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Santoral del 20 de Septiembre


INDICE

Andrés Kim, Pablo Chong y compañeros, SantosMártires Coreanos
Eustaquio, Santo Biografía
Santo Adelpreto de Trento, obispo y mártir
Beato Tomás Johnson, presbítero y mártir
Beato Francisco de Posadas, presbítero
Beato José María de Yermo y Parres, presbítero y fundador
Beata María Teresa de San José Tauscher, virgen y fundadora
Pedro de Arbués, Santo
Agapito I, Santo
Andrés Kim presbítero y Pablo Chong, mártires de Corea; Ciro, Clicerio, Filigonio, obispos; Miguel, Teodoro, Susana, Felipa, Sócrates, Dionisio, Eustaquio, Teopista, Agapio, mártires; Fausta, Montano, monje; Gregorio, Pedro, Demetrio, Isabel, anacoretas.


SAN EUSTAQUIO y SUS COMPAÑEROS, Mártires
Vivid siempre alegres en el Señor;
vivid alegres, repito.
(Filipenses, 4, 4)
.

San Eustaquio, brillante oficial de Vespasiano, persiguiendo un día a un ciervo, vio un crucifijo entre los cuernos del animal; sus grandes limosnas le merecieron esta merced del cielo. Se convirtió y se hizo bautizar con toda su familia. Dios entonces le hizo comprender lo que habría de sufrir por su gloria. En efecto, fue reducido a la mayor indigencia, y, mientras huía de su patria, fue sorprendido en el camino y le arrebataron a su mujer y a sus dos hijos. Lo hizo buscar el emperador Trajano y le dio el mando de sus ejércitos, con los que obtuvo victoria y volvió a encontrar a su mujer e hijos; pero, habiendo rehusado dar gracias a los dioses por su triunfo, fue arrojado a los leones con los suyos. Respetados por las fieras, fueron encerrados en un toro de bronce sobre el que se había encendido una gran hoguera.

MEDITACIÓN SIEMPRE HAY QUE ESTAR ALEGRE

I. Dios manda a los justos que se alegren: hay placeres inocentes que les permite; pero hay que buscar a Dios en estas diversiones y encontrarlo en ellas, como encontró San Eustaquio en la caza a Jesucristo. En medio de la alegría, acuérdate de la tristeza de Nuestro Señor, y no renueves los dolores de su Pasión con tus placeres criminales. ¿No podemos acaso reír y darnos a la alegría sin que nuestras diversiones sean un crimen ante Dios? (Salviano).

II. Alégrate en medio de tus más crueles aflicciones, según el ejemplo de San Eustaquio, que soportó con paciencia la pérdida de su mujer, de sus hijos y de todos sus bienes, porque la voluntad de Dios se cumplía en él. ¡Oh! ¡qué consolador es este pensamiento para un corazón afligido: Dios quiere que esté en la aflicción. Él halla gloria en eso y es mi mayor bien! Dios mío, hágase vuestra voluntad; me alegraré de ello y siempre me alegraré. Si mi cuerpo gime porque sufre, mi alma se alegrará porque os obedece.

III. Si Dios te retira los consuelos espirituales que te daba en la oración, humíllate; pero ponte contento y gozoso por cumplir la voluntad de Dios. No te dejes arrastrar al relajamiento, no abandones ninguno de tus ejercicios de devoción: Dios no se retira sino para probarte y humillarte. Dios mío, a Vos os busco en mis oraciones, y no vuestros consuelos. ¿Por qué volvéis de mí vuestro rostro, Vos que sois mi alegría? ¿Dónde estáis escondida, belleza por la cual suspiro? (San Agustín).

La alegría espiritual

Orad por los afligidos.

ORACIÓN
Oh Dios, que nos concedéis la, gracia de celebrar el nacimiento al cielo de vuestros mártires San Eustaquio y sus compañeros, hacednos gozar con ellos de la felicidad eterna. Por J. C. N. S. Amén.








Santos Andrés Kim Taegon, presbítero, Pablo Chong Hasang y compañeros
fecha: 20 de septiembre
†: 1839-1867 - país: Corea
canonización: B: fechas varias - C: Juan Pablo II 6 may 1984
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Memoria de los santos Andrés Kim Taegon, presbítero, Pablo Chong Hasang y compañeros, mártires en Corea. Se veneran este día en común celebración todos los ciento tres mártires que en aquel país testificaron intrépidamente la fe cristiana, introducida fervientemente por algunos laicos, y después alimentada y reafirmada por la predicación y celebración de los sacramentos por medio de los misioneros. Todos estos atletas de Cristo -tres obispos, ocho presbíteros, y los restantes, laicos, casados o no, ancianos, jóvenes y niños-, unidos en el suplicio, consagraron con su sangre preciosa las primicias de la Iglesia en Corea.

 Estos son sus nombres: santos Simeón Berneux, Antonio Daveluy, Lorenzo Imbert, obispos; Justo Ranfer de Bretenières, Ludovico Beaulieu, Pedro Enrique Doric, Padro Maubant, Jacobo Chastan, Pedro Aumaître, Martín Lucas Huin, presbíteros; Juan Yi Yun-il, Andrés Chong Hwa-gyong, Esteban Min Kuk-ka, Pablo Ho Hyob, Agustín Pak Chong-won, Pedro Hong Pyong-ju, Pablo Hong Yông-ju, José Chang Chu-gi, Tomás Son Cha-son, Lucas Hwang Sok-tu, Damián Nam Myong-hyog, Francisco Ch'oe Kyong-hwan, Carlos Hyon Song-mun, Lorenzo Han I-hyong, Pedro Nam Kyong-mun, Agustín Yu Chin-gil, Pedro Yi Ho-yong, Pedro Son Son-ji, Benedicta Hyon Kyongnyon, Pedro Ch'oe Ch'ang-hub, catequistas; Agueda Yi, María Yi In-dog, Bárbara Yi, María Won Kwi-im, Teresa Kim Im-i, Columba Kim Hyo-im, Magdalena Cho, Isabel Chong Chong-hye, vírgenes; Teresa Kim, Bárbara Kim, Susana U Sur-im, Agueda Yi Kan-nan, Magdalena Pak Pong-son, Perpetua Hong Kum-ju, Catalina Yi, Cecilia Yu So-sa, Bárbara Cho Chung-i, Magdalena Han Yong-i, viudas; Magdalena Son So-byog, Águeda Yi Kyong-i, Águeda Kwon Chin-i, Juan Yi Mun-u, Bárbara Ch'oe Yong-i, Pedro Yu Chong-nyul, Juan Bautista Nam Chong-sam, Juan Bautista Chon Chang-un, Pedro Ch'oe Hyong, Marcos Chong Ui-bae, Alejo U Se-yong, Antonio Kim Song-u, Protasio Chong Kuk-bo, Agustín Yi Kwang-hon, Águeda Kim A-gi, Magdalena Kim O-bi, Bárbara Han A-gi, Ana Pak Ag-i, Águeda Yi So-sa, Lucía Pak Hui-sun, Pedro Kwon Tu-gin, José Chang Song-jib, Magdalena Yi Yong-hui, Teresa Yi Mae-im, Marta Kim Song-im, Lucía Kim, Rosa Kim, Ana Kim Chang-gum, Juan Bautista Yi Kwang-nyol, Juan Pak Hu jae, María Pak Kun-a-gi Hui-sun, Bárbara Kwon-hui, Bárbara Yi Chong-hui, María Yi Yon-hui, Inés Kim Hyo-ju, Catalina Chong Ch'or-yom, José Im Ch'i-baeg, Sebastián Nam I-gwan, Ignacio Kim Che-jun, Carlos Cho Shin-ch'ol, Julita Kim, Águeda Chon Kyong-hyob, Magdalena Ho Kye-im, Lucía Kim, Pedro Yu Taech'ol, Pedro Cho Hwa-so, Pedro Yi Myong-so, Bartolomé Chong Mun-ho, José Pedro Han Chae-kwon, Pedro Chong Won-ji, José Cho Yun-ho, Bárbara Ko Sun-i y Magdalena Yi Yong-dog.

oración:
Oh Dios, creador y salvador de todos los hombres, que en Corea, de modo admirable, llamaste a la fe católica a un pueblo de adopción y lo acrecentaste por la gloriosa profesión de fe de los santos mártires Andrés, Pablo y sus compañeros, concédenos, por su ejemplo e intercesión, perseverar también nosotros hasta la muerte en el cumplimiento de tus mandatos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

Corea es uno de los pocos países del mundo en donde el cristianismo fue introducido por otros medios que el de los misioneros. Durante el siglo dieciocho se difundieron por el país algunos libros cristianos escritos en chino, y uno de los hombres que los leyeron, se las arregló para ingresar al servicio diplomático del gobierno coreano ante el de Pekín, buscó en la capital de China al obispo Mons. de Gouvea y de sus manos recibió el bautismo y algunas instrucciones. Aquel hombre regresó a su tierra en 1784, y cuando un sacerdote chino llegó a Corea, diez años más tarde, se encontró con que le estaban esperando cuatro mil cristianos bien instruidos, pero sin bautizar. Aquel sacerdote fue el único pastor del rebaño durante siete años, pero en 1801 fue asesinado y, durante tres décadas, los cristianos de Corea estuvieron privados de un ministro de su religión. Existe una carta escrita por los coreanos para implorar al Papa Pío VII que enviase sacerdotes a aquella pequeña grey que, sin embargo, ya había dado mártires a la Iglesia. En 1831 se creó el vicariato apostólico de Corea, pero su primer vicario nunca llegó a ocupar su puesto. El sucesor, Mons. Lorenzo José María Imbert, obispo titular de Capsa, miembro de las Misiones Extranjeras de París y residente en China desde hacía doce años, entró a Corea, disfrazado, a fines de 1837. Le habían precedido por poco tiempo, san Pedro Filiberto Maubant y san Jacobo Honorato Chastan, sacerdotes de la misma sociedad misionera.

El cristianismo no había sido definitivamente proscrito en Corea y, durante el transcurso de dos años, los misioneros realizaron su trabajo ocultamente, pero sin ser molestados. Sobre las circunstancias y dificultades que debieron afrontar, escribió Mons. Imbert: «Estoy abrumado de fatiga y en grave peligro. Es necesario dejar el lecho a las dos y media de la madrugada, todos los días, puesto que a las tres hay que congregar al pueblo en la casa para las oraciones. A las tres y media, comienzo a desempeñar los deberes de mi ministerio y debo bautizar si hay nuevos convertidos y también confirmar. Después viene la misa, la comunión y la acción de gracias. De esta manera, las quince o veinte personas que recibieron los sacramentos, pueden dispersarse al amparo de las sombras, antes del alba. Pero durante las horas deT día llegan otros tantos, uno por uno, en procura de confesión y ya no pueden irse hasta la madrugada siguiente, después de la comunión. Yo me quedo dos días en cada una de nuestras casas donde reúno a los cristianos y, antes del alba del tercer día, me voy con ellos, en la oscuridad, a otra casa. Muchas veces he sufrido el aguijonazo del hambre, porque no es cualquier cosa, en este clima frío y húmedo, levantarse a las dos y media de la madrugada y permanecer en ayunas hasta el medio día, cuando puedo comer algunos alimentos pobres e insuficientes. Después de la comida, descanso un poco hasta que se presentan mis alumnos de catecismo y, por fin, vuelvo al confesionario hasta que cae la noche. A las nueve voy a dormir, sobre una estera, en el suelo y cubierto con una manta de lana de los tártaros; no hay camas ni colchones en Corea. A pesar de la debilidad de mi cuerpo y mi quebrantada salud, siempre he llevado una vida dura y muy ocupada, pero me parece que aquí ya alcancé el último límite del esfuerzo. Se puede comprender fácilmente que, en una existencia como la que llevamos, apenas si tememos el golpe de espada que, en cualquier momento, puede acabar con ella».

Por aquellos medios heroicos aumentó el número de los cristianos en Corea de 6000 a 9000, en menos de dos años. Fue entonces cuando se descubrieron sus actividades y se emitió un decreto para el exterminio de los fieles. Como un ejemplo de los horrores que tuvieron lugar entonces, basta citar lo que le sucedió a santa Agata Kim, una de la mártires. Se le preguntó a la infortunada mujer si era cierto que practicaba la religión cristiana «Conozco a Jesús y a María», respondió con absoluta sencillez; «pero no conozco nada más». «Si te torturamos, te olvidarás de tu Jesús y tu María», le dijeron. «¡Aunque tenga que morir, no los olvidaré!» Fue cruelmente atormentada y, por fin, se la condenó a morir. En el travesaño de una alta cruz sujeta a una carreta fue colgada Agata por sus muñecas y por su cabellera. La carreta fue conducida hasta la cumbre de una cuesta pedregosa y, desde ahí se azuzó a los bueyes para que arrastrasen a la carreta cuesta abajo, entre brincos y zarandeos y, a cada movimiento, la infeliz mujer, sujeta por los cabellos y los puños, se sacudía violentamente. Al término de aquella carrera, fue descolgada, se le arrancaron las vestiduras hasta dejarla desnuda; uno de los verdugos le sujetó la cabeza contra una piedra y otro se la cortó con un golpe de espada. San Juan Ri escribía desde la prisión: «Transcurrieron dos o tres meses antes de que el juez mandara por mí y, en ese tiempo, estuve triste e inquieto. Los pecados de mi vida entera, en la que tantas veces ofendí a Dios por pura maldad, parecían pesar sobre mí como una montaña; de continuo me preguntaba: ¿Cuál será el fin de todo esto? Sin embargo, nunca perdía la esperanza. Al décimo día de la décima segunda luna, fui llevado ante el juez, quien ordenó que fuera apaleado. ¿Cómo hubiera podido resistirlo tan sólo con mis propias fuerzas? Pero la fuerza del Señor, las plegarias de María y de los santos y de nuestros mártires, me sostuvieron tan bien, que ahora me parece que apenas si sufrí. Yo no puedo pagar tan grande misericordia y ofrecer mi vida es justo».

A fin de evitar una matanza general y el posible peligro de la apostasía, Mons. Imbert se entregó, después de recomendar a los padres Maubant y Chastan, que hicieran lo mismo. Estos se pusieron a escribir una carta a Roma para dar cuenta de su actitud y del estado en que dejaban la misión y se entregaron. Los tres recibieron su ración de bastonazos. Atados a unos bancos con respaldo, fueron conducidos a las orillas del río que corre cerca de Seul, donde los tres, siempre sobre los bancos, fueron atados juntos a un grueso poste, contra el cual el verdugo les cortó la cabeza. El triple martirio ocurrió el 21 de septiembre de 1839. En el año de 1904, las reliquias de ochenta y un mártires de Corea fueron trasladadas a la iglesia episcopal del vicario apostólico en Seul y, en 1925, fueron beatificados Mons. Lorenzo Imbert y sus compañeros. El primer sacerdote coreano martirizado, fue san Andrés Kim, en 1846. El 6 de mayo de 1984, el papa Juan Pablo II celebró la canonización de 103 beatos mártires de Corea, en la propia Seúl, primera vez que, en los últimos siglos, se realizaba una canonización fuera de Roma. La semblanza de cada uno de los mártires, en la medida en que hemos podido conseguirla, se puede leer en el día respectivo de cada martirio.

En L'Histoire de l'Eglise de Corée (1874), de C. Dallet, especialmente en el vol. u, pp. 118-185, se relatan con detalle, las vidas y sufrimientos de estos mártires. Ver también Les Missionnaires Francais en Corée (1895) de A. Launay y Martyrs francais el coréens (1925) y The Golden Legend Overseas (1931), de E. Baumann. De Vérinaud, J., Lumiere sur la Coree: les 103 martyrs (París 1984). Ver también el artículo de Lamberto de Echeverría (Año cristiano) al que deriva el link de la biografía de grupo.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Eustaquio, mártir
fecha: 20 de septiembre
†: s. inc. - país: Italia
otras formas del nombre: Plácido
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Roma, conmemoración de san Eustaquio, mártir, cuyo nombre se venera en una antigua iglesia diaconal de la Urbe.
patronazgo: patrono de París y Madrid, de los cazadores, los trabajadores forestales, las tiendas de comestibles; para pedir por las buenas relaciones familiares.
refieren a este santo: San Huberto de Tongres y Maastricht
Ver más información en:
Los 14 santos auxiliadores

San Eustaquio figura entre los mártires más famosos de la Iglesia, venerado desde hace siglos, tanto en oriente como occidente. Se le cuenta entre los Catorce Santos Auxiliadores, es patrono de cazadores y, por lo menos desde el siglo octavo, dio su nombre a la iglesia titular de un diácono-cardenal de Roma. Sin embargo, sobre él no se puede decir nada con certeza. Sus leyendas sin valor histórico, relatan que era un general romano en los ejércitos del emperador Trajano, se llamaba Plácido y era muy aficionado a la cacería.

Precisamente se hallaba cierta vez en persecución de alguna valiosa pieza en la soledad de los montes, cuando vio venir hacia él un gran ciervo en cuyos cuernos aparecía la figura de Jesucristo en la cruz (la misma historia se cuenta en la leyenda de san Huberto y en las de otros santos) y una voz que surgía de la aparición, le llamaba por su nombre. Se afirma que aquel prodigio ocurrió en la región italiana de Guadagnolo, entre Tivoli y Palestrina. La extraordinaria visión tuvo el efecto de convertir instantáneamente a Plácido al cristianismo. El general y toda su familia recibieron el bautismo y él tomó el nombre de Eustaquio, su esposa se llamó Teopistis y sus hijos, Agapito y Teopisto. Poco después de su conversión, Eustaquio perdió todos sus bienes y, tras una serie de infortunios, se vio obligado a separarse de su familia. En un momento crítico para el imperio, fue llamado para que se pusiera al mando de un ejército, volvieron los buenos tiempos y pudo reunirse con su esposa y sus hijos. Pero entonces, cuando el bienestar de este mundo se hallaba al alcance de sus manos, se negó a ofrecer sacrificios a los dioses durante la ceremonia que se celebró en Roma por su victoria al frente de las armas imperiales. Como consecuencia de aquella negativa, Eustaquio, su mujer y sus hijos, fueron encadenados sobre un enorme toro de bronce bajo el cual se encendió una hoguera a fin de que todos los miembros de la familia perecieran asados.

No obstante la enorme popularidad de la leyenda de san Eustaquio -como lo prueba la gran cantidad de versiones tanto en prosa como en verso-, hasta la existencia histórica del mártir es una cuestión dudosa. El culto no es antiguo ni es posible localizar su origen con precisión. Es posible que llegara del Oriente, pero ya desde la primera mitad del siglo octavo, había sido adoptado en Roma. El nuevo Martirologio, en su determinación de evitar las referencias puramente legendarias, aunque recoge el culto del santo, sólo lo refiere a la titularidad de una iglesia.

Delehaye analiza cabalmente la leyenda en el Bulletin de l´Académie Royale de Belgique, Classe des Lettres, 1919, pp. 175-210.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Santo Adelpreto de Trento, obispo y mártir
fecha: 20 de septiembre
†: 1172 - país: Italia
canonización: culto local
hagiografía: Santi e Beati

Próximo a la localidad de Arco, en la región de Trento, beato Adelpreto, obispo, valeroso tutor de los pobres y defensor de la libertad de la Iglesia, que, acechado por los enemigos, murió cruelmente herido.

La devoción a san Adelpreto en Trento ha tenido altos y bajos, e incluso recusaciones de la santidad de su figura. En 1913 su fiesta, que al menos desde el siglo XVI se celebraba el 27 de marzo, ya no aparece en el calendario diocesano, a pesar de ser, junto con san Vigilio, cotitular del altar mayor de la Catedral.

Se ignora su origen y la fecha de nacimiento. Fue obispo de Trento desde 1156 o 1157, y sabemos que en 1158 acompañó, escoltándolos por los valles tridentinos, a los legados del papa Adrián IV (1154-1159) que se dirigían a Alemania, donde el emperador Federico Barbaroja. Éste se había coronado emperador en 1155 y estaba en guerra con el Papado y los territorios italianos, en afirmación de los derechos universales del Imperio. En ese año hizo su segundo descenso a Italia, ganando Milán.

No ha sido aclarado aún cuál fue la actitud de Adelpreto frente al cisma causado por la lucha entre el Imperio y el Papado. Políticamente apoyó al emperador, tal vez porque era de origen alemán, o pòr la ubicación geográfica de Trento, con sus obispos-príncipes gravitando en la órbita imperial. Partidario del entonces partido gibelino, tal vez con el cargo de vicario imperial, sobre su gobierno de la diócesis y del principado de Trento tenemos poca información como para reconstruir un marco creíble.

Murió de una muerte violenta hacia el 1177, asesinado por un tal Aldrigitus, miembro de la noble familia de Castelbarco, cerca de Rovereto. Adelpreto fue enterrado en la catedral de Trento, y la diócesis de Trento le tributó culto de mártir. Sobre su tumba se colocó una lámina románica de cobre dorado representando la escena de la matanza; en la actualidad se guarda en el tesoro de la catedral.

En el siglo XVIII el historiador Jerónimo Tartarotti (1706-1761), encendió una polémica sobre su culto, basádose en la contrastante figura del obispo-guerrero caído en batalla, que se formó en la tradición popular. En 1703 la ciudad hizo un voto, invocando a san Adelpreto contra el asalto de los franceses. El Martirologio actual lo inscribe como santo, pero equivalente a beato (es decir, sólo para el culto local), y no como mártir.

Traducido para ETF de un artículo de Antonio Borrelli.

fuente: Santi e Beati
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Beato Tomás Johnson, presbítero y mártir
fecha: 20 de septiembre
†: 1537 - país: Reino Unido (UK)
canonización: Conf. Culto: León XIII 13 may 1895
hagiografía: Catholic Encyclopedia

En Londres, en Inglaterra, beato Tomás Johnson, presbítero de la Cartuja de esta ciudad y mártir, que, reinando Enrique VIII, por su fidelidad a la Iglesia fue encarcelado en la prisión de Newport, donde murió de hambre y enfermedad en noveno lugar entre el número de sus hermanos religiosos.

El 18 de mayo de 1537, los veinte monjes del coro y los ocho hermanos restantes en la Cartuja de Londres fueron requeridos a firmar el Acta de Supremacía, por la cual debían reconocer la supremacía del rey como cabeza de la Iglesia de Inglaterra. Del coro, los monjes Thomas Johnson, Richard Bere, Thomas Green, todos ellos sacerdotes, y John Davy, diácono, se negaron; también lo hicieron los hermanos Robert Salt, William Greenwood, Thomas Redyng, Thomas Scryven, Walter Pierson, y William Horne. El 29 de mayo todos fueron enviados a la prisión de Newgate, donde fueron encadenados a los postes de la celda, y allí abandonados a morir de inanición. No obstante Margaret Clement, que era nieta de santo Tomás Moro, sobornó al carcelero para tener acceso a los prisioneros. Se disfrazó de lechera y les llevaba los botes de la leche llenos de carne para alimentarlos.

Cuando el rey preguntó por qué no habían todavía muerto, el carcelero tuvo miedo, y no la dejó ya entrar, pero sí pudo acercarse por el techo, y a traves de los ventiluces acercarles comida cerca de la boca, con una canasta. Sin embargo era muy poco lo que podía darles por este medio, y de todos modos el carcelero tuvo miedo, así que también esto duró poco tiempo. Así fueron muriendo uno a uno: Greenwood el 6 de junio, luego Davy (8 de junio), Salt (9 de junio), Pierson y Green (10 de junio), Scryven (15 de junio), y Redyng (16 de junio). Es posible que allí interviniera Cromwell haciéndolos alimentar, para mantener con vida a los restantes, con vistas a ejecutarlos, porque Richard Bere morirá recién el 9 de agosto, y Johnson hoy, 20 de septiembre. El décimo, Horne, aunque no pudo ser doblegado, no murió sino hasta 1540, ejecutado en Tyburn junto con otros mártires (4 de agosto). Todos los cartujos fueron beatificados por SS León XIII en diciembre de 1886.

Traducido para ETF, con algunos cambios, del artículo de John Wainewright, «Blessed Thomas Johnson» (1912).

fuente: Catholic Encyclopedia
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Beato Francisco de Posadas, presbítero
fecha: 20 de septiembre
n.: 1644 - †: 1713 - país: España

canonización: B: Pío VII 20 sep 1818
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Córdoba, en España, beato Francisco de Posadas, presbítero de la Orden de Predicadores, que durante cuarenta años predicó a Cristo en su región y sobresalió por su humildad y caridad.

Francisco nació en Córdoba, España, en 1644, y sus padres, que vivían de lo que les daba el cultivo de un huerto, le inculcaron la idea de que debía ser religioso, particularmente fraile predicador, una perspectiva que resultaba muy del agrado del chico. Pero al morir su padre, volvió a casarse su madre, y el padrastro decretó que los estudios a que estaba entregado Francisco eran una pérdida de tiempo y, en consecuencia, le obligó a abandonarlos y le dedicó a aprender un oficio. Al principio su amo, el encargado de enseñarle a ganarse la vida, le trató con extremada dureza, pero Francisco acabó por ganarse su afecto, gracias a la inagotable paciencia, el buen carácter y la asiduidad en su trabajo que demostró siempre. Al cabo de algún tiempo, el amo de Francisco le ayudó a proseguir sus estudios y le concedió el tiempo necesario para dedicarse a ellos.

También el padrastro murió y, entonces Francisco tuvo que consagrarse a cuidar de su madre; sin embargo, en 1663 pudo entrar al noviciado de los dominicos, en el convento de Scala Coeli, en Córdoba. Sus primeras experiencias en aquel nuevo ambiente no fueron muy felices. Sus compañeros no le comprendieron y le hicieron blanco de sus burlas y sus continuas persecuciones; pero él perseveró con su proverbial paciencia, hizo su profesión y fue admitido al sacerdocio. Inmediatamente, Francisco se hizo notar como un predicador de grandes dotes y se aclamaba su aparición como la de un segundo Vicente Ferrer. Desarrolló tareas misioneras por todas las regiones del sudoeste de España y a sus continuas prédicas agregó el trabajo de oír confesiones, el de viajar a pie de una parte a otra y el de someterse a mortificaciones muy rigurosas. Su predicación elocuente, en la que exponía preceptos que reforzaba con el ejemplo, le otorgó una gran influencia sobre todos los que le escuchaban o tenían algo que ver con él. En su ciudad natal impuso una necesaria reforma a las costumbres y una mejora radical de la moral pública y privada, a tal extremo, que muchos lugares de vicio y de desorden tuvieron que cerrar sus puertas por falta de clientela. Siempre estaba al servicio de los pobres y de ellos aprendió una humildad que le hizo evitar no sólo los más altos puestos en su orden, sino también los obispados que le fueron ofrecidos en numerosas ocasiones. El beato Francisco escribió varios libros (El Triunfo de la Castidad, las biografías de Santo Domingo y otros santos de la orden, exhortaciones morales, etc.) y, tras una existencia de viajes constantes, llegó a morir a su convento de Scala Coeli, el 20 de septiembre de 1713, luego de cuarenta años de constante trabajo para el bien de las almas. Fue beatificado en 1818.

Poco después de la beatificación, el R. P. Sopena publicó en Roma una Vita del B. Francesco de Posadas, que contiene un interesante relato de sus levitaciones cuando celebraba la misa y sus sensaciones al hacer resistencia para que su cuerpo no se elevase. Ver a Martínez Vigil, en La Orden de Predicadores (1884), pp. 352 y ss. la nota de Procter en Dominican Saints, pp. 263-265.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Beato José María de Yermo y Parres, presbítero y fundador
fecha: 20 de septiembre
n.: 1851 - †: 1904 - país: México
canonización: B: Juan Pablo II 6 may 1990 - C: Juan Pablo II 21 may 2000
hagiografía: Mercabá
En el lugar llamado Puebla, en México, san José María de Yermo y Parres, presbítero, fundador de la Congregación de Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, con el fin de ayudar a los abandonados en sus necesidades espirituales y corporales.

Nació el 10 de Nov. de l851 en Malinalco, Edo. de México. A los 52 días de su nacimiento quedó huérfano de madre. Su tía, Ma. del Carmen junto con su padre, se hizo cargo de su educación que fue cristiana y austera, a la vez que llena de cariño y solicitud.

Sus primeros estudios los hizo bajo la dirección de maestros privados y después en escuelas particulares, en la Cd. de México, distinguiéndose por su notable aprovechamiento, siendo condecorado por el emperador Maximiliano I de México. En 1867 ingresó en una Congregación religiosa, donde al cabo de 10 años y tras muchas luchas interiores, descubrió que ése no era su camino. Tiempo después continuó sus estudios eclesiásticos en León, Gto., donde se ordenó sacerdote en 1879.

El Padre Yermo fue nombrado capellán de dos pobrísimos barrios rurales y ahí descubrió su vocación de servicio por los pobres y los abandonados, y fue así que fundó una comunidad religiosa llamada "Siervas del Sgdo. Corazón de Jesús y de los Pobres". Tres años después, en 1888, el P. Yermo instaura el noviciado con el fin de dar una formación más sólida a sus colaboradoras. El día elegido, el P. Yermo muestra su carácter heroico al trabajar incansablemente salvando gente de una inundación que arrasó la tercera parte de la ciudad de León, recibiendo del gobernador de Guanajuato el título de "Gigante de la Caridad". En ese mismo año funda en Puebla el primer proyecto en la República dedicado a la regeneración de la mujer prostituida. En enero de 1904 llevó las primeras misioneras, que junto con los Jesuitas trabajarían desde entonces en la Sierra Tarahumara. Muere el 20 de septiembre de l904, a los 25 años de su sacerdocio. Fue beatificado por S.S. Juan Pablo II, en mayo de 1990 y canonizado el 21 de Mayo del 2000 por el mismo Papa.

fuente: Mercabá
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Beata María Teresa de San José Tauscher, virgen y fundadora
fecha: 20 de septiembre
n.: 1855 - †: 1938 - país: Países Bajos
canonización: B: Benedicto XVI 13 may 2006
hagiografía: Vaticano
En Sittard, Paises Bajos, beata María Teresa de San José (Ana Maria) Tauscher, virgen y fundadora de las Hermanas Carmelitas del Divino Corazón de Jesús.

Nació en Sandow (Brandenburgo, hoy Polonia), el 19 de junio de 1855. Su padre era pastor luterano, y su madre, aunque era luterana, sentía un gran amor por la santísima Virgen, por lo cual, el 24 de julio, cuando su hija fue bautizada, le puso el nombre de Ana María. Administró el bautismo su abuelo paterno, también pastor luterano. Su infancia transcurrió de modo feliz y despreocupado, con su madre, a quien amaba tiernamente, y con su padre, que le dedicaba los ratos libres de su ministerio. En mayo de 1862 su padre fue nombrado superintendente en Arnswalde, a donde se mudó con la familia, que mientras tanto había aumentado con el nacimiento de otras dos niñas: Lisa y Magdalena.

En aquel ambiente tan diverso, Ana María comenzó una vida nueva, ya no en la soledad del campo, sino en el movimiento de una gran casa parroquial, donde su padre y su madre se dedicaban con gran empeño a las diversas actividades pastorales y caritativas. En efecto, su madre, acompañada por ella, reunía a los niños para el catecismo y visitaba a los pobres y a los enfermos. Así se suscitó en Ana María un gran amor al prójimo, especialmente a los más necesitados.

En 1865 su padre fue trasladado a Berlín. Allí Ana María comenzó a sentirse mal, por lo cual tuvo que dejar la escuela, a la que volvió después con mucho esfuerzo. A causa de su delicada salud y con vistas a los estudios, en 1870 sus padres decidieron enviarla, con su hermana Lisa, a un colegio para niñas de los Hermanos Moravos, también protestantes, situado en el campo. Entre ellos había personas muy devotas y en Ana María surgió el deseo de una completa consagración a Dios. El aire sano la ayudó a restablecerse pronto, y en contacto con la naturaleza su temperamento tímido fue abriéndose más.

Durante la Pascua de 1872 su padre la hizo volver a casa para que recibiera la Confirmación. Fue para ella una gran prueba, porque se sentía cada vez más alejada del luteranismo. En algunas ocasiones, incluso en el colegio para niñas, no había querido decir a qué religión pertenecía, declarando que seguía una suya propia. En discusiones con pastores protestantes que frecuentaban a su familia, se comentó que su manera de razonar era más católica que protestante.

Pasó el verano de 1873 en casa de sus abuelos. En esa circunstancia recibió una propuesta de matrimonio, que rechazó inmediatamente, afrontando con firmeza la ira de su abuelo, al que, por lo demás, amaba mucho. En 1874 murió su madre, que sólo tenía 45 años de edad, y Ana María, quebrantada por el dolor, tuvo que hacerse cargo de la familia. Cinco años después, su padre volvió a casarse, y la eximió de esa responsabilidad. Así, pudo finalmente realizar el deseo que cultivaba desde hacía mucho tiempo: constituir una asociación de señoritas que se dedicaran a diversas labores manuales, para después venderlas y así ayudar a las misiones.

Para ofrecer a Dios un gran sacrificio, aceptó en Colonia el cargo de directora del manicomio de la ciudad. En medio de las duras pruebas derivadas del contacto con los enfermos mentales, recibió la gracia de Dios de adherirse a la fe católica. Fue acogida oficialmente en la Iglesia católica el 30 de octubre de 1888. Cada vez sentía más intensamente el deseo de consagrarse completamente a Dios. Después de leer el libro de la autobiografía de santa Teresa de Jesús, se orientó hacia el Carmelo, pero su confesor le dijo que no era ese su camino. Con el tiempo vio claramente que Dios la llamaba a fundar una congregación que, impregnada del espíritu carmelitano de oración y reparación, se dedicara a la asistencia a los niños huérfanos, pobres y abandonados: las Carmelitas del Divino Corazón de Jesús.

En su autobiografía narra los grandes sufrimientos que afrontó al inicio de la Congregación. Expulsada de la casa paterna, así como de Alemania, donde el cardenal Kopp le negó la autorización de llevar el hábito religioso, anduvo errante de un país a otro, hasta que llegó a Rocca di Papa, cerca de Roma, donde en junio de 1904 el cardenal Satolli le dio permiso de conseguir una vieja casa, que llamó: el Carmelo del Divino Corazón de Jesús. Allí, el 3 de enero de 1906, la madre y sus primeras compañeras emitieron los primeros votos religiosos válidos según el derecho canónico.

Pasada la tribulación, le fue permitido volver a Alemania, donde se habían multiplicado sus obras, llamadas «Casas de San José». En 1912 partió para América para fundar allí el Carmelo del Divino Corazón de Jesús. Mientras se ocupaba de las nuevas fundaciones, estalló en Europa la primera guerra mundial y la casa madre de Rocca di Papa fue expropiada por el Gobierno italiano por ser «propiedad alemana». Cuando volvió de América, en 1920, tuvo que buscar una nueva casa madre. La encontró en Sittard, Países Bajos. Allí pasó los últimos años de su vida. A causa de su deteriorada salud ya no podía viajar. Se dedicaba a la formación espiritual de sus religiosas y a la consolidación de la Congregación, elaborando las Constituciones. Murió santamente el 20 de septiembre de 1938, y fue beatificada el 13 de mayo de 2006.

fuente: Vaticano
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Autor: P. Felipe Santos | Fuente: Catholic.net
Pedro de Arbués, Santo

Etimológicamente significa “roca”. Viene de la lengua hebrea.

Hoy día, debido al terrorismo, hay mucha gente que lleva guardaespaldas. Eso mismo le propusieron a Pedro.

Nació en Aragón en 1441. Fue uno de los chicos de aquel tiempo que tuvo la oportunidad de irse a estudiar Derecho a la prestigiosa universidad de Bolonia.

Pronto se hizo amigo de todos. Quien derrama a su derredor el perfume de la amabilidad, de la acogida y del buen trato, se gana amistades en cualquier sitio.

Una vez que terminó su doctorado en Derecho civil y canónico, se vino de nuevo a España. Ya por entonces le rondaba por la mente la idea de ser sacerdote. Y efectivamente, debido a sus cualidades pronto lo eligieron canónigo de Zaragoza.

Había algunos herejes en la ciudad que se la tenían jurada. Buscaban la ocasión de acabar con su vida, ya que nunca cedió a promesas de dinero y otras lisonjas que suelen hacerse para ganarse a alguien.

Por eso, temiendo por su vida, alguien le dijo que llevase guardaespaldas.

¿Sabéis lo que les contestó?

"¿Para qué? Si muero asesinado, muero por defender la fe católica. ¿Qué mayor honor puedo esperar?".

Y estas palabras tuvieron fiel cumplimiento cuando los judíos y los herejes se juntaron en la catedral. En un momento en que estaba sumido en la plegaria, se le acercaron y le dieron muerte.

Los mismos autores, sobre todo el cabecilla, al ver lo que había hecho, se suicidó en la cárcel. A los demás se les sentenció a muerte.

El día de su funeral, el pueblo entero participó de sus honras fúnebres. Era el 14 de setiembre de 1485.
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Fuente: Enciclopedia Católica | ACI Prensa
Agapito I, SantoLVII Papa

Reinó del 535-536.

Su fecha de nacimiento es incierta; murió el 22 de abril del 536.

Fue hijo de Gordianus, un sacerdote Romano que había sido liquidado durante los disturbios en los días del Papa Symmachus.

Su primer acto oficial fue quemar en presencia de la asamblea del clero, el anatema que Bonifacio II había pronunciado en contra de Dioscurus, su último rival, ordenando fuera preservado en los archivos Romanos.

El confirmó el decreto del concilio sostenido en Cartago, después de la liberación de África, de la yunta de Vándalo, según los convertidos del Arrianismo, fueron declarados inelegibles a las Santas Ordenes y aquellos ya ordenados, fueron admitidos meramente para dar la comunión.

Aceptó una apelación de Contumeliosus, Obispo de Riez, a quien un concilio en Marsella había condenado por inmoralidad, ordenando a San Caesarius de Aries otorgar al acusado un nuevo juicio ante los delegados papales. Mientras tanto, Belisarius, después de la sencilla conquista de Sicilia, se preparaba para una invasión de Italia.

El rey Gótico, Theodehad, como último recurso, mendigó al viejo pontífice proceder a Constantinopla y traer su influencia para lidiar con el Emperador Justiniano.

Para pagar los costos de la embajada, Agapito se vio obligado a prometer las naves sagradas de la Iglesia de Roma.

Se embarcó en pleno invierno con cinco obispos y un séquito imponente. En febrero del 536, apareció en la capital del Este y fue recibido con todos los honores que convienen a la cabeza de la Iglesia Católica.

Como él había previsto sin duda, el objeto aparente de su visita fue condenado al fracaso. Justiniano no podría ser desviado de su resolución para restablecer los derechos del Imperio en Italia. Pero desde el punto de vista eclesiástico, la visita del Papa a Constantinopla marcó un triunfo escasamente menos memorable que las campañas de Belisario.

El entonces ocupante de la Sede Bizantino era un cierto Anthimus, quien sin la autoridad de los cánones había dejado su sede episcopal en Trebizond, para unir el cripto-Monophysites que, en unión con la Emperatriz Teodora, intrigaban para socavar la autoridad del Concilio de Calcedonia.

Contra las protestas del ortodoxo, la Emperatriz finalmente sentó a Anthimus en la silla patriarcal.

No bien hubo llegado el Papa, la mayoría prominente del clero mostró cargos en contra del nuevo patriarca, como un intruso y un herético. Agapito le ordenó hacer una profesión escrita de la fe y volver a su sede abandonada; sobre su negativa, rechazó tener cualquier relación con él.

Esto enfadó al Emperador, que había sido engañado por su esposa en cuanto a la ortodoxia de su favorito, llegando al punto de amenazar al Papa con el destierro. Agapito contestó con el espíritu: "Con anhelo ansioso vengo a mirar hacia el Emperador Cristiano Justiniano. En su lugar encuentro a un Dioclesiano, cuyas amenazas, sin embargo, no me aterrorizan." Este atrevido idioma hizo que Justiniano tomara una pausa; siendo convencido finalmente de que Anthimus era poco sólido en la fe, no hizo ninguna objeción al Papa en ejercitar la plenitud de sus poderes a deponer y suspender al intruso, y, por primera vez en la historia de la Iglesia, consagrar personalmente a su sucesor legalmente elegido, Mennas.

Este memorable ejercicio de la prerrogativa papal no se olvidó pronto por los Orientales, que, junto con los Latinos, lo veneran como un santo.

Para purificarlo de cualquier sospecha de ayudar a la herejía, Justiniano entregó al Papa una confesión escrita de la fe, que el último aceptó con la juiciosa cláusula, "aunque no pudiera admitir en un laico el derecho de enseñar la religión, observaron con placer que el afán del Emperador estaba en perfecto acuerdo con las decisiones de los Padres".

Poco después Agapito cayó enfermo y murió, después de un glorioso reinado de diez meses. Sus restos fueron introducidos en un ataúd y dirigidos a Roma, siendo depositados en San Pedro.

Su memoria se mantiene el 20 de septiembre, el día de su deposición. Los griegos lo conmemoran el 22 abril, día de su muerte.
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