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Santoral del 19 de Agosto

SAN LUIS, Obispo y ConfesorINDICE

San BARTOLOMÉ DE SIMERI
San CALMINIO
San ANDRÉS DE CILICIA y compañeros
Sixto III, Santo XLIV Papa
Juan Eudes, Santo Fundador
Ezequiel Moreno y Díaz, Santo Obispo
Beato GUERRICO DE IGNY
Luis (Ludovico) de Anjou, Santo Obispo
Beato JORDÁN DE PISA
Beatos LUIS FLORES, PEDRO DE ZÚÑIGA y 13 compañeros
Beato HUGO GREEN
Beatas ELVIRA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA TORRENTALLÉ PARAIRE y 8 compañeras
Beatos PEDRO BUITRAGO MORALES, FÉLIX GONZÁLEZ BUSTOS, JUSTO ARÉVALO MORA y 5 hermanos de La Salle
Beato FRANCISCO IBÁÑEZ IBÁÑEZ
OTROS SANTOS DEL DÍA

Martirologio Romano (1956): 19 de Agosto

En Caén de Francia, san Juan Eudes, Confesor, Misionero Apostólico, Fundador de la Congregación de Presbíteros de Jesús y María, y de la Orden de las Monjas de nuestra Señora de la Caridad, y promotor del culto litúrgico de los Sacratísimos Corazones de Cristo y de su Madre. El Papa Pío XI le puso en el catálogo de los Santos.
En Roma, san Julio, Senador y Mártir, el cual, entregado al Juez Vitelio, y por él encarcelado, fue, de orden del Emperador Cómmodo, apaleado hasta expirar. Su cuerpo fue sepultado en el cementerio de Calepodio, en la vía Aurelia.
En Anagni, san Magno, Obispo y Mártir, que fue muerto en la persecución de Decio.
En Cilicia, el triunfo de san Andrés, Tribuno, y sus Compañeros soldados; los cuales, después de conseguida milagrosa victoria contra los Persas, se convirtieron a la fe de Cristo, y acusados por esto, fueron, de orden del Emperador Maximiano, bárbaramente muertos por el ejército del Presidente Seleuco en los desfiladores del monte Tauro.
En Palestina, san Timoteo, Mártir, que en la persecución de Diocleciano, por orden del Presidente Urbano, después de sufridos muchos suplicios, fue quemado a fuego lento. Padecieron también allí mismo Tecla y Agapio: Tecla, expuesta a las fieras y despedazada entre sus dientes, pasó al Esposo; Agapio, superados muchísimos tormentos, fue reservado para mayores combates.
En Roma, san Sixto III, Papa y Confesor.
En la aldea Sisterón, en Francia, san Donato, Presbítero y Confesor, el cuál, dotado, desde los comienzos de la infancia, de admirable gracia de Dios, hizo muchos años vida anacorética, e insigne en el don de milagros, se fue con Cristo.
En el territorio de Bourges, san Mariano, Confesor, cuyas virtudes y milagros celebró con grandes alabanzas san Gregorio, Obispo de Tours.
En Mantua, san Rufino, Confesor.
En Nuremberg, san Sebaldo, Ermitaño, muy esclarecido en milagros, que fue agregado al catálogo de los Santos por el Papa Martín V.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

SAN LUIS, Obispo y Confesor
Que vuestra modestia sea conocida de todos los
hombres, pues el día del Señor está cerca.
(Filipenses, 4, 5)


San Luis, hijo de Carlos II, rey de Nápoles, y sobrino nieto de San Luis, rey de Francia, fue dado como rehén a Pedro, rey de Aragón. Vuelto a la libertad, rechazó un magnífico casamiento y la corona de Nápoles, para permanecer fiel al voto que durante su cautividad había emitido de entrar en la Orden de San Francisco. "Jesucristo -dijo el santo- es mi reino: poseyéndolo, poseo todo; si lo perdiese, pierdo todo". Elevado, no obstante su resistencia, a la sede episcopal de Tolosa, edificó a su pueblo con una caridad sin límites y una admirable modestia. Siempre iba acompañado por un religioso encargado de decirle sus faltas. Murió prematuramente, en el año 1297, contando apenas 23 años de edad.

Junto a Briñoles, en la Provenza, el tránsito de san Luis, de la Orden de Menores, Obispo de Tolosa, ilustre por la santidad de vida y por los milagros; cuyo cuerpo, trasladado de allí a Marsella, fué honoríficamente colocado en la Iglesia de los Menores. Más tarde fue trasladado a Valencia de España y colocado en la Iglesia catedral.

MEDITACIÓN SOBRE LA MODESTIA

I. La modestia es una virtud que regula el exterior del hombre; debes practicarla, porque no conviene a un cristiano, que debe ser la imagen y copia de Jesucristo, ser descompuesto en sus palabras o en sus actos. Dios está en todas partes; tu buen Ángel te ve; los hombres son testigos de tus inmodestias y se escandalizan de ellas. Todos estos motivos deberían persuadirte a amar esta hermosa virtud, que tanta gloria procura a Dios y tanto bien hace al prójimo. ¡Qué hermoso es dar buenos ejemplos! (San Ambrosio).

II. Para practicar la modestia, es necesario que consideres tu edad, tu condición, tu género de vida, el tiempo, el lugar y las ocasiones en que te encontrares. Tus miradas deben ser modestas, tanto como tus palabras, tus acciones y todo tu exterior; en una palabra, debes comportarte de tal modo que se pueda decir de ti: "Así es como andaba Jesucristo, así es como obraba y conversaba con los hombres". Quien profesa creer en Jesucristo, debe regular su conducta según la de su Maestro. (San Jerónimo).

III. La modestia exterior depende de la interior; el rostro no es sino el reflejo de los sentimientos del alma. Si tus pasiones están bien mortificadas, si tu corazón está continuamente ocupado con el pensamiento de Dios, no tendrás mucho trabajo en ser modesto. Tu alma, encontrando su contento en el interior de sí misma, no lo buscará en el exterior. Los sentimientos se manifiestan en nuestro continente, y el rostro es el espejo del alma y la expresión de las costumbres. (San Isidoro).

La huida del pecado
Orad por los cautivos.

ORACIÓN

Haced, oh Dios omnipotente, que esta venerable solemnidad del bienaventurado Luis, vuestro confesor y pontífice, aumente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S. Amén.

http://www.aciprensa.com/podcast/santo/agosto19-07juaneudes.mp3







San JUAN EUDES. (1601-1680).
Martirologio Romano: San Juan Eudes, presbítero, que durante muchos años se dedicó a la predicación en las parroquias y después fundó la Congregación de Jesús y María, para la formación de los sacerdotes en los seminarios, y otra de religiosas de Nuestra Señora de la Caridad, para fortalecer en la vida cristiana a las mujeres arrepentidas. Fomentó de una manera especial la devoción a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, hasta que en Caen, de la región de Normandía, en Francia, descansó piadosamente en el Señor.

Natural de Ri (Normandía), primogénito de siete hermanos y según sus biógrafos, brusco, testarudo sin el don de la simpatía, pero que cumplía con una gran fuerza espiritual su deber. Sus padres habían hecho el voto de consagrar a Dios al primer hijo que tuvieran. Después de estudiar con los jesuitas de Cahors, sus padres, a pesar del voto, le propusieron un matrimonio ventajoso, y él se negó optando por el sacerdocio. En 1625 fue ordenado sacerdote del Oratorio de Pedro De Bérulle en París. Cayó gravemente enfermo y fue a reponerse al pueblo de Aubervilliers, pasando luego al oratorio de París, donde ejerció un fecundo apostolado de la predicación, catequesis, confesionario y dirección pastoral.
Regresó a Caen, Normandía, solicitado por la peste que la devastaba (1631), se prodigó generosamente, logrando evitar la muerte por contagio cuando se encontraba en Cahors. En este tiempo tuvo ocasión de pensar sobre el giro que tenía que tomar su vida. Conoció a María des Vallées, que será para él una valiosa ayuda (la conoció cuando le pidieron su parecer sobre su supuesta posesión diabólica, y Juan demostró todo lo contrario, sino unos dones extraordinarios que la adornaban). Durante 15 años será una inspiradora feliz de todas las iniciativas que salieron de su imaginación.

Luego reemprendió las misiones propiamente dichas (de 1632 a 1675), hasta que en el 1639 fue nombrado superior del Oratorio de Caén, continuando su obra en las misiones populares y en las conferencias especiales dedicadas al clero tanto en Normandía como en Bretaña.
Pero el Señor le empujaba a emprender la obra de formación del clero en los seminarios, de la que no se ocupaba explícitamente el Oratorio. Por ello, dejando este Instituto en 1643, fundó la Congregación de Jesús y María (Eudistas); esto es, de sacerdotes seculares dedicados a la predicación en la campiña y a la dirección de los seminarios. Pese a las dificultades iniciales, fue apoyado por Olier, por toda la compañía del Santísimo Sacramento, dirigida por el padre De Condren, y por san Vicente de Paúl. Fue acusado de llevarse del Oratorio dinero para su nueva fundación y Juan pudo demostrar la falsedad de la calumnia. Durante su existencia no logró la aprobación papal de la nueva Congregación, posiblemente por su falta de prudencia y de tacto, ya que fue un hombre que hacía las cosas rápidamente, sin planificación, quiso abarcar más de lo que podía.

En 1636 hizo este voto al Señor: "Me ofrezco y me entrego, me consagro y dedico a Vos, oh Jesús mi Señor, como hostia y víctima para sufrir en mi cuerpo y en mi alma, según vuestro agrado y mediante vuestra santa gracia, toda clase de penas y tormentos, incluso el derramamiento de mi sangre y sacrificio de mi vida con cualquier género de muerte. Y esto sólo para vuestra gloria y por vuestro puro amor".

Además fundó en 1644, la obra de Nuestra Señora de la Caridad o del Refugio, que se transformará en el Instituto del Buen Pastor de Angers, para la recuperación de las muchachas extraviadas; la fundó junto con Magdalena Lamy; de esta congregación saldría con el tiempo, la Congregación del Buen Pastor fundada por santa María de Santa Eufrasia Pelletier. Luego desarrolló desde 1641, el culto de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, con la fundación de la Orden Tercera del Admirable Corazón de María. Escribió: “El Reino de Cristo”. “El Corazón admirable de la Madre de Dios”. Fue muy perseguido por los jansenistas. "La ciencia de la devoción consiste en no tener apego exclusivo a ninguna práctica o ejercicio particular de piedad".

Tras 48 años de misiones para la recristianización de la campiña, murió a los 79 años en Caén, después de renunciar al cargo de superior general de su Congregación y de superar tormentosas tribulaciones en los últimos años. Las regiones evangelizadas por él en el siglo XVII aún siguen ostentando la huella de la fe, a diferencia de las otras hoy descristianizadas de Francia. Consiguió que se declarara fiesta litúrgica la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús (1670) y al Corazón de María. Fue canonizado en 1925 por SS Pío XI y su fiesta fue incluida en el calendario de la Iglesia de occidente en 1928. MEMORIA FACULTATIVA.
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San EZEQUIEL MORENO DÍAZ. (1848-1906).
Martirologio Romano: En Monteagudo, de Navarra, en España, tránsito de san Ezequiel Moreno Díaz, obispo de Pasto, en Colombia, de la Orden de los Recoletos de San Agustín, que trabajó y, por anunciar el Evangelio, dio su vida tanto en las Islas Filipinas como en América del Sur.

Nació en Alfaro (La Rioja), hijo de una humilde familia, su padre era sastre. Desde muy joven quiso ser misionero en Filipinas. Ingresó en la Orden de los Agustinos Recoletos en Monteagudo (Navarra). En el 1869 fue enviado como misionero a Filipinas donde recibió la ordenación sacerdotal en Manila (1871). La integridad de su vida, su amor a los enfermos y su ardor por la difusión del evangelio le ganaron la estima de sus superiores, que a los 24 años le confiaron la delicada tarea de misionero y capellán castrense de una expedición militar a las islas de Palawan. Allí demostró su celo apostólico. También estuvo en Mindoro (1873-76) y Luzón (1876-85). Las fiebres le obligaron a volver a Manila.

Fue nombrado prior del convento de Monteagudo en 1885, y después de su mandato, que fue eficaz, y donde se demostró su celo fue en la carestía de 1887 (llegó a socorrer diariamente a unos 400 pobres). Luego se ofreció como voluntario para restaurar su congregación en Colombia. Llegó a Bogotá en 1889 como superior y allí comenzó a trabajar en la restauración de la observancia religiosa; pronto fue conocido por su celo apostólico en los poblados de Los Llanos. En 1893 se le nombró Obispo titular de Pinara y vicario apostólico de Casanare, y en 1895 se le nombró Obispo de Pasto; cuando se le comunicó la noticia le vino a la mente una pregunta angustiante: "¿Me habré hecho indigno de sufrir por Dios, mi Señor?". Una de sus principales tareas fue la visita pastoral de su amplísima diócesis. No dio descanso en promover toda obra buena. Estas visitas fueron siempre largas y extenuantes. El clima, los caminos, las posadas, los traslados agotadores... A veces regresaba con la salud quebrantada. En Pasto dio gran impulso a las misiones populares y a la instrucción religiosa.

Con frecuencia predicaba y se sentaba a confesar. Visitó los seminarios, el orfanato, el hospital, la cárcel. Con un grupo de jóvenes formó un instituto religioso femenino dedicado a la enseñanza de la doctrina cristiana a los analfabetos. Un cuidado muy especial lo dedicó a los pobres, a los enfermos y a las monjas de clausura. Y fue sobre todo un misionero, y tuvo una especial devoción al Sagrado Corazón, la eucaristía y María.

En su nueva misión le esperaban situaciones mucho más difíciles y amargas: humillaciones, burlas, calumnias, persecuciones e incluso el abandono de parte de sus superiores inmediatos. "Su profunda vida espiritual, siempre en tensión hacia Dios, su amor a la contemplación atrajeron en torno a él a un grupo de almas escogidas, a las que él guió con sabiduría".
Con ocasión de una polémica suscitada en torno a su persona presentó su renuncia, para evitar "disgustos y conflictos" y para salvaguardar la fama de "un hermano del episcopado" pero el papa León XIII no se la aceptó, y volvió a su diócesis donde le esperaban nuevas persecuciones y los horrores de una guerra civil. Tuvo que regresar a España a causa de un cáncer de nariz y boca, enfermedad que sufrió con gran heroicidad, ya que tuvo que ser operado sin anestesia. Murió en Monteagudo. MEMORIA FACULTATIVA.
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San ANDRÉS DE CILICIA y compañeros. M. 303.
Martirologio Romano: En Cilicia, san Andrés, tribuno, y sus compañeros soldados, que, según la tradición, habiendo logrado con la ayuda divina una victoria sobre los persas, se convirtieron a la fe de Cristo y, acusados de ser cristianos, en tiempo del emperador Maximiliano recibieron una muerte cruel en los desfiladeros del monte Tauro, a manos del ejército del prefecto Seleuco.

Es difícil reconstruir la historia de san Andrés de un modo coherente. Según parece, era uno de los capitanes del ejército de Galerio, enviado por Diocleciano contra los persas. Durante una batalla, Andrés invocó el nombre de Cristo, pues había oído decir que era un protector muy poderoso, y exhortó a sus hombres a hacer lo propio. El pelotón de Andrés triunfó, y la victoria se atribuyó a la invocación del nombre de Cristo. Entonces, el capitán y algunos de sus hombres determinaron hacerse cristianos, por lo cual fueron denunciados ante Antíoco, su jefe inmediato. Sin saber qué medidas tomar, éste escribió a Galerio y el general, reacio a desmoralizar a sus hombres con la ejecución de varios valientes soldados al día siguiente de la victoria, ordenó a Antíoco, que diese de baja a los cristianos y esperase una oportunidad mejor para castigarlos. Andrés y sus compañeros se transladaron a Cesarea, en Capaducia, donde fueron bautizados por el obispo Pedro. Seleuco, el gobernador militar de Cilicia, mandó arrestar a los neófitos. Estos huyeron a las montañas de Taurus, pero fueron aprehendidos y ejecutados ahí. En el Oriente se profesa gran devoción a san Andrés, a quien se da el título de «Megalomártir» (gran mártir). Ignoramos cuántos fueron sus compañeros. No existen huellas de culto primitivo a san Andrés, la leyenda de su martirio se popularizó muy posteriormente.
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San SIXTO III. Papa (432-440). M. 440.
Martirologio Romano: En Roma, en la vía Tiburtina, junto a san Lorenzo, sepultura de san Sixto III, papa, que restableció la concordia entre el Patriarcado de Antioquía y el de Alejandría, y en la Ciudad eterna erigió para el pueblo de Dios la basílica de Santa María, en el monte Esquilino.

Nació en Roma. Fue elevado al pontificado sucediendo a san Celestino I. Es recordado sobre todo por su oposición al nestorianismo y al pelagianismo, y sobre ésta tuvo que desmentir las falsas acusaciones que le imputaban ser pelagiano, por ello Sixto se vio en la obligación de escribir a san Aurelio de Cartago y a san Agustín de Hipona, cuya respuesta se conserva.
Consiguió un acuerdo entre las disensiones de los patriarcas de Antioquía y Alejandría, acaecida en el Concilio de Éfeso del 431, a causa de la destitución de Nestorio impuesta por san Cirilo de Alejandría. Sixto renovó su apoyo a san Cirilo, pero buscó la pacificación. Intervino también en el Ilírico, donde actuó con firmeza para que se hiciera respetar la autoridad de la Sede apostólica y los derechos que se habían reconocido al obispo de Tesalónica, como vicario de la sede romana. Construyó diversas basílicas romanas, entre ellas la de Santa María la Mayor y la construcción del baptisterio de San Juan de Letrán y San Pietro in Vincoli. Murió en Roma y fue sepultado en San Lorenzo extramuros.
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San CALMINIO. M. c. 690.

Gracias al hagiógrafo del siglo XVII, Tomás de Aquino, conocemos la vida de este santo, pero es una obra que tiene más de literatura que de verdad histórica.Se dice que era duque de Aquitania y conde de Auvernia (estos títulos fueron honoríficos pues el ducado y el condado se constituyeron más tarde). Descendiente de una familia de origen romana que se instaló en Clermont. Calminio era un hombre de guerra, pero pronto se decidió a vivir la austeridad de la vida monástica. Fundó tres monasterios en el centro de Francia: la abadía de Velay ("Calminiacum", que más tarde se llamó Saint-Chaffre du Monastier); algunos cenobitas se unieron a él y con ellos pudo fundar este monasterio.

Marchó a Roma para obtener la consagración de este monasterio. A su regreso, pasó por la isla de Lerins, junto a su mujer santa Namadia. Admirado por la célebre abadía insular, decidió pararse durante algunos meses. Aquí conoció la regla de san Benito. Al partir, el abad de Lerins le autorizó a llevarse unos 20 monjes para ayudarle en la fundación del monasterio de Mozac.
Después marchó a la diócesis de Limoges, donde se refugió para vivir una existencia de ermitaño. Cuando decidió regresar a la vida pública, fundo en Limousin (Tulle) su segundo monasterio, que tomó el nombre de Laguenne. El pueblo ya lo definía como “santo”.

Pero él prefirió establecerse en Auvernia y terminar alli sus días. Mucho antes de su muerte, se instaló en Mozac, lugar propicio para la meditación, tranquilo y rico en agua. Alli fundó la última abadía. Después de la construción del monasterio, dejó de nuevo a sus compañeros y marchó, por última vez, a Roma. Alli se entrevistó con el Papa, que, para enriquecer la abadía, le ofreció una parte del cráneo de san Pedro (de aquí el nombre de San Pedro de Mozac). A su regreso, se acercó a Agen, donde obtuvo una parte del brazo de san Caprasio. El regreso de nuestro santo fue celebrado con gran pompa, los monjes estaban contentos por gozar de las nuevas reliquias e influencia. Poco después Calminio murió en olor de santidad.
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San BARTOLOMÉ DE SIMERI. M. 1130.
Martirologio Romano: En Calabria, san Bartolomé de Simeri, presbítero y abad, que, después de haber abrazado la vida eremítica, fundó un monasterio para los griegos.

Nació en Simieri, Calabria, en el seno de una familia de la aristocracia. Pronto abandonó a su familia y se refugió con un monje llamado Cirilo de Mileto. Vivió varios años como eremita; pronto fue conocida su fama de santidad, por sus milagros y buen hacer y el eremitorio fue creciendo con nuevas vocaciones atraídos por sus fama. Fundador de los monasterios de Santa María del Sufrimiento en Rossano y San Salvador en Mesina. Organizó la vida monástica de los monjes orientales en la Italia meridional; escribió para estos un "Típico" ascético adoptando el texto de san Bartolomé el Joven; acudió varias veces a Roma para obtener privilegios para su comunidad. Acudió a Constantinopla a ver al emperador Alejo Comneno y la emperatriz Irene, de los que obtuvo algunos beneficios y dinero, luego pasó al monte Athos para reformar la vida monástica. Obtuvo del papa Pascual II, en 1105, diplomas de inmunidad para su comunidad.

En 1125, a causa de algunas calumnias difundidas sobre su gestión del dinero para la reconstrucción de los monasterios, y sobre su su fe, fue acusado de herético, tuvo que disculparse ante el tribunal de la ciudad de Mesina, en presencia del rey Ruggero. Iba a ser condenado a muerte en la hoguera, ya que se negó a defenderse, cuando un milagro, convenció a todos de su santidad y de la culpabilidad de los monjes delatores, a los que Bartolomé pidió la gracia del perdón. Murió en su monasterio de Santa María del Sufrimiento.
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Beato GUERRICO DE IGNY. (c. 1070/80 - 1157).
Martirologio Romano: En el monasterio de Igny, en Francia, beato Guerrico, abad. Verdadero discípulo de san Bernardo, al no poder dar ejemplo en el trabajo a sus hermanos por la debilidad de su cuerpo, los fortalecía en la humildad y caridad con reiteradas exhortaciones espirituales.

Hizo sus estudios en un colegio de Tournai donde había nacido y tuvo como maestro a san Odón de Cambrai. Fue canónigo y profesor de Teologia en Tournai; vivía retirado, dedicado a la oración y al estudio. Como su maestro, que había dejado la catedral para ingresar entre los Canónigos Regulares, fue atraído por la vida del claustro. Hacia el 1125, visitó Claraval para edificarse, y fue conquistado por san Bernardo hasta tal punto que decidió ingresar en los cistercienses, cuando ya tenía 38 años; allí conoció a Bernardo de Pisa, futuro san Eugenio III, Henry Mudach, que sería arzobispo de York, y a san Humberto, fundador del monasterio de Igny.

En el 1138, san Bernardo le envió a gobernar la abadía de Igny (Reims), que había fundado el beato Humberto; Guerrico en sus sermones se quejaba de ser un inútil para gobernar, pero todo era fruto de su humildad, ya que resultó un excelente abad, gran director de almas y elocuente maestro espiritual. En el 1149, intervino para que se eligiera a Hugo de Fouilloy, abad de los Canónigos Regulares de San Dionisio de Reims. En el 1150 fundó la abadía de Valroy, en los confines de las diócesis de Reims y Laon. Guerrico fue un prolífico escritor ascético y místico, escribió sermones dedicados a María que han inspirado el libro “Secreto de María”, de san Luis María Grignon de Montfort; algunos de sus escritos se han atribuido a Bernardo; según cuenta la leyenda antes de morir ordenó quemar todos sus escritos, pero uno de sus monjes ya los había copiado.
Era un hombre enfermo y se quejaba de que no podía seguir todos los deberes de la comunidad, pero se consolaba buscando la manera de instruir a sus monjes y de edificarlos con sus sermones. Murió en Igny.
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San LUIS DE ANJOU. (1274-1297).
Martirologio Romano: En Brignoles, en la Provenza, de Francia, muerte de san Luis, obispo. Sobrino del rey san Luis, prefirió la pobreza evangélica a las alabanzas y honores del mundo, y joven en años, pero maduro en virtud, fue elevado a la sede de Tolosa. Debido a su delicada salud, descansó piadosamente en el Señor.

Nació en Nocera cerca de Salerno, era el segundo de 14 hermanos e hijo de Carlos II de Anjou. Pariente de san Luis IX, rey de Francia y de santa Isabel de Hungría. Su padre, Luis, fue hecho prisionero de los aragoneses, y el abuelo murió un año después. Luis ofreció su propia vida por el rescate de su padre, liberado después de entregar como rehenes a sus tres hijos Luis, Roberto y Raimundo.

En Barcelona fue tratado con respeto junto con sus otros tres hermanos, que llevaron una vida casi monástica, dirigidos por Luis que era el mayor. Una vez liberado, renunció a todos sus derechos en favor de su hermano Roberto y se retiró a la meditación y penitencia en Castel dell’Uovo (Nápoles).
En 1296 a los 22 años, fue ordenado sacerdote. Poco después el papa san Celestino V lo consagraba obispo y cuando la diócesis de Tolosa quedó vacante, Luis debió aceptarla por obediencia. Durante el viaje, siempre rehusó los honores que todas las ciudades creían deber tributar al sobrino e hijo de reyes, que había renunciado a la corona para vestir el sayal de la Orden de los Hermanos Menores. Nunca quiso habitar en palacios sino que fue siempre huésped en los conventos más pobres.

Grande fue la admiración de los tolosanos cuando vieron a aquel obispo de veintitrés años, de sangre real, llevar vida de fraile y rodearse de pobres. Visitaba a los enfermos, socorría a los prisioneros, se ocupaba de los hebreos. Pero la prisión y la vida de penitencia habían minado su salud. A pesar de esto quiso estar presente en Roma en la canonización del hermano de su abuelo, el gran san Luis IX rey de Francia. Fue un maltrato del cual el joven obispo tuberculoso, presa de continuas hemotisis, no se repuso más. Murió dulce y piadosamente, en Brignoles, Provenza, a los veintitrés años, siguiendo pronto a su real antepasado en la gloria de los altares.
Así el príncipe que renunció al trono para hacerse franciscano y quizás el más joven obispo que haya llegado a la santidad, es recordado no sólo en la historia de la piedad, sino también en la de la literatura y en el arte. Enterrado primero en la iglesia franciscana de Marsella, Alfonso V rey de Aragón transportó sus reliquias a la catedralo de Valencia en 1423.
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Beato JORDÁN DE PISA. (c.1260 - 1310).
Martirologio Romano: En Piacenza, en la Emilia, beato Jordán de Pisa, presbítero de la Orden de Predicadores, que en lenguaje popular expuso al pueblo la más alta doctrina con la máxima sencillez.

Nació en Rivalto, diócesis de Volterra, Italia. Ingresó como dominico en el convento de Santa Catalina de Pisa (1280), tomando el hábito de manos del beato Jordán de Sajonia. Dotado de excelente memoria (sabía de memoria todo el misal, el breviario, la Biblia y parte de la “Suma Teológica”). Después de estudiar en Bolonia y París y de ser profesor de su universidad, regresó a Italia, donde en 1288, fue encargado de enseñar las “Sentencias” de Pedro Lombardo en el convento de Siena. En 1289 fue trasladado en Perugia con la misma misión. En el 1295 el capítulo provincial de Siena le nombró “lector Sententiarum” en el convento de Viterbo. En 1302 fue destinado a Florencia donde fue un predicador muy conocido, en particular en la iglesia de Santa María Novella. Fue quién comenzó a usar el italiano, en vez del latín, en sus sermones, y por ello está considerado como uno de los padres de la lengua italiana como su coetáneo Dante.

En el capítulo provincial de Spoleto de 1303 fue nombrado predicador general con derecho para asistir a los capítulos provinciales y poder predicar y confesar en la provincia, sin la obligación de licencia alguna y sin tener que someterse al prior de su propio convento. En 1309 fue destinado como “lector biblice” en Pisa.
En sus sermones siempre procuró la paz entre los ciudadanos. Fue un contemplativo y un hombre de profunda oración. En 1315 quiso entrar e el monasterio camaldulense de Santa María de los Ángeles. Durante un viaje a París murió en Piacenza. Está enterrado en la iglesia de Santa Catalina de Pisa.
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Beatos LUIS FLORES, PEDRO DE ZÚÑIGA y 13 compañeros. M. 1622.
Martirologio Romano: En Nagasaki, en Japón, beatos mártires Luis Flores, presbítero de la Orden de Predicadores, Pedro de Zúñiga, presbítero de la Orden de los Eremitas de San Agustín, y trece compañeros, marineros japoneses, que, llevados a puerto y detenidos al punto, sufrieron juntos un mismo martirio, entre variadas torturas, por la fe cristiana.

Luis Flores nació en Amberes hacia el 1570. Se trasladó con sus padres a España y luego a Méjico, donde ingresó en los dominicos en el convento de San Jacinto. Después de haber sido maestro de novicios, en 1598 tuvo que cambiar su apellido flamenco Frayrin o Froryn, por el de Flores, para que le permitieran ir a las Filipinas, adonde llegó en 1602, donde trabajó durante 22 años. Se embarcó para el Japón el 6 de junio de 1620, en compañía del padre Pedro de Zúñiga, que era hijo de un muy gran señor, llamado Alvaro de Zúñiga, marqués de Villamanrique y virrey de Nueva España. Pedro nació en Sevilla y tomó el hábito agustino en el convento de dicha ciudad. Hizo su profesión el 2 de octubre de 1604 y llegó a las Filipinas en 1610. De ahí pasó al Japón en 1618. Obligado a esconderse, tuvo que dejar el país al cabo de un año y se sintió inmensamente feliz cuando se le designó de nuevo para regresar al Japón, en 1620.

La nave, propiedad del capitán Joaquín Firaiama-Díaz, llevaba al Japón a los misioneros: Pedro de Zúñiga y Luis, Joaquín y sus 12 marineros (León Sukemenyon, que era el piloto; Pablo Sanchiki, Lorenzo Rocuiemon, Marcos Takenoshika Xineiemon, Miguel Díaz que eran mercaderes; Tomás Coyanaghi era uno pasajero; Antonio Yamanda, Bartolomé Mofioye, Jaime Matsumo Denschi, Juan Matasaki Nangata, Juan Yango, Juan Feiamon), todos miembros de la fraternidad del Santo Rosario.
El día 22 de julio de 1620, el navío inglés «Elizabeth» interceptó frente a las costas de Formosa (Taiwan), a una nave japonesa en la que viajaban cuatro europeos y, al hacer el abordaje, descubrieron, con gran regocijo, que entre los pasajeros había dos religiosos. Los piratas se apoderaron del barco y, una vez en alta mar, hubo una repartición del botín y los cautivos entre ingleses y holandeses. La tripulación y los cuatro pasajeros europeos quedaron en manos de estos últimos que consideraron a todos como sus prisioneros y los condujeron al puerto de Firando.

El barco holandés atracó ahí el 4 de agosto y, el mismo día, el padre Bartolomé Gutiérrez se puso en camino hacia el puerto con la intención de gestionar la libertad de sus hermanos en religión capturados, pero llegó demasiado tarde: desde el primer momento, los dos sacerdotes habían sido desembarcados y entregados al agente holandés Juan Specx. Este se apresuró a desempeñar su papel de juez y, en seguida, sometió a un riguroso interrogatorio a sus reos, quienes se mantuvieron firmes en su negativa de que fuesen sacerdotes o religiosos, a fin de no comprometer a los tripulantes de la nave japonesa que tan generosamente los había acogido. A los dos se les amenazó con someterlos a torturas hasta que admitieran su identidad y, mientras tanto, se los arrojó en una inmunda prisión. Todos estuvieron detenidos durante dos años donde fueron torturados.

El día de la ejecución, la muchedumbre era inmensa, Joaquín con los dos misioneros fueron condenados a ser quemados vivos, y la tripulación a ser decapitados en Nagasaki. Los cristianos entonaron el Te Deum y esperaron durante cinco horas a que se retiraran los guardias para apoderarse de las reliquias de los mártires. El Papa Pío IX los beatificó el 7 de julio de 1867.
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Beato HUGO GREEN. (1584-1642).
Martirologio Romano: En Dorcester, en Inglaterra, beato Hugo Green, presbítero y mártir, que, ordenado en Duoai, ejerció el ministerio en su patria durante treinta años, hasta que, reinando Carlos I, mereció ser asociado a la pasión de Cristo, destrozado cruelmente y colgado.

Nació en Londres y era hijo de padres anglicanos que lo educaron en esta fe. Estudió Peterhause o Saint Peter College en Cambridge donde se convirtió al catolicismo y decidió hacerse sacerdote. Se preparó para el sacerdocio en Douai donde fue ordenado en el 1612. Pensó ingresar en los capuchinos pero su mala salud se lo impidió.

Volvió a Inglaterra como misionero, y trabajó durante 30 años en el campo pastoral y apostólico, pasando desapercibido con el nombre de Fernando Brooks. Por fin se fue como capellán de lady Arundell en Chideock, en el Dorsetshire. Decidió aprovechar la oportunidad que el decreto real de 1641 concedía a todos los sacerdotes católicos para abandonar el país, y se dirigió al puerto de Lyme. Pero cuando confesó su condición, resultó que el plazo había pasado y por ello fue arrestado y acusado de ser sacerdote católico. Aceptó su suerte con total paciencia. Fue encarcelado en Dorchester donde fue juzgado y condenado cinco meses más tarde a la horca.

Lady Elisabeth Willoughby estuvo todo el tiempo asistiendo a nuestro beato, y aunque había logrado el permiso de retirar el cadáver, se encontró con una multitud enfurecida que lo maltrató y despedazó. Esta mujer fue la que luego escribió y publicó una relación de su martirio.
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Beatas ELVIRA DE LA NATIVIDAD DE NUESTRA SEÑORA TORRENTALLÉ PARAIRE y 8 compañeras. M.1936.
Martirologio Romano: En el lugar llamado El Saler, también en la región valenciana, beatas Elvira de la Natividad de Nuestra Señora Torrentallé Paraire y sus 8 compañeras, vírgenes del Instituto de las Hermanas Carmelitas de la Caridad y mártires, que en la prueba de la fe por Cristo, su Esposo, obtuvieron el fruto eterno.

Sus nombres: María Calaf Miracle de Nuestra Señora de la Providencia, Francisca de Amezúa Ibaibarriaga de Santa Teresa de, María Desamparados Giner Sixta del Santísimo Sacramento, Teresa Chambó Palés de la Divina Pastora, Águeda Hernández Amorós de Nuestra Señora de las Virtudes, María Dolores Vidal Cervera de San Francisco Javier, María de las Nieves Crespo López de la Santísima Trinidad y Rosa Pedret Rull de Nuestra Señora del Buen Consejo.

Elvira nació en Balsareny, Barcelona en 1883. A los 23 años ingresó en el noviciado de Vic (Barcelona). En 1908 fue destinada a la Casa-Asilo de Cullera, donde hizo la profesión perpetua y en 1925 fue destinada al Colegio del Sagrado Corazón de Valencia.
En 1933 vuelve al su primer destino: Cullera pero en esta ocasión de Superiora de la Comunidad. En 1936, a pesar de las presiones de la familia para que marchara con ellos, no consintió dejar ni a las Hermanas ni a las niñas huérfanas. Murió en el Saler.
El rasgo fundamental de su espiritualidad era una caridad sin límites. El amor a Dios manifestado en el amor a los hermanos.

Eran religiosas Carmelitas de la Caridad (Vedrunas) de la comunidad de Cullera, en Valencia. La calidad evangélica de sus vidas, se puede sintetizar de este modo: Fuerte sentido comunitario, desde la respuesta de H. Pedret: «Yo iré donde vaya la madre» -por anciana la querían dejar- hasta la expresión de la superiora de la Misericordia, en el pretendido intento de liberación por su condición de catalana: «donde están la hijas debe estar la madre». La superiora alienta a sus hijas: «Hermanas nos llevan al Saler, cinco minutos y en el cielo». Y pidió ser la última en la ejecución, para poder animar a las demás. Muy lejos de lamentarse en medio de los sufrimientos, sentían mucha pena por los asilados que habían quedado huérfanos. Ellas, mujeres consagradas, llamadas a ser signo de la ternura de Dios, no podían olvidarlos. En el lugar de la ejecución la superiora entona «Cantemos al Amor de los amores», y es seguida por todas en el momento del martirio.
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Beatos PEDRO BUITRAGO MORALES, FÉLIX GONZÁLEZ BUSTOS, JUSTO ARÉVALO MORA y 5 hermanos de La Salle. M. 1936.


Pedro Buitrago nació en 1883, en La Solana (Ciudad Real). Del padre, como antiguo y entendido sacristán, hereda el gusto por la música y el canto. Con esas enseñanzas, prácticas religiosas y ambiente cristiano surge y se desarrolla su vocación sacerdotal. Empieza su etapa estudiantil, ya fuera del pueblo, en el seminario en Murcia, y finalizó los estudios eclesiásticos en Ciudad Real.
Ordenado de Sacerdote, cantó su primera Misa en 1908 en La Solana, de cuyo convento de Dominicas es nombrado Capellán. Ocho años después, en 1916, fue enviado como Coadjutor a Pedro Muñoz, en marzo de ese mismo año, y antes de terminarlo, en septiembre, es trasladado a ejercer el mismo cargo a Santa Cruz de Mudela y permanece durante veinte años.

Como Sacerdote, sirvió a Dios y a la Iglesia con todos sus talentos y aptitudes, entre los cuales se destacaba su buena voz de tenor, que puso siempre al servicio de Dios para realzar las funciones religiosas, como antes en el Seminario, las veladas que en él se organizaban. Durante los veinte años de su Coadjutoría pudieron admirar los feligreses de Santa Cruz de Mudela la contribución de don Pedro para dar realce y mayor solemnidad a las celebraciones litúrgicas, tanto en la Parroquia, como en el Santuario de Nuestra Señora de las Virtudes y parroquias de la comarca.

La caridad cristiana y fraternal que reinaba entre don Pedro y el beato don Justo Arévalo Mora, coadjutores de la parroquia y de éstos con su Párroco don Antonio Pardo, y después con el beato don Félix González Bustos, constituye una prueba inequívoca de la sólida virtud de los tres sacerdotes, que antes y durante el año 1936 ejercían su misión sacerdotal en Santa Cruz de Mudela. Cuando doña Rosario Laguna dejó terminada su segunda fundación, el colegio para niños, don Pedro sustituyó a don Justo en el cargo de Capellán de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, que desde el principio venían regentando la Escuela de San José.

El mismo día que el párroco don Félix González, es decir, el 3 de agosto, fue detenido don Pedro y por los mismos motivos que lo fue aquél y que lo serán don Justo y los Hermanos de la Escuela de San José: porque eran sacerdotes, religiosos o católicos fervientes. Sin sentencia alguna, los sacaron por la noche de prisión y los mataron en el cementerio de Valdepeñas. Era tres sacerdotes diocesanos, 5 hermanos de las Escuelas Cristianas y 20 seglares muy relevantes por sus convicciones religiosas (estos últimos no entraron en el proceso de beatificación). Una fosa común acogió sus cuerpos. Fueron beatificados en Roma el 28 de octubre de 2007.
Sus compañeros de martirio fueron: el párroco D. Félix González Bustos, D. Justo Arévalo Mora, coadjutor, Hno. Agapito León Olalla Aldea, Hno. Dámaso Luis Martínez Martínez, Hno. Josafat Roque Corral González, Hno. Julio Alfonso Ruiz Peral y Hno. Ladislao Luis Muñoz Antolín, Hermanos de las Escuelas Cristianas.

Félix González Bustos nació en Alcubillas (Ciudad Real) nació en 1903. Ingresó en el seminario y fue ordenado sacerdote en 1927. Durante un tiempo estuvo encargado de la parroquia de Carrizosa y a finales de 1934 fue trasladado a Santa Cruz de Mudela. Fue detenido el día 20 de julio de 1936 y llevado a la cárcel del pueblo. Allí junto a otros presos, otros sacerdotes y Hermanos de La Salle, pasó los días entre amenazas y castigos.

Justo Arévalo Mora, nació en Miguelturra (Ciudad Real) en 1869. En 1895 fue ordenado sacerdote y regentó diversas parroquias, como Guadalmez y Torralta de Calatrava, pasando más tarde como coadjutor a Santa Cruz de Mudela. Dejó este cargo para ser capellán del Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, en el que gozaba de gran simpatía por su celo. Desde el 22 de julio al 18 de agosto de 1936 sufrió el mismo calvario que los presos encerrados en la cárcel del pueblo, entre amenazas de muerte, humillaciones y castigos.

Agapito León Olalla Aldea, nació en Hacinas (Burgos) en 1903. Ingresó en el Noviciado Menor de las Escuelas Cristianas de Bujedo en 1916, cuando contaba 13 años. Hizo sus primeros votos en 1921 y los votos perpetuos en 1928. Después del Escolasticado inició su apostolado como profesor del Noviciado Menor de Griñón. En 1935 fue a Lembecqlez-Hal para seguir el Segundo Noviciado. Al regresar, fue nombrado provisionalmente director de la comunidad de Santa Cruz de Mudela, porque el director estaba enfermo. Allí se encontraba cuando comenzó la persecución religiosa en julio de 1936.

Dámaso Luis Martínez Martínez, nació en Armellada (León) en 1915. Ingresó en el Noviciado Menor de los Hermanos de La Salle de Bujedo en 1928. Tomó el Hábito en 1931. Después del Escolasticado fue destinado en 1934, a Santa Cruz de Mudela. Fue su único campo de apostolado, ya que allí le sorprendió la persecución religiosa de 1936.

Josafat Roque Corral González, nació en Navaojos de Losa (Burgos) en 1899. Ingresó en el Noviciado Menor de los Hermanos de La Salle de Bujedo en 1913. Tomó el Hábito religioso en 1916. Después del Escolasticado en Bujedo, ejerció su apostolado en el colegio Maravillas, de Madrid, en 1919. Después fue nombrado catequista del Noviciado, y de nuevo pasó a Maravillas, donde se encontraba cuando el colegio fue incendiado en 1931. Pasó luego al Colegio de San Fernando, en Andalucía, y en 1933 fue destinado a Santa Cruz de Mudela, donde le sorprendió la persecución religiosa.

Julio Alfonso Ruiz Peral, nació en Arconada (Palencia) en 1911. Ingresó en el Noviciado Menor de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Bujedo en 1926. Al año siguiente, comenzaba su noviciado. Terminado su Escolasticado, en 1931, inició su apostolado en la Escuela de San Martín, en Madrid. En 1933 llegó a su nueva comunidad de Santa Cruz de Mudela, donde le sorprendió la persecución religiosa de 1936.

Ladislao Luis Muñoz Antolín, nació en Arconada (Palencia) en 1916. Ingresó en el Noviciado Menor de las Escuelas Cristianas de Bujedo en 1929. Recibió el hábito religioso en 1932. Después del Escolasticado, comenzó su apostolado en Santa Cruz de Mudela, donde llegó en 1935. Fue su único campo de apostolado, ya que allí le sorprendió la persecución religiosa de 1936.
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Beato FRANCISCO IBÁÑEZ IBÁÑEZ. (1876-1936).
Martirologio Romano: En la localidad llamada Llosa de Ranes, de Valencia, también en España, beato Francisco Ibáñez Ibáñez, presbítero y mártir, que en el furor de la persecución contra la fe, acabó su vida unido a Cristo hasta la muerte.

Nació en Penáguila, Alicante. Hijo de un molinero, estudió en el Seminario de Valencia y fue colegial de Santo Tomás. Se doctoró en Teología y Derecho Canónico y se licenció en Filosofía y letras. Ordenado en 1900, fue cura de Muro del Alcoy, Almássera y abad de la colegiata de Játiva. Dejó recuerdos imborrables de amor a los pobres y enfermos.

En julio de 1936 es expulsado de la casa de la abadía y obligado a dejar la ciudad. Estuvo primero en Piles, luego en Valencia, y tomó el tren en Alcoy para ir a su pueblo natal pero al pasar por Játiva fue reconocido y arrestado, compareciendo ante el Comité. Luego de quitarle cuanto llevaba encima, hicieron comparecer al sacristán de la catedral, al que obligaron a entregar un cheque que el abad le había dado para pagar a los sacerdotes y servidores de la Colegiata. Simularon dejarle libre para que se fuera a su pueblo, pero poco después era recogido en un coche y llevado al término municipal de Llosa de Ranes donde lo fusilaron. Era el 19 de agosto de 1936. En 1956 sus restos mortales fueron llevados desde el cementerio de Llosa de Ranes hasta la Colegiata de Játiva, donde recibieron honrosa sepultura. Fue beatificado el 11 de marzo de 2001 por el papa Juan Pablo II.
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OTROS SANTOS DEL DÍA:

Sara. M. c. 2000 a. C. (Antiguo Testamento). Iglesia copta.
Esposa de Abraham y madre de Isaac. Aparce en el libro del Génesis con el nombre de Sarai, que Dios le cambiará por el de Sara (princesa) (Gén 17, 15). La Biblia pone en evidencia su esterilidad para hacer resaltar la fe y la obediencia de Abrahán. Dios la bendecirá al hacerla madre de muchos pueblos en su hijo Isaac y la dotará de una gran belleza.

Para el Nuevo Testamento, Sara sirve de ejemplo a todos aquellos que son llamados a la fe (Heb 11, 11); fue instrumento de las promesas de Dios (Rom 9,9); fue modelo de piedad y de obediencia conyugal para las esposas cristianas (1Pe 3, 6); Sara e Isaac prefiguran la libertad de los cristianos hijos de la promesa (Gál 4, 21-51). Sara murió en Hebrón y fue sepultada en dicho lugar. Los martirologios romanos no le han concedido ninguna fiesta, en cambio aparece en el Sinaxario de la Iglesia etíope y en el de la Iglesia ortodoxa.

San Magno. s. III.
Son muy inciertas las noticias que tenemos de este san Magno, venerado en un conocido santuario de las montañas de Cúneo, en el territorio de Castelmagno.
La tradición local lo identifica como uno de los soldados pertenecientes a la famosa Legión Tebana, capitaneada por san Mauricio, que huyó a la masacre en Agauno en Suiza y se refugió en los montes piamonteses. Parece que predicó el Evangelio en aquellos pueblos alpinos, donde alcanzado por sus perseguidores fue martirizado; su cuerpo fue sepultado donde hoy está la iglesia a él dedicada.

San Magno de Agnani. M. 250.
Martirologio Romano: En el lugar denominado «Fabrateria Vetus», cerca de Ceccano, en el Lacio, san Magno, mártir.
En el antiguo Martirologio se le presenta como un obispo martirizado durante la persecución de Decio: en realidad parece ser que es un doble de san Andrés, tribuno, llamado el "Megalomártir" y llamado en los martirologios "Andreas Tribunus Magnus Martiri". Evidentemente un compilador puso una coma después de la palabra Tribunus y así hizo dos mártires de uno solo. Es un doble de san Magno de Oderzo. Patrón de Agnani.




San Timoteo de Gaza. M. 303.
Martirologio Romano: En Gaza, en Palestina, san Timoteo, mártir, que en la persecución realizada por el emperador Diocleciano y el prefecto Urbano, después de sufrir victoriosamente muchos tormentos, fue quemado a fuego lento.
Mártir junto con Tecla y Agapio. Era obispo de Gaza en Palestina, fue quemado vivo en su sede episcopal, durante la persecución de Diocleciano y siendo prefecto Urbano. Tecla fue arrojada a la fieras y Agapito arrojado al mar.

San Magín de Tarragona. M. c. 304.
Martirologio Romano: En la región de Tarragona, en Hispania, san Magín (Magí), mártir.
Se dice que era descendiente de la sangre real de Borgoña. Asceta tarraconense en el monte de Brufagaña, inmediatamente se extendió su fama de santidad, fama que llegó a oídos del gobernador de Tarragona, quien, teniendo una hija enferma, le mandó curarla, y así lo hizo. Durante la persecución fue detenido y martirizado con una hoz dentada que lo decapitó durante la persecución de Diocleciano. Su vida está envuelta en la leyenda. Patrón de Tarragona.





San Donato de Sisteron. M. c. 535.
Martirologio Romano: En la localidad de Sisteron, en Francia, san Donato, presbítero, del que se dice que llevó vida de anacoreta durante largos años.
Según una Vita de poco valor histórico dice que era natural de Orleans. Después de realizar los estudios sacros, aceptó el diaconado y después fue ordenado sacerdote. Después de una peregrinación a la tumba de san Martín de Tours, se estableció, deseando una vida más perfecta, en las cercanías de Sisteron, en la falda del Jura, alternando la penitencia con el apostolado.

Su vida está rodeada de muchas leyendas. Celso, un pagano, que le había perseguido, se convirtió porque su hija fue milagrosamente sanada. Donato murió asistido por su amigo san Mario de Orleans, abad de Val Benoit o de Bodon.

San Bertulfo de Bobbio. M. 640.
Martirologio Romano: En el monasterio de Bobbio, en la Liguria, san Bertulfo, abad, sucesor de san Atalas en el gobierno del mismo cenobio.
De origen franca. Convertido al cristianismo por su pariente a san Arnulfo, obispo de Metz. Se hizo monje en la abadía de Luxeuil, cuando era abad san Eustaquio; después se trasladó a Bobbio donde fue elegido abad a la muerte de san Atalas (627). Se le recuerda especialmente porque obtuvo del papa Honorio I, la exención de su abadía de la jurisdicción episcopal, es el primer caso de la historia de la Iglesia que se recuerde.


San Magno de Aviñón. M. 660.
Nació en Aviñón. Fue nombrado gobernador de la ciudad; después de la muerte de su esposa, ingresó en el convento de Lerins, donde estaba su hijo san Agrícola de Aviñón, y fue nombrado obispo de Aviñón en el 656. Parece que no ha existido porque aparece en un documento del 1458, aunque en el concilio de Chalôns-sur-Saone, (630) aparece un obispo de nombre Magno, abad de Lerins.

San Sebaldo de Nüremberg. M. c. 770.
Martirologio Romano: En Nüremberg, en la Franconia, de Alemania, san Sebaldo, eremita.
La leyenda dice que era natural de Dacia, actual Rumanía, y que había vivido en su juventud en París. Se casó con una princesa, pero en la noche de bodas abandonó a su mujer y emprendió una peregrinación a Roma, y el papa le encargó la evangelización de Alemania. Primero fue ermitaño en Vicenza, después colaborador de san Wilebaldo en Reinchswal; fue probablemente un misionero anglosajón. Murió en Nüremberg. Patrón de Nüremberg.




León II de Cava. Beato. (1239-1295).
Martirologio Romano: En el monasterio de Cava, en la Campania, beato León II, abad.
XIVº abad benedictino de La Cava (Nápoles) (1268-1295), sucediendo al abad reformador Amico. Participó en el Concilio de Lyon en el 1274, en aquella ocasión visitó la abadía de Cluny.
El papa Gregorio X que lo encontró en Lyon le concedió una Bula de confirmación, para todos los privilegios que ya se habían dado a la abadía por sus predecesores.

Entre sus decisiones más importantes fue la construcción de una nueva iglesia e un bellísimo claustro; hizo copiar en el “scriptorium” de la abadía, muchos manuscritos de textos importantes, elegidos con competencia. Murió con apenas 56 años con fama de santidad; fue sepultado en la iglesia abacial, delante del altar mayor; posteriormente fueron trasladados en la “grotta Arsicia”, primer lugar del eremitorio del fundador de la abadía san Alfiero, y colocado en una pared lateral.
Su culto, proseguido como beato a través de los siglos, fue confirmado por Pío XI el 16 de mayo de 1928, junto a los otros santos y beatos abades de «Trinidad de Cava».

Ángel de Acquapagana. Beato. (1271-1313).
Martirologio Romano: En Acquapagana, en el Piceno, de Italia, beato Ángel, eremita de la Orden de los Camaldulenses.
A los 24 años entró en la ermita camaldulense de San Salvador de Acquapagana, en calidad de monje convergido. Después de una larga permanencia a Valdicastro, volvió a Acquapagana, dónde vivió en soledad dentro de una gruta en los aprietas monasterio. Su cuerpo es venerado en la iglesia del antiguo monasterio territorial de Montecavallo.





Damián de Hagi. Beato. M. 1605.
Martirologio Romano: En Hagi, Japón, beato Damián, catequista ciego, que muere decapitado, de rodillas y orando, por defender y propagar la fe.
Catequista, que murió mártir en Yamaguchi (Japón) con cerca de 45 años. El catequista ciego Damián muere también decapitado, de rodillas y orando, por defender y propagar la fe. Su cuerpo fue mutilado y arrojado al río por los verdugos, con la intención de hacer desaparecer los restos, de donde los cristianos rescataron la cabeza para enviarla a Nagasaki. Los perseguidores intentaban conseguir la apostasía. Hay que notar en este caso y en algunos otros, la acción persecutoria de algunos bonzos de una secta budista, que instigaron a los gobernantes.

Este catequista ciego, que se había convertido del budismo, dedicó su vida a la catequesis, con su arte musical y narrativo, llegando a convertir, sólo en un año, a ciento veinte personas, además de dedicarse durante años a fortalecer la fe de los ya cristianos. Con sus cantos y narraciones, el ciego "iluminaba" a todos por el camino de la fe. En el momento en que iba a ser decapitado, le conminaron por tres veces a que apostatara de la fe, pero Damián ofreció su cuello mostrando gran paz y alegría. Sus restos, recuperados por los cristianos, fueron trasladados a Nagasaki y luego a Macao.

Tomás Sitjar Fortiá. Beato. (1866-1936).
Martirologio Romano: En la ciudad de Gandía, en Valencia, de España, beato Tomás Sitjar Fortiá, presbítero de la Compañía de Jesús, Superior de la residencia de Gandía, y mártir, que, en la persecución, derramó su sangre por Cristo en Cruz Blanca, carretera de Albaida a Gandía.
Nació en Gerona. Ingresa en la Compañía en 1880, había sido con anterioridad a su martirio rector del Noviciado y superior de la residencia de Gandía. Mártir en Cruz Blanca, carretera de Albaida a Gandía.
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