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Santoral del 16 de Noviembre

SAN EDMUNDO, Obispo y ConfesorMargarita de Escocia, Santa Reina
Gertrudis, Santa Mística
Roque González de Santa Cruz, Santo Mártir
Inés de Asis, Santa Religiosa
Lucia de Narni, Beata Religiosa Dominica
Santa Margarita, reina de Escocia, 1093.
Santa Gertrudis la Magna, virgen, famosa por sus "Revelaciones", s. XIV
San Admeo o Edmundo, arzobispo de Cantorbery

SAN EDMUNDO, Obispo y Confesor
n. hacia el año 1180 en Abingdon (Berkshire), Inglaterra;
† hacia el año 1240 en Borgoña, Francia
El reino de Dios está en vuestro interior.
(Lucas 17, 21)

San Edmundo tuvo una piadosa madre y amó a la Santísima Virgen desde muy tierna edad; diole él un anillo como prenda de su fidelidad. Sabiendo que San Juan Evangelista gozaba de predilección ante María y Jesús, lo invocaba todos los días. Brillante escolar, en Oxford primero y después en París, siempre llevaba un cilicio. Decía a menudo: “Amaría a mis enemigos aun cuando me arrancaran los brazos y los ojos”, y, hablando del pecado: “Si viese el infierno de un lado y el pecado del otro, antes elegiría el infierno”. Consagrado arzobispo de Cantorbery, en 1234, defendió con firmeza los derechos y los bienes de la Iglesia contra Enrique III. Murió en 1240.


MEDITACIÓN SOBRE CÓMO REGULAR LO INTERIOR 

I. Toda la perfección del cristiano consiste en regular bien el interior. La virtud está en el alma y no en el cuerpo; de tal modo nadie podría constreñirnos a cometer el mal, teniendo en cuenta que no podría forzar nuestra voluntad. ¿Cómo usamos de nuestra libertad? ¿Somos dueños de nosotros mismos? ¿No tomamos pretexto de nuestros empleos, de las ocasiones a que nos encontramos expuestos, para excusar nuestras faltas? Podemos ser santos aun en medio de los impíos.

II. ¿Qué cuidado tienes de tu alma? ¿Cuánto tiempo consagras cada día a tu salvación? Interroga a tu conciencia. ¿No te responde que sacrificas tu alma a tu cuerpo, haciendo todo por él y nada o casi nada por ella? Piensa cada día, durante algunos momentos, en lo que debes y puedes hacer por la salvación de tu alma.

III. De todas tus ocupaciones, no hay ninguna más útil que el cuidado de tu salvación, puesto que se trata de una eternidad bienaventurada; ninguna tampoco más fácil, puesto que todo depende de ti. No está en tu poder adquirir una gran fortuna, ser un sabio distinguido, tener ingenio, o salud, pero no depende sino de ti ser santo. Haz lo que puedas y Dios te dará todas las gracias necesarias. Rompe las ligaduras de las ocupaciones vanas, cuya ininterrumpida sucesión nos quita toda libertad (San Euquerio).

La devoción a la Santísima Virgen.
Orad por los servidores de María.

ORACIÓN

Haced, oh Dios omnipotente, que la augusta solemnidad del bienaventurado Edmundo, vuestro confesor pontífice, aumente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S.

Martirologio Romano (1956) 16 de noviembre 


Santa MARGARITA DE ESCOCIA. (c.1045 - 1093).

Martirologio Romano: Santa Margarita, nacida en Hungría y casada con Malcolm III, rey de Escocia, que dio a luz ocho hijos, fue sumamente solícita por el bien del reino y de la Iglesia, y a la oración y a los ayunos añadía la generosidad para con los pobres, dando así un óptimo ejemplo como esposa, madre y reina.

De la familia real inglesa, su madre era alemana y ella nació en Hungría, en el destierro de su padre Eduardo, príncipe inglés, cuando el trono de Inglaterra fue ocupado por los daneses del rey Canuto. En 1057, pudo volver a su patria tras la muerte del usurpador y el regreso del rey san Eduardo III "el Confesor", hermanastro de su padre; pero en 1066, la batalla de Hastings volvió a alejarlos del trono. Los normandos se habían adueñado del país, y la dinastía anglosajona decidió refugiarse otra vez en Hungría, pero una tempestad llevó el barco hasta las costas de Escocia.
En Escocia estaba en el poder el cruel Malcolm III, llamado "el sanguinario" (había exterminado a los seguidores de Macbeth, que había asesinado a su padre y usurpado el trono), que pidió por esposa a Margarita. Ella aceptó por las súplicas de su familia (1070). Como reina de Escocia, fue una esposa tan ejemplar que logró hacer abandonar al rey sus costumbres salvajes, no permitiendo conversaciones malvadas ante el rey y transformando las relaciones cortesanas. Tuvo ocho hijos, uno de ellos santo (David, por aclamación popular).
Hizo convocar un concilio escocés (según la “Vida” escrita por el monje-confesor Teodorico de Dumferline), donde fueron eliminadas las desviaciones heredadas de la evangelización irlandesa (la celebración de la misa acompañada por ritos profanos, los matrimonios entre parientes próximos) y reintroducidas las prácticas romanas de la reforma cluniacense, como el comienzo de la cuaresma con el miércoles de ceniza, la práctica de la comunión pascual y del descanso dominical. Margarita se mostró en este concilio también teóloga: en efecto, en el concilio sobre la cuestión de si el hombre pecador podía atreverse, a pesar de todo, a recibir el cuerpo de Cristo, ella afirmó que, aun siendo todos pecadores podemos recibir la comunión en la fe tras la confesión y la penitencia, porque se nos perdonan los pecados.
En los tiempos de adviento y cuaresma seguía un régimen de gran austeridad y de plegaria incluso nocturna y daba de comer a 300 pobres, y de repartir limosnas con gran caridad; y, según su biógrafo, hizo erigir monasterios (como la abadía de la Santísima Trinidad de Dumferline, en la que fue sepultada después de su muerte), iglesias y albergues para los viajeros, rescatando también a prisioneros ingleses detenidos en Escocia. Los pobres fueron la primera preocupación de aquella reina; que preguntada por el libro que más amaba, respondía: el Evangelio. En el palacio real se trabajaba y estudiaba, se hacía oración y lectura espiritual. Al morir en el 1093, el esposo y el primogénito Eduardo en la batalla de Alnwick, defendiendo Escocia de la invasión de Guillermo el Rojo, al ver próxima su muerte en Edimburgo, dijo: "Gracias Señor, porque me das paciencia para sufrir tantos dolores juntos". Su vida no tuvo los sufrimientos que pudieron tener otras reinas, pero su gran hecho virtuoso es que todo lo supo aceptar con una gran sencillez y modestia. Sus restos reposan actualmente en el monasterio de El Escorial, Madrid. Es patrona de Escocia. MEMORIA FACULTATIVA.

Santa GERTRUDIS "la Grande". (c.1256 - c.1302).

Martirologio Romano: Santa Gertrudis, apellidada “Magna”, virgen, que entregada con mucho fervor y decisión, desde su infancia, a la soledad y al estudio de las letras, y convertida totalmente a Dios, ingresó en el monasterio cisterciense de Helfta, cerca de Eisleben, en Sajonia, de Alemania, donde progresó de modo admirable por el camino en perfección, consagrándose a la oración y contemplación de Cristo crucificado

Debió nacer en Eisleben, Sajonia, posiblemente en el seno de una noble familia. A la edad de cinco años entró como alumna en el colegio de Santa María de Helfta, que se regía por la regla benedictina, con la adopción de algunos usos cistercienses, donde fue educada en todas las artes del tiempo (letras clásicas, canto, bordado y miniatura) bajo la dirección de la abadesa Gertrudis de Hackeborn (hermana de santa Matilde de Hackeborn). Santa Matilde fue su maestra de novicias. Profesó como benedictina, y nunca ocupó cargos monásticos, aunque algunos autores dicen que fue abadesa del convento de Rodalsdorf. Durante sus primeros años vivió ofuscada más en la lectura que en la oración. 
A los 25 años tuvo sus primeras visiones."En mis 25 años, en la segunda Feria de la Purificación de Maria, en aquella hora deseada de “completas”, en el atardecer, Vos, la Verdad, mi Dios, más sereno que toda la luz, más interior que todos los secretos, comenzó dulcemente a calmar aquellas turbulencias que habíais suscitado en mi corazón". 
Desde el mismo momento de su conversión, Gertrudis, hizo un continuo progreso hacia el goce de Dios, dejando sus curiosidades profanas para vivir de la Escritura, de los Padres (como Bernardo, Agustín y Gregorio Magno). "Desde entonces -decía- en adelante mi alma se sintió alegre y serena, y empecé a seguir el perfume de tus bálsamos, y comprendí pronto que el yugo de tu amor, que antes me parecía insoportable, es suave y ligero". El Señor le dijo una vez: "Paloma mía, amada mía. Yo te guardaré entre los brazos de mi ternura y te estrecharé contra mi corazón, de suerte que el tuyo se derrita como cera en el fuego de mi amor". Recibió los estigmas de la pasión de Cristo.
De sus escritos quedan “Legatus divine pietatis” y “Ejercicios Espirituales”. Santa Teresa de Jesús y san Francisco de Sales la admiraron mucho. Es la primera difusora del culto del Sagrado Corazón. Se dice que Cristo le comentó: "In corde Gertrudis invienietis me" (En el corazón de Gertrudis me encontraréis). En una acción de gracias, recordando sus años vividos en vida monástica, Gertrudis nos dice evocando a Cristo: "No te contentaste con esto, sino que me hiciste el don inestimable de tu amistad y familiaridad, abriéndome el arca nobilísima de la divinidad, a saber: tu corazón divino, en el que hallo todas mis delicias". Su libro “Legatus”, tuvo que ser escrito por una monja amanuense, porque la enfermedad le impidió escribir. Nunca ha sido canonizada formalmente aunque se le ha reconocido el culto. Patrona de las Indias Occidentales. MEMORIA FACULTATIVA. 

San OTMARO. M. 759.

Martirologio Romano: Entre los helvecios (hoy Suiza), san Otmar u Otmaro, abad, que, junto a la celda construida por san Galo, fundó un pequeño hospital para leprosos y un cenobio bajo la observancia de la Regla de san Benito y, por defender sus derechos, fue deportado por vecinos poderosos a una isla del Rin, donde falleció.

Nació en Alemania y completó su formación en la diócesis de Constanza. Fue ordenado acerdote en la diócesis de Coira, en el 719, por el obispo Voltranno que le nombró abad de Saint-Gall en Suiza (720), entonces de pésimas condiciones, para que restaurara la comunidad y el edificio, que habían sufrido mucho por las incursiones de los francos. 
Inició un nuevo periodo de prosperidad en la abadía, que pronto fue el más importante de los monasterios suizos. Allí fundó un pequeño hospital para leprosos, que es el más antiguo leprosorio documentado de Suiza. Estas construcciones fueron financiadas por donaciones, sobre todo de la nobleza. 
Tras la derrota de los alamanes del 746 y la desaparición del ducado, que entró a formar parte del fisco real, Otmaro se dirigió, buscando protección para su abadía, al rey Pipino, en el 747. A cambio el abad tuvo que introducir en la abadía la regla benedictina en sustitución de la de san Columbano. 
El desarrollo del patrimonio abacial dio origen a graves desórdenes que repercutieron en el monasterio y en la caída de Otmaro. Fue perseguido por dos condes carolingios de la zona e injustamente calumniado y condenado al exilio por un tribunal eclesiástico presidido por el obispo de Constanza, Sidonio, el cual, parece ser, quería tener más influencia sobre el monasterio y hacer del mismo una fundación episcopal. Otmaro fue acusado, por un falso testigo, de haber faltado a sus votos. Fue exiliado a una pequeña isla del Rin, donde soportó esta situación con una gran paciencia. Murió en el exilio al poco tiempo. Su cuerpo reposa en la abadía de Saint-Gall, y en su sepulcro se produjeron numerosos milagros. 

San EDMUNDO RICH. (c.1170/80 - 1240).

Martirologio Romano: En la villa de Soisy, en Francia, muerte de san Edmundo Rich, obispo de Canterbury, que, desterrado por defender los derechos de la Iglesia, llevó una vida santa entre los monjes cistercienses de Pontigny.

Nació en Abingdong, Berkershire en el seno de una familia de comerciantes. Cuando los hijos fueron mayores, el padre ingresó en un monasterio, mientras su madre se encargó de la familia con eficacia. Estudió en Oxford, donde hizo voto privado de celibato. Cuando murió su madre volvió a Inglaterra para cuidarse de sus hermanas y, al dejarlo todo ordenado, volvió a París donde obtuvo el doctorado en Teología y fue profesor de la universidad parisina; luego se unió a los canónigos agustinos de Merton, en Surrey. Su vida fue de profunda piedad, oración y penitencia, al mismo tiempo que fue admirado por su ejemplo. Ordenado sacerdote volvió a Inglaterra. Profesor de Filosofía en Oxford (1219-1226), tuvo a san Ricardo de Chichester como asesor en la universidad de Oxford. Predicó misiones populares en Oxfordshire, Gloucestershire y Worcestershire. 
Fue nombrado canónigo-tesorero de la catedral de Salisbury donde estuvo once años, donde era sabido que las rentas que administraba iban a manos de los pobres. Predicó, por encargo del papa Gregorio IX, la Cruzada contra los musulmanes; tuvieron sus predicaciones muchísimo éxito, y muchos pecadores se arrepintieron e hicieron donaciones para la liberación de Tierra Santa. Escribió “Espejo de la Iglesia”
Fue designado arzobispo de Canterbury (1233) y el obispo de Salisbury tuvo que ordenárselo para que aceptara, pues se negaba aceptar el cargo, como antes se había negado a otros beneficios, como el cobrar por sus predicaciones. Durante su episcopado tomó especial interés en el cuidado de las jóvenes sin medios, para las que fundó una institución propia para protegerlas. Su posición intransigente a favor de la buena disciplina, de la observancia monástica, le llevó a la desobediencia de los monjes que querían sus privilegios, y como no podía con ellos tuvo que excomulgarlos.
Su defensa de la justicia en las altas esferas del reino, le llevó a la enemistad con el rey Enrique III, con su propia curia diocesana y con el legado del Papa. Fue desterrado por Enrique III, a Pontigny en 1235, y al destierro fue acompañado por san Ricardo de Wych, futuro obispo de Chichester. Cuando llegó a Francia san Luis IX y su corte le recibieron con respeto y afecto. Quiso volver a Inglaterra, pero ya enfermo murió en el convento agustino de Soisy, asistido en todo momento por su amigo san Ricardo de Chichester. Al morir dijo: “Señor yo sólo te he deseado a ti”. Está enterrado en la abadía cisterciense de Pontigny, Yionne. 

Santa INÉS DE ASÍS. (c.1198 - 1253).

Martirologio Romano: En Asís, de la Umbría, en el convento de san Damián, santa Inés, virgen, que en la flor de la juventud, siguiendo a su hermana santa Clara, se abrazó de todo corazón a la pobreza bajo la dirección de san Francisco.

Se llamaba Catalina y había nacido en Asís. Hermana menor de santa Clara, apenas tenía 14 años (1212), cuando la siguió al convento benedictino de San Ángel de Panzo, y después a San Damiano; sus familiares intentaron por todos los medios, incluso por medio de la fuerza, hacerla volver al seno familiar. Por la fortaleza que mostró ante las presiones familiares, san Francisco de Asís le cambió el nombre por el de Inés. Era la más fiel seguidora de su hermana, siempre obediente y afectuosa. 
Dirigida por san Francisco junto con su hermana y demás compañeras, Inés progresó de prisa en el camino de perfección y mortificación, siendo la admiración de sus compañeras, sobre todo por su corta edad. Dulce, compasiva, solícita y caritativa, se comportaba como una madre con sus compañeras, especialmente con las que sufrían por cualquier motivo. "Virgen prudentísima" la llama su hermana en una de sus cartas a la beata Inés de Bohemia. Añade la crónica que, una noche, Clara la vio en oración, elevada del suelo y coronada con tres coronas que, de tanto en tanto, le colocaba un ángel. Al día siguiente logró que Inés le explicara cuáles eran los tres objetos de su contemplación: la bondad y paciencia de Dios para con los pecadores, cómo Cristo sufrió la pasión y muerte en cruz por toda la humanidad, y las penas de las almas del Purgatorio.
Marchó a Florencia para fundar y dirigir, en 1219, el segundo convento de clarisas, el de Monticelli; fue caritativa e hizo grandes penitencias. En sus primeros momentos de Monticelli, sintió una gran nostalgia por su vida en San Damiano, y por la separación de su hermana, pero todo lo supo superar con su profunda vida de oración. Abrió conventos en Padua, Venecia y Mantua. No sabemos el tiempo que permaneció en Monticelli, ni la fecha de su regreso a Asís. Según el cronista fray Mariano de Florencia, del siglo XVI, la vuelta a San Damián tenía relación con al empeoramiento de la salud de Clara. Lo cierto es que santa Inés se encontraba a la cabecera de su hermana moribunda, en el verano de 1253, después regresó a San Damiano, donde murió tres meses después que su hermana. 
La noticia de su muerte se extendió por Asís y por toda la comarca y atrajo, igualmente, a una multitud de gente que le tenían gran aprecio y esperaban poder contemplar sus restos mortales. El cuerpo de santa Inés reposa en la misma Basílica de Asís donde descansan los restos de su hermana santa Clara, su otra hermana, Beatriz, y su madre la beata Hortolana, que también se hicieron damianitas.

OTROS SANTOS DEL DÍA:


Santos Agustín y  Felicidad. s. III. 
Martirologio Romano: En Capua en Campania, santos Agustín y Felicidad, mártires, que sufrieron el martirio bajo el emperador Decio

Santos Leocadio y  Ludrio. s. III. 
Martirologio Romano: En Dol en el territorio de Bourges en Francia, conmemoración de los santos Leocadio y Ludrio: el primero, senador de las Galias, todavía pagano, acogió a los primeros predicadores de la fe cristiana en Bourges e hizo en esta ciudad una iglesia en su casa; el otro, su hijo, se dice que dejó este mundo endosando la vestidura blanca de los neófitos
Gobernador de Bourges, era un senador todavía pagano de las Galias, recibió a los primeros misioneros de la fe cristiana entre los bitúrgios y en Doll hizo de su casa la primera iglesia. Murió mártir con su hijo Ludrio, un niño recién bautizado. 

San Euquerio de Lyon. M. 449.
Martirologio Romano: En Lyon, en la Galia, san Euquerio, del orden senatorial, que primero se retiró con su familia a la vida ascética en una isla junto a Lérins, y después, elegido obispo de Lyon, consignó por escrito muchas pasiones de santos mártires.
Galo-romano. Se casó con Gala de la que tuvo dos hijos. Hacia el año 422 se retiró al monasterio de Lerins, mientras su mujer se hacía religiosa, y luego a la isla de Santa Margarita, donde se hizo ermitaño. Escribió “Formularium spiritualis inteligentiae” para su hijo san Verano e “Instructiones” para su otro hijo san Salonio. La leyenda dice que tuvieron ocho hijos que todos fueron obispos. En el 434, fue elegido obispo de Lyon. Presidió junto con san Hilario de Arles el sínodo de Orange. 

Simeón de la Cava. Beato. (1124-1141). 
Martirologio Romano: En el monasterio de Cava, en la Campania, beato Simeón, abad.
Abad benedictino del monasterio de Trinidad de La Cava en Palermo. Mantuvo relaciones con el conde Enrique de Salerno, el papa Inocencio II y el rey normando Rugiero II. Envió desde su monasterio, monjes a Sicilia, en aquellos momentos dominada por los moros. En 1131, el rey Rugiero donó a su abadía el feudo de San Miguel de Petralia, cerca de Messina. Fue un hombre de estado, activo y sabio y durante su gobierno este monasterio alcanzó su mayor esplendor. Acogió al ultimo rey lombardo que se hizo monje en su monasterio. 

Eduardo Osbaldeston. Beato. (c.1560-1594). 
Martirologio Romano: En York, en Inglaterra, beato Eduardo Osbaldeston, presbítero de Lancaster y mártir, el cual, alumno del Colegio de los Ingleses de Reims, fue condenado a muerte y ahorcado en tiempo de la reina Isabel I, al volver a Inglaterra como sacerdote.
Presbítero de Lancaster. Fue alumno del colegio de los ingleses de Reims, y volvió a Inglaterra, donde la reina Isabel I lo hizo ahorcar y ejecutar en York.
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