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Santoral del 17 de Noviembre

SAN GREGORIO TAUMATURGO, Obispo y ConfesorINDICE

Isabel de Hungría, Santa Viuda
San Gregorio «Taumaturgo», obispo
Santos Alfeo y Zaqueo, mártires
Santos ACISCLO DE CÓRDOBA y VICTORIA
San Aniano de Orleáns, obispo
San Gregorio de Tours, obispo
Hilda de Whitby (Ilda), Santa Abadesa
Lazaro el Pintor, Santo Monje
Juan del Castillo, Santo Mártir Jesuita
Salomé de Cracovia, Beata Reina de Hungría
Hugo de Lincoln, Santo Obispo
Santa Gertrudis la Magna, virgen
Beato León Saisho Shichiemon Atsutomo, mártir
Santos Jordán Ansalone y Tomás Hioji Rokuzayemon Nishi, presbíteros y mártires
Beato Lope Sebastián Hunot, presbítero y mártir
Beato Josafat Kocylovskyj, obispo y mártir


SAN GREGORIO TAUMATURGO
Obispo y Confesor

Quien cree en mí,
ése hará también las obras que yo hago,
y las hará todavía mayores.
(Juan 14, 12)

n. hacia el año 213 en Ponto, Asia Menor;
† hacia el año 270 en Ponto Protector contra terremotos e inundaciones.
 Se invoca su intercesión en las causas perdidas e imposibles.

San Gregorio, pagano rico del Ponto, descollaba ya en el foro cuando encontró a Orígenes. Bautizado cinco años después, desprendiose de todo y se hizo ermitaño. Consagrado, a pesar de haber huido, obispo de Neocesárea, su patria, no fue su episcopado sino una larga serie de prodigios; de ahí su apodo de Taumaturgo u obrador de milagros. Un sacerdote pagano se convirtió al ver a una roca retroceder para dar lugar para una iglesia. En el año 240 no había encontrado más que 17 cristianos en su provincia; al morir dejó en ella, en el año 270, sólo 17 paganos.


MEDITACIÓN SOBRE TRES EFECTOS DE NUESTRA FE

I. La fe de los santos ha sido admirable: ha transportado montañas, curado enfermos, resucitado muertos, desafiado tormentos. ¿Tienes fe tú? ¿Crees que existe Dios, paraíso e infierno? En verdad, la mayor parte de los cristianos no lo creen. Reanima la virtud de la fe en tu alma produciendo actos de fe sobre los principales misterios del cristianismo. Si tu fe estuviese bien viva, veríanse sus frutos en tus obras.

II. Si tuvieses fe, no sólo harías los prodigios que han hecho los santos, sino que, primeramente imitarías sus virtudes y las de Jesucristo. Si creyeses firmemente que una eternidad de gloria espera a los que imitan a Jesucristo, ¿acaso no despreciarías la riquezas y los placeres para abrazar la Cruz? No es verdadero cristiano aquél que no imita a Jesucristo, por lo menos en la medida en que lo permite la fragilidad de nuestra naturaleza (San Cipriano). 

III. La fe, que debía salvarnos, nos condenará en el día del juicio si nuestros actos no responden a nuestras creencias. Los infieles nos reprocharán haber abusado de las luces y de las gracias que hemos recibido en la Iglesia católica. ¿Qué responderás entonces? ¿cuál será tu excusa? Si se exige más al que más ha recibido, si es pecado conocer el bien y no practicarlo, terrible será la cuenta que habremos de dar en el último día. De nada sirve llevar el nombre de un santo si no imitamos sus virtudes (Salviano).

Espíritu de fe.
Orad por la conversión de los idólatras.

ORACIÓN

Haced, oh Dios omnipotente, que la augusta solemnidad del bienaventurado Gregorio, vuestro confesor pontífice, aumente en nosotros el espíritu de piedad y el deseo de la salvación. Por J. C. N. S.


Beato Josafat Kocylovskyj, obispo y mártir


fecha: 17 de noviembre
n.: 1876 - †: 1947 - país: Ucrania
canonización: B: Juan Pablo II 27 jun 2001
hagiografía: Vaticano
En la localidad de Capaivca, en el territorio de Kiev, en Ucrania, beato Josafat Kocylovskyj, obispo de Przemysl y mártir, que, durante la opresión a su patria por un régimen enemigo de Dios, entregó su alma como fiel discípulo de Cristo.

Obispo de Przemysl de los ucranios, de la Orden Basiliana de San Josafat (1876-1947). Mártir. Nació el 3 de marzo de 1876 en Pakosivka (región de Sianok, Polonia). Estudió en Roma y recibió la ordenación sacerdotal el 9 de octubre de 1907. Fue vicerrector y profesor en el seminario de Stanislaviv. El 2 de octubre de 1911 ingresó en el noviciado de la Orden Basiliana de San Josafat. El 23 de septiembre de 1917 fue ordenado obispo de Przemysl. Las autoridades comunistas lo arrestaron la primera vez el 17 de septiembre de 1945, y lo liberaron en febrero del año siguiente. El 11 de febrero de 1946 ordenaron la deportación de los ucranios residentes en Polonia. El 26 de junio de 1946 lo arrestaron otra vez y lo llevaron a los calabozos de Kiev, donde enfermó gravemente. Después lo trasladaron al campo de concentración de Capaivca (Kiev), en el que rechazó la propuesta de pasar a la Iglesia ortodoxa. Murió allí, a los 71 años, el 17 de noviembre de 1947.

fuente: Vaticano
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Beato Lope Sebastián Hunot, presbítero y mártir

fecha: 17 de noviembre
n.: 1745 - †: 1794 - país: Francia
canonización: B: Juan Pablo II 1 oct 1995
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
En el mar, ante Rochefort, en Francia, beato Lope Sebastián Hunot, presbítero de Sens y mártir, que, por su condición de sacerdote, durante la Revolución Francesa fue encarcelado en una vieja nave allí anclada, donde padeció toda la dureza de la cautividad y completó el martirio víctima de las fiebres.
refieren a este santo: Beato Francisco Hunot
Ver más información en:
64 mártires de la Revolución Francesa en Rochefort
Lope Sebastián Hunot nació el 7 de agosto de 1745 en Brienon-L'Archevéque, Yonne, Francia, hijo de Juan Hunot, labrador, y de su esposa Juana Gibault. Ingresó en la carrera eclesiástica, y recibió la ordenación presbiteral el 18 de abril de 1772. Para entonces, y desde el 14 de noviembre de 1770, había recibido un canonicato en la colegiata de su pueblo natal, del que había tomado posesión el 15 de febrero siguiente. Su hermano Juan era también canónigo y tesorero de la misma iglesia y tenía a su cargo la parroquia, de la que Lope Sebastián fue nombrado vicario. Morirá mártir como él en Rochefort e igualmente su primo Francisco, también canónigo, siendo los tres Hunot beatificados en la misma ceremonia.

Llegada la Revolución prestó el juramento constitucional el 30 de enero de 1791, pero cuando el Papa condenó la constitución civil del clero, retractó su juramento (15 de julio de 1792), por lo que fue denunciado y obligado a devolver sus pagas. El 16 de abril de 1793 un juez del tribunal criminal mandó detener a los tres Hunot, y quedaron retenidos en la casa de Juan. Lope fue transferido a la casa de reclusión de Auxerre el 30 de octubre de 1793 por orden del Comité central de Saint-Florentin. El 27 de abril de 1794 es enviado a la deportación bajo la acusación de no juramentado. Muy enfermo, resistió hasta el 17 de noviembre de 1794, habiendo pedido a sus compañeros sacerdotes que le diesen la absolución y la recomendación del alma y mostrando una gran entrega a la voluntad de Dios y confianza en su misericordia. Fue beatificado el 1 de octubre de 1995 por el papa Juan Pablo II.

fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
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Santos Jordán Ansalone y Tomás Hioji Rokuzayemon Nishi, presbíteros y mártires


fecha: 17 de noviembre
†: 1634 - país: Japón
canonización: B: Juan Pablo II 18 feb 1981 - C: Juan Pablo II 18 oct 1987
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
En Nagasaki, en Japón, santos Jordán (Jacinto) Ansalone y Tomás Hioji Rokuzayemon Nishi, presbíteros dominicos y mártires. El primero trabajó denodadamente por el Evangelio en las islas Filipinas antes de pasar a Japón, y el segundo, primero en la isla de Formosa, y después, en sus últimos años y en su misma patria, fue un incansable propagador de la fe en la región de Nagasaki, hasta que ambos, con ánimo invicto, por orden del gobernador Tokugawa Yemitsu fueron sometidos durante siete días a los crueles tormentos de la horca y del encierro en una hoya, hasta entregar su vida.
refieren a este santo: Beatos Gaspar Nishi Genka, Úrsula y Juan Mataichi Nishi

Jacinto Ansalone había nacido el año 1598 en S. Stefano Quisquina, en la provincia de Agrigento, en Sicilia. Ingresó en la Orden de Predicadores el año 1615 y profesó con el nombre de fray Jordán de San Esteban. Cuando supo la necesidad de misioneros que tenía Japón, envuelto en una fuerte persecución religiosa, pidió permiso para pasar de la Provincia dominicana de Sicilia a la del Santo Rosario, que era la de los misioneros de Oriente. Fue a España, al convento de Trujiilo, aquí se ordenó sacerdote y a pie y mendigando su sustento, marchó a Sevilla, donde embarcó en 1625. Cruzado el Atlántico, se hallaba en tierras americanas cuando se le preguntó si deseaba volver a su tierra natal, pero permaneció firme en su vocación misionera. Llegó a Manila en julio de 1626 y fue destinado a la misión del valle de Cagayán. En 1627 pasó al hospital de Gabriel de Binondo, dedicado al cuidado material y espiritual de los chinos. Aprendió el idioma chino y se dedicó a la labor misionera entre ellos con plena entrega. Cuando llegó en 1632 la oportunidad de viajar a Japón, se ofreció a hacerlo disfrazado de comerciante chino. Desembarcó en Nagasaki el 12 de agosto de 1632. Marchó a su destino, que fue una aldea, a fin de aprender el japonés. Lo aprendió pronto. Vio cómo los otros misioneros eran martirizados, y él, convertido en vicario, se multiplicó cuanto pudo por atender pastoralmente a tantos cristianos. Cayó enfermo, pero se curó y reemprendió su tarea. Y entonces lo visitó su compañero de hábito fray Tomás de San Jacinto (Tomás Hioki). Con él sería apresado el 4 de agosto, fiesta entonces de Santo Domingo de Guzmán.

Tomás Hioji Rokuzayemon Nishi había nacido en 1590 en Hirado, capital de la isla de Kyosho, de padres cristianos, que al poco tiempo recibieron la palma del martirio. Ingresó en el colegio de los jesuitas de Nagasaki para ser catequista, tarea que ejerció con mucho celo. Luego decidió ser sacerdote y se embarcó para Manila, donde estudió teología. El 15 de agosto de 1625 comenzó el noviciado en la Orden de Predicadores. En el momento oportuno se ordenó sacerdote. Pudo, después de un viaje providencial a Formosa, entrar camuflado en Japón: era el mes de noviembre de 1629. Se sabe que se encontró con el P. Erquicia y posteriormente con San Lucas del Espíritu Santo, pero no se tienen noticias muy pormenorizadas de su apostolado. Como queda dicho, estando con fray Jordán de San Esteban fue hecho prisionero.

Una vez arrestados, dejaron sus disfraces y vistieron ya de dominicos, declarando así quiénes eran y a qué habían ido al Japón. Encarcelados, mal alimentados, padecieron diferentes interrogatorios y les dieron el tormento del agua ingurgitada en busca de su apostasía, y también quisieron atraerlos con halagos y promesas. Les aplicaron el tormento de las cañas incrustadas en las uñas. Por fin fueron condenados a la muerte en el tormento llamado «de la horca y la hoya». Con ellos fueron condenados sesenta y nueve cristianos. Fueron beatificados el 18 de febrero de 1981 por el papa Juan Pablo II en Manila y canonÍ2ados el 18 de octubre de 1987, en el grupo de san Lorenzo Ruiz y quince compañeros, mártires, que se celebran litúrgicamente el 28 de septiembre.

fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
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San Juan del Castillo, presbítero y mártir


fecha: 17 de noviembre
n.: 1596 - †: 1628 - país: Paraguay
canonización: B: Pío XI 28 ene 1934 - C: Juan Pablo II 16 may 1988
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Asunción, en Paraguay, san Juan del Castillo,presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús y mártir, que, en el poblado de las reducciones fundado aquel mismo año por san Roque González y encomendado a sus cuidados, por instigación de un individuo aficionado a artes mágicas fue maltratado con crueles suplicios y finalmente apedreado, lo que le llevó a la muerte dando testimonio de Cristo.
patronazgo: patrono de las tradiciones nativas.
El p. Juan del Castillo, aunque en la liturgia propia que se celebra en Paraguay se conmemora junto a los otros dos, queda inscripto, naturalmente, dos días más tarde en el Martirologio. La presente hagiografía corresponde a los tres sacerdotes.

Los primeros mártires de América que alcanzaron el honor de los altares, murieron por Cristo en 1628. Ello no significa que hayan sido los primeros mártires de América, puesto que tres franciscanos habían perecido a manos de los caribes en las Antillas, en 1516; a esto siguieroo las matanzas en la América del Sur y, ya antes, Fray Juan de Padilla, el primer mártir de América del Norte, había muerto en 1544. No sabemos exactamente dónde tuvo lugar este martirio. A este propósito, se ha hablado del este de Colorado, del este de Kansas y de Texas. Pero ni Fray Juan, ni ninguno de los mencionados mártires ha alcanzado el honor de los altares, por falta de documentos suficientes sobre su martirio. No es imposible que tales documentos aparezcan algún día pero, hasta el momento, los mártires más antiguos de los que han sido elevados a los altares fueron tres jesuitas misioneros en el Paraguay. Uno de ellos había nacido en América.

Roque González de Santa Cruz era hijo de nobles españoles. Nació en Asunción, capital del Paraguay, en 1576. Recibió la ordenación a los veintitrés años, por más que se consideraba indigno del sacerdocio. Al punto, empezó a preocuparse por los indios, a quienes iba a predicar e instruir en las aldeas más remotas. Diez años más tarde, ingresó en la Compañía de Jesús con el objeto de evitar las dignidades eclesiásticas y de poder trabajar más eficazmente como misionero.

Por aquella época, los jesuitas instituían las famosas «reducciones» del Paraguay, y el P. Roque González desempeñó en ello un papel muy importante. Dichas reducciones eran colonias de indios gobernadas por los jesuitas, los cuales, a diferencia de tantos españoles que tenían indios en encomienda, no se consideraban como conquistadores y amos de los indios, sino como guardianes y administradores de sus bienes. Los jesuitas no veían en los indios una casta de esclavos, sino que los miraban como a hijos de Dios y respetaban su civilización y su forma de vida en todo lo que no se oponía a la ley de Dios. En una palabra, querían hacer de ellos «indios cristianos» y no una mala copia de los españoles. La resistencia que ofrecieron los jesuitas a la inhumanidad de los encomenderos españoles, a la esclavitud y a los métodos de la Inquisición, acabaron por acarrearles la ruina en la América Española, así como la desaparición de las reducciones. Ello tuvo lugar un siglo después de la muerte de san Roque González. Aun el irónico Voltaire admiraba la obra de los jesuitas y a este propósito escribió: «Cuando se arrebataron a los jesuitas las misiones del Paraguay, en 1768, los indios habían llegado al grado más alto de civilización que un pueblo joven puede alcanzar ... En las misiones se respetaba la ley, se llevaba una vida limpia, los hombres se consideraban como hermanos, florecían las ciencias útiles y aun algunas de las artes más bellas, y en todo reinaba la abundancia». Para conseguir eso, el P. Roque trabajó casi veinte años, enfrentándose, con paciencia y confianza, a toda clase de dificultades, peligros y reveses, con tribus salvajes y agresivas y con la oposición de los colonos europeos. El santo se entregó en cuerpo y alma a la tarea. Durante tres años dirigió la reducción de San Ignacio, que fue una de las primeras, y pasó el resto de su vida en establecer otra media docena de reducciones al este de los ríos Paraná y Uruguay. Fue el primer europeo conocido que penetró en algunas regiones vírgenes de América del Sur. Uno de sus contemporáneos, el gobernador español de la provincia de Corrientes, que conocía lo que era la vida en aquellas regiones, atestiguó que «podía adivinar lo que había costado al P. Roque la vida que llevó: hambre, frío, fatiga, ríos atravesados a nado, por no hablar de la molestia de los insectos y de otras incomodidades, que sólo un apóstol, un sacerdote santo como él, podía haber soportado con tal fortaleza». El P. Roque llegó a tener una influencia enorme sobre los indios; pero las autoridades civiles entorpecieron su trabajo en los últimos años, tratando de emplear su influencia para sus fines propios. En efecto, las autoridades insistieron en que en cada reducción hubiese representantes de la corona, y la brutalidad de esos europeos suscitó entre los indios el odio y la desconfianza hacia los europeos en general. Desgraciadamente eso se ha repetido en una forma o en otra, en la historia de las misiones de todo el mundo. ¡Cuántas veces la conducta de cristianos indignos ha echado a perder la obra de los misioneros!

En 1628, fueron a reunirse con el P. Roque dos jóvenes misioneros españoles, Alonso Rodríguez y Juan de Castillo. Entre los tres fundaron una nueva reducción en las proximidades del río Ijuhi, y la consagraron a la Asunción de María. El P. Castillo se encargó de la dirección, en tanto que los otros dos misioneros partieron a Caaró, donde fundaron la reducción de Todos los Santos. Ahí tuvieron que hacer frente a la hostilidad de un poderoso «curandero», quien al poco tiempo logró que los naturales atacasen la misión. En el momento en que llegaron los atacantes, el P. Roque colgaba la campana de la iglesia. Un hombre se deslizó por detrás de él y le asesinó a golpes de mazo. Al oír el tumulto, el P. Rodríguez salió a la puerta de su choza, donde encontró a los indios con las manos ensangrentadas. Al punto le derribaron. El P. Rodríguez exclamó: «¿Qué hacéis?» Fue todo lo que pudo decir, pues los indios le acabaron a golpes. En seguida, incendiaron la capilla, que era de madera y arrojaron los dos cadáveres a las llamas. Era el 15 de noviembre de 1628. Dos días después, los indios atacaron la misión de Ijuhi, se apoderaron del P. Castillo, le maniataron, le golpearon salvajemente y le arrancaron la vida a pedradas.

Seis meses después, se redactó un relato de todo lo sucedido para introducir la causa de beatificación. Pero los documentos se perdieron en el viaje a Roma. La causa se interrumpió durante dos siglos y parecía destinada al fracaso. Felizmente, en Argentina se descubrió una copia de los documentos, y Roque González, Alonso Rodríguez y Juan de Castillo, fueron solemnemente beatificados en 1934. Entre los documentos figuraba la siguiente declaración de un jefe indio, llamado Guarecupí: «Todos los indios cristianos amaban al padre (Roque) y sintieron su muerte; era un padre para nosotros y así le llamaban los indios del Paraná.» El papa Juan Pablo II llevó a término la canonización de los tres misioneros, celebrándola en Paraguay, el 16 de mayo de 1988.

El P. J. M. Blanco aprovechó casi todos los materiales disponibles en su Historia documentada de la vida y gloriosa muerte de los PP. Roque González ... (1929). Véase la homilía de canonización en el sitio del Vaticano.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Beato León Saisho Shichiemon Atsutomo, mártir


fecha: 17 de noviembre
n.: c. 1569 - †: 1608 - país: Japón
canonización: B: Benedicto XVI 24 nov 2008
hagiografía: «L`Osservatore Romano»
En Hirasa, beato León Saisho Shichiemon Atsutomo, samurai de alto rango, mártir, cuya muerte tuvo lugar a los tres meses y medio después de haber recibido el bautismo. Su martirio tuvo lugar donde él mismo había pedido, en el cruce de caminos, por significar la cruz de Cristo.
Ver más información en:
188 mártires de la evangelización del Japón, 1603-1639
Reproduzco aquí la parte pertinente del relato sobre los 188 mártires del Japón publicado en L'Osservatore Romano, con ocasión de la beatificación, en noviembre de 2008 (el escrito completo de Mons. Esquerda Bifet puede leerse en la página del grupo):

León Saisho Shichiemon Atsutomo, era un samurai de alto rango, nacido hacia 1569 in Jonai, Japón. Había recibido el bautismo el 22 de julio de 1608, de manos del futuro mártir beato Jacinto Orfanel, O.P. El samurai convertido se entregó a un camino de oración y perfección. Instado repetidamente por su señor a apostatar, León resistió con fortaleza y ánimo tranquilo. Fue condenado a muerte por haberse bautizado en contra de las órdenes de su señor. Decía que «estaba dispuesto a morir antes que dejar de ser cristiano» (Carta de Mons. Cerqueira a Pablo V, 5 de marzo de 1609).

Salió para el lugar del martirio habiendo dejado sus armas, vestido con traje de fiesta; se arrodilló sobre una estera de paja ante una imagen pequeña del descendimiento de la cruz, que luego metió en su pecho, mientras enrollaba en su mano derecha el rosario. Lo decapitaron el 17 de noviembre de 1608 en Hirasa, hoy Sendai, diócesis de Kagoshima. Su martirio tuvo lugar donde él mismo había pedido, es decir, en el cruce de caminos (por significar la cruz de Cristo). El hecho de morir «con tanta seguridad y alegría... era cosa nunca vista en aquel reino» (Cerqueira, o.c., fol. 482).

fuente: «L`Osservatore Romano»
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Santa Gertrudis la Magna, virgen


fecha: 17 de noviembre
n.: 1256 - †: 1302 - país: Alemania
otras formas del nombre: Gertrude de Helfta
canonización: C: Clemente XII 1677 (canonización no formal)
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Helfta, en las cercanías de Eisleben, en Sajonia, aniversario de la muerte de santa Gertrudis, virgen, cuya memoria se celebra el día de ayer.
patronazgo: patrona de Perú, de las Antillas, y de las monjas.
refieren a este santo: Santa Matilde
oración:
Oh Dios, que hiciste del corazón de tu virgen santa Gertrudis una gozosa morada para ti, por su oración y sus méritos, ilumina las tinieblas de nuestro corazón y concédenos experimentar con alegría tu presencia y acción entre nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

En 1258, las religiosas de Rossdorf, entre las que se encontraba santa Matilde, se trasladaron a un monasterio de Helfta, en Sajonia, de donde era originaria la noble familia de los Hackeborn; allí fue abadesa Gertrudis von Hackeborn, hermana de santa Matilde, y que no debe ser confundida con nuestra santa de hoy, que no fue abadesa. Tres años más tarde de la fundación, santa Gertrudis, que entonces tenía cinco, fue enviada a educarse con las religiosas. Nada sabemos acerca de sus padres ni del sitio en que nació. La superiora la confió al cuidado de santa Matilde y, pronto, las dos santas empezaron a unirse con los lazos del afecto. Gertrudis, que era muy atractiva e inteligente, llegó a ser una buena latinista. Con el tiempo, tomó el hábito en ese convento, del que probablemente no había salido desde la niñez.

A eso de los veintiséis años, santa Gertrudís tuvo la primera de las revelaciones que la hicieron famosa: cuando iba a acostarse, le pareció ver al Señor en forma de joven. «Aunque sabía yo que me hallaba en el dormitorio, me parecía que me encontraba en el rincón del coro donde solía hacer mis tibias oraciones y oí estas palabras: 'Yo te salvaré y te libraré. No Temas'. Cuando el Señor dijo esto, extendió su mano fina y delicada hasta tocar la mía, como para confirmar su promesa y prosiguió: 'Has mordido el polvo con mis enemigos y has tratado de extraer miel de las espinas. Vuélvete ahora a Mí, y mis delicias divinas serán para ti como vino'.» Entonces se interpuso un seto de espinos entre los dos. Pero Gertrudis se sintió como arrebatada por los aires y se encontró al lado del Señor: «Entonces vi en la mano que poco antes se me había dado como prenda, las joyas radiantes que anularon la pena de muerte que se cernía sobre nosotros.» Tal fue la experiencia de Gertrudis; tal fue lo que podría llamarse su «conversión», a pesar de que se trataba del alma más pura e inocente. A partir de entonces, se entregó con plena conciencia y toda deliberación a la conquista de la perfección y de la unión con Dios.

Hasta entonces, los estudios profanos habían sido sus delicias; en adelante, se dedicó a estudiar la Biblia y los escritos de los Padres, sobre todo de san Agustín y de san Bernardo, quien había muerto no hacía mucho tiempo. En otras palabras, «del estudio de la gramática pasó al de la teología»; y sus escritos muestran claramente la influencia de la liturgia y de sus lecturas privadas. Exteriormente, la vida de santa Gertrudis fue como la de tantas otras contemplativas, es decir, poco pintoresca. Sabemos que solía copiar pasajes de la Sagrada Escritura y componer pequeños comentarios para sus hermanas en religión, y que se distinguía por su caridad para con los difuntos y por su libertad de espíritu. El mejor ejemplo de esto último es su reacción ante las muertes súbitas e inesperadas. «Deseo con toda el alma tener el consuelo de recibir los últimos sacramentos, que dan la salud; sin embargo, la mejor preparación para la muerte es tener presente que Dios escoge la hora. Estoy absolutamente cierta de que, ya sea que tenga una muerte súbita o prevista, no me faltará la misericordia del Señor, sin la cual no podría salvarme en ninguno de los dos casos».

Después de la primera revelación, Gertrudis siguió viendo al Señor «veladamente», a la hora de la comunión, hasta la víspera de la Anunciación. Ese día, el Señor la visitó en la capilla durante los oficios de la mañana y, «desde entonces, me concedió un conocimiento más claro de Él, de suerte que empecé a corregirme de mis faltas mucho más por la dulzura de Su amor que por temor de su justa cólera». Los cinco libros del «Heraldo de la amorosa bondad de Dios» (comúnmente llamados «Revelaciones de Santa Gertrudis»), de los que la santa sólo escribió el segundo, contienen una serie de visiones, comunicaciones y experiencias místicas, que han sido ratificadas por muchos místicos y teólogos distinguidos. La santa habla de un rayo de luz, como una flecha, que procedía de la herida del costado de un crucifijo. Cuenta también que su alma, derretida como la cera, se aplicó al pecho del Señor como para recibir la impresión de un sello y alude a un matrimonio espiritual en el que su alma fue como absorbida por el corazón de Jesús. Pero «la adversidad es el anillo espiritual que sella los esponsales con Dios». Santa Gertrudis se adelantó a su tiempo en ciertos puntos, como la comunión frecuente, la devoción a san José y la devoción al Sagrado Corazón. Con frecuencia hablaba del Sagrado Corazón con santa Matilde y se cuenta que en dos visiones diferentes reclinó la cabeza sobre el pecho del Señor y oyó los latidos de su corazón.

En la actualidad, el pueblo cristiano conoce sobre todo a estas santa Matilde y a santa Gertrudis por una serie de oraciones que se les atribuyen. Fueron publicadas por primera vez en Colonia, a fines del siglo XVII. Sin meternos a juzgar el mérito de esas oraciones, lo cierto es que no fueron compuestas por Gertrudis y Matilde. Dom Castel fue el primero que publicó en francés una serie de plegarias entresacadas de las obras genuinas de ambas santas; el canónigo Juan Gray las tradujo al inglés en 1927. Alban Butler, refiriéndose al libro de santa Gertrudis, dice que es «probablemente, después de las obras de santa Teresa, el escrito más útil que una mujer ha dado a la Iglesia para alimentar la piedad en el estado contemplativo». Santa Gertrudis murió el 17 de noviembre de 1301 o 1302, alrededor de los cuarenta y cinco años, al cabo de diez años de penosas enfermedades. Aunque no fue canonizada formalmente, Inocencio XI introdujo su nombre en el Martirologio Romano en 1677. Clemente XII ordenó que se celebrase su fiesta en toda la Iglesia de Occidente, lo que equivale en los hechos a una canonización. Tanto los benedictinos como los cistercienses aseguran que el monasterio de Helfta pertenecía a sus respectivas órdenes y veneran especialmente a santa Gertrudis.

Las únicas fuentes sobre la vida de santa Gertrudis son sus propios escritos. La primera edición completa y aceptable fue hecha por los benedictinos de Solesmes, con el título de Revelationes Gertrudianae et Mechtildianae (1875), pero sin distinguir claramente las diversas obras. El Legatus divinae pietatis, se divide en cinco libros: el libro segundo fue ciertamente escrito por santa Gertrudis; los libros tercero, cuarto y quinto fueron compuestos bajo su dirección; el libro primero fue escrito por los amigos íntimos de la santa, después de su muerte. Esa obra es la principal fuente sobre la vida de Gertrudis, de la que sabemos muy poco; pero hay también algunos datos en el Liber specialis gratiae, que se refiere sobre todo a santa Matilde y se halla en el Iibro segundo de las Revelationes. La biografía inglesa de Dom G. Dolan, St Gertrude the Great (1912) es excelente, así como la obra francesa de G. Ledos (1901). E. Michel estudió con acierto la influencia de santa Gertrudis en el sentimiento religioso de su época, en Geschichte des deutschen Volkes vom dreizehnten Jahrhundert, vol. III , pp. 174-211. Se han escrito muchos libros y artículos sobre la devoción que santa Gertrudis profesaba al Sagrado Corazón, adelantándose a su tiempo. Véase, por ejemplo, A. Hamon, Histoire de la devotion au Sacre Coeur, vol. II; U. Berliére, La dévotion au Sacre Coeur dans l'Ordre de St Benoit (1920).
El presente artículo recoge lo que en el artículo y la bibliografía del Butler-Guinea del 16 de noviembre se refiere a santa Gertrudis, ya que por la especial unión que vivieron ella y santa Matilde, y lo poco que conocemos de esta última, el hagiógrafo las trató conjuntamente. En el artículo sobre santa Matilde pondremos el resto del escrito. SS. Benedicto XVI dedica su catequesis del 6 de octubre de 2010 a la figura de Gertrudis la Magna.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Lázaro, monje confesor


fecha: 17 de noviembre
fecha en el calendario anterior: 23 de febrero
†: c. 867 - país: Turquía
otras formas del nombre: Lazaro Zographos
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Constantinopla, san Lázaro, monje, nacido en Armenia, el cual, insigne en la pintura artística de imágenes sagradas, fue atormentado con crueles suplicios al negarse a destruir sus obras por orden del emperador iconoclasta Teófilo, aunque después, apaciguadas las controversias sobre el debido culto a las imágenes, el emperador Miguel III le envió a Roma para afianzar la concordia y unidad de toda la Iglesia.
patronazgo: patrono de pintores.

Lázaro, natural de Armenia, llegó desde muy joven a Constantinopla, donde se hizo monje. Aparte de practicar todos los ejercicios de la vida monástica, aprendió la pintura, un arte que era motivo de alto honor en los claustros, sobre todo después de que los iconoclastas declararan la guerra a las imágenes de santos. La reputación que adquirió Lázaro en su oficio motivó la persecución de que fue objeto. En el 829, el emperador Teófilo había sucedido a su padre, Miguel el Tartamudo; desde el comienzo de su reinado, decretó la pena de muerte para todos los pintores cristianos que se negasen a romper, desgarrar o pisotear las pinturas de los santos. Al poco tiempo, hizo traer a su presencia al monje Lázaro para obligarle a ejecutar su mandato; al principio creyó poderlo convencer con buenas maneras, pero como no obtuvo ningún resultado, echó mano de los métodos violentos. Los tormentos infligidos a Lázaro fueron particularmente crueles y se creyó que iba a expirar por la violencia de los suplicios. Con el cuerpo desgarrado, cubierto de llagas y quemaduras, fue arrojado a una charca inmunda, y abandonado allí para que muriese; pero al poco tiempo se anunció a Teófilo que el monje había recuperado las fuerzas y había reanudado su tarea de pintar cuadros religiosos. El emperador Teófilo mandó entonces que le quemaran las palmas de las manos con hierros candentes, Lázaro soportó este nuevo tormento, sin dar muestras de dolor o de impaciencia; sin embargo, cuando el calor había consumido la carne de sus manos hasta los huesos, cayó al suelo y pareció desmayado. La emperatriz Teodora, cuyas virtudes se pusieron a prueba por la impiedad de su marido, aprovechó esta circunstancia para hacer que dejaran en libertad a Lázaro. Ella misma ocultó al monje en la iglesia de San Juan Bautista y se preocupó de que le curaran las heridas. Al cabo de algún tiempo, Lázaro quedó nuevamente restablecido y, como una muestra de su agradecimiento pintó un hermoso cuadro con la imagen del santo Precursor; esa pintura, muy estimada, fue el instrumento de que Dios se valió para obrar muchos milagros.

Al morir Teófilo, en el 842, la emperatriz Teodora y su hijo, el emperador Miguel III, restablecieron el culto a las santas imágenes, hicieron volver del exilio y salir de la prisión a todos los que habían sufrido castigos por esta causa. Lázaro pintó la imagen del Salvador y la expuso a la veneración pública y, después, ya no pensó más que en santificarse en el retiro de su monasterio y en ejercer su ministerio de sacerdote, sacramento que le fue conferido por entonces. Teodora le visitó para pedirle que perdonara a su difunto marido y le recomendó que lo tuviese presente en sus oraciones; parece que el santo monje Lázaro respondió que ya era demasiado tarde para cambiar las decisiones de la justicia divina en favor del infortunado emperador.

En el año 856, el emperador Miguel III sacó a Lázaro de su claustro y lo envió como embajador ante el papa Benedicto III, luego de cargarle con ricos presentes para el Pontífice recientemente elegido. Al tiempo que cumplía con su misión, san Lázaro hacía gestiones ante el Papa para buscar los medios de afirmar la fe católica, hacer que desaparecieran los restos de las herejías y propiciar la unión de las Iglesias. Las otras actividades de este santo monje no fueron registradas; el resto de su existencia transcurrió en la quietud del claustro. Se dice que hacia el año 867 fue enviado a Roma por segunda vez y que murió en el camino, sin que se pueda precisar la fecha. Baronio insertó su nombre en el martirologio romano el 23 de febrero, pero los griegos lo conmemoran el 17 de noviembre, fecha a la que fue trasladado en la revisión actual del Martirologio.

Véase el Sinaxario de Constantinopla, columna 231.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Gregorio de Tours, obispo


fecha: 17 de noviembre
n.: c. 538 - †: 594 - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Tours, de Neustria, san Gregorio, obispo, sucesor de san Eufronio, que escribió en lenguaje claro y sencillo la historia de los francos.
refieren a este santo: San Agerico de Verdún, San Galo de Auvernia, Santa Georgia, San Leobardo, San Magnerico de Tréveris, San Salvio de Albi

El más conocido de los obispos de la antigua diócesis de Tours, después de san Martín, fue Jorge Florencio, quien más tarde tomó el nombre de Gregorio. Nació el año 538, en Clermont-Ferrand. Pertenecía a una distinguida familia de Auvernia, pues era biznieto de san Gregorio de Langres y sobrino de san Galo de Clermont, a cuyo cuidado se le confió cuando quedó huérfano de padre. Galo murió cuando Gregorio tenía diecisiete años. El joven salió con bien de una peligrosa enfermedad y decidió consagrarse al servicio de Dios. Desde entonces, empezó a estudiar la Sagrada Escritura bajo la dirección de san Avito I, en Clermont, donde recibió la ordenación sacerdotal. El año 573, por deseo del rey Sigeberto I y de todo el pueblo de Tours, fue elegido para suceder en el gobierno de la sede a san Eufronio.

Era aquella una época muy turbulenta en toda la Galia y particularmente en Tours. Al cabo de tres años de guerra, a partir de la elección de san Gregorio, la ciudad cayó en manos del rey Chilperico, quien no tenía ninguna simpatía por el obispo, de manera que éste debió enfrentarse a un enemigo poderoso. En abierta oposición al mandato de la madrastra de Meroveo, el hijo de Chilperico, san Gregorio le dio asilo en el santuario y, además, tuvo el valor de apoyar a san Pretextato de Rouen, a quien Chilperico convocó a juicio por haber bendecido el matrimonio de Meroveo con Brunilda, su tía política. Poco después, Gregorio intervino en la confiscación de las tierras del condado de Tours, que estaban en posesión de un hombre indigno llamado Leudastio. Éste le acusó de deslealtad política ante el rey, y de haber calumniado a la reina Fredegunda. San Gregorio compareció ante un concilio, pero la sinceridad con que juró que era inocente y la dignidad de su conducta, movieron a los obispos a ponerle en libertad y a castigar a Leudastio por su falso testimonio. Chilperico, como tantos otros monarcas de su tiempo, se creía teólogo. En este punto, san Gregorio tuvo también conflictos con él, porque no podía disimular que Chilperico era un mal teólogo y que la forma como expresaba sus ideas era aún peor. Chilperico murió el año 584. Tours cayó primero en manos de Guntramo de Borgoña y después en las de Childeberto II; ambos soberanos trataron amistosamente a Gregorio, quien pudo dedicarse tranquilamente a escribir y a administrar su diócesis.

Bajo el gobierno de san Gregorio, la fe y las buenas obras aumentaron en Tours. El santo reconstruyó su catedral, así como otras iglesias, y supo atraer a la fe y a la unidad a muchos herejes, a pesar de que no era un gran teólogo. San Odón de Cluny alaba su humildad, su celo por la religión y su caridad para con todos, especialmente para con sus enemigos. Se le atribuyeron en vida varios milagros, que él atribuía a su vez a la intercesión de san Martín y otros santos, cuyas reliquias llevaba siempre consigo.

Aunque san Gregorio fue uno de los obispos merovingios más activos, actualmente se le recuerda sobre todo como historiador y hagiógrafo. Su «Historia de los francos» es una de las fuentes principales de la historia primitiva de la monarquía francesa, que nos proporciona muchos datos sobre su autor. Menos valiosas desde el punto de vista histórico son otras obras suyas, como los tratados «Sobre la gloria de los mártires» y sobre otros santos, «Sobre la gloria de los confesores» y «Sobre las vidas de las Padres». Según la costumbre de su tiempo, el santo narra en extenso los milagros y otros hechos maravillosos y, sólo de vez en cuando, deja ver su espíritu crítico. En este sentido, el juicio de Alban Butler es muy moderado: «En sus nutridas colecciones de milagros, dice Butler, parece dar crédito a las leyendas populares con demasiada frecuencia».

Lo que sabemos sobre la vida de san Gregorio de Tours se deriva principalmente de sus obras. Venancio Fortunato y ciertas crónicas de la época proporcionan algunos datos suplementarios. Existe una biografía de san Gregorio (Migne, PL., vol. LXXI, cc. 115-128), pero data del siglo X y tiene poco valor por sí misma. Se ha escrito mucho sobre Gregorio de Tours, pero menos desde el punto de vista hagiográfico que del literario. Una de las obras más notables en este aspecto, es la de G. Kurth, Histoire poétique des Mérovíngiens (1893). Véase también Etudes Franques (1919) del mismo autor; Delehaye, Les Recueils des Miracles des Suints, en Analecta Bollandiana, vol. XLIII (1925), pp. 305-325. La mejor edición de las obras de Gregorio es la de Krusch y Levison, en Monumenta Germaniae Historica, Scriptores Merov, vol. I, pte. I (1937-51). Hay un interesante artículo de Harman Grisewood en Saints and Ourselves (1953), pp. 25-40. Puede leerse sobre san Gregorio, una breve introducción a su vida y una reseña de sus obras, incluyendo la mención de las dudosas, con bibliografía reciiente, en la Patrología de Quasten-Di Berardino, tomo IV, BAC, 2000, pág. 381-392.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI="200" />
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San Aniano de Orleáns, obispo


fecha: 17 de noviembre
†: c. 453 - país: Francia
otras formas del nombre: Aignan
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Orleáns, de la Galia Lugdunense, san Aniano, obispo, que, confiando sólo en Dios, cuyo auxilio no cesaba de pedir con oraciones y lágrimas, liberó a su ciudad, asediada por los hunos.
Aniano nació en Vienne. Durante algún tiempo, vivió allí como ermitaño. Más tarde, atraído por la fama de santidad del obispo Evurcio, se trasladó a Orléans. Hacia el fin de su vida, san Evurcio determinó renunciar a su cargo y reunió una asamblea para elegir a su sucesor. Según la leyenda, se pusieron los nombres de cuatro candidatos dentro de la urna, y un niño sacó el de Aniano. Para estar seguros de que no se trataba de un puro azar, se confirmó la elección con las «sortes biblicae» (típicamente: abriendo al Biblia rápidamente para inspirarse en el pasaje que más inmediatamente aparezca). Al tomar posesión de su catedral, san Aniano, de acuerdo con la costumbre, pidió al gobernador de la ciudad que pusiese en libertad a los presos. El gobernador se negó, pero poco después estuvo a punto de perder la vida e interpretó aquel suceso como una señal del cielo. Entonces hizo lo que el obispo le había pedido.

El año 451, Atila y los hunos amenazaban sitiar Orléans. Como en tantos otros casos, se atribuye al obispo la preservación de la ciudad, puesto que san Aniano ayudó a organizar la defensa, alentó al pueblo y pidió urgentemente auxilio al general romano Aecio. Pero Aecio procedió con lentitud y los bárbaros tomaron la ciudad. Cuando se disponían ya a partir con el botín y los prisioneros, tuvieron que hacer frente a las tropas de Aecio, que los expulsaron de Orléans y los obligaron a huir al otro lado del Sena. San Aniano, que era ya muy anciano, murió dos años después.

Las dos biografías latinas que existen son tardías y poco fidedignas. B. Krusch editó la mejor de las dos en Monumenta Germaniae Historica, Scriptores Merov, vol. III, pp. 104-117. San Gregorio de Tours describe con cierto detalle la liberación de Orléans y la atribuye a san Aniano. Véase también C. Duhan, Vie de St. Aignan (1877); y L. Duchesne, Fastes Episcopaux, vol. u, p. 460.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Santos Alfeo y Zaqueo, mártires.

fecha: 17 de noviembre
†: 303 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Cesarea de Palestina, santos Alfeo y Zaqueo, mártires, que por confesar con todas sus fuerzas a Dios y a Jesucristo Rey, después de muchos tormentos fueron condenados a muerte, en el primer año de la persecución ordenada por el emperador Diocleciano.
En el primer año de la persecución de Diocleciano, al acercarse la fecha de la celebración de los juegos conmemorativos del vigésimo aniversario de su acceso al trono, el gobernador de Palestina consiguió que el emperador perdonase a todos los criminales, excepto a los cristianos. Precisamente entonces, fue arrestado en Gadara el diácono Zaqueo. Los guardias le azotaron brutalmente, le desgarraron con garfios de hierro y le encerraron en la prisión con las piernas casi descoyuntadas en el potro. A pesar de esa postura tan dolorosa, Zaqueo alababa a Dios gozosamente noche y día.

Pronto fue a reunirse Alfeo con él en la prisión. Era éste un lector de la iglesia de Cesarea, originario de Eleuterópolis y de familia distinguida. Durante la persecución, había arriesgado la vida por exhortar a los cristianos a permanecer firmes. Finalmente fue arrestado. El prefecto, que no fue capaz de rebatir sus réplicas durante el interrogatorio, le envió a la prisión. La segunda vez que Alfeo compareció ante su juez, éste le mandó azotar y desgarrar con garfios de acero. Después, le envió a la mazmorra en que se hallaba Zaqueo, con la orden de que también a él se le descoyuntase en el potro. Los mártires fueron condenados a muerte la tercera vez que comparecieron ante el juez. Fueron decapitados el 17 de noviembre del 303.

Lo único que sabemos acerca de estos santos es lo que Eusebio cuenta en Mártires de Palestina, lib. I, c. 5. Véase Delehaye, Comentario sobre el Martirologium Hieronymianum, pp. 604-605.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Gregorio «Taumaturgo», obispo. (1207-1231).

fecha: 17 de noviembre
n.: c. 213 - †: c. 270 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Neocesarea, en el Ponto, san Gregorio, obispo, que siendo aún adolescente abrazó la fe cristiana, fue progresando en las ciencias divinas y humanas, y, ordenado obispo, brilló por su doctrina, virtudes y trabajos apostólicos. Por los incontables milagros que realizó, se le llamó «Taumaturgo».
patronazgo: protector contra terremotos, inundaciones, causas desesperadas, imposibles o perdidas.
refieren a este santo: San Alejandro «Carbonero», San Atenodoro de Neocesarea

Teodoro, quien más tarde cambió su nombre por el de Gregorio y recibió el sobrenombre de «el Taumaturgo» por sus milagros, nació en Neocesarea del Ponto. Sus padres pertenecían a la nobleza y eran paganos. Cuando Gregorio tenía catorce años, murió su padre. El joven continuó su carrera de leyes. La hermana de Gregorio hizo un viaje a Cesarea de Palestina para ir a reunirse con su esposo, quien ocupaba ahí un cargo oficial. En dicho viaje la acompañaron Gregorio y su hermano Atenodoro, el cual fue más tarde obispo y sufrió mucho por la fe. Poco antes, Orígenes, establecido en Cesarea, había abierto ahí una escuela. Desde la primera entrevista que tuvo con Gregorio y con su hermano, Orígenes cayó en la cuenta de que ambos poseían buenas aptitudes para los estudios y disposiciones para la virtud, por lo que se sintió impulsado a infundirles el amor de la verdad y el deseo de alcanzar el soberano bien del hombre. Fascinados por las palabras de Orígenes, los jóvenes renunciaron a su proyecto de proseguir su carrera de leyes en la escuela de Beirut, e ingresaron en la de Orígenes. Gregorio hace justicia a su maestro, pues asegura que los guiaba por el camino de la virtud, no sólo con sus palabras sino también con su ejemplo. También afirma que les inculcó la idea de que en todas las cosas lo importante es conocer la primera causa, con lo cual los orientó hacia la teología. Orígenes los hizo leer todo lo que los filósofos y los poetas habían escrito sobre Dios, haciéndoles caer en la cuenta de lo que había de falso y de verdadero en cada uno y recalcándoles la impotencia de la mente humana para alcanzar la plenitud de la verdad en el terreno más importante, que es el de la religión. Los dos hermanos acabaron por convertirse plenamente al cristianismo y prosiguieron sus estudios bajo la dirección de tan excelente maestro durante varios años. El año 238 regresaron a su patria. Antes de separarse de Orígenes, Gregorio le dio las gracias en un discurso que pronunció ante un nutrido auditorio, donde alabó los métodos de su maestro y la prudencia con que los había guiado en sus estudios, aparte de dar detalles muy interesantes sobre la pedagogía de Orígenes:
«Como una centella que se encendiera en mi alma, prendió y se inflamó mi amor, tanto hacia Aquel que sobrepuja todo deseo por su inefable belleza, el Verbo santo y totalmente amable, como hacia este hombre [Orígenes], que es su amigo y profeta. Profundamente impresionado, abandoné todo lo que hubiera debido interesarme: negocios, estudios, incluso aquellos por los que sentía más predilección: el derecho, mi casa y mis parientes, hasta aquellos con quienes vivía. Solamente una cosa amaba y me afectaba: la filosofía y su maestro, aquel hombre divino» (Panegírico, 6).

También se conserva una carta de Orígenes a su discípulo, en la que llama a Gregorio su «respetado hijo» y le exhorta a emplear en servicio de la religión los talentos que había recibido de Dios; también le aconseja que aproveche todos los elementos de la filosofía pagana que puedan servir para ese fin, como los judíos aprovecharon los despojos de los egipcios para construir el tabernáculo del verdadero Dios. Gregorio tenía la intención de practicar la abogacía en su patria; pero poco después de su llegada fue elegido obispo de Neocesarea, aunque en la ciudad sólo había diecisiete cristianos. Sabemos muy poco acerca del largo episcopado del santo. Es cierto que san Gregorio de Nissa, en el panegírico de su homónimo, da muchos datos sobre los milagros que valieron a éste el sobrenombre de «el Taumaturgo», pero está probado que la mayoría son legendarios. Como quiera que fuese, Neocesarea era por entonces una ciudad rica y populosa, en la que reinaban la idolatría y el vicio. San Gregorio, consumido par el celo y la caridad, se entregó enérgicamente al cumplimiento de sus deberes pastorales, y Dios le concedió un don extraordinario de milagros. San Basilio dice que «con la ayuda del Espíritu Santo, tenía un poder formidable sobre los malos espíritus. En cierta ocasión, secó un lago que era causa de pleitos entre dos hermanos. Su capacidad de predecir el futuro le elevaba a la altura de los profetas. Los milagros que obraba eran tan notables, que amigos y enemigos le consideraban como un nuevo Moisés».

Poco después de tomar posesión de la sede, san Gregorio fue a alojarse en casa de Musonio, un personaje importante de la ciudad, quien le había invitado a vivir con él. Ese mismo día, empezó el santo a predicar y, antes de caer la noche, había convertido ya a un número suficiente para formar una pequeña iglesia. Al día siguiente, se apretujaban ante la puerta de la casa de Musonio muchos enfermos, a los que Gregorio devolvió la salud y convirtió al cristianismo. Pronto, los cristianos llegaron a ser tan numerosos, que Gregorio pudo construir una iglesia, ya que todos colaboraron en la empresa con sus limosnas y su trabajo. En nuestro artículo del 11 de agosto referimos cómo consiguió san Gregorio que Alejandro el Carbonero fuese elegido obispo de Comana. La prudencia y el tacto de san Gregorio movían a las gentes a consultarle acerca de cuestiones civiles y religiosas y, en ese sentido, fueron muy útiles al santo sus estudios de leyes. San Gregorio de Nissa y su hermano san Basilio, se enteraron por su abuela, santa Macrina de lo que se decía del Taumaturgo, ya que la santa había vivido cuando era pequeña en Cesarea, más o menos en la época en que murió san Gregorio. San Basilio afirma que la vida del Taumaturgo reflejaba la sublimidad del fervor evangélico. En sus prácticas de devoción mostraba gran reverencia, recogimiento y jamás oraba con la cabeza cubierta. Amaba la sencillez y modestia en las palabras: el «sí» y el «no», constituían la médula de sus conversaciones. Aborrecía la mentira y la falsedad; en sus palabras, lo mismo que en su conducta, no había jamás la menor sombra de cólera o de amargura.

Cuando estalló la persecución de Decio, el año 250, San Gregorio aconsejó a los cristianos que se escondiesen para no exponerse al peligro de perder la fe. Él se retiró al desierto, en compañía de un antiguo sacerdote pagano, a quien había convertido y hecho diácono suyo. Los perseguidores se enteraron de que se había refugiado en cierta montaña, enviaron a un pelotón de soldados a buscarle, pero éstos volvieron sin la presa y dijeron que sólo habían encontrado árboles. Entonces, el hombre que había señalado el sitio en que se hallaba escondido san Gregorio, se dirigió al bosque y encontró al santo con su acompañante, entregados a la oración. A la vista de aquellos hombres santos, comprendió que Dios debía protegerlos y que Él había hecho que las soldados los confundiesen con los árboles. Así, el que había denunciado a los cristianos se convirtió al cristianismo.

A la persecución siguió una epidemia, y a la epidemia una invasión de los godos, por lo que no es de extrañar que san Gregorio haya tenido poco tiempo para escribir si, en semejantes circunstancias, debía dedicarse a sus tareas pastorales. Él mismo describe las dificultades de su ministerio en la «Carta Canónica» que escribió con motivo de los problemas suscitados por la invasión de los bárbaros. Se cuenta que el santo organizaba entretenimientos en los días de las fiestas de los mártires y que ello contribuyó a atraer a los paganos y a popularizar las reuniones religiosas entre los cristianos. Por lo demás, seguramente el santo estaba convencido de que también las diversiones sanas, además de las prácticas religiosas, constituían una manera de venerar a los mártires. En todo caso, san Gregorio es, a lo que sabemos, el único misionero que empleó los mencionados métodos en los tres primeros siglos y se debe advertir que era un griego muy culto.

Poco antes de su muerte, san Gregorio hizo investigaciones para averiguar cuántos infieles quedaban todavía en la ciudad y al enterarse de que sólo había diecisiete, exclamó lleno de gozo: «¡Gracias sean dadas a Dios! Cuando llegué a esta ciudad no había más que diecisiete cristianos». Después de orar por la conversión de los infieles y la santificación de los que ya creían en el verdadero Dios, rogó a sus amigos que no le sepultasen en un sitio distinguido, puesto que había vivido en el mundo como peregrino sin buscarse a sí mismo y quería también compartir la suerte de las gentes ordinarias después de la muerte. Según se dice, las reliquias del santo fueron trasladadas a un monasterio bizantino de Calabria. En todo caso, en el sur de Italia y en Sicilia se le venera especialmente y se le invoca contra los terremotos y las inundaciones, en recuerdo de la forma milagrosa en que detuvo las aguas desbordadas del río Lycus.

Los datos que poseemos sobre el santo son muy poco satisfactorios, si excluimos lo que el propio Gregorio cuenta de sus relaciones con Orígenes y las alusiones casuales que se encuentran en los escritos de san Basilio, san Jerónimo y Eusebio. San Gregorio de Nissa, en su panegírico, cuenta muchos milagros, pero habla muy poco de la vida del santo. Por otra parte, la biografía griega (cuyo mejor texto es el de Acta Martyrum de Bedjan, vol. VI, 1896, pp. 83-106), es todavía menos fidedigna. Existen además una biografía armenia y una latina, ambas de poco valor. Véase Ryssel, Gregorius Thaumaturgus, sein Leben und seine Schriften (1880); Funk, en Theologische Quartalschril (1898), pp. 81 ss.; Journal of Theological Studies (1930), pp. 142-155. Los críticos admiten generalmente la autenticidad del panegírico de Orígenes, del tratado sobre el Credo, de la epístola canónica y del estudio dedicado a Teopompo; este último sólo se conserva en sirio. La mayor parte de los escritos publicados en Migne, PG., vol. X, son ciertamente espurios, o por lo menos sospechosos. En castellano, puede verse Quasten, Patrología, BAC, tomo I.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Santa ISABEL DE HUNGRÍA. (1207-1231).


Martirologio Romano: Memoria de santa Isabel de Hungría, que, siendo casi una niña, se casó con Luis, langradve de Turingia, a quien dio tres hijos, y al quedar viuda, después de sufrir muchas calamidades y siempre inclinada a la meditación de las cosas celestiales, se retiró a Marburgo, en un hospital que ella misma había fundado, donde, abrazándose a la pobreza, se dedicó al cuidado de los enfermos y de los pobres hasta el último suspiro de su vida, que fue a los veinticinco años de edad


Nació en el castillo de Saros Patak en Presburgo (Hungría). Era hija del rey de Hungría, Andrés II y sobrina de santa Eduvigis de Polonia. Fue prometida en matrimonio a los cuatro años, con el landgrave de Turingia, el beato Luis IV (y fue criada con él en el castillo de Wartburg), del cual, tras la celebración de las nupcias a los 14 años (1221), tuvo tres hijos. Fue un matrimonio por amor ("Si yo amo tanto a una criatura mortal, cuanto más deberé amar al Señor, inmortal y patrón de todos"). Y supo unir la austeridad con la distinción, la piedad con el servicio. Y se alegró de imitar a Jesucristo en las penalidades del invierno y del portal de Belén. Su sierva Isentrudis dijo: "También cuando su marido vivía, ella era como una religiosa; humilde y caritativa, toda dedicada a la oración. Cumplía todas las obras de caridad hacia los pobres con una gran alegría sin cambiar el aspecto de su rostro". De sus hijas, Sofía será la esposa del duque de Brabante, y Gertrudis, abadesa del monasterio de Aldemburgo, será recordada como la beata Gertrudis de Turingia. En 1225, al sufrir Alemania una severa escasez, gastó todo su patrimonio para atender a los más necesitados.

Isabel tenía apenas 20 años cuando se quedó viuda (1227); perdió al marido durante la VI cruzada comandada Federico II, a causa de una epidemia en Otranto. Dejando el castillo de la corte ducal, se dedicó a una vida de extraordinaria caridad, fundando un hospital en honor de san Francisco de Asís después de haber rechazado las segundas nupcias, aconsejadas por su tío, obispo de Bamberg. La leyenda dice que fue expoliada de todas sus posesiones por el hermano de su marido. Lo cierto es que renunció al derecho de sustento por temor a recibir su alimento de la odiosa exacción de los pobres, tal como se practicaba en la corte de los príncipes de su tiempo.

El beato Conrado de Magdeburgo fue su confesor, a quien modernamente se considera de "una deplorable insensibilidad", ensombreció con métodos que podríamos llamar brutales el crepúsculo de su vida, en el que Isabel dio ejemplos de paciencia, ya que le hacía flagelarse por cada pequeña enmienda. Así mismo, le aconsejó por obediencia que vistiera el hábito gris de las Terciarias franciscanas, y que no entrara en un monasterio (que era la aspiración de nuestra santa). Aunque se dice que fue la primera Terciara franciscana de Centroeuropa, y que el mismo santo de Asís le regaló una capa de su uso particular, que la reina guardó como una reliquia; pero no hay documentación que diga que perteneciera a la tercera orden franciscana, aunque si favoreció a los primeros franciscanos que llegaron a Turingia y vivió sus ideales evangélicos.

En 1228, con la mano sobre el altar de la capilla de la ciudad de Eisenach, en presencia de algunos religiosos "renunció a sus parientes, a sus hijos, a su propia voluntad, a todas las pompas del mundo y a las cosas que el señor aconsejaba abandonar". (El beato Conrado le impidió renunciar a sus bienes, para pagar las deudas de su marido y para que pudiera socorrer a los pobres). El agudo sentido que tenía de los derechos del pueblo y de las injusticias señoriales, le hacía observar ayunos hasta pasar hambre. En la carestía de 1225, estuvo al lado de los pobres, distribuyendo incluso las reservas de trigo de su ducado (en ausencia de su marido) y vendiendo sus propios ornamentos principescos. La gente la llamaba "mamaíta", entre otras cosas porque soportaba todos los disgustos y tribulaciones con alegría. Una vez le preguntaron cómo dar limosnas, si no tenía dinero, y contestó: "Siempre tenemos dos ojos para ver a los pobres, dos oídos para escucharlos, una lengua para consolarlos y pedir por ellos, dos manos para ayudarlos y un corazón para amarlos".

Vivió los últimos cuatro años en el hospital mantenido por ella, con los bienes que se le habían adjudicado de nuevo, prestando su humilde servicio a los enfermos con el despego más absoluto, después de haber confiado a Dios sus hijos, porque no podía educarlos según el rango noble, afrontando maledicencias y desprecios. Murió a los 24 años, y fue venerada inmediatamente por el pueblo. Patrona de Turingia. MEMORIA FACULTATIVA.
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Santos ACISCLO DE CÓRDOBA y VICTORIA. M. c. 303.


Martirologio Romano: En la ciudad de Córdoba, en la Hispania Bética, santos Acisclo y Victoria, mártires
Estamos en Córdoba en el año 303. El pretor Dión mandaba en la ciudad y eran tiempos de los emperadores Diocleciano y su amigo Maximiano. Es la décima persecución contra los cristianos. España estaba ya en gran parte cristianizada.

Córdoba contaba ya con muchos fieles. Dos hermanos, Acisclo y Victoria, eran conocidos por su caridad y su entrega a los pobres y marginados. El gobernador Dion los denunció por rebeldes a las leyes imperiales. Victoria, tranquila y serena, le dijo al gobernador:" Me harás un gran favor si cumples en mí las amenazas que me has lanzado. Vale más morir por Cristo que por todas las promesas que me haces". Los encerraron en los calabozos para hacerles nuevos interrogatorios. Después de desgarrarles sus pies, los echaron al fuego. Victoria gritaba y le cortaron la lengua y a Acisclo el cuello.

Si bien es cierto que Acisclo fue mártir en Córdoba, según menciona Prudencio, hasta varios siglos más tarde no entrará Victoria, que en realidad es una mártir de Hierápolis y su fiesta se celebraba el 17 de Noviembre, pero que Baronio, haciendo caso de unas fabulosas Actas, los incluyó juntos en el Martirologio Romano. Son patrones de Córdoba.
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Santa HILDA. (614-680).

Martirologio Romano: En Whitby, de Nortumbría, santa Hilda, abadesa, la cual, después de abrazar la fe y recibir los sacramentos de Cristo, puesta al frente de su monasterio, tanto se entregó a la formación de los monjes y monjas en la vida regular, al mantenimiento de la paz y la armonía, al trabajo y a la lectura de las divinas Escrituras, que parecía realizar en la tierra tareas celestiales< No se sabe el lugar de nacimiento de Hilda, pero de acuerdo a Beda el Venerable fue en el año 614. Ella fue la segunda hija de Hereric, sobrino de san Edwin rey de Northumbria, y su esposa Breguswita. Su hermana mayor, santa Hereswida, se casó con Ethelric, hermano del rey Anna de Anglia Oriental. Cuando era apenas una bebe su padre fue envenenado mientras pasaba su exilio en la corte del rey de Elmet (en lo que hoy en día es West Yorkshire). Se asume que ella creció en la corte de san Ediwn en Northumbria.

En 627 el rey Edwin de Northumbria fue bautizado durante la Pascua junto a toda su Corte, la cual incluía a Hilda, que entonces tenía 14 años, en una pequeña capilla de madera construida especialmente para la ocasión, cerca de lo que hoy en día es la Catedral de York Minster. La ceremonia fue oficiada por el monje-obispo san Paulino de York, quien había venido desde Roma junto a san Agustín de Canterbury. Luego acompaño a santa Ethelburga de Lyminge, una princesa cristiana, cuando ella regreso a Kent para casarse con Edwin.

Se desconocen más detalles de la vida de Hilda entre el 627 y el 647. Pero, aparentemente, tras la muerte de san Edwin en una batalla en el año 633, ella se fue a vivir con su hermana a la corte de Anglia Oriental. Beda resume su historia en un punto clave de su vida, cuando a la edad de 33 ella decide irse a vivir con su hermana viuda a la abadía de Chelles, en Galia. Pero fue convencida por san Aidan, obispo de Lindisfarne de regresar a Northumbria y vivir como monja benedictina. Esto le cambio la vida.

No se sabe dónde fue que Hilda empezó su vida como monja, excepto que fue al norte de las orillas del río Wear. Aquí, con unas cuantas compañeras aprendieron las tradiciones del monacato del cristianismo celta el cual san Aidan había traído desde Iona. Después de un año san Aidan nombró a Hilda como la segunda abadesa de Hartlepool (549) y después abadesa de Heorta.

Más tarde fundo doble monasterio de Whitby en Streonshalh (en ese entonces conocido como Streonshalh), donde su influencia fue uno de los factores principales de la unificación de la iglesia inglesa. La tradición de monasterios dobles, como los de Hartlepool y Whitby, era para que hombres y mujeres vivieran separadamente pero que pudieran rezar juntos en misa. Todas las propiedades y bienes eran de propiedad común, los valores cristianos eran ejercidos, especialmente paz y caridad, todos tenían que estudiar la Biblia y hacer obras de caridad. Cinco monjes del monasterio se convirtieron en obispos y uno fue venerado como santo, san Juan de Beverley. La reina santa Eanfleda de Deira, y su hija snta Elfleda se convirtieron en monjas y juntas fueron abadesas de Whitby después de la muerte de Hilda.

Convocó el Sínodo de Whitby en el 664, en el cual los cristianos de bretaña decidieron someterse a la Iglesia de Roma. El Rey de Northumbria escogió el monasterio de Hilda como sede para el Sínodo de Whitby, el primer sínodo de la Iglesia en su reino. El invito religiosos de tan lejos como Wessex para formar parte del evento. La mayoría de los presentes, incluyendo Hilda, seguían las tradiciones del cristianismo celta pero varios en el reino, incluyendo la reina santa Eanfleda y su hija la monja santa Elfleda la cual vivía con Hilda en el monasterio, seguían las tradiciones de la Iglesia Romana. Convencidos por san Wilfrido un mensajero de Roma, se decidió tomar las tradiciones romanas. Hilda acepto esta decisión y esforzó las nuevas reglas dando un buen ejemplo de devoción y obediencia. Muchas de las tradiciones celtas siguieron en uso, pero puntos claves como fechas y celebraciones fueron cambiadas. San Cutberto de Lindisfarne, un santo de Northumbria demostró en su vida como las tradiciones benedictinas y celtas podían ser conbinadas perfectamente.

Fue la guía espiritual de la Inglaterra del siglo VII. A donde iba se fundaban monasterios. Se dice de ella que la virtud que irradiaba y enseñaba, era la justicia en la paz. Además fue una gran protectora de la cultura y bajo su dirección, el poeta san Caedmón recibió la inspiración para sus versos en lengua sajona. Fue una mujer de bastante influencia, fue una gran educadora y conocedora de las Escrituras, una buenísima administradora de monasterios, a ella venían reyes, reinas, príncipes, monjes, y santos, a pedir consejos. Aunque Hilda tenía un carácter fuerte ella también inspiraba afecto. Beda dijo "Todos aquellos que la conocían la llamaban madre por su gran devoción y gracia".

Hilda sufrió de una fiebre los últimos seis años de su vida, pero continuó trabajando hasta su muerte, en lo que entonces era una edad muy avanzada de sesenta y seis. En su último año ella fundo otro monasterio, a 14 millas de Whitby, en Hackness. Ella murió después de recibir el viatico, y según la leyenda, en el momento de su muerte las campanas del monasterio en Hackness sonaron.

Las sucesoras de Hilda fueron santa Eanfleda, viuda del rey Oswin, y su hija Elfleda. Después de las muertes de ellas dos, no se sabe más de la abadía de Whitby solo que fue destruida por invasores daneses en 867. Después de la invasión de Guillermo I a Inglaterra, monjes provenientes de Evesham fundaron otra vez la abadía como una casa benedictina para hombres. Y continuó siéndolo hasta la disolución de los monasterios por Enrique VIII en 1539.
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San HUGO DE LINCOLN. (c.1140 - 1200).

Martirologio Romano: En Lincoln, en Inglaterra, san Hugo, obispo, que era monje cartujo cuando fue llamado a regir la iglesia de esta ciudad, donde realizó un trabajo excelente, lo mismo en la defensa de las libertades de la Iglesia que en arrancar a los judíos de las manos de sus enemigos

Nació en Avalon en Dauphiné, Borgoña, en el seno de una noble familia; fue educado en el convento de canónigos regulares agustinos de Villarbenoît, donde se hizo monje a los 8 años. A los 25 años se hizo cartujo en la Gran Cartuja, donde fue un monje ejemplar y fue nombrado procurador general del monasterio. En el 1175, fue enviado por el rey Enrique II a fundar la primera cartuja inglesa en Witham, Somerset, lo que hizo a pesar de los obstáculos.

En el 1118, fue elegido obispo de Lincoln, a pesar de su rechazo,  y que rigió con sabiduría y celo; la actual catedral se inició durante su episcopado. Se dedicó a la atención de los pobres y a restaurar la disciplina entre el clero. Tuvo una gran relación con los reyes Ricardo I y Juan, que lo envió como embajador a Francia para pactar la paz entre las dos coronas; con el rey Ricardo I Corazón de León tuvo una larga disputa sobre la inmunidad de su sede y de sus canónigos, y por tanto, se le considera defensor de las libertades eclesiásticas. Fue nombrado juez delegado por tres papas sucesivos y fue conocido por su alto sentido de la justicia. Arriesgó su vida para salvar de la muerte a los judíos. Tuvo una gran pasión por las reliquias de los santos y en algún caso parece que se sobrelimitó para conseguir una reliquia de María Magdalena. Murió en Londres con 60 años, a causa de sus profundas penitencias, y después de un viaje a Francia y fue llorado por todos, sobre todo por los judíos, de quiénes siempre fue amigo y defensor: en su solemne funeral, el rey de Inglaterra y Escocia llevó su féretro. Sus restos fueron dispersados durante la reforma anglicana. Patrón de Lincoln.
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Beata SALOMÉ DE CRACOVIA. (c.1211 - c.1268).


Martirologio Romano: En Cracovia, de Polonia, beata Salomé, reina de Halicz (Galizia), que, fallecido su esposo, el rey Colomano, profesó la Regla de las clarisas y desempeñó santamente el cargo de abadesa en un monasterio fundado por ella misma
Princesa de Polonia, hija de Leszek el Rubio, príncipe de Cracovia. Es difícil seguir los primeros años de su vida, pues las fuentes históricas difieren bastante entre sí. Parece, sin embargo, que a los tres años fue confiada al obispo de Cracovia, el beato Vicente Kadlubek, para que la condujera a Hungría. Según las costumbres de aquel tiempo, Lescek había concertado su matrimonio de su hija con el hijo del rey Andrés de Hungría, el príncipe Kálmán o Colomán, que sólo tenía 6 años.

Con autorización del papa Inocencio III, el obispo de Strigonia los coronó en el otoño de 1214, y gobernaron en Halicz durante menos de tres años, hasta que la ciudad fue ocupada por el príncipe Mistislaw de Rutenia, que los retuvo prisioneros.

Durante la prisión, Salomé, que contaba entonces con nueve años, de común acuerdo con su prometido vivir en castidad. Cuando los húngaros reconquistaron la ciudad, los dos fueron liberados y por fin pudo celebrarse el matrimonio. Salomé, al parecer, había empezado a hacer vida de penitencia como terciaria franciscana, y se comprometió para que la corte fuese un modelo de vida cristiana. A pesar de su belleza, rehuía de la compañía de los hombres, vestía con modestia, no participaba en las fiestas y diversiones de la corte y dedicaba el tiempo libre a la oración.

Kálmán reinó en Dalmacia y Eslovenia, en vida de su padre, hasta el momento de su muerte, ocurrida en 1241, mientras combatía contra los tártaros. El primer año de viudez lo empleó Salomé en hacer buenas obras en la corte y en favorecer los conventos de franciscanos y dominicos, pero en 1242 prefirió regresar a su país. Se retiró en el monasterio de Sandomierz y vistió el hábito de las clarisas. Con la ayuda del hermano Boleslao emprendió en 1245 la fundación del monasterio de clarisas de Zawichost, el hospital y el monasterio de clarisas donde se recluyó.

Ante la amenaza de los Tártaros, parte de la comunidad se trasladó a Skala, donde Salomé fundó otro monasterio, dotándolo de utensilios y ornamentos litúrgicos. 28 años vivió en el monasterio, siendo para todos un ejemplo de penitencia, abnegación, humildad, inocencia y caridad. Durante muchos años fue abadesa buena, afable y servicial, amante del ideal franciscano de pobreza.

El 17 de noviembre de 1268, día de su muerte, tuvo una visión de la Virgen María con su Hijo. Entonces llamó a sus hermanas y las exhortó a vivir en caridad, pureza de corazón, obediencia y desapego de las cosas de este mundo. Sus hermanas vieron su alma como una pequeña estrella que desde su cuerpo subía hasta el cielo. Tenía 57 años. Sus restos fueron trasladados a la iglesia de San Francisco de Cracovia, donde aún se conservan
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