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Ora por los que padecen éste mal


Blogueros con el Papa

Santoral del 12 de Noviembre

INDICE


San Josafat, obispo y mártir
Santos Benito, Juan, Mateo, Isaac y Cristiano, mártires
Macario de Mull, obispo
Santa Modesta, abadesa
Beato Juan Cini, religioso
San Diego de Alcalá, religioso
San Margarito Flores García, presbítero y mártir
Beato José Medes Ferris, mártir
San Cuniberto de Colonia, obispo
San Nilo, abad
San Labuino, monje y presbítero
VIDEOS


SAN MARTÍN I, Papa y Mártir
Sufrid, pues, la corrección.
Dios se porta con vosotros como con hijos.
Porque, ¿cuál es el hijo, a quien su padre no corrige?
(Hebreos 12, 7)

San Martín, Papa, fue puesto en prisión por orden de Constante II, emperador de Oriente, por haber condenado la herejía de los monotelitas. Permaneció 92 días sin ver a nadie, después de lo cual fue exilado en el Quersoneso. Jesucristo estaba siempre presente a su espíritu, y el pensamiento de que sufría por su causa constituía su único e inmenso consuelo. Murió en el destierro, como consecuencia de la miseria y malos tratos que se le hizo sufrir, el año 655, después de 6 años de pontificado.

MEDITACIÓN SOBRE LAS PENAS DEL PECADO

I. Tal es el odio de Dios por el pecado, que no hay suplicios que no emplee para castigarlo en esta vida y en la otra. En esta vida, el pecado nos priva de la gracia de Dios, echa al Espíritu Santo de nuestro corazón y nos despoja de la calidad de hijos de Dios para hacernos esclavos del demonio. Por el pecado, perdemos nuestros derechos al cielo y los méritos que hemos adquirido mediante nuestras buenas obras. En una palabra, nos hacemos enemigos de Dios y objeto de su cólera. Un solo pecado mortal atrae sobre nosotros todos estos males.

II. En la otra vida, un solo pecado mortal nos precipitará al infierno, es decir, que el pecador perderá el paraíso y será privado de la vista de Dios; será atormentado en todas las partes de su cuerpo y en todas las facultades de su alma durante toda la eternidad. Así es como los demonios y los condenados desde ahora son castigados; y es justo que sean castigados durante toda la eternidad, porque han querido vivir sin fin para pecar sin fin (San Gregorio).

III. No puedes proporcionar mayor placer al demonio, tu más cruel enemigo, que ofendiendo a Dios. Nada puedes hacer más desagradable a Dios, a Jesucristo, a la Santísima Virgen y a toda la corte celestial, que cometer un pecado. Nada puedes hacer más perjudicial a tu alma. ¡Desventurado de mí! ¿por qué precipitarme tan contento en el infierno? ¡Para agradar al demonio, que nunca me hizo sino mal, ofendo a Dios que tanto me ha amado!

La huida del pecado.
Orad por el Papa.

ORACIÓN

Pastor eterno, considerad con benevolencia a vuestro rebaño, y guardadlo con protección constante por vuestro bienaventurado mártir y Soberano pontífice Martín, a quien constituisteis pastor de toda la Iglesia. Por J. C. N. S.



San Josafat, obispo y mártir
fecha: 12 de noviembre
fecha en el calendario anterior: 14 de noviembre
n.: c. 1580 - †: 1623 - país: Bielorusia
otras formas del nombre: Juan Kuncewicz
canonización: B: Urbano VIII 16 may 1643 - C: Pío IX 1867
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Memoria de san Josafat (Juan) Kuncewicz, obispo de Polotsk, en Rutenia, y mártir, que con ardor incesante impulsó a su pueblo hacia la unidad católica, cultivó con piadosa dedicación el rito bizantino-eslavo en Witebsk, que entonces estaba bajo la jurisdicción de Polonia, y, cruelmente perseguido por una chusma enemiga, murió por la unidad de la Iglesia y la defensa de la verdad católica.
patronazgo: patrono de Ucrania y del movimiento ecuménico
oración:
Aviva, Señor, en tu Iglesia, el Espíritu que impulsó a san Josafat, obispo y mártir, a dar la vida por su rebaño, y concédenos, por su intercesión, que ese mismo Espíritu nos de fuerza a nosotros para entregar la vida por nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

En octubre de 1595, el metropolitano de los ortodoxos disidentes de Kiev y otros cinco obispos, que representaban a millones de rutenos (hoy ucranios), hallándose reunidos en Brest-Litovsk, ciudad de Lituania, decidieron someterse a la Sede Romana. Las controversias a que ello dio lugar, provocaron excesos y violencias deplorables.

El gran defensor de la unidad cristiana, cuya fiesta celebramos hoy, derramó su sangre por la causa que defendía y fue el protomártir de la reunión de la cristiandad. Pero en la fecha que acabamos de citar, era todavía niño, ya que había nacido en 1580 o 1584 en Vladimir de Volhinia. Su nombre de bautismo era Juan. Su padre, que era un católico de buena familia, puso a estudiar a su hijo en la escuela de su pueblo natal. Después Juan entró a trabajar como aprendiz en una tienda de Vilna, pero en vista de que el comercio no le interesaba mayormente, empleaba sus tiempos libres aprendiendo el eslavo eclesiástico para comprender mejor los divinos oficios y poder recitar diariamente una parte del largo oficio bizantino. Juan conoció por entonces a Pedro Arcudius, rector del colegio oriental de Vilna, así como a los jesuitas Valentín Fabricio y Gregorio Gruzevsky, quienes se interesaron por él y le alentaron a seguir adelante. Al principio, el amo de Juan no veía con muy buenos ojos sus inquietudes religiosas; pero el joven supo cumplir tan bien con sus obligaciones, que el comerciante acabó por ofrecerle que se asociase con él y tomase por esposa a una de sus hijas. Juan rehusó ambas proposiciones, pues estaba decidido a hacerse monje. Efectivamente, en 1604, ingresó en el monasterio de la Santísima Trinidad de Vilna. El santo indujo también a seguir su ejemplo a José Benjamín Rutsky, un hombre muy culto, convertido del calvinismo, a quien el papa Clemente VIII había mandado abrazar, contra su voluntad, el rito bizantino. Los dos jóvenes monjes empezaron juntos a trazar planes para promover la unión y reformar la observancia en los monasterios rutenos. Juan Kunsevich, quien desde entonces se llamó Josafat, recibió el diaconado, después el sacerdocio y pronto adquirió gran fama por sus sermones sobre la unión con Roma. Su vida personal era muy austera, ya que añadía a las penitencias acostumbradas en las reglas monásticas del Oriente, otras mortificaciones tan severas, que en más de una ocasión le merecieron las críticas aun de los monjes más ascéticos. En el proceso de beatificación el burgomaestre de Vilna declaró que «no había en el pueblo ningún religioso más bueno que el P. Josafat». Como el abad del monasterio de la Santísima Trinidad manifestara su tendencia al separatismo, Juan fue elegido para sustituirle y, bajo su gobierno, el monasterio se repobló. Ello movió a sus superiores a retirarle del estudio de los Padres orientales para que fundase otros monasterios en Polonia. En 1614, Rutsky fue elegido metropolitano de Kiev, y Josafat le sucedió en el cargo de abad de Vilna. Cuando el nuevo metropolitano fue a tomar posesión de su catedral, Juan le acompañó en el viaje y aprovechó la ocasión para visitar el famoso monasterio de las Cuevas de Kiev. Pero la comunidad de dicho monasterio, que se componía de más de 200 monjes, estaba relajada, y el reformador católico estuvo a punto de ser arrojado al Dnieper. Aunque sus esfuerzos por hacer volver a la unidad a la comunidad fracasaron, su ejemplo y sus exhortaciones consiguieron hacer cambiar un tanto la actitud de los monjes y situarlos en un plano de buena voluntad.

El arzobispo de Polotsk era entonces un hombre ya muy anciano que favorecía a los disidentes. En 1617, el P. Josafat fue consagrado obispo de Vitebsk, con derecho de sucesión a la sede de Polotsk. Pocos meses después murió el anciano arzobispo. Así pues, Josafat se halló al frente de una eparquía tan extensa como poco fervorosa. Los que practicaban más a fondo la religión se inclinaban al cisma, pues temían que Roma interfiriese en forma arbitraria con sus ritos y costumbres. Las iglesias estaban en ruinas y se hallaban en manos de los laicos. Muchos miembros del clero secular habían contraído matrimonio dos y hasta tres veces (según el derecho canónico oriental, un hombre casado puede ordenarse sacerdote, pero, si queda viudo, no puede contraer matrimonio otra vez; tampoco puede casarse si era soltero en el momento de recibir el sacerdocio), y la vida monástica estaba en decadencia. Josafat pidió ayuda a algunos de sus hermanos de Vilna y emprendió la tarea: reunió sínodos en las ciudades principales, publicó e impuso un texto de catecismo, redactó una serie de ordenaciones sobre la conducta del clero y combatió la interferencia de los «señores» en los asuntos de las iglesias locales. A todo ello añadió el ejemplo de su vida, su celo en la instrucción, la predicación, la administración de sacramentos y la visita a los pobres, a los enfermos, a los prisioneros y a las aldeas más remotas. Hacia 1620, prácticamente toda la eparquía era ya sólidamente católica, el orden estaba restaurado y el ejemplo de aquel puñado de hombres buenos había producido un renacimiento de la vida cristiana. Pero en ese mismo año se instituyó en el territorio afectado por el tratado de la Unión de Brest que mencionamos al inicio, la jerarquía de obispos disidentes. Un tal Melecio Smotritsky fue nombrado arzobispo de Polotsk y se dedicó enérgicamente a destruir la obra del arzobispo católico, propagando que Josafat se había «convertido al latinismo», que iba a obligar a sus fieles a seguir su ejemplo, y que el catolicismo no era la forma tradicional del cristianismo ruteno. Cuando Melecio empezó a esparcir esos rumores, san Josafat se hallaba en Varsovia. Al volver a su diócesis, se encontró con que, aunque su ciudad episcopal seguía siéndole fiel, ciertos territorios de la eparquía comenzaban a vacilar, pues un monje llamado Silvestre había conseguido ganar las poblaciones de Vitebsk, Mogilev y Orcha para la causa de Smotritsky. La nobleza y casi todo el pueblo estaban por la unión; pero san Josafat no pudo hacer nada en las tres poblaciones que acabamos de mencionar. Cuando el rey de Polonia proclamó un decreto afirmando que Josafat era el único arzobispo legítimo de Polotsk, se prdujeron desórdenes no sólo en Vitebsk, sino en la misma Vilna. El decreto fue leído públicamente en presencia del santo, y éste estuvo a punto de perder la vida.

El canciller de Lituania, León Sapieha, que era católico, temeroso de los resultados políticos de la inquietud general, prestó oídos a los rumores esparcidos por los disidentes que, fuera de Polonia, acusaban a san Josafat de haber sido el causante de los desórdenes con su política. Así pues, en 1622, Sapieha escribió al santo acusándole de emplear la violencia para mantener la unión, de exponer al reino al peligro de una invasión de los cosacos saporoshzky por sembrar la discordia entre el pueblo, de haber clausurado por la fuerza ciertas iglesias no católicas y de otras cosas por el estilo. Las acusaciones eran demasiado generales y los testimonios ad hoc proporcionados por ambas partes sólo sirvieron para demostrar la injusticia del proceso. Lo único que se podía reprochar realmente al santo, era haber pedido el auxilio del brazo secular para recobrar la iglesia de Mogilev, de la que se habían apoderado los disidentes. El arzobispo tuvo que hacer frente también a la oposición, las críticas y la falta de comprensión de algunos católicos. Está fuera de duda que una de las causas de la facilidad con que una parte del pueblo había vuelto al cisma, era la firme disciplina y el rigor moral que el renacimiento católico había impuesto. Desgraciadamente, san Josafat no encontró entre los obispos latinos de Polonia el apoyo que merecía en tal empresa, porque mantuvo valientemente el derecho del clero y de los ritos bizantinos a que se los considerase en Roma en pie de igualdad con los latinos. El santo mantuvo su lucha con la misma tenacidad y valentía. En octubre de 1623, sabedor de que Vitebsk era todavía el centro de la oposición, decidió ir allá personalmente. Sus amigos no lograron disuadirle ni convencerle de que llevase una escolta militar. «Si Dios me juzga digno de merecer el martirio, no temo morir», respondió san Josafat. Así pues, durante dos semanas predicó en las iglesias de Vitebsk y visitó a los fieles sin distinción alguna. Sus enemigos le amenazaban continuamente y provocaban a sus acompañantes para poder asesinarle aprovechando el desorden. El día de la fiesta de san Demetrio, una chusma enfurecida rodeó al mártir, el cual les dijo: «Sé que queréis matarme y que me acecháis en todas partes: en las calles, en los puentes, en los caminos, en la plaza central. Pero yo estoy entre vosotros como vuestro pastor y quiero que sepáis que me consideraría muy feliz de dar la vida por vosotros. Estoy pronto a morir por la sagrada unión, por la supremacía de San Pedro y del Romano Pontífice».

Smotritsky, que era quien fomentaba la agitación, sólo pretendía probablemente obligar al santo a salir de la ciudad. Pero sus partidarios, que eran más exaltados, empezaron a tramar una conspiración para asesinar a Josafat el 12 de noviembre, a no ser que se excusase ante ellos por haber empleado antes la violencia. Un sacerdote llamado Elías fue el encargado de penetrar en el patio de la casa del arzobispo e insultar a sus criados por su religión y al amo a quien servían. Como la escena se repitiese varias veces, san Josafat dio permiso a sus criados de arrestar al sacerdote, si volvía a presentarse. En la mañana del 12 de noviembre, cuando el arzobispo se dirigía a la iglesia para el rezo del oficio de la aurora, Elías le salió al encuentro y comenzó a insultarle. El santo dio entonces permiso a su diácono para que mandase encerrar al agresor en un aposento de la casa. Eso era precisamente lo que deseaban sus enemigos. Al punto, echaron a vuelo las campanas, y la multitud empezó a clamar que se pusiese en libertad a Elías y se castigase al arzobispo. Después del oficio, san Josafat volvió a su casa y devolvió la libertad a Elías, no sin antes haberle amonestado. A pesar de ello, el pueblo penetró en la casa, exigiendo la muerte de Josafat y golpeando a sus criados. El santo salió al encuentro de la turba y preguntó: «¿Por qué golpeáis a mis criados, hijos míos? Si tenéis algo contra mí, aquí estoy; dejadlos a ellos en paz» (inútil recalcar cuánto se parecen estas palabras a las que pronunció santo Tomás Becket en una ocasión semejante). La chusma comenzó entonces a gritar: «¡Muera el Papista!», y san Josafat cayó atravesado por una alabarda y herido por una bala. Su cuerpo fue arrastrado por las calles y arrojado al río Divna.

San Josafat Kunsevich fue canonizado en 1867. Fue el primer santo de la Iglesia de Oriente canonizado con proceso formal de la Sagrada Congregación de Ritos. Quince años más tarde, León XIII fijó el 14 de noviembre como fecha de la celebración de su fiesta en toda la Iglesia de Occidente, aunque con la última reforma del calendario fue puesta en el 12, que le es más propio. El martirio del santo produjo como resultado inmediato un movimiento en favor de la unidad católica. Desgraciadamente, la controversia se prolongó con una violencia muy poco edificante, y los disidentes tuvieron también un mártir, el abad Anastasio de Brest, quien fue ejecutado en 1648. Por otra parte, el arzobispo Melecio Smotritsky se reconcilió más tarde con la Santa Sede. La gran reunión rutena existió, con altos y bajos, hasta que, después de la repartición de Polonia, los soberanos rusos obligaron por la fuerza a los rutenos católicos a unirse con la Iglesia Ortodoxa de Rusia, Los pocos que no lo hicieron, han visto repetirse la historia en nuestros días, como lo recuerda la encíclica Orientales omnes, que Pío XII publicó en 1946, con motivo del 350 aniversario de la Unión de Brest. En el oficio de lecturas del santo se recoge un fragmento de SS Pío XI en la encíclica Ecclesiam Dei, de 1923, donde el Papa afirma que san Josafat fue «el hombre más eminente y destacado entre los eslavos de rito oriental, ya que difícilmente encontraríamos a otro que haya contribuido a la gloria y provecho de la Iglesia más que éste, su pastor y apóstol, principalmente cuando derramó su sangre por la unidad de la santa Iglesia.»

En 1874, Dom Alphonse Guépin publicó dos gruesos volúmenes en octavo, de más de mil páginas, titulados Saint Josaphat, archevéque martyr, et l'Eglise grecque unie en Pologne. El autor habla en el prefacio de las fuentes de su obra. En particular, da las gracias al P. J. Martynov por haber puesto a su disposición una copia del proceso de beatificación y cierto número de documentos copiados de los archivos romanos. También cita una vasta colección de documentos reunidos por el monje basiliano Pablo Szymansky y habla de otra gran biblioteca de manuscritos del mismo tipo, reunida por el obispo Naruszewicz para sus investigaciones hitsóricas. Dom Guépin pudo disponer de todo ese material y supo emplearlo con tal tino, que la mayoría de los escritores occidentales que han escrito después de él sobre el tema, se basan en sus investigaciones. Sin embargo, hay que mencionar también los utilísimos panfletos del P. G. Hofmann (Orientalai Christiana, nn. 6 y 12). La noticia de la muerte de san Josafat se difundió rápidamente por toda Europa. En el Museo Británico se conserva una copia de un panfleto publicado en 1625, en Sevilla, con el título de Relación verdadera de la muerte y martirio de ... Josafat. Véase también 0. Kozanewyc, Leben des hl. Josaphat (1931) ;, y la revista Roma e l'Oriente, vol. X (1920), pp. 27-34. San Josafat y el metropolitano Rutsky fueron los iniciadores del movimiento monástico ruteno que se convirtió, más tarde, en la orden de San Basilio; por ello, desde 1932, dichos monjes recibieron el nombre oficial de Basilianos de San Josafat.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
INDICE


San Nilo, abad

fecha: 12 de noviembre
†: 430 - país: Turquía
otras formas del nombre: Nilo el Viejo
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Ancira, de Galacia, san Nilo, abad, que, considerado discípulo de san Juan Crisóstomo, estuvo al frente de su monasterio durante largo tiempo y difundió en sus escritos la doctrina ascética.

Con el nombre de san Nilo el Viejo se evocan, según parece, dos personajes distintos: uno, protagonista de una serie de leyendas y aventuras que transmiten los sinaxarios orientales, y otro un escritor de Ancira de Galacia (actualmente Ankara), monje de profunda doctrina mística. A quien celebramos hoy es al escritor, san Nilo de Ancira, pero puede encontrarse indistintamente mencionado como san Nilo el Sinaíta, que es el otro monje, quizás legendario, protagonista de las historias tradicionales.

De este último se dice que era discípulo de san Juan Crisóstomo, y que ocupaba un alto cargo en Constantinopla. Algunos investigadores llegan a decir que era prefecto de la ciudad. Nilo estaba casado y tenía dos hijos. Cuando éstos habían crecido, Nilo se sintió llamado a la vida eremítica y acordó con su esposa que ambos abandonarían el mundo. Su hijo Teódulo partió con él a establecerse entre los monjes del Monte Sinaí. Desde allí Nilo escribió dos cartas de protesta al emperador Arcadio cuando éste desterró a san Juan Crisóstomo de Constantinopla. Algunos años más tarde, los árabes saqueran el monasterio, asesinaron a muchos monjes y se llevaron preso a Teódulo. Nilo los siguió con la esperanza de rescatar a su hijo. Por fin, lo encontró en Eleusa, al sur de Beersheba, ya que el obispo de ciudad, compadecido de la suerte de Teódulo, le había comprado a los árabes y le había dado trabajo en la iglesia. El obispo de Eleusa confirió la ordenación sacerdotal a Nilo y a su hijo antes de que partiesen al Sinaí. Esta vida está recogida en las Narrationes (Migne, P.G., vol. LXXIX, pp. 583-694).

Sin embargo, como observa el Butler, no hay razón alguna para creer que san Nilo ocupara un alto cargo oficial, ni que fuera casado, ni que se estableciera en el Sinaí, ni que viviera aventuras extraordinarias buscando a su hijo. Más bien san Nilo llegó a ser muy conocido por los escritos teológicos, bíblicos y sobre todo ascéticos que se le atribuyen. En su tratado sobre la oración recomienda que pidamos ante todo a Dios el don de oración y que supliquemos al Espíritu Santo que haga brotar en nuestros corazones los deseos que le son irresistibles; también recomienda que pidamos a Dios que se haga su voluntad en la forma más perfecta posible. A las personas que viven en el mundo predica la templanza, la meditación sobre la muerte y la obligación de la limosna. San Nilo estaba siempre pronto a comunicar a otros sus conocimientos ascéticos. Las cartas suyas que se conservan, muestran cuán lejos había llegado en la vida interior y en el estudio de la Sagrada Escritura, y cuán frecuentemente acudían a consultarle personas de todas las clases sociales. Una de dichas cartas constituye la respuesta de san Nilo al prefecto Olimpiodoro, quien había construido una iglesia y quería saber si podía adornarla con mosaicos de tema profano, como escenas de cacería, imágenes de pájaros, animales y cosas por el estilo. San Nilo reprobó la idea y aconsejó a Olimpiodoro que pusiera escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento «para instruir a los que no saben leer». Agregó que sólo debe haber una cruz, situada en el punto principal de la iglesia. San Nilo escribió todo un tratado para demostrar que la vida eremítica es mejor que la de los monjes que viven en comunidad en las ciudades, pero hace notar que también los ermitaños tienen sus dificultades y pruebas particulares. El santo tenía experiencia en eso, pues sufrió violentas tentaciones, turbaciones y asaltos de los malos espíritus. San Nilo escribió a cierto «estilita» que su retiro en lo alto le había sido dictado por la soberbia: «El que se exalta será humillado».

Véanse los pasajes de Migne, PG., citados en el artículo; K. Heussi, Untersuchungen zu Nilus dem Asketen, en Texte und Untersuchungen (1917); F. Degenhart, Der hl. Nilus Sinaita (1915) , y Neue Beitriige zur Nilusforschung (1918). El artículo utiliza exclusivamente el del Butler-Guinea, pero he debido narrarlo de otro modo, ya que la confusión de personajes, que era una posibilidad en época de la edición del libro, es en la actualidad una certeza, y el Martirologio Romano recoge al escritor, no al sianíta.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Macario de Mull, obispo
San
fecha: 12 de noviembre
†: s. VI - país: Reino Unido (UK)
otras formas del nombre: Machar, Mocumma, Mauricio
canonización: Conf. Culto: León XIII 5 jul 1898
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En la isla de Mull, en Escocia, san Macario, obispo, oriundo de Irlanda, a quien se considera discípulo de san Columba y fundador de esta Iglesia.


La diócesis de Aberdeen celebra hoy la fiesta de san Machar (o Macarius). Lo único que sabemos de cierto sobre él, es que fue un misionero irlandés que llegó a Escocia con san Columba. Se dice que evangelizó la isla de Mull y que fue consagrado obispo antes de partir a predicar a los pictos, en el distrito actual de Aberdeen. Es muy probable que haya misionado en esa región; en todo caso, se le atribuye la fundación de la sede de Aberdeen. Antiguamente, en la catedral de esa Sede, solía emplearse siempre agua del «pozo de San Machar» para los bautizos.

Fuera de lo que se refiere en el Breviario de Aberdeen, sabemos muy poco acerca de san Machar. Forbes, en Kalendars of Scottish Saints, pp. 392-394, le llama «Mauricio, Machar o Mocumma». El Martirologio de Aberdeen afirma que fue «arzobispo de Tours». También se dice que «Mr. Bradshaw descubrió en la biblioteca de la Universidad de Cambridge una vida del santo en verso, y supone que fue escrita por Barbour en los últimos años de su vida». Dicha biografía, compuesta hacia 1390, fue más tarde publicada por Horstmann, en Altenglische Legenden (1881).
En la imagen: fragmento dedicado al santo en la «Ventana de san Macario», en la catedral de Aberdeen

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

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San Millán de la Cogolla, monje y presbítero
fecha: 12 de noviembre
n.: 473 - †: 574 - país: España
otras formas del nombre: Emiliano
canonización: pre-congregación
En los montes de la región de la Cogolla, no lejos de Logroño, en España, san Millán o Emiliano, presbítero, que después de llevar vida eremítica y clerical abrazó la monástica, y se hizo famoso por su generosidad para con los pobres y el don de profecía.

Al historiar el desarrollo de la vida religiosa en la Iglesia, suelen los autores distinguir tres etapas. Al principio, los que se proponían observar los consejos evangélicos permanecían en el seno de la familia. Después, para obviar las dificultades que naturalmente tenían que encontrar viviendo entre los suyos en el mundo, buscaron la soledad en los desiertos, dando origen al anacoretismo. Finalmente, para lograr con más facilidad la perfección evangélica practicando la obediencia y, sobre todo, la caridad, se reunieron en cenobios o monasterios.

San Millán, nacido posiblemente en 473, firme en su propósito de entregarse totalmente al servicio divino, pasó por esos tres estados. Adoctrinado por el solitario de Bilibio, vuelve al lugar de su origen, a Suso. Pronto advierte que, novicio en las lides espirituales, le es de gran embarazo para avanzar en el camino de la perfección la multitud de gente que a él acudía. Deja, pues, a su familia y se interna en lo más fragoso y escondido del monte Distercio, viviendo cerca de cuarenta años privado de la compañía de los hombres y sometiendo su cuerpo a rigurosas penitencias. Ordenado sacerdote y libre, al poco tiempo, del cuidado pastoral, se retira a su domicilio de Suso y, ya de edad provecta y lleno de virtudes, recoge a hombres y mujeres que quieren tenerlo por guía espiritual. De este modo se va formando el monasterio de Suso.

Unos párrafos de la Vida brauliana de San Millán, breves pero expresivos, nos dan a entender que en los últimos años de su vida dirigía una comunidad de sagradas vírgenes y otra de monjes o religiosos. En el capítulo XXIII habla San Braulio de las mujeres que servían al Santo en su decrépita ancianidad, a las que llama «vírgenes sagradas», «vírgenes de Cristo» y «siervas de Dios», términos todos que indican ser personas consagradas al servicio divino. De ellas sólo conocemos el nombre de una, que se llamaba Potamia. En otro capítulo dice que San Millán, al acercarse la hora de su muerte, «llamó al santísimo presbítero Aselo, con quien vivía colegialmente» ; y al comenzar la biografía nos da los nombres de los sacerdotes Citonato, Sofronio y Geroncio, quienes, como testigos presenciales, le relataron fielmente la vida de su maestro. Aparece también en el capítulo XXII un ministro que era el despensero, pues estaba encargado de la guarda de las provisiones. Con éstos y acaso con otros que no se nombran estaba formada la comunidad de monjes, a todos los cuales, así como a las religiosas, presidía y gobernaba San Millán. Acaecida su muerte «fue llevado su cuerpo -según San Braulio- con mucho acompañamiento de religiosos (multo religiosorum obsequio), y depositado en su oratorio, en el que aún permanece».

Como en torno al sepulcro de San Millán seguían realizándose curaciones y hechos prodigiosos, los monjes de Suso enviaron a San Braulio una relación de tales prodigios, y el santo biógrafo -como lo advierte en la carta dedicatoria- los añadió al fin del libro. Son cuatro, y uno de ellos es el siguiente: «En el año próximo pasado, siendo la víspera de la festividad de San Julián mártir, como faltase el aceite para aderezar las luces, no pudo ser encendida la lámpara; más levantándose a las vigilias o maitines la hallaron tan llena de aceite y tan luciente que no sólo ardió hasta la mañana, sino que con la abundancia de lo que sobró el milagro produjo otros milagros».

Mucha razón tiene el P. Pérez de Urbel al decir que San Millán fue creador de uno de los centros monásticos más importantes de la edad media y fundador de su abadía.

Fragmentos de «San Millán, fundador», de Joaquín Peña O.A.R., en Páginas Emilianenses (pp.45-49), Monasterio de Yuso, San Millán de la Cogolla, 1980. Lo tomamos de un web donde se reproduce la larga -pero que vale la pena leer y recomendamos, hagiografía "Vida y milagros de San Millán", por San Braulio de Zaragoza, que es la fuente primera del conocimiento del santo. Gonzalo de Berceo, en su «Estoria De Sennor Sant Millan», traduce en romance el escrito latino de Braulio de Zaragoza, y puede leerse en el mismo web.
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San Cuniberto de Colonia, obispo
fecha: 12 de noviembre
n.: c. 600 - †: 663 - país: Alemania
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Colonia, en Austrasia, san Cuniberto, obispo, que después de las invasiones de los bárbaros renovó en la ciudad y en todos los pueblos la vida de la Iglesia y la piedad de los fieles.
refieren a este santo: San Modoaldo de Tréveris

La hermosa iglesia de San Cuniberto, en Colonia, fue construida por este obispo, quien la dedicó a San Clemente. Cuando las reliquias de san Cuniberto fueron depositadas en ella, se le dio el nombre de nuestro santo. Cuniberto fue sin duda un prelado santo y distinguido, pero los documentos biográficos son poco fidedignos y no muy detallados.

Se cuenta que fue educado en la corte de Clotario II. Después de recibir las sagradas órdenes, fue nombrado archidiácono de la iglesia de Tréveris. Hacia el año 625 fue elegido obispo de Colonia. Gozaba de una autoridad tan grande, que comúnmente se le da el título de arzobispo, aunque en realidad Colonia no llegó a ser sede metropolitana sino hasta el siglo VIII. San Cuniberto fue consejero del rey y asistió a varios sínodos de importancia. Cuando Dagoberto I coronó rey de Austracia a su hijo Sigeberto, que tenía entonces cuatro años, nombró a Cuniberto entre los tutores del monarca. Por una carta de san Bonifacio, sabemos que san Cuniberto intervino en la evangelización de los frisios. Algunos años más tarde, el santo abandonó la corte para consagrarse enteramente a sus deberes pastorales. No sabemos a qué edad murió, pero lo cierto es que dejó tras de sí gran fama de santidad.

Las biografías medievales de san Cuniberto, que son muy numerosas, se dividen en dos clases. El Padre P. M. Coens en Analecta Bolandiana, vol. XCVII (1929), pp. 338-337, discute muy a fondo la cuestión, da una amplia bibliografía sobre las obras más recientes y publica un texto en particular. Acerca de la iglesia de San Cuniberto, véase Festschrift Anton Ditges gewidme (1911), y P. Clemen, en Kunstdenkmäler der Rheinprovinz, vol. VI, pte. 4 (1916), pp. 231-313. Las reliquias de los Dos Ewaldos (3 de octubre) se conservan en la iglesia de San Cuniberto.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Labuino, monje y presbítero
fecha: 12 de noviembre
†: 775 - país: Países Bajos
otras formas del nombre: Lebvino, Liafwino, Livino, Liebwino, Lebuino
canonización: pre-congregación
hagiografía: Santi e Beati
En Daventer, de Frisia, san Labuino, presbítero y monje, procedente de Inglaterra, que se dedicó a procurar la paz y salvación de Cristo a todos los habitantes de la región.
refieren a este santo: San Wilibordo de Utrecht

A pesar de las incertidumbres acerca de la vida del santo, hay diversas representaciones artísticas que lo tienen como tema; ante todo, el gran retablo mayor, obra de Rubens, ahora en el Museos de Bellas Artes de Bruselas, donde san Labuino, con vestiduras de obispo, sufre el martirio por extirpación de la lengua, que se da a los perros, mientras en el cielo se desata un furioso huracán que asusta a los crueles asesinos [de este cuadro es la reproducción -aunque lamentablemente pequeña- que presentamos como estampa del santo].

La primera mención de la san Labuino se lee en una carta del abad Othelbold de San Bavón, en Gantes, en Bélgica, quien en 1025 hacía el inventario de reliquias de la abadía, catalogando a san Labuino obispo de Escocia, muerto en Houtem de Bélgica, y cuyas reliquias fueron trasladadas en 1007 a San Bavón.

Su culto fue apoyado por los monjes de San Bavón, pero parece ser una duplicación del culto de san Labuino de Deventer, que murió en 775. En 1050 se compuso una leyenda muy fantástica, según la cual, Livino o Lebuino cruzaría el mar a pie desnudo de Irlanda a Escocia - Inglaterra y de allí a Bélgica, muriendo en el siglo VII.

De la traslación de reliquias a Gantes del 1007, hay un informe escrito, mientras que en 1171 se llevó a cabo una investigación para disipar las calumnias sobre la inautenticidad de las reliquias, difundidas por los monjes de San Pedro de Gantes, que competían con los de san Bavón por la posesión de estos preciados tesoros devocionales.

Traducido para ETF de un artículo de Antonio Borrelli para santi e Beati.

fuente: Santi e Beati
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Santos Benito, Juan, Mateo, Isaac y Cristiano, mártires

fecha: 12 de noviembre
†: 1003 - país: Polonia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Kasimierz, junto al río Warta, en Polonia, santos Benito, Juan, Mateo e Isaac, mártires, que, enviados a propagar la fe en tierras de aquel país, fueron degollados una noche por lo ladrones. Con ellos se conmemora también a Cristiano, su criado, ahorcado en los aledaños de la capilla.

San Benito de Benevento era amigo de san Bruno de Querfurt ya que ambos vivieron en la misma celda en un monasterio de las proximidades de Ravena, bajo la dirección de san Romualdo. El emperador Otón III quería evangelizar a los eslavos de Pomerania y envió a san Benito y otros monjes para que se encargasen de esa tarea. Los misioneros fueron, primero, al oeste de Polonia. El duque Boleslao I los recibió muy bien y les proporcionó profesores para que aprendiesen la lengua eslava. Los monjes se establecieron en Kazimierz, cerca de Gniezno. El 11 de noviembre de 1003, San Benito y otros cuatro monjes fueron asesinados por unos bandoleros paganos. Las reliquias de los mártires se trasladaron solemnemente a Olomuc. Sus nombres figuran en el Martirologio Romano. En Polonia se los venera como «los cinco hermanos polacos», aunque no eran polacos, y sólo eran hermanos carnales Mateo e Isaac. La orden camaldulense los cuenta entre sus glorias; pero en realidad, estos santos murieron varios años antes de que san Romualdo fundase a los camaldulenses. Cuando San Bruno de Querfurt se enteró de la suerte que había corrido su amigo Benito y sus compañeros, mandó pedir informes a Polonia y escribió un relato de los hechos.

Según parece, la intención del asesinato fue robarles diez libras de plata que el príncipe Boleslao les había entregado como donativo para el Papa. Se salvó sólo el novicio Bernabé, que había anticipado unos días el viaje a Roma, llevando el donativo.

Existen dos fuentes principales: la primera es el relato de san Bruno de Querfurt, que puede verse en Monumenta Germaniae Historica, Scriptores, vol. xv, pp. 716-738; también se encontrará una traducción alemana anotada en la obra de H. G. Voigt, Bruno von Querfurt (1907). La segunda fuente es el relato de Cosme de Praga, que es posterior; puede verse en Migne PL., vol. CIXVI, cc. 109-113. Véase también Neues Archiv, vol. VIII, pp. 365 ss. Artículo del Butler modificado. El Martirologio, en su última edición castellana (2007) consigna la fecha del martiro como 1005, mientras que la edición del 2001 y todas las fuentes que he podido consultar hablan del 1003; puede ser que se trate simplemente de un error de imprenta, o de algún avance en las investigaciones.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Beato Juan Cini, religioso
fecha: 12 de noviembre
n.: c. 1270 - †: c. 1335 - país: Italia
otras formas del nombre: Juan de Pisa, Juan de la Paz
canonización: Conf. Culto: Pío IX 10 sep 1857
hagiografía: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
En Pisa, de la Toscana, beato Juan Cini, llamado «de la Paz», que pasó del servicio militar al servicio de Dios en la Tercera Orden Regular de San Francisco.

De Juan de la Paz se tienen noticias biográficas en tres dísticos colocados sobre su tumba. En resumen se afirma que fue un retoño de noble estirpe, que vivió primero como ermitaño en una selva solitaria, que volvió luego por amor de Dios a su ciudad y que allí construyó una iglesia dedicada a la Sma. Trinidad y un oratorio a San Juan Evangelista.

Juan Cini nació en Pisa hacia 1270. Se le llamó «de la Paz», por haber vivido largamente en un eremitorio cerca de la «puerta de la paz», de Pisa. En su juventud tuvo una educación y formación verdaderamente cristiana. En efecto, encontramos su nombre entre los primeros pisanos que abrazaron la Tercera Orden de la penitencia, poco antes instituida por el Poverello de Asís para la santificación de los fieles. Fue también soldado de la república de Pisa. En 1305 pasó de la vida militar a la vida de la penitencia y caridad. Iluminado por la gracia de Dios, reflexionó en su vida pasada como soldado, sintió gran dolor por todo lo malo que había hecho y tomó la resolución de apartarse del mundo para llorar sus culpas y seguir a Jesús en la penitencia.

Se propuso reactivar la «Pía casa de la misericordia» con el fin de aliviar los sufrimientos de los pobres, alojar a los peregrinos y dedicarse a todas las obras de caridad. Pero el ideal de Juan de la Paz no se limitó a la «Pia casa», su aspiración era la vida eremítica. Por tanto, en una celda junto a la Puerta de la Paz se consagró a la penitencia y a la oración para obtener de Dios el perdón de sus culpas e implorar sobre sus conciudadanos, con mucha frecuencia agitados por sangrientas luchas, la tan anhelada paz. Por varios años Juan dio lustre a su ciudad con el esplendor de las virtudes; su nombre estaba ya en labios de todos. Siempre afable y caritativo, se prodigaba por el bien de todos.

Dios lo quiso padre espiritual de numerosos discípulos que siguieron su ejemplo, fueron llamados «Ermitaños Terciarios Franciscanos» o «Fraticelli della Penitenza». En 1330 el arzobispo de Pisa entregó a éstos el eremitorio de Santa María della Sambuca, que bajo su dirección floreció de nuevo en santidad. El Beato Juan dejó allí un grupo de sus ermitaños y regresó a su oratorio junto a la puerta de la Paz; se hizo construir una celdita, donde pasaría el resto de sus días llevando una vida más celestial que terrena. Al llegar a la edad de 70 años, consumido por las austeridades se preparó para la muerte, la cual esperó como dulce hermana. El 13 de noviembre de 1335 desde su celda de recluso voló al cielo. Aprobó su culto Pío IX el 10 de septiembre de 1857. Sin embargo, cuando se aprobó el culto se hablaba de que había muerto en el siglo XV, no en el XIV,. porque se había confundido al beato Juan con otro Juan de Pisa, un peletero casado que no es el beato que conmemoramos hoy, pero que ha dado lugar a que, incluso hoy, en muchas biografías estén mal consignadas las fechas (ver la obra de S. Barsotti -que fue quien descubrió la confusión-, «Pro memoria sul B. Giovanni della Pace», 1901).

El presente artículo en su conjunto es de «Franciscanos...», pero la referencia a la confusión y la bibliografía correspondiente deben verse en el Butler-Guinea, vol IV, pág. 324.

fuente: «Franciscanos para cada día» Fr. G. Ferrini O.F.M.
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San Diego de Alcalá, religioso

fecha: 12 de noviembre
fecha en el calendario anterior: 13 de noviembre
n.: c. 1400 - †: 1463 - país: España
otras formas del nombre: Didacus, Didactus
canonización: C: Sixto V 2 jul 1588
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Alcalá de Henares, en España, san Diego, religioso de la Orden de los Hermanos Menores, que se distinguió tanto en las islas Canarias como en la iglesia de Santa María de Araceli, en Roma, por su humildad y caridad en el cuidado de los enfermos.

Diego nació en el pueblecito de san Nicolás del Puerto, en la diócesis de Sevilla. Sus padres eran pobres. Cerca de San Nicolás había un santo sacerdote ermitaño; Diego consiguió que le admitiese por discípulo, a pesar de que era aún muy joven y, desde entonces empezó a imitar las austeridades y prácticas de devoción de su maestro. Juntos cultivaban un pequeño huerto y trabajaban en la manufactura de cucharas, tenedores y otros utensilios de madera. Al cabo de algunos años, Diego tuvo que volver a su casa; pero poco después, tomó el hábito de hermano lego en un convento de los frailes menores observantes, en Arrizafa. Después de su profesión, los superiores le enviaron a la misión de su orden en las Islas Canarias, donde trabajó con éxito en la instrucción y conversión del pueblo. En 1445, fue nombrado guardián del convento de Fuenteventura, que era el principal de las Islas Canarias, aunque sólo era hermano lego. Cuatro años más tarde, volvió a España y vivió con gran fervor y recogimiento en diversos conventos de los alrededores de Sevilla.

En 1450, se celebró un jubileo en Roma. Como la canonización de san Bernardino de Siena tuvo lugar ese año, muchos franciscanos acudieron a la Ciudad Eterna. Diego, que acompañó allá al P. Alonso de Castro, le atendió durante una peligrosa enfermedad. La diligencia con que asistió al enfermo, llamó la atención de sus superiores, quienes le confiaron el cuidado de la enfermería del convento de Ara Coeli, donde había muchos frailes enfermos. San Diego desempeñó ese oficio durante tres meses, y se dice que restituyó milagrosamente la salud a varios enfermos. Los trece años que le quedaban de vida los pasó en España, sobre todo en los conventos castellanos de Salcedo y Alcalá.

En 1463, hallándose en Alcalá, le sobrevino su última enfermedad. Cuando estaba ya moribundo, pidió una cuerda como las que usan los franciscanos para ceñirse, se la echó al cuello, tomó en sus manos el crucifijo, y pidió perdón a todos sus hermanos. En seguida, fijando los ojos en el crucifijo, repitió con gran ternura las palabras del himno de la cruz: «Dulce lignum, dulces clavos, dulce pondus sustinent» y entregó apaciblemente el alma a Dios. Era el 12 de noviembre. En vida, se le atribuyeron ya varios milagros que se multiplicaron después de su muerte. Felipe II, que obtuvo un milagro por intercesión del hermano Diego en favor de su hijo, solicitó su canonización. Esta tuvo lugar en 1588.

No existe, al parecer, ninguna biografía contemporánea de San Diego, pero las diversas crónicas franciscanas de fechas posteriores proporcionan abundante información. Por ejemplo, el padre Marco de Lisboa (+ 1591), dedica una amplia sección en su obra a san Diego (véase la traducción italiana (1591), vol. III, fol. 155 y ss.). Entre las biografías propiamente dichas, debemos mencionar la de Moreno de la Rea, Vida del Santo Fray Diego (1602), así como dos breves esbozos de fechas más recientes, por Berguin y Chappuis, escritos en francés en 1901 y otra biografía breve en italiano, por A. Gioia (1907). La canonización de san Diego (1588), fue motivo de grandes fiestas en España. En el Museo Británico se conservan uno o dos folletos con los panegíricos que se pronunciaron en aquella ocasión.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Margarito Flores García, presbítero y mártir
fecha: 12 de noviembre
n.: 1899 - †: 1927 - país: México
canonización: B: Juan Pablo II 22 nov1992 - C: Juan Pablo II 21 may 2000
hagiografía: Mártires Mexicanos
En la ciudad de Tulimán, en México, san Margarito Flores García, presbítero y mártir, que, en la gran persecución contra la Iglesia, debido a su condición de sacerdote obtuvo la gloria del martirio al ser encarcelado y fusilado.
Ver más información en:
Mártires mexicanos (1915-1937)

A los 14 años manifestó sus grandes deseos de ingresar al Seminario de Chilapa, sin embargo sus padres, Germán Flores y Merced García, se opusieron porque carecían de recursos para sostenerlo. Otras personas conocieron sus deseos y lo alentaron a seguir adelante, y así ingresó al Seminario en 1915, a la edad de 15 años. En los años de estudio, para ayudarse económicamente durante su estancia en el Seminario, ejerció su oficio de peluquero, cobrando una mínima cantidad. Por obediencia tenía a su cargo el alumbrado de quinqués de petróleo, hasta que en 1919 fue instalada la red del servicio eléctrico. Pese a las carencias, logró sacar adelante sus estudios y recibió el orden sacerdotal en la Capilla del Seminario de Chilapa el 5 de abril de 1924, por imposición de manos del Excmo. Sn. D. José Guadalupe Ortiz. Celebró su primera Misa solemne en su ciudad natal, Taxco de Alarcón, Guerrero, en la parroquia de Santa Prisca y San Sebastián, el 20 de abril de 1924.

Al tiempo, entre otras encomiendas, fue nombrado vicario de la parroquia de Chilpancingo, Guerrero, en donde la víspera de los viernes primero de cada mes redoblaba sus actividades con el fin de atraer a la confesión a sus feligreses, hasta que en 1926 surgió el conflicto religioso y fue removido de Chilpancingo a Tecalpulco. En ese lugar, hizo una visita al Sr. Cura de Cacalotenango, Pbro. Pedro Bustos; ambos fueron ahí sorprendidos por tropas federales, lo que los obligó a refugiarse en las montañas por espacio de varios días; una vez a salvo se separaron y cada quien regresó con su familia, pero no tuvo suerte en su camino de hallar refugio, por lo que pasó la noche sin cobijo y alimento.

Después de permanecer un tiempo con su familia, bajo la amenaza de la persecución existente, hizo un viaje a la Ciudad de México. Poco tiempo tenían en la posada cuando se presentó un soldado federal, inquiriendo si entre ellos había un cura. Él manifestó ser doctor. Ya en la Capital, se volcó a colaborar en la solución del conflicto religioso y estuvo, también, asistiendo a la Academia de San Carlos, con el fin de perfeccionar sus conocimientos. En junio fue aprehendido y llevado a la Inspección de Policía, junto con otros que integraban la Liga de Defensa Nacional Religiosa, a los que pudo prestar el servicio de confesión. Por intervención de la familia Calvillo ante el General Roberto Cruz, se logró la libertad del Padre Margarito; sin embargo el padre Margarito Flores presentía la inminencia de su martirio, redoblaba su fervor en el ofrecimiento de su sacrificio y dedicación a su ministerio.

Fue entonces enviado a Atenango del Río. A su arribo a ese lugar fue aprehendido por las tropas federales, en la madrugada despojaron al Padre, sin consideración alguna, de todas las cosas que llevaba, dejándolo en ropa interior, descalzo y atado en medio de la caballería, caminando de pie. El tormento aumentó cuando salió el sol agobiante; y cuando suplicó que le dieran un poco de agua, lo único que recibió fue empellones y golpes. El 12 de noviembre de 1927 fue ordenada su ejecución y se le permitió elegir el lugar preciso para morir. Con toda serenidad caminó hacia la esquina posterior del templo, solicitando le permitiera unos instantes para elevar sus última plegarias al Todopoderoso. Le fueron concedidos, y después acercándose a él uno de los soldados, le dijo que si lo perdonaba, a lo que el Padre contestó profundamente conmovido que no sólo lo perdonaba, sino que también lo bendecía. Las órdenes fueron cumplidas.

Durante tres horas el cadáver permaneció en ese sitio. La tropa iba de salida, y por orden del Capitán, dos soldados tomaron el cuerpo por los pies, y a rastras, lo condujeron al panteón, donde de antemano otros soldados ya habían cavado la fosa. Sin respeto alguno fue arrojado el cuerpo, y luego la sotana, que anteriormente le habían quitado. Cubrieron la fosa y se retiraron. Tiempo después dos buenas personas, colocaron los restos en una caja y los trasladaron al interior del templo. Al exhumar los restos, y pese a los meses que habían transcurrido desde su muerte y encontrándose en una fosa común, su sangre manaba con frescura. En 1945, 18 años después de su martirio, los restos fueron trasladados a la ciudad de Taxco, y por disposición de sus familiares, quedaron depositados en un lugar especial de la capilla de Nuestro Señor de Ojeda, en el barrio natal del mártir.

fuente: Mártires Mexicanos
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Beato José Medes Ferris, mártir
fecha: 12 de noviembre
n.: 1885 - †: 1936 - país: España
canonización: B: Juan Pablo II 11 mar 2001
hagiografía: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
En la villa Alcudia de Carlet, en la región de Valencia, de España, beato José Medes Ferris, mártir, que durante la persecución contra la fe, por su valiente fidelidad, el Señor le concedió el premio eterno.

Nace en Algemesí el 13 de enero de 1885 en un hogar profundamente cristiano, que lo educó en la piedad y los valores cristianos. Llegado a la juventud mostró sus buenas cualidades. Antes de ir cada día al trabajo del campo, oía la santa misa. Contrajo matrimonio con Purificación Esteve Martínez, con la que tuvo una unión magnífica de corazones y sentimientos. La pareja no tuvo hijos. José rezaba cada tarde con su esposa el santo rosario y participaba en las asociaciones católicas: Acción Católica, Orden Tercera del Carmen, Adoración Nocturna, y colaboraba con el Sindicato Católico Agrícola.

Llegado el 18 de julio de 1936, sus hermanos, religiosos carmelitas, y su hermana, religiosa cisterciense, se vinieron a su casa. Perseveraron en la oración, a la espera de la voluntad de Dios. El 10 de noviembre de 1936 sus tres hermanos fueron arrestados, y él lo fue al día siguiente. Fue llevado al monasterio de Fons Salutis, convertido en cárcel. Estaban allí sus hermanos, pero José no pudo hablar con ellos. Con las manos atadas a la espalda todos ellos fueron sacados en la noche del 12 de noviembre y llevados a la carretera de Alcudia. Cuando vieron que los iban a matar, prorrumpieron en vivas a Cristo Rey. Los mataron a tiros en la nuca. José es hasta ahora el único de los hermanos beatificado, el 11 de marzo de 2001.

fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
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