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EXALTACIÓND E LA SANTA CRUZ


Alberto de Jerusalén, Santo Obispo
San JUAN GABRIEL TAURINO DUFRESSE
San Gabriel Taurino Dufresse,Obispo y Mártir
Exaltación de la Santa Cruz Fiesta
Materno Santo Obispo
Beato Anastasio Pedro
Pedro de Tarantasia, Santo Obispo
Notburga, Santa Laica Virgen
OTROS SANTOS DEL DÍA
Austrulfo, abad; Cereal, Salustia, Crescenciano, Víctor, Rósula, General, Crescencio, Viator, Casiodoro, Dominada, mártires; Eustoquio, patriarca; Materno, obispo; Plácida, emperatriz.
  • La Exaltación de la santa Cruz, cuando el Emperador Heraclio, vencido el Rey Cosroas, la trasladó de Persia a Jerusalén.
  • En Roma, en la vía Apia, san Cornelio, Papa y Mártir, el cual, en la persecución de Decio, después de haber sido desterrado, fue mandado azotar con plomadas, y luego degollar junto con otros veintiuno de ambos sexos. También el soldado Cereal y su mujer Salustia, a quienes el mismo Cornelio había instruido en la fe, fueron el mismo día decapitados.
  • En África, el martirio de san Cipriano, Obispo de Cartago, esclarecidísimo en santidad y doctrina, el cual, imperando Valeriano y Galieno, al cabo de un penoso destierro, cortada la cabeza consumó el martirio a seis millas de Cartago, junto al mar. La memoria de dichos santos Cornelio y Cipriano se festeja a 16 de este mes.
  • En Comana del Ponto, el tránsito de san Juan, Obispo de Constantinopla, Confesor y Doctor de la Iglesia, por el río de oro de su Elocuencia apellidado Crisóstomo; el cual, desterrado por la facción de sus enemigos, yllamado del destierro por decreto del Papa san Inocencio I, a causa de los malos tratamientos que ledieron sus guardas, entregó en el camino su alma a Dios. Su festividad se celebra el 27 de Enero, día en que su sagrado cuerpo fue trasladado por Teodosio el Joven a Constantinopla. A este preclarísimo predicador de la divina palabra declaró y constituyó el Papa Pío X celestial Patrono de los Oradores sagrados.
  • En Tréveris, san Materno, Obispo, que fue discípulo del Apóstol san Pedro, y convirtió a la fe de Cristo las ciudades de Tongres, Colonia, Tréveris y otros pueblos vecinos.
  • En Roma, el niño san Crescendo, hijo de san Autimio, que en la persecución de Diocleciano, por orden del Juez Turpilio, acabó la vida degollado en la vía Salaria.
  • En África, el suplicio de los santos Mártires Crescenciano, Víctor, Rósula y General.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ
Y cuando haya sido levantado
de la tierra,
todo lo atraeré a Mí.
(Juan, 12, 32).


Cosroes, rey de Persia, se llevó de Jerusalén la Cruz de Jesucristo, y Heraclio, emperador de Oriente, le declaró la guerra. Después de tres victorias debidas a la Santísima Virgen, Heraclio volvió a Jerusalén con la verdadera Cruz. Quiso llevarla en triunfo sobre sus hombros, pero una fuerza invisible lo detuvo a las puertas de la ciudad. El patriarca Zacarías le observó que sus suntuosas vestiduras contrastaban con la pobreza y humildad de Jesucristo. El emperador entonces se quitó su púrpura, su corona y su calzado, para vestir hábito de penitente. Así pudo entrar en la ciudad y llevar la Cruz hasta la cumbre del Calvario, el año 629.

MEDITACIÓN SOBRE LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

I. El amor a la Cruz nos levanta sobre las creaturas. Un hombre que ame los sufrimientos está al abrigo de los azares de la fortuna: la enfermedad, la pobreza o la deshonra no podrían turbar su paz. ¿Por qué? Porque él desea las aflicciones y las sufre con alegría por amor a Jesucristo. Todo lo que para ti es motivo de temor y de tristeza para él es una dicha. El cristiano puede parecer desdichado, nunca la es. (Minucio Félix)

.II. El que ama la Cruz está por sobre si mismo. No es ya un hombre sometido a sus pasiones, tiranizado por la concupiscencia, afeminado por las delicias. No tiene más que un solo deseo, el de sufrir; y como en esta vida las ocasiones de sufrir se encuentran a cada paso, siempre está contento y gozoso.

III. El que ama la Cruz se asemeja a Jesús crucificado; lo contempla, y se alegra viendo que los sufrimientos lo hacen fiel imagen del Salvador. Está crucificado para el mundo, y muerto para sí mismo. Sujétame a la cruz, oh Jesús mío, sin tener en cuenta las repugnancias de mi carne; porque os debo mi alma y mi cuerpo, como a mi Redentor. ¡Que mi cuerpo sea, pues, crucificado, coronado de espinas y semejante a ese Cuerpo adorable que Vos ofrecéis al eterno Padre por mí! Si debes tu cuerpo a Jesús dáselo, si puedes, tal como Él te ha dado el suyo. (Tertuliano)

El amor a la cruz
Orad por las almas del Purgatorio.

ORACIÓN

Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la solemnidad de la Exaltación de la Santa Cruz, haced, os lo suplicamos, que después de haber conocido su misterio en la tierra, merezcamos ir al cielo a gustar los frutos de su Redenci6n. Por J. C. N. S. Amén.

http://www.aciprensa.com/podcast/santo/setiembre14-07exaltaciondelacruz.mp3





Autor: evangeliodeldia.org | Fuente: Catholic.net
Exaltación de la Santa Cruz, Fiesta

Hacia el año 320 la Emperatriz Elena de Constantinopla encontró la Vera Cruz, la cruz en que murió Nuestro Señor Jesucristo, La Emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el sitio del descubrimiento la Basílica del Santo Sepulcro, en el que guardaron la reliquia.

Años después, el rey Cosroes II de Persia, en el 614 invadió y conquistó Jerusalén y se llevó la Cruz poniéndola bajo los pies de su trono como signo de su desprecio por el cristianismo. Pero en el 628 el emperador Heraclio logró derrotarlo y recuperó la Cruz y la llevó de nuevo a Jerusalén el 14 de septiembre de ese mismo año. Para ello se realizó una ceremonia en la que la Cruz fuellevada en persona por el emperador a través de la ciudad. Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Vera Cruz.

El cristianismo es un mensaje de amor. ¿Por qué entonces exaltar la Cruz? Además la Resurrección, más que la Cruz, da sentido a nuestra vida.

Pero ahí está la Cruz, el escándalo de la Cruz, de San Pablo. Nosotros no hubiéramos introducido la Cruz. Pero los caminos de Dios son diferentes. Los apóstoles la rechazaban. Y nosotros también.

La Cruz es fruto de la libertad y amor de Jesús. No era necesaria. Jesús la ha querido para mostrarnos su amor y su solidaridad con el dolor humano. Para compartir nuestro dolor y hacerlo redentor.

Jesús no ha venido a suprimir el sufrimiento: el sufrimiento seguirá presente entre nosotros. Tampoco ha venido para explicarlo: seguirá siendo un misterio. Ha venido para acompañarlo con su presencia. En presencia del dolor y muerte de Jesús, el Santo, el Inocente, el Cordero de Dios, no podemos rebelarnos ante nuestro sufrimiento ni ante el sufrimiento de los inocentes, aunque siga siendo un tremendo misterio.

Jesús, en plena juventud, es eliminado y lo acepta para abrirnos el paraíso con la fuerza de su bondad: "En plenitud de vida y de sendero dio el paso hacia la muerte porque El quiso. Mirad, de par en par, el paraíso, abierto por la fuerza de un Cordero" (Himno de Laudes).

En toda su vida Jesús no hizo más que bajar: en la Encarnación, en Belén, en el destierro. Perseguido, humillado, condenado. Sólo sube para ir a la Cruz. Y en ella está elevado, como la serpiente en el desierto, para que le veamos mejor, para atraernos e infundirnos esperanza. Pues Jesús no nos salva desde fuera, como por arte de magia, sino compartiendo nuestros problemas. Jesús no está en la Cruz para adoctrinarnos olímpicamente, con palabras, sino para compartir nuestro dolor solidariamente.

Pero el discípulo no es de mejor condición que el maestro, dice Jesús. Y añade: "El que quiera venirse conmigo, que reniegue de sí mismo, que cargue con su cruz y me siga". Es fácil seguir a Jesús en Belén, en el Tabor. ¡Qué bien estamos aquí!, decía Pedro. En Getsemaní se duerme, y, luego le niega.

"No se va al cielo hoy ni de aquí a veinte años. Se va cuando se es pobre y se está crucificado" (León Bloy). "Sube a mi Cruz. Yo no he bajado de ella todavía" (El Señor a Juan de la Cruz). No tengamos miedo. La Cruz es un signo más, enriquece, no es un signo menos. El sufrir pasa, el haber sufrido -la madurez adquirida en el dolor- no pasa jamás. La Cruz son dos palos que se cruzan: si acomodamos nuestra voluntad a la de Dios, pesa menos. Si besamos la Cruz de Jesús, besemos la nuestra, astilla de la suya.

Es la ambigüedad del dolor. El que no sufre, queda inmaduro. El que lo acepta, se santifica. El que lo rechaza, se amarga y se rebela.

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La Exaltación de la Santa Cruz

Himno (laudes)

Brille la cruz del Verbo luminosa,
Brille como la carne sacratísima
De aquel Jesús nacido de la Virgen
Que en la gloria del Padre vive y brilla.

Gemía Adán, doliente y conturbado,
Lágrimas Eva junto a Adán vertía;
Brillen sus rostros por la cruz gloriosa,
Cruz que se enciende cuándo el Verbo expira.

¡ Salve cruz de los montes y caminos,
junto al enfermo suave medicina,
regio trono de Cristo en las familias,
cruz de nuestra fe, salve, cruz bendita!

Reine el señor crucificado,
Levantando la cruz donde moría;
Nuestros enfermos ojos buscan luz,
Nuestros labios, el río de la vida.

Te adoramos, oh cruz que fabricamos,
Pecadores, con manos deicidas;
Te adoramos, ornato del Señor,
Sacramento de nuestra eterna dicha. Amén

ORACIÓN

. Señor, Dios nuestro, que has querido salvar a los hombres por medio de tu Hijo muerto en la cruz, te pedimos, ya que nos has dado a conocer en la tierra la fuerza misteriosa de la Cruz de Cristo, que podamos alcanzar en el cielo los frutos de la redención. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.-

Himno (vísperas)

Las banderas reales se adelantan
Y las cruz misteriosa en ellas brilla:
La cruz en que la vida sufrió muerte
Y en que, sufriendo muerte, nos dio vida.

Ella sostuvo el sacrosanto cuerpo
Que, al ser herido por la lanza dura,
Derramó sangre y agua en abundancia
Para lavar con ellas nuestras culpas.

En ella se cumplió perfectamente
Lo que David profetizó en su verso,
Cuándo dijo a los pueblos de la tierra:
“ Nuestro Dios reinará desde un madero”.

¡Árbol lleno de luz, árbol hermoso,
árbol hornado con la regia púrpura
y destinado a que su tronco digno
sintiera el roce de la carne pura!

¡Dichosa cruz que con tus brazos firmes,
en que estuvo colgado nuestro precio,
fuiste balanza para el cuerpo santo
que arrebató su presa a los infiernos!

A ti, que eres la única esperanza,
Te ensalzamos, oh cruz, y te rogamos
Que acrecientes la gracia de los justos
Y borres los delitos de los malos.

Recibe, oh Trinidad, fuente salubre
La alabanza de todos los espíritus,
Y tú que con tu cruz nos das el triunfo,
Añádenos el premio, oh Jesucristo. Amén
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Fuente: Lasalle.org // Sallep.net
Anastasio Pedro (Pedro Bruch Cortecáns), BeatoBeato Anastasio Pedro (Pedro Bruch Cortecáns),Religioso y Mártir
Martirologio Romano En territorio de la Arquidiócesis de Madrid, España, Beatos Alberto María Marco y Alemán y 8 compañeros de la Orden de los Carmelitas de la Antigua Observancia; Agustín María García Tribaldos y 15 compañeros del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, asesinados por odio a la fe. († 1936-1937)

Fecha de beatificación: 13 de octubre de 2013, durante el pontificado de S.S. Francisco.

El joven Pedro Bruch se animó a ser Hno. de las Escuelas Cristianas por el ejemplo de su hermano mayor, el venerado Hno. Amancio, fallecido en Bilbao a edad avanzada, después de fructuoso apostolado. Ingresó en el Noviciado, de Béziers. Desde el primer momento se ganó la universal simpatía por su juicio recto y por la bondad de su carácter, cualidades características de toda su vida.

Su imperturbable buen humor y el encanto de su sonrisa le valieron el gracioso apelativo de "Don Pedro” con el que era corrientemente conocido. Terminada su probación, el Hno. Atanasio Pedro, pues este fue el nombre que se le asignó en su toma de Hábito, hizo sus primeros ensayos apostólicos en el Colegio de San José, de la calle Moncada, en Barcelona.

Noventa críos esperaban en la clase a este Hermano principiante de sólo diecisiete años. Fue necesario todo su celo y energía para dominar tal batallón. Gracias a su constante amabilidad, a su mirada acogedora, a su palabra breve y concisa, logró sin tardar, con la divina gracia implorada en sus frecuentes visitas a la capilla, ser como el reyezuelo queridísimo de sus pequeñitos. Los padres alababan a una las habilidades pedagógicas del afectuoso profesorcito.

Su traslado fue universalmente sentido. Después de una corta estancia en el Noviciado, fue en enviado a Manlleu. Inmediatamente se puso al servicio de todos con su habitual entusiasmo, acompañado de la sonrisa que emanaba de su alma tranquila y serena. Su juventud vigorosa le permitió dedicarse a múltiples trabajos. Después de corregir las tareas y preparar las clases, ayudaba a sus Hermanos en los pequeños trabajos comunes. El Hno. Director creía halagarle cambiándole de ocupación y por eso lo hacia con toda consideración.

Tanto empeño en el trabajo acabó por alterar su salud. El Hno. Visitador le envió, en plan de descanso, de nuevo al Noviciado de Madrid. Su permanencia allí fue de nuevo corta. A la muerte de un Hermano en Jerez, fue enviado a reemplazarlo. El clima de Andalucía, más propicio a su salud le permitió trabajar durante siete años en aquel ambiente tan rico en bondad y sacrificio.

A continuación fue enviado a Madrid como Director de la Escuela de San Rafael. La experiencia adquirida en medios tan distintos le permitió superar las dificultades de la dirección del establecimiento. Situada la Escuela en un barrio pobre de la capital, vivía de las ayudas que manos generosas del lugar consagraban al sostenimiento de la enseñanza católica. Pero España acababa de perder las ricas colonias de las Antillas 1898 y sufría una crisis financiera que obligó a los católicos, aún a los más generosos, a restringir sus limosnas. Por ello numerosas obras caritativas, entre ellas los establecimientos de enseñanza, comenzaron a sentir dificultades. Ante las necesidades más urgentes, el animoso Director se esforzaba sin medida. A ejemplo del Santo Fundador después de las clases, se iba a una iglesia próxima a pedir al Señor, que alimenta a los pájaros, el pan cotidiano para los que enseñaban el "camino de la justicia”. Poniendo en práctica el conocido adagio: "Ayúdate y Dios te ayudará", después de implorar el divino auxilio, visitaba a las familias pudientes y volvía con consoladoras promesas y socorros que bastaban, a lo menos por el momento, para resolver la economía de la Comunidad. Estimulados por el valor indomable de su Director, los Hermanos sobrellevaban alegremente los rigores de la pobreza. Si algún día quedaba un trozo de pan sobre la mesa, el Hno. Anastasio Pedro lo recogía humildemente para comerlo él en la refección siguiente, mientras los Hermanos consumían el pan reciente. "Encuentro tan buenos estos restos de la mesa de la Providencia..", decía graciosamente.

Bajo apariencia humilde, el Hermano ocultaba un alma valiente y muy unida a Dios. Se apresuraba al primer sonido del despertador para ir a la capilla, donde los Hermanos le encontraban en ferviente oración con frecuencia. Añadía a sus ardientes oraciones las privaciones voluntarias, las cuales el añadía a la escasez que padecía la Comunidad. Los que le conocían de cerca sabían de sus cilicios y disciplinas.

Sin embargo el cielo parecía sordo a sus súplicas y mortificaciones. La penuria de la Comunidad se agrandaba de día en día. Las mejores puertas y las más numerosas se cerraban ante él. Fue una prueba dura. La Escuela cambió varias veces de lugar, sin lograr mejoras materiales. Y cada día se acentuaba su carga para el Distrito. El Consejo administrativo tomó la decisión de cerrar el establecimiento. No sin tristeza, el Hno. Visitador notificó la decisión al Hno. Asistente, Louis de Poissy. El prudente Superior, que conocía el heroísmo de la Comunidad, respondió inmediatamente: "Puede usted cerrar todas las casas de Madrid, pero no toque la de San Rafael".

Y así se hizo. La Providencia había a su vez, recompensando la admirable confianza del Superior mayor y la del Director local, ofrecido un camino. Un insigne bienhechor del Instituto de los Hermanos, entusiasta de la enseñanza cristiana, vino por aquellas fechas de Cádiz a Madrid. Era Su Excelencia Monseñor Félix Soto Mancera, promovido años más tarde para Obispo de Badajoz. El Hermano Anastasio Pedro no tardó. en granjearse las simpatías del celoso y piadoso prelado. Y fue él quien, admirado de la abnegación de los Hermanos de San Rafael, puso en juego su ardiente caridad y su influencia considerable para interesar en esta obra a punto de extinguirse a la Señora Condesa de Torreanaz, quien salvó a la Escuela de la ruina con la generosidad que siempre habla tenido con los Hermanos.

Esta señora deseaba vivamente perpetuar por un gran testimonio de caridad la memoria de su marido, celoso protector de las escuelas cristianas. Compartió plenamente los proyectos de Monseñor Soto. Adquirió un vasto solar y edificó a sus expensas un verdadero palacio escolar, el más hermoso entonces de la capital. Además aseguró la renta necesaria al sostenimiento de la comunidad.

El diligente Director permaneció largos años al frente de la casa. Liberado en adelante de las preocupaciones materiales, pudo dedicarse en exclusividad a la dirección de su importante institución y a la de las obras postescolares que allí funcionaron. Siguió entre los Hermanos siendo lo que nunca dejó de ser: el ejemplo vivo de regularidad y de fidelidad a todas sus obligaciones. Enérgico y fervoroso en la capilla, no consentía allí la somnolencia durante la meditación. Las Reglas y los sostenes del Instituto eran los temas preferidos de sus conferencias dominicales.

Trabajador infatigable, participaba en todas las labores comunes en las Comunidades poco numerosas. Las vísperas de las fiestas él mismo adornaba la capilla y el salón de actos para las representaciones teatrales. Su paternal solicitud por mantener entre los Hermanos verdadero espíritu de familia no le impedía atender al fin exterior, pero esencial del instituto de La Salle: la instrucción cristiana de la juventud, Cada clase tenía su plan de estudios y el Hno. Director velaba con particular atención para que se cumpliera, mediante intervenciones estimulantes.

De tiempo en tiempo daba él mismo la lección de catecismo en una clase o hacia la reflexión en otra, mientras que los más pequeños se gozaban en tenerle todos los días algún rato. El mismo preparaba las composiciones de aritmética o de gramática y dejaba de lado toda otra ocupación en los exámenes mensuales, para asistir a las pruebas orales, a lo menos en algunas clases.

Los Hermanos recién salidos del Escolasticado eran objeto de su particular dedicación. Los primeros meses los guiaba como de la mano con consejos prácticos y, si no bastaban, asumía él mismo la dirección de la clase, confiando al joven una división y, a medida que el nuevo maestro adquiría la experiencia conveniente, el prudente Director se retiraba progresivamente.

Su larga permanencia en Madrid y sus notables cualidades pedagógicas y religiosas le dieron considerable notoriedad en el barrio. El aprovechó la oportunidad para crear un Patronato pronto floreciente. Jóvenes de toda condición venían los domingos a la misa de la Escuela y oían una alocución apropiada. Por la tarde volvían para leen para divertirse en el patio, o para instruirse con los cursos esmeradamente preparados. El rezo del Rosario y la Exposición del Santísimo cerraban santamente el día. Otras veces se organizaban sesiones recreativas o interesantes conferencias.

Otra obra que promocionó el Hermano Anastasio Pedro fue la Asociación de Padres de familia, destinada a asegurar la enseñanza cristiana y defenderla de un poder arbitrariamente sectario. Robustecida esta Asociación, supo ingeniarse para salvar su Escuela en las abominaciones consumadas por la horda incendiaria de 1931, de la que fueron victimas los grandes Colegios de España y que creó una ola de terror en tantos corazones.

Después de una estancia en la zona minera de Asturias, donde dejó el recuerdo de su prodigiosa abnegación en favor de los humildes, el Hermano volvió a Madrid, teatro de su heroica entrega, pero también de su triunfo, pues allí esperaba el Señor a este siervo insigne para darle una corona digna de sus méritos. ¿Podían los enemigos de Dios y de la patria perdonar a este Santo religioso su total entrega al servicio de las almas de la clase obrera?

Los Hermanos de la Comunidad de San Rafael vieron cómo de repente una banda de asesinos expresidiarios, invadía el gran patio del Colegio, con una gran descarga de sus fusiles, y tomaban por asalto la casa. Nos preguntamos cómo los Hermanos pudieron librarse de tan gran peligro. En cuanto cesó la descarga criminal, pasaron a toda prisa a la casa cercana de unos amigos del Centro. Allí permanecieron un solo día, alejándose lo antes posible del barrio, en el que eran muy conocidos.

El Hno. Director, acompañado de otro Hermano, se refugió en la casa de un Antiguo Alumno, llamado White. Permanecieron algunos días así recogidos. Luego se acomodaron en una pensión de la calle "Bárbara de Braganza". Allí vinieron a buscarles, para conducirlos a la cheka del Ministerio de Obras Públicas. Ante su petición de proveerse de lo necesario para su arreglo personal, uno de los milicianos les respondió cínicamente: "¿Para qué? Os hemos detenido para fusilaros". Pero no fue así, pues a los tres días fueron liberados.

El paternal Superior, desde que logró fijar su domicilio, se preocupó por saber lo que había sucedido a cada uno de los Hermanos, a fin de ayudarles en la medida de sus posibilidades. En cuanto se enteraba de una dirección, se apresuraba a ofrecer sus servicios, prodigándose de tal modo en su afán caritativo que uno de sus Hermanos creyó bueno aconsejarle mayor prudencia. Entonces se entendió con un joven de su entera confianza para servirle de intermediario.

Un día, cuando este joven llevaba una pequeña ayuda a uno de los Hermanos de San Rafael, fue detenido bruscamente por agentes de la FAI (Federación Anarquista Ibérica) y obligado a declarar de dónde procedía el dinero que llevaba. Al instante los revolucionarios se dirigieron a la pensión indicada, detuvieron al Hermano Anastasio Pedro y .... ¡misterio!

¿Qué hicieron de su presa? Se adivina fácilmente cuando se conoce la rabia que animaba a los asesinos. El desgraciado joven cayó también ante las balas de aquellos forajidos, poco después de la detención del Hno. Director.

Su cuerpo fue identificado por su familia en el pueblo de Hortaleza, cercano a Madrid, lo que nos hace presumir que allí mismo fuera fusilado el Hno. Anastasio Pedro. Su detención fue el 14 de Septiembre de 1936. Tenía 67 años, 52 de vida religiosa y 39 de profesión perpetua.

Este grupo de mártires está integrado por:

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Fuente: Enciclopedia Católica
San Notburga, Laica VirgenPatrona de los sirvientes y campesinos
Martirologio Romano:
En la localidad de Eben, en el Tirol, santa Notburga, virgen, cuya dedicación a las labores domésticas y al servicio de Cristo en los pobres fue ejemplo de santidad para sus compatriotas (1313).

Fecha de canonización: Su culto fue confirmado por el Papa Pío IX el 22 de marzo de 1862.

Nació en 1265 en Rattenberg, y murió el 16 de septiembre del año de 1313. Ella fue una cocinera en la familia del Conde Henry de Rothenburg, y acostumbraba dar comida a los pobres. Pero Ottilia, su ama, le ordenó que alimentara a los cerdos con cualquier remanente de alimento que quedara. La santa por lo tanto, llegó a resguardar algo de su propio alimento, especialmente los días viernes, para darlo a los pobres.

Un día, de conformidad con la leyenda, su amo la encontró y le ordenó que le mostrara lo que ella estaba llevando. Ella obedeció, pero en lugar del alimento lo que él vio fueron tajadas, y el vino se había convertido en vinagre. A partir de esto, Ottilia la despidió, pero la ama cayó enferma, casi inmediatamente de esto. Debido a ello, Norburga permaneció como enfermera, a su lado, preparándola para la muerte.

Notburga entró luego al servicio de un campesino en el pueblo de Eben, a condición de que ella pudiera ir a la iglesia en las tardes o noches, especialmente domingos y días festivos. Una tarde su amo le requirió que continuara trabajando en el campo. Lanzando su hoz en el aire, ella dijo: “dejemos que mi hoz sea quien decida entre usted o yo”, y se dice que la hoz se quedó suspendida en el aire. Mientras tanto el Conde Henry de Rothenburg, estaba llegando a tener muchas cosas desafortunadas, desde que se despidió a Norburga. En vista de esto, el conde volvió a tener a la santa y las cosas mejoraron en la casa.

Un poco de la muerte de la santa, ella le pidió a su amo que colocara su cuerpo en un vagón, que debía ser tirado por dos bueyes, y que se le enterrara en el lugar donde los bueyes se detuvieran. Los bueyes condujeron el vagón hasta la capilla de San Rupero, cerca de Eben, donde ella fue enterrada.

El culto de la santa fue ratificado el 27 de marzo de 1862, y su festividad se celebra el 14 de septiembre. A ella generalmente se le representa con una mazorca de maíz, o flores, y una hoz en su mano. A veces también se le representa con una hoz suspendida en el aire.

Su legendaria vida fue compilada en alemán, por Guarinoni en 1646.
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San Gabriel Taurino Dufresse,Obispo y Mártir
Martirologio Romano: En la ciudad de Chengtu, de la provincia de Sichuan, en China, san Gabriel Taurino Dufresse, obispo y mártir, degollado cruelmente después de una plena dedicación a la actividad ministerial durante cuarenta años (1815).

Fecha de canonización: León XIII le beatificó el 27 mayo 1900. Fue canonizado el 1 de Octubre de 2000 por Juan Pablo II junto a otros 119 mártires en China.

Después de las dificultades encontradas por los jesuitas en China en los siglos XVII y XVIII, se abre una nueva fase en el siglo XIX. Sacerdotes de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París, mártires en China, Vietnam y en Corea durante ese siglo, fueron beatificados en 1900 y en 1909. Desde el siglo XVII, la Sociedad de Misiones Extranjeras de París ha enviado a Asia más de 4500 sacerdotes.

El Beato Gabriel Taurino Dufresse, fue uno de ellos. Nació en el año 1750 en Lezoux (diócesis de Clermont), Francia. De familia católica, recibió una esmerada educación religiosa. Durante sus estudios de adolescente se enteró de las misiones extranjeras en París; esto lo motivó a definir su vocación e ingresar al seminario, hasta ser ordenado sacerdote en 1774. Después de ejercer por un año el ministerio en su país, fue enviado a China en misión evangelizadora.

Viajó a Macao en 1776, donde, disfrazado para evitar las persecuciones paganas, se adentró en territorio chino y, meses más tarde, llegó a Pekín, ciudad en la que fue descubierto, encarcelado y desterrado. Sin embargo, su celo pastoral lo hizo regresar en 1789 y, encubierto, continuó catequizando. Por sus méritos, fue consagrado obispo de Tabraca en 1800, continuando con su celosa dedicación al apostolado. Su vasta obra misionera, desde su primer viaje, se extendió por espacio de cuarenta años, incrementando el número de fieles y catecúmenos y fomentando el clero nativo.

Reunió un sínodo diocesano, cuyas deliberaciones tuvieron gran difusión entre los misioneros. Por todo lo anterior y la delación de un apóstata, las autoridades paganas lo apresaron en 1815, lo condujeron a Chengdu y lo sentenciaron a morir decapitado en Chengtu, coronando así con el martirio su trabajo misionero, sentencia que se cumplió el 14 de septiembre de 1815.

Se le reconoce como el "gran Obispo del oeste de China".
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San PËDRO DE TARANTASIA
Martirologio Romano: En el monasterio de Bellevaux, en la región de Besançon, en Francia, tránsito de san Pedro, obispo, que, siendo abad cisterciense, fue promovido a la sede de Tarantasia, rigiéndola con fervorosa diligencia y esforzado fomento de la concordia entre los pueblos (1174).

Etimológicamente: Pedro = Aquel que es firme como la piedra, es de origen latino.

Fecha de canonización: Su canonización la realizó en 1191 el Papa Clemente III

Nació en Saboya, en el Bourg de Saint Maurice, cerca de Vienne. Fue hijo de labradores y también debería ser labrador en el futuro, ya que el primogénito Lamberto se dedicaría a los estudios, pero su inteligencia desde pequeño hizo que también ocupara los duros bancos del cultivo intelectual y se enfrentara con los pergaminos para leer latín y griego, adquirir las nociones de filosofía y familiarizarse con los escritos de los Padres antiguos, la Sagrada Escritura y los cánones de la Iglesia.

A los veinte años comunica a su padre los deseos de entrar en la vida contemplativa y dedicarse a las cosas de Dios en el silencio del recién fundado monasterio cisterciense de Boneval.

La primera generosidad del padre se ve premiada con la vocación de todos los miembros de la familia a la vida contemplativa; los varones se van incorporando sucesivamente al mismo monasterio, incluido el padre, y las hembras van pasando a ocupar el recoleto recinto del convento de religiosas, sin que falte la madre.

Proliferan las vocaciones; no hay sitio en el convento; nacen nuevos monasterios. El abad de Boneval establece una nueva casa en la ladera de los Alpes, donde confluyen los pasos y caminos, que recibe el nombre simbólico de Estamedio y allí va nombrado como abad Pedro. Pronto corren las voces que hablan de las virtudes del joven abad por el ducado de Saboya y por el contiguo Delfinado.

Al morir el obispo de Tarantasia (Tarentaise o Tarantaise) en la provincia saboyana en cuyo territorio está afincado el monasterio-hospital de Estamedio, el clamor popular clama porque ocupe la sede el abad; parece que el papa aprueba y nombra a Pedro que sigue resistiéndose a mudar la paz del claustro por los asuntos episcopales. Hace falta que el clero y el pueblo acudan al Capítulo General de la Orden del Císter para pedir a Bernardo que le mande aceptara

Así se ha convertido Pedro en obispo de la diócesis más abandonada del mundo que parece encerrar todos los males de la época: la dureza del régimen feudal, fermentos de herejía, hurtos, simonía, flaquezas, codicias y supersticiones. No queda otro remedio que ponerse a rezar, hacer penitencia y tener comprensión que es caridad; son necesarias energía y austeridad para servir de ejemplo a los orgullosos señores y hacerse respetar por los clérigos levantiscos, perezosos y aseglarados que han conseguido fabricar unos fieles indolentes. Piensa que el régimen conventual es la llave del secreto que va a propiciar un cambio a mejor; se levanta para maitines y ya no se vuelve a acostar; su dieta son legumbres cocidas y sin condimentar, aunque las puertas del palacio episcopal están abiertas para el indigente que llama; va y viene a pie de un sitio a otro por su diócesis buscando al pecador arrepentido, consolando al que está apesadumbrados y acompañando a los menesterosos; alguna vez da a un mendigo su propia ropa para mitigar su frío, porque no tiene otra cosa que dar. Deja tras de sí un reguero de paz, incluso monta dos refugios en los abruptos pasos alpinos y encomienda su custodia a los monjes de Estamedio para que sirvieran de abrigo a peregrinos y caminantes.

El fiel cumplimiento de su ministerio episcopal llevado con sacrificio continuado da el normal resultado con la gracia de Dios. El éxito en lo humano es tan grande que tiene miedo de dejarse prender en las redes de la soberbia y toma una decisión espectacular por lo infrecuente. De noche y a escondidas desaparece del palacio episcopal, pasa a Alemania y pide un sitio en una abadía de la Orden como un simple hermano converso, empezando a cargar con los oficios más sencillos y penosos de la casa. Sólo con el paso del tiempo se conoció la verdadera personalidad del famoso y misteriosamente desaparecido obispo de Tarantasia cuya historia llevaban los soldados, mercaderes y juglares por Europa, al ser descubierto por un joven tarantasiano que allí pidió albergue.

Cuando se reincorpora a la sede aún vacante de Tarantasia, interviene en la solución de las tensiones entre los monarcas de Francia e Inglaterra enfrentados por ambiciones personales y por el cisma provocado por el emperador Federico de Alemania a la muerte del papa Adriano IV, queriendo mantener al antipapa Víctor frente al legítimo papa, Alejandro III.

Murió en el 1174, cuando regresaba de una delicada misión encomendada por el papa, como legado suyo, en Francia, Saboya, Lorena e Italia. Enfermó gravemente en la aldea cercana al monasterio cisterciense de Bellvaux. Muy poco tiempo después, en el año 1191, el papa Celestino III lo canonizó
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San ALBERTO DE JERUSALÉN. (c.1149 - 1214).

Martirologio Romano: En Tolemaida (San Juan de Acre), cerca de la actual Haifa, en Palestina, san Alberto, obispo, que, trasladado de la Iglesia de Vercelli a la de Jerusalén, dio una Regla a los eremitas del monte Carmelo y, mientras celebraba la fiesta de la Santa Cruz, fue asesinado por la espada de un malvado, a quien había reprendido.

Nació en Castel Gualtieri, diócesis de Guastalla, o quizás Gualtirolo, en la diócesis de Reggio Emilia. Pertenecía a la familia de los condes de Sabbioneta o de los Avogardo, no se sabe a ciencia cierta. Muy joven huyó del mundo y se retiró a un valle solitario donde había un monasterio de canónigos regulares. En 1180, fue elegido prior del monasterio de Canónigos Regulares de Santa Cruz de Mortara (Pavía), en el que dejó huellas muy profundas, a pesar de que sólo lo dirigió durante cuatro años. Cuentan las crónicas que era el primero en la observancia fraterna.

En 1184, fue elegido obispo de Bobbio; y al año siguiente fue nombrado obispo de Vercelli, gobernó la iglesia durante veinte años con gran prudencia y sabiduría. Los Papas le encomendaron misiones muy delicadas entre reyes y príncipes de diversas naciones y en todas demostró sus enormes cualidades de gran diplomático y conciliador: fue mediador entre Clemente III y Federico Barbarroja, cuyo sucesor, Enrique VI, tomó bajo su protección los bienes eclesiásticos de Vercelli y le constituyó príncipe del Imperio. Por encargo de Inocencio III restableció en 1199 la paz entre Parma y Plasencia, como anteriormente lo había hecho en Vercelli para Milán y Pavía. En este mismo año dictó Estatutos para los Canónigos de Biella. Hacia 1200, decidió en un litigio entre el abad y el preboste de San Ambrosio de Milán. En 1201, se encontraba entre los consejeros para la Regla de los Humillados, transformados en Orden religiosa por Inocencio III. En este periodo de Vercelli tuvo especial importancia el sínodo diocesano celebrado en 1191, de gran valor en su parte disciplinar que ha continuado sirviendo de norma hasta los tiempos modernos.

Al renunciar el cardenal Godofredo al patriarcado de Jerusalén, los canónigos regulares del Santo Sepulcro eligieron como sucesor a Alberto. Les apoyó en esta elección el mismo rey de Lusiñán, Amalrico II, y en el 1205, el papa Inocencio III, confirmaba este nombramiento. A principios de 1206, llegaba a Tierra Santa, pero al no poder habitar en Jerusalén, porque estaba ocupado por los sarracenos, fijó su morada en San Juan de Acre, a pesar de que esta ciudad ya tenía su propio obispo. Durante estos años de Patriarca, continuó gozando de la confianza del papa Inocencio III, quien le encomendó muy delicadas misiones y de todas ellas salió airoso este hábil diplomático: fue mediador de paz entre el rey de Chipre y el de Jerusalén, entre el rey de Armenia y el conde de Trípoli, entre éste y los Templarios, entre el rey de Chipre y su condestable. En el terreno eclesiástico, se opuso al arcediano de Antioquía, al que sustituyó por otro; se enfrentó con el conde de Trípoli que tenía prisionero al patriarca de Antioquía; depuso al patriarca griego intruso e hizo elegir a un nuevo patriarca latino; anuló la elección inválida del arzobispo de Nicosia e hizo elegir a otro; negoció con el sultán de Egipto un intercambio de prisioneros y envió legados al sultán de Damasco para lograr la paz en Tierra Santa.

Hacia el año 1208-1209, escribió la “Norma de vida” (regla) carmelita, dirigida al prior del Monte Carmelo, al que llama B., sin más precisión (después interpretado por san Brocardo) llamada por ello “Regla de San Alberto”. Los carmelitas lo veneran como uno de sus fundadores y su legislador. Mientras presidía en Accon (San Juan de Acre), una procesión, fue apuñalado por el maestro del hospital del Espíritu Santo, al que había reprendido por su mala conducta y depuesto de su cargo.
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SAN MATERNO (¿?-después de 314) nació probablemente en algún lugar de la actual Alemania.

En la vida de este santo confluyen la tradición con los testimonios históricos. San Materno fue el primer obispo de Colonia, Alemania, según documentos que constatan su participación en los sínodos de Roma (313) y de Arlés (314).

Sin embargo, una peculiar leyenda que surgió probablemente a mediados de la Edad Media lo pinta como discípulo de San Pedro Apóstol.

De acuerdo con esta tradición, San Pedro habría enviado a San Materno, junto con San Eucario y San Valerio, a predicar y evangelizar en la Galia, la actual Francia.

Al llegar a Alsacia, empero, San Materno habría muerto súbitamente. Ante esto, sus dos compañeros habrían regresado a toda prisa a Roma, a implorar la ayuda de San Pedro.

Entonces San Pedro les habría entregado su bastón, ellos habrían regresado a Alsacia, y tocando con este bastón el cadáver, que para entonces llevaba ya seis semanas en la tumba, le habrían devuelto la vida a San Materno.

Luego de este milagro, San Materno se habría encaminado a continuación hasta Colonia para establecer y organizar la comunidad cristiana de esa ciudad del imperio romano. Se supone que sobre la iglesia que San Materno mandó edificar, se construyó siglos más tarde la Catedral de Colonia.

Entre las reliquias que se conservan en dicha catedral, se encuentra el supuesto bastón de San Pedro con el que supuestamente San Materno habría resucitado.

Algunas fuentes mencionan también a San Materno como obispo de Trier, donde supuestamente fue enterrado. A San Materno se le suele representar con tres iglesias y tres mitras.

SAN MATERNO nos ofrece un ejemplo de santos medievales con vidas legendarias.
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San JUAN GABRIEL TAURINO DUFRESSE. (1750-1815).Martirologio Romano: En la ciudad de Chengtu, de la provincia de Sichuan, en China, san Juan Gabriel Taurino Dufresse, obispo y mártir, degollado cruelmente después de una plena dedicación a la actividad ministerial durante cuarenta años.
Nació en Ville-de-Lezoux en la diócesis de Clermont. Después de estudiar en el colegio Luis el Grande pasó al seminario de San Sulpicio; siendo diácono ingresó en el seminario de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París en 1774, y fue ordenado presbítero. En 1777 fue enviado a China; llegó a Cantón donde estudió la lengua china, y entró en clandestinamente, oculto en la bodega de un barco y disfrazado de chino; llegó a Seu-Tchuen, después de navegar por el río Pekiang a la provincia que se le había designado como misionero.

Perfeccionó su conocimiento del idioma y visitó los trece poblados que se le habían asignado en su distrito hasta que fue apresado y llevado a Pekín, pero fue absuelto y liberado, con lo que volvió a su punto de origen. En 1784 se desató una nueva persecución, y de nuevo fue detenido, pero consiguió evadirse. De forma novelesca esquivó a los guardianes ocultándose en una cueva, en un hoyo y en otros sitios similares hasta que, estando refugiado en casa de unos cristianos, le llegó una carta de sus superiores diciéndole que se entregase. Obedeció y fue enviado a Pekín. Tras seis meses de cárcel fue expulsado y enviado a Europa.

En 1789, regresó a China y pasó al distrito de Tchong-King, donde desarrolló su misión y logró una comunidad cristiana floreciente. En 1793 había conseguido casi doblar el número de bautismos de adultos y de catecúmenos. Este éxito le llevó a que se le nombrara Vicario Apostólico y en 1800, fue ordenado obispo titular de Tabraca. Tenía 400 comunidades cristianas que se agrupaban por distritos, siendo unos 50.000 en total los cristianos de su vicariato. Había logrado, junto con los misioneros, establecer una cadena de colegios para niños y niñas. Estaba estableciendo, además, un incipiente seminario de vocaciones nativas. Había logrado ordenar 24 sacerdotes nativos. Celebró un sínodo diocesano, convencido de la necesidad de disciplina y el buen orden para el progreso de la iglesia local.
Después de 15 años de peligrosa evangelización fue traicionado por un indígena apóstata, y durante meses estuvo huyendo hasta que fue capturado y llevado a Tcheng-Tou, el virrey lo condenó a muerte. Se acercó al martirio con fortaleza y alegría presenciado por 30 de sus cristianos, a los que bendijo; fue decapitado.
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OTROS SANTOS DEL DÍA:
San Cipriano de Cartago. (c.200 - 258).
Martirologio Romano:
 En Cartago, de la África romana, pasión de san Cipriano, obispo muy esclarecido en santidad y doctrina, que gobernó sabiamente la Iglesia en tiempos difíciles, consolidando la fe de los cristianos en medio de tribulaciones, e imperando Galieno, después de sufrir un penoso exilio, consumó su fe en el martirio, decapitado por orden del procónsul, ante gran concurrencia de pueblo. Su memoria se celebra también el16 de septiembre. (Ver) 16 de Septiembre.

San Crescencio de Roma. M. c. 300.
Mártir en Roma, durante la persecución de Diocleciano. Fue degollado en la vía Salaria, otras tradiciones le hacen mártir en Perugia junto a su familia. Tenía 11 años, y fue bautizado en Perugia junto con su padre -san Eutimio- y su madre, por el presbítero san Epigmenio. Durante la persecución de Diocleciano la familia se marchó a Perugia, donde murió su padre. Con su corta edad fue llevado a Roma donde confesó valerosamente a Cristo bajo la tortura. Mientras iba conducido al martirio curó a un ciego que se lo imploraba.
Sus restos fueron enterrados en Siena años después y algunas de sus reliquias fueron llevadas a Tortosa en Tarragona (España). Su sepultura fue honradísima en la Edad Media. Patrón de Siena.

Santa Notburga de Rattenberg. (c.1265 - c.1313). Martirologio Romano: En la localidad de Eben, en el Tirol, santa Notburga, virgen, cuya dedicación a las labores domésticas y al servicio de Cristo en los pobres fue ejemplo de santidad para sus compatriotas.
Natural del Tirol de Rattenberg, hija de labriegos sin fortuna, se la contrató como cocinera en el castillo de un gran señor local, el conde Enrique de Rottenburg, que le permitió ejercer la caridad con los pobres, repartiéndoles comida y vestidos, pero sus yernos no lo veían con buenos ojos, tuvo problemas con sus amos por exceso de generosidad y fue despedida por dar a los pobres la comida destinada a los cerdos.

Luego trabajó en casa de un granjero de Eben, que le prohibía rezar el Ángelus, pero milagrosamente conseguía hacer todos sus trabajos. Después volvió a su antiguo trabajo de Rottenburg, después de que la pidieran perdón sus antiguos amos. Murió en paz. Sus restos son muy venerados en la región y descansan en la capilla de Eben. En 1862, el Papa Pío IX confirmó su culto local como patrona de los pobres campesinos y siervos asalariados.

Claudio Laplace. Beato. (1725-1794).Martirologio Romano: En el mar, frente a la costa gala de Rochefort, beato Claudio Laplace, presbítero y mártir, que, debido a su sacerdocio, murió por inanición y contagio, encarcelado en una nave de transporte anclada en el mar, en tiempo de la Revolución Francesa.
Nació en Bourbon-Lancy (Saône-et-Loire). Una vez ordenado sacerdote, fue vicario en Saint-Bonnet (L'Allier) en 1751, pasando siete años más tarde a párroco de esta iglesia, que tenía la parroquia aneja de San Juan de Moulins. En 1767 él fue nombrado vicegerente de la oficialidad de Moulins, además era vice director del tribunal del obispado.

Cuando en enero de 1791 se pide el juramento constitucional a los sacerdotes, Laplace se negó y hubo de dejar la parroquia. Pasó seguidamente mucha necesidad económica. Pidió un pasaporte para salir del reino pero como llegó a Pont-de-Beauvoisin luego de que las tropas francesas entraran en Saboya, debió volver a Moulins, donde una docena de ciudadanos lo denunció.
En octubre fue arrestado y llevado a la prisión de Santa Clara. Pese a su edad, lo obligaron a partir con los deportados, dejando Moulins en noviembre de aquel año. Luego de un mes de detención en Saintes, llegó en abril a Rochefort, y fue embarcado en “Les Deux Associés”. Había cumplido con gran celo sus deberes ministeriales su tiempo de párroco y tenía gran crédito como director de almas. Murió el 14 de septiembre de 1794. Fue beatificado el 1 de octubre de 1995 por el papa Juan Pablo II
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