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Santoral del 1 de Noviembre

FIESTA DE TODOS LOS SANTOSINDICE

San Cesáreo, mártir
María Clara del Niño Jesús, Beata
San Benigno de Dijón, presbítero y mártir
San Austremonio de Auvernia, obispo
San Marcelo de París, obispo
San Vigor de Bayeux, obispo
San Maturino, presbítero
San Audomaro de Thérouanne, monje y obispo
Valentín de Berri Otxoa, Santo
Pedro Almató Ribera, Santo
Marcelo de París, Santo
Beato Rainiero Aretino, religioso
Rupert Mayer, Beato
Beatos Pedro Pablo Navarro, Dionisio Fujishima, Pedro Onizuka Sandayu y Clemente Kyuemon, mártires
Santos Jerónimo Hermosilla, Valentín de Berriochoa y Pedro Almató Ribeira, mártires
Beato Teodoro Jorge Romzsa, obispo y mártir
Beato Ruperto Mayer, religioso presbítero
Todos los Santos



FIESTA DE TODOS LOS SANTOS
Por la fe conquistaron reinos, ejercitaron la justicia,
obtuvieron el efecto de las promesas.
(Hebreos 11, 33)

Al comienzo del siglo VII, el santo Papa Bonifacio IV fue autorizado, por el emperador Focas, a cambiar el Panteón, erigido en honor de los falsos dioses a quienes los paganos festejaban juntamente, en iglesia que dedicó a la Santísima Virgen y a todos los mártires. Esta ceremonia tuvo lugar el 13 de mayo y su aniversario llegó a ser fiesta fija anual, que el Papa Gregorio IV transfirió al 1 de noviembre y extendió a todo el imperio, el año 835, durante el reinado de Luis el Bueno, convirtiéndola en fiesta de todos los santos.

MEDITACIÓN SOBRE LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

I. La vida de los santos ha estado llena de miserias: han sido perseguidos y atormentados por los enemigos de Jesucristo; Dios les ha enviado aflicciones para probarlos y purificarlos; en fin, ellos mismos se rehusaron a los placeres más inocentes y ejercieron sobre sus cuerpos grandísimas austeridades. ¿Quieres ir tú a donde están ellos? He ahí el camino, sigue sus huellas; estos grandes hombres tenían un cuerpo como el tuyo, pero más valor que tú. No han sido de naturaleza superior a la nuestra, sino de mayor vigilancia; no estuvieron exentos de pecados, pero hicieron penitencia (San Ambrosio).

II. Los santos a pesar de sus pruebas, siempre han estado alegres y contentos en esta vida, porque los consuelos que Dios derramaba en sus almas les quitaban todo sentimiento de los dolores del cuerpo. Míralos en el patíbulo y en los yermos: aquí, derraman lágrimas de consuelo; allí, están llenos de gozo en medio de las torturas. Dios es tan generoso que no quiere esperar la otra vida para recompensarlos, hasta lo hace en este mundo.

III. Si fueron consolados en esta vida, que era el lugar de exilio, de sus combates y sufrimientos, ¡de qué gozo no serán colmados en el cielo, su patria y lugar de su triunfo! Allí poseen todos los bienes que su corazón puede desear, porque poseen a Dios; no son afligidos por incomodidad alguna. Escucha lo que te dicen: “Para llegar al cielo no pienses encontrar un camino más cómodo que el que recorrimos nosotros en pos de Jesucristo. No busques aquí abajo lo que ningún santo ha podido encontrar, lo que Cristo mismo no ha encontrado”.

La imitación de los santos.
Orad por la Iglesia.

ORACIÓN

Omnipotente y eterno Dios, que nos concedéis que honremos en una misma solemnidad los méritos de todos vuestros santos, haced que, asistidos por tan numerosos intercesores, obtengamos cada vez más, según nuestros deseos, la multitud de vuestras gracias. Por J. C. N. S.



Todos los Santos
fecha: 1 de noviembre
hagiografía: El Testigo Fiel
Solemnidad de Todos los Santos que están con Cristo en la gloria. En el gozo único de esta festividad, la Iglesia Santa, todavía peregrina en la tierra, celebra la memoria de aquellos cuya compañía alegra los cielos, recibiendo así el estímulo de su ejemplo, la dicha de su patrocinio y, un día, la corona del triunfo en la visión eterna de la divina Majestad.
oración:
Dios todopoderoso y eterno, que nos has otorgado celebrar en una misma fiesta los méritos de todos los santos, concédenos, por esta multitud de intercesores, la deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

Esta fiesta proviene de la Iglesia Oriental, pero fue adoptada por Roma hacia el 609/10, cuando el Papa Bonifacio IV cambia el Panteón Romano (que venía de tiempos paganos, en homenaje a todos los dioses del Imperio) por un templo a la Virgen y a todos los mártires. La fecha del 13 de mayo, que fue la de la consagración de la nueva iglesia, se celebró a partir de entonces como memoria del triunfo de los santos, a tal punto que llegó a ser fiesta fija anual. Alcuino de York (735-804), teólogo celta de la corte carolingia, fue uno de los grandes promotores de la difusión de esta solemnidad fuera de la diócesis de Roma, así que probablemente se deba a él -que como celta consideraba el 1º de noviembre como fiesta de la llegada del invierno (antecedente del actual Hallowen)- el cambio de fecha, que fue consagrado por el papa Gregorio IV, que en el año 835 transfirió definitivamente la solemnidad al 1º de noviembre y la extendió a todo el imperio.

Apresurémonos hacia los hermanos que nos esperan
De un sermón de San Bernardo, abad

¿De qué sirven a los santos nuestras alabanzas, nuestra glorificación, esta misma solemnidad que celebramos? ¿De qué les sirven los honores terrenos, si reciben del Padre celestial los honores que les había prometido verazmente el Hijo? ¿De qué les sirven nuestros elogios? Los santos no necesitan de nuestros honores, ni les añade nada nuestra devoción. Es que la veneración de su memoria redunda en provecho nuestro, no suyo. Por lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un fuerte deseo.

El primer deseo que promueve o aumenta en nosotros el recuerdo de los santos es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados, de convivir con la asamblea de los patriarcas, con el grupo de los profetas, con el senado de los apóstoles, con el ejército incontable de los mártires, con la asociación de los confesores con el coro de las vírgenes, para resumir, el de asociarnos y alegrarnos juntos en la comunión de todos los santos. Nos espera la Iglesia de los primogénitos, y nosotros permanecemos indiferentes; desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso; nos esperan los justos, y nosotros no prestamos atención.

Despertémonos, por fin, hermanos; resucitemos con Cristo, busquemos los bienes de arriba, pongamos nuestro corazón en los bienes del cielo. Deseemos a los que nos desean, apresurémonos hacia los que nos esperan, entremos a su presencia con el deseo de nuestra alma. Hemos de desear no sólo la compañía, sino también la felicidad de que gozan los santos, ambicionando ansiosamente la gloria que poseen aquellos cuya presencia deseamos. Y esta ambición no es mala, ni incluye peligro alguno el anhelo de compartir su gloria.

El segundo deseo que enciende en nosotros la conmemoración de los santos es que, como a ellos, también a nosotros se nos manifieste Cristo, que es nuestra vida, y que nos manifestemos también nosotros con él, revestidos de gloria. Entretanto, aquel que es nuestra cabeza se nos representa no tal como es, sino tal como se hizo por nosotros, no coronado de gloria, sino rodeado de las espinas de nuestros pecados. Teniendo a aquel que es nuestra cabeza coronado de espinas, nosotros, miembros suyos, debemos avergonzarnos de nuestros refinamientos y de buscar cualquier púrpura que sea de honor y no de irrisión. Llegará un día en que vendrá Cristo, y entonces ya no se anunciará su muerte, para recordaros que también nosotros estamos muertos y nuestra vida está oculta con él. Se manifestará la cabeza gloriosa y, junto con él, brillarán glorificados sus miembros, cuando transfigurará nuestro pobre cuerpo en un cuerpo glorioso semejante a la cabeza, que es él.

Deseemos, pues, esta gloria con un afán seguro y total. Mas, para que nos sea permitido esperar esta gloria y aspirar a tan gran felicidad, debemos desear también, en gran manera, la intercesión de los santos, para que ella nos obtenga lo que supera nuestras fuerzas.

Del Oficio de Lecturas de hoy: San Bernardo abad, Sermón 2 (Opera Omnia, ed. cisterc, 5 [1968], 364-368). El cuadro es la parte superior del fresco del Juicio Final del Beato Angélico

El Testigo Fiel
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Beato Teodoro Jorge Romzsa, obispo y mártir
fecha: 1 de noviembre
n.: 1911 - †: 1947 - país: Ucrania
otras formas del nombre: Teodoro Romza, Teodor Jurij Romzha
canonización: B: Juan Pablo II 27 jun 2001
hagiografía: Vaticano
En la ciudad de Mukacevo, en Ucrania, beato Teodoro Jorge Romzsa, obispo y mártir, que, por mantener su fidelidad infatigable a la Iglesia en tiempo de persecución de la fe, mereció alcanzar la palma gloriosa.

Fue obispo y administrador apostólico de Mukacevo (1911-1947). Mártir

Nació el 14 de abril de 1911 en Velykyj Bychkiv, en la región subcarpática, perteneciente en ese momento al imperio austro-húngaro, en el seno de una familia numerosa y modesta, pero sumamente religiosa.

Su obispo lo envió a Roma para realizar los estudios eclesiásticos en 1930. Vivió en el Colegio Germánico-húngaro y estudió en la Pontificia Universidad Gregoriana. En 1934, habiendo decidido desempeñar su ministerio sacerdotal en Rusia, se trasladó al Pontificio Colegio Ruso. Recibió la ordenación sacerdotal el 25 de diciembre de 1936. En julio de 1937 volvió a su país para hacer el servicio militar obligatorio y al año siguiente fue nombrado administrador de las parroquias de Bereszova y Alsóbisztra; un tiempo más tarde, director espiritual del seminario de Ungvár y profesor de filosofía en la Academia. En 1944 fue nombrado obispo auxiliar del administrador apostólico de Mukacevo, recibiendo la consagración episcopal ese mismo año.

En 1946 fue nombrado administrador apostólico de dicha circunscripción eclesiástica. No se amedrentó frente a las graves e insistentes amenazas de los comunistas, que no toleraban la actividad de la Iglesia greco-católica y estaban decididos a aniquilarla y a cancelar todos los vínculos de la Iglesia ucraniana con la Santa Sede, propugnando su adhesión a la Iglesia ortodoxa rusa. El proyecto comunista se vio frenado por la firmeza del prelado. Después de muchas vejaciones físicas y morales, en 1947 sufrió un grave atentado automovilístico; fue ingresado en el hospital de Mukacevo, en el que murió envenenado el 1 de noviembre de ese mismo año.

Fue beatificado durante la visita pastoral de SS. Juan Pablo II a Ucrania en junio de 2001, junto al grupo de 25 mártires de rito greco-católico de Ucrania.

fuente: Vaticano
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Beato Ruperto Mayer, religioso presbítero
fecha: 1 de noviembre
n.: 1876 - †: 1945 - país: Alemania
canonización: B: Juan Pablo II 3 may 1987
hagiografía: Corazones.org
En Munich, en la región de Baviera, en Alemania, beato Ruperto Mayer, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús, que fue celosísimo maestro de los fieles, ayuda para los pobres y obreros, y predicador de la palabra de Dios. Sufrió persecución bajo el nefasto régimen nazi, durante el cual le deportaron primero a un campo de concentración y después fue recluido en un monasterio, totalmente incomunicado con sus fieles.

En su primera audiencia pública, concedida a cinco mil compatriotas alemanes, 25 de Abril, 2005, el Papa Benedicto XVI presentó como ejemplo de vida al Beato Rupert Mayer (1876-1945), sacerdote que con su vida desafío al nazismo y fue internado en un campo de concentración.

Nacido en Stuttgart, el 23 de enero 1876, entró en la Compañía de Jesús en 1890. Fue capellán de inmigrantes y ayudó espiritualmente a los soldados en la primera guerra mundial, donde quedó herido. Por este motivo, se le amputó la pierna izquierda. Reanudó su ministerio dedicándose a los pobres y a la dirección de la Congregación Mariana de Múnich.

El padre Mayer fue uno de los primeros que comprendieron la naturaleza del movimiento hitleriano y desde 1923 afirmó que un católico no podía adherir al nacionalsocialismo. Cuando en 1933 Hitler llegó al poder, siguió manteniendo públicamente sus ideas, motivo por el cual fue encarcelado en 1939 y encerrado en el campo de concentración de Sachsenhausen.

Dado que su salud empeoró gravemente, los nazis, por miedo a que su muerte en el campo de concentración hiciera de él un mártir, le internaron en la abadía de Ettal. Murió en 1945, en Múnich, a causa de un derrame cerebral mientras predicaba. Juan Pablo II le beatificó en esa ciudad el 3 de mayo de 1987. Su tumba que se encuentra en Múnich es hoy un lugar de oración.

La breve hagiografía de Corazones,org remite, a su vez, a una nota de Zenit.org. El discurso del Papa en el encuentro del 25 de abril del 2005 con sus compatriotas, tal como lo reproduce el sitio del Vaticano, no contine ninguna referencia al beato Mayer, pero quizás la nota se refiera a otro discurso.

fuente: Corazones.org
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Santos Jerónimo Hermosilla, Valentín de Berriochoa y Pedro Almató Ribeira, mártires
fecha: 1 de noviembre
fecha en el calendario anterior: 6 de noviembre
†: 1861 - país: Vietnam
otras formas del nombre: Barrio Ochoa, Berrio Ochoa, Berri Ochoa
canonización: B: Pío X 20 may 1906 - C: Juan Pablo II 19 jun 1988
En la ciudad de Hai Duong, en Tonquín, santos mártires Jerónimo Hermosilla y Valentín de Berriochoa, obispos, y Pedro Almató Ribeira, presbítero de la Orden de Predicadores, que fueron decapitados por orden del emperador Tu Duc.


Jerónimo Hermosilla y Aransáez

Obispo (1800-1861), nació en Santo Domingo de la Calzada (La Rioja, España) y es hijo del convento dominico de Valencia. Destinado inicialmente a Mnila, en Filipinas, fue luego vicario provincial de la misión y obispo sucesor de san Ignacio Delgado (1841), en Tonkin. Tuvo una gran personalidad física y moral y fue admirable misionero. Murió decapitado en Hai-Duong el 1 de noviembre de 1861. Su cuerpo se venera desde 1906 en la catedral de Santo Domingo de la Calzada.

Valentín de Berriochoa

Obispo (1827-1861), nació en Elorrio (Vizcaya, España) y es hijo del convento dominico de Ocaña. Era de extraordinaria jovialidad, entereza y piedad. Se cuenta que antes de partir hacia las misiones, en un punto del camino, en el mojón último de su pueblo, bailó el aurresku -una danza vasca ceremonial-, como despedida. También estuvo destinado inicialmente a Manila, pero fue luego nombrado obispo de Centuria, sucesor de san Melchor García Sampedro (1858). Fue pronto apresado y murió decapitado el 1 de noviembre de 1861 en Hai-Duong. Su cuerpo se venera desde 1886 en la iglesia parroquial de Elorrio. Es copatrono de la diócesis de Bilbao.

Pedro Almató y Ribera

Presbítero (1830-1861), nació en San Feliú de Saserra (Barcelona, España) y es hijo del convento de Ocaña. Fue compañero de apostolado y de virtudes de san Valentín de Berrio-Ochoa y con él murió decapitado el 1 de noviembre de 1861 en Hai-Duong. Sus reliquias se perdieron en Vic en 1936.

Datos biográficos tomados del Colegio Academia de Humanidades de los PP Dominicos de Colombia y de la hoja informativa del seminario de la diócesis de Calahorra, La Calzada y Logroño.
La imagen es de San Jerónimo Hermosilla en el retablo a él dedicado en la capilla dedicada al santo en su pueblo de nacimiento. El apellido de Valentín de Berriochoa aparece escrito de diversas maneras según las fuentes (incluso está distinto en el decreto de canonización -Berrio Ochoa, sin el 'de'- que en el Martirologio -de Berriochoa-)
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Beatos Pedro Pablo Navarro, Dionisio Fujishima, Pedro Onizuka Sandayu y Clemente Kyuemon, mártires
fecha: 1 de noviembre
fecha en el calendario anterior: 10 de septiembre
†: 1622 - país: Japón
canonización: B: Pío IX 7 may 1867
En Shimabara, lugar de Japón, beatos Pedro Pablo Navarro, presbítero, Dionisio Fujishima y Pedro Onizuka Sandayu, religiosos de la Orden de la Compañía de Jesús, y Clemente Kyuemon, mártires, que fueron sometidos al tormento del fuego por quienes odiaban la fe.

En 1867, el mismo año en que se reanudó la persecución en Urakami, aunque no llegó al derramamiento de sangre, el papa Pío IX beatificó a 205 mártires del Japón. Por diversas causas (entre las que desgraciadamente nos vemos obligados a reconocer la de los celos nacionales y aun las rivalidades religiosas entre los misioneros de varias órdenes) el «shogun» Ieyasu Tokugawa decretó que el cristianismo tenía que ser abolido. La persecución se inició en 1614, y los beatos sufrieron el martirio entre los años 1617 y 1632. La persecución aumentó gradualmente en intensidad hasta 1622, cuando tuvo lugar la «gran matanza».

El beato Pablo Navarro fue quemado en vida en Shimabara, el l de noviembre del mismo año. Había nacido en 1560, era italiano, y estuvo largo tiempo en la India antes de misionar en el Japón. Llegó a dominar el idioma a la perfección, ejerció su ministerio con celo extraordinario en Nagasaki y otras partes y, durante veinte años, fue rector de la casa de los jesuitas en Amanguchi. Las cartas llenas de nobles y elevados conceptos que escribió el padre Navarro en vísperas de su martirio, fueron impresas en el segundo volumen de la «Histoire de la Religion Chrétienne au Japon» (1869), de L. Pagés.

Con él fueron también quemados los jesuitas japoneses Dionisio Fujishima y Pedro Onizuka Sandayu (nacidos en 1584 y 1604 respectivamente), y el catequista Clemente Kiuyemon (nacido en 1574). Habían llegado al lugar del suplicio cantando las letanías de la Virgen. Muchos espectadores, entre ellos los cristianos, admiraban la fortaleza y serenidad de los testigos de Cristo. El rey Bungodono, contrario a la sentencia imperial de muerte, pero que no podía impedir, ordenó que fueran muchos los haces de leña para que los mártires, muriendo pronto, padeciesen menos, y que estuviesen muy cercanos a los postes en donde eran atados.

Noticia realizada con fragmentos del Butler-Guinea correspondiente al artículo genérico sobre la persecución en Japón, tomo III, pág 512ss., y los datos personales de Año Cristiano, BAC, 2003, 1 de noviembre. El artículo del Butler, aunque excede a nuestro tema porque abarca el conjunto de la persecución de esos años, tiene datos muy ilustrativos y bibliografía.
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Rupert Mayer, Beato
Se opuso al nazismo
Por: n/a | Fuente: Iberopuebla.edu.mx

El P. Rupert Mayer s.j. fue una persona que supo sostener sus convicciones. Al terminar la educación secundaria indicó a su padre que él deseaba ser jesuita. Como él le pidiera que se ordenara antes de sacerdote, estudió filosofía y teología. Ordenado, durante un año se desempeñó como Vicario en una parroquia. Ingresó a la Compañía en el Noviciado de Feldkirch, Austria, el 1 de octubre de 1900. Más tarde él mostraría igual firmeza en la oposición al Movimiento Nacional Socialista de Adolfo Hitler.

El Padre Mayer fue destinado en 1912 a Munich y ahí dedicó el resto de su vida. Respondía a las necesidades de la gente moviéndose en la ciudad en búsqueda de empleos para los cesantes. Reunía alimento y ropa, y buscaba trabajos y casas.

El campo de su acción cambió al entrar Alemania en la Primera Guerra mundial. El P. Ruper Mayer ingresó al ejército como voluntario. Primero fue capellán en un Hospital y después acompañó a los soldados en las campañas de Francia, Polonia y Rumania. Se distinguió por su valor al animar a los soldados que estaban en las primeras líneas de las batallas. Fue condecorado, por su valentía, con la Cruz de Hierra en diciembre de 1915. Su permanencia en el ejército terminó abruptamente cuando su pierna izquierda fue malamente herida el 20 de diciembre de 1916, debiendo ser amputada.

Él regresó a Munich, donde la gente sufría las consecuencias de la guerra. Y una vez más, el infatigable jesuita se movió entre la población tratando de ayudar a todo el que tuviera necesidad. Como Asesor de la Congregación Mariana de hombres debió multiplicar su trabajo al aumentar extraordinariamente el número de congregantes y tener que predicar hasta 70 veces en el mes. Él introdujo las Misas dominicales en los terminales ferroviarios para conveniencia de los viajeros. Si Munich hubiera sido una única parroquia, él, sin duda, era el párroco de todos.

Cuando los Movimientos comunista y socialista crecieron, el P. Rupert Mayer asistió a sus “meetings” e incluso participó con sus sermones contradiciendo a los oradores, sosteniendo los principios católicos y mostrando lo que él veía de equivocado en lo que los otros decían. De una manera especial se opuso a los esfuerzos que hacían los partidarios de Hitler para llevarlo al poder. Y él siempre sostuvo que un católico no podía dar su nombre al Nacional Socialismo. Pero más que una instancia política, la suya era una respuesta a lo que él veía de mal.

Con la designación de Hitler como Canciller del Reich, en enero de 1933, comenzó en casi toda Alemania el movimiento contra las iglesias y las escuelas católicas. Y el P. Mayer usó el púlpito de la iglesia jesuita de San Miguel, en el centro de Munich, para denunciar la persecución.

El 16 de mayo de 1937 la Gestapo le ordenó terminar con sus predicaciones en público, porque ella no podía seguir tolerando su influencia cada día mayor entre el pueblo. Él obedeció, excepto en lo que se refería al interior del templo, donde continuó predicando. Fue arrestado el 5 de junio y puesto en prisión, la primera de tres veces. Estuvo en la Prisión de Stadelheim hasta que el tribunal, seis semanas después, le suspendió la sentencia.

Los Superiores, entonces, le pidieron cautela, pero él continuó defendiendo en el púlpito a la Iglesia de los ataques de los Nazis. Y de nuevo fue arrestado y la sentencia le fue diferida por varios meses, hasta que una amnistía general lo dejó libre. Regresó a Munich y, en pequeños grupos continuó su trabajo.

Los Nazis lo arrestaron de nuevo el 3 de noviembre de 1939, a pesar de que él tenía ya 63 años de edad. Y lo enviaron al campo de concentración de Oranienburg-Sachsenhausen, cercano a Berlín. Después de siete meses en ese campo, su salud empezó a deteriorarse, tanto que hasta los oficiales a cargo del campo temieron por su vida. Y ellos no querían hacer un mártir de ese popular sacerdote. Lo llevaron entonces a la Abadía benedictina de Ettal, en los Alpes bávaros, donde quedó confinado hasta que los soldados americanos lo liberaron en mayo de 1945.

El Padre Rupert Mayer volvió de inmediato a Munich y reasumió su ministerio sacerdotal en la iglesia de San Miguel. Pero los años pasados en prisión lo habían debilitado en gran manera.

El 1 de noviembre de 1945, en la fiesta de Todos los Santos, sufrió un fuerte ataque cardíaco mientras celebraba la Misa en su iglesia de San Miguel. Perdió el conocimiento y murió poco después.

Su causa de canonización empezó en marzo de 1950 y fue beatificado el 3 de mayo de 1987 por el Papa Juan Pablo II en el Estadio Olímpico de Munich.
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Beato Rainiero Aretino, religioso
fecha: 1 de noviembre
fecha en el calendario anterior: 12 de noviembre
†: 1304 - país: Italia
otras formas del nombre: Rainiero de Arezzo, Raniero de Arezo, Rainerio de Arezo, Rainiero de Sansepolcro
canonización: Conf. Culto: Pío VII 1802
hagiografía: Frate Francesco
En Borgo Sansepolcro, lugar de Umbría, beato Rainiero Aretino, de la Orden de los Hermanos Menores, que brilló por su humildad, pobreza y paciencia.

No conocemos la fecha de nacimiento de este religioso lego, franciscano minorita, que falleció en Sansepolcro, su ciudad natal, el 1 de noviembre de 1304, siendo enseguida venerado por el pueblo como santo. Su vida transcurrió en el cumplimiento del humilde oficio de portero y limosnero, que le permitió estar en contacto con los más pobres, con la gente sencilla del pueblo y con todos los necesitados que llamaban a las puertas del convento en busca de algo de alimento. La muerte le sobrevino en la bodega, donde estaba realizando su trabajo para los hermanos de la fraternidad.

Pocos días después de su muerte el municipio, que ordenó embalsamar su cuerpo y recoger las relaciones de los milagros atribuidos a él, también hizo que construyeran un altar monumental en honor de Ranieri. En dicho altar, que aún existe en la iglesia de San Francisco de los conventuales de Sansepolcro, se lee la siguiente inscripción en latín: «En el año del Señor 1304, en la fiesta de todos los santos, el santo Ranieri emigró al Señor. En dicho año el ayuntamiento del Borgo mandó hacer este altar para honra de Dios y magnificencia de dicho santo. Amén».

Entre los milagros que se le atribuyen después de su muerte está la resurrección de dos niños, motivo por el cual al beato Rainiero lo invocan las mujeres en el momento del parto. Pio VII reconoció el culto en 1802, y su memoria litúrgica se celebra el 31 de octubre, un día antes de su muerte, por coincidir el 1 de noviembre con la solemnidad de todos los Santos. Su cuerpo reposa en la cripta de la iglesia de San Francisco de su ciudad natal.

Nota de ETF: aclara el redactor que «en algunas biografías se le confunde con el beato Benito Sinigardi de Arezzo»; efectivamente, en casi todas las que he leído aparecen como uno solo, exxcepto en el Butler-Guinea, que señala que el beato Rainiero era compañero del beato Benito. Sin embargo, no he encontrado (ni siquiera en Frate Francesco) niguna del beato Benito que menciona el redactor, que no parece estar inscripto en el Martirologio actual. Lo único que pude hallar fue una diferencia, en las enciclopedias italianas, entre «Ranieri dal Borgo» (es decir, el que estamos celebrando, que es «de la ciudad») y un «Ranieri dalla Montagna» (también Fratello Minor), que es posible que corresponda al beato Benito de Arezzo que menciona la nota.

fuente: Frate Francesco
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Marcelo de París, Santo
Obispo, 1 Noviembre
Por: O. C. Moreno | Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina04

Se cuenta que San Marcelo nació en París.

Sus padres no se distinguían por su alto nivel social, pero la santidad de Marcelo fue su mejor linaje.

El joven se entregó enteramente a la práctica de la virtud y a la oración, de suerte que, según su biógrafo (Venanzio Fortunato), parecía completamente desprendido del mundo y aun del cuerpo.

Prudencio, el arzobispo de París, viendo el carácter serio de Marcelo y los rápidos progresos que había hecho en las ciencias sagradas, le ordenó de lector y más tarde le hizo archidiácono suyo.

A partir de entonces, el santo realizó, según se dice, muchos milagros. Cuando murió Prudencio, Marcelo fue elegido unánimemente para sucederle.

Se dice que, con su autoridad y sus oraciones, defendió a su grey contra las invasiones de los bárbaros. Su biógrafo refiere milagros extravagantes, entre otros, una señalada victoria sobre un dragón. Pero, como comenta Alban Butler,"la veracidad de estos hechos depende de la del autor, quien escribió cien años después y, siendo extranjero, debió fiarse de hablillas y leyendas populares".

San Marcelo murió a principios del siglo V. Su cuerpo fue sepultado en la catacumba de su nombre en la ribera izquierda del Sena; actualmente ese distrito es un suburbio de París y se llama Saint-Marceau
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Pedro Almató Ribera, Santo
Mártir,

En la diócesis catalana de Vic está el pueblo de San Feliu Saserra, en donde el año 1830 vio la primera luz el que habría de ser sacerdote misionero dominico y mártir de Vietnam, Pedro, en el seno de la familia Almató y Ribera. Entró como dominico en el convento de Ocaña en 1847.

Después de hacer el noviciado y unos años de estudiante en los que se entregó plenamente a la santificación y al estudio, antes de terminar los estudios institucionales de la Orden, fue enviado a Filipinas, donde pronto recibió la ordenación sacerdotal, en Manila, y el año 1855 partió para las ansiadas misiones de Vietnam.

Fue hecho prisionero, junto con otros misioneros y llevado en medio de múltiples tormentos a la capital en donde, tras largos interrogatorios por el cruel Tu-duc, fue condenado a morir y el mismo día que cumplía 31 años de edad recibió la palma del martirio, al rodar la cabeza por el suelo, era el año del Señor 1861.
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Valentín de Berri Otxoa, Santo
Obispo y mártir,
Por: . | Fuente: Dominicos.org

Martirologio Romano: En la ciudad de Hai Duong, en Tonquín, santos mártires Jerónimo Hermosilla y Valentían Barrio Ochoa, obispos, y Pedro Almató Ribeira, presbíteros de la Orden de Predicadores, que fueron decapitados por orden del emperador Tu Duc (1861).

Etimológicamente: Valentín = Aquel que tiene buena salud y es vigoroso, es de origen latino.

El 14 de febrero de 1827 nace Valentín en la villa vizcaína de Elorrio, hijo de Juan Isidro de Berrio-Otoxa y de Mónica de Arizti y Belar.

Nada extraordinario queda registrado con respecto a su nacimiento o a sus primeros años de vida. Es un niño más en un pueblo vizcaíno de comienzos del siglo XIX: primeros pasos en la escuela (parece que es un muchacho despierto, inteligente, ávido de saber), ayuda a su padre en la carpintería, participa de los juegos de pelota en el frontón, presta servicio de monaguillo en el convento de las dominicas de Santa Ana, en Elorrio, y aprende a tocar el txistu y a bailar el aurresku, como todos los jóvenes de su época.

Su tarea de monaguillo le pone en contacto con la Orden, y a través del capellán de aquel monasterio conoce las historias de los misioneros en tierras lejanas. Con tal motivo muestra por primera vez su interés por ser fraile dominico.

Valentín pasa su adolescencia en su casa ayudando a su padre a sacar adelante a la familia contribuyendo con su trabajo en la carpintería.

A los 15 años le dice a su padre que quiere ser sacerdote. La economía familiar no está para alegrías y debe quedarse: se le necesita en la carpintería. Así pasan tres años. En otoño de 1845 ingresa por fin en el seminario de Logroño donde recibe su primera formación en filosofía y teología. A los cinco años, su padre le reclama: no puede seguir costeando sus estudios en el seminario.

En 1850 el curso en el seminario comienza con Valentín en su casa. Sus formadores y profesores no están conformes. No pueden dejar perder un buen alumno y un buen sacerdote sólo por motivos económicos.

Así que Valentín regresa, y en poco tiempo recibe los ministerios y la posibilidad de costearse sus estudios con su trabajo. En 1851 es ordenado sacerdote.

Durante dos años desempeña tareas apostólicas tanto en el seminario, como director espiritual, como en varias parroquias de la ciudad.

Su carácter jovial y su entrega a los demás comienza a ser apreciada y valorada entre sus feligreses.

Sigue dándole vueltas a la idea de ser fraile dominico. Tras unos ejercicios espirituales y después de mucho pensar, Valentín marcha en 1853 al noviciado de Ocaña, único convento dominicano que podía recibir novicios en aquellos años. No le cuenta nada a sus padres hasta haber entrado en la Orden.

Tras un año de noviciado pasará dos años mas en Ocaña estudiando, predicando, orando, haciendo suyo el estilo de vida de los dominicos y preparándose para la labor misional.

En 1856 parte para Sevilla con otros 8 dominicos. Desde allí se dirigirán a Cádiz para embarcar hacia Manila, donde llegarán en junio de 1857. Allí permanece seis meses estudiando el idioma anamita para ir a predicar a Tonkin, el actual Vietnam.

El viaje que le llevaría a su destino se alargó durante tres meses. Eran tiempos de persecución en los que el pillaje, la destrucción de Iglesias y el apresamiento, tortura y asesinato de frailes y catequistas se intensificaba. Valentín se encuentra con Melchor García Sampedro y con Jerónimo Hermosilla, ambos dominicos y obispos. La vida de los misioneros es dura: miedo, clandestinidad, huída constante, austeridad.

Escribe cartas a su madre para contarles lo que pasa, siempre suavizándolo para que no se preocupen demasiado. Se está, se están jugando la vida. El obispo Sampedro le elige como su sucesor. Valentín acepta a regañadientes. No podía negarse, la disponibilidad era una de las características más propias de su carácter. Pero...ser obispo significaba en esas circunstancias convertirse en continuador de los apóstoles, predicador y testigo del Evangelio en tiempos inclementes, despiadados, animador de comunidades perseguidas, de cristianos que con la fe se jugaban la vida.

Tres años duró su ministerio. Años de huídas, hambre, disfraces, noticias de muertes y apresamientos, redacción de cartas e informes dando cuenta de tanto dolor, de tanta miseria, también de tanta esperanza recia y probada. Valentín es un relator fiel de lo que sucede.

Sus cartas son un testimonio de primera mano y rico en detalles sobre la violencia padecida por las comunidades y los frailes que las atienden. Él también es denunciado y apresado con Hermosilla, un catequista y otro dominico de origen catalán.

El ritual es conocido: interrogatorio, tortura, invitación a la delación, renuncia a la fe. También el resultado: condena a muerte por decapitación. La sentencia se cumple el 1 de noviembre de 1861. Valentín tenía 34 años.

El resto fue fácil. La noticia del martirio corrió con rapidez. Se solicitó el traslado de los restos del mártir a Elorrio, a donde llegaron en 1886, para ser enterrados en la parroquia de esa localidad.

Nada extraordinario hay en toda esta historia. Ningún hecho espectacular jalona esta vida, de por sí toda ella, en su conjunto extraordinaria. Extraordinaria por su sencillez, por la hondura de sus convicciones, por el arraigo de su fe, por la nobleza y rectitud de su carácter. Pero sobre todo, y este es quizá uno de sus rasgos más notables de su semblanza, por lo profundo e irrenunciable de su compasión: “se me saltan las lágrimas cuando veo a un hombre sufrir”.
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San Audomaro de Thérouanne, monje y obispo
fecha: 1 de noviembre
fecha en el calendario anterior: 9 de septiembre
†: c. 670 - país: Francia
otras formas del nombre: Omer, Otmar
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En el territorio de Théouranne, en Flandes, san Audomaro, que, siendo discípulo de san Eustasio, abad de Luxeuil, fue elegido obispo de los Marinos y renovó allí la fe cristiana.
refieren a este santo: Santa Angadrisma, San Bertino

El nombre de San Audomaro resulta más familiar y conocido en su forma francesa de Omer, ya que en Francia existe la ciudad de Saint-Omer donde estuvo, en tiempos de la persecución religiosa en Inglaterra, el famoso colegio de jesuitas que mantuvo bien provista la misión inglesa1.

El lugar de nacimiento de Omer no estaba lejos de la ciudad de Coutances. Todas las preocupaciones de sus padres se concentraron en él, y la educación del joven fue su cuidado primordial. Omer respondió bien a las esperanzas que habían sido puestas en él, progresó rápidamente en los estudios, manifestó su inclinación hacia la vida religiosa y, a la muerte de su madre, ingresó en el monasterio de Luxeuil. San Eustacio, que había sucedido al fundador san Columbano en el gobierno de aquella casa, acogió amablemente al joven y a su padre, que le acompañaba; ambos fueron admitidos y, a su debido tiempo, padre e hijo hicieron juntos su profesión religiosa. La humildad, devoción, obediencia y pureza de costumbres que demostró poseer el joven desde un principio, le distinguieron entre sus hermanos, aun en aquel hogar de santos.

Con el correr del tiempo, se supo que Thérouanne, la capital de los morini2, tenía gran necesidad de un pastor celoso y enérgico para que guiara a sus habitantes por el buen camino. Aquella comarca, que comprendía lo que ahora conocemos con el nombre de Pas-de-Calais, se hallaba bajo la égida del vicio y el error, y el rey Dagoberto buscaba afanosamente a una persona bien calificada para restablecer la fe y la práctica de las reglas de moral que predica el Evangelio. San Omer, que hacía veinte años era monje en el convento de Luxeuil, fue señalado como el hombre capaz de desempeñar la ardua tarea y, san Acario, obispo de Noyon y Tournai, se lo recomendó al rey, de manera que, alrededor del año 637, Omer, que se hallaba feliz y contento en su retiro, fue súbitamente obligado a abandonar su soledad. Al recibir la orden, hizo este comentario: «¡Qué enorme diferencia hay entre la segura rada en la que ahora me encuentro anclado y ese mar tempestuoso al que me empujan, contra mi voluntad y sin ninguna experiencia!»

La primera tarea de su ministerio pastoral como obispo de Thérouanne fue el restablecimiento de la fe, con toda su pureza, entre los pocos cristianos que encontró y cuya reforma fue un trabajo tan difícil como la conversión de los idólatras. A pesar de los obstáculos, fue inmenso el éxito de sus labores, y se puede afirmar que dejó su diócesis al mismo nivel que las más florecientes de Francia. Sus sermones, llenos de fogosa elocuencia, eran irresistibles, pero su vida ejemplar era una prédica todavía más poderosa, puesto que alentaba a los demás a prodigarse para dar de comer a los pobres, consolar a los enfermos, reconciliar a los enemigos y servir a todos, sin otro interés que el de su salvación y la mayor gloria de Dios. Ése era el carácter del santo obispo y de todos los que trabajaban bajo su dirección. Entre sus principales colaboradores figuraban Mumolino, Beltrán y san Bertino, tres monjes a los que san Omer sacó de Luxeuil para que le ayudasen. Junto con ellos, san Omer fundó el monasterio de Sithiu, que llegó a ser uno de los grandes seminarios de Francia. Las biografías de san Omer relatan una serie de milagros no muy convincentes que se le atribuyen. Durante sus últimos años de vida, estuvo ciego, pero aquella aflicción no le causó ningún abatimiento ni disminuyó su preocupación pastoral por su grey. Otro de sus biógrafos dice que, cuando san Auberto, obispo de Arras, trasladó las reliquias de san Vedast al monasterio que había construido en su honor, san Omer estaba presente y, en aquella ocasión, recuperó la vista durante algún tiempo. Es probable que san Omer muriese poco después del año 670.

W. Levison editó una biografía fiable, complementado con una discusión sobre las relaciones entre las distintas biografías impresas en el Acta Sanctorum (que se refieren a la relación entre Bertino, Mumolino, Beltrán y Audomaro), sept., vol. III.
1 Este colegio quedó posteriormente en manos del clero seglar y allí murió Alban Butler, el gran hagiógrafo responsable de tantas investigaciones profundísimas sobre los santos, que fue su director durante algún tiempo.
2 Los «morini», «morins» o «marinos» fue una tribu bárbara mencionada por Julio César en su Guerras de las Galias; para la época de Audomaro ya se habían acristianado, pero no siempre bien, ni por eso habían adquirido por completo la civilización...
En la imagen: san Bertino y san Audomaro

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Maturino, presbítero
fecha: 1 de noviembre
†: c. s. VII - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Larchant, ciudad del Gatinais Aquitano, san Maturino, presbítero.

La biografía de san Maturino, que es totalmente legendaria, cuenta que nació en Larchant, en el territorio de Sens, y que sus padres eran paganos. A diferencia de su padre, quien perseguía a la Iglesia, Maturino abrió su corazón al Evangelio y, a los doce años, fue juzgado digno de recibir el bautismo. Sus primeros convertidos fueron sus propios padres. A los veinte años, recibió Maturino la ordenación sacerdotal, y Dios le concedió una gracia especial para arrojar a los malos espíritus. Su obispo tenía tal confianza en él, que le delegó el gobierno de la diócesis mientras él iba a Roma. El santo predicó en el Gâtinais, donde convirtió a muchas gentes. Cuando su fama de exorcista llegó a Roma, se le convocó a dicha ciudad para que librase a una doncella noble, a quien el demonio atormentaba mucho. Según la leyenda, san Maturino murió en la Ciudad Eterna. Su cuerpo fue trasladado a Sens y, más tarde, a su pueblo natal. Los hugonotes destruyeron las reliquias. A Io que parece, el culto de san Maturino nunca estuvo muy extendido. En Francia se suele llamar «maturinos» a los frailes trinitarios, porque tenían en París una iglesia dedicada a este santo.

Véase Acta Sanctorum, nov., vol. I, donde se hallará el texto latino de la leyenda, con un comentario. El culto local de san Maturino ha sido estudiado a fondo por E. Thoison en una serie de artículos publicados en los Annales de la Société hist.-archéol. Gâtinais (1886-1888). Cf. H. Gaidoz, en Mélusine, vol. v (1890), pp. 151-152.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Vigor de Bayeux, obispo
fecha: 1 de noviembre
†: c. 538 - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Bayeux, en la Galia Lugdunense, san Vigor, obispo, discípulo de san Vedasto.

Vigor nació en Artois y vivió en la época de Childeberto I (es decir, en la primera mitad del siglo VI). Su padre le confió a san Vedasto de Arras para que le educase. Pero Vigor, temiendo que su padre no le permitiese ser sacerdote, huyó con otro compañero y se ocultó en el pueblecito de Ravière, cerca de Bayeux. Ambos amigos predicaron allí e instruyeron al pueblo. Después de su ordenación, san Vigor extendió el campo de su ministerio.

El año 513, murió el obispo de Bayeux, y san Vigor fue elegido para sucederle. Viendo que algunos adoraban todavía a un ídolo de piedra en una colina de las afueras de la ciudad, el santo derribó el ídolo y construyó una iglesia en ese sitio, al que dio el nombre de Colina de la Unción. Cuando el conde Bertulfo se cayó del caballo y se rompió la nuca, el santo vio en ello un juicio de Dios, pues el conde había pretendido apoderarse de la colina. El pueblecito de Saint-Vigueur-le-Grand, en las proximidades de Bayeux, toma su nombre de san Vigor, quien construyó allí una abadía. Los normandos dedicaron dos o tres iglesias a san Vigor en Inglaterra.

Véase Acta Sanctorum, nov., vol. I, donde hay una edición crítica de una biografía latina que data probablemente del siglo VIII. Para dicha edición se emplearon diversos manuscritos. Véase también Corblet, Hagiographie d'Amiens, vol. IV, pp. 657-664; y Duchesne, Fastes Episcopaux, vol. II, p. 220.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Marcelo de París, obispo
fecha: 1 de noviembre
†: c. 410 - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En París, en la Galia Lugdunense, san Marcelo, obispo.

Se cuenta que san Marcelo nació en París. Sus padres no se distinguían por su alto nivel social, pero la santidad de Marcelo fue su mejor presea. El joven se entregó enteramente a la práctica de la virtud y a la oración, de suerte que, según su biógrafo, parecía completamente desprendido del mundo y aun del cuerpo. Prudencio, el arzobispo de París, viendo el carácter serio de Marcelo y los rápidos progresos que había hecho en las ciencias sagradas, le ordeno de lector y mas tarde le hizo archidiacono suyo. A partir de entonces, el santo realizó, según se dice, muchos milagros.

Cuando murió Prudencio, Marcelo fue elegido unániniementc para sucederle. Se dice que, con su autoridad y sus oraciones, defendio a su grey contra las invasiones de los bárbaros. Su biógrafo refiere milagros extravagantes, entre otros una señalada victoria sobre un dragón. Pero, como comenta Alban Butler, «la veracidad de estos hechos depende de la del autor, quien escribió cien anos después y, siendo extranjero, debió fiarse de hablillas y leyendas populares». San Marcelo murió a principios del siglo V. Su cuerpo fue sepultado en la catacumba de su nombre, en la ribera izquierda del Sena; actualmente ese distrito es un suburbio de Paris y se llama Saint-Marceau. Los criticos modernos atribuyen sin vacilar la biografia de san Marcelo a san Venancio Fortunato, quien -con perdón de Butler- no era un extranjero en las Galias, excepto en el sentido tecnico.

B. Krush editó dicha biografía en Monumenta Germaniae Historica, Auctores antiquissimi, vol. IV, pte. 2, pp. 49-54; puede verse también en Acta Sanctorum, nov., vol. I. Vease Duchesne, Fastes Épiscopaux, vol. II, p. 470.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Austremonio de Auvernia, obispo
fecha: 1 de noviembre
†: s. inc. - país: Francia
otras formas del nombre: Austremonio de Clermont
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Auvernia, de Aquitania, san Austremonio, obispo, que, según la tradición, predicó en esta ciudad la palabra de la salvación.
refieren a este santo: San Marcial de Limoges, San Pablo de Narbona

No sabemos con certeza sobre este santo sino que fue misionero en Arvernia (en la actualidad Clermont-Ferrand, Francia), y que se le venera como apóstol y primer obispo de Clermont. Los historiadores discuten hasta la época en que vivió. Según San Gregorio de Tours, fue uno de los siete obispos enviados de Roma a la Galia a mediados del siglo III. Su culto se popularizó gracias a una visión que tuvo un diácono junto al sepulcro del santo, en Issoire, y que declaró el emplazamiento de la tumba.

Sin embargo este núcleo de leyenda se desarrolló -como en muchos otros casos- de manera completamente fantasiosa: el santo habría sido uno de los setenta y dos discípulos del Señor. Fue asesinado por un rabino judío, a cuyo hijo había convertido. El rabino le cortó la cabeza y la arrojó en un pozo, pero los cristianos lo descubrieron gracias al rastro de sangre que había dejado desde el sitio del asesinato hasta el pozo. Por ello antiguamente se veneraba a San austremonio como mártir, categoría que, sin embargo, ya no ostenta.

En Acta Sanctorum, nov., vol. I, hay tres biografías legendarias; la tercera de ellas se ha atribuido sin razón a san Praejectus. Los bolandistas publicaron además otros textos relacionados con las traslaciones de las presuntas reliquias y los milagros obrados por ellas. Véase Duchesne, Fastes Episcopaux, vol. II, pp. 119-122; Poncelet, en Analecta Bollandiana, vol. XIII (1894), pp. 33-46; Leclercq, en Dictionnaire d'Archéologie chrétienne et de Liturgie, vol. III, cc. 1906-1914; y L. Levillain, en Le Moyen-Age, 1904, pp. 281-337. Parece cierto que san Praejectus escribió o terminó una obra sobre su predecesor, Austremonio, pero la obra se perdió. Noticia del Butler-Guinea modificada.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Benigno de Dijón, presbítero y mártir
fecha: 1 de noviembre
†: s. inc. - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Dijón, en la Galia Lugdunense, san Benigno, venerado como presbítero y mártir.

Sobre la historia de san Benigno poco puede decirse de cierto. Alban Butler sólo se atreve a que fue un misionero romano que sufrió el martirio en Dijon, «probablemente en el reinado de Aureliano». Pero aun esto es demasiado, ya que no sabemos dónde nació san Benigno, y la fecha que Butler fija es, probablemente, bastante posterior. No es imposible que san Benigno haya sido discípulo de san Ireneo de Lyon y que le hayan martirizado en Epagny. Aunque más tarde empezó a venerársele en Dijon, lo cierto es que, a principios del siglo VI, no se le conocía allí. San Gregorio de Tours dice que, en aquella época, los habitantes de Dijon veneraban una tumba, y que su bisabuelo san Gregorio, obispo de Langres, opinaba que en ella estaba enterrado un pagano; pero un ángel le reveló milagrosamente en sueños que era el sepulcro del mártir san Benigno. Así pues, Gregorio de Langres restauró el sepulcro y construyó una basílica sobre él. El obispo no sabía nada sobre la vida del mártir, pero ciertos peregrinos que venían de Italia le regalaron una copia de «La pasión de San Benigno». Es muy poco probable que tal documento haya sido redactado en Roma, ya que, en realidad, el estilo de esa obra indica más bien que fue escrita por un contemporáneo de Gregorio de Langres en Dijon y es enteramente espuria.

La «Pasión de San Benigno» refiere que san Policarpo de Esmirna, tras la muerte de San Ireneo (quien en realidad murió cincuenta años después de san Policarpo), vio una aparición del santo. A raíz de ella, envió a dos sacerdotes, Benigno y Adoquio, así como al diácono Tirso, a predicar el Evangelio en las Galias. Tras una naufragio en Córcega, donde se unió al grupo san Andéolo, los misioneros desembarcaron en Marsella y se dirigieron a la Costa de Oro. En Autun los hospedó un tal Fausto, y san Benigno bautizó a san Sinforiano, el hijo de su huésped. Los misioneros se separaron allí. San Benigno convirtió en Langres a Santa Leonila y a sus tres nietos gemelos. Después se trasladó a Dijon, donde predicó con gran éxito y obró muchos milagros. Al estallar la persecución, el juez Terencio denunció a Benigno ante el emperador Aureliano, quien estaba entonces en la Galia (por consiguiente, el martirio de san Benigno tuvo lugar unos cien años después de la muerte de san Policarpo). El santo misionero fue aprehendido en Epagny, cerca de Dijon. Tras sufrir numerosos tormentos y pruebas, a las que opuso otros tantos milagros no menos extraordinarios, el verdugo le deshizo la cabeza con una barra de hierro y le perforó el corazón. El cadáver fue sepultado en una tumba que semejaba un monumento pagano para engañar a los perseguidores.

Mons. Duchesne ha demostrado que esta leyenda constituye el primer eslabón de una cadena de novelas religiosas, escritas a principios del siglo VI, con el objeto de describir los orígenes de las diócesis de Autun, Besançon, Langres y Valence (los santos Andoquio y Tirso, Ferréolo y Ferrucio, Benigno, Félix, Aquileo y Fortunato). Tales obras no merecen el menor crédito, y aun la existencia histórica de algunos de los mártires es dudosa.

En Acta Sanctorum, nov., vol. I, hay seis versiones diferentes de La pasión de San Benigno. Además del comentario de los bolandistas, véase Duchesne, Fastes Episcopaux, vol. I, pp. 51-62, y Leclercq, en Dictionnaire d'Archéologie chrétienne et de Liturgie, vol. IV, cc. 835-849.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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María Clara del Niño Jesús, Beata
Por: . | Fuente: aboga.wordpress.com
Fundadora de la Congregación de las Hermanas
Franciscanas Hospitalarias de la Inmaculada Concepción

Martirologio Romano: En Lisboa, Portugal, beata María Clara del Niño Jesús, (en el siglo Libania do Carmo Galvao Meixa De Morua Telles e Albuquerque), virgen, fundadora de las Hermanas Franciscanas Hospitalarias de la Inmaculada Concepción. († 1899)

Fecha de beatificación: 21 de mayo de 2011 durante el pontificadc de S.S. Benedicto XVI.

La venerable sierva de Dios Libania do Carmo Galvao Meixa De Morua Telles e Albuquerque nació el 15 de junio de 1843 en el palacio de la Quinta del Bosque en Amadora, cerca de Lisboa. Sus padres, Nuno Tomás de Mascareñas y Galvao Mexía de Moura Telles y Albuquerque y María de la Purificación de Sá Carneiro Duarte Ferreira, profundamente cristianos, procedían de noble linaje. Libania era la tercera de siete hermanos; a los 14 años quedó huérfana y fue acogida en el Asilo Real de Ajuda, institución que atendían las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. Cuando en 1862 estas hermanas francesas fueron expulsadas de Portugal, ella pasó a vivir con los marqueses de Valada, sus parientes.

En 1867 sintió la vocación a la vida religiosa y entró en el pensionado de San Patricio (Lisboa), casa de las Capuchinas de Nuestra Señora de la Concepción; pasados dos años, tomó el hábito y adoptó el nombre de María Clara del Niño Jesús. Como las leyes portuguesas impedían el ingreso en la vida religiosa, la sirva de Dios fue orientada por el director espiritual de la Fraternidad de las Capuchinas, padre Raimundo dos Anjos Beirao, al monasterio francés de las Hermanas Franciscanas Hospitalarias y Maestras de Calais, donde hizo el noviciado y emitió los votos en 1871.

Ese mismo año, regresó al convento de San Patricio en Lisboa y, bajo la orientación del padre Beirao, comenzó allí la reforma espiritual de las Terciarias Capuchinas. De ese modo nace, el 3 de mayo de 1871, la Congregación de las Hermanas Hospitalarias de los Pobres por Amor de Dios, aprobada por Pío IX el 27 de marzo de 1876. En 1964 tomó el nombre actual de Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción.

La Madre María Clara falleció santamente el 1 de diciembre de 1899, a los 56 años, en Lisboa. Sus restos mortales se custodian en la cripta de la capilla de la Curia General, en Linda-a-Pastora, Queijas (Lisboa).

A lo largo de su vida, abrió numerosas casas para acoger a los más pobres y necesitados, a los excluidos de la sociedad portuguesa en la mitad del siglo XIX. Fue la hermana de todos, abierta a las necesidades humanas más elementales; los ancianos, los enfermos, los niños huérfanos y abandonados, los pobres, los desterrados, los obreros, los estudiantes pobres, los mendigos de las calles, las familias necesitadas de luz y de abrigo. Para todos tenía la Madre María Clara una casa permanentemente abierta, donde eren acogidos con ternura de madre.

El Milagro

El milagro comprobado ocurrió en a diócesis Tui-Vigo (Provincia de Pontevedra, España) y fue la curación de Georgina Troncoso Monteagudo, baionesa de 84 años, que durante 34 años sufrió un pioderma gangrenoso.

La madre Clara fue proclamada “Venerable” en 2008 y el pasado diciembre el Vaticano ratificó que la sanación de Georgina en 2003 fue obra de la monja lusa. Durante esos cinco años la Congregación para las Causas de los Santos investigó los hechos y el tribunal médico diocesano que se desplazó hasta Galicia dio por probado que se trataba de un acontecimiento sobrenatural. “Yo lo tengo muy claro, fue un milagro, para mí no tiene otra explicación y para los médicos tampoco”, asegura Georgina junto a la hermana Rita, una de las tres monjas franciscanas que continúan desarrollando su labor en Baiona. La enfermedad que sufrió se remonta a finales de 1968, cuando trasladaba objetos junto a su hermana. Un golpe le provocó graves heridas y la gangrena comenzó a extenderse por todo el brazo provocándole dolores terribles. “Sufría mucho y tenía que acudir todos los días para tratarme”, señala. Médicos de Vigo y Madrid realizaron varios injertos pero constataron que no había cura.

Estampa entre los vendajes Georgina Troncoso había estudiado en el Colegio Virgen de la Roca, donde impartían enseñanzas las monjas de la orden. “Me dieron una estampa de la madre Clara y la colocaba entre los vendajes”, recuerda. La inesperada muerte del doctor vigués Ignacio de Castro en junio de 2002 supuso un golpe duro de superar y la mujer se encomendó más que nunca a la monja portuguesa. “Dejé de acudir todos los días al médico y tan sólo una vez a la semana me veía el de cabecera”, señala antes de explicar lo ocurrido año y medio después. “Me descubrí el brazo y estaba perfectamente, tenía buen color y había recuperado la movilidad”, indica. El médico tampoco encontró una explicación. El hecho no pasó desapercibido y varios medios de comunicación portugueses ya se han hecho eco del “milagro gallego” de la madre Clara.
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San Cesáreo, mártir
fecha: 1 de noviembre
†: s. inc. - país: Italia
otras formas del nombre: Cesario
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En Tarracina, en la costa del Lacio, san Cesáreo, mártir.

Existía en Terracina, Italia, la bárbara costumbre de que, en ciertas ocasiones solemnes, un joven se ofreciese voluntariamente en sacrificio a Apolo, que era el dios tutelar de la ciudad. Tras un período en el que el pueblo satisfacía todos los caprichos del joven elegido, éste se ofrecía como víctima y se arrojaba al mar desde un acantilado. Cesáreo, que era un diácono africano, presenció en cierta ocasión la escena, y no pudiendo contener su indignación, habló abiertamente contra una superstición tan abominable. El sacerdote del templo le mandó arrestar y le acusó ante el gobernador. Al cabo de dos años de prisión, Cesáreo fue condenado por el gobernador a ser arrojado al mar en un saco, junto con un sacerdote cristiano llamado Julián.

Aunque no sabemos qué fue lo que realmente sucedió, lo cierto es que los nombres de san Cesario y san Julián figuran en los martirologios primitivos. En Roma hubo desde el siglo VI una iglesia consagrada a San Cesáreo, que es actualmente un título cardenalicio. Dado que las actas son enteramente ficticias, lo único que puede asegurarse (y esto tan sólo por los vestigios de una iglesia primitiva) es que existió y fue mártir. El Martirologio Romano actual ha conservado el nombre de san Cesáreo, pero no el de su compañero Julián, ni la caracterización de Cesáreo como diácono.

Véase Acta Sanctorum, nov., vol. I, donde hay cuatro diferentes versiones de las actas y la paráfrasis griega de una de ellas. La iglesia de San Cesario está en el Palatino. Se ha dicho que fue erigida en ese barrio imperial porque el nombre del santo recordaba el de les césares. Véase Delehaye, Origines du culte des martyrs. pp. 308-409; Lanzoni, Rivista di archeologia cristiana, vol. I, pp. 146.148; Duchesne, Nuovo bullettino di arch. crist., 1900, pp. 17 ss.; y J. P. Kirsch, Des Stadtrrömische Fest-Kalender, p. 203.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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