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Santoral del 6 de Mayo


INDICE


Beatos ENRIQUE KACZOROWSKI y CASIMIRO GOSTYNSKI Obispo,
Beatos EDUARDO JONES y ANTONIO MIDDLETON
Ana Rosa Gattorno, Beata Religiosa,
Bartolomé Pucci-Franceschi, Beato Franciscano,
María Catalina Troiani, Beata Fundadora,
Francisco Montmorency-Laval, Beato Obispo y Fundador,
OTROS SANTOS DEL DÍA
Santo Domingo Savio († 1857)
San Juan ante Portam Latinam, Martirio en Roma, s. I.
Beato PEDRO I DE TARANTASIA
San Pedro Nolasco
Santos: Remigio, Alberto, Benita (Benedicta), confesores; Teódoto, Justo, Venerio, Lucio, Protógenes, Edberto, obispos; Demetrio, Donato, Heliodoro, Venusto, Terino, Mesera, Maurilio, mártires.



SAN JUAN FRENTE A LA PUERTA LATINA
Mi cáliz sí que lo beberéis; 
pero el asiento a mi diestra o siniestra no me toca concederlo a vosotros,
 sino que será para aquellos a quienes ha destinado mi Padre
.(Mateo, 20,23).


Estas palabras de Jesucristo anunciando al discípulo muy amado que bebería, también él, el cáliz de dolor, cumpliéronse cuando Domiciano lo hizo venir de Éfeso a Roma para martirizarlo. Fue llevado fuera de la ciudad, frente a la puerta llamada Latina, y se lo sumergió en una caldera llena de aceite hirviendo; pero salió el santo de ella como de un baño refrescante, más fuerte y vigoroso de lo que entrara. Domiciano desterró al santo Apóstol a la isla de Patmos, donde compuso el Apocalipsis.


MEDITACIÓN SOBRE LA LEGÍTIMA Y SANTA AMBICIÓN
I. No busques los honores y las dignidades de este mundo, son pesadas cargas que abrumarán tu flaqueza. Huye de esos honores; no viniste a este mundo para mandar a los hombres, sino para obedecer a Dios. La cuenta que deberás rendir por ti mismo es ya bastante pesada, no te recargues sin necesidad con el alma de tu prójimo. Con todo, si Dios te llama a esas dignidades, obedece; Él te dará las gracias necesarias para llevar la carga que te haya puesto sobre los hombros.

II. Tu ambición debe limitarse a desear los primeros lugares en el cielo e imitar, en la medida de tus fuerzas, a los santos más grandes del paraíso. No digas con algunos cristianos cobardes: "Bastante es para mí si Dios quiere colocarme en el pórtico del paraíso"; aspira a la más alta perfección que puedas. No podrás amar a Dios y al prójimo con exceso; nunca se harán demasiados esfuerzos para llegar al cielo. Alma cristiana, eleva tus pensamientos, la tierra no es digna de ti. El mundo no está hecho para ti, no ames, pues, al mundo; no es digno de ti, vales mucho más. (San Bernardo).

III. Ardientemente desea sufrir por Jesucristo, beber su cáliz, ser humillado como Él: es un honor que puedes perseguir ardorosamente con toda intrepidez. Si conocieses las recompensas que están preparadas para las humillaciones y los sufrimientos, los buscarías con más ahínco que el que ponen los ambiciosos para conseguir las posiciones más brillantes. Fue un honor el que hizo Jesús a su discípulo predilecto, haciéndole beber del cáliz en que había bebido Él mismo.
El amor a los sufrimientos
por la conversión de los infieles.

ORACIÓN
Oh Dios, que veis cuán turbados estamos por los males que nos rodean por todas partes, haced que seamos protegidos por la gloriosa intercesión de vuestro Apóstol y Evangelista San Juan. Por J. C. N. S. Amén.

http://www.aciprensa.com/podcast/santo/mayo06juan.mp3




San PEDRO NOLASCO. (c.1182 – 1249). 
Martirologio Romano: En Barcelona, en España, san Pedro Nolasco, presbítero, quien con san Ramón de Penyafort y el rey Jaime I de Aragón fundó, según se cree, la orden de la Bienaventurada María de la Merced, para la redención de los cautivos. Se entregó ardientemente con trabajo y esfuerzo a procurar la paz y a liberar del yugo de la esclavitud a los cristianos, en tiempo de los infieles. Se cree que nació en Mas-Saintes-Puelles, cerca de Carcasona, Francia en el seno de una familia de la nobleza. Participó en la cruzada contra los albigenses, luego se puso al servicio del rey Jaime I de Aragón. Al quedar huérfano se hizo mercader en Barcelona a donde llegó en 1213 junto a su familia. Dos virtudes desarrolló desde que tuvo uso de razón: la caridad y la humildad. Gozaba en dar a los pobres cuanto tenía a mano. Se sentía feliz de hacer dichosos a los otros aunque él se quedase sin nada. En su correrías como mercader en todo el Mediterráneo presenció mucha miseria y sobre todo, muchos cautivos. Peregrinó a Montserrat con el fin de redimir a los cautivos por el Islam, con el dinero que le reportaba su negocio, hasta que en 1218 tuvo una visión de la Virgen que le pedía que fundase una Orden para la libertad de los cautivos: "Es voluntad de mi santísimo Hijo y mía que fundes en el mundo una Orden que en mi honor deberá llamarse Orden de la Virgen María de la Merced de la Redención de los cautivos.

El hábito será blanco en honor de mi pureza, en el pecho llevarás una cruz roja en recuerdo de mi Hijo y el escudo del rey al que sirves". Aquella misma noche se apareció también a san Raimundo de Peñafort, que será el gran jurista y legislador, y al rey Jaime I el Conquistador, con el mismo mensaje y mandato. La Orden fue fundada bajo la regla agustina. Pedro temió por si esto no podrá ir adelante. Y oyó una voz que le dijo mientras estaba en éxtasis: "No temas a nada ni a nadie, pequeño rebaño". Ésta es la leyenda, pero la realidad es que el fundador único fue san Pedro Nolasco, y que gozó de la aprobación del rey Jaime y del obispo de Barcelona, don Berenguer de Palou, y que se puso bajo la advocación de María, a quién Pedro tenía una gran devoción y la ayuda de san Raimundo que fue su confesor. El primer núcleo de la nueva fundación la formaron 13 caballeros de la nobleza barcelonesa, que sentían la necesidad de ayudar a los cautivos como principal obra de misericordia.

Recorrió el reino de Aragón liberando esclavos, más tarde entró en Granada para sacar del dominio sarraceno a los cristianos que se encontraban allí. Tal fue el éxito, que al poco tiempo volvió a Barcelona con 400 esclavos libres. No sólo se liberaba cristianos a cambio del dinero recogido en limosnas, sino, a veces, a base del canje personal de un mercedario por un esclavo.  Algunos hagiógrafos dicen que en 1226 pasó por primera vez a Argel junto con san Ramón Nonato y fundó varios conventos. Arbitró medios para conseguir dinero para el rescate de los cautivos y mendigó para conseguir ayuda. Organizó cofradías y celebró procesiones entre redentores y redimidos; la Orden de la Merced consiguió un gran predicamento. Fue el primer maestro general de la Orden y murió renunciando a su cargo. Fue seglar siempre, ya que la Orden fue en un principio de caballería, pero sin armas, era fundamentalmente formada por gente seglar que emitieron un cuarto voto de redención de los cautivos, hasta que apareció la Orden de los caballeros de Montesa, entonces la orden de la Merced pasó a ser una orden religiosa redentora y misionera.
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SANTO DOMINGO SAVIO
Domingo significa: El que está consagrado al Señor, viene de la lengua Latina.

Entre los miles de alumnos que tuvo el gran educador San Juan Bosco, el más famoso fue Santo Domingo Savio, joven estudiante que murió cuando apenas le faltaban tres semanas para cumplir sus 15 años.

Nació Domingo Savio en Riva de Chieri (Italia) el 2 de abril de 1842.
Era el mayor entre cinco hijos de Ángel Savio, un mecánico muy pobre, y de Brígida, una sencilla mujer que ayudaba a la economía familiar haciendo costuras para sus vecinas.

Desde muy pequeñín le agradaba mucho ayudar a la Santa Misa como acólito, y cuando llegaba al templo muy de mañana y se encontraba cerrada la puerta, se quedaba allí de rodillas adorando a Jesús Eucaristía, mientras llegaba el sacristán a abrir.

El día anterior a su primera confesión fue donde la mamá y le pidió perdón por todos los disgustos que le había proporcionado con sus defectos infantiles. El día de su primera comunión redactó el famoso propósito que dice: “Prefiero morir antes que pecar”.

A los 12 años se encontró por primera vez con San Juan Bosco y le pidió que lo admitiera gratuitamente en el colegio que el santo tenía para niños pobres. Don Bosco para probar que tan buena memoria tenía le dio un libro y le dijo que se aprendiera un capítulo. Poco tiempo después llegó Domingo Savio y le recitó de memoria todo aquel capítulo. Y fue aceptado. Al recibir tan bella noticia le dijo a su gran educador: “Ud. será el sastre. Yo seré el paño. Y haremos un buen traje de santidad para obsequiárselo a Nuestro Señor”. Esto se cumplió admirablemente.

Un día le dijo a su santo confesor que cuando iba a bañarse a un pozo en especial, allá escuchaba malas conversaciones. El sacerdote le dijo que no podía volver a bañarse ahí. Domingo obedeció aunque esto le costaba un gran sacrificio, pues hacía mucho calor y en su casa no había baño de ducha. Y San Juan Bosco añade al narrar este hecho: “Si este jovencito hubiera seguido yendo a aquel sitio no habría llegado a ser santo”. Pero la obediencia lo salvó.

Cierto día dos compañeros se desafiaron a pelear a pedradas. Domingo Savio trató de apaciguarlos pero no le fue posible. Entonces cuando los dos peleadores estaban listos para lanzarse las primeras piedras, Domingo se colocó en medio de los dos con un crucifijo en las manos y les dijo: “Antes de lanzarse las pedradas digan: <>“. Los dos enemigos se dieron la mano, hicieron las paces, y no se realizó la tal pelea. Por muchos años recordaban con admiración este modo de obrar de su amiguito santo.

Cada día Domingo iba a visitar al Santísimo Sacramento en el templo, y en la santa Misa después de comulgar se quedaba como en éxtasis hablando con Nuestro Señor. Un día no fue a desayunar ni a almorzar, lo buscaron por toda la casa y lo encontraron en la iglesia, como suspendido en éxtasis. No se había dado cuenta de que ya habían pasado varias horas. Tanto le emocionaba la visita de Jesucristo en la Santa Hostia.

Por tres años se ganó el Premio de Compañerismo, por votación popular entre todos los 800 alumnos. Los compañeros se admiraban de verlo siempre tan alegre, tan amable, y tan servicial con todos. El repetía: “Nosotros demostramos la santidad, estando siempre alegres”.

Con los mejores alumnos del colegio fundó una asociación llamada “Compañía de la Inmaculada” para animarse unos a otros a cumplir mejor sus deberes y a dedicarse con más fervor al apostolado. Y es curioso que de los 18 jóvenes con los cuales dos años después fundó San Juan Bosco la Comunidad Salesiana, 11 eran de la asociación fundada por Domingo Savio.

En un sueño – visión, supo que Inglaterra iba a dar pronto un gran paso hacia el catolicismo. Y esto sucedió varios años después al convertirse el futuro cardenal Newman y varios grandes hombres ingleses al catolicismo. Otro día supo por inspiración que debajo de una escalera en una casa lejana se estaba muriendo una persona y que necesitaba los últimos sacramentos. El sacerdote fue allá y le ayudó a bien morir.

Al corregir a un joven que decía malas palabras, el otro le dio un bofetón. Domingo se enrojeció y le dijo: “Te podía pegar yo también porque tengo más fuerza que tú. Pero te perdono, con tal de que no vuelvas a decir lo que no conviene decir”. El otro se corrigió y en adelante fue su amigo.

Un día hubo un grave desorden en clase. Domingo no participó en él, pero al llegar el profesor, los alumnos más indisciplinados le echaron la culpa de todo. El profesor lo regañó fuertemente y lo castigó. Domingo no dijo ni una verdad, el profesor le preguntó por qué no se había defendido y él respondió: “Es que Nuestro Señor tampoco se defendió cuando lo acusaron injustamente. Y además a los promotores del desorden sí los podían expulsar si sabían que eran ellos, porque ya han cometido faltas. En cambio a mí, como era la primera falta que me castigaban, podía estar seguro de que no me expulsarían”. Muchos años después el profesor y los alumnos recordaban todavía con admiración tanta fortaleza en un niño de salud tan débil.

La madre de San Juan Bosco, mamá Margarita, le decía un día a su hijo: “Entre tus alumnos tienes muchos que son maravillosamente buenos. Pero ninguno iguala en virtud y en santidad a Domingo Savio. Nadie tan alegre y tan piadoso como él, y ninguno tan dispuesto siempre a ayudar a todos y en todo”.

San Juan Bosco era el santo de la alegría. Nadie lo veía triste jamás, aunque su salud era muy deficiente y sus problemas enormes. Pero un día los alumnos lo vieron extraordinariamente serio. ¿Qué pasaba? Era que se alejaba de su colegio el más amado y santo de todos sus alumnos: Domingo Savio. Los médicos habían dicho que estaba tosiendo demasiado y que se encontraba demasiado débil para seguir estudiando, y que tenía que irse por unas semanas a descansar en su pueblo. Cada mes, en el Retiro Mensual se rezaba un Padrenuestro por aquel que habría de morir primero. Domingo les dijo a los compañeros: “el Padrenuestro de este mes será por mí”. Nadie se imaginaba que iba a ser así, y así fue. Cuando Dominguito se despidió de su santo educador que en sólo tres años de bachillerato lo había llevado a tan grande santidad, los alumnos que lo rodeaban comentaban: “Miren, parece que Don Bosco va a llorar”. – Casi que se podía repetir aquel día lo que la gente decía de Jesús y un amigo suyo: “¡Mirad, cómo lo amaba!”.

Domingo Savio estaba preparado para partir hacia la eternidad. Los médicos y especialistas que San Juan Bosco contrató para que lo examinaran comentaban: “El alma de este muchacho tiene unos deseos tan grandes de irse a donde Dios, que el débil cuerpo ya no es capaz de contenerla más. Este jovencito muere de amor, de amor a Dios”. Y así fue.

El 9 de marzo de 1857, cuando estaba para cumplir los 15 años, y cursaba el grado 8º. De bachillerato, Domingo, después de confesarse y comulgar y recibir la Unción de los enfermos, sintió que se iba hacia la eternidad. Llamó a su papacito a que le rezara oraciones del devocionario junto a su cama (la mamacita no se sintió con fuerzas de acompañarlo en su agonía y su fue a llorar a una habitación cercana). Y a eso de las 9 de la noche exclamó: “Papá, papá, qué cosas tan hermosas veo” y con una sonrisa angelical expiró dulcemente.

A los ocho días su papacito sintió en sueños que Domingo se le aparecía para decirle muy contento que se había salvado. Y unos años después se le apareció a San Juan Bosco, rodeado de muchos jóvenes más que están en el cielo. Venía hermosísimo y lleno de alegría. Y le dijo: “Lo que más me consoló a la hora de la muerte fue la presencia de la Santísima Virgen María. Recomiéndele a todos que le recen mucho y con gran fervor. Y dígales a los jóvenes que los espero en el Paraíso”.

Hagamos el propósito de conseguir la hermosa Biografía de Santo Domingo, escrita por San Juan Bosco. Y hagámosla leer en nuestra familia a jóvenes y mayores. A todos puede hacer un gran bien esta lectura.
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Beato PEDRO I DE TARANTASIA. M. 1140.
En la historia de la Iglesia se conocen tre homónimos saboyanos, conocidos como Pedro de Tarantasia, y los tres han subido a los altares. El más importante, aunque el último en el tiempo, fue el papa beato Inocencio V, que su nombre en el siglo era Pedro de Tarantasia, y que fue Papa durante 4 meses en el año 1276 y su festividad es el 23 de junio. Los otros dos fueron arzobispos de Tarantasia, en Saboya, con la sede episcopal en el antigua ciudad de Moutiers. El primero en orden temporal, es el que celebramos hoy, el beato Pedro I. Fue uno de los primeros monjes cistercienses y tuvo amistad con santos Esteban Harding, Roberto de Molesmes y Bernardo de Claraval. En 1113, fundó la abadía de La Ferté, de la que fue prior y abad. Luego se trasladó al Piamonte italiano donde fundó dos monasterios sufragáneos de la abadía de La Ferté, uno en Tiglieto, en la diócesis de Acqui, en 1120, y el otro en Lucedio, en la diócesis de Vercelli, cuatro años después.

Poco tiempo después, marchó al valle del Isère, donde está Tarantasia, de cuya diócesis fue nombrado arzobispo. Fue el primer cisterciense en recibir la consagración episcopal. En su arzobispado tenía las diócesis de Aosta y Sión. En esta misión, nuestro beato no dejó su innata sencillez de vida, continuando en su observancia de la regla cisterciense, caracterizada de ayunos y largas vigilias de oración. En 1130 tomó parte en el concilio de Etampes, firmando su fidelidad al papa Inocencio II, excomulgando así al antipapa Anacleto. Dos años después fundó la abadía de Tamié, y nombró abad al que luego sería su sucesor en el episcopado san Pedro II de Tarantasia. Nuestro beato introdujo en su diócesis la Congregación de los Canónigos Regulares, que más tarde serían los agustinos. Murió en 1140 y recibió digna sepultura en la catedral de Moutiers. En 1636, se realizó un reconocimiento de sus reliquias, pero luego, por desgracia, fueron dispersadas durante la Revolución francesa.
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Beato BARTOLOMÉ PUCCI-FRANCESCHI. (1245 - 1330). 
Martirologio Romano: En Montepulciano, en la Toscana, beato Bartolomé Pucci-Franceschi, presbítero de la Orden de los Hermanos Menores, quien, impulsado por su amor a Dios, dejó a su mujer, a sus hijos y riquezas, haciéndose pobre de Cristo. Nació en Montepulciano, hijo de Puccio di Francesco, nombres que fueron unidos para formar el apellido familiar. En su juventud casó con Milla, de la cual tuvo cuatro hijos, que hacia 1290, cuando él, a los 45 años de edad, decidió ingresar entre los Hermanos Menores del convento de San Francisco de Montepulciano, ya habían llegado a la mayoría de edad. Las crónicas exaltan su memorable renuncia a la familia y al rico patrimonio, su caridad para con los pobres en los tiempos de carestía, y varios milagros.

El Señor le había inspirado consagrarse a su servicio y él, dócil a la divina llamada, proveyó al porvenir de sus hijos y con el consentimiento de su mujer se hizo religioso hermano.  En la vida de convento llegó a ser modelo de perfección. Durante la oración a menudo era arrobado en éxtasis, su rostro se volvía radiante con una luz celestial, su alma encendida en un fuego divino. Se reputaba tan pequeño y pobre que no se atrevió a ser sacerdote, pero los superiores se lo impusieron y, después de un tiempo de estudios filosóficos y teológicos fue ordenado sacerdote y de inmediato se entregó humilde y devotamente al sagrado ministerio con fervor y santa vida. También entonces era tanta su humildad, que hubiera deseado vivir ignorado de todos. Su amor por el prójimo y especialmente por los más pobres y desdichados era grandísimo. Por sus oraciones a menudo Dios multiplicó el alimento para su comunidad y a favor de los necesitados. Frecuentes apariciones de la Santísima Virgen, de ángeles y de santos lo llenaban de tanta alegría que parecía estar ya en el paraíso. Fue para toda la comunidad modelo de observancia exacta de la regla de San Francisco, del espíritu de pobreza, de castidad y de penitencias con las cuales martirizaba su cuerpo. Generalmente se dice de él que "fue un loco por amor de Cristo". Bartolomé se durmió serenamente en la paz de los justos. Fue sepultado en la iglesia de San Francisco, donde permaneció hasta 1930. Luego fue trasladado a la iglesia de San Agustín.
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Beatos EDUARDO JONES y ANTONIO MIDDLETON. M. 1590. 
Martirologio Romano: En Londres en Inglaterra, beatos Eduardo Jones y Antonio Middleton, sacerdotes y mártires, que bajo la reina Isabel I fueron ahorcados y descuartizados a las puertas de sus habitaciones por su fe. Eduardo nació en Gales. Visitó España, Grecia e Italia; en Roma se convirtió al catolicismo. Sintiéndose llamado al sacerdocio, estudió en Reims y fue ordenado sacerdote en 1587 y pasó a misionar a Inglaterra. Hubo una mujer que fingió estar interesada por el catolicismo. Denunciado por ella fue capturado en 1590 mientras estaba en una droguería de Fleet Street. Fue sometido a terribles torturas en la Torre de Londres por el cruel Topcliffe, que quería hacerle confesar que había una intención de los países católicos de invadir Inglaterra. Se negó rotundamente y deshizo ante los jueces las acusaciones con un discurso hábil y bien trabajado. Fue condenado por ser sacerdote católico y ajusticiado en la calle de Fleet Street de Londres.

Antonio nació en Middleton Tyas (York) en el seno de una noble familia.

En Reims se le ordenó sacerdote secular en 1586, durante algunos años ejerció su apostolado en Londres y sus alrededores, y tuvo la habilidad para sortear a sus perseguidores, a lo que ayudó su aspecto juvenil que conservó siempre, como si fuera un adolescente cuando se acercaba a los 30 años. Fue apresado en 1590, cuando se encontraba en casa de un tal Saunders en Clerkenwelll; junto con su compañero de seminario, Eduardo Jones, compareció ante los jueces y negó que su labor tuviera algún fin político. Fue condenado a muerte por su condición de sacerdote católico. Murió manifestando su disposición a dar cien veces la vida, con la esperanza de que su muerte confirmara en la fe a todos los católicos presentes en su ejecución. Fue ahorcado y descuartizado en Clerkenwell en Londres.
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Beato FRANCISCO DE MONTMORECY-LAVAL. (1623-1708). 
Martirologio Romano: En Quebec, en el dominio de Canadá, beato Francisco de Montmorency Laval, obispo, quien estableció su sede episcopal en aquella ciudad y desde allí, durante casi cincuenta años, se dedicó con todas sus fuerzas a confirmar y acrecentar la Iglesia en aquella vasta región de América del Norte, llegando incluso hasta el golfo de México. Nació en Montigny-sur-Avre, en el seno de una noble familia francesa, y desde niño fue destinado al estado eclesiástico. Estudió en el colegio de la Fléche con los jesuitas, recibiendo muy pronto la tonsura. En 1635, tras la muerte de su padre, se le nombró canónigo de la catedral de Evreux, de donde era obispo un tío suyo. Ingresó en el colegio parisino de Clermont, pero en 1645 murieron sus dos hermanos mayores, con lo que se vio obligado a ocuparse de los asuntos familiares.

Pero en 1647 fue ordenado sacerdote. En 1648 fue nombrado arcediano de Evreux, comenzando la visita que le correspondía por este cargo dando con ello cuenta de sus dotes de gobierno y piedad. En 1635 fue nombrado Vicario Apostólico de Indochina, cargo al que no puedo atender, por lo que se retiró a L’Hermitage y llevó vida contemplativa durante cuatro años en aquella escuela de espiritualidad que dirigía en Caen el abate Berniéres. De allí vino sacarlo la orden del papa Alejandro VII confiándole el vicariato apostólico de Nueva Francia con el título episcopal de Petra. Llegó al Canadá en 1658 y fijó su residencia en Québec pero se dedicó a visitar el vasto territorio y a cuidar la buena organización de la Iglesia en ella, fundando numerosas parroquias. Se puso de parte de los indios frente a los que los maltrataban, y trató dar unidad a una vastísima diócesis. Su labor fue inmensa y se opuso con energía al regalismo de los gobernantes.  En 1662 regresó a Francia y fue recibido por Luis XIV, a quien expuso la verdadera situación del Canadá obteniendo grandes concesiones que favorecían a la Iglesia en Nueva Francia, y al mismo tiempo propuso que el vicariato fuese elevado a diócesis con capital en Québec. Fundó el seminario en Québec, que se convertiría en 1852 en la Universidad Laval. En 1674 fue nombrado primer obispo de Québec. En 1684, viendo que su salud no era buena presentó su dimisión, y se quedó en Québec, en el seminario, viviendo modestamente. Fue un gran apóstol y un gran obispo siempre al servicio de sus diocesanos. Obtuvo de la Santa Sede el establecimiento en París de un seminario para las Misiones Extranjeras. Murió en Québec.
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Beata MARÍA CATALINA TROIANI. (1813-1887). 
Martirologio Romano: En El Cairo, en Egipto, beata María Catalina Troiani, virgen de la Tercera Orden de San Francisco, que desde Italia fue enviada a Egipto, en donde fundó una nueva familia de Hermanas Franciscanas Misioneras. Constanza nació en Giuliano di Roma, provincia de Frosinone, en el Lacio, en el seno de una familia acomodada. Su madre falleció en 1819, y su padre se vio en la necesidad de confiarla, para su educación, a las religiosas que tenían un colegio pensionado en el convento de Santa Clara de la Caridad situado en Ferentino (Frosinone). En 1829, a la edad de 16 años, vistió el hábito franciscano allí mismo. Al año siguiente fue admitida a la profesión religiosa, y Constanza tomó el nombre de sor María Catalina de Santa Rosa de Viterbo. Se le confió enseguida el cargo de enseñante en la escuela y luego el de vicemaestra de las educandas, además de otros varios oficios en el seno de la comunidad religiosa. Escribió entonces la crónica de su monasterio desde que se fundó en 1803.  Desde aquel tiempo se sintió fuertemente atraída por la contemplación de Jesús crucificado, por el amor a la penitencia y a la vida oculta imitando la de Cristo en Nazaret. En el año 1835, cuando contaba 22 años de edad, se sintió fuertemente llamada a trabajar en las misiones extranjeras, pero tuvo que esperar muchos años, unos 24, para poder llevar a cabo esa vocación. Mientras tanto se dedicó a la animación misional entre sus compañeras.

Y tan acertadamente lo hizo, que florecieron en su monasterio las vocaciones misioneras. Fueron llamadas por el vicario apostólico del Cairo; pero cuando las religiosas llegaron a la capital egipcia (1859), recibieron la noticia que el prelado había muerto, con los cual se encontraron desamparadas, sin mentor, en un país extraño; pero allí estaba Catalina que les dijo: "animo hermanas. Nos hemos desprendido de la tierra y nos encontraremos entre el cielo y el mar, pero no temamos, porque nos guía el Altísimo. Hemos perdido a un padre en la tierra, pero tenemos el Padre del cielo que jamás nos abandona. ¡Animo! ¡adelante!". De inmediato ocuparon la casa misión de Clot-Bey que se les había preparado en El Cairo Nuevo, aunque su primer trabajo lo desarrollaron en la iglesia católica de Muski que regían los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa. Muy pronto la superiora que había guiado al grupo de misioneras hasta Egipto cayó gravemente enferma, y sor María Catalina tuvo que ponerse al frente de las obras que habían emprendido. Luego, en 1863, fue elegida superiora de la casa misión.  La comunidad de Santa Clara de Ferentino se transformó en 1842 en monasterio, aceptando la clausura, y, aunque en 1859 había organizado la primera expedición de religiosas a Egipto, en 1865 decidió renunciar a aquella misión tan distante dadas las nuevas circunstancias y las dificultades surgidas. A ello contribuyó el hecho de que el delegado apostólico que sucedió a Mons. Guasco redactó unas constituciones nuevas para las misioneras, que debían sustituir a las que ellas habían traído de Ferentino, lo que no fue del agrado del obispo de esta ciudad ni de las monjas del monasterio de Santa Clara. Así sucedió que, buscando todos el mayor bien, surgió un conflicto entre autoridades y proyectos. En consecuencia, sor María Catalina y sus hermanas tuvieron que afrontar la alternativa en que al fin las puso la comunidad de Ferentino: abandonar las obras emprendidas y regresar a la casa madre, o independizarse de ésta. Fue un trance muy triste y doloroso para las misioneras.

Sor María Catalina y las demás religiosas decidieron permanecer en Egipto, separándose con dolor de su casa de origen. En 1868, después de los acuerdos alcanzados entre las autoridades afectadas, la Orden de Hermanos Menores y la Congregación de Propaganda Fide, mediante decreto pontificio, la misión de Clot-Bey quedó constituida como instituto autónomo, del que fue reconocida como fundadora y nombrada superiora general María Catalina, la cual fue confirmada en su cargo en el primer capítulo general, celebrado en 1877, y después de nuevo en 1883.  El nuevo instituto adoptó desde el primer momento la Regla de la Tercera Orden Franciscana, aprobada por León X para los terciarios regulares (TOR), con unas constituciones adaptadas a la situación misionera del mismo, que fueron aprobadas en 1876. De este modo nació una nueva congregación de derecho pontificio, la de las Franciscanas Misioneras del Corazón Inmaculado de María, hasta 1950 llamadas Franciscanas Misioneras de Egipto, que en 1897 fue agregada a la Orden Franciscana. A las obras y actividades iniciales, la madre María Catalina fue añadiendo otras nuevas como respuesta a las muchas necesidades con que se encontraba en la población y particularmente en la infancia de aquel país. Su celo apostólico y su caridad se desarrollaron especialmente en dos obras misionales y sociales: la una, iniciada en 1860 en colaboración con dos sacerdotes, Olivieri y Versi, empeñados en la lucha contra la esclavitud, y destinada a rescatar y educar a las niñas negras esclavas, y la otra, iniciada en 1872, dedicada a recoger a los expósitos, recién nacidos abandonados.

Las niñas pequeñas abandonadas al nacer o destinadas a los harenes turcos eran buscadas o acogidas, incluso pagando rescate por ellas. Para las niñas que gozaban de buena salud buscaba nodrizas que las criaran, y más tarde las confiaba a familias adoptivas. Con todo, eran muchas las pequeñas que estaban exánimes y pronto fallecían. Las niñas y las gentes, conmovidas por su bondad y entrega, la llamaban cariñosamente "Mamá Blanca". Con estas obras la madre María Catalina se insertó en lo más vivo de la lucha por el rescate y redención de los esclavos y por la dignificación de la mujer, uniéndose a los grandes líderes anti esclavistas de aquel tiempo como Olivieri, Versi, san Daniel Comboni y el franciscano beato Ludovico da Casoria. En 1882, cuando estaba proyectando la apertura de nuevas casas, estalló la guerra angloturca. El consulado italiano pidió a las religiosas que salieran del país porque no podía garantizar su seguridad. La Madre y las hermanas tienen que marcharse a Roma; pero, tan pronto como se restablece la paz en Egipto, volvieron a su casa y misión, que permaneció intacta, y reanudaron su labor misionera y social. De nuevo son incontables las niñas y jóvenes que llenan sus aulas y sus centros de acogida. Pero en 1883 se extendió la epidemia del cólera, y las víctimas fueron incontables; las religiosas, a las que no faltó el ejemplo y las palabras de aliento de la madre María Catalina, no abandonaron sus puestos de trabajo sino que se multiplicaron en sus tareas para asistir a los apestados aun exponiendo las propias vidas.

Durante sus 28 años de actividad misionera, la madre María Catalina abrió, con la colaboración de las autoridades y la ayuda de las personas a las que tendió la mano, numerosas casas en Egipto, en Jerusalén, en Malta, en Italia. Ella procedía de un ambiente de fuerte espiritualidad franciscana, e imprimió esa espiritualidad en su propia vida y en todas sus obras. El 10 de abril de 1887, víspera de Pascua, la Madre Troiani, enferma y agotada, tuvo que meterse en cama, sin esperanza de recuperación porque su organismo está exhausto. Y el 6 de mayo de 1887, después de haber recibido por última vez la Eucaristía, falleció plácidamente en Clot-Bey, a los 74 años de edad. Al día siguiente, sus funerales se trasformaron en una solemne celebración con la presencia de cristianos y de musulmanes y entre el llanto especialmente de tantas mujeres beneficiarias de su obra, todos los cuales querían rendir un último homenaje a aquella apóstol de la caridad. Fue enterrada de momento en el cementerio latino de El Cairo, pero sus restos mortales fueron luego trasladados a la capilla de Clot-Bey, y en 1967 a Roma, y se veneran en la iglesia de la casa general del Instituto, dedicada al Corazón Inmaculado de María.
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Beata ANA ROSA GATTORNO. (1831-1900). 
Martirologio Romano: En Roma, beata Ana Rosa Gattorno, religiosa, que era madre de familia, pero, al quedar viuda, lo dejó todo y se entregó totalmente a Dios y al prójimo, fundando las Hijas de Santa Ana, Madre de María Inmaculada, brillando por la gran labor que realizó en favor de los enfermos, los débiles y los niños desamparados, en cuyo rostro contemplaba a Cristo pobre. Nació en Génova en el seno de una familia acomodada. Fue bautizada con el nombre de Rosa María Benedetta. Recibió una formación cultural y religiosa en su casa como era costumbre en las familías burguesas. Era de carácter sereno, amable, abierto a la piedad y a la caridad. En 1852 se casó con su primo Jerónimo Custo y se trasladaron a vivir a Marsella. Una crisis financiera, les llevó a la pobreza y tuvieron que regresar a Génova. Su hija Carlota se quedó sordomuda a causa de una enfermedad y su marido murió a los seis años de matrimonio, dejándola viuda con dos hijos, ya que el tercero murió también. Todos estos acontecimientos marcaron su vida, a la que dio un cambio radical y ella llamó “su conversión”. Bajo la guía del confesor don José Firpo, emitió de forma privada los votos perpétuos de castidad y de obediencia en 1858, y en 1861 el de pobreza, al hacerse Terciaria franciscana. Desde 1855 obtuvo permiso para comulgar todos los días y en la Eucarístia encontró el consuelo y la fuerza para su profundo ardor misionero y de entrega a los demás. En 1862 recibió el don de los estigmas ocultos, percibidos más intensamente los viernes. Se dedicó a visitar a los enfermos en los hospitales y a los pobres enfermos en su propio domicilio.

Le fue confiada la presidencia de la Pía Unión de las nuevas Ursulinas, Hijas de Santa María Inmaculada, fundadas por el beato Ceferino Agostini y por deseo expreso del arzobispo de Génova, también la revisión de las reglas de esta nueva fundación. En 1864 recibió la inspiración de realizar una nueva fundación religiosa, pero temía que le quitaran sus hijos y para ello pidió consejo al capuchino beato Francisco María de Camporosso y al mismo papa Pío IX, que le animó a seguir adelante con su fundación. Fundó en Plasencia las Hijas de Santa Ana, Madre de María Inmaculada en 1866 y cambió su nombre por el de Ana Rosa. El sacerdote de la Misión, Juan Bautista Tornatore, escribió la regla de la nueva fundación y está considerado como el segundo fundador. La nueva Congregación se dedicó al servicio de los pobres y enfermos, las personas solas y abandonadas, los ancianos, los niños abandonados y jóvenes en peligro a los que previa una instrucción se les insertaba en el mundo del trabajo. Decía que tenían que “evangelizar ante todo con la vida”. La obra se extendió y aunque no le faltaron tribulaciones, como humillaciones, pero se extendió por todo el mundo creando colegios, centros de formación, una fundación para sordomudos. Murió en la casa general de Roma víctima de una rápida enfermedad. A su muerte dejó 368 casas, en las cuales desempeñaban su misión 3.500 hermanas con su lema: “Vivir por Dios y morir por Él, gastar la vida por amor”.
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Beatos ENRIQUE KACZOROWSKI y CASIMIRO GOSTYNSKI. M. 1942.  Martirologio Romano: Cerca de Munich en Alemania, beatos Enrique Kaczorowski y Casimiro Gostynski, sacerdotes y mártires, que, deportados durante la ocupación militar de Polonia por parte de los perseguidores de la dignidad humana, en el campo de concentración de Dachau en una cámara de gas perdieron la vida por la fe en Cristo. Enrique nació en Bierzwienna (Kolo), Polonia. Después de realizar sus estudios en el seminario de Wloclawek, pasó a la Academia de San Petersburgo y en 1914 fue ordenado sacerdote. La I Guerra Mundial lo sorprendió en Kalisz, de modo que no pudo regresar en San Petersburgo. El obispo le encomendó algunas misiones, especialmente con los enfermos. En 1915 trabajó en el santuario de Sulmierzyce. En Lublín se doctoró en Teología. Fue nombrado profesor del seminario y director del instituto Pío X de Wloclawek. Fue redactor de la revista "Ateneum Kaplanskie" y rector del seminario entre 1928 y 1939. Visitó varios países de Europa para asistir a jornadas y encuentros teológicos. Fue nombrado canónigo de la catedral y prelado doméstico de Su Santidad. Durante la II Guerra Mundial, intentó que en el seminario fueran las cosas lo más normales posibles. Fue arrestado en 1939 y llevado al campo de concentración de Lad, de donde pasó a Dachau. Ingresó en el pabellón de los inválidos, y llevado a la cámara de gas donde fue asesinado.

 Casimiro nació en Varsovia en el seno de una rica familia de industriales. Ingresó en el seminario diocesano de Lublín donde fue ordenado sacerdote en 1908. Fue enviado a Innsbruck a estudiar Teología moral. Regresó a su diócesis en 1912 y se le confió la capellanía de la iglesia de San Pedro, al mismo tiempo que era profesor de religión en el instituto masculino y profesor de Latin en el seminario. Fundó el Instituto Masculino Jan Zamoyski, del que fue director durante 18 años. El beato Pío IX le nombró prelado doméstico y canónigo de la catedral de Lublín. En 1933 se le nombró director del nuevo instituto diocesano de Lublín, pero en 1935 dimite del cargo y se entregó a la pastoral directa con los intelectuales desde su cargo de rector de la iglesia de Santa María de la Victoria. Se ocupó además de la juventud estudiantil y del movimiento “scout”. Fue arrestado por los nazis en 1940 y encerrado en el castillo de Lublín. Después fue llevado al campo de concentración de Sachsenhausen-Oranienburgo y de allí al de Dachau. El hambre y el trabajo superior a sus fuerzas le valieron ser declarado inválido para el trabajo y eliminado en las cámaras de gas. Fue un hombre de Dios entregado totalmente a su trabajo pastoral y a su vocación sacerdotal.
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OTROS SANTOS DEL DÍA:  
San Lucio de Cirene. s. I.   Martirologio Romano: Conmemoración de san Lucio de Cirene, a quien el libro de los Hechos de los Apóstoles nombra entre los profetas y doctores de la Iglesia de Antioquía. Es uno de los "profetas y doctores" de la Iglesia de Antioquía cuando santos Pablo y Bernabé fueron elegidos para su apostolado (At 13,1). Se dice que fue el primer obispo de Cirene en África.  

Santos Mariano y Santiago. M. 259.   Martirologio Romano: En Lambesa en Numidia, hoy Argelia, santos mártires Mariano, lector, y Santiago, diácono: el primero hacía ya tiempo que había salido indemne de las vejaciones de la persercución de Decio por confesar la fe en Cristo; nuevamente arrestado junto a su dilectísimo compañero, ambos, después de crueles suplicios, confortados por la gracia divina, murieron decapitados junto a otros muchos. El lector Mariano llegó con el diácono Santiago a Cirtha, mientras comenzaba la persecución de Valeriano. Los dos jóvenes clérigos había ya sufrido en la persecución de Decio; su grandeza de ánimo y su deseo de martirio, transpiraba en su actitud noble y sereno, en el momento del nuevo arresto y en los tormentos que sufrieron. Cuando estaba preso en la cárcel, Mariano tuvo una visión en la que san Cipriano, le exhortaba a seguir adelante. Esta visión fue compartida por Emiliano y Santiago. Al morir mártir Santiago, su madre, llena de orgullo cristiano, abrazó su cadáver por su heroicidad. Durante su estancia en la cárcel, otros muchos cristianos, aunque no eran obispos, sacerdotes o diáconos, también sufrieron el martirio con ellos y fueron todos decapitados en Lambesa, capital de Numidia y donde residía el legado imperial. Sus Actas están poco retocadas.  

San Protógenes. s. IV.  Natural de Edessa. Durante la persecución del emperador Valente en favor de los semiarrianos contra los católicos, san Barsen, obispo de Edessa, fue enviado al exilio y los presbíteros Protógenes y san Eulogio de Edessa, asumieron la dirección de la comunidad católica. Como se opusieran al prefecto Modesto, fueron exiliados a Antinoe en Egipto. Aquí Protógenes abrió una escuela para muchachos paganos y convirtió a un bue número gracias a su poder de curación. Cuando murió Valente en el 378, Protógenes regresó del exilio a su ciudad natal. Fue consagrado obispo por su amigo y compañero san Eulogio, que era obispo de Edessa, fue nombrado obispo de Harràn (Carre) en Siria. Se ignora la fecha de su muerte. Sólo Baronio lo introdujo en el Martirologio Romano.  

San Venerio de Milán. M. 409.   Martirologio Romano: En Milán, de la Liguria (hoy Italia), san Venerio, obispo, discípulo y diácono de san Ambrosio, que acudió en ayuda de los obispos africanos enviándoles clérigos y favoreció a san Juan Crisóstomo en su destierro. Fue ordenado diácono por san Ambrosio. Obispo de Milán que se le recuerda sobre todo, por ser un leal amigo de san Juan Crisóstomo. A petición de los obispos africanos envió clérigos a aquella región, entre otros, al diácono Paulino, quien, animado por san Agustín, escribió la vida de san Ambrosio de Milán.  San Benedicta de Roma. s. VI.  Martirologio Romano: En Roma, santa Benedicta, virgen y monja romana, de la cual san Gregorio I Magno cuenta que descansó en el Señor, tal como ella misma había pedido con insistencia, a los treinta días de la muerte de santa Gala, quien la amaba de una manera especial por encima de las demás. Monja del convento fundado en Roma por santa Gala; san Gregorio Magno narra que san Pedro, en una visión, le anunció su muerte y que descansó en el Señor, tal como ella misma había pedido con insistencia, al mes de la muerte de santa Gala, con quien le unía fuertes lazos de amistad espiritual.

San Petronax S (c.680 - c.747). S. Benito predice la destrucción de Montecassino  Martirologio Romano: En Montecassino, en Italia, San Petronax o Petronaco, abad y obispo. Nació en Brescia, en el seno de una poderosa familia de la región de Nápoles. Movido por el deseo de vida religiosa, decidió gastar toda su hacienda en la restauración de Montecasino. Era benedictino y, vivía en Roma en la comunidad emigrada de Montecasino tras la destrucción de los longobardos, en el 580.  El año 717, Petronax vivía con unos cuantos ermitaños venidos de Latera en las ruinas del convento de Montecasino cuando recibió del papa san Gregorio II las instrucciones de reconstruir el convento. Petronax se convertía así en el Abad del convento, y recibía en 742 la regla de San Benito del papa san Zacarías; la vida benedictina volvió a empezar en ese célebre monasterio. Fue abad durante 34 años. Está considerado como el "segundo fundador de Montecasino". Bajó su dirección fueron monjes san Wilebaldo, obispo de Eichstätt, y san Esturmio de Fulda.

  Jutta de Sangerhausen. Beata. (c.1230 - 1255).  Nació en Sangerhausen, Turingia, en el seno de una noble familia de Turingia. Contrajo matrimonio con un joven noble, con el que tuvo varios hijos y fue muy feliz. Su marido murió durante una cruzada o una peregrinación en Palestina; después de solucionar el futuro de sus hijos, se retiró a Kulmsee (Prusia), abrazando la pobreza y dedicándose a la piedad y a las buenas obras, además quiso apoyar los esfuerzos evangelizadores que en aquel momento se realizaban. Se dedicó con especial interés a curar a los leprosos, actividad en la que alcanzó altas cotas de heroismo.

 La misión de Jutta en Prusia Oriental, que desde hacía poco era feudo de la Orden Teutónica, tiene un particular interés histórico-cultural; aquí se sacrificó en la soledad y en la oración por la población desde recien convertida, confortando y asistiendo a los neófitos, curando las enfermedades más repugnantes. La presencia en Prusia de nuestra beata, originaria de Turingia, es interesante para los estudiosos por la relación entre los dos Estados en la época. Parece que murió en Kulmsee (Prusia). Tiene culto popular, porque no ha sido nunca formalmente canonizada. Patrona de Prusia.
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