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Santoral del 25 de Junio




INDICE

Beata MARÍA LHUILLIER
Santos DOMINGO HENARES y FRANCISCO DO MINH CHIEU
OTROS SANTOS DEL DÍA
SAN ADALBERTO DE EGMOND
Beata Dorotea de Montau, Viuda
Orosia, Lucía, Febronia, vírgenes; Galicano, obispos; Sosípatro, Amando, Adalberto, Emiliano, confesores; Agatón, Lucía, Diógenes, mártires; Bodoaldo, monje; Félix, eremita; Salomón, rey de Bretaña.

SAN GUILLERMO, Abad
Tened un mismo sentir, conservad la paz, y el Dios
de la paz y del amor estará con vosotros.
(2 Corintios, 13, 11).

San Guillermo, para dedicarse más libremente a la oración, se retira al Monte Virgen en el reino de Nápoles; pero su reputación de santidad síguelo a su retiro, y lleva a él a gran número de personas que desean practicar, bajo su dirección, los ejercicios de la vida ascética. Llégasele también una mujer para tentarlo. Revuélcase el santo sobre carbones encendidos y Dios no permite que sufra la menor quema dura. Su muerte, predicha por él, tuvo lugar el 25 de junio de 1142.

MEDITACIÓN SOBRE LA PAZ DEL ALMA

I. Vive en paz con el prójimo; disimula, sufre antes de romper la paz y faltar a la caridad. Si algún acontecimiento viene a turbar esta paz, restablécela lo antes posible: cede algo de tus derechos, en interés de la paz y de la unión. En esto se conocerá si eres imitador de Jesucristo, si amas la paz y la caridad; y esta paz, que conservas con todos, es guerra cruelísima que haces al demonio. La paz entre vosotros es la guerra contra él. (Tertuliano)

II. Con todo, es preciso romper esta paz con el prójimo, cuando ella te obligue a hacer la guerra a Dios. Tienes un amigo peligroso, un pariente que te arrastra al vicio, un inferior que se entrega al libertinaje; es preciso advertirle, aun a riesgo de que se aleje de ti y se haga tu enemigo: vale más romper con los hombres que con Dios. Ninguna paz con los pecadores, ninguna paz con el vicio. Esa calma sería una tempestad. (San Jerónimo).

III. Conserva no obstante la paz de tu alma, al precio que sea. El espíritu de Dios ama a los corazones apacibles y a las almas tranquilas. Si siempre te acuerdas que Dios permite todo lo que te sucede, para su gloria y para tu mayor bien, los acontecimientos, aun los más fastidiosos, no podrán alterar tu paz, ni arrebatar tu dicha. ¿Qué más precioso y más dulce para el corazón, qué más calmo y más tranquilo en la tierra que una buena conciencia? (San Bernardo).

La paz del alma
Orad por la paz en el seno
de las familias.

ORACIÓN

Oh Dios, que habéis dado el ejemplo y la ayuda de los santos para abrir a nuestra flaqueza el camino de la salvación, haced que honrando los méritos del bienaventurado Guillermo, abad, aprovechemos sus sufragios y caminemos siguiendo sus huellas. Por J. C. N. S. Amén

http://www.aciprensa.com/podcast/santo/junio25prosperodeaquitania.mp3



SANTA DOROTEA MONTAU
El nombre de la beata se deriva de Marienburgo (Montau) en Prusia, donde nació en 1347. A los diecisiete años, contrajo matrimonio con un fabricante de espadas, de Danzig, llamado Alberto. Tuvieron nueve hijos, de los que sólo sobrevivió el último. Alberto era un hombre de temperamento violento, de suerte que su esposa sufrió mucho durante los veinticinco años de su matrimonio. Pero poco a poco, con su bondad y valor, Dorotea consiguió ablandar a su marido y, en 1384, le convenció de que hiciesen una peregrinación a Aquisgrán, A partir de entonces emprendieron otras a Einsiedeln, a Colonia y a otros santuarios. Precisamente proyectaban una peregrinación a Roma, cuando Alberto cayó enfermo. Así pues, Dorotea partió sola, y su esposo murió poco antes de su regreso. Tras de haber quedado viuda a los cuarenta y tres años, Dorotea se trasladó a Marienwerder y, en 1393, se recluyó en una celda de la iglesia de los Caballeros Teutónicos. Dios no le concedió ahí más que un año de vida, ya que murió el 25 de junio de 1394, pero ese breve período le bastó para alcanzar gran fama de santidad y prudencia extraordinaria, de suerte que numerosos peregrinos acudían a consultarle o a pedirle algún milagro.

El confesor de Dorotea escribió su biografía, en la que cuenta por menudo sus visiones y revelaciones. Según dicha biografía, la beata era muy devota del Santísimo Sacramento y en varias ocasiones Dios le concedió la gracia de poder verlo en la hostia para satisfacer su gran deseo. En la Edad Media, se atribuía gran importancia al hecho de ver la Sagrada Hostia, sobre todo durante la elevación, y el biógrafo de Dorotea refiere que en su época solía exponerse el Santísimo todo el día en las iglesias de Prusia y Pomerania. El pueblo profesaba gran veneración a Dorotea. Poco después de su muerte, se introdujo su causa de canonización, pero fue abandonada; sin embargo, el culto de la beata siguió propagándose, y actualmente se la considera como patrona de la región. El culto fue confirmado por SS Pablo VI en 1970.

Existen muchos datos sobre esta mística tan interesante. En Acta Sanctorum, oct., vol, XIII, se le consagran más de cien páginas in-folío. Además, en Analecta Bollandiana se publicó el Septililium, en el que el confesor de la beata consignó las visiones y dichos de su dirigida. (Cf. Analecta Bollandiana. vols. II, III y IV. 1883-18B5). Existen varias biografías, escritas poco después de la muerte de Dorotea con miras a la canonización. Véase F. Hipler, Johannes Marienwerder und die Klauserin Dorothea (1865), y el esbozo biográfico de H. Westphal, Dorothea von Montan (1949). El decreto de confirmación del culto, que puede leerse en AAS 68 (1976) pág. 519ss. tiene además un resumen de la Vita, en latín.
INDICE

SAN ADALBERTO DE EGMOND
Entre el grupo de misioneros que partieron del monasterio de Rathmelsigi, en el año de 690, con san Willibrordo a la cabeza, para evangelizar Frisia, se hallaba un diácono llamado Adalberto. Era originario de Northumbría y había llegado a Irlanda siguiendo a san Egberto, con el propósito de obedecer los consejos del Señor para alcanzar la perfección. Esa misma aspiración, unida a un gran amor por las almas, le impulsó a ofrecerse como voluntario para el trabajo de misiones entre los paganos. Los mensajeros del Evangelio gozaban de la protección de Pipino de Heristal; además, tenían en su favor el hecho de que se les facilitaba aprender la lengua para darse a entender entre los habitantes de Frisia; pero, de todas maneras, la personalidad de los misioneros tuvo mucho que ver con el franco éxito de su trabajo. La simpatía personal y la gentileza de Adalberto, su paciencia y su humildad, causaron profunda impresión entre los paganos a quienes convirtió a la fe cristiana. El núcleo de sus actividades era Egmond (llamada actualmente Egmond aan den Hoef, o simplemente Den Hoef), donde fueron bautizados casi todos los habitantes. Tal vez a causa de su humildad, Adalberto no solicitó recibir el presbiterado. Se dice, por cierto, que san Willibrordo le nombró archidiácono de Utrecht, pero en aquellos tiempos un archidiácono no era más que jefe de los diáconos, y es muy posible que san Willibrordo quisiese confiar alguna autoridad a nuestro santo.

San Adalberto murió en una fecha que se desconoce. En épocas posteriores, su tumba fue un lugar de peregrinaciones y escenario de muchos supuestos milagros. En el siglo décimo, el duque Teodorico construyó en Egmond una abadía benedictina dedicada a san Adalberto y, en tiempos recientes, cuando los benedictinos de Solesmes volvieron a establecer la vida monástica en Egmond, se eligió al mismo titular. Las fuentes de información de las que dependemos para conocer la vida de san Adalberto son muy poco satisfactorias. Hay una biografía que escribió en latín un monje de Mettlach llamado Ruperto, unos 200 años después de la muerte del santo.

Esa biografía se halla impresa en Acta Sanctorum, junio, vol. VII, no contiene más que generalidades y relaciones de los milagros que, al parecer, se obraron sobre su tumba. La cuestión del título de archidiácono concedido a Adalberto, fue desmentida por Holder-Egger y otros autores, sin embargo esos mismos escritores están dispuestos a identificarle con el sucesor de san Willibrordo como abad de Epternach; aunque W. Levison rechaza esta hipótesis. La fecha de la muerte de Adalberto es bastante incierta. Véase W. Levison, Wilhehn Procurator von Egmond, en Neues Archiv, vol. XL (1916), pp. 793-804.

Entre el grupo de misioneros que partieron del monasterio de Rathmelsigi, en el año de 690, con san Willibrordo a la cabeza, para evangelizar Frisia, se hallaba un diácono llamado Adalberto. Era originario de Northumbría y había llegado a Irlanda siguiendo a san Egberto, con el propósito de obedecer los consejos del Señor para alcanzar la perfección. Esa misma aspiración, unida a un gran amor por las almas, le impulsó a ofrecerse como voluntario para el trabajo de misiones entre los paganos. Los mensajeros del Evangelio gozaban de la protección de Pipino de Heristal; además, tenían en su favor el hecho de que se les facilitaba aprender la lengua para darse a entender entre los habitantes de Frisia; pero, de todas maneras, la personalidad de los misioneros tuvo mucho que ver con el franco éxito de su trabajo. La simpatía personal y la gentileza de Adalberto, su paciencia y su humildad, causaron profunda impresión entre los paganos a quienes convirtió a la fe cristiana. El núcleo de sus actividades era Egmond (llamada actualmente Egmond aan den Hoef, o simplemente Den Hoef), donde fueron bautizados casi todos los habitantes. Tal vez a causa de su humildad, Adalberto no solicitó recibir el presbiterado. Se dice, por cierto, que san Willibrordo le nombró archidiácono de Utrecht, pero en aquellos tiempos un archidiácono no era más que jefe de los diáconos, y es muy posible que san Willibrordo quisiese confiar alguna autoridad a nuestro santo.

San Adalberto murió en una fecha que se desconoce. En épocas posteriores, su tumba fue un lugar de peregrinaciones y escenario de muchos supuestos milagros. En el siglo décimo, el duque Teodorico construyó en Egmond una abadía benedictina dedicada a san Adalberto y, en tiempos recientes, cuando los benedictinos de Solesmes volvieron a establecer la vida monástica en Egmond, se eligió al mismo titular. Las fuentes de información de las que dependemos para conocer la vida de san Adalberto son muy poco satisfactorias. Hay una biografía que escribió en latín un monje de Mettlach llamado Ruperto, unos 200 años después de la muerte del santo.

Esa biografía se halla impresa en Acta Sanctorum, junio, vol. VII, no contiene más que generalidades y relaciones de los milagros que, al parecer, se obraron sobre su tumba. La cuestión del título de archidiácono concedido a Adalberto, fue desmentida por Holder-Egger y otros autores, sin embargo esos mismos escritores están dispuestos a identificarle con el sucesor de san Willibrordo como abad de Epternach; aunque W. Levison rechaza esta hipótesis. La fecha de la muerte de Adalberto es bastante incierta. Véase W. Levison, Wilhehn Procurator von Egmond, en Neues Archiv, vol. XL (1916), pp. 793-804.
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Beata MARÍA LHUILLIER. (1744-1794).Martirologio Romano: En Laval en Francia, beata María Lhuillier, virgen y mártir, que, acogida entre las Hospitalarias de la Misericordia, durante la revolución francesa, totalmente fiel a la Iglesia en los votos religiosos, murió decapitada.

Nació en Arquenay, Francia. Creció analfabeta y muy pronto se quedó huérfana. Después de servir a una señora del lugar, fue a llamar a la puerta del convento de San Giuliano de las Canonesas Regulares Hospitalarias de la Misericordia de Jesús. Fue enviada al servicio del hospital de Château Gontier y, después de muchos sufrimientos y humillaciones, en el 1778, fue admitida en la profesión religiosa de este Instituto como hermana conversa, tomando el nombre de María de Santa Mónica.

Cuando estalló la Revolución francesa, en febrero de 1794, las religiosas fueron obligadas abandonar el hospital y a refugiarse en Laval en el exconvento de las Ursulinas. Acusada de distribuir parte de la ropa limpia del hospital, a personas necesitadas, María Lhuillier fue arrestada y conducida delante de una comisión. El juez declaró que ignoraría aquella infracción si la religiosa prestase el juramento de "Libertad e Igualdad", pero ella no quiso saber nada. El juez la amenazó con la guillotina y a cuantos hubieran seguido su ejemplo, pero ella permaneció impertérrita y dijo: "Tanto mejor para mí y para mis hermanas. Así tendremos el gozo de morir por nuestra fe, más pronto podremos ver a Dios. El juez le insinuó: "Mira bien que queremos salvarte y te ofrecemos lo mejor". Pero ella respondió: "Todos los medios que me ofreces son sólo para engañarme, pero gracias a Dios, no lo conseguis. Yo no quiero perderme para toda la eternidad".

Al oir la sentencia de muerte, nuestra beata se arrodilló y exclamó: "Dios mio, cuanta gracias me hacéis contándome en el número de vuestros mártires, mientras yo soy una gran pecadora". Después cuando estuvo sola, se cortó el pelo, entonces un ayudante del verdugo la agarró y con un golpe de sable le rompió los vestidos. La mártir palideció por el ultraje y se desamayó. Cuando se repuso comentó: "La muerte no me da miedo, pero podíais ahorrarme este dolor". Nuevamente fue invitada a prestar juramento, pero ella suspiró: "¡Oh Dios! Preferir una vida pasajera y caduca a una vida gloriosa e inmortal. No, no, prefiero la muerte". Antes de subir al cadalso exclamó: "¡Dios mío, yo debo morir de una muerte así de dulce, mientras tu has sufrido tanto por mi!". Murió en Laval.
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Santos DOMINGO HENARES y FRANCISCO DO MINH CHIEU. M. 1838.
Martirologio Romano:
En la ciudad de Nam Dinh, en Tonquín, santos Domingo Henares, obispo de la Orden de Predicadores, y Francisco Do Minh Chieu, mártires, el primero de los cuales propagó la fe cristiana durante cuarenta y nueve años, y el segundo trabajó con él como catequista, siendo ambos degollados por su fe en Cristo, en tiempo del emperador Minh Mang.

Domingo nació en Baena (Córdoba). La familia se trasladó a Granada, porque vivían en una tremenda miseria económica. Los padres, viendo que Domingo era despierto quisieron que estudiara en la universidad. Quiso ingresar en el convento dominico de Santa Cruz la Real de Granada, pero no le admitieron, pero no por ello se rindió, hasta que en 1783, le admitieron en el convento dominico de Guadix, después que le rechazaran en Niebla y Cádiz.
Tenía un año de estudios cuando se ofreció para marcharse de misionero, pero no lo aceptaron. Al final pudo embarcar, a través de Méjico, y llegó a Filipinas en 1786; la travesía la hizo con san Clemente Ignacio Delgado. Domingo completó sus estudios en Manila en la Universidad de Santo Tomás de Aquino y después de su ordenación sacerdotal, sus superiores decidieron que se quedara en Manila enseñando humanidades.

En 1790, llegó al Vietnam con Clemente Ignacio Delgado, de quién fue vicario general y obispo coadjutor; aunque primero fue profesor de latín y director de la escuela de Tien Chu, donde se preparaba a los nativos a prepararse al sacerdocio y de donde salieron muchos mártires. En 1838, fue nombrado obispo titular de Fez a pesar de su oposición. Fue un hombre de gran piedad y prudencia, sabiduría y caridad, pureza y singular paciencia. Conocedor de la medicina y astronomía, ciencias muy apreciadas en Oriente, era muy respetado y consultado por los mandarines.
Y en 1838, cayó en manos de sus incansables perseguidores en el poblado de Kien Lao, que intentaron que denunciara a los otros cristianos y misioneros y se negó, declaró los motivos de su estancia en Tonkín y defendió el cristianismo como la fe verdadera, y lo decapitaron, en Hanoi junto a su catequista san Francisco Do Van (Hien) Chieu, sus cabezas fueron arrojadas al río y recuperadas por un pescador cristiano.

Francisco nació en Trung-Le, en el seno de una familia cristiana. Estuvo seis años en el seminario latino de Tien-Chu, pero al no decidirse por el sacerdocio, el vicario apostólico, Domingo Henares, lo eligió como su catequista compañero, y con él compartió sus correrrías apostólicas por todo el vicariato; también compartió, cuando arreció la persecución, las huidas y los escondites, hasta que fueron traicionados y arrestados.
Los llevaron a la capital de la provincia; el prelado iba en una jaula, y Francisco cargado con una canga, al llegar a la ciudad, pusieron en el camino una cruz para que la pisaran, nuestro catequista, la cogió en sus brazos y con ella entró en la ciudad. Se negó rotundamente a pisar la cruz y por ello fue decapitado en Nam-Dinh junto con Domingo Henares. Antes de morir nombró el nombre de Jesús repetidamente.
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OTROS SANTOS DEL DÍA:
San Sosípatro. s. I.
Pariente y discípulo de san Pablo (Rm 16,21), acompañó al Apóstol en algunos de sus viajes: según la tradición pasó los últimos años de su vida en la isla de Corfú.




Santa Febronia de Nísibis. M. 304.
Era una joven que vivió duras penitencias para no ser deseada por los hombres. Pero cuando más castigaba su cuerpo más aumentaba su hermosura. Durante la persecución de Diocleciano, el prefecto Selano, la hizo detener, pero se enamoró de ella, e intentó doblegar su castidad sin conseguirlo; por ello fue bárbaramente mutilada y decapitada en Nísibis de Mesopotamia. Se duda que haya existido.






San Galicano. M. c. 362.
San Galicano, mártir y cónsul en Alejandría, exaltado a la honra del triunfo, y privado del emperador Constantino. Convirtiéronle a la fe de Jesucristo los santos Juan y Pablo, y se retiró junto con san Hilarino a Ostia, en donde se dedicó todo a la hospitalidad y al servicio de los enfermos; lo cual divulgándose por todo el mundo, venían muchos de diversas partes al ver el que de patricio y cónsul se bajaba a lavar los pies a los pobres, a ponerles la mesa, a lavarles las manos, y a servirles con mucho cuidado en sus enfermedades; y se ejercitaba en todas las demás obras de misericordia. Desterrado de Ostia por órden de Juliano Apóstata, se fue a Alejandría, en donde forzándole el juez Rauciano a que adorase a los ídolos, lo rehusó con constancia; por lo cual lo mandó degollar, y consiguió la corona del martirio.
El antiguo Martirologio dice que fue mártir en Alejandría durante la persecución de Juliano el Apóstata, pero los historiadores niegan su exilio en esta ciudad y su martirio.

San Próspero de Reggio Emilia. M. c. 466. Martirologio Romano: En Reggio, de la región de Emilia, san Próspero, obispo.
Natural de Aquitania. Obispo de Reggio Emilia en Italia. Combatió a los pelagianos. Su episcopado duró 22 años. Está enterrado en la iglesia de su nombre en Reggio Emilia.
Durante mucho tiempo el Martirologio Romano identificó este Próspero con Próspero de Aquitania; se trata en realidad de un error, y hasta el siglo X no se había llegado nunca a identificarlos, a pesar de que vivieron en el mismo siglo y se los celebraba en al misma fecha; el Martirologio actual subsanó la equivocación y reconoce a los dos santos. Patrón de Reggio Emilia.

San Moloc. (c.530 - c. 592). Martirologio Romano: En Roosmarkei, en Escocia, san Moloc o Luano, obispo.
Nació en Irlanda del Norte en el seno de una familia de la nobleza. Fue educado en la abadía de Bangor, Irlanda cuando era abad san Congal. Junto con san Congal, tocó tierra en la isla de Lismore en Loch Linnhe y trabajó como misionero en Escocia; fue elegido obispo y su obra principal fue la evangelización de las islas Hébridas, Escocia. Fundó monasterios en la isla de Lismore, en Rossmarkie y Mortlach, en territorio de los pictos. Se dice que fundó 100 monasterios en Escocia. Murió en Rossmarkie por causas naturales y allí fue enterrado. Más tarde sus restos fueron trasladados a la isla de Lismore y reposan en la catedral que lleva su nombre.

Santa Tigris (Tecla de Maurienne). s. VI. Martirologio Romano: En Maurienne, en Saboya, santa Tigris, virgen, que se dedicó a propagar allí el culto a san Juan, el Precursor.
Natural de Valloires, aldea de Maurienne, en Saboya (Francia). Junto con su hermana Pigmenia peregrinó a Tierra Santa y en Alejandría de Egipto, tuvo contactos con varias experiencias de vida eremítica. De regreso a su tierra, no sólo importó la forma particular de vivir la vida en soledad entre los Alpes saboyanos, sino que también se trajo una preciosa reliquia: tres dedos de la mano de san Juan Bautista, que fueron el origen de la ciudad, la representación de una mano que bendice de plata sobre un fondo azul.
El antiguo borgo de Maurienne tomó así el nombre de Saint-Jean-de-Maurienne, y por el rey san Gontrán fue promovida al rango de obispado y fue la verdadera capital de lo que sería el primer feudo saboyardo. La catedral, además de custodiar esta preciosa reliquia, algunos siglos después fue la primera necrópolis que acogió los restos de los miembros de la Casa de Saboya.
Tigris, se hizo promotora del culto de san Juan Bautista en Saboya, vivió la vida eremítica, abandonando los pocos bienes terrenos que le quedaban. Parece que sólamente interrumpía su soledad para acercarse a Misa. No se sabe si vivió mucho, pero su existencia está históricamente probada.

San Adalberto de Egmond. M. c. 740. Martirologio Romano: En Egmon, de Frisia, san Adalberto, diácono y abad, que ayudó a san Willibrordo con evangélica fidelidad.
Natural de Northumbría. Se hizo monje benedictino en Rathmelgisi y fue uno de los diáconos de san Willibrordo, al que acompañó a Frisia; dirigió a los monjes de Epternach (Luxemburgo). Trabajó especialmente en la zona de Egmond (Holanda), de cuya abadía es el patrón y fundador. La simpatía personal y la gentileza de Adalberto, su paciencia y su humildad, causaron profunda impresión entre los paganos a quienes convirtió a la fe cristiana. El núcleo de sus actividades era Egmond (llamada actualmente Egmond aan den Hoef, o simplemente Den Hoef), donde fueron bautizados casi todos los habitantes. Tal vez a causa de su humildad, Adalberto no solicitó recibir el presbiterado. Tuvo dones taumatúrgicos. Sus restos se encuentran en la iglesia parroquial de Egmond.

Santa Orosia de Jaca. (855-870). Martirologio Romano: En Jaca, en la Hispania Tarraconense, santa Eurosia (Orosia), virgen y mártir.
Según la leyenda era natural de Bayona (otra versión la hace natural de Laspicio en Bohemia e hija del rey de Bohemia, Boriborio, y que recibió el bautismo de manos de san Metodio en el 868). A los 15 años (870) se casó por poderes con el mítico rey aragonés Fortún Garcés. El enlace era una cuestión de Estado y fue aprobado por el papa Adrián II.

La joven Orosia fue enviada a Aragón. Los árabes se enteraron de la llegada de la princesa y enviaron a Aben Lupo de Tena, lugarteniente de Muza Abensacín, el cual organizó un pequeño ejército para capturar a la comitiva; fueron localizados en Yebra de Basa. Estos, avisados del peligro, subieron a lo más alto del monte Oturia y se escondieron en una cueva, pero fueron encontrados. Tras matar a los miembros de la comitiva, Aben Lupo se prendó de la belleza de Orosia y le propuso que se casara con el rey Miramamolín de Córdoba. Al no aceptar la propuesta, la martirizaron de forma cruel. Sus restos fueron esparcidos por la esplanada del Puerto.
Según la leyenda, dos siglos más tarde, un ángel comunicó a un pastor el lugar donde se encontraba los restos de Orosia, y le comunicó que llevase su cabeza a Yebra y su cuerpo a Jaca. Como así hizo después de que se produjeron hechos extraordinarios. Hay dudas de su existencia. Patrona de Jaca.

San Salomón III. M. 874. Martirologio Romano: En Bretaña Menor, san Salomón, mártir, que mientras fue rey instituyó sedes episcopales, amplió los monasterios y conservó la justicia, pero al renunciar a su cargo fue cegado y muerto por sus enemigos en la Iglesia.
Su vida es un poco incomprensible. Asesinó para ser rey de Bretaña; combatió valerosamente, aunque brutalmente contra los francos, escandinavos y sus súbditos rebeldes; los bretones lo tienen como uno de sus héroes nacionales.
Hizo penitencia para espiar los crímenes cometidos en su juventud; organizó las sedes eclesiásticas, amplió monasterios e hizo justicia al pueblo; despojado de su reino, fue asesinado en un pueblo de Finisterre, en Bretaña, por los enemigos de la Iglesia; el pueblo le aclamó como mártir. En las canciones de gesta fue convertido en uno de los “doce pares” de la corte de Carlomagno.

Santos Pedro y Febronia. M. 1228.
Pietr era un príncipe ruso nacido en Murom en Vladimir, región nordeste de Moscú. Se casó con santa Febronia, también ella de familia principesca. Después de largos años de vida en común, vivida con ascética severidad de costumbres y generosa caridad, una vez viejos, decidieron abrazar la vida religiosa. Ingresaron en sendos monasterios; Pedro profesando con el nombre de David, Febronia con el de Eufrosina. Los dos murieron el mismo año con una distancia de pocos meses y fueron sepultados en un único sepulcro en la catedral de Murom, donde fueron objeto de intensa veneración.
Es venerado en los sinaxarios rutenos y en los menologios rusos. También son celebrados en el “Acta Sanctorum”, pues no fueron cismáticos: “securum extimamus Sanctorum titulum ipsis concedere, atque in hoc opere locum dare”.

Pablo Giustiniani. Beato. (1476-1528).
Miembro de la familia véneta de los Giustiniani; ingresó en los benedictinos camaldulenses y, después de ser superior mayor en el eremo de Camaldoli, consiguió de León X la reunión en Florencia de un Capítulo General (1513) para la reforma de la Orden. En 1520 fundó la Compañía de San Romualdo, más tarde tuvo el nombre canónico de Congregación de Ermitaños Camaldulenses de Monte Corona, congregación exclusivamente eremítica y publicó en Fontebuono una Regla.

Fundó varios eremos y fue superior del de Monte Cucco. En Macerata fue detenido por amor y defensa de los ermitaños. Encontrándose en Roma, en 1527, cayó prisionero de los Lansqueneques, en el terrible “sacco” de Carlos V. Fue torturado junto a san Cayetano de Thiene, pero consiguió escapar.
En la primavera de 1528 contrajo la peste en Viterbo. Sin estar totalmente curado se puso en viaje, a su regreso de Roma, para recibir la donación del eremo de Monte Soratte. En este lugar murió con 52 años. Es el más prolífico escritor camaldulense.
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