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Santoral del 18 de Agosto

INDICE


Santa ELENA "Emperatriz"
San MACARIO "el Taumaturgo"
Beato REINALDO DE CONCOREZZO
Beata PAULA MONTALDI
Beato ANTONIO BANASSAT
Beato FRANCISCO ARIAS MARTÍN
Beato MARTÍN MARTÍNEZ PASCUAL
Beato VICENTE MARÍA IZQUIERDO ALCÓN
San ALBERTO HURTADO CRUCHAGA
OTROS SANTOS DEL DÍA


Martirologio Romano (1956)
En Palestrina, el triunfo de san Agapito, Mártir, que, siendo de quince años y ardiendo en el amor de Cristo, de orden del Emperador Aureliano fue preso y azotado primero largamente con crudos nervios; después, por mandado del Prefecto Antíoco, padeció más graves suplicios; y últimamente, de orden del mismo Emperador, arrojado a los leones y saliendo ileso, fue atravesado por la espada del verdugo para ser coronado.
En Roma, los santos Juan y Crispo, Presbíteros, que, en la persecución de Diocleciano, sepultaron con grandísima piedad muchos cuerpos de santos, de cuyos méritos hechos ellos también partícipes, se granjearon los goces de la vida eterna.
En Roma igualmente, los santos Mártires Hermas, Serapión y Polieno, que, arrastrados por entre angosturas y ásperos peñascos, entregaron a Dios sus almas.
En la Iliria, los santos Mártires Floro y Lauro, canteros, los cuales, en tiempo del Presidente Licinio, después del martirio de sus maestros Próculo y Máximo, ambos, al cabo de muchos tormentos, fueron sumergidos en un pozo profundo.
En Mira de Licia, los santos Mártires León y Juliana.
En Metz de Francia, san Fermín, Obispo y Confesor.
En Roma, en la vía Lavicana, santa Elena, madre del religiosísimo Emperador Constantino el Grande, el primero que dio a los demás Príncipes ejemplo de defender y amplificar la Iglesia.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

SAN AGAPITO, Mártir
Dios no nos ha dado un espíritu de temor,
sino de fortaleza y amor y sobriedad.
(2 Timoteo, 1,7).


San Agapito, mártir en Prenesta, en la Campaña romana, fue encarcelado a la edad de quince años, azotado con nervios de buey y arrojado después en una espantosa mazmorra, donde quedó abandonado cuatro días sin alimento. Sacándolo de allí, le pusieron brasas encendidas sobre la cabeza, y como no cesaba de dar gracias a Dios, lo suspendieron de los pies encima de un brasero; en seguida arrojaron agua hirviendo y le quebraron las mandíbulas. Por fin, fue arrojado a los leones, y como éstos lo respetasen, se dio término a sus tormentos decapitándolo, hacia el año 274.

MEDITACIÓN SOBRE TRES CUALIDADES QUE DEBEN POSEER LOS CRISTIANOS

I. Todos los cristianos, pero especialmente los que están constituidos en dignidad, deben poseer tres cualidades. La primera, es el coraje, a fin de sostener los intereses de Jesucristo, y oponerse a la violencia de los que quieren oprimir a los inocentes. Es menester que se expongan a la muerte, si es necesario, por la gloria de Dios y el bien del prójimo. Mucho valor tienes tú cuando se trata de defender tu honra: ¿por qué será que tengas tan poco cuando se trata de la honra de Dios?

II. El espíritu del cristianismo es un espíritu de caridad. Dios no quiere que lo sirvamos con temor servil, sino con amor filial. Es nuestro Rey, sí, pero, también, nuestro Padre; tiene para con nosotros entrañas de misericordia, quiere también que recurramos a Él con entera confianza. ¿Qué hacemos para probarle a Dios que lo amamos? ¿Acaso pensamos solamente en Dios? ¿Acaso hablamos sólo de Él o por Él? ¿Acaso trabajamos sólo para su gloria? Amemos a Dios y nada temamos; pero todo temamos si no le amamos. ¡Que el alma que ama viva sin temor; pero que ella tiemble, si vive sin amor! (San Agustín).

III. La prudencia debe regular todas nuestras acciones; debe hacernos adoptar los medios que pueden conducirnos a la perfección, alejarnos de los extremos perniciosos y hacemos encontrar aquel justo medio en el que se halla la virtud. ¡Plegue a Dios que tengas esta sabiduría del Cielo! ¡Ojalá puedas gustar las cosas de Dios, comprender la vanidad del mundo y prever los suplicios del infierno! (San Ber nardo).

El amor a la sabiduría
Orad por los sacerdotes.

ORACIÓN

Que vuestra Iglesia, oh Dios mío, se regocije con el apoyo que encuentra en los sufragios del bienaventurado Agapito, vuestro mártir, y que, sostenida por su gloriosa intercesión, persevere en la piedad y se afiance en la paz. Por J. C. N. S. Amén.

http://www.aciprensa.com/podcast/santo/agosto18-07elena.mp3





Santa ELENA "Emperatriz". (c.250 - c.330).
Martirologio Romano: En Roma, en la vía Labicana, santa Elena, madre del emperador Constantino, que tuvo un interés singular en ayudar a los pobres y acudía a la iglesia piadosamente confundida entre los fieles. Habiendo peregrinado a Jerusalén para descubrir los lugares del Nacimiento de Cristo, de su Pasión y Resurrección, honró el pesebre y la cruz del Señor con basílicas dignas de veneración.

Natural de Depranun, Bitinia, cerca del Bósforo. La tradición inglesa la hace originaria de Gran Bretaña y le atribuyen origen real. Parece ser que su familia era de origen humilde, su padre era posadero. Su belleza debió cautivar a Constancio Cloro, oficial romano, de manera que se fue a vivir con él en las diversas guarniciones romanas. De esta unión nació Constantino (futuro emperador romano). Repudiada por razones políticas en el 292, ya que Constancio quería ser designado gobernador de las Galias por Diocleciano; luego el emperador lo elevó a la dignidad de Cesar. Cuando Maximiano y Diocleciano abdicaron en el 305, Constancio Cloro gobernó durante un año en la parte occidental del imperio y designó a su hijo Constantino como su sucesor; casi nada sabemos de ella hasta que Constantino comenzó a reinar en el 306. Llamó a su madre a la corte de Tréveris, le dio el nombre de "Augusta" y mandó acuñar monedas del Imperio con su imagen.

Tampoco sabemos cuando se hizo cristiana, pero se sabe que erigió iglesias y dio sonados ejemplos de humildad y caridad. La leyenda dice que fue convertida por san Luciano de Antioquía y que se había casado con Constancio Cloro, pero históricamente se sabe que sólo fue su amante. En el 312 su hijo Constantino derrotó en la batalla del puente Milvio a su opositor, Majencio, y en el 313 proclamó el “Edicto de Milán” que concedió la libertad del culto cristiano y puso fin a las persecuciones del Imperio contra los cristianos; se dice que en estos hechos su madre ya era cristiana y por esta causa el emperador favoreció a la Iglesia. No hizo alarde de su condición de emperatriz, se mezclaba con el pueblo y usaba ropas modestas. Socorrió a los pobres y los sentó en su propia mesa.
Visitó Tierra Santa, con la intención de recuperar la cruz de Cristo. Y a ella se debe la construcción de las basílicas del Santo Sepulcro, del monte de la Ascensión y la cueva de Belén. Embelleció la ciudad de Drepanaun en Bitinia, en honor a san Luciano, de forma que Constantino hizo que esta ciudad se llamase Helenópolis.

Según san Ambrosio, Elena, encontró en el Calvario, tres cruces y reconoció la de Cristo por la inscripción trilingüe del título que había hecho poner Pilatos. Rufino de Aquilea, difiere el relato, y dice que no se sabía cual de las tres cruces eran las verdaderas, por eso se las llevó a san Macario, obispo de Jerusalén, quien propuso llevarla a casa de una mujer enferma que fue curada por una de ellas, y a ella se le atribuyó la de Cristo. La “Leyenda Dorada” nos relata que fue un judío llamado Judas quién reveló donde estaba la verdadera cruz, pues si un Judas lo había traicionado, otro Judas debía reparar el daño restituyendo la verdadera cruz. Muchos hagiógrafos dudan de su derecho al culto de los santos. Murió en Tracia, en Nicomedia o en Constantinopla. Hoy sus restos parecen que se encuentran en la basílica de Araceli de Roma.
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San MACARIO "el Taumaturgo". M. 830/50.
Martirologio Romano: En Bitinia, muerte de san Macario, hegúmeno del monasterio de Pelecete, que, en tiempo del emperador León V, sufrió muchas pruebas por la defensa de las sagradas imágenes, muriendo en el destierro.

Nació en Constantinopla. Recibió una excelente educación y mostró particular aptitud para la Sagrada Escritura, "que aprendió entera en breve tiempo", según leemos. Después, se trasladó de Constantinopla al monasterio de Peleci o Palecet, donde cambió su nombre de bautismo, que era Cristóbal, por el de Macario.

Como era un monje modelo, fue elegido abad, y pronto se hizo famoso por las curaciones milagrosas que obró. Las multitudes acudían a Pelecet para obtener la curación de enfermedades de cuerpo y alma. San Tarasio, patriarca de Constantinopla, quien había oído hablar mucho de su santidad y milagros, quiso entrevistarse con él; para escoltarle, envió al patricio Pablo, pues tanto a éste como a su esposa, ya desahuciada por los médicos, Macario había devuelto la salud. Cuando se encontraron los dos santos, Tarasio bendijo a Macario y no le dejó volver a su monasterio, sino después de haberle conferido la ordenación sacerdotal.

El santo abad no estaba destinado a vivir mucho tiempo en la paz del monasterio; el emperador León el Armenio se dedicó a perseguir a todos los que defendían el culto de las imágenes, y Macario fue torturado y estuvo prisionero hasta la muerte de León. El sucesor de éste, Miguel el Balbo, devolvió la libertad al santo y trató de ganarle con amenazas y promesas; pero, como Macario permaneciese inflexible, el emperador lo desterró finalmente a Afusia, en la costa de Bitinia, donde murió el santo el 18 de agosto, pero es imposible precisar el año.
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Beato REINALDO DE CONCOREZZO. (1245-1321).
Martirologio Romano: En Ravena, en la Romaniola, beato Reinaldo de Concorezzo, obispo, ilustre por su celo, prudencia y caridad.

Nació en Concorezzo, cerca de Milán. Enseñó Derecho en Bolonia y Lodi. Fue canónigo de Laon en Francia. En Roma entró al servicio del cardenal Peregrosso, canciller de la Curia Romana, hasta el 1295, que murió el cardenal. Ingresó entonces al servicio del cardenal Gaetania, sobrino de Bonifacio VIII, hasta que éste murió. El Papa lo hizo uno de sus capellanes, mostrándose generosos con él otorgándole numerosos beneficios.

Todavía joven fue consagrado obispo de Vicenza en 1296, aunque se oponía el cabildo vicentino; el papa Bonifacio lo mandó promulgar su laudo entre Francia e Inglaterra a propósito de La Guyena (1298). Declarado su vicario por Carlos de Valois en la Romaña, al intentar poner la paz en un tumulto en Forlí fue herido gravísimamente, teniendo lugar al poco tiempo el asalto a Anagni y la muerte de Bonifacio VIII (1303).

El beato Benedicto XI lo nombró arzobispo de Rávena (1303). En la nueva diócesis convocó varios sínodos, gracias a los cuales, con celo y caridad pudo promover la disciplina entre el clero y la pureza de la fe. Personalmente vivió con gran austeridad, lo que le acreditaba a la hora de corregir los abusos. Fue muy amante de los pobres, a los que dedicaba gran parte de sus rentas.
En 1308 y por encargo de del papa Clemente V presidió el juicio de los templarios italianos. Se negó a obtener confesiones mediante la tortura a pesar de las requisitorias del Papa, y en el concilio en Rávena (1310), apoyó con justicia y moderación a los Templarios, aunque no pudo evitar su supresión por parte de los reyes de Francia y de las presiones del propio papa Clemente V en el Concilio Ecuménico de Vienne (1311-1312), que disolvió la Orden como medida disciplinar, no por sentencia judicial. Sintiéndose anciano y enfermo, se retiró al castillo de Argenta, donde gobernó su diócesis mediante vicarios, murió en Argenta. El culto oficial fue concedido a la diócesis de Ravena y a las otras ciudades por el papa Pío IX el 15 de enero de 1852.
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Beata PAULA MONTALDI. (1443-1514).
Martirologio Romano: En Mantua, de la Lombardía, beata Paula Montaldi, virgen, abadesa de la Orden de las Clarisas, que se distinguió por su devoción a la pasión del Señor y por su constante oración y austeridad.

Nació en Volta Mantovana, en el castillo de Montaldi. De sólo quince años, en 1458, ingresó en el monasterio de las Hermanas Clarisas, de Santa Lucía en Mantua, donde por largos años fue abadesa. La Pasión de Jesús era el objeto más familiar de sus conversaciones, como también de sus meditaciones y contemplaciones. Fue devotísima de la Eucaristía. Llevó una vida muy austera, llevaba cilicio, se flagelaba y ayunaba, siempre feliz en las humillaciones, en el trabajo y en las fatigas.
Para con sus cohermanas se mostró llena de caridad y pronta a todas sus necesidades. Bajo su dirección el monasterio de Santa Lucía fue floreciente por las numerosas vocaciones y por la vida seráfica que allí se llevaba.

Agradecida al Señor por los favores que le había concedido, solía repetir esta oración: “Dios mío, te amo con todo mi corazón, con un amor sin medida y por toda mi vida no cesaré de cantar tus alabanzas”. En 56 años de vida religiosa nunca dio un disgusto a sus cohermanas. Como superiora prudente, procuró también el bien material de su comunidad, convencida de que habrá perfecta observancia de la regla cuando no falte lo necesario para la vida. En el jardín hizo excavar un pozo, llamado “Pozo de la Beata Paula”, cuya agua abundante posee virtudes curativas.
Su confianza en Dios era grande. A menudo repetía la expresión de san Pablo: “¡Sé de quién me he fiado!”. Su alma a veces era arrebatada en dulces éxtasis, a veces se oyeron coros angélicos que cantaban junto al tabernáculo. Escribió varios opúsculos especialmente sobre el nombre de Jesús, que lamentablemente se han perdido.
Un día mientras oraba en éxtasis ante un crucifijo situado en lo alto de una escalera, el demonio la atacó y la arrojó por tierra pavorosamente. Fue recogida por las cohermanas y recostada sobre un jergón. Eran los últimos días y las últimas pruebas. Exhausta por las vigilias prolongadas, por el riguroso ayuno y otras ásperas penitencias, asistida por su confesor y sus cohermanas, apretando contra su corazón el crucifijo, repitió nuevamente su jaculatoria predilecta: “Pasión de Cristo, Sangre de Cristo, misericordia de mí”. Y serenamente expiró. Tenía 71 años, de los cuales transcurrió en el monasterio 56. Aprobó su culto Pío IX el 6 de septiembre de 1876.
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Beato ANTONIO BANASSAT. (1729-1794).
Martirologio Romano: En una nave destinada a trabajos forzados, anclada frente a Rochefort, en Francia, beato Antonio Banassat, presbítero y mártir, que, por ser párroco, en el furor de la Revolución Francesa fue detenido por odio a la fe y, muerto por inanición, emigró al Señor.

Nació en Guéret (Francia). Sacerdote de la diócesis de Limoges, párroco del pueblo de Saint-Fiel. Fue también vicegerente de la municipalidad de esta villa. Luego fue uno de los administradores del departamento de La Creuse y miembro del buró intermediario de Guéret. Elegido diputado del clero de la senescalía de Guéret, en Haute-Marche, firmó el 19 de noviembre de 1790, con otros veintiséis sacerdotes diputados, su adhesión a la «Exposición de principios» de los obispos diputados sobre la “Constitución Civil del Clero”. La firmó con el título de diputado de Guéret. En la célebre sesión del 4 de enero de 1791, él rehusó jurar. Vuelto a su parroquia, prestó el juramento constitucional con la reserva de no jurar nada que en la Constitución civil fuera contrario a las leyes de la Iglesia católica (25 de enero de 1791). Pero el 13 de febrero se le intimó a que firmara sin restricción alguna, y entonces se negó. Hubo de dejar la parroquia, se fue a vivir con una familia, pero al poco tiempo fue arrestado y llevado a prisión.

Figura dos años después en la lista de sacerdotes no juramentados con la observación de recluido. En abril de 1793 fue condenado a la deportación y se le mandó a Burdeos, de donde debía partir para La Guayana. En Burdeos estuvo preso en el exconvento de los carmelitas y luego en la ciudadela de Blaye, debiendo padecer mucho por falta de espacio ya que estaban detenidos más de mil sacerdotes. A causa de esto lo reenviaron a Guéret (septiembre de 1793). Pese a que se alegó su escasa salud y su inactividad ministerial, fue enviado a Rochefort el 24 de marzo de 1794. Fue embarcado en “Les Deux Associés”. Sacerdote culto y piadoso, agradable y modesto, edificó a sus compañeros de prisión con su paciencia y resignación cristiana. No pudo soportar las condiciones de su detención y murió el 18 de agosto de 1794, siendo enterrado en la isla de Aix. Fue beatificado el 1 de octubre de 1995 por el papa Juan Pablo II.
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Beato FRANCISCO ARIAS MARTÍN. (1884-1936).
Martirologio Romano: En Valdemoro, cerca de Madrid, en España, beato Francisco Arias Martín, presbítero y mártir, que siendo novicio en la Orden de San Juan de Dios, en corto tiempo, durante la persecución religiosa recorrió el camino de la perfección.

Natural de Granada. Se había educado en las Escuelas del Ave María del famoso Padre Manjón. Fue ordenado sacerdote diocesano en 1909. Primero fue destinado como capellán de religiosas en la capital granadina, pasando luego como coadjutor en Algarinejo y en Loja. Fue un buen sacerdote, celoso de la atención a los enfermos y de la caridad con los más pobres.

Fue trasladado como coadjutor de la parroquia de San Nicolás de Granada, hasta que en 1932 fue incendiada y estuvo a punto de morir abrasado. Con este motivo los Hermanos de San Juan de Dios, que regentaban el hospital de San Rafael, lo acogieron y se quedó con ellos viviendo su estilo de vida, esto le movió a pedir el ingreso en la Orden, en la que ingresó en 1935. Hizo el noviciado en Ciempozuelos, en el manicomio de San José.

Cuando en 1936, la comunidad fue arrestada, Francisco huyó a la huerta y se refugió en una cavidad o gruta, donde permaneció dos días. Fue descubierto y detenido y dijo: “Mátenme cuanto antes, ¿para qué quiero vivir? Señor, en misericordia de mi”. Pero le permitieron lavarse y lo llevaron con sus otros hermanos. Pocos días después lo llevaron a la parroquia del pueblo convertida en cárcel. De allí lo sacaron junto con un enfermero del hospital, llamado Antonio Serrano, y los fusilaron en el km. 5 de la carretera de Torrejón, en el término municipal de Valdemoro. Fue beatificado el 25 de octubre de 1992 por el papa Juan Pablo II en el grupo de 71 Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios.
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Beato MARTÍN MARTÍNEZ PASCUAL. (1910-1936).
Martirologio Romano: En Alcañiz, en Teruel, España, beato Martín Martínez Pascual, presbítero y mártir. Miembro de la Sociedad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, recibió en la misma persecución y en el mismo día la corona de la gloria.

Nació en Valdealgorfa (Teruel) diócesis de Zaragoza. Influido por un buen apóstol de vocaciones, que lo acompañó hasta el martirio, ingresó en el seminario menor de Belchite, continuando luego en el mayor de Zaragoza. Terminando el cuarto curso de Teología, en 1934, ingresa en la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, con deseos de encontrar cauce a su vocación misionera. En Tortosa realizó su último curso de Teología. Ordenado sacerdote en 1935, fue prefecto en el colegio vocacional de San José de Murcia y profesor en el seminario de San Fulgencio de esta ciudad, en el único curso de sacerdocio. Hizo los ejercicios espirituales en Tortosa en los últimos días de junio y primeros de julio, junto con el beato Pedro Ruiz de los Paños y 22 de los 30 sacerdotes operarios inmolados aquel verano. Llevando consigo la Eucaristía a su pueblo, permaneció unos 20 días huyendo de casa en casa y escondido en una cueva del campo. Muchos testigos declararon: "El juicio que de él tenían todos era de un hombre santo. Hubiera llegado a santo aun sin el martirio".

Un día prendieron a su padre y a cinco sacerdotes y varios seglares más. Su padre le mandó un recado pidiéndole que huyera, pero él cuando lo supo, y llevando consigo el Santísimo, salió corriendo al pueblo para que su padre no padeciera por él. Llegado el comité, un miliciano para salvarlo dijo que era estudiante, pero él confesó que era sacerdote y dijo que quería morir con sus compañeros. Cuando llegó a la prisión, donde se encontraban otros sacerdotes, les dio a todos la comunión. Fue martirizado cerca del cementerio de su pueblo, con 25 años de edad y 14 meses de sacerdote. Se acercó al martirio animado y risueño. Murió animoso y animando a los demás, gritando "Viva Cristo Rey" y abrazándose al sacerdote Manuel Fuster, ordenado el mes anterior
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Beato VICENTE MARÍA IZQUIERDO ALCÓN. (1891-1936).
Martirologio Romano: En la localidad llamada Rafelbunyol, en el territorio de Valencia, en España, beato Vicente María Izquierdo Alcón, presbítero y mártir, que recibió la muerte por odio contra la fe.

Nació en Mosqueruela, Teruel. En su familia, muy cristiana, hubo varios sacerdotes y religiosos. Estudió en el Seminario de Valencia y fue ordenado en 1915, siendo destinado a L'Ollería, Carcajente, Bicorp y la Pobla de Farnals donde fue el párroco. Músico, pintor y cantor, puso sus cualidades al servicio de su apostolado. Muy dado a la oración y al estudio, vivía muy austeramente y era muy generoso con los pobres.

Tras las elecciones de febrero de 1936 tuvo que dejar su pueblo y, con licencia del arzobispado, establecerse en Valencia capital. Devotísimo de la Virgen de los Desamparados, cuando ardía su Real Capilla, se lanzó en medio de las llamas para salvar la imagen de la Patrona de Valencia. El día 15 de agosto gente de su pueblo lo localizó, fue detenido y llevado al pueblo, donde lo llevaron por las calles desafiando a la gente para que defendiera a su cura. Detenido por el Comité, lo sacaron en la mañana del día 18. Pidió despedirse de su parroquia y se lo permitieron, pero le pidieron les contara los pecados de la alcaldesa, a lo que él se negó rotundamente y recibió por ello golpes, malos tratos y pinchazos en la lengua. Él les perdonó. Con Vicente María llevaron a fusilar a otro sacerdote, y ambos se dieron mutuamente la absolución, tras lo cual fueron fusilados en el camino a Rafelbuñol.
En 1941 fue publicada su correspondencia con su hermana Sor Teresa, religiosa de la Congregación de la Caridad de Santa Ana. Fue beatificado el 11 de marzo de 2001 por el papa Juan Pablo II en la ceremonia conjunta de los 233 mártires de la persecución religiosa en Valencia de los años 1936-1939.
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San ALBERTO HURTADO CRUCHAGA. (1901-1952).
Martirologio Romano: En Santiago de Chile, san Alberto Hurtado Cruchaga, presbítero de la Compañía de Jesús, que fundó una obra para que los pobres que carecen de techo y los vagabundos, sobre todo niños, pudieran encontrar un verdadero y familiar hogar.

Nació en Viña del Mar en Chile, en el seno de una modesta familia. Huérfano de padre cuando tenía cuatro años, creció junto a su madre y a su hermano Miguel en casa de varios familiares en Santiago de Chile. Su madre consiguió que consiguiera una beca en el colegio de San Ignacio. Fue miembro de la Congregación Mariana. Desde los 15 años quiso ser jesuita. Esto lo acercó al padre Fernando Vives s.j., que fue su director espiritual. Como no podía dejar a su madre sola, estudió la carrera de Derecho en la Universidad Católica. Mantuvo una intensa vida espiritual y apostólica y se hizo militante del Partido Conservador. Por circunstancias de la vida el futuro de su madre quedó asegurado y se hizo jesuita. Ingresó en el noviciado en Chillan en 1923 y en 1925, hizo sus votos en Córdoba, Argentina, donde realizó el juniorado. Estudió Filosofía y el primer año de Teología en Sarriá (Barcelona) (1927-1931). La expulsión de los jesuitas durante la República española motivó que fuera enviado a Lovaina (Bélgica) en 1931, para continuar su formación. Se doctoró en Pedagogía y terminó la Teología y fue ordenado sacerdote en en 1933. Fue educador de jóvenes y servidor de los pobres; promotor de vocaciones sacerdotales y formador de laicos; fue un evangelizador y un luchador social.

Después de once años, regresó a Chile en 1936. Se dedicó a la enseñanza de Pedagogía en la Universidad Católica y en el Seminario Pontificio de Santiago (1936-1944) y, sobre todo, a trabajar con los jóvenes en el colegio San Ignacio, donde les enseñó a que “ser católicos significa ser sociales”. Fue nombrado consiliario de la Acción Católica chilena (1941-1944). En 1941, sacudió la conciencia nacional chilena con un libro "¿Es Chile un país católico?". Las circunstancias políticas y sociales de Chile le obligaron a renunciar a su cargo en la Acción Católica. Desde entonces se dedicó a trabajar sobre todo en el campo social. En 1944, fundó el movimiento cristiano "El Hogar de Cristo", con el fin de atender a hombres, mujeres, adolescentes, niños desamparados, obra que actualmente es una de las más importantes de Hispanoamérica. En 1947, fundó la Acción Sindical Chilena (ASICH), donde se formaban obreros para que lucharan por los derechos de clase y para construir una sociedad más justa. En 1951, creó la revista "Mensaje", para difundir la luz del Evangelio sobre temas culturales, sociales y de actualidad; hoy en día sigue siendo un punto de referencia importante de los medios de comunicación como denuncia de las injusticias. Murió de un cáncer de páncreas en Santiago de Chile, enfermedad que acogió con alegría y gran espíritu religioso.

El Padre Hurtado fue beatificado por Juan Pablo II el 16 de octubre de 1994, y canonizado por SS Benedicto XVI el 23 de octubre de 2005. El Parlamento chileno, ha decretado que el 18 de Agosto, fecha de su muerte, sea el Día Nacional de la Solidaridad.
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OTROS SANTOS DEL DÍA:

Santos Floro, Lauro, Próculo y Máximo. M. 150.

Según una tradición griega, puesta en duda por algunos estudiosos, Floro y Lauro eran hermanos gemelos, que trabajaban como canteros, y Próculo y Máximo eran sus dependientes: construyeron a los cristianos un templo para que celebraran sus cultos y por ello fueron martirizados arrojados a un pozo. Parece que fue en Iliria.



Santos Mártires de la Masa Cándida. M. c. 260.
Martirologio Romano: En Útica en África, en la actual Túnez, santos mártires de la Masa Cándida, que, más numerosos que los peces depositados en las redes de los Apóstoles, fieles a su obispo Cuadrado, fueron gloriosamente al encuentro de la muerte, profesando todos juntos a Cristo Hijo de Dios.
Este nombre indica un grupo de mártires de Útica, durante el gobierno de Galieno y Valeriano, y que fueron fieles a su obispo san Cuadrado. El Martirologio Romano anterior a 1970 afirmaba que eran 300; pero los autores modernos lo han limitado a 153, que es el número que dio san Agustín en un sermón. Se afirmaba que se les dio el nombre de "masa cándida" porque fueron arrojados en una fosa llena de cal y sus restos quedaron unidos formando una masa blanca; pero parece que el nombre se refiere a una localidad cercana a Útica.

San Agapito de Palestrina. M. 274.
Martirologio Romano: En Palestrina, en el Lacio, san Agapito, mártir.
Nació en Roma, en el seno de una familia patricia. Según una sospechosa tradición, no tenía más de 15 años, cuando enterado el prefecto de Roma, Antíoco de su conversión, le arrestó junto a varios compañeros y lo llevó ante el emperador para que renegase de su religión; confesó valerosamente su fe en Cristo y fue martirizado en Preneste (Palestrina), cerca de Roma, durante la persecución del emperador Aureliano (otras fuentes dicen que fue el emperador Diocleciano). Le preguntó el juez: ¿Donde está Dios? y él poniendo una mano en el pecho y otra en el cielo dijo: " Dios está aquí, y está allá". Antes de matarle los verdugos le infligieron durísimas torturas, de las que salió indemne hasta que fue decapitado. Su culto se ha limitado desde 1969 a los calendarios locales.

San León. s. III.
Martirologio Romano: En Mira en Licia, en la actual Turquía, san León, mártir.
Mártir junto con Juliana. León fue ejecutado en Licia y Juliana en Strobilo.

San Fermín de Metz. M. 496.
Martirologio Romano: En Metz, en la Galia Bélgica, san Fermín, obispo.
De origen griega o latina, fue obispo de Metz, Francia, durante ocho años.

San Eonio de Arles. M. 502.
Martirologio Romano: En Arlés, en la Provenza, san Eonio, obispo, que defendió su iglesia del error de Pelagio y recomendó a su pueblo como sucesor suyo a san Cesáreo, a quien él mismo había ordenado de presbítero.
Arzobispo de Arles. Su conflicto con san Avito, obispo de Vienne en el Delfinado, obtuvo el apoyo papal. Defendió su Iglesia de los errores de Pelagio y nombró como su sucesor a san Cesáreo, a quien había ordenado sacerdote.


San Juan de Rila. (876-946). (Iglesia ortodoxa).
Nació en un poblado en el suroeste de Bulgaria. Después de la muerte de sus padres repartió sus bienes entre los pobres y se retiró a los monasterios de la comarca. Como monje estudió las sagradas escrituras después de lo cual abandonó el convento para vivir como ermitaño en el monte. Pastores y cazadores fueron contando a la gente la vida santa del monje y muchos fueron los que acudían pidiendo bendición y curación. Juan les sugirióa sus adeptos que construyeran un monasterio del que fue abad durante 10 años. Murió a los 70 años de edad Sus reliquias se siguen guardando desde el siglo X en el Monasterio de Rila. San Juan de Rila es venerado por todo el mundo ortodoxo. Es el patrón de Bulgaria.

San Franco. s. XI.
Monje, quizás italo-greco que llegó al Abruzzo, al final del siglo X y el inicio del XI, desde los confines de Calabria, para huir de las incursiones sarracenas, junto con 6 cohermanos y con Hilarión, su archimandrita. Muerto éste, los siete establecidos primero en el valle del Aventino, entre Casoli y Civitella Messer Raimondo, en un lugar conocido como Prata, el precio fue pagado al conde de Chieti, como no fueron capaces de elegir un nuevo abad, se separaron, retirándose cada uno a una localidad distinta entre las cavernas de los Apeninos de Chieti y de Marsica. Franco se retiró a Francavilla a Mare en Chieti donde es venerado. Todo esto es una leyenda de naturaleza folclórica.

Leonardo de Cava. Beato. 1255.
Martirologio Romano: En el monasterio de Cava, en la Campania, beato Leonardo, abad, hombre sumamente pacífico.
XI abad mitrado del monasterio de La Trinità de La Cava en 1232 hasta su muerte. Fue el sucesor del abad san Bálsamo. Fue un hombre dulce y pacífico, sabio y hábil administrador; durante la lucha entre el Papa y el emperador Federico II, Leonardo supo mantenerse al margen con inteligencia, sin enemistarse con ninguno de ellos, salvando así la abadía. Fue llamado por el Emperador en el 1245, junto con otros eclesiásticos, para que defendieran su causa en el Concilio de Lyon; el mismo Emperador y los papas Inocencio IV y Alejandro IV, multiplicaron las concesiones y privilegios de la abadía, que asumió un rol y una importancia notable durante todo el Medievo.

Los monjes observaron con fervor la Regla y generosamente socorrían a la población golpeada por la guerra. En el 1249, la ciudad de Benevento, destruida por los alemanes, confió a la abadía la custodia de las reliquias de san Bartolomé y el tesoro diocesano; cuando las reliquias fueron restituidas, una porción de la cabeza de san Bartolomé fue cedida a la abadía. Sus reliquias se conservan en un altar lateral de la iglesia abacial.

Jaime Falgarona Vilanova y Atanasio Vidaurreta Labra. Beatos. M. 1936.
Martirologio Romano: En Barbastro, Huesca en Aragón, España, beatos Jaime Falgarona Vilanova y Atanasio Vidaurreta Labra, religiosos de la Congregación de los Misioneros Hijos del Corazón Inmaculado de María y mártires en la misma persecución.
Jaime nació en Argelager (Gerona). Sobresalió por su formalidad y recogimiento. Profesó como claretiano en 1930, en Vich. Era Estudiante cuando, en 1936, recaló en Barbastro. Era abnegado y servicial, bondadoso y pacífico. Siempre fue director de coro.


El día del encarcelamiento de la comunidad, como estaba enfermo, fue llevado al Hospital de Barbastro. De allí salió el 15 de agosto, para ocupar una celda en la cárcel municipal. Fue fusilado, sin juicio, con Atanasio Vidaurreta en el km 3 de la carretera de Barbastro a Berbegal.

Atanasio nació en Adiós (Navarra), en el seno de una familia de pastores. Era Estudiante claretiano. Durante el registro de la casa de Barbastro, sufrió un desmayo, y en lugar de la cárcel, lo condujeron al Hospital con Jaime Falgarona, y con el anciano Hno. Joaquín Muñoz, fue trasladado a la cárcel municipal el 15 de agosto.
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