Santoral del 9 de Enero



SAN ADRIANO, AbadINDICE

San EULOGIO DE CÓRDOBA
Adrián (Adriano) de Canterbury, Santo Abad
San FELANO. M. 710/77
San EUSTRACIO “El Taumaturgo”. s. IX
Julia de la Rena de Certaldo, Beata Reclusa Agustina
Beata MARÍA TERESA DE JESÚS LE CREC. (1576-1622)
Beatos FRANCISCO YI BO-HYEON y MARTÍN IN EON-MIN. M. 1800
Santas ÁGATA YI y TERESA KIM. (1823-1840)
Beatos JOSÉ PAWLOWSKI y CASIMIRO GRELEWSKI. M. 1942
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OTROS SANTOS DEL DIA




SAN ADRIANO, Abad
Gozaos por cuanto vuestros nombres
están escritos en el cielo.(Lucas 10, 20)

San Adriano, nacido en África, era abad de Niridano, cerca de Nápoles, cuando el Papa Vitaliano lo señaló como candidato a arzobispo de Cantórbery. El humilde siervo de Dios declinó esta dignidad recomendando en su lugar a San Teodoro, pero aceptó partir con él para la lejana Inglaterra. Constituyolo el Papa asistente y consejero del arzobispo. Éste le confió el gobierno del monasterio de los Santos Pedro y Pablo de Cantórbery, llamado más tarde de San Agustín. San Adriano enseñó en él las letras divinas y humanas y, sobre todo, dio allí ejemplo vivo de virtudes. Murió en el año 710.


MEDITACIÓN SOBRE LA NECESIDAD DE TRABAJAR PARA SALVARSE

I. Dios quiere que seas un predestinado. Es tan grande su amor por los hombres, que quiere salvar a todos. Para esto les ha dado a su Hijo, para enseñarles el camino del cielo; para esto les ha dado sus mandamientos, ha establecido los sacramentos y les acuerda tantas gracias. ¡Cuán obligados estamos para con Vos, oh Bondad infinita, por tantos medios de salvación como habéis puesto a nuestro alcance! ¿Has agradecido a Dios estos favores, los has aprovechado? ¿Cómo has trabajado hasta el presente en el negocio de tu salvación?

II. Te puedes salvar, tienes entre manos la vida y la muerte, el paraíso y el infierno; tienes libertad; la gracia nunca te falta. ¡No depende sino de mí el ser eternamente feliz; mi salvación depende de mis esfuerzos durante esta vida, y dejo yo correr inútilmente el tiempo que Dios me ha dado para que trabaje por ella! Puesto que mi salvación está en mi poder, y puesto que puedo, si quiero, ser amigo de Dios, ¿por qué no lo seré desde ahora?

III. No quieres conseguir tu salvación, ahora que lo puedes; tal vez llegue el día en que querrás hacerlo, pero, ¡ay!, ya no será tiempo. No, no quieres salvarte, pues desprecias los medios que se te dan para salvarte, y rehusas renunciar a tus placeres. Servir al mismo tiempo a Dios y al mundo es algo imposible. Trabaja pues en tu salvación, mientras tienes tiempo todavía; camina mientras tienes luz, no sea que te sorprendan las tinieblas (Jesucristo).

El cuidado de la salvación.
Orad por los enfermos.

ORACIÓN
Haced, os lo rogamos, Señor, que la intercesión de San Adriano, abad, nos haga agradables ante vuestra Majestad, a fin de que obtengamos por su asistencia lo que no podemos esperar de nuestros méritos. Por J. C. N. S.


San EULOGIO DE CÓRDOBA. Doctor de la Iglesia española. (c.800 - 859)

Que habla bien.

Martirologio Romano: En Córdoba, en la región de Andalucía, en Hispania, san Eulogio, presbítero y mártir, degollado por su preclara confesión de Cristo el día 11 de marzo.

Nació en Córdoba  en el seno de una familia cristiana que lo educó en la fe; fue confiado al abad Esperaindeo, que gobernaba el monasterio de Santa Clara, cerca de Córdoba. "Si quieres que tu oración vuele hacia Dios -le dijo su abad- ponle dos alas: el ayuno y la limosna". A los 25 años fue un destacado sacerdote de la iglesia de San Zoilo en Córdoba. En el monasterio de Santa Clara tuvo un condiscípulo: el beato Álvaro Paulo, con el que mantuvo una estrecha amistad que duró hasta la muerte. "Todas sus obras, escribió san Álvaro, estaban llenas de luz. De su bondad, y de su humildad y de su caridad podría dar testimonio el amor que todos le tenían. Su afán de cada día era acercarse más y más al cielo, y gemía sin cesar por el peso de la carga de su cuerpo". Eulogio vivió siempre en su casa con su familia, porque la comunidad de San Zoilo no era monacal, ni él profesó nunca como monje.

Intentó ir a Roma, pero se lo impidieron; quiso ir a Alemania para saber el paradero de dos de sus hermanos: Isidoro y Álvaro, comerciantes y que habían cruzado los Pirineos, pero tuvo que quedarse en Zaragoza, porque no pudo pasar por las luchas que se entablaban en el país, pero en Navarra descubrió que había una España cristiana fuertemente enraizada en su fe, y esto le dio ánimos para volver a Córdoba cargado de libros que no se conocía en aquella ciudad, dividida por las insidias del arzobispo Recafredo, que haciendo el juego a los musulmanes predicaba la insumisión y el insulto al Islam, provocando muchísimas muertes entre los cristianos, que querían con ello alcanzar la palma del martirio. Eulogio criticó estas actitudes suicidas. Hay algunos autores que invierte las actitudes de ambos, Recafredo buscaría un compromiso con el Islam, sin que los cristianos manifestaran su fe insultando al Islam, y Eulogio, en cambio, defendía el martirio. Lo más lógico es que la primera versión sea la auténtica ya que el martirio nunca se busca, sería un suicidio y así lo ha entendido la Iglesia durante siglos. Sabemos que hubo un concilio en Córdoba en el 852, presidido por Recafredo, arzobispo de Sevilla, y dominado por obispos elegidos por el emir. En este concilio se anatemizó a los mártires voluntarios y se decretó que nadie se defendiera. Eulogio, que se rebeló heroícamente en el concilio, hizo caso omiso de esas leyes dictadas por los obispos partidarios del emir.

Se convirtió en el jefe del grupo de sacerdotes de San Zoilo, se dedicó a rezar y a escribir, a instruir y alentar a los cristianos, acusados y perseguidos por el Islam, si no abandonaban el cristianismo. Fue entonces cuando escribió sus obras principales: el “Memorial de los Mártires”, para ejemplo de los más débiles, el “Documento Martirial”, para sostener el ánimo de dos jóvenes cristianas, santas Flora y María de Córdoba, encerradas en el calabozo, y el “Apologético”, para defender la fe cristiana. Eulogio molestó a los visires y al cadí por su incansable actividad y fue encarcelado durante 10 años. Cuando fue liberado, en el 858, fue elegido para suceder al arzobispo de Toledo, pero no llegó a tomar posesión, ya que fue arrestado de nuevo por haber hospedado y bautizado a santa Leocricia en su casa y por ello fue acusado de proselitismo (el delito era muy grave) y se le condenó a morir decapitado. Sus restos están en Oviedo. Es patrón de Córdoba y Oviedo.
Su festividad litúrgica se celebra en España el 9 de enero. MEMORIA OBLIGATORIA en España.
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San ADRIANO DE CANTERBURY. M. 709

(Adrián).
De la ciudad de Adria
.
Martirologio Romano: En la ciudad de Canterbury, en Inglaterra, san Adriano, abad, el cual, nacido en África, llegó a Inglaterra desde la ciudad de Nápoles, de la Campania, y muy preparado en ciencias eclesiásticas y civiles, educó egregiamente a gran número de discípulos.

De origen africano. Era abad en Nisidia, cerca de Nápoles, cuando el papa san Vitaliano, le pidió ir como obispo de Canterbury, pero no quiso, y propuso que fuera san Teodoro de Tarso. Después de muchas reflexiones, el Papa accedió y mandó a san Teodoro como obispo y a Adrián como su colaborador. En el 663 salieron de Roma y al llegar a Francia, creyendo el mayordomo de palacio, Arboim, que Adrián era un agente del emperador de Oriente, lo detuvieron, y el obispo Teodoro partió solo.
Durante su prisión, su virtud convenció a sus carceleros de su inocencia. Alcanzó a su obispo, quién le nombró abad del monasterio de San Pedro y San Pablo (más tarde abadía de San Agustín en Canterbury), donde dirigió una floreciente escuela. Su labor fue la de formar monjes en la cultura y en la vida espiritual. Beda nos lo presenta como una persona “que conocía profundamente las Escrituras, esperto en la administración y en el gobierno eclesiástico y monástico, gran estudioso del griego y del latín”. Desde Canterbury, por invitación de san Wilfrido de York, llegó a educar en el canto a las iglesias de Northumbría. A la muerte de Teodoro se dice que le sucedió en la sede de Canterbury. Tiene culto local.
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San FELANO. M. 710/77

(Felán, Foilán, Faolan).
Valiente. Pequeño lobo.

Martirologio Romano: En Escocia, san Felano, abad del monasterio de San Andrés, notable por su vida austera y por haber vivido en la soledad
Natural de Irlanda, y era hijo de Feriach y santa Kentigerna, que le enseñaron el amor a la virtud desde su infancia. Se dice que en su juventud, abandonó todas sus riquezas y status y tomó el hábito monástico en Taghmon, Wexford, de manos de san Finián. Acompañó a Escocia a su madre y a su pariente san Comgan y allí se hizo monje misionero.
Pasó muchos años en una celda, a cierta distancia del monasterio. Muy a pesar suyo fue elegido abad del monasterio de San Andrés en Pethnwimeo (o Pettinwim) en Escocia. Su virtud y santidad le hicieron famoso. Después de algunos años, renunció a este cargo y se retiró a su tío Congan, hermano de su madre, en un lugar llamado Siracht, una parte montañosa de Glendarchy, ahora en Fifeshire, donde, con la ayuda de otros siete monjes, construyó una iglesia.


Se consagró  a la evangelización del distrito de Perthshire, en torno a Strathfillan, tal como se llamó después de él, y donde es grandemente venerado. Tuvo dones taumatúrgicos. Cuando murió fue enterrado en Straphilline, y sus reliquias se conservaron allí mucho tiempo

El éxito de los escoceses en Bannockburn (1314) se atribuyó a la presencia del báculo de san Felano, que estaba en custodia del abad de Inchaffray en el campo de batalla. El báculo del santo aun existe, y está conservado en el Museo Nacional de Edimburgo.
En Strathfillan están las ruinas de la capilla de San Fillán, e importante es la Santa Piscina, en la cual los locos eran bañados para obtener la cura por intercesión del santo. Walter Scott se refiere a ella en "Marmion" (Cant I. XXIX). León XIII confirmó su culto el 5 de julio de 1898.
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San EUSTRACIO “El Taumaturgo”. s. IX.

(Eustratio, Eustrasio, Eustrato).
Buen soldado.

Martirologio Romano: En el monte Olimpo, en Bitinia (hoy Turquía), san Eustracio, apellidado “Taumaturgo”, abad del monasterio de Abgaro.

Era originario de una aldea de Bitinia, y que fue educado piadosamente por sus padres. A la edad de veinte años, inflamado del deseo de una vida de perfección, escapó de su casa e ingresó como monje en el claustro de Abgaro en Mysia (Monte Olimpo), fundado por san Gregorio de Nisa y san Basilio “el Grande”, de los que su familia descendía. Llevó allí una vida de piedad ejercitando todas las virtudes propias de un monje, en especial la estricta autonegación. Se ha conservado como curiosidad que sólo dormía sobre el lado izquierdo.
Durante la persecusión iconoclasta, los monjes fueron expulsados de sus lugares, y Eustracio también tuvo que retirarse, pero pasada la crisis volvió al monasterio, de donde llegó a ser abad. Murió allí, luego de una vida santa adornada con milagros de toda índole, a los 95 años de edad.

Su vida se desarrolló en el siglo IX, sin que sea posible establecer fechas más precisas y nos ha llegado através de las inscripciones en los "menologios" griegos, es decir, de los antiguos santorales mensuales del rito oriental, que además de mencionar a los santos, traían una breve historia (un poco más desarrolladas que los "elogios" de los martirologios históricos, como el Romano), que muchas veces es la fuente única para su conocimiento. Con todos los límites de esos géneros hagiográficos, que muchas veces dan cabida a leyendas incontrastables, son sin embargo fuentes preciosas para remontar la dimensión histórica del culto a los santos. Tiene culto local.
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Beata JULIA DE LA RENA. (c.1319 - 1367).

(it.: Giulia Della Rena da Certaldo).
Entereza.

Martirologio Romano: En Certaldo, lugar de la Toscana (hoy Italia), beata Julia de la Rena, de la Tercera Orden de San Agustín, que permaneció encerrada en una pequeña celda junto a la iglesia, en la que vivió sólo para Dios.

Nació en Certaldo, Toscana, en el seno de una familia burguesa, venida a menos. Durante su juventud trabajó como criada en una casa de Florencia. En esta ciudad tuvo una conversión y se hizo Terciaria de la Orden de San Agustín.
Sintiéndose llamada a una forma de vida más radical y austera, en plena flor de su existencia, decide abandonar la ciudad y recogerse en un lugar solitario. Vuelta a Certaldo se aloja en un pequeño local contiguo a la iglesia agustiniana de San Miguel y Santiago, en el cual hizo abrir dos minúsculas ventanas, una que miraba a la iglesia para en poder asistir a las sagradas funciones, y la otra hacia el exterior, por donde recibir el alimento que la piedad popular pudiera proporcionarla. Y una vez colocado sobre la pared un gran crucifijo, con solemnidad y en presencia de numeroso público entre devoto e incrédulo, desde el exterior un maestro albañil tapió la entrada.

Desde este momento ya nunca saldrá de su pequeño reclusorio. Como una emparedada, vivirá segregada del mundo por un período de aproximadamente treinta años, recorriendo hasta el fondo el largo camino de la ascética y de la mística. Penitencia y oración fueron sus ocupaciones cotidianas. De su manutención se encargaban los habitantes de Certaldo y sus alrededores. Tradiciones populares refieren que hasta los niños, privándose de alimentos y golosinas, corrían en su ayuda llevándole algo de comer, y que Julia, agradecida y sonriente, a cambio, hasta en invierno les obsequiaba con flores frescas. Nada más se sabe de esta intrépida mujer, a no ser la gran veneración hacia ella de sus conciudadanos por semejante vida de piedad vivida ante sus propios ojos. A su muerte el pueblo la tuvo como santa. Su culto inmemorial fue confirmado por SS Pío VII en 1819.
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Beata MARÍA TERESA DE JESÚS LE CREC. (1576-1622)

(Alexia Le Clerc, María Jesús Le Clerc. fr.: Alix Le Clerc).
Alexia: Defensora, protectora.

Martirologio Romano: En la ciudad de Nancy, en Francia, beata María Teresa de Jesús (Alexia) Le Clerc, virgen, que, junto con san Pedro Fourier, fundó la Congregación de Canonesas Regulares de Nuestra Señora, bajo la Regla de san Agustín, para la educación de las jóvenes.

Nació en en Remiremont (Francia), ducado de Lorena, el seno de una familia noble de Lorena. Ella misma, en uno de sus escritos, nos informa que se distinguía en la música y la danza, que era muy popular y que tenía muchos admiradores. Alexia deja entender que se envanecía de todo esto. A los diecinueve años tuvo el primero de los sueños que habían de jalonar su vida. Se vio en una iglesia, cerca del altar; a su lado se hallaba Nuestra Señora, vestida con un hábito religioso desconocido, hablándole: "Ven, hija mía, que yo misma voy a darte la bienvenida", le decía. Poco después, la familia Le Clerc fue a habitar a Hymont. Ahí encontró Alexia a san Pedro Fourier, que era vicario de una parroquia de Mattaincourt, en las cercanías. Un día que asistía a la misa en esa parroquia, Alexia oyó un ruido de tambor y vio al demonio que hacía bailar a los jóvenes "ebrios de alegría". En ese instante se operó la conversión de Alexia, quien nos dice: "Ahí mismo resolví no mezclarme con semejante compañía".

Con una voluntad, que ni su padre ni los jesuitas pudieron vencer y, con la desconcertante ayuda de su director espiritual, en la Misa de Navidad de 1597, Alexia Le Clerc, Ganthe André, Isabel y Juana de Louvroir se consagraron públicamente a Dios, fundando, bajo laRegla de san Agustín, la Congregación de Canonesas Regulares de Nuestra Señora, para la educación de las jóvenes pobres lorenesas. Fue una gran mística además de una gran fundadora; fue descrita por una de sus hijas espirituales la describió como "la hija del silencio".
En 1621, Alexia obtuvo permiso de renunciar al cargo de superiora local de Nancy, y entró en un corto período de extraordinaria paz, que fue el preludio de su muerte. Estaba enferma desde tiempo atrás. Los médicos la de clararon incurable, diagnóstico que desconsoló a todo Nancy, desde el duque y la duquesa de Lorena hasta las colegialas y los mendigos. San Pedro Fournier acudió a toda prisa a Nancy, pero no pudo penetrar en la clausura, hasta que el obispo le autorizó a ello. La oyó en confesión y la preparó para el paso "de la muerte a la vida". La beata se despidió solemnemente de la comunidad el día de la Epifanía, exhortando a sus religiosas al amor y la unión. Después de una larga agonía. La beata no había cumplido aún los cuarenta y seis años. Fue beatificada en 1947 por Pío XII.
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Beatos FRANCISCO YI BO-HYEON y MARTÍN IN EON-MIN. M. 1800.

Martín: Guerrero, marcial, belicoso.

Francisco Yi Bo-hyeon nació en Hwangmosil, (en la provincia del Chungcheong del Sur, en Corea del Sur) en el seno de una familia humilde. En su adolescencia era un chico rebelde y testarudo. Con 20 años, recibió instrucción cristiana de su vecino, el beato Tomás Hwang Sim, y que luego se convertiría en su cuñado. Coherente con su nueva fe, Francisco, decidió corregir su mal carácter y comportamiento.
Para poder moverse más libremente, se trasladó con Tomás a Yeongsan. En 1795, dio hospitalidad al primer misionero coreano, el beato padre Jacobo Zhou Wen-mo, que le impartió los sacramentos de la iniciación cristiana. Poco a poco, Francisco, fue comprendiendo mejor las enseñanzas del cristianismo y... maduraba en la fe. A veces se alejaba por los montes a orar solo y realizar penitencias por sus pecados.
En 1797, durante la persecución Jeongsa, numerosos católicos fueron arrestados. Francisco, no tuvo miedo y animaba a sus familiares y a otros creyentes a permanecer fieles a Cristo. Diariamente les recordaba la Pasión del Señor y los invitaba a profesar con coraje la fe y a no perder la oportunidad de alcanzar el Cielo.

A los dos años de la persecución, tuvo un presentimiento. Invitó a todos sus convecinos y les ofreció comida y vino, diciéndoles: “Este es mi último banquete”. En efecto, dos días después, fue arrestado por la policia. El juez de Yeongsan, intentó que le revelase dónde se encontraban los otros fieles, así como que le entregara los libros sagrados. Francisco se negó y por ello fue golpeado y encerrado en la cárcel.
Posteriormente por orden del gobernador de Chungcheong, fue trasladado por el jefe de la región de Haemi, a Cheongju. Allí fue torturado sin éxito. Nuestro beato respondía en los interrogatorios: “El origen de los seres humanos es el Señor que los ha creado desde el principio del mundo, Con lo cual, para mi, me es imposible no venerarlo”. Durante medio día, fue cruelmente torturado, pero no vaciló. En la cárcel oraba en paz y animaba a los otros presos católicos, junto al padre de familia el beato Martín In Eon-min.
Mientras tanto, el jefe de Haemi, consultó con el gobernador, sobre qué debía hacer con Francisco. El gobernador dio la orden de condenarlo a muerte si no confesaba todo, por lo que fue nuevamente torturado. Finalmente el comandante la presentó la sentencia de muerte y él la firmó serenamente. A la mañana siguiente, fue conducido en la plaza del mercado donde fue azotado cruelmente, pero como no muriese, lo tiraron al suelo y allí lo golpearon hasta que no rindió su alma. Tenía 27 años. Algunos días después, algunos fieles, recuperaron su cadáver. Parece que algunos paganos que fueron testigos de su muerte, se convirtieron.

Martín In Eon-min nació, en 1737 en Jurae, (provincia del Chungcheong del Sur, en Corea del Sur), en el seno de una familia de la nobleza. Aunque tenía un fuerte carácter, era una persona gentil. Desde su adolescencia estudió con empeño y adquirió un vasto conocimiento. Un día escuchó a uno de sus mejores amigos, Alejo Hwang Sa-yeong, de la religión católica y terminó aprendiendo sus verdades de él. Marchó a Seúl y allí fue bautizado por el beato Jacobo Zhou Wen-mo y logró la conversión de sus hijos.
Para poder vivir más libremente su fe, renunció a su casa y a sus posesiones y se trasladó a Gongju. A sus parientes, que despreciban su noble carácter, les explicó las razones de su decisión e intentó convertirlos, pero no fue escuchado.

Cuando en el 1797, alcanzó su grado más virulento, la persecución Jeongsa, ésta se acentuó en la zona de Gongju, y por ello Martín fue arrestado y confesó, sin dudas, su condición de católico y su deseo de dar su vida por Cristo. Trasladado a Cheongju, fue torturado de tal forma que, cuando el gobernador ordenó enviarlo a Haemi, tuvo que hacer el trayecto montado a caballo, cuando sólo podían montar en estas cabalgaduras, los oficiales públicos.
En la prisión de Haemi, se encontró al joven cristiano, el beato Francisco Yi Bo-hyeon. Oraban juntos y se animaban mutuamente. Esto llevó al magistrado local a condenarlos a muerte por medio de distintas palizas. Según los usos del país, a Martín le dieron su última comida y después lo sacaron de prisión para matarlo a golpes. Uno de los guardias, con una gran piedra, le golpeó sin piedad en el tórax y le provocó diversas fracturas. Se cuenta, que mientras recibía los últimos golpes, repetía: “Ofrezco libremente y felizmente mi vida al Señor”. Tenía 63 años. Murió el mismo día que su compañero de prisión Francisco Yi Bo-hyeon, aunque ejecutados en lugares distintos. El papa Francisco los beatificó en Corea, en el grupo capitaneado por Pablo Yun Ji-chung el 16 de agosto de 2014, durante su primer viaje apostólico a Corea del Sur.
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Santas ÁGATA YI y TERESA KIM. (1823-1840)

Ágata: Buena. Teresa: De la isla de Tera. Cosechadora. Ardiente como el verano.

Martirologio Romano: En Seúl, ciudad de Corea, santas mártires santa Ágata Yi, virgen, cuyos padres murieron también mártires, y Teresa Kim, viuda, que, estando en la cárcel, primero fueron azotadas y después degolladas.

Ágata Yi era una joven de Seúl, nacida en 1823, de 17 años, hija de san Agustín Yi Kwang-ho. Sus padres fueron mártires, el año anterior. El ministro Tsio Tieng-bien-i, tomando como pretexto la edad, quiso librarla de la muerte, consiguiendo para ella la prisión; pero en la cárcel padeció horribles torturas, no solo por soportar el hambre y la sed, sino por tener que defenderse de los intentos de violación por parte de los carceleros.

Teresa Kim, nació en la localidad coreana de Myeoncheon en 1797. Tenía 43 años de edad y era viuda. Era tía paterna del primer sacerdote coreano san Andrés Kim. Había visto morir en prisión por la fe a su marido (José Son Len-ou-ki, no canonizado aun), y ella continuará como viuda dando ejemplos de virtud. Ayunaba con frecuencia y ayudaba en las tareas más humildes a los misioneros. En la persecusión de 1839 estaba en casa del obispo, y no huyó rápidamente, por lo que fue encarcelada.
Las dos mujeres soportaron con paciencia las vejaciones, latigazos y todo género de torturas durante 11 y 7 meses de prisión, respectivamente, hasta que fueron estranguladas o decapitadas en la cárcel de Seúl. Sus restos son venerados en la cripta de la catedral de Seúl.

Fueron canonizada por san Juan Pablo II el 6 de mayo de 1984.
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Beatos JOSÉ PAWLOWSKI y CASIMIRO GRELEWSKI. M. 1942.

José: El acrecentará. Añadido. Crecimiento. Casimiro: Que enseña la paz.

Martirologio Romano: En el campo de concentración de Dachau, cercano a Munich, de Baviera, en Alemania, beatos José Pawlowski y Casimiro Grelewski, presbíteros y mártires, que al ser invadida Polonia durante la guerra fueron deportados, y consumaron su martirio en la horca.

José Pawlowski nació en Proszowice, Polonia en 1890. Ingresó en el seminario diocesano de Kielce, pasando luego a Innsbruck, Austria, donde estudió Teología en la universidad Católica. Fue ordenado sacerdote en 1913. Fue destinado al seminario diocesano de Kielce, primero como profesor, luego como vicerrector, y en 1936 como rector. Al mismo tiempo desarrollaba una intensa labor como fundador y asistente de numerosas asociaciones clericales y seglares dedicadas a la oración, a la formación religiosa, la promoción misionera y el apostolado o la caridad. En 1939 pasó como párroco a la catedral.

En 1941 fue arrestado y llevado a la cárcel de Kielce, desde donde lo trasladaron al campo de concentración de Oswiecin y después a Dachau. Después de ocho meses de padecimientos y malos tratos, fue ahorcado en el mismo campo.
Durante su prisión, además de soportar con gran fortaleza sus propias miserias, alentaba a los demás a sobrellevar sus desgracias con valor y ponerse en manos de la misericordia de Dios. El día antes de su muerte repetía a quienes veía desesperados: “Dios es bueno. En las situaciones más desesperadas de la vida, él hallará una inesperada y gozosa vía de escape. Veréis como no tarda mucho en llegar la liberación”.

Casimiro Grelewski nació en Dwikozy (Sandomierz) en 1907. Ingresó en el seminario diocesano de Sandomierz donde fue ordenado  sacerdote en 1929. Fue enviado al instituto de Radom en calidad de prefecto, obligación que él simultaneó con otras actividades pastorales. Al llegar la II Guerra Mundial, pasó a dar clases en las escuelas profesionales, que todavía estaban abiertas, y se ocupó de los niños huérfanos y abandonados que generaba el conflicto, fundando para ellos un asilo.

La Gestapo lo arrestó en 1941 y lo llevó a la famosa casa de torturas de la calle Kosciusko. Luego lo llevaron al campo de concentración de Skarzysko-Oswiecin y después al de Dachau y aquí se decidió su muerte. Poco antes de que lo ahorcaran gritó a los verdugos: “Amad al Señor Dios”. Repitió con frecuencia que todo estaba en manos de la Providencia y fundó la Cruzada Eucarística para los jóvenes y niños con los que trabajó.
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OTROS SANTOS DEL DÍA:

Marcelino de Ancona. M. 576.
Martirologio Romano: En la ciudad de Ancona, en el Piceno (hoy Italia), san Marcelino, obispo, que, según escribió el papa san Gregorio I Magno, por gracia de Dios libró a la ciudad de un incendio

Nacido en la ciudad italiana de Ancona, fue consagrado obispo de esa diócesis alrededor del año 550. De él habla san Gregorio Magno en sus “Diálogos”: "Un día la ciudad de Ancona se incendió; el fuego se desarrolló rápidamente y los habitantes no eran capaces de extinguirlo, así que la ciudad se vio amenazada por la ruina. Marcelino (a quien la gota impedía caminar) se hizo llevar hasta el lugar del siniestro y se puso justo delante del fuego; de repente las llamas se apagaron, incapaces de pasar al lugar en el que estaba el obispo".

Tradiciones hagiográficas posteriores lo hacen de la noble familia local de Boccamajore, y tercer obispo de Ancona, sin que haya propiamente elementos para verificar estos datos. Su cuerpo se conserva como reliquia en una tumba en la cripta de la catedral de Ancona.

Honorato de Buzançais. M. 1250.
Honrado
Martirologio Romano En Thénézay, en la región de Poitiers, en Aquitania (hoy Francia), san Honorato de Buzançais, que, siendo tratante de ganado, repartía su dinero entre los pobres y fue asesinado por unos ladrones a los que reprendía
Nació en Buzançais (Berry). Tratante de ganado. Compasivo y generoso repartió su dinero entre los pobres también dotó a las jóvenes casaderas pobres de su parroquia. Al regreso de un viaje descubrió que sus servidores le habían robado y les resprendió; éstos en represalia le mataron en Thénézay, en la región de Poitiers, en Aquitania, donde se le venera como mártir.

Su cuerpo fue hallado y reconocido, y al contacto con sus restos comenzaron a ocurrir milagros: curaciones, etc., así que inmediatamente surgió la disputa entre Thénezay y Buzançais por la posesión de tan preciado tesoro, hasta que se dividió en dos: el cuerpo fue a su lugar de nacimiento, y la cabeza quedó en el de su muerte, y en torno a ella se erigió una iglesia, y se formalizó el culto. Tiene culto local. Es invocado contra los cólicos.

Antonio Fatati
Floreciente El defensor, el enemigo de los burros

Martirologio Romano: >En Ancona, en la región del Piceno (hoy Italia), beato Antonio Fatati, obispo, que en todas las misiones que le encomendaron los Romanos Pontífices se mostró prudente y ecuánime, austero para sí y generoso para con los pobres y necesitadosd

Natural de Ancona. Fue un clérigo ejemplar y prelado ejemplar, que llevó una vida piadosa y austera, dedicado con total entrega al servicio de la Iglesia y de los papas, acreditado por su generosidad hacia los pobres, por su celo pastoral y por su prudente gobierno. Fue arcipreste de la catedral de Ancona; el papa Nicolás V lo nombró su capellán mayor y lo nombró canónigo de San Pedro del Vaticano; después lo envió como tesorero en las Marcas de Ancona, de la que luego fue gobernador y vicario papal en 1454.

Fue nombrado obispo de Téramo, y como tal acompañó al papa Pío II al congreso de Mantua. En 1463 fue nombrado obispo de Ancona. Puso a disposición del papa Pío II, el puerto de Ancona para el embarco de la cruzada que este Papa había creado. Pablo II y Sixto IV le confiaron diversos cargos que cumplió con gran fidelidad, sin que nunca estos honores le desviaran de su vida de santidad y de pobreza y austeridad. Tuvo relación con Santiago de la Marca y el rey de Nápoles, Alfonso VI el Magnánimo. Murió en Ancona. En 1795, Pío VI confirmó el culto que se le da en la catedral de Ancona, donde se conserva su cuerpo en un túmulo-relicario.
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