria del Frente Popular en febrero de 1936 se esperaba lo peor, y no dejó de manifestarlo a sus superiores.

El 20 de julio la comunidad salesiana de Gerona se dispersó y Julio marchó a casa de sus padres. En octubre de 1937 pasó a vivir en Gerona en un piso con un coadjutor salesiano hasta que en enero de 1938 fue detenido por haberse encontrado una carta suya en manos de quienes fueron sorprendidos al intentar pasar la frontera. Fue condenado a muerte el 23 de marzo de 1938, por el Tribunal de Espionaje y Alta Traición, que manifestó su odio al sacerdote. La noche antes de su fusilamiento la pasó en compañía de otros salesianos, que pudieron llevarle la comunión, luego de haberse confesado. Fue un tiempo de oración y silencio. Afirmó que moría inocente y ofreció su vida por el bien de la Iglesia y de España. Serenamente preparado, murió fusilado en Montjuic, Barcelona.

El último salesiano martirizado durante la guerra española no lo fue a manos de un piquete de milicianos que asesinaba sacerdotes y religiosos sin más formalidades: compareció ante un tribunal y fue juzgado y condenado por espionaje y alta traición. Detrás de estos achaques, como se ha probado en la causa de beatificación, estaba el odio religioso. Beatificado el 1 de marzo de 2001.
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Martirologio Romano: En el monasterio de san Isidoro de Dueñas, en España, san Rafael Arnáiz Barón, religioso de la Orden Cisterciense, que, siendo novicio, enfermó gravemente y, confiando siempre en el Señor, con gran paciencia soportó su enfermedad.

Nació en Burgos (España) en el seno de una familia aristocrática de origen asturiana. Estudió en el colegio de la Merced de Burgos, dirigido por los jesuitas. Fue congregante de María Inmaculada a quien tenía una especial veneración. En 1922, la familia se trasladó a Oviedo y él continuó sus estudios en el colegio de los jesuitas. En 1930 visitó el monasterio cisterciense de Dueñas y aquella visita le causó una gran impresión; volvió al año siguiente y dejó unos escritos con el título de "Impresiones de la Trapa". "Apología del trapense". "Meditaciones de un trapense". "Mi cuaderno y Dios y mi alma".
En 1932 se trasladó a Madrid, para estudiar arquitectura que era su gran pasión. Durante 1932 y 1933 realizó el servicio militar en el regimiento de zapadores y minadores. En 1934 ingresó en la trapa del monasterio cisterciense de San Isidro de Dueñas como oblato. A los cuatro meses tuvo que dejar el monasterio por culpa de una diabetes, y dos años más tarde regresó.

Al estallar la guerra civil fue llamado a filas junto a otros monjes, pero fue declarado no apto para el servicio militar. Otra vez regresó a la Trapa, pero sólo para salir nuevamente dos meses más tarde debido a un fuerte deterioro de su enfermedad, mal atendida por un enfermero irresponsable que no la entendía. Tras ocho meses de nueva convalecencia, y sin estar recuperado, decidió volver al monasterio por última vez en 1937. Sufrió físicamente y fue purificado espiritualmente. Se unió al amor de Dios, y a la cruz de Cristo de forma heróica.

Murió en la enfermería de su querida Trapa. Había escrito: “La paz para el trapense es Dios y fuera de él no hay nada en una Trapa que merezca la pena”. “Hermano... hermano, ¡ama a Cristo!... lo demás, ¿qué más te da?”. Es conocido como el “Hermano Rafael”. Murió en Dueñas de un coma diabético.
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Martirologio Romano: En el campo de concentración de Sachsenhausen, en Alemania, beato Estanislao (Stanislaw) Kubista, presbítero de la Sociedad del Verbo Divino y mártir, que durante la ocupación militar de Polonia, encerrado en durísima cárcel, entregó su alma a Dios. Con él se conmemora también al beato Ladislao Goral, obispo auxiliar de Lublín, que padeció en el mismo lugar por defender la dignidad de los hombres y de la fe, falleciendo en día impreciso, víctima de la enfermedad.

Estanislao nació en Kostuchna en Mikolów (Silesia), Polonia. Entró al Seminario de la Sociedad Verbo Divino de Nysa. Fue ordenado sacerdote el 26 de mayo de 1927. Se hizo cargo de la administración del apostolado de la prensa de la Sociedad del Verbo Divino.
Él y la comunidad fueron hechos prisioneros en el Seminario por los alemanes. El 5 de febrero de 1940 la comunidad fue internada en Stutthof y trasladada más tarde a Sachsenhausen.

Durante el viaje el P. Estanislao cayó enfermo. Uno de los testigos de esos dramáticos momentos, nos comparte: "el 26 de abril lo llevaron al cuarto de baño, a donde eran trasladados los prisioneros enfermos condenados a morir. En esa madrugada fatal, le habíamos ayudado a acostarse, pero tuvimos que mantenerlo en pie durante la revista. Cuando el líder del pelotón lo vio, dijo: ha llegado tu fin. Con un pie en su pecho y otro en su garganta aplastó el P. Estanislao. Agonizó hasta el 28 de abril de 1940. La causa oficial de su muerte fue calificada de ´bronquitis´ ".

Ladislao nació en Stoczek (Lubartów-Lublin), Polonia. Ingresó en el seminario de Lublín, y fue enviado a Roma cuando era diácono para que realizase los estudios superiores, logrando en 1922 el doctorado en Filosofía por la universidad Gregoriana. Fue ordenado sacerdote en 1920 en Roma. Más tarde pasó a Suiza, y en la Universidad de Friburgo se licenció en Teología.
De regreso a Polonia, fue elegido profesor del seminario, director del boletín diocesano, también fue nombrado censor de libros y confesor de varias comunidades religiosas. Trabajó también en varias asociaciones de tipo social, sindical y caritativo.

Fue nombrado por el papa Pío XI obispo titular meloense en Isauria y auxiliar de Lublín en 1938. Cuando casi un año después Alemania invadió Polonia y su diócesis, permaneció en su puesto, y en 1939 fue arrestado, junto con el obispo diocesano y un grupo de sacerdotes. Encerrado en el castillo de Lublín, convertido en prisión, fue llevado ante una corte marcial que lo condenó a muerte. Conmutada la sentencia por cadena perpetua, fue llevado al campo de concentración de Sachsenhausen-Oranienburg, Alemania. Fue recluido en el bunker llamado Zellenbau, en total aislamiento respecto a los demás presos. Aquí se quedó hasta que murió exhausto por los malos tratos y enfermedades.
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San Primitivo de Gabio. s. II-IV.
Martirologio Romano: En el lugar de Gabio, en el miliario treinta de la vía Prenestina, san Primitivo, mártir.

San Marcelino. Papa (296 - c.305). M. c. 305.
Parece que nació en Roma. No se sabe nada de su vida, la mayor parte de ella transcurre en un período en el que la Iglesia no era perseguida. Parece que Marcelino hubiera obedecido la orden de Diocleciano de adorar a los dioses, y lo hicieron también diversos miembros de su clero; por esto su nombre fue tachado de la lista de los papas elaborado por san Dámaso. Apologistas posteriores lo defendieron inventando una historia sobre su conversión, pero no existe nada seguro. Sucedió a san Cayo. San Agustín defendió su memoria. Está enterrado en el cementerio de Priscila, junto al sepulcro del mártir san Crescención. Su culto ha sido suprimido desde 1960.
A la primera festividad se une otra junto con Claudio, Cirino y Antonino, en la que aparece como mártir en el 304, pero la historia es falsa.

San Basileo de Amasea. M. 322.
Martirologio Romano: En Amasea, del Ponto, san Basileo, obispo y mártir, en tiempo del emperador Licinio.
Obispo de Amasea del Ponto; entre las firmas de los que asistieron a los concilios de Ancira y de Neocesarea en 314 se encuentra un Basileo de Amasea, y el propio Eusebio, en su Historia Eclesiástica (X,8), relata que en tiempo de Licinio los cristianos eran tratados con gran crueldad, especialmente en Amasea y otras ciudades del Ponto, y que en particular el gobernador infligió a varios obispos las penas ordinarias de los malhechores.

San Atanasio menciona al gran Basileo del Ponto entre los obispos que en los primeros años de la cuarta centuria mantuvieron con firmeza la consustancialidad del Hijo con el Padre; esa referencia es evidente que apunta al obispo-mártir de Anasea. Las «Actas» del martirio de Basileo, que se suponen escritas por un testigo presencial, un presbítero llamado Juan, no son auténticas, y la narrativa es completamente legendaria, cuentan, entre otras cosas, que Basileo dio refugio a una joven cristiana de nombre Glafira, doméstica de la mujer de Licinio, y que el emperador, por esta injerencia de Basileo en sus asuntos, lo hizo decapitar. Otras fuentes dicen que fue ahogado en el mar durante el gobierno de Licinio; el Martirologio Romano del 1970 añade que uno de sus discípulos, de nombre Elpidéforo, recuperó su cuerpo gracias a las instrucciones de un ángel y le dio sepultura.

San Ricario. M. c. 645.
Martirologio Romano: En el eremo del bosque de Crézy, en la región de Amiens, en Neustria, san Ricario, presbítero, que, conmovido por la predicación de unos monjes escoceses, se convirtió a una vida de penitencia.

Nació en Centula (Amiens), hijo de un noble picardo. Se convirtió escuchando a unos monjes irlandeses. Fue ordenado sacerdote y después de cuidar leprosos se hizo misionero itinerante. Fundó una abadía en su ciudad (primero fue la abadía de Centula y a su muerte tomó el nombre de Saint-Riquier) del que fue abad. Ricario fue el primero en dedicarse al rescate de prisioneros; después de haber ejercido como abad durante algunos años, renunció al cargo y pasó el resto de su vida como ermitaño con su discípulo Sigoberto, en el bosque de Crécy. Cuando murió, Sigoberto, siguiendo sus instrucciones, colocó a su maestro en la oquedad del tronco de una vieja encina. Y allí descansó hasta el día que Carlomagno reemplazó ese féretro rústico por un cofre de oro que regaló a los monjes de Centula. Tenía tanta estima por la oración que decía: “que parecía casi olvidar que tenía cuerpo”.

Santos Guillermo y Peregrino. s. XII.
Martirologio Romano: En Foggia, en la Apulia, santos Guillermo y Peregrino, eremitas.
Natural de Antioquía. Tras la muerte de su esposa, Guillermo se retiró con su hijo Peregrino a un lugar desértico para llevar una vida ascética. Cuando el hijo se hizo adulto pidió permiso a su padre para peregrinar a Jerusalén, pero el tiempo pasó y al no tener noticias de su hijo, Guillermo marchó en su busca, pero fue en vano y cayó gravemente enfermo. En el hospital donde le acogieron, estaba allí trabajando de enfermero su hijo, pero Guillermo no lo reconoció, y éste no se dio a conocer hasta que la enfermedad llegó a ser preocupante. Cuando le dijo quién era, Guillermo recobró la salud.

Ambos regresaron a Antioquía donde vendieron y repartieron entre los pobres todos sus bienes. Después se fueron a Italia y se establecieron en Foggia, cerca de Nápoles. Murieron con fama de santos, aunque puede que sean una duplicación de otros santos llamados Guillermo que fueron peregrinos. Patronos de la ciudad de Foggia.

Domingo y Gregorio de Besians. Beatos. M. 1300.
Martirologio Romano: En Aragón, beatos Domingo y Gregorio, presbíteros de la Orden de Predicadores, que, sin llevar oro ni plata, mendigando cada día el alimento necesario, peregrinaban anunciando a todos la Palabra de Dios.
Eran dos presbíteros dominicos, pertenecientes a la provincia de Aragón que en aquellos momentos se estaba fundando, y que tenían su residencia principal en el convento de Huesca. Los dos predicaban en los pueblos de la zona de Barbastro y en la comarca de Ribagorza.

En una de las campañas, cuando alternaban la predicación entre La Puebla de Fontava, Besians y Perarrúa, les sorpendió una gran tormenta de nieve, y se cobijaron en una gruta cuyas paredes cedieron y allí quedaron sepultados. Al no llegar los frailes a Perrarúa, se alzaron en su búsqueda. Según cuenta la leyenda se produjeron toques de campanas, luminarias sobre el lugar y otros signos extraordinarios que les condujeron al encuentro de los muertos, que pronto fueron venerados como beatos en la diócesis de Barbastro. Están enterrados en la iglesia de Besians.

Alda de Siena. Beata. (1245-1309).
Nació en Siena, y era hija del noble Pietro Francesco Ponzi y de Agnese Bulgarini. Muy joven la casaron con Bindo Bellati, hombre "aureolado de virtudes", del que no tuvo hijos. Después de la muerte prematura de su marid, la propusieron matrimonio otra vez, pero ella no quiso, sino que rica y joven, prefirió hacerse Terciaria de los "Humillantes"; aunque no vistió su habito, se retiró a un lugar apartado de sus propiedades, y allí vivió en soledad, penitencia y donde obró milagros y tuvo éxtasis y visiones. Después de un tiempo regresó a Siena, repartió su fortuna, y se dedicó al cuidado de los pobres y de los enfermos en el hospital de San Onofre. Fue sepultada en la iglesia de Santo Tomás en Siena, que pertenecía a la Orden de los Humillantes.

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