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Santoral del 27 de Octubre

INDICE

Vicente, Sabina y Cristeta, Santos Biografía
Teresa Eustoquio, Santa Monja
Bartolomé de Braganza, Beato Obispo
Balsamia, Santa Biografía
Salvador Mollar Ventura, Beato Religioso y mártir
Beato Contardo Ferrini, Laico
Otros santos del día
Videos
Florencio, Máximo, Venancio, Luciano, Donato, mártires; Desiderio, Quintiliano, Teodoro II, obispos; Néstor,, confesores; Ciriaco, Patriarca; Elesbaán, rey.

Santa Teresa Eustoquio
Nosotros como más fuertes, debemos soportar
las flaquezas de los menos firmes y no dejarnos
llevar de complacencia por nosotros mismos.
(Romanos, 15, I).

San Frumencio visitó Persia hacia el año 330 con un filósofo de Tiro, tío suyo, y fue apresado en el mar al volverse a Etiopia. Impresionados por su juventud y belleza, los bárbaros lo presentaron a su rey, que tomó a su cargo su educación y lo hizo su secretario. Después de la muerte del rey, la reina le confió la regencia. Aprovechóse de ello para favorecer la religión y abandonó después este elevado puesto para ir a pedir un obispo a San Atanasio en Alejandría. Este santo lo consagró a él mismo y lo envió de vuelta. Sus discursos y sus milagros obraron un gran número de conversiones, y Etiopía permaneció católica durante cuatro siglos.

MEDITACIÓN SOBRE TRES GRADOS DE AMOR AL PRÓJIMO

I. Debemos amar a nuestros parientes y amigos, es un deber que nos impone la naturaleza; pero Dios quiere que en esto sigamos su voluntad más bien que nuestra inclinación. Ámalos, porque Dios lo quiere y como Dios lo quiere. Demuéstrales este amor trabajando todo lo que puedas en su salvación y soportando pacientemente sus defectos; la amistad y la caridad cristiana te obligan a ello.

II. Poca cosa es amar a los parientes y amigos: esta ley la observan hasta los paganos mismos; tú debes amar a las personas con las que no te vinculan ni parentesco ni amistad. Son verdaderamente hermanos nuestros, aquellos que han reconocido como Padre suyo a Dios. (Tertuliano).

III. Hagamos más, amemos a nuestros enemigos. El cristiano es capaz de un acto tal de caridad. ¡Cuán difícil es este amor para aquél que no consulta sino la naturaleza; pero cuán fácil para aquél que considera a Jesús expirando en la cruz por sus enemigos! Al hablar de San Esteban, dice San Gregorio: Ofrece a Dios algo más grande que la muerte, la moderación del alma y el amor a los enemigos.

La caridad
Orad por vuestros parientes y amigos.

ORACIÓN

Haced, os lo suplicamos, Dios omnipotente, que la augusta solemnidad del bienaventurado Frumencio, vuestro confesor pontífice, aumente en nosotros el espíritu de devoción y el amor de la salvaci6n. Por J. C. N. S. Amén.

http://www.aciprensa.com/podcast/santo/octubre27odrano.mp3



BARTOLOMÉ DE BREGANZE. (1200-1270).


Martirologio Romano: En Vicenza, en la región de Venecia, conmemoración de san Bartolomé de Breganze, obispo, de la Orden de Predicadores, que fundó en esta ciudad la Milicia de Jesucristo para defender la fe católica y la libertad de la Iglesia

Nació en Vicenza en la noble familia de los condes de Breganze. Después de haber estudiado en Padua, ingresó en la recién fundada Orden de Predicadores (santo Domingo de Guzmán vivía entonces en Bolonia). Pronto fue elegido superior de distintos conventos que gobernó con gran sabiduría y atraiendo muchas vocaciones. Fue encargado de enseñar y de predicar en Lombardía y en la Romaña. En esta misión fue pacificador de ciudades y facciones políticas, como las que se encontraban en Parma.
El papa Gregorio IX lo nombró Maestro del Sacro Palacio, mientras Inocencio IV se lo llevó al Concilio de Lyon, nombrándolo, en el 1253, obispo de Limasol en la isla de Chipre. Para multiplicar las energías apostólicas, creo una confraternidad mitad religiosa, mitad militar, que se llamaban "Hermanos alegres o gozosos". En el 1255, el papa Alejandro IV lo eligió obispo de Vicenza, oficio no fácil en una ciudad dominada por Azzelino el Romano que lo exilió, y fue sustituido en su sede por un obispo herético. El Papa lo envió como su legado a Inglaterra y a Francia. En París tuvo amistad con el rey san Luis IX que le regaló una espina de la corona de Cristo

Muertos sus enemigos regresó a su cátedra de Vicenza en 1260, allí construyó una iglesia gótica llamada Sacra Corona destinada a guardar la santa espina, además de un convento dominico. El resto de sus años los dedicó a su querida Vicenza. Escribió 430 obras, entre sermones y obras de mística. Murió en Vicenza y fue sepultado en la iglesia de Santa Corona. Su culto fue confirmado en 1793 por el papa Pío VI.
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Beato SALVADOR MOLLAR VENTURA. (1896-1936).


Martirologio Romano: En la ciudad de Paterna, en la región de Valencia, en España, beato Salvador Mollar Ventura, religioso de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, que en tiempos de persecución contra la fe fue discípulo fiel, redimido por la sangre de Cristo
Nacido en Manises, Valencia, hijo de Bautista Mollar y María Muñoz, muy pobres pero piadosos. De niño y joven se distinguió por su piedad, organizó la Asociación del Rosario en su barrio, formó parte de la Adoración Nocturna y la Conferencia de San Vicente de Paúl y enseñaba el catecismo a los niños.

Hizo el noviciado de los Hermanos Menores Franciscanos en 1921 y la Profesión solemne en 1925. Alegre, jovial y optimista. Limpio y ordenado, devoto de la Santísima Virgen.

Al iniciarse la guerra civil, en 1936, era sacristán en el convento de Benisa. Al dispersarse los religiosos, se refugió primero donde unos bienhechores, y luego, para no comprometerlos, buscó refugio en Manises, en casa de su hermana. Allí permaneció fray Salvador haciendo vida retirada, ayudando a sus familiares en los trabajos domésticos, sin descuidar sus prácticas piadosas y ejercicios espirituales. Según declaran los testigos, presentía su martirio, para el que se preparaba en la plena aceptación de la voluntad de Dios. El 13 de octubre de 1936 se presentaron unos milicianos en casa de la hermana de fray Salvador con el pretexto de hacer un registro. Fue encerrado hasta el día 27 de octubre de 1936.

Lo fusilaron la noche del 27 de octubre de 1936 en el tristemente célebre «Picadero de Paterna». Tenía entonces fray Salvador 40 años de edad y 15 de hábito franciscano. Se había distinguido por su sencillez, honradez y dedicación al trabajo, sin manifestación ni implicación alguna en el campo social o político, etc., no pudo haber otro motivo para su asesinato que su condición de religioso. Del mismo fray Salvador conservamos un testimonio de inestimable valor sobre su preparación para el martirio, su firmeza en la fe, su actitud de perdón de los verdugos y sus deseos de cielo.

Además, no fue juzgado, sino que directamente lo llevaron al «Picadero» por odio a la fe y por el mero hecho de ser fraile. Su cadáver mostraba signos de tortura. Fue beatificado por SS. Juan Pablo II el 11 de marzo del 2001, en un grupo de 233 mártires valencianos.
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Balsamia, Santa

Biografía, 27 de octubre
Por: P. Felipe Santos | Fuente: Catholic.net

Etimológicamente significa “bálsamo, perfume”. Viene de la lengua latina.

Jeremías dice: “La palabra del Señor ha sido para mí fuente de burla. Yo me dije: No hablaré más en su nombre, no pensaré más en él, pero la sentía adentro como fuego ardiente que no podía contener”.

Fue del siglo VI. Su trabajo ya ha pasado de moda en muchos lugares civilizados y de una fuerte economía.

En otros, por el contrario, se mantiene el papel dela mujer que sustenta a los niños, hasta con su propia leche.

En toda la misteriosa Edad Media y anterior incluso a ella, había una gran veneración por las santas que habían dado su vida en este precioso trabajo de nutrientes.

Fue ella la que alimentó en Reims a san Remigio, el obispo de aquella ciudad.
Remigio, con su cultura, sus buenas formas y su diplomacia, logró que se convirtiera al cristianismo Clodoveo, el rey francés.

Para los franceses es un segundo Juan Bautista, el precursor de la vida cristiana en Francia.
Hubo un tiempo en que se le llamaba en las Galias a santa Balsamia “la santa Nutriz”.

Hoy prevalece el de Balsamia.
La leche es “bálsamo” dado a los niños. Ella había nacido en Roma.
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Beato Contardo Ferrini (1859-1902)

por Lamberto de Echeverría

Laico, de la Tercera Orden Franciscana, estudioso y catedrático de derecho romano en las universidades de Pavía, Mesina y Módena. Nació en Milán el 4 de abril de 1859 y murió en Suna de Verbania (Lago Maggiore) el 17 de octubre de 1902. Lo beatificó Pío XII en 1947, y está sepultado en la capilla de la Universidad Católica de Milán, como modelo de catedrático católico.

Nos lo ha descrito el papa Pío XI: «Era de estatura media, llena de solidez, de armonía, de elegancia de líneas; el paso rápido, pero firme; paso de un caminante que tiene costumbre y sabe adónde va; la pluma, siempre presta y llena de sabiduría; la palabra, cuidada y persuasiva; en su rostro, un aire de simpatía siempre igual, y que jamás le abandonó hasta la misma víspera de su muerte; pero ante todo, sobre ese rostro brillaba un resplandor de pureza y de amable juventud. Su mirada tenía toda la dulzura de la bondad, excelente corazón; sus ojos, su amplia frente, llevaban consigo el reflejo de una inteligencia verdaderamente soberana». Los retratos que de él conservamos añaden a esta descripción hecha por el Papa una barba densa, un bigote bien poblado y un pelo corto y fuerte.

Como Federico Ozanam, iba a morir muy joven. Si Federico muere a los cuarenta años, Ferrini muere a los cuarenta y tres. Sin embargo, su corta vida resulta maravillosamente densa.

Para explicarnos todo su valor es necesario hacernos cargo primero del ambiente de tensión religiosa y de fermentación intelectual que atravesaba Italia en la segunda mitad del siglo XIX. Planteada la unidad italiana, puesto en difícil conflicto el católico, que de una parte debía desear la unificación de su patria, y de otra, el triunfo de la Santa Sede; abiertas las inteligencias y los corazones a las corrientes ideológicas más avanzadas, una vida católica normal, no digamos revestida de heroica santidad como la de Contardo, resultaba extraordinariamente difícil. Y mucho más cuando tenía que desarrollarse en el cargadísimo ambiente de las universidades.

Y, sin embargo, Contardo, de naturaleza tímida, de carácter retraído, va a pasar largos años de profesorado universitario viviendo con tal intensidad su catolicismo que llegamos a verle en los altares. Es verdad que había nacido en una familia cristianísima el 4 de abril de 1859, un año exactamente después del casamiento de sus padres Rinaldo Ferrini y Luigia Buccellati. Pero la educación allí recibida pudo muy bien malograrse. Al menos ocasiones no faltaron. Contardo resultó desde el primer momento un superdotado, alumno de memoria prodigiosa, hábil versificador, inteligencia agudísima para captar las cosas más abstractas. Cuando aún estaba haciendo la enseñanza media se presentó un buen día a monseñor Ceriani, prefecto de la célebre biblioteca Ambrosiana, para pedirle lecciones de hebreo. Aprendido el hebreo, comenzó con el siríaco. Y después continuó con el sánscrito y el copto. Esta preparación llevaba cuando a los diecisiete años acudía a la Universidad de Pavía, en 1876, para emprender la carrera de Derecho.

Le esperaban duras pruebas. El ambiente del colegio Borromeo, en el que se iba a hospedar, era un ambiente difícil. Sus compañeros vivían continuamente entre conversaciones impuras, a las que él tenía horror. Contardo prefería quedarse solo, en su celda helada, antes que bajar a las salas de estudio a compartir la conversación con sus compañeros. El invierno es frío y húmedo en Pavía, y parece que lo fue de una manera especial en aquella ocasión. Pero la delicadísima virtud de Contardo, que en muchas ocasiones llegó hasta el escrúpulo, prefería pasar por todo antes que poner en peligro su pureza o su fe. En el verano de 1881, previo el consejo de su director espiritual, hizo voto de castidad. Muchísimas veces durante su vida se le ofrecerían partidos brillantes y espléndidas ocasiones de casarse. Pero él murió soltero y fiel al voto hecho entonces.

Su carrera científica fue impresionante. Desde el primer momento prefirió no los estudios fáciles y brillantes, sino los difíciles y pesados. Por influencia de su tío, el abate Buccellati, que enseñaba Derecho penal, tuvo esta ciencia sus preferencias. Su tesis doctoral, defendida brillantemente en junio de 1870, versó sobre la importancia de Homero y Hesiodo en la historia del derecho penal. Le concedieron una beca, con la que pudo proseguir sus estudios en Berlín. El papa Pío XII destacó, en el discurso pronunciado con motivo de su beatificación, lo que para Contardo supuso el contacto con los grandes pandectistas alemanes. La ciencia germana del Derecho romano alcanzaba entonces su más alta cúspide: Mommsen, Voigt, Pernice... se dieron cuenta de la extraordinaria capacidad de aquel joven italiano y le ayudaron. Es curioso que fuese un luterano, von Lingenthal, el que más íntimamente influyera sobre él en el aspecto científico.

Al morir este sabio, Contardo publicó una breve biografía, en la que se deshace en elogios de la ciencia y religiosidad de su antiguo maestro. Alaba en él un sentimiento vivísimo de la naturaleza y un sentimiento religioso muy acendrado.

Sin embargo, el juicio de Contardo sobre el protestantismo es severísimo: «Ciertamente hay virtud entre los protestantes, hay sinceros admiradores del Hombre-Dios, hay flores que se embellecen con el rocío celestial y que Dios no rechazará; pero cuanto de bueno hay queda imperfecto, privado de aquella eficacia que tendría del Dios vivo a la sombra de los altares católicos. El protestantismo nos da personas honradas, que en nuestra religión inmaculada serían santos».

Disfrutó, en cambio, inmensamente en su contacto con los católicos alemanes. Era un catolicismo serio, lleno de coraje y de entusiasmo, depurado por las pruebas del Kulturkampf. Características todas ellas que iban muy bien con su manera de ser.

En 1881 emprende una edición crítica de la paráfrasis griega de las Instituciones de Justiniano atribuida a Teófilo, para la que hubo de buscar manuscritos en Copenhague, París, Roma, Florencia y Turín. Y en octubre de 1883, a los veinticuatro años, se encarga en la Universidad de Pavía de la cátedra de exégesis de las fuentes del derecho y de un curso de historia del Derecho penal romano. Iniciaba así sus tareas docentes. Poco después concursa a una cátedra de Bolonia, que no se le dio por motivos políticos. En 1887 pasa a enseñar a Mesina, y en 1890 a Módena. Por fin, en 1894, volvía a su amada Facultad de Pavía, en la que había de perseverar hasta la muerte.

Hizo de su consagración al estudio y a la enseñanza un verdadero sacerdocio. Al principio sus clases eran pesadas, llenas de referencias y citas. Con el tiempo fueron aclarándose y simplificándose, hasta llegar a ser verdaderamente modelos de pedagogía. Los alumnos sabían que podían contar con él a todas las horas, seguros de encontrar siempre un consejero leal y un profesor amigo de ayudarles. Independientemente del cumplimiento escrupuloso de sus deberes de catedrático, llevó toda su vida en lo más íntimo de su corazón un apasionado amor a la investigación científica. En veinte años publicó cerca de doscientos trabajos. Pero no se trataba de fáciles improvisaciones, ni de escritos ligeros de vulgarización. Una vez más escuchamos a Pio XI describir su obra de investigador: «¡El trabajo! Un trabajo científico en sumo grado; un trabajo de investigación, de reflexión, de enseñanza. Un trabajo que Ferrini realizaba con celo apasionado, pero que puede muy bien clasificarse entre los más áridos, por desarrollarse casi por entero sobre textos antiguos, sobre escrituras difíciles de descifrar y más difíciles aún de comprender. Nos mismo le hemos visto más de una vez puesto el trabajo, con su inteligencia soberana. Leía a primera vista los textos embrollados, ocultos bajo las escrituras indescifrables de los siglos antiguos: en latín, en griego, en siríaco, porque él pasaba con la mayor facilidad de una lengua a otra. Leía los textos, y al primer golpe de vista captaba su sentido y, a vuela pluma, daba la traducción latina o italiana. Labor fatigosísima, esencialmente difícil y ardua, y que sólo puede apreciar el que tiene la experiencia de ella; una labor que asemeja a un verdadero y largo cilicio llevado durante toda la vida».

Aún hoy tropezamos con su nombre, después de tantos descubrimientos y de tantos avances en el derecho romano, en las monografías y estudios que actualmente se publican. Algunas de sus obras pueden considerarse verdaderamente definitivas. Son el fruto de larguísimas horas de trabajo, de una vida de recogimiento y de laboriosidad.

Ocasiones hubo, sin embargo, en que debió salir de su aislamiento. Así, por ejemplo, en 1895, fue elegido concejal del Ayuntamiento de Milán. Y en verdad que sus contemporáneos hubieron de reconocer que su actuación resultaba ejemplar. Supo luchar como bueno en los difíciles problemas planteados en aquel tiempo contra el divorcio, por la salvación de la infancia abandonada. Pero en este mismo terreno de la política se mostró fiel hijo de la Iglesia. Eran tiempos verdaderamente difíciles, en que católicos de buenísima voluntad resbalaron a veces. Contardo se mantuvo siempre fiel a las directivas pontificias.

Es lástima que no podamos recoger rasgos encantadores de su vida que se han conservado. Su modestia excesiva, sin consentir nunca que alabaran en su presencia algunas de sus obras científicas; su vivo sentido de la liturgia y su amor apasionado por la santa misa; su encantadora sumisión a sus padres, a los que obedecía como un niño, siendo ya catedrático respetable; su figura de excepcional alpinista; su devoción a San Francisco de Asís, de quien era terciario; su espíritu de pobreza, verdaderamente extraordinario; su irradiación apostólica, dentro de la que muy bien puede englobarse otra figura, posterior, pero también muy importante del catolicismo italiano y que pronto esperamos ver en los altares: Vico Necchi.

Resulta encantador verle regresar por la noche a casa de su hermana, a tres kilómetros de Pavía, cenar allí con el matrimonio, jugar, por complacerles, una partida de cartas, rezar el rosario en familia, y acostarse para emprender al día siguiente, a las cinco y media de la madrugada, su nueva jornada universitaria.

Así hasta el 17 de octubre de 1902. Una fiebre tifoidea le llevó rápidamente al sepulcro en Suma (Novara). La fama de santidad le rodeó muy pronto. Su causa fue introducida en 1924, y en 1947 Pío XII realizaba uno de los deseos más queridos de su antecesor en el solio pontificio: su solemne beatificación.

Su tumba se encuentra hoy en la Universidad Católica del Sagrado Corazón, de Milán, que no llegó a conocer, pero que sí podemos decir que presintió y amó anticipadamente. En aquella recogidísima capilla, profesores y alumnos aprenden, frecuentándola, a vivir el auténtico ideal del universitario católico.

Lamberto de Echeverría, Beato Contardo Ferrini,
en Año Cristiano, Tomo IV, Madrid, Ed. Católica (BAC 186), 1960, pp. 211-215
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Teresa Eustoquio, Santa

Monja, 27 de octubre
Por: P. Felipe Santos | Fuente: Catholic.net

Etimológicamente significa “bella y ardiente como el sol del verano” o “mujer amable y fuerte”. Viene de la lengua griega y alemana.

Cuando el creyente se pone en contacto con estos gigantes de la santidad, se queda alucinado. Ve que todos los males que pueden asolar a las personas tienen una terapia fenomenal con la práctica de la oración.

La chica Teresa tuvo la fortuna de tener unos padres que, aunque de fueran de la alta alcurnia, le dieron una educación muy cristiana
La educación primaria la hizo en casa teniendo como maestro a un canónigo amigo de la familia.

Era abierta, inteligente y sensible a los valores de la fidelidad y de la gracia.

Desde pequeña dejó que fuera el Espíritu Santo quien dirigiera los pasos de su existencia. Su afán se centraba en Dios solamente y, desde él, en los demás.

Sin embargo, le ocurrió como a la gran Teresa de Avila: tener la experiencia de la ausencia de Dios, aunque, aún sin sentirlo, jamás perdió su confianza.

Se metió a monja benedictina. Después de algunos años tuvo la inspiración divina de fundar una nueva congregación llamada las “Hijas del Sagrado Corazón de Jesús”.

Le tocó vivir en tiempo difíciles por las revueltas políticas y sociales. A nivel eclesial, el jansenismo crecía mucho. Por eso, en la mitad del siglo XIX nacieron varias congregaciones con el nombre de esta fundación. Eran los años de la gran expansión de la devoción al Corazón de Jesús, al amor.

Se dedica esta congregación a la obra educativa, fruto de la persuasión y el respeto a la individualidad de cada uno.

Después de una vida de intenso trabajo por Dios y por los demás, murió el año 1852. Juan Pablo II la canonizo el diez de junio del 2001.
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Vicente, Sabina y Cristeta, Santos

Biografía, 27 de octubre
Fuente: Archidiócesis de Madrid

Vicente, Sabina y Cristeta son hermanos. Han nacido y viven en Talavera (Toledo). Los tres disfrutan de su juventud —Cristeta, casi niña- y, como en tantos hogares después del fallecimiento de los padres, hace cabeza Vicente que es el mayor.

Manda en el Imperio la tetrarquía hecha por Diocleciano con el fin de poner término a la decadencia que se viene arrastrando a lo largo del siglo III por las innumerables causas internas y por las rebeliones y amenazas cada vez más apremiantes en las fronteras. Diocleciano, augusto, reside en Nicomedia y ocupa la cumbre de la jerarquía; su césar Galerio reside en Sirmio y se ocupa de Oriente; Maximiano es el otro augusto que se establece en Milán, con su césar Constancio, en Tréveris, gobiernan Occidente.

El presidente en España es Daciano hombre cruel, bárbaro y perverso, que odia sin límites el nombre cristiano y que va dejando un riego de mártires en Barcelona y en Zaragoza. Llega a Toledo y sus colaboradores buscan en Talavera seguidores de Cristo.

Allí es conocido como tal Vicente, que se desvive por la ayuda al prójimo y es ejemplo de alegría, nobleza y rectitud.

Llevado a la presencia del Presidente, se repite el esquema clásico, en parte verídico y en parte parenético de las actas de los mártires. Halagos por parte del poderoso juez pagano con promesas fáciles, y, por parte del cristiano, profesiones de fe en el Dios que es Trinidad, en Jesucristo-Señor y en la vida eterna prometida. Amenazas de la autoridad que se muestra dispuesta a hacer cumplir de modo implacable las leyes y exposición tan larga como firme de las disposiciones a perder todo antes de la renuncia a la fe nutriente de su vida que hace el cristiano. De ahí se pasa al martirio descrito con tonos en parte dramáticos y en parte triunfales, con el añadido de algún hecho sobrenatural con el que se manifiesta la complacencia divina ante la fidelidad libre del fiel.

Bueno, pues el caso es que a Vicente lo condenan a muerte por su pertinacia en perseverar en la fe cristiana. Lo meten en la cárcel y, en espera de que se cumpla la sentencia, es visitado por sus dos hermanas que, entre llantos y confirmándole en su decisión de ser fiel a Jesucristo, le sugieren la posibilidad de una fuga con el fin de que, sin padres que les tutelen, siga él siendo su apoyo y valedor. La escapada se realiza, pero los soldados romanos los encuentran en la cercana Ávila donde son los tres martirizados, en el año 304.

El amor a Dios no supone una dejación, olvido o deserción de los nobles compromisos humanos. Vicente, aceptando los planes divinos hasta el martirio, hizo cuanto legítimamente estuvo de su parte para sacar adelante su compromiso familiar.
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OTROS SANTOS DEL DÍA:

San Evaristo P. M. 107/21
Martirologio Romano: En Roma, san Evaristo, papa, que rigió la Iglesia de Roma como el cuarto pontífice después del beato Pedro, bajo el emperador Trajano
La tradición dice que nació en Antioquía de padre hebreo, otros autores dicen que nació en Belén y que su padre se llamaba Judas. Gobernó la Iglesia desde el 95 al 107, y sus años se desarrollaron con relativa paz. Sucesor de san Clemente I, y según otras tradiciones fue sucesor de san Anacleto. Ordenó que el acto de la bendición nupcial fuera público. Reforzó la organización de la Iglesia, y se le atribuye la creación de las primeras 25 parroquias de Roma, de donde luego vendrán los títulos de los cardenales, así como el nombramiento de siete diáconos que debían acompañar a los obispos en su predicación. Le sucedió san Alejandro I. Como todos los papas de los primeros siglos fue honrado como mártir.
San Trásea de Eumenia. M. c. 170.

Martirologio Romano: En Esmirna, en Asia, san Trásea, obispo de Eumenia de Frigia y mártir
Obispo de Eumenia en Frigia; combatió el montanismo; fue martirizado en Esmirnia


San Gaudioso de Abitinia "el Africano". M. c. 455. 

Martirologio Romano: En Nápoles, de la Campania, sepultura de san Gaudioso, obispo, el cual, causa de la persecución de los vándalos, pasó de Abitinia a la Campania, terminando sus días en la paz de un monasterio

Natural de África; Septimo Celio Gaudioso, fue obispo de Abitinia en África. Fue exiliado por el rey vándalo Genserico (439), junto con el diácono san Quodvultdeus, y se refugió en Nápoles, donde era obispo san Nostriano. Se estableció en la acrópolis de la antigua Neapolis (Sant’Aniello en Caponapoli) donde fundó un monasterio del que tuvo como abad a san Agnelo.

Sus restos mortales reposaron en las catacumbas del valle de Sanità, que tomaron su nombre. Probablemente importó a Nápoles la regla agustina, los usos litúrgicos africano (quedó algún rastro en la liturgia bautismal) y algunas reliquias. La más importante la de santa Restituta.



San Namacio de Auvernia. M. d. 462.
Martirologio Romano: En Arvernia, de Aquitania, san Namancio, obispo, que construyó la iglesia catedral

Obispo de Clermont. Estaba casado y tanto él como su mujer fueron modelos de virtud, dedicados al arte sacro. San Gregorio de Tours dice de una de sus iglesias construidas: "Los fieles sentían un efluvio de perfume suavísimo, como de aroma".

Santa Balsamia. s. VI.

Nodriza de san Remigio, obispo de Reims, por esto se la conoce vulgarmente como santa Norrice. Su historicidad no es segura, pero viene como símbolo porque era necesario que Remigio tuviera una nodriza, que además la tradición hace originaria de Roma, como para dar a entender que el "Hija predilecta de la Iglesia" recibió la leche del origen romano.


SanOterano.
Martirologio Romano: En la isla de Iona, en Escocia, san Oterano, monje, que fue uno de los primeros discípulos de san Columbano

Irlandés, abad en Meath, Irlanda; marchó a Escocia junto a san Columba, para promover la fe y fue el primero en morir en el monasterio de Iona. Puede haber fundado la abadía de Latteragh en Tipperary.

Otteran era descendiente de Conall Gulban, y es generalmente identificado con san Ordan, que precedió a san Columba en Iona. Ha habido mucha discusión innecesaria en cuanto a la identidad de Otteran. Pero elMartirologio irlandés nos dice con suficiente claridad que el santo de ese nombre honrado el 27 de octubre fue un monje de Hy, pariente de san Columba, y que trabajó en Iona, en la obra evangelizadora del pueblo de Escocia.

Su tumba fue objeto de gran veneración en Iona. Se dice que fue la primera persona en ser enterrada en el cementerio monacal de los nórdicos, donde llevaban desde todas partes de Europa a sus jefes y grandes hombres muertos para ser enterrados. Los vikingos eligieron a Otteran como tutor titular de las cenizas de sus antepasados, como patrono de la ciudad de Waterford en 1096. Más tarde fue elegido como patrono de la Diócesis, no está claro si llegó a ser obispo de esa sede.

Emelina. Beata. (c.1115 - 1178). 
Nació en la diócesis de Troyes y vivió como "solitaria" (ermitaña) en una "grancia" (en el Medievo era un edificio y terreno perteneciente a una abadía cisterciense) de Perte-Sèche de la abadía cisterciense de Boulancourt, situada en el Concejo de Longeville (Alto Marne) en Francia. Ayunaba tres días a la semana, sin beber, ni comer, llevaba un cilicio y una cadena de hierro con puntas, caminaba con los pies desnudos ya sea en invierno como en verano.

La ermitaña oraba sin descanso y se dedicaba a la costura; su vida penitencial, difundió su fama de santidad y como tenía el don de profecía, la gente llegaba de todas partes para consultarla. Murió en Longeville, y fue sepultada en la iglesia de la abadía de Boulancourt, sobre su tumba se colocó una pequeña lámpara siempre encendida; fue inscrita como Beata en el Menologio Cisterciense.

María Encarnación Rosal (Vicenta Rosal). Beata. (1815-1886). Superiora general y reformadora de la Orden Betlemita. (Ver) 24 de Agosto
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