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Santoral del 1 de Febrero


Patrona de Irlanda junto con los santos Patricio y Columba
Parece una contradicción, pero a pesar de su gran fama que la hace pasar por la santa más conocida de Irlanda y de estar unidos a su figura gran cantidad de elementos festivos y folclóricos se conocen muy pocos hechos históricos sobre su vida.
Fue Cogitosus que vivió del 620 al 680 su primer biógrafo, pero -lastimosamente- poco escribe acerca de la vida terrena de la santa; su escrito se pierde en descripciones sociales y religiosas en torno al monasterio de Kindale, probablemente mixto y con jurisdicción quasi-episcopal, fundado por Brígida.
También existen himnos y poemas irlandeses de los siglos VII y VIII que en sí mismos testimonian el culto que se tributaba a la santa irlandesa.

Un poco más adelante, el obispo de Fiésole, Donatus, a mitad del siglo IX, escribe su vida en verso y este debió ser el vehículo de la rápida difusión de su culto por Europa.
Pero de esta carencia de datos que impiden el diseño de un perfil hagiográfico completo; la religiosidad popular y el calor de las gentes por su santa ha suplido con creces la grandeza de su vida fiel al Evangelio y entregada a su vocación religiosa.

Veámoslo.
Del hecho de pertenecer Brígida a una tribu inferior en su tiempo, concretamente la de Forthairt, la fantasía la hace nacer del fruto de la unión -extraña al matrimonio- de su padre, Duptaco, con una bellísima esclava, con todos los problemas que esto produce en el entorno familiar legítimo, desde el disgusto de la esposa hasta la proposición de su venta. Claro que de esto se sacará la noble lección de que Dios puede tener planes insospechados para los espúreos inculpables que pueden llegar a las cimas más altas de la santidad y dejar tras de sí una estela de bien para la gente.

Heredada la extrahermosura de su madre, para no ser ocasión de pecado y no ser ya más pedida en matrimonio, pide a Dios que la haga fea. ¿Para qué quiere la hermosura quien sólo piensa en Dios? Ha decidido entrar en religión. Derrama lágrimas abundantes y son escuchados sus ruegos con un reventón del ojo; por este favor da gracias a Dios que luego le devuelve todo su esplendor. La lección está clara: quien posee al Amor desprecia lo que a tantas vuelve locas y vanas para alcanzar un amor.
También los pobres están presentes en el relato; no podría concebirse santidad sin caridad. Y ahora es la vaca su cómplice; nunca se secaron las ubres, una y otra vez ordeñadas por Brígida, cuando había que remediar a un menesteroso. La vaca ha quedado presente, como emblema, en las representaciones pictóricas de los artistas, junto a la imagen de la santa.

Y aún hay más; sí, son inagotables los relatos de bondades. Se habla de leprosos curados y de monjas tibias descubiertas; la muda Doria comienza a hablar y termina sus días como religiosa en el convento; frustra asesinatos; da vista a ciegos y... como expresión del estilo de un pueblo ¡convierte el agua de su baño en cerveza para apagar la sed!
Los himnos, versos, poemas y canciones populares -con sencillez y regocijo- muestran el calor de un pueblo por su santa y dice con sus leyes lo que las de la crítica histórica ni puede ni debe decir.

MEDITACIÓN SOBRE EL AMOR A JESÚS

I. Jesús nos dio todo para obtener nuestro amor. ¿Quieres ser amigo suyo? Es preciso que por entero te des a Él. ¡Cuán dulce es dar el corazón, el cuerpo, el alma, a Jesús! ¡Ah! ¡cuán generoso es este Señor, cuán fiel este Amigo, cuán magníficamente recompensa este Dios a todos aquellos que le sirven! Que las creaturas no me importunen más, yo quiero ser todo de Jesús. Sufriré, mas, qué me importa. En nada tengo los suplicios, no amo esta vida hasta el punto de preferirla al Señor (San Ignacio).

II. Por nosotros ha trabajado Jesús durante toda su vida. Seamos agradecidos para con un amigo tan generoso; que nuestro amor no piense sino en Jesús, que nuestros actos sean todos para Él, que nuestra lengua en todo momento pronuncie su Nombre adorable. Amemos a nuestros parientes y a nuestros amigos porque Jesús lo quiere; hagamos bien a nuestros enemigos por amor a Él. Veamos a Jesucristo en la persona de nuestro prójimo, y el amor se nos hará fácil.

III. Para coronar la ofrenda que de ti mismo y de tus acciones le has hecho a Jesús, es preciso que las realices como Jesús las hubiera hecho. Al comenzar el día llénate de este pensamiento: Quiero ser amigo de Jesús, quiero parecerme a Él. ¿Cómo oraba a su Padre celestial? ¿Cómo conversaba con los hombres? Con frecuencia pregúntate: ¿hubiera hecho esto Jesús como yo lo hago? No te separes de Jesús, que Él sea tu compañero, tu convidado, aun más, que Cristo sea tus delicias (San Pedro Damián).

El amor a Jesús.
Orad por China.

ORACIÓN


Omnipotente Dios, mirad nuestra debilidad, mirad cómo el peso de nuestras propias obras nos agobia, y fortificadnos por la gloriosa intercesión de Santa Brigida. Por J. C. N. S.


Santa BRÍGIDA DE KILDARE. (c.450 - 524)

(Brígida de Irlanda, Bridget; Ffraid)

Alta. Flecha ardiente. Población, colonia, ciudad.

Martirologio Romano: En Kildare, en Irlanda, santa Brígida, abadesa, que fundó uno de los primeros monasterios de la isla y continuó el trabajo de evangelización iniciado por san Patricio.

Nació en Faughart (Irlanda del Norte) y se cree que procedía de una familia noble irlandesa; la leyenda dice que fue hija del rey irlandés Dubtach y esclava, al ser vendida a un hombre llamado Magnus. El rey, arrepentido, quiso recuperar a su hija, ésta se había hecho guapísima y deseaba ser religiosa, le pidió al Señor que la hiciera fea, y la dejó tuerta.

Fue bautizada por un discípulo y sobrino de san Patricio, san Mel, a los 16 años ingresó en religión y mas tarde fundo el convento de Kildare, en el condado de Irlanda, en la provincia de Leinster, del que fue abadesa (se piensa que éste fue el primer convento femenino de Irlanda). Según la leyenda, el convento de Kildare, se construyó, primero debajo de un árbol, que fue donde se retiró nuestra santa, y se le unieron muchas personas, hasta que se construyó el edificio (“Kildare” significa en lengua celta “celda bajo el roble”).
Los milagros y anécdotas que se cuenta de ella son hermosos y líricamente imaginativos; especialmente la que se refiere a una monja ciega, Dará:

Una tarde, al ponerse el sol, Brígida estaba sentada con la hermana Dará, una santa monja que estaba ciega: hablaban del amor de Jesucristo y de los gozos del paraíso. Sus corazones rebosaban en tal forma, que la noche voló mientras conversaban y no se dieron cuenta de que habían pasado muchas horas. Entonces salió el sol tras las montañas de Wicklow, y su luz pura y blanca vino a iluminar y a alegrar la faz de la tierra. Brígida suspiró al ver la hermosura del cielo y de la tierra: sabía que los ojos de Dará estaban cerrados a toda esta belleza. Inclinó entonces la cabeza y rezó; extendió su mano e hizo la señal de la cruz sobre las apagadas órbitas de la dulce hermana. Entonces cesó la oscuridad, y Dará vio la esfera dorada en el oriente y los árboles y las flores, que brillaban, con el rocío a la luz de la mañana. Se quedó mirando un instante y luego, volviéndose a la abadesa le dijo: «querida Madre, le ruego vuelva a cerrar mis ojos, porque cuando el mundo está así de visible a los ojos, el alma ve menos claramente a Dios». Entonces Brígida oró una vez más, y los ojos de Dará volvieron a obscurecerse.
Para los irlandeses reemplaza a una divinidad pagana, y la conocen como la Señora de Erin; también es una segunda Virgen María (altera María): la llaman “María Hibernorum”. Patrona de Kildare.
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San CECILIO DE ELVIRA. s. I.


Ciego. Cieguecito. Predicador de la fe, conquistador de ella.

Según una tradición cristiana medieval recogida en la leyenda de los siete varones apostólicos y el “Códice Emilianense”, documentos del siglo X basados en textos más antiguos, fue uno de los siete varones apostólicos, discípulos del apóstol Santiago enviados a evangelizar a Hispania por san Pedro y san Pablo. Obispo de Illíberis o Elvira (Granada). Fundador de la diócesis de Granada, entonces Illíberis. Mártir en Hispania. No se conserva ningún documento histórico auténtico sobre su vida. Patrón de Granada.

Tras la Reconquista, basándose en la tradición medieval y buscando enlazar la nueva Iglesia de Granada con sus más remotos orígenes en la comunidad cristiana de Ilíberis, una de las primeras parroquias creadas en la ciudad fue la de san Cecilio, aunque se veneraba a san Gregorio Bético o de Elvira como patrón. La extraordinaria aparición entre 1588 y 1599 en la torre Turpiana y en el Sacromonte —entonces monte de Valparaiso—, de una serie de reliquias, entre ellas las supuestas cenizas de san Cecilio, una lámina que indicaba que su martirio tuvo lugar en el monte Ilipulitano en el segundo año del imperio de Nerón y los “Libros plúmbeos”, intensificaron la devoción y el culto al santo obispo en Granada.

A pesar de la polémica suscitada por los hallazgos, considerados actualmente un intento sincrético de la comunidad morisca para evitar la expulsión que finalmente acabó produciéndose, un concilio local celebrado en 1600 declaró auténticas las reliquias encontradas, mientras que los “Libros plúmbeos”, tras numerosas vicisitudes, fueron declarados falsos y condenados por un breve apostólico de Inocencio XI en 1682.
A raíz de estos acontecimientos, se cambió la fiesta litúrgica de san Cecilio del 1 de mayo, fecha en que se celebraba junto a los otros seis varones apostólicos, al 1 de febrero, fecha del martirio según una de las láminas encontradas. Para venerar los restos, se creó, con el impulso del arzobispo de Granada Pedro de Castro, la Abadía del Sacromonte, lugar donde actualmente se conservan. Aunque no se proclamara oficialmente como tal, san Cecilio ha sido considerado desde entonces patrono de Granada y su archidiócesis.
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San SIGEBERTO III. (631-656)

Brillo de la victoria.

Martirologio Romano: En Metz, en Austrasia, el santo rey Sigeberto III, que fundó los monasterios de Stavelot y Malmedy, así como muchos otros, y se distinguió por su liberalidad en hacer limosnas a las iglesias y a los pobres.
Sigeberto III, hijo de Dagoberto I, fue rey de Austrasia. Bajo la influencia de san Pipino de Landen, de san Cuniberto de Colonia y de otros santos, el joven rey fue un hombre recto y santo; murió con 25 años. Aunque tuvo un gran éxito como monarca, fue sobre todo venerado como un gran fundador de numerosos hospitales, iglesias y monasterios: entre ellos las famosas abadías de Stavelot y Malmedy, además distribuyó cuantiosas limosnas en favor de la Iglesia y de los pobres.

En cuanto a la política de su reinado, para satisfacer las exigencias de autonomía de la aristocracia local, su padre le cedió en el año 632 el reino de Austrasia y se instaló en Metz en el año 634, pero siguió estando bajo la tutela del rey franco hasta la muerte de Dagoberto en el año 639. En ese año, Sigeberto recibió como herencia Austrasia, entonces liberada de toda dependencia de Neustria.
Intentó inútilmente someter a Radulfo, duque de Turingia, que lo venció en el año 640.
Durante su reinado es cuando el mayordomo de palacio empezó a tener un papel importante en la vida política de Austrasia.
Dejó el gobierno en manos del mayordomo Grimoaldo, que era hijo de beato Pipino de Landen que lo convenció para que adoptase a su propio hijo, al que bautizó como Childeberto, un nombre de rey merovingio. Posteriormente Sigeberto tuvo un hijo, el futuro san Dagoberto II, pero el mayordomo se sintió amenazado y a la muerte del rey, lo obligó a ingresar en una comunidad monástica y lo exilió a Irlanda. Tiene culto local.
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San URSO DE AOSTA. s. VIII.

Oso.

Martirologio Romano: En Augusta Pretoria, en los Alpes Grayos, san Urso, presbítero.
De origen irlandés. Enardeció la fe de los habitantes de Digna y Aosta en contra del arrianismo. Fue arcediano en Aosta. Era un hombre sencillo, pacífico y misericordioso; entregado al trabajo manual para procurarse alimento y auxiliar a los necesitados.
El desconocido autor de la “Vita” lo describe como simple, dulce, humilde, pacífico y altruista, un hombre de Dios que conjugaba la oración continua con las obras de caridad, visitando a los enfermos, ayudando a los pobres, consolando a los afligidos y apoyando a los oprimidos, viudas y huérfanos. Dedicado al trabajo de su huerto para procurarse lo necesario, Urso dividía el producto en tres partes: para sí, para los pobres, y para los pájaros, los cuales, según dice la leyenda, en agradecimiento se posaban en su cabeza, en su hombro, en sus manos. También tenía un pequeña viña, cuyo vino tenía la virtud de curar a los enfermos.

El día de su muerte fue seguramente un 1 de febrero, porque en esta fecha se celebra su culto inmemorial, aunque el año nos es desconocido por completo. La tradición le atribuye multitud de milagros. Uno de ellos fue que en un período de gran sequía, cuando el agua escaseaba ya no sólo para los campos sino también para los propios fieles, Urso abrió una vertiente en una roca con su bastón; esa fuente aun existe, es la «Fontana di Sant’Orso», cuyas aguas se consideraban milagrosas, por lo que se hizo en 1649 una capilla para albergarla, restaurada en el siglo XIX. Tiene culto local.
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San JUAN "de la Rejilla". (1098-1163)

(Juan de Saint Maló. fr.: Jean de La Grille, Jean de Châtillon).
Dios es misericordioso. El que está en gracia de Dios. Admirable.

Martirologio Romano: En Saint-Malo, en Bretaña Menor, san Juan, obispo, varón de gran austeridad y justicia, que trasladó su sede episcopal desde Aleth a esa ciudad. San Bernardo lo alabó como obispo pobre, amigo de los pobres y amante de la pobreza.

Se le llama de "la rejilla" a causa de una reja que rodeaba su tumba. Era un bretón que fue ordenado cisterciense en Claraval bajo el abadiato de san Bernardo; regresó a Bretaña como abad y fundador de los monasterios Buzay y Bégard. Fue elegido obispo de Aleth, sede que trasladó a Saint-Maló.

Según otras fuentes, san Juan tuvo muchas dificultades en la organización de su catedral. Anteriormente, aquella iglesia había estado gobernada por monjes de Marmoutier en Tours, pero el obispo instaló en su lugar a canónigos regulares de San Agustín, por lo que los primeros, resentidos, enredaron a san Juan en fastidiosos litigios. Cuando los obispos franceses dieron su fallo contra él, el obispo Juan, por consejo de san Bernardo, fue personalmente a Roma y expuso el asunto al papa, que decidió a su favor. Sus adversarios, no obstante, encontraron un pretexto para reanudar el litigio y Juan tuvo que volver a Roma. Para que el asunto quedara finalmente arreglado y sus contrarios le dejaran en paz, pasaron dieciocho años. Todavía existe una de las cartas de su correspondencia con san Bernardo sobre este asunto. Los biógrafos de san Juan ensalzan su paciencia en estos prolongados litigios y el notable espíritu de caridad e indulgencia que caracterizó su trato con el prójimo.

Juan fue comisionado para reformar el monasterio de Saint-Méen, de Gaël, y además de las otras casas religiosas que fundó, estableció las abadías de la Sainte Croix de Guingamp y la de Saint-Jacques de Montfort. Llevó una vida de mucha austeridad. Su relación con los cistercienses fue sólo su amistad con san Bernardo que lo elogió por ser amante de la pobreza y de los pobres. Su culto fue confirmado por Julio III en 1517.
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San RAIMUNDO DE FITERO. M. 1163.


(Ramón, Raimundo de Calatrava).
Que protege por el consejo.

Martirologio Romano: En la ciudad de Ciruelos en Castilla la Nueva en España, san Raimundo, abad de Fitero, fundador de la Orden de Calatrava e insigne sostén del cristianismo.
Se piensa que nació en Tarazona. Estudió letras y llegó a ser canónigo de Tarazona. Pero desando llegar a más altas noblezas abrazó la vida religiosa en el monasterio cisterciense de Nuestra Señora de Scala Dei (Francia). Regresó a su tierra en 1139, (por indicación de san Bernando de Claraval) para extender la Orden del Cister. Se instaló provisionalmente en el monasterio de Yerga con el monje Durando como abad y él como prior. En 1141, se trasladaron a Niencebas, donde fundaron una iglesia dedicada a María, al morir Durando fue elegido abad. Acudió al capítulo general de la Orden del Cister en Francia, presidido por el papa cisterciense san Eugenio III.
Fundó el monasterio Santa Maria de Fitero del que fue nombrado abad. Poco después en 1157, temió la ciudad de Toledo una irrupción de los sarracenos almohades. Cundió una noticia alarmante: los caballeros templarios iban a abandonar la fortaleza de Calatrava. Los almohades iban a ocuparla. Toledo estaba en peligro. Nadie se atrevió a defender la vanguardia oretana de Calatrava, que el rey ofrecía, ya que los templarios la habían abandonado.

Uno de los monjes de Fitero, antiguo caballero de la Bureba, Diego Velázquez, sugirió en Toledo, a su abad Raimundo que tendrían que ofrecerse para la organización de la defensa. Por esta causa, Raimundo fundó en 1158 con los labradores y soldados la Orden militar de Calatrava "leones en tiempos de guerra, corderos en tiempos de paz" de la que es proclamado primer Gran Maestre. La Orden militar estaba bajo la regla de san Benito. Después de cinco años de abad de Calatrava, Raimundo se retiró a la villa de Ciruelos, cerca de Ocaña.
Desde Ciruelos, Raimundo vigiló a los monjes caballeros y oró por ellos en los días de combate, como al conquistar Cuenca y recobrar Alcañiz. En los días de paz les infundió aquél espíritu de fe que les haría vencedores en las luchas oscuras del claustro. El Cister no vio con buenos ojos este cúmulo de acontecimientos y nuestro santo fue citado a comparecer para dar explicaciones de sus actos. Fue defendido en el capítulo general por Sancho de Castilla, Luis de Francia y el duque de Borgoña. La nueva fundación fue aprobada. Raimundo murió en Ciruelos, Toledo, viviendo la contemplación y la soledad en medio del fervor popular. Fue un hombre que vivió la voluntad de Dios, abrazado a la cruz y a la humildad. Sus restos reposan en la catedral de Toledo. La Congregación de Ritos aprobó el culto para la Orden Cisterciense en 1702, y para España en 1719 durante el pontificado de Clemente XI.
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Beato REGINALDO DE ORLEANS. (1183 - c.1220)

(Reginaldo de San Gil, Reinaldo).
Juicio poderoso.

Martirologio Romano: En París, en Francia, beato Reginaldo de Orleans, presbítero, quien, de paso por Roma, conmovido por la predicación de santo Domingo entró en la Orden de Predicadores, a la que atrajo a muchos con el ejemplo de sus virtudes y el ardor de su palabra.
Nació en Saint-Giles en Languedoc; enseño Derecho canónico en la Universidad de París (1206-1211); fue nombrado deán de Saint-Aignan en Orleans; en el 1218 nos lo encontramos en Roma, formando parte del séquito del obispo Manases II de Seignelay que marchaba para Tierra Santa.
En Roma conoció al cardenal Ugolino (futuro papa Gregorio IX) y por su intermediación trabó amistad con santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores.
Reginaldo era un hombre inteligente, abierto a los problemas religiosos de su tiempo y advirtió, con cierto remordimiento, el contraste entre su vida tranquila y refinada, su actividad administrativa y el consejo lanzado en el 1215 por el Concilio Lateranense IV, hacia un estilo de vida más evangélico. El mensaje de la pobreza evangélica, íntegramente realizado, de la Orden dominica, atrajo profundamente su ánimo insatisfecho.

Durante su estancia romana enfermó gravemente, santo Domingo al hacerle una visita, lo invitó a ingresar en los dominicos para seguir la pobreza de Cristo; después de una milagrosa curación en la que tuvo una aparición de María, que le mostró el hábito completo de la nueva Orden, su resistencia decayó y prometió ingresar en los dominicos a su regreso de Palestina, haciéndose uno de sus más fervientes discípulos.
En diciembre de 1218, santo Domingo lo trasladó a Bolonia como su vicario, y en la ciudad estudiantil, Reginaldo se sintió muy agusto; trasladó la comunidad dominica de Mascarella a San Niccoló delle Vigne y con su irresistible elocuencia atrajo a la Orden alumnos y profesores universitarios.
Un año después, en 1219, santo Domingo lo trasladó a St-Jacques de París para vigorizar la vacilante comunidad que allí estaba; también aquí afluyeron estudiantes y profesores de la Universidad para ingresar en los dominicos y, en torno, a los religiosos se creó un halo de cultura y espiritualidad.

Pocas semanas después de su llegada a París, Reginaldo murió; fue uno de los grandes dolores del santo fundador, aunque le consoló saber que Reginaldo había muerto con la sonrisa en los labios y manifestando su felicidad por haber abrazado la pobreza de los Apóstoles. Fue sepultado en la Iglesia benedictina de Notre-Dame des Champs, de donde su cuerpo desapareció durante la revolución de finales del s. XVIII. La Orden de Predicadores celebra su festividad el 12 de Febrero.
De la obra "Orígenes de la Orden de Predicadores" del beato Jordán de Sajonia dice: "Se consagró en seguida y por entero a la predicación; su palabra era de fuego, y sus sermones como antorchas encendidas, inflamaban los corazones de los oyentes, que apenas lo había tan endurecido que pudiera sustraerse a su calor”.
”No puedo menos de recordar que estando en vida fray Mateo, que lo había conocido en el mundo vanidoso y delicado, preguntóle como admirado en cierta ocasión: “ ¿Estáis triste, maestro, de haber tomado este hábito? “. A la que él respondió, bajando la cabeza con humildad: Creo que en la Orden no hago mérito alguno, pues siempre me gustó demasiado.” El culto al beato Reginaldo fue confirmado en 1875 por el beato Pío IX.
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Santa VIRIDIANA ATTAVANTI. (1182-1242)

(Verdiana, Veredigna, Veridiana).
Fresco, juvenil, jardín. Sincera, verdadera.

Martirologio Romano: En Castro Fiorentino, en la Toscana, santa Viridiana, virgen, que vivió como reclusa desde la juventud hasta la ancianidad.

Nació en Castelfiorentino, Toscana. Pertenecía a la noble familia de los Attavanti; al quedarse huérfana, tuvo que trasladarse a casa de un tío mercader que, al comprobar su inteligencia, la nombró administradora de sus bienes. Se cuenta que de lo ganado en un día lo gastó todo en dárselo a los pobres, pero la Providencia mantenía intactos los almacenes de su tío, mientras ella daba de comer a todos los necesitados.

Sintió la llamada de la soledad y de la penitencia y, para estar segura de ello, marchó en peregrinación a Santiago de Compostela y después a Roma. De esta forma reafirmó que su camino estaba en la soledad y se encerró en su pueblo, en un oratorio dedicado a San Antonio Abad. En esta celda pasó 34 años de su vida dedicada a la oración y contemplación, así como a la ayuda a los pobres a los que ayudaba con las limosnas que le entregaban sus vecinos. Muchos se acercaron a pedirle consuelo, consejos y oraciones (san Francisco de Asís fue uno de sus visitantes, y se dice que ingresó como terciaria franciscana). Su fama de santidad se extendió por toda Italia.
La Orden de Vallumbrosa la tiene inscrita en su santoral ya que se dice que perteneció a esta Orden, de hecho se la rafigura con el hábito vallumbrosiano. Su culto fue aprobado por Clemente VII en 1533. Patrona de Castelfiorentino y de Florencia.
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Beato ANDRÉS CONTI. (1240 - 1302).

(Andrés de Anagni, Andrés de Segni).
Varoníl.Varón, viril, hombre valiente.

Martirologio Romano: En el convento de Piglio, en el Lacio, beato Andrés, de la familia de los condes de Segni, presbítero de la Orden de los Menores, que, renunciando a altas dignidades, prefirió servir a Cristo en la humildad y simplicidad.

Andrés de los Conti de Segni nació en Anagni y su familia eran los condes de Segni. Era pariente próximo de los papas: Inocencio III, Gregorio IX, Alejandro IV y Bonifacio VIII. Fue uno de los que en su siglo se le gravó la espiritualidad franciscana. Entró en el convento de San Lorenzo, fundado por el mismo Francisco. No le pareció suficiente la austeridad allí vivida, y obtuvo permiso para retirarse a un pequeño convento eremitorio de Piglio, junto al monte Scalambra, en las laderas de los Apeninos, lugar preferido suyo era una cueva, tan baja y estrecha que solamente podía estar allí inclinado y de rodillas. Su vida transcurría en la contemplación y en la austeridad, entre la oración, el estudio y el trabajo manual. El demonio lo asaltaba con tentaciones, pero Andrés lo rechazaba con la señal de la cruz. Libró del demonio a personas asediadas por él que venían en busca de sanación.

Pero la fama le siguió, porque en su soledad se había hecho teólogo y había escrito un libro sobre la Santísima Virgen. Su tío el papa Alejandro IV, fue hacia su gruta con el fin de hacerlo cardenal, pero Andrés le devolvió el capelo cardenalicio diciéndole que el único privilegio que quería era que lo dejaran en su gruta orando, meditando y estudiando. Más tarde rechazó con energía igual gesto de su sobrino Bonifacio VIII, el cual solamente alimentaba la esperanza de sobrevivir a su tío para elevarlo al honor de los altares, cosa que tampoco logró, pues tío y sobrino murieron a pocos meses de distancia. Su vida fue más angélica que humana, glorificado con prodigios y profecías. Su culto quedó formalmente aprobado en 1724 por Inocencio XIII.
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Beatos CORNELIO O’DEVANY y PATRICIO O’LOUGHRAN. M. 1612


(ir.: Conchubhar Ó Duibheanaigh). El que entiende la circuncisión. Cabra,cuerno; el que toca el cuerno.
(ir.: Padraig O`Lochrain). Creador del linaje. Noble.

Martirologio Romano: En Dublín en Irlanda, beatos mártires Cornelio O'Devany, obispo de Down y de Connor, de la Orden de los Hermanos Menores, y Patricio O'Loughran, sacerdote, que, bajo el rey Jacobo I, fueron condenados por su fe católica, sufrieron el suplicio del ahorcamiento y descuartizamiento.

Cornelio O'Devany nació en el Ulster en 1532. Era franciscano del convento de Donegal, y mientras estaba en Roma, en 1582, fue elegido obispo de Down y Connor, y consagrado el 2 de febrero de 1583 por mandato de Gregorio XIII. En 1588 fue encerrado en la prisión de Dublin Castle. Al no poder condenarlo por un delito punible con la muerte, el diputado Fitzwilliam buscó la autoridad de Burghley (Gran Lord Tesorero de Isabel I) para "deshacerse de un enemigo obstinado de Dios y así dejar al descubierto a un traidor a su Majestad como sin duda lo es". Permaneció en prisión dos años, pero finalmente fue librado, sin duda por presión, ya que fue protegido políticamente hasta 1607 por Hugo O'Neill, jefe de los católicos irlandeses. Trabajó apostólicamente unos años, cuando, cerca ya de los 80 años, fue sorprendido administrando la confirmación, y recluido nuevamente en Dublin Castle.
Patricio O'Loughran, había nacido en el Condado de Tyrone en Irlanda hacia el 1577; era presbítero y estuvo en Bélgica asistiendo espiritualmente a los exiliados católico irlandeses. En 1611 regresó a Irlanda y capellán del jefe de los católicos irlandeses, Hugo O’Neill, conde de Tyrone, así como asistente del obispo O’Devany. Fue arrestado en Cork.

Ambos habían padecido la cárcel y los malos tratos en los calabozos de Dublín, y ambos habían resistido firmemente la propuesta de libertad, si aceptaban suscribir la ley de Inglaterra de que el rey era la cabeza de la Iglesia de sus reinos. Los dos mártires llegaron al patíbulo luego de que innumerables fieles por el camino les pidieran la bendición. A la vista del cadalso, los dos entonaron el “Nunc Dimitis”. El obispo invocó la protección de Dios sobre Irlanda, rezó por sus perseguidores y dio el perdón al verdugo que acudió a solicitarlo. Patricio, accedio al ruego de los fieles y los bendijo por última vez. Fueron ahorcados y descuartizados en Dublín durante el reinado de Jacobo I.

El pueblo, a pesar de los guardias, se llevaba de la horca reliquias, ropa, cabellos y hasta fragmentos del cuerpo. Oraban toda la noche junto a las reliquias, y un hombre enfermo informó que se había curado de solo tocarlas, y se rezaba misa tras misa desde medianoche hasta el día. El Virrey ordenó que todos los miembros dispersos de los ajusticiados fueran enterrados de una vez, pero a la noche siguiente los católicos los exhumaron y llevaron como reliquias al cementerio de la iglesia de Santiago. O'Devany había él mismo compilado una lista de mártires. Con otros mártires irlandeses ambos fueron beatificados el 17 de septiembre de 1992 por san Juan Pablo II.
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San ENRIQUE MORSE. (1549-1645)

Señor del soto. Caudillo de la fortaleza. Bien nacido.

Martirologio Romano: En Londres, en Inglaterra, san Enrique Morse, presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, que, apresado en diversas ocasiones y exiliado dos veces, fue encarcelado de nuevo en tiempo del rey Carlos I por ser sacerdote y, después de haber celebrado la Misa en la cárcel, ahorcado en Tyburn entregó su alma a Dios.

Nació en Brome (Suffolk) en el seno de una familia anglicana. Se convirtió al catolicismo; después de haber sido miembro del Inns of Court estudió para ser sacerdote en Douai. Vuelto a Inglaterra, en 1618, fue desterrado por negarse a hacer el juramento de fidelidad al rey, y entonces se marchó a Roma, donde completó los estudios y fue ordenado sacerdote.
En 1624 regresó a Inglaterra. Ejerció su ministerio sacerdotal en Heaton hasta que, arrestado en Newcastle, fue llevado a Londres y encerrado en la prisión de Newgate, donde encontró al presbítero el beato Juan Robinson, siendo ambos trasladados a los calabozos el castillo de York. Aquí emitió sus votos simples de la Compañía de Jesús mientras fue liberado.

A fines de 1633, el P. Morse regresó clandestinamente a Inglaterra y, con el nombre falso de Cuthbert Claxton, ejerció su ministerio en Londres. Muy pronto tuvo ocasión de desplegar una benéfica actividad, durante la epidemia de peste que azotó a la ciudad entre 1636 y 1637. El P. Morse tenía una lista, de cuatrocientas familias católicas y protestantes, afectadas por el mal, a quienes visitaba regularmente, llevándoles ayuda material y espiritual. Su abnegada caridad produjo una impresión tan profunda que, en menos de un año, cien de aquellas familias anglicanas se reconciliaron con la Iglesia Católica. Ponía tanto entusiasmo nuestro santo en el desempeño de su misericordiosa tarea, que por tres veces contrajo la peste y otras tantas se recuperó para volver a la brega, hasta que sus superiores le amonestaron, indicándole que debería moderar su celo. Fue por entonces, precisamente, cuando las autoridades descubrieron la identidad del P. Morse y lo aprehendieron de nuevo, acusándolo de ser sacerdote y de haber «pervertido a unos quinientos súbditos protestantes de Su Majestad, dentro y fuera de la parroquia de San Gil de los Campos, en Londres». El acusado se declaró culpable del primer cargo, pero no así del segundo y, por fortuna, antes de que se pronunciara la sentencia, intervino en su favor la reina Enriqueta María, y el P. Morse fue puesto en libertad bajo fianza de 10.000 florines. Poco después, al emitirse la proclama real que imponía un plazo con límite hasta el 7 de abril de 1641, para que todos los sacerdotes católicos abandonaran el país, Enrique Morse se sintió obligado a partir, para no comprometer a sus fiadores y así volvió a emprender su labor misionera entre las tropas inglesas en Flandes.

Pero dos años más tarde, en 1643, volvió de Gante hacia Inglaterra y, durante dieciocho meses consiguió burlar la vigilancia y desempeñar su ministerio en el norte del país, hasta que fue aprehendido por sospechas, mientras visitaba a un enfermo en los límites de Cumberland. De ahí fue conducido a Durham, pero en el camino, cuando pernoctaban en la casa de uno de sus captores, la esposa de éste, que era católica, ayudó a escapar al P. Morse. Poco le duró la libertad, porque seis semanas después volvieron a arrestarle, y luego de permanecer algún tiempo en la carcel de Durham, fue trasladado, con escolta, a la de Newcastle, en Londres. Allí debió comparecer ante el Tribunal Mayor para ser juzgado como criminal reincidente. Fue condenado a muerte sin apelación en vista de que había vuelto a cometer el delito por el que se le había juzgado nueve años antes.

El día señalado para la ejecución, el P. Morse celebró en la celda la misa votiva de la Santísima Trinidad, antes de que le condujeran en la fatídica carreta al cadalso de la plaza de Tyburn. Ahí, mezclados a la acostumbrada muchedumbre de curiosos, se hallaban los embajadores de países católicos, como Francia, España y Portugal, con sus séquitos correspondientes, para rendir homenaje al mártir. Éste, colocado ya bajo la horca y con la cuerda al cuello, habló a los presentes con voz serena, afirmando que moría por su religión y tan sólo por haber trabajado siempre por el bienestar de sus conciudadanos, negando rotundamente que hubiera organizado o participado en conspiración alguna contra el rey, como aseguraban sus acusadores. Después oró en voz alta por la salvación de su alma, por la de sus perseguidores y por el Reino de Inglaterra; en seguida, hizo la indicación de que estaba listo. Rápidamente fue retirada la carreta y el P. Enrique Morse, quedó pendiente de la cuerda. Murió ahorcado el 1º de febrero de 1645.
Entre las diversas reliquias de mártires ingleses que reunió el embajador de España, conde de Egmont, para sacarlas al extranjero, donde habrían de ser debidamente veneradas, figuraban especialmente las de san Enrique Morse. Fue beatificado en 1929, y declarado santo por SS Pablo VI el 25 de octubre de 1970.
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Beatos MÁRTIRES DE ANGERS. M. 1794

En este día se celebra la memoria colectiva de los mártires de Angers.
La política religiosa del nuevo régimen revolucionario francés y las medidas de excepción contra los sacerdotes no juramentados trajeron una consecuencia cuya trascendencia iba a ser considerable: la sublevación del oeste de Francia, no solamente La Vendée, sino más o menos todo el país que se extiende desde el norte del Poitu hasta la Bretaña y a los confines de Normandía, en los territorios actuales de los obispados de Poitiers, Angers, Lucon y Nantes. Si bien la adhesión a la causa realista intervendría también en su estallido, la fidelidad a la Fe Católica y a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana constituyó sin duda el móvil mayor de aquella epopeya.
La "Epopeya de La Vendée" refiere a la gesta católica emprendida por campesinos y sus familias —acompañados por nobles y sacerdotes— que llevaban prendidos escarapelas del Sagrado Corazón y se autodenominaban como ejército católico y real; se resistían a que la presencia social de Cristo Rey fuera desterrada de sus pueblos, de gran mayoría cristiana.

Esta región, evangelizada un siglo atrás por san Luis María Grignion de Montfort, terciario dominico —que insistía en la devoción filial a Nuestra Señora— fue tan inmunizada contra el virus de la Revolución, que se levantó en armas contra el gobierno republicano y anticatólico de Paris.
San Luis María Grignion de Montfort tenía a la Santísima Virgen la devoción más ardiente, y hasta compuso en su alabanza el "Tratado de la Verdadera Devoción", que constituye hoy el fundamento más fuerte de toda la piedad mariana profunda.
Por otro lado, con sus misiones aproximaba al pueblo a los sacramentos y lo enfervorizaba en la devoción al Rosario. También la sagrada insignia difundida por el santo —el Sagrado Corazón en tela roja, encuadrado por las iniciales de Jesús y María— fue colocado por los combatientes sobre sus chalecos, blusas, o dispuesto como escarapela en los sombreros de amplias alas.

El Terror desatado por la Revolución Francesa ha producido miles de víctimas en Anjou; el Padre Gruget estima que 2000 vendeanos, fieles a la fe, fueron fusilados. La Causa de Beatificación, introducida en 1905, comprendía a 99 personas: 15 que fueron guillotinadas en Angers, y 84 que fueron fusiladas en Champ-des-Martyrs d’Avrillé, entre el 30 de octubre de 1793 y el 14 de octubre de 1794. "Nos, acogiendo el deseo de nuestros hermanos Jean Orchampt, obispo de Angers,(...), así como de otros muchos hermanos en el Episcopado y de numerosos fieles cristianos, después de haber escuchado el parecer de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, con nuestra Autoridad Apostólica establecemos que los venerables Siervos de Dios Guillermo Repin y compañeros (...), de ahora en adelante llamados Beatos y que su fiesta pueda celebrarse todos los años en los lugares y del modo establecido por el derecho, el día del tránsito para el cielo: el 1 de febrero para los Beatos Guillermo Repin y compañeros (...). En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". Con esta fórmula S.S. Juan Pablo II declaró Beatos al R. P. Guillaume Repin y 98 mártires franceses (11 sacerdotes, 3 religiosas y 84 seglares —4 varones y 80 mujeres— que murieron por la Fe en Angers en 1793-94, durante la Revolución Francesa).

La ceremonia tuvo lugar en la basílica de San Pedro, Roma, el domingo 19 de febrero de 1984. La homilía del Papa el día de su beatificación tiene puntos que esclarecen mucho este y otros martirios: "Son, en primer lugar, los numerosos mártires que, en la diócesis de Angers, en los tiempos de la Revolución Francesa, aceptaron la muerte, porque como dijo Guillaume Repin, quisieron «conservar su fe y su religión», con firme adhesión a la Iglesia católica y romana; sacerdotes que se negaron a prestar un juramento que consideraban cismático, y que no quisieron abandonar su cargo pastoral; laicos que permanecieron fieles a estos sacerdotes, a la Misa celebrada por ellos y a las manifestaciones de culto a María y a los santos. Sin duda, en un contexto de fuertes tensiones ideológicas, políticas y militares, se pudo hacer pesar sobre ellos sospechas de infidelidad a la patria; se les acusó, en las actas de las sentencias, de compromiso con las «fuerzas antirrevolucionarias». Así sucede en casi todas las persecuciones, de ayer y de hoy. (...) "Nos admiran sus respuestas decididas, tranquilas, breves, francas, humildes, que no tienen nada de provocación; y que son tajantes y firmes en lo esencial: la fidelidad a la Iglesia. Así hablan los sacerdotes, todos guillotinados como su venerable decano Guillaume Repin, las religiosas que se negaban incluso a dejar creer que habían prestado juramento, los cuatro hombres laicos". (L’Osservatore Romano, pág.2 (118) - 16 de febrero de 1984).
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Beatas MARÍA ANA VAILLOT y 46 compañeras. M.1794

Marie-Anne Vaillot)
Martirologio Romano: En Avrillé, en las cercanías de Angers, en Francia, pasión de las beatas María Ana Vaillot y sus cuarenta y seis compañeras, que recibieron la corona del martirio durante la Revolución Francesa. Estos son sus nombres: Otilia Baumgarten, religiosa; Juana Gruget, Luisa Rallier de la Tertiniere, Magdalena Perrotin, María Ana Pichery y Simona Chauvigné, viudas; Francisca Pagis, Juana Fouchard, Margarita Riviére, María Cassin, María Fausseuse, María Galard, María Gasnier, María Juana Chauvigné, María Lenée, María Leroy Brevet, María Rouault, Petrina Phélippeaux, Renata Cailleau, Renata Martin y Victoria Bauduceau, esposas; Juana, Magdalena y Petrina Sailland d'Espinatz, hermanas; Gabriela, Petrina y Susanna Androuin, hermanas; María y Renata Grillard, hermanas; Ana Francisca de Villeneuve, Ana Hamard, Carla Davy, Catalina Cottanceau, Francisca Bellanger, Francisca Bonneau, Francisca Michau, Jacoba Monnier, Juana Bourigault, Luisa Amata Déan de Luigné, Magdalena Blond, María Leroy, Petrina Besson, Petrina Ledoyen, Petrina Grille, Renata Valin y Rosa Quenion.

María Ana Vaillot nació en Fontainebleau, Francia en 1734. Su padre, murió a los pocos meses de su nacimiento. Ana María conoció desde muy joven el sufrimiento. A los 27 años empezó el postulantado con las Hijas de la Caridad y el 25 de septiembre de 1761 ingresó en el Seminario en París. Estuvo destinada a Saint-Louis-en-I'Ile, en Fontenay-le-Comte, en Vandreé, en Longué y en Saint-Pierre Montlimart. Se desconoce la fecha en que llegó a Angers, destinada al Hospital San Juan. En el momento del arrestro era responsable de la despensa del Hospital San Juan de Angers.

Otilia Baumgarten (1750-1794). Nació en Gondrexange, Francia. Odile fue una gran alegría para su familia. A los 24 años dejó el molino familiar por el postulantado en las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl que hizo en Metz. Entró en el seminario de las Hijas de la Caridad en 1775. Destinada a Brest en 1776, partió para Angers a comienzos del año siguiente. Pronto le confiaron la responsabilidad de la farmacia del Hospital San Juan. Fue fusilada en el Campo de los Mártires en Avrillé.
Junto con sor Otilia Baumgarten, el 1 de febrero de 1794 fueron fusiladas en Angers por haberse negado a prestar el juramento cismático. En un campo situado a las afueras de la ciudad fueron ejecutadas juntamente con otras noventa y siete personas. El largo cortejo de los condenados iba precedido por un grupo de sujetos dudosos, vestidos de harapos y muchos de ellos ebrios y también por una banda de música que iba tocando cantos revolucionarios.< Se puso en fila a los condenados ante unos grandes fosos, en los que deberían caer sus cadávares. Las Hermanas que iban al final de la cadena, se adelantaron. Al verlas, un grito se dejó oir: ¡Gracia para las Hermanas! Fue tan irresistible el movimiento levantado, que el comandante cedió a el. Espontáneamente se adelantó hacia las Hermanas y les dijo: "Ciudadanas: tenéis tiempo todavía de escapar a la muerte... Volved a vuestras casas. No hagáis el juramento, puesto que os contaría, yo tomo sobre mí la responasbilidad de decir que lo habéis prestado y os doy mi palabra de que no os sucederá nada malo ni a vuestras compañeras que están presas".

- "Gracias, - respondió Sor María Ana- por su generoso ofrecimiento. Nuestra conciencia no nos permite prestar el juramento. Y tampoco queremos pasar por haberlo hecho".

El oficial guardó silencio y, a continuación, con un gesto de impotencia desesperada, levantó el sable dando la señal para que empezaran los fusilamientos. Junto con ellas mueren muchas otras mujeres, casadas, solteras y viudas, vinculadas de una u otra manera a las Vicentinas, 45 de ellas beatificadas junto con sor María Ana y sor Odilia. El grupo comprende edades muy dispares, desde los 65 años de la viuda Simone Chauvigné, hasta los 23 años de la joven laica Marie Leroy; muchas de ellas son familiares de sangre entre sí como las hermanas D'Epinatz. Hay restos de familias enteras, cuyos hombres habían muerto en el alzamiento contra la Revolución. El grupo fue beatificado el 19 de febrero de 1984 por SS Juan Pablo II.
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Santos PABLO HONG YONG-JU, JUAN YI MUN-U y BÁRBARA CH'OE YONG-I. M. 1840


Martirologio Romano:
En Seul, Corea, santos mártires Pablo Hong Yong-ju, catequista, Juan Yi Mun-u, que servía a los pobres y sepultaba los cuerpos de los mártires, y Bárbara Ch’oe Yong-i, la cual siguiendo el ejemplo de sus padres y de su marido ejecutados por el nombre de Cristo, fue decapitada junto a los otros

  Pablo Hong Yong-ju era hermano de san Pedro Hong. Fue apresado con su hermano y juzgado junto con él, pero su ejecucción fue desplazada porque la ley coreana prohibía matar a todos los hermanos o a padre e hijo juntos. Pablo tenía al momento del martirio 39 años. Los dos hermanos se dedicaban a la enseñanza del catecismo, al cuidado de los enfermos y otras actividades caritativas. Arriesgaron su vida en 1839 para esconder en su casa a los misioneros extranjeros, y por eso ya estaban marcados como posibles victimas. Cuando fueron apresados, se les instó a que revelaran el paradero de los cristianos y renegaran de su fe, pero ninguno de los dos realizó nada de ello. Llevados antes el fiscal jefe, resultó ser pariente suyo, y declinó torturarlos directamente, pero mandó hacerlo a unos subordinados. Murió, como su hermano, decapitado.

Juan Yi Mun-u (1809-1840). Provenía de una familia cristiana y noble de Tong-san-mit. Quedó huérfano a los 5 años, y fue llevado a la capital, donde quedó en adopción de una familia también cristiana. De joven se volcó a la piedad, e incluso había decidico guardar el celibato, aunque por deferencia a su madre adoptiva, aceptó casarse, auqnue su esposa murió muy pronto, por lo que quedó solo, con sus dos niños; sin embargo, esta circunstancia no lo indujo a contraer nuevamente matrimonio. A los treinta años era un activo catequista, acompañaba a los misioneros en la administración de los sacramentos, y cuando estalló la persecución de 1839, organizaba colectas de limosnas para el sostén de los necesitados de la comunidad, y se dedicaba, junto con otros, a recoger los cuerpos de los mártires. Se escondió en la provincia, pero fue igualmente apresado y, después de torturarlo, fue decapitado.


Barbara Ch’oe Yong-i (1818-1840). Era hija santa Magdalena Son, canonizada en este mismo grupo de 103 mártires. Fue muy devota desde niña, y cuando sus padres trataron de arreglar su matrimonio, pidió que quien fuera a ser su marido fuera un católico ferviente, no importaba si rico o noble. Así se casó con un hombre mucho mayor, 44 años, Carlos Cho, cuando ella tenía apenas 20 años en aquel momento. Al año siguiente dio a luz a un hijo. La pareja se animó mutuamente en la virtud y la práctica de la religión. Cuando Barbara fue detenida, llevó a su hijo -de menos de 2 años- con ella a la cárcel, sin embargo era muy difícil para el niño permanecer en prisión, no había luz ni alimentos suficientes, e incluso Bárbara temía flaquear en su decisión de dar la vida por Cristo, por lo que dejó finalmente al niño a cargo de familiares. Fue torturada para que revelara el paradero de los católico, fue golpeada 250 veces y su cuerpo se retorcía. Escribió desde la cárcel una carta en la que decía: "¡Qué triste estoy de perder a los míos en el martirio! Pero cuando pienso en cielo, quedo consolada, y doy gracias a Dios por el privilegio tan especial de ser mártir. Mi corazón se llena de felicidad". Fue asesinada el 1 de febrero, un día después de su madre. Fueron canonizados el 6 de mayo de 1984 por san Juan Pablo II.
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Beata JUANA FRANCISCA DE LA VISITACIÓN MICHELOTTI. (1843-1888)

(Ana Michelotti)

Martirologio Romano: En Turín, en Italia, beata Juana Francisca de la Visitación (Ana) Michelotti, virgen, que fundó el Instituto de las Hermanitas del Sagrado Corazón, para servir al Señor cuidando desinteresadamente a los enfermos pobres.

Anna Michelotti nació en Annecy, en la Alta Saboya (en aquella época pertenecía al reino de Cerdeña). El padre murió joven dejando a la familia en la miseria. La familia se estableció en Lyon y Anna entró como alumna en el Instituto de las Hermanas de San Carlos, luego fue novicia. Enseñar no era su misión. En pocos años murieron su madre y su hermano, se quedó sola en el mundo. Para mantenerse se hizo institutriz de las hijas de un arquitecto, pero era ya la "señorita de los pobres enfermos", porque en cuanto podía se ponía a su servicio.

En Annecy encontró a una tal sor Caterina, ex novicia del Instituto de San José, que tenía los mismos sentimientos que ella: juntas comenzaron, en Lyon, un trabajo privado de asistencia a domicilio a los enfermos pobres. Con el permisio del arzobispo vistieron el hábito religioso y emitieron profesión temporal de votos. La naciente Congregación tuvo una vida breve a causa de la guerra entre Francia y Prusia. Pasada la contienda, dejó el Instituto por motivos de salud y sintió que su obra nacería más allá de los Alpes.

En 1874, fundó en Turín el Instituto de las Pequeñas Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, que a los tres consejos evangélicos añadían la asistencia a domicilio gratuita de los enfermos pobres. Tomó el nombre de Juana Francisca en honor de los fundadores de la Orden de la Visitación. Los inicios fueron dificilísimos, de extrema pobreza, abandonos y fallecimientos frecuentes de religiosas. El superior eclesiástico y el médico de la comunidad aconsejaban cerrar el Instituto pero quien animó a la Madre fue el oratoriano padre Felice Carpignano. Más de una vez se la escuchó exclamar entre lágrimas: "Estoy dispuesta, mi querido Señor, a comenzar tu obra otras cincuenta veces si fuera necesario, pero ¡ayúdame!". El Señor la escuchó. En 1879, Antonia Sismonda, tuvo conocimiento de las condiciones de miseria en la que vivían las religiosas y las hospedó en una villa. En 1882, consiguieron casa propia en Valsalice

Juana Francisca era la Regla viviente. Mujer de intensa oración, de penitencia y de profunda caridad. Antes de tomar una decisión importante pedía consejo a sus confesores entre los que se encontraba san Juan Bosco. Pidió limosna, sin importarle que la insultaran. Hubiera querido instituir un grupo de religiosas adoratrices, pero como el superior no lo permitió, dispuso que cada religiosa hiciera diariamente una profunda adoración al Santísimo. Tenía una profunda devoción a María y así se lo transmitió a sus hijas, lo mismo que a la Pasión de Cristo.

En los últimos años de su vida, el asma bronquial la obligaron a guardar cama. Fue incapacitada para gobernar el Instituto, en constante desarrollo sobre todo en Lombardía, porque sus formas no gustaban a un grupo de religiosas ancianas, en 1887 fue exonerada del cargo de superiora general. Aceptó la humillación, sometiéndose la primera a la nueva superiora que ella misma había sugerido. Desde aquel día los dolores aumentaron, pero sonriendo decía: "Por Jesús cada sacrificio es poca cosa". Sus reliquias son veneradas en Turín en la casa madre de Valsalice. Fue proclamada beata por el papa Pablo VI en Roma el 1 de noviembre del Año Santo de 1975.
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Beato LUIS VARIARA. (1875-1923)

Famoso en la guerra. Sabio.

Martirologio Romano: En la ciudad de Cúcuta, en Colombia, beato Luis Variara, presbítero de la Sociedad de San Francisco de Sales, que dedicó toda su actividad en favor de los leprosos y fundó la Congregación de Hermanas Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María.

Nació en Viarigi (Asti). Cuando era un niño (1887), su padre lo confió a san Juan Bosco y se fue a Valdocco. Aunque solamente vio una vez al santo sacerdote, su mirada, le transformó profundamente. En 1891 ingresó en los salesianos. Estudió Filosofía en Valsalice donde conoció al venerable Andrés Beltrami. Después de una visita de un misionero vio su futuro en las misiones.

En 1894 marchó al lazareto de Agua de Dios (Colombia), donde creó una banda musical y se dedicó por entero a su trabajo pastoral y social. En 1898 fue ordenado sacerdote y fue un gran director espiritual. Entre sus penitentes había muchas chicas miembros de la Asociación de las Hijas de María, un grupo de cerca de 200 muchachas de las que muchas eran leprosas. Descubrió que muchas de ellas querían consagrarse a Dios, pero aquello era un sueño irrealizable, porque ninguna Congregación aceptaría a una leprosa.
En 1905 fundó las Hijas de los Sagrados Corazones de Jesús y María, para que las leprosas también pudieran consagrarse a Dios. Abrió un orfanato "Don Michele Unia" en 1905. Entonces se abrió un período de sufrimientos e incomprensiones para este generoso misionero y esto duró 18 años hasta su muerte. Fue obligado a alejarse de Agua de Dios y por obediencia estuvo en Mosquera, Contratación, Bogotá, Barranquilla... En 1921 fue trasladado a Táriba un pueblo venezolano en la frontera con Colombia. Cuando llego su salud comenzó a deteriorarse y el medicó aconsejó que se le trasladase a Cúcuta en Colombia, donde murió. Su tumba se encuenra en la capilla de las Hijas de los Sagrados Corazones. Fue beatificado por SS Juan Pablo II el 14 de abril del 2002.
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OTROS SANTOS DEL DÍA:


San Trifón. (232 - 251).
Vida regalada. Placer.
Martirologio Romano: En Frigia, conmemoración de san Trifón, mártir.
Mártir junto con Respicio y Ninfa. Se piensa que Trifón fue un pastor de ocas en Campsada Sámpados (Apamea de Siria), que fue martirizado en Nicea durante la persecución de Decio; los nombres de Respicio y Ninfa se añadieron a él en el siglo XI, y no sabemos nada de ellos.
Se dice que nació en Campsada. Desde niño se consagró con diligencia al estudio de las Sagradas Escrituras y al conocimiento del Evangelio. Se le atribuyen numerosos milagros durante su vida. Durante la persecución de Decio, Trifón, conocido por su fe indómita, fue arrestado por el prefecto Aquilino. Fue conducido a Nicea y después de tremendas torturas sufrió el martirio más atroz. Patrón de Kotor, Dalmacia.

San Severo de Rávena. M. 342.
Serio, austero

Martirologio Romano:
En Ravena, en la región de Flaminia, san Severo, obispo

Nació en Rávena y era tejedor. Estaba casado con una tal Vicenta y tenía una hija llamada Inocencia y se perfeccionó en el seguimiento de la pobreza evangélica. Fue elegido obispo de Rávena en el 310, sucediendo a Marcelino. Según la leyenda fue elegido obispo porque una paloma se posó dos veces sobre él.

Severo tuvo que aceptar el puesto de obispo, renunciando al mundo, a su hogar y a su familia. Su esposa Vicencia y su hija Inocencia, se consagraron a Dios y murieron antes que él y están veneradas como santas. Parece ser que tuvo dones taumatúrgicos. Luchó contra el arrianismo; acompañó al legado papal al sínodo de Sárdica.

El culto de los santos Severo, Vicencia e Inocencia se revivió cuando sus cuerpos fueron llevados a Pavia y, de allí trasladados a Maguncia, en el siglo IX. En el monasterio de Erfurt se construyó una espléndida basílica y allí fueron trasladadas las reliquias de Severo. Éste fue venerado como santo patrón de la ciudad. Desde allí se extendió su culto por toda Alemania.

San Pablo de Trois-Châteaux. M. c. 405.

Pequeño, débil, El que descansa

Martirologio Romano:
En Augusta Tricastina, en la Galia Vienense, san Pablo, obispo, que dio posteriormente su actual nombre a la ciudad, Saint-Paul-Trois-Châteaux
Nació en Reims y era galo-romano; estaba casado y a causa de las invasiones bárbaras se vio obligado a refugiarse en Arles, allí deseando una mayor vida de perfección y de acuerdo  con su mujer, vivió como ermitaño y su mujer se retiró a un monasterio. Fue elegido obispo de Trois-Chateaux ("Augusta Tricastrinorum") una diócesis hoy desaparecida en el Delfinado y que la ciudad ha tomado el nombre de nuestros santo: Saint-Paul-Trois-Châteaux.

Se dice que su elección estuvo presidida por un milagro: floreció con margaritas un palo seco para indicar al elegido. Durante siglos se veneró en Trois-Châteaux las reliquias del santo, incluyendo el palo del milagro, hasta que en 1535 (por el conde de Lamarche) o 1561 (por los Hugonotes) fueron destruidas. Sin embargo durante mucho tiempo las fiestas patronales incluyeron el ofrecimiento de frutos y flores al santo, colocados junto a una vara seca.


Agripano de Le Puy M. 650.(Agripa. fr.: Agrève).
Nacido de parto difícil.
Martirologio Romano: En Anicio (hoy Chiniac), en Aquitania, san Agripano, obispo y mártir, el cual, al llegar a esta región de regreso de Roma, fue asesinado por unos adoradores idólatras.

Originario de España. En Roma, en el 649 fue consagrado obispo por el papa Martín I, y luego enviado como obispo de Le Puy-en-Velay (Francia). Se dedicó a la conversión de los arrianos y elvidianos, y de retorno de una misión que realizó en Roma, fue capturado por los paganos y decapitado en Chiniac en Vivarais (este pueblo posteriormente fue llamado Saint-Agrève, en recuerdo del santo). En el sitio donde cayó su cabeza brotó una fuente que operaba curaciones.
Sus reliquias fueron profanadas por la Revolución, por lo que apenas sobrevivió un fragmento de craneo que se conserva en la catedral de Le Puy. Patrón de Vivarais, en Grenoble. Su festividad ha sido restringida a los calendarios locales.
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