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Santoral del 29 de Noviembre

Saturnino de Tolosa, Santo Obispo y Mártir
Alvaro Pelagio, Santo Obispo de Corone
Alfredo Simón Colomina, Beato Mártir Jesuita
Dionisio de la Natividad (Pedro Berthelot), Beato Mártir Carmelita
Redento de la Cruz (Tomás Rodríguez), Beato Mártir Carmelita
María Magdalena de la Encarnación, Beata Fundadora
San Saturnino, obispo y mártir, Toulouse, 251.
Bernardo, Roadbobo, Felipe, obispos; Blas, Demetrio, Paramón, Filomeno, Iluminada, Sisinio, mártires; Gerardo, Giraldo, abades.


SAN SATURNINO, Mártir
† martirizado hacia el año 309 en la vía Salariana, Roma
Los hijos de este siglo son más sagaces,
en sus negocios, que los hijos de la luz.
(Lucas 16, 8)

San Saturnino fue detenido y arrojado en una prisión durante la persecución de Diocleciano. Después de haber sufrido mucho en su mazmorra, fue sacado de ella para ser extendido en el potro; pero como las torturas ordinarias no podían doblegarlo a sacrificar a los dioses, le machucaron el cuerpo a bastonazos y le quemaron los costados con antorchas ardientes. Por fin fue decapitado junto con el diácono Sisino, y sus cuerpos fueron enterrados a dos millas de Roma, en la vía Salariana, el año 309.

MEDITACIÓN SOBRE LA VERDADERA PRUDENCIA DEL CRISTIANO

I. La verdadera prudencia del cristiano consiste en regular la vida según las máximas del Evangelio; hay que mirar las cosas de este mundo con los ojos de la fe. El hombre político, el médico, el orador siguen las reglas de su respectivo arte: ¡Sólo el cristiano quiere hacer profesión de cristianismo sin observar sus preceptos! Se declara discípulo del Evangelio no obstante vivir una vida contraria al Evangelio. Leen el Evangelio y se entregan a la impureza; se dicen discípulos de una ley santa y llevan una vida criminal (Salviano).

II. ¿De qué proviene que no obremos según las máximas del Cielo? Es que no meditamos lo suficiente. ¿Podríamos acaso amar las riquezas y los placeres, si pensásemos seriamente en la muerte que está próxima, en el juicio que le sigue, en la eternidad de dicha o de infelicidad que será nuestra herencia?

III. Sería menester meditar cada día una verdad del Evangelio y elegir una de ellas en particular con la que entretuviésemos nuestra alma, que fuera como nuestro lema y nuestro grito de guerra en nuestra lucha contra el demonio. Los santos tuvieron su divisa particular; San Francisco: Mi Dios y mi todo; Santa Teresa: O padecer o morir; San Ignacio de Loyola: A la mayor gloria de Dios; el cardenal de Bérulle: Nada mortal para un corazón inmortal. Siguiendo el ejemplo de estos grandes hombres, elige en la Escritura o en los Padres una palabra y no la pierdas de vista. ¿De qué sirve al hombre ganar todo el universo, si llega a perder su alma?

El deseo de la sabiduría.
Orad por los prisioneros.

ORACIÓN

Oh Dios, que nos concedéis la alegría de celebrar el nacimiento al cielo del bienaventurado Saturnino, vuestro mártir, concedednos la gracia de ser asistidos por sus méritos.
Por J. C. N. S.


Beatos DIONISIO DE LA NAVIDAD y REDENTO DE LA CRUZ. M.1638.


Martirologio RomanoEn Aceh en la isla de Sumatra, beatos mártires Dionisio de la Navidad (Pedro) Berthelot, sacerdote, y Redento de la Cruz (Tomás) Rodríguez, religiosos de la Orden de los Carmelitas Descalzos, que primero fueron esclavizados por los mahometanos y por último ejecutados en la orilla del mar a golpes de cimitarra

Dionisio de la Navidad había nacido en Honfleur (Calvados, Francia) y se llamaba Pedro Berthelot. Sus padres eran muy pobres, por ello Pedro, en cuanto tuvo 12 años, se enroló en la marina mercante para ayudar a la precaria situación económica de la familia. Durante siete años recorrió varios puertos de diferentes naciones: España, Inglaterra y hasta América.

A los 17 años salió una flota rumbo hacia las Indias Orientales. Sufrieron mucho durante la travesía, pero de todo salió ileso nuestro marino. Durante este tiempo demostró tantas cualidades, tanta seriedad y responsabilidad, que el capitán del navío, el señor Beailieux, le nombró primer piloto del navío, cuando todavía era un joven inexperto. Era el 1618, cuando piso tierra de las Indias, como piloto mayor y especialista como cosmógrafo de los reyes de Francia y Portugal, para estudiar cuantos países descubriesen y visitasen. Recuerdo de aquellos viajes y prueba fidedigna de su pericia y valor, es el testimonio de su obra “Tabulae maritimae” que se conserva en el museo Británico de Londres.

Mientras estaba en Goa, igual que en todas partes, procuraba llevar una vida de generosa entrega al Señor por medio de la oración y vida de sacrificio y caridad; sirviendo a sus hermanos en cuanto le era posible. Estos días, su director espiritual, Fernando de la Santísima Trinidad, le animó a dejar el mundo y hacerse carmelita descalzo. Así lo hizo emitiendo los votos en 1636 con el nombre de fray Dionisio de la Natividad. Dos años después fue ordenado sacerdote. Tanto durante el tiempo del noviciado, como durante sus estudios y el poco tiempo que pudo ejercer el sacerdocio, fue siempre modelo de todas las virtudes. El embajador del rey de Portugal, Francisco de Souza de Castro, quiso llevarse a Dionisio con él, como guía a Achén (Sumatra). Fray Dionisio tomó como compañero a Tomás Rodríguez, que es nuestro mártir Redento.

 Llegaron a esta ciudad en 1638. Los recibieron con demostraciones de falsa alegría y muy pronto fueron hechos prisioneros. El intento era que renegaran de su fe católica y se hicieran musulmanes; los redujeron a la esclavitud. Los dos carmelitas fueron mucho más duramente torturados que los otros cautivos. Los dos se privaron de lo necesario para ayudar a los otros. Les alentaban para que no decayeran en la fe. Pasaron largas horas entregados a la oración. En varias ocasiones el Señor les premió con gracias especiales que dejaron a los demás admirados. Esto fue el estímulo para morir por Cristo. Dionisio quiso ser el último en morir para alentar a los demás. El primero fue el hermano Redento. Los mataron a golpes de cimitarra, que abrieron sus cabezas por la mitad. 

Redento nació en Paredes, Portugal, y se llamaba Tomás Rodríguez de Cunha. De muy joven se embarcó hacia las Indias Orientales y allí ingresó como hermano lego carmelita. Estuvo en varios conventos. En Goa, muchos años de sacristán. Allí conoció al padre Dionisio de la Navidad. Amó siempre la Cruz de Jesucristo y sus propias cruces. 


San SATURNINO DE TOULOUSE. M. c. 257.


Martirologio RomanoEn Toulouse en la Galia narbonense, hoy en Francia, conmemoración de san Saturnino, obispo y mártir, que, como se narra, siempre en tiempos del emperador Decio, fue hecho prisionero por los paganos en una roca de esta ciudad y, precipitado por el precipicio, con la cabeza rota y el cuerpo despedazado rindió su alma a Cristo

Se sabe poco de él. Parece que era griego, de Patrás. Se piensa que el papa san Fabián lo envió de apóstol a las Galias como primer obispo de Toulouse hacia el año 245. 

Bautizó y convirtió en Pamplona a san Honorato, el cual se vinculó a él de una manera especial. También bautizó a san Honesto de Pamplona y le dio la misión de evangelizar España. Fundó con san Honesto el cristianismo en Pamplona. Entre los bautizados por Saturnino, estaba el senador Firmus, padre de Firminus, futuro san Fermín. Al conocer el martirio de su discípulo san Papoul, regresó a su sede de Toulouse para proseguir su labor. Llegó a situar la sede de las reuniones de los cristianos en una casa vecina al Capitolio de la ciudad. El culto pagano del Capitolio continuó resistiéndosele. Se impusieron edictos como el de Decio en el 250. 

Un día Saturnino pasó delante del Capitolio, en compañía de tres miembros de su clero, un grupo de idólatras se lanzó tumultuosamente sobre él, dejando escapar a sus compañeros. Hicieron subir a Saturnino hasta el altar del Capitolio y ante su negativa de adorar a los dioses, se le ató a un toro preparado para el sacrificio y murió mártir en Toulouse. Todo esto es una leyenda sin fundamento histórico, y quizás se refiera a otro Saturnino mártir en el Capitolio de Roma. Está enterrado en la basílica de Saint-Sernin de Toulouse. Patrón de Toulouse y San Sadurní de Noya. 

San JACOBO DE SARUG. (451-521).


Martirologio RomanoEn Sarug de Batnan, de Osrhoene, en Mesopotamia, san Jacobo, obispo, que ilustró con su fe purísima a esta Iglesia por medio de sus sermones, homilías y traducciones, y es reconocido por los sirios como doctor y columna de la Iglesia, junto con san Efrén.

Jacobo de Sarug es uno de los grandes Padres de la Iglesia siria. Nació en el distrito de Sarug, a orillas del Eufrates. Según la tradición, completó sus estudios teológicos en Edesa, donde recibió unos sólidos conocimientos lingüísticos, filosóficos y teológicos. A los 22 años de edad se hizo monje y eremita. 

No abundan los datos sobre su vida: en el año 502 es nombrado corepíscopo, oficio eclesiástico que ejercía una jurisdicción delegada del obispo. Durante esta época, visitó muchos monasterios ganándose la estima de monjes y eremitas. En el 519 fue consagrado obispo; y desde ese momento desarrolló un extensa labor pastoral hasta el momento de su muerte, acaecida dos años más tarde. Su fama de santidad lo hizo entrar en la liturgia y en el calendario de los santos. < Jacobo de Sarug ha dejado una obra variada y abundante. Destacan los escritos en verso. Según algunos estudiosos, predicó unas 760 homilías, aunque sólo se han conservado la mitad y no todas han sido publicadas. 


Beato FEDERICO DE RATISBONA. M. 1329.


Martirologio RomanoEn Ratisbona, de Baviera, en Alemania, beato Federico, religioso de la Orden de Ermitaños de San Agustín, que, siendo hábil carpintero, sobresalió por el fervor en la oración, por la obediencia y por la caridad.

Nació en Ratisbona (Alemania). Sus padres pertenecían a la clase media. Entró en calidad de hermano no clérigo en el convento de los agustinos de Ratisbona (Regensburg, Alemania), y sirvió a la comunidad como carpintero, con el encargo de proveer a la casa la leña necesaria para el uso cotidiano. Un modesto trabajo llevado a cabo durante años, unido a una profunda vida de oración. Fue apreciado por su religiosidad, su generosa obediencia, su delicadeza con los hermanos, su caridad con los pobres, su humildad y, en particular, por su ardiente devoción a la eucaristía; se narra cómo un día en que no pudo asistir a la misa, en el mismo lugar donde se encontraba trabajando, recibió la comunión de manos de un ángel.< Desde 1913, sus restos mortales, se hallan expuestos a la veneración de los fieles en la iglesia agustiniana y parroquial de santa Cecilia en Ratisbona.

El siervo de Dios, Clemente Fulh, Prior General, O.S.A., en una carta a los hermanos no clérigos, decía: “El beato Federico llegó en vuestro estado a la cumbre de la perfección, observando fielmente las normas establecidas por N. P. S. Agustín en su obra “De opere monachorum”, es decir, juntando en admirable consorcio la vida perfectamente contemplativa con la vida perfectamente activa. El beato Federico, en los diversos oficios que le encomendara la obediencia, sirvió sin descanso y con singular solicitud a la comunidad, anteponiendo siempre el bien común al propio, que es el carácter distintivo de la caridad cristiana, según nos enseña San Pablo y nos recuerda N. P. S. Agustín en la Regla. El beato Federico es dechado y ejemplar admirable, pues íntimamente unido a los sacerdotes por la obediencia y la caridad, aspiró ardientemente a que Jesucristo reinara con imperio absoluto en las almas, y sobre todo en su corazón. Seguid sus huellas, imitad sus ejemplos e invocad su protección, para que también vosotros logréis llegar al mismo fin; a la perfección en vuestro estado y a la bienaventuranza eterna”.


Beato BERNARDO FRANCISCO DE HOYOS. (1711-1735).


Nació en Torrelobatón (Valladolid, España). Su padre don Manuel de Hoyos era secretario del ayuntamiento de Torrelobatón, pero su familia era originaria de Hoyos. A los 14 años, con el permiso de su familia, fue admitido en el noviciado de los Jesuitas en Villa García de Campos.

Terminó el noviciado con casi 17 años, y emitió los votos simples perpetuos. Desde los 17 hasta los 20 años, Bernardo estudió Filosofía en el colegio de los santos Pedro y Pablo en Medina del Campo. A los 20 años Bernardo comenzó los estudios de Teología en el colegio de San Ambrosio de Valladolid. 

Cuando pronunció la fórmula de los votos simples perpetuos, con casi 17 años, escribe el mismo Bernardo lo que sintió en ese momento: “Al empezar a leer la fórmula de los votos ví en la sagrada eucaristía al mismo Jesucristo, que me oía, como juez en su trono, muy afable. Quedé al principio como fuera de mí, al ver tan gran Majestad, mas no fue tanto, que se conociese en lo exterior. Vile venir, y entrar en mi dichosa boca: causó mayor reverencia amorosa, y amor reverente, al verle entrar y estar en mi lengua. Después que pasó la Sagrada Forma, me dijo el Señor estas palabras intelectuales: “desde hoy me uno más estrechamente contigo por el amor que te tengo ". 

En 1733, cuando Bernardo tenía 21 años y era estudiante de teología en el colegio de San Ambrosio de Valladolid, recibió una carta de su amigo Agustín Cadaveraz que era sacerdote y profesor de gramática en Bilbao. A Agustín le habían pedido un sermón para la octava de Corpus, y recordaba Agustín que en Valladolid había leído un libro escrito en latín cuyo título era “De cultu Sacratissimi Cordis Iesu”, del P. José de Gallifet, sobre la devoción al Corazón de Jesús. Para preparar el sermón, Agustín le pedía a Bernardo que copiase determinados fragmentos de ese libro y que se los enviase. Bernardo tomó el libro de la biblioteca y lo llevó a su habitación para copiar los párrafos pedidos.

Esto es lo que relata Bernardo: "Yo que no había oído jamás tal cosa, empecé a leer el origen del culto del Corazón de nuestro amor Jesús, y sentí en mi espíritu un extraordinario movimiento fuerte, suave y nada arrebatado ni impetuoso, con el cual me fui luego al punto delante del Señor Sacramentado a ofrecerme a su Corazón para cooperar cuanto pudiese a lo menos con oraciones a la extensión de su culto". 

"Todo el día anduve en notables afectos al Corazón de Jesús, y ayer estando en oración, me hizo el Señor un favor muy semejante al que hizo a la primera fundadora de este culto, que fue una hija de nuestro santo director, san Francisco de Sales, la venerable madre Margarita Alacoque, y lo trae el mismo autor en su vida: “mostróme su Corazón todo abrasado en amor, y condolido de lo poco que se le ama. Repitióme la elección que había hecho de este su indigno siervo para adelantar su culto, y sosegó aquel generillo de turbación que dije, dándome a entender que yo dejase obrar a su providencia, que ella me guiaría, que todo lo tratase con el P. Juan de Loyola que sería de singular agrado suyo, que esta provincia de su compañía tuviese el oficio y celebrase la fiesta de su Corazón, como se celebra en tan innumerables partes”.

“El domingo pasado (dice) inmediato a la fiesta de nuestro San Miguel, después de comulgar, sentí a mi lado a este santo Arcángel que me dijo cómo extender el culto del Corazón de Jesús por toda España, y más universalmente por toda la Iglesia, aunque llegará día en que suceda, ha de tener gravísimas dificultades, pero que se vencerán, que él, como Príncipe de la Iglesia, asistirá a esta empresa; que en lo que el Señor quiere se extienda por nuestro medio, también ocurrirán dificultades, pero que experimentaremos su asistencia". "Después de esto quedé un poco recogido, cuando por una admirable visión imaginaria, se me mostró aquel divino Corazón de Jesús todo arrojando llamas de amor, de suerte que parecía un incendio de fuego abrasador de otra especie que este material". 

 (Bernardo escribe al P. Juan de Loyola); quiere este Divino Dueño que yo sea discípulo del Corazón Sagrado de Jesús, y discípulo amado: así la obra de Bernardo de Hoyos. En sus pocos años de vida escribió varios centenares de cartas principalmente a su director espiritual, el P. Juan de Loyola, con el fin de difundir por toda España la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, entre ellos: escritos espirituales, apuntes y sermones. La principal fuente para conocer estos escritos de Bernardo es el libro “Vida del angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús” escrito por Juan de Loyola. 

A los 23 años le correspondía a Bernardo comenzar el cuarto curso de Teología, y aunque no tenía edad para ordenarse, sus superiores pidieron dispensa para que pudiese hacerlo durante ese curso, y con esta dispensa pudo ordenarse de diácono. Poco después se ordenó de Presbítero, y unos días después celebró la primera misa en el colegio de san Ignacio de Valladolid. A los 24 años, pocos meses después de haber sido ordenado sacerdote, enfermó de tifus y falleció, habiendo recibido el viático y la santa unción.



San FRANCISCO ANTONIO FASANI. (1681-1742).


Martirologio RomanoEn Lucera en Puglia, san Francisco Antonio Fasani, sacerdote de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales, que, hombre de refinada cultura fue conocido por su gran amor a la predicación y a la penitencia, se dedicó a tal punto por los pobres y necesitados que no dudó en privarse del vestido para cubrir a un mendigo y ofrecer a todos su cristiano sustento

Antonio Fasani, nació en Lucera (Puglia), y se llamaba Juan. Muy joven se hizo franciscano conventual, en el convento de Lucera, adoptando el nombre de Francisco Antonio. Hizo su profesión religiosa en 1696. Completó sus estudió filosóficos y teológicos en el Estudio General de Asis donde fue ordenado sacerdote a los 26 años (1705). 

Exímio predicador y maestro de Teología, pasó sus años de intensa vida apostólica en Asís, Roma y Lucerna (en su ciudad natal pasó casi toda su vida). En la escuela, en el púlpito y en el confesionario desplegó un fecundo apostolado, sobre todo en su región de origen. Por sus dotes de maestro de novicios y predicador fue llamado el “padre maestro” por sus conciudadanos. Fue prior del convento de Lucera y superior provincial. Su vida se nutrió de la oración y de la eucaristía, invocaba a Dios: “Sumo amor, inmenso amor, eterno amor, infinito amor”. También tuvo una gran devoción a María Inmaculada. Su celo brillo especialmente en la asistencia a los encarcelados y condenados a los que acompañaba hasta el lugar del suplicio. Se entregó de tal manera a los pobres, que llegó a hacerse mendigo, ofreciendo a todos su ayuda cristiana. Uno de sus contemporáneos dijo: “No perdonó ninguna fatiga para salvar a las almas”.

Murió en su convento de Fasani, ofreciendo su enfermedad al Señor con gran alegría. Murió con fama de santidad, reconocida por el pueblo. 




Beata MARÍA MAGDALENA DE LA ENCARNACIÓN (Catalina Sordini). (1770-1824).


Nació en Porto Santo Stefano (Italia). A los 17 años recibió una propuesta de matrimonio, el joven le regaló preciosas joyas. En una ocasión adornadas con ellas, al mirarse en un espejo se le apareció el rostro doloroso de Jesús crucificado que la invitaba a entregarse totalmente a él y le decía: “Catalina, ¿me abandonas por el amor humano?”. Ingresó en el monasterio de las Terciarias Franciscanas de Ischia di Castro, tomando el nombre de María Magdalena de la Encarnación.

En 1789, en el refectorio vio a “Jesús... que le decía: Te he elegido para instituir la obra de las Adoratrices Perpétuas, que día y noche me ofrecerán su humilde adoración para reparar las ofensas y las ingratitudes de la humanidaad e impetrar gracias y ayudas de mi divina misericordia".



El 20 de abril de 1802 fue elegida abadesa, cargo que ocupó hasta 1807, cuando, siguiendo la voluntad de Dios que deseaba un nuevo instituto -y escritas las Constituciones-, se trasladó a Roma, con algunas hermanas y la bendición de Pío VII, para fundar el primer monasterio de las Adoratrices Perpetuas del Santísimo Sacramento, en el convento de San Joaquín y Santa Ana, en Quattro Fontane. La fundación tuvo lugar el 8 de julio de 1807. Por iniciativa suya la iglesia se abrió a la adoración de los fieles laicos. 

Gracias a su unión con Dios cada vez más íntima, a su gran espíritu de fe y a su intensa oración en tiempos difíciles, por la invasión de los franceses después de la Revolución, logró realizar muchas obras, en beneficio del monasterio y también de muchas personas que recurrian a ella.

Profetizó al papa Pío VII la deportación a Francia, y su vuelta a Roma. También llegó la cruz a las Adoratrices, con la supresión del Instituto, y ella fue exiliada a Florencia. Caído el régimen napoleónico, en el año 1814 la madre volvió a Roma con algunas jóvenes florentinas y el 18 de septiembre de 1817 vistió el nuevo hábito religioso: sayo blanco y escapulario rojo, símbolos del candor virginal y del amor a Jesús crucificado y eucarístico. El 10 de marzo de 1818 la Santa Sede reconoció oficialmente la congregación, que la madre María Magdalena puso bajo el patrocinio de la Virgen de los Dolores. Murió en Roma, donde reposan sus restos.

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