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Santoral del 17 de Junio



INDICE

San HERVEO
Santos NICANDRO y MARCIANO
San HIPACIO DE BITINIA
San AVITO DE ORLEANS
Beato PEDRO GAMBACORTA
Beato PABLO BURALI DE AREZZO
SAN FELIPE PAPON
Beato JOSÉ MARÍA CASSANT
OTROS SANTOS DEL DÍA
Rainiero de Pisa, Santo Trovador Mártir
Teresa de Portugal, Santa Cisterciense
Santa Sancha de Portugal -Santa Teresa de Portugal -San Manuel, Mártir -San Nectan -Beato Pedro de Pisa-Gregorio Barbarigo, Antidio, Imerio, Gundulfo, obispos; Basilio, Inocencio, Félix, Peregrino, Hermias, Sabel, Nicandro, Marciano, Montano, Valeriana, mártires; Isauro, diácono; Avito, abad; Hipacio, Rainiero, confesores; Julián, monje; Besarión, anacoreta; Alena (Elena), santa


SAN AVITO, Confesor
Todo lo que pidiereis con fe
en la oración, lo obtendréis
(Mateo, 21, 22).

San Gregorio de Tours nos hace saber que Avito, abad en la antigua provincia de Percha, intercedió ante el rey Clodomiro para que perdonase la vida de Segismundo, rey de Borgoña, de su mujer y de sus hijos, que aquél había hecho prisionero. Los ruegos del santo fueron desoídos. Murió hacia el año 530 y fue enterrado, con mucho honor, no lejos de Orléans.

MEDITACIÓN ACERCA DE LA ORACIÓN

I. Obtendrás de Dios todo lo que le pidieres como es debido; es una verdad del Evangelio: nada hay, ni en el orden de la naturaleza ni en el de la gracia, que la oración no obtenga. ¡Cuán feliz serías si supieses orar! Experimenta por ti mismo el poder de la oración. Pide, pero con confianza; pide la ayuda del Señor en tus necesidades temporales y espiritua les, en tus penas y tentaciones. ¿Eso haces por ventura?

II. Para obtener los favores del Cielo, ponte en gracia de Dios. ¿Cómo quieres que escuche Dios tus ruegos, si eres su enemigo? Es preciso ser hijo de Dios mediante la gracia para tocar el corazón de este Padre misericordioso. Si estás en pecado, no dejes de orar a Dios; pero comienza tus oraciones con un acto de contrición; pídele primeramente que te admita en su amistad. La oración es un sacrificio que no puede agradar a Dios, si el que lo ofrece no comienza por agradar él mismo. (San Lorenzo Justiniano).

II. No te desalientes si no eres escuchado de inmediato. Dios quiere ser urgido e importunado. El pobre no se contenta con pedir la limosna una sola vez, redobla sus pedidos, aguarda, espera siempre. Dios te ha prometido escucharte, pero no ha dicho que bastaba pedir una sola vez. Dios sabe cuán útil nos es la oración; por eso, antes de escucharnos, quiere ser forzado, en cierto modo, ser vencido por nuestra importunidad. (San Bernardo).

El fervor
Orad por los que trabajan
en la salvación de las almas.

ORACIÓN

Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de alegría con la fiesta de San Avito, vuestro confesor, haced, por vuestra bondad, que honrando la nueva vida que ha recibido en el cielo, imitemos también la que ha vivido en la tierra. Por J. C. N. S. Amén.
San HERVEO. M. c. 575.   Martirologio Romano: En Bretaña Menor, san Herveo, eremita, ciego de nacimiento, que cantaba los goces del paraíso. Aparte de san Ivo Helory, ningún otro santo es tan popular como él en Bretaña. Se dice que su padre fue el bardo san Houarnon y su madre la bella y pura Rivanona. Su padre fue expulsado de Inglaterra por los sajones y se refugió en la corte del rey franco Childeberto. Pronto fue apreciado por su música, pero como no estaba provisto de la adecuada cortesía, tuvo que abandonar la vida de la Corte, y después de dos años se trasladó a vivir a Bretaña. Aquí se casó con Rivanona, una joven huérfana, con la que tuvo un niño que nació ciego y lo llamaron Hervé, que significa “amargura”. Cada vez que el niño lloraba su madre le cantaba canciones y así el creció teniendo un gran amor por la música y la poesía. Cuando murió su padre, Rivanona confió al niño a un santo hombre llamado Artian. Hervé después marchó a vivir con un tío suyo, que tenía una pequeña comunidad monástica en Plouvien, donde realizó trabajos en la factoría. Durante esta época, un día en que trabajaba el campo, salió un lobo del bosque y mató a su asno; Hervé unció al lobo a la carreta y éste reemplazó desde ese momento al difunto asno que estaba al servicio de Hervé. Cuando su tío no pudo dirigir más la escuela, lo confió al cuidado de los monjes. Después de un tiempo tuvo la inspiración de trasladarse a la escuela de la abadía de San Pol de Léon, donde el obispo le propuso la ordenación presbiterial, pero él la rechazó humildemente. Con sus compañeros: su guía Guirano y el lobo, siguió su camino hacia Occidente y al borde del camino hacia Lesneven hizo surgir una fuente, que todavía hoy lleva su nombre, para sus compañeros sedientos. Al fin llegaron a Lanhouarneau (Finisterre, Bretaña) y allí fundó un monasterio, donde se quedó el resto de su vida, corría el año 540. Fue venerado por su fama de santidad y su oratoria. En los alrededores solían recurrir a él como si fuera un exorcista. Fue invitado, a pesar de que era un simple exorcista, a un concilio de obispos que se reunió en Menez-Bré. Su sepulcro, situado en Finisterre, desapareció durante la Revolución francesa. Sobre sus reliquias se prestaba juramente solemne hasta 1610, cuando fue prescrito el juramente sobre el Evangelio. Se le puede confundir con san Hoardon. INDICE
Santos NICANDRO y MARCIANO. M. 297 o 304.   Martirologio Romano: En Silistra en Mesia, en la actual Bulgaria, santos mártires Nicandro y Marciano, que, soldados, durante la persecución de Diocleciano, rechazaron el regalo hecho por el emperador al ejército y, rehuyeron firmemente sacrificar a los dioses, fueron condenados a muerte por el gobernador Máximo. Soldados, que fueron apresados en Mesia, es decir en la actual Bulgaria, de donde eran originarios. Cuando se proclamaron los edictos contra los cristianos, durante la persecución de Diocleciano, y, como ambos lo eran, renunciaron a la carrera militar. Su renuncia fue considerada como una deserción y, los dos soldados, perseguidos como criminales, fueron aprehendidos y llevados ante Máximo, el gobernador de la provincia. Daría, la esposa de Nicandro, presente en el proceso, se dirigió a su esposo para alentarlo, pero Máximo la interrumpió bruscamente. «¡Calla, mujer malvada!, le dijo. ¿Por qué te empeñas en que muera tu marido?». «Yo no deseo su muerte, replicó Daría, sino que viva en Dios para que nunca muera». El magistrado desvirtuó el sentido de las palabras de la mujer e insinuó que, en realidad, Daría buscaba la manera de deshacerse de Nicandro para tomar otro marido. «Si eso es lo que sospechas, dijo indignada; manda que me maten a mí primero». Máximo le propuso a Nicandro abjurar de su fe para salvar la vida, a lo que nuestro mártir respondió: «Deseo la vida que es inmortal, no la pasajera existencia en este mundo. A ti te entrego voluntariamente mi cuerpo; haz con él lo que te plazca. ¡Soy cristiano!». «¿Y qué dices tú a todo esto, Marciano?», inquirió el juez dirigiéndose al otro acusado. Marciano declaró que su opinión era enteramente igual a la de su compañero de armas. Entonces Máximo, exasperado, mandó que los dos reos fuesen arrojados a un calabozo y suspendió la sesión. Veinte días pasaron los dos soldados en un agujero estrecho sin aire ni luz, del que fueron sacados para comparecer de nuevo ante el gobernador. Los mártires se negaron obedecer el edicto imperial y el gobernador declaró que estaba obligado a obedecer las órdenes del emperador y pidió disculpas a los reos por tener que condenarles a morir decapitados. Los mártires expresaron su gratitud con estas palabras: «La paz sea contigo, juez clemente». Marcharon alegremente al lugar de la ejecución; entonando a coro alabanzas al Señor. Detrás del cortejo iba Daría, la esposa de Nicandro y el hijo pequeño de éste en los brazos de Papiniano, hermano del mártir san Pasicrates. También la esposa de Marciano, que era pagana, seguía al cortejo, pero ella no mantenía la misma serenidad de los demás, antes bien gemía y se mesaba los cabellos con desesperación y le presentó a su hijo para que apostatase, pero él la hizo alejar, pues de no hacerlo hubiera terminado renegando. El verdugo cubrió los ojos de los dos reos arrodillados y, con certeros golpes de su espada, les cortó la cabeza. Era un 17 de junio, según se afirma en las «actas» de estos mártires. Sus Actas han sido poco retocadas. INDICE
San HIPACIO DE BITINIA. M. c. 446.   Martirologio Romano: En Bitinia, san Hipacio, hegúmeno del monasterio de los Rufinos, quien, de vida austera y duros ayunos, enseñó a sus discípulos la perfecta obediencia de la observancia monástica, y a los seglares el verdadero temor de Dios. Su vida ha llegado hasta nosotros gracias a un discípulo llamado Calínico. Nació en Frigia, y fue educado por su padre, un hombre culto y estudioso que tenía la ambición de que su hijo siguiese sus pasos. Sin embargo, Hipacio se inclinó siempre hacia la vida religiosa. A la edad de dieciocho años, tras una despiadada paliza que le propinó su padre, escapó de la casa y, se dirigió hacia la Tracia. Ahí trabajó como pastor durante un tiempo bastante largo. Un sacerdote que le oyó cantar, se interesó por él y le enseñó el Salterio y los cánticos. Tal vez por consejo de aquel sacerdote, Hipacio se unió a un solitario, un antiguo soldado llamado Jonás, con quien vivió entregado a la oración y una penitencia tan rigurosa, que, según cuenta la leyenda, ambos se abstenían de comer o de beber, a veces, durante cuarenta días consecutivos. Posteriormente, Hipacio y Jonás se trasladaron a Constantinopla, donde éste último se quedó a vivir. Hipacio cruzó los estrechos para ir al Asia Menor otra vez e, instalado en Calcedonia de Bitinia, en las ruinas del monasterio de los Rufinos, emprendió una misión para revivir la práctica de la religión. Vivió pobremente, con duros ayunos y enseñó a sus alumnos la perfecta obediencia y el temor de Dios a todos. Cuando llegó a gobernar a una gran comunidad de monjes, se constituyó en un defensor de la fe. Aun antes de que los errores de Nestorio fuesen condenados por la Iglesia, el abad hizo que se borrara el nombre del jerarca de los libros oficiales de su iglesia, a pesar de las protestas del obispo Eulalio de Calcedonia. Cuando san Alejandro "el Acemeta" y sus monjes huyeron de Constantinopla a Bitinia, fue Hipacio quien les dio hospitalidad generosa en su monasterio. San Hipacio, apodado "el estudioso de Cristo," se hizo famoso por sus milagros y profecías. Al parecer, murió a a la edad de ochenta años. INDICE
San AVITO DE ORLEANS. M. c. 530.   Martirologio Romano: En Orleans, en la Galia, san Avito, abad. Se dice de él que nació en la zona de Orleans, teniendo por padres a unos cristianos pobres y que, cuando era pequeño conoció a los monjes de la abadía de Micy donde ingresó con el permiso del abad san Maximino. Cuentan de él que la primera época de fraile la vivió tan amable, servicial y obediente que su sencillez y deseos de agradar a la comunidad a veces fue considerado por algunos como una actitud que rayaba con lo estúpido. El abad le encomendó muy pronto el oficio de ecónomo. Que lo hiciera bien o mal en preparar la intendencia sólo Dios lo sabe, pero el resultado fue la continua crítica y murmuración que provocó en los compañeros de salmos. La situación de aparente fracaso le llevó a replantearse con mayor seriedad sus deseos de soledad. Se marchó del monasterio. Ahora sí que podrá en el bosque cercano dedicarse a la oración y penitencia a sus anchas sin necesidad de escuchar las protestas de sus hermanos y dando cuenta al abad de su vida de vez en cuando. Intentará imitar a los ermitaños comiendo la yerba, raíces y frutas que encontrase por el campo. Hizo falta el ruego de los frailes y la intervención del obispo de Orleans para sacarlo del retiro de Solaña y conseguir que aceptara el gobierno de la abadía, en el año 520, después de la muerte de san Maximino. El nuevo abad hizo más con humildad y ejemplo que con mandatos; pero por su medio se restableció la primera disciplina y se elevó el tono sobrenatural del monasterio. Se marchó de nuevo como ermitaño en la provincia francesa de Perche, en compañía de san Carileffo. Vivirán como en la primera época en la contemplación y penitencia, metidos en el alejamiento y el silencio. Pero tuvo tantos seguidores que tuvo que construir un monasterio y gobernarlo. Cuenta una leyenda que cuando pasaba hambre en el bosque, un roble cuyas bellotas no eran comestibles, se metaforseó en grosellero. Dicen que a ruegos de Avito, llegaron a soltar en Orleans a los presos de la cárcel. Y además hablan del ciego curado milagrosamente; y el mismo Lubin, el obispo de Chartres, relata la resurrección de un monje. Y con el rey Clodomiro, el hijo de Clodoveo y santa Clotilde, tuvo palabras de paz intercediendo por el preso rey de Borgoña, Segismundo y su familia. Después de muerto, refieren de él muchos milagros y le atribuyen bastantes victorias guerreras logradas por su intercesión. Chateaudrum y Orleáns se distribuirán posteriormente sus preciosas reliquias. INDICE
San RAINIERO DE PISA. (1117-1161).   Martirologio Romano: En Pisa, en la Toscana, san Rainerio o Raniero, pobre y peregrino por Cristo. Nació en Pisa y era hijo de un rico mercader. Rainiero Scacceri era tañedor de lira que alegraba todas las fiestas mundanas de Pisa. Un día, con 19 años, se encontró con Alberto de Córcega, el cual después de haber renunciado a todos sus bienes, se fue en peregrinación a Tierra Santa. Rainiero entendió que en ello había mucho mérito y le dijo: "Cuando estés en Tierra Santa, reza por mi; por Rainiero de Pisa". Pronto se convirtió y cambió de vida, hizo penitencia y confesó sus pecados con tanto dolor que se le tomó por loco y fue abandonado por sus familiares. Vivió solo, orando y ayunando. En 1140 partió como peregrino a Palestina y allí ayunó durante 40 días en el monte de la Cuaresma y vivió 13 años en Jerusalén en la basílica del Santo Sepulcro, dedicado a la oración. Pero sintió que una voz le mandaba regresar a su tierra natal. Regresó a Pisa en 1153, rodeado de fama de santidad por los muchos milagros que Dios operó a través de su mano en Tierra Santa. Fue acogido por los canónigos de la Catedral y por el pueblo, quienes estaban al corriente de su admirable vida. Vivió un año en calidad de oblato en el monasterio de San Andrés, en Chinseca, y de ahí se transfirió a San Vito, donde desarrolló una intensa actividad apostólica con la venia del clero, predicando como simple laico y obrando numerosas conversiones. Tanta era su fama de santidad que a su muerte, fue súbitamente proclamado santo, y ese día fue declarado fiesta de precepto. Su vida está llena de leyendas y milagros imaginarios. Es el patrón de Pisa. INDICE
Santa TERESA DE PORTUGAL. (c.1175 - 1250).   Martirologio Romano: En Lorvaô, en Portugal, santa Teresa, quien, reina de León y madre de tres hijos, al perder a su esposo abrazó la vida regular en un monasterio fundado por ella misma, bajo la disciplina cisterciense. Infanta de Portugal. Nació en Coimbra, Portugal. Hija de Sancho I y doña Aldonza de Aragón. Hermana las beatas Sancha y Mafalda. Se casó en 1191, con su primo Alfonso IX de León, del que tuvo tres hijos. Su marido estuvo la mayor parte del tiempo en guerras de reconquista y ella intentó ser una buena reina y madre de familia. Su matrimonio fue anulado por el Papa, al haber consaguinidad, con lo cual volvió a Portugal, pero se le reconocieron los derechos de sucesión a su hijo Fernando y a sus dos hijas. Su hijo murió prematuramente, y tuvo que soportar en silencio su muerte. Sus dos hijas, Sancha y Dulce, renunciaron a sus derechos y se hicieron religiosas. Al regresar a Portugal, Teresa descubrió en Lorvâo, donde tenía propiedades, un monasterio de benedictinos con muy escasos monjes, quienes, por negligencia, habían dejado de observar sus reglas. En consecuencia, Teresa hizo retirar a los frailes y puso en su lugar a una comunidad de monjas de la regla del Císter. Teresa reparó y amplió el edificio para acomodar a 300 monjas y reconstruyó la iglesia. A pesar de que se quedó en el convento y tomaba parte activa en la vida de las religiosas, no hizo profesión para tener la libertad de administrar la casa y de ir y venir cuando quisiera. Al enterarse de la muerte de su hermana Sancha, Teresa acudió al monasterio de Celias, el que había fundado Sancha, por la noche y sin anunciarse, para llevarse sigilosamente el cadáver de su hermana, que yacía dentro del féretro en el coro de la iglesia, y sepultarlo en Lorvâo. La última de las apariciones de Teresa en público, ocurrió dos o tres años más tarde. Colaboró con doña Berenguela, la madre de san Fernando III, a la unión de Castilla y de León, y evitando una guerra civil. Al partir, declaró que ya estaba cumplida su tarea en este mundo y que ya nunca volvería a salir del convento. Posiblemente fue por entonces cuando se decidió a tomar el velo, donde se entregó a la practica de todas las virtudes y a la vida sencilla y humilde en los trabajos más humildes del monasterio. Vivió hasta el año de 1250 y, a su muerte, fue sepultada junto a la beata Sancha. El culto fue aprobado en 1705. Aunque formalmente sólo ha sido beatificada, se la encuentra indistintamente nombrada como beata o como santa, e incluso el Martirologio Romano actual la llama "santa", si bien acompaña el título con el asterisco que indica que se trata de un beato. INDICE
Beato PEDRO GAMBACORTA. (1355-1435).   Martirologio Romano: En Venecia, beato Pedro Gambacorta, fundador de la Orden de los Eremitas de San Jerónimo, cuyos primeros religiosos fueron ladrones que él mismo había convertido. Nació en Pisa. Hermano de beata Clara Gambacorta. A los pocos meses de su nacimiento, su familia, -señores de Pisa- tuvieron que salir para el exilio. Creció en el destierro, soberbio y digno heredero de una familia ambiciosa. Cuando su hermana Clara, huyó para ingresar en el convento, él junto con otro de sus hermanos, la obligó a volver, y la sometió a la prisión para hacerla desistir de su intención. Pero el comportamiento de su hermana y la muerte de su madre y su hermano, le llevaron a una profunda meditación, y dejándolo todo se retiro a Montebello, cerca de Urbino, donde tomó el hábito de la Tercera Orden de San Francisco y vivió de limosnas llegando a construir una iglesita y un minúsculo monasterio. Sus primeros compañeros fueron algunos malvivientes convertidos por él y transformados en devotos ermitaños. Para ellos dictó una regla penitente y meditativa, dando vida a una Congregación que fue llamada de los Pobres Ermitaños de San Jerónimo y después de su muerte se llamó del Beato Pedro de Pisa, o de los Girolamini. Su prueba más grande le vino en 1393, cuando supo que su padre y tres hermanos habían muerto asesinados, tuvo la intención de vengarse, pero consiguió dominarse y alcanzó la paz de su espíritu. Hizo varias fundaciones, y en Venecia se unieron con los Terciarios Franciscanos, fundando un hospital y un monasterio. Pedro iba a menudo a los diversos eremitorios donde era necesaria u oportuna su presencia para formar y confirmar con el ejemplo o la palabra en la vida eremítica y cenobítica a sus cada vez más numerosos discípulos. Pero su residencia ordinaria era en Montebello, donde con mayor facilidad podía gustar la más íntima unión con Dios en la oración común y privada, en la recitación y el canto de los salmos, en la contemplación de las verdades de la fe, en el estudio y en el trabajo, en una vida heroica de penitencia y mortificación, en todo regulada por sabias ordenaciones. Estas constituciones produjeron frutos de verdadera santidad: son diecisiete los Beatos venerados en los altares y muchos los venerables y religiosos muertos con fama de santidad. Pedro murió en Venecia a la edad de ochenta años, después de haber visto aprobada por Martín V y Eugenio IV su Congregación de los Jerónimos. Fue beatificado en 1693. Hubo una época en que se contaron cuarenta y seis casas de los Hermanos Pobres en las provincias de Ancona y Treviso; varios grupos pequeños de ermitaños o terciarios se afiliaron a la orden, y en 1668 el Papa Clemente IX unió la comunidad de San Jerónimo de Fiésole, que había sido fundada por Carlos Montegranelli, a la regla del Beato Pedro. Pero en 1933 eran tan pocos los miembros de la Orden que fue suprimida por la Santa Sede. INDICE
Beato PABLO BURALI DE AREZZO. (1511-1578).   Martirologio Romano: En Nápoles, de la Campania, beato Pablo Burali de Arezzo, de la Orden de Clérigos Regulares Teatinos, primero obispo de Piacenza y después de Nápoles, que se entregó de lleno a restaurar la disciplina de la Iglesia y a confirmar en la fe la grey que se le había confiado. Se llamaba Scipione Burali, y nació en Arezzo en Itri, (Lazio) en el seno de una familia de la nobleza: El padre de Escipión era gentilhombre del rey católico de España y diplomático al servicio de Clemente VII. Su madre, Victoria Olivers, pertenecía a la alta nobleza de Barcelona. En el año 1524, en que san Cayetano de Thiene fundaba en Roma su Orden de clérigos regulares, la antigua universidad de Salerno abría sus puertas al joven Scipione, con trece años emprendía la ruta de sus estudios literarios. Estudió Derecho civil y canónico en Bolonia. Fue abogado en Nápoles, y allí tuvo mucho éxito. En 1550 una fuerte crisis religiosa, acompañada de lacerantes escrúpulos, le obligó a dejar las ocupaciones del foro para retirarse a su amada soledad de Itri y buscar en el silencio y trato íntimo con Dios la ruta definitiva que diera paz y consuelo a su espíritu, A los dos años el virrey de Felipe II, don Pedro de Toledo, le llamó otra vez a Nápoles y le nombró consejero regio y juez de lo criminal. Con repugnancia, y sólo por consejo de su director espiritual, aceptó Burali estos importantes cargos, que procuró servir con toda fidelidad y diligencia. Fue conocido por el pueblo como “el doctor de la verdad”. El jurisconsulto Burali frecuentaba la Casa de San Pablo y era hijo espiritual del teatino el beato Juan de Marinoni, lo mismo que otro abogado famoso, Andrés Avelino, que era ya sacerdote. Conquistados ambos por la espiritualidad teatina, suplicaron a su director y prepósito de la Casa su ingreso en la Orden, haciendo juntos el noviciado bajo la sabia dirección del mismo beato Juan de Marinoni. Al ingresar Burali, en 1557, en la Orden de clérigos regulares cambió su nombre de Scipine por el de Pablo, cuyo amor a Cristo deseaba imitar. Por ello, al solicitar a sus cuarenta y seis años su entrada en la Orden, pidió ser admitido en calidad de hermano coadjutor, porque se reputaba indigno del ministerio sacerdotal. Marinonio no sólo no accedió a sus deseos, sino que, antes de terminar el noviciado, le mandó recibir las órdenes menores y el subdiaconado. En la festividad de la Purificación de María de 1558 emitió su profesión religiosa, y pocos meses después fue ordenado diácono y presbítero. Fue superior de los teatinos en Nápoles, y dos veces rechazó el episcopado. En 1565, temerosos los napolitanos de que Felipe II implantara en el reino la Inquisición española, decidieron enviar a Madrid una embajada prestigiosa que disuadiera al monarca de tal propósito. La ciudad escogió al padre Burali para llevar a término tan delicada misión diplomática. La elección fue vista con muy buenos ojos por el virrey don Perafán de Ribera, duque de Alcalá, y por la misma Santa Sede. Burali se resistía con todas sus fuerzas. San Carlos Borromeo, secretario de Estado de Pío IV, tuvo que escribirle varias cartas en nombre del Papa y, por fin, un mandato formal para que aceptara la embajada. Su misión diplomática tuvo bastante éxito. Fue elegido superior en Roma en 1567, y se ganó la confianza del papa san Pío V, que le nombró obispo de Piacenza y después le hizo cardenal de Santa Pudenciana. En Piacenza desarrolló un grandísimo trabajo, detrás del ejemplo de san Carlos Borromeo y sus reformas eclesiásticas. Animado por el espíritu litúrgico de la Orden, restauró la catedral y veló por el esplendor del culto divino, asistiendo cada domingo a la misa mayor y a las vísperas. Llamó a los teatinos, capuchinos y somascos para que fundaran en la diócesis. Pero centró toda su actividad apostólica en tres empresas importantísimas, pilares básicos de la reforma católica: la visita pastoral, que realizó meticulosamente varias veces; el sínodo diocesano, que celebró dos veces, y la fundación del seminario, uno de los primeros de Italia, y cuyo primer director espiritual fue san Andrés Avelino, el cual se multiplicaba para complacer a sus dos amigos Burali y Borromeo.  El papa Gregorio XIII, le nombró arzobispo de Nápoles donde desplegó el cardenal Burali el mismo celo apostólico y renovador. Pero a los dos años escasos, macerado por las mortificaciones y agobiado por los achaques, la fractura de una pierna le llevó al sepulcro. Devotísimo siempre de la Santísima Virgen, había hecho edificar un templo en su honor y visitaba con fervor sus imágenes más veneradas. Con frecuencia se le veía con el rosario en la mano y cada noche lo rezaba con sus familiares. Postrado ahora en el lecho del dolor, recibidos con ejemplar piedad los Santos Sacramentos, hizo colocar junto a su cama una imagen de María y, fijando en ella su mirada de hijo amantísimo, expiró a los sesenta y siete años de edad. Por su extraordinario celo en favor de la reforma católica mereció el título de "obispo ideal del renacimiento tridentino". INDICE
FELIPE PAPON. (1744-1794).  Martirologio Romano: En el litoral de Francia, en una nave anclada ante el puerto de Rochefort, beato Felipe Pappon, presbítero de Autun y mártir, que siendo párroco durante la Revolución Francesa, por ser el hecho de ser sacerdote fue encarcelado, muriendo después de haber dado la absolución a otro cautivo. Sacerdotes refractarios en el interior de los barcos prisión Natural de Saint-Pourçain (Allier). Fue ordenado sacerdote en 1768 y su primer destino fue el de vicario en la parroquia de Contigny, diócesis de Autun, a donde llegó en junio de 1769. En 1772 fue nombrado párroco del pueblo, y en los años siguientes cumplió con regularidad y honestidad sus funciones como pastor de esta comunidad cristiana. En 1790 era, además de párroco, alcalde de la población, y se vio en la difícil circunstancia de tener que prestar el juramento de aceptación de la “Constitución Civil del Clero”. Lo prestó pero con restricción, lo que le desagradó al directorio del distrito, y por ello su nombre apareció en la lista de sacerdotes juramentados. A partir de este momento estuvo dividido entre su deseo de permanecer fiel a la Iglesia, y su deseo de no ser alejado de sus feligreses, por otro. Expuso esta perplejidad a los feligreses y su sermón causó un gran revuelo, que provocó una investigación abierta por el Directorio que decretó que estaba cesante de su cargo de párroco. Con lágrimas en los ojos hubo de dejar su parroquia. Se quedó en el pueblo, lo que no podía menos que resultar peligroso. Le escribió al legítimo obispo de Clermont, mons. De Bonnal, explicándole el sentido de su juramento (20 de enero de 1793). Le mandan en febrero una carta pastoral sobre la Cuaresma y él no duda en repartirla entre sus cercanos. Como era de esperar, el directorio de Moulins toma una determinación contra él. Compareció ante el tribunal de Moulins, y como resultado del interrogatorio se le declara no juramentado o renuente. El 17 de mayo de 1793 comparece ante el tribunal de lo criminal del Allier y se le imputa haber perturbado el orden público con propósitos fanáticos y sediciosos al haber distribuido una publicación de estas características. El juez lo condena a una corrección y a un año de arresto.  En carta a las autoridades afirmó que él deseaba ser fiel tanto a la patria como a la Iglesia pero que le ponían en condiciones muy difíciles de compatibilizar ambos amores. Como igualmente se niega al juramento de “Libertad-Igualdad”, es condenado a la deportación y se le envía a Rochefort, de donde pasó al navío prisión “Deux Associés”. Había logrado llevar consigo hostias consagradas, que fueron de gran consuelo entre los detenidos. Cuando se vio muy enfermo se las dio a los sacerdotes que hacían de enfermeros. Pudo así, pese a las pesquisas que se hicieron para quitarles a los sacerdotes todo objeto religioso, conservar tan gran tesoro y poder recibir al Señor antes de morir, y lo había dado con gran celo a otros moribundos. En este barco enfermó por las condiciones insalubres y murió poco tiempo después, siendo enterrado en la isla de Aix. Fue beatificado por SS. Juan Pablo II el 1 de octubre de 1995. INDICE
Beato JOSÉ MARÍA CASSANT. (1878-1903).   Martirologio Romano: En Toulouse, Francia, beato José María Cassant, monje trapense y presbítero. Pedro José Cassant nació en Cassaneuil, en el Lot-et-Garonne (diócesis de Agen, Francia), en el seno de una familia de agricultores. Estudió en el internado de los Hermanos de La Salle de su pueblo natal, donde tuvo dificultades debido a su falta de memoria. Quiso ingresar en el seminario menor pero su falta de memoria fue un obstáculo. Mientras tanto, el adolescente fue introduciéndose en el silencio, el recogimiento y la oración. A los 16 años ingresó en el monasterio cisterciense-trapense de Sainte-Marie-du-Désert en Toulouse en 1894. Fue acogido con cariño por los monjes por su espíritu de entrega y oración, además porque siempre estaba sonriente y contento. Fue consciente de sus debilidades y lagunas, pero se agarró a la divisa: “Todo por Jesús, todo por María” y se preparó para recibir el sacerdocio. Los cursos de Teología que le impartió un monje poco comprensivo le causaron afrentas muy dolorosas en su viva sensibilidad. En todas sus contradicciones se apoyó en Cristo presente en la Eucaristía. En 1902 fue ordenado sacerdote: “Cuando no pueda celebrar ya la misa me podré llevar Jesús de este mundo, pues no tendrá ya ningún apego a esta tierra”. Pronto se le manifestó la tuberculosis pero no dijo nada porque no entendía que uno pudiera quejarse cuando se meditaba el Vía Crucis. Pero no se pudo ocultar mas la enfermedad y fue enviado a casa de sus padres, pero regresó de nuevo al monasterio, donde lo enviaron a la enfermería, donde pudo ofrecer por Cristo y su Iglesia sus sufrimientos físicos cada vez más intolerables, agravados por la negligencia de su enfermero. Murió en Sainte-Marie-du-Désert con 25 años. Fue beatificado por SS Juan Pablo II el 3 de octubre de 2004. INDICE
OTROS SANTOS DEL DÍA: Santos Isauro, Inocencio, Félix, Peregrino, Jeremías y Basilio. s. III.   Martirologio Romano: En Pojani en Macedonia, hoy Albania, santos Isauro, Inocencio, Félix, Jeremías, Peregrino y Basilio, mártires. Eran compañeros atenienses que por temor a la persecución se escondieron en una gruta en Apolonia (Macedonia) donde fueron descubiertos y decapitados. Santos Blasto y Diógenes. s. III-IV.   Martirologio Romano: En Roma en la vía Salaria Vieja, santos Blasto y Diógenes, mártires. El Martirologio Jerominiano los celebra el 17 de junio. En las Actas de san Valentín, nos hablan de un tal Blasto, tribuno del emperador Claudio II el Gótico y condenado a muerte por ser cristiano (269), pero nada parece que se le pueda identificar con nuestro santo. De Diógenes se conserva una inscripción sepulcral del presbítero Marea, en la que anota una violación de la tumba del santo durante el asedio de Vitige (536). Se sabe que fueron enterrados en la iglesia de San Juan mártir en la vía Salaria “as septem palumbas” (en Acqua Acetosa), y fueron venerados como atestiguan los Itinerarios medievales. Sus cuerpos fueron trasladados por el papa Pascual I a la basílica de Santa Praxedes, tal como aparece en el catálogo marmóreo; otras reliquias se encuentran en la iglesia de San Marcelo en la vía Lata como se demuestra de una inscripción de los siglos XI-XII.    San Antidio de Besançon. M. c. 411.   Martirologio Romano: En Besançon, en la Galia Lugdunense, san Antidio, obispo y mártir, que fue condenado a muerte, según se dice, por Croco, rey de los vándalos. Nació en el seno de una familia galo-romana. Ingresó entre el clero de la catedral de Saint-Etienne de Besançon y fue discípulo y sucesor de Frominio como obispo de Besançon. Fue mártir por una horda de vándalos al mando del rey Groco, en un lugar llamado Ruffey, que antes de decapitarlo, para mayor escarnio y humillación ante sus fieles, lo despojó de sus ornamentos sagrados.    San Himerio de Amelia. M. c. 560. Natural de Bruzio (hoy Calabria). Primero fue anacoreta. Llegó a Amelia, ciudad de la provincia de Terni, como monje y fue elegido obispo de la ciudad. Parece ser que vivió en austeridad, pero se conservan muy pocos datos de su vida. Sus reliquias se encuentran en Cremona. Patrón de Cremona.   San Botulfo. M. c. 680. Junto  con su hermano Adolfo. Eran hijos de nobles sajones. Estudiaron y se hicieron benedictinos en la Galia belga. Se dice que Adolfo fue obispo; Botulfo regresó a Inglaterra donde llegó a ser uno de los más grandes misioneros del siglo VII. Fundó la abadía de Ikanhoe en Liconlnshire, de donde fue abad. Alrededor de esta abadía creció la ciudad de Boston (contracción de Botolf´town). Esta pequeña ciudad inglesa es la madrina de la gran ciudad norteamericana, capital del estado de Massachusetts. Más de 70 iglesias se le han dedicado en Inglaterra. Las reliquias de nuestro santo fueron repatriadas por san Etelwoldo, obispo de Winchester, y repartidas entre las abadías de Ely y de Westminster.    Eufemia de Altenmünster. Beata. M. 1180. Hermana de la beata Matilde, abadesa de Diessen y de la reformadora del monasterio de Admont, Inés; hija de los condes de Andechs, Bertoldo II y Sofía. Se hizo benedictina en Altenmünster en Baviera de donde fue abadesa. Está sepultada en Diessen junto a su hermana santa Matilde.   San Pedro Da. (1802-1862).   Martirologio Romano: En el lugar de Qua Linh, en Tonquín, san Pedro Da, mártir, quien, de oficio carpintero y sacristán, fue sometido a muchos y crueles tormentos en tiempo del emperador Tu Duc, permaneciendo firme en la profesión de su fe, por lo que finalmente fue arrojado a las llamas. Nació en Ngoc-Cuc, Vietnam. Maderero y sacristán. Fue arrestado en 1861, y fue desterrado a Quang-Linh, donde se mantuvo firme en la fe en medio de los más atroces tormentos; fue decapitado en la cárcel durante la persecución del emperador Tu Duc. Lo canonizó el papa Juan Pablo II el 19 de junio de 1988. INDICE
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