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Santoral del 6 de Noviembre

SAN LEONARDO, Confesor
INDICE


Mártires del siglo XX en España
San Félix de Toniza, mártir
San Pablo de Constantinopla, obispo y mártir
San Melanio de Rennes, obispo
San Iltuto, abad
San Leonardo, eremita
Santos Calinizo, Himerio, Teodoro y siete compañeros, mártires
San Severo de Barcelona, obispo y mártir
San Winoco, abad
Beata Cristina de Stommeln, virgen
Beato Tomás de San Agustín Kintsuba Jihyoe, presbítero y mártir
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SAN LEONARDO, Confesor
La paz mía os doy,
no os la doy yo como la da el mundo.
(Juan 14, 27)

Patrono de los cautivos y prisioneros de guerra; herreros; cerrajeros; porteros; mineros; verduleros; tenderos; partos; caballos.
Protector contra robos y asaltos; ladrones y atracadores.
San Leonardo, noble cortesano de Clodoveo, fue convertido por San Remigio. Quiso el rey ser su padrino; dio libertad a gran número de cautivos a su pedido y le ofreció un obispado, que él rehusó para entrar al Monasterio de Micy, bajo la dirección de San Mesmino. Enseguida entregose a la vida eremítica y se retiró a una floresta próxima a Limoges. Practicó allí grandes austeridades. Descubierto por el rey en su desierto, recibió el ofrecimiento de un vasto territorio para fundar en él un monasterio que, más tarde, dio nacimiento a la ciudad de San Leonardo.

MEDITACIÓN SOBRE LAS MISERIAS DEL MUNDO

I. Sólo engaño hay en el mundo. No se encuentra fidelidad entre los amigos, ni caridad entre los parientes; por todas partes reina el disimulo; todos disimulan sus sentimientos, ocultan sus proyectos, buscan sus intereses y sus placeres. ¿En quién se podrá uno confiar? ¿De quién no se habrá de desconfiar? Sin embargo, ¡oh Dios mío! ¡nos fiamos en el mundo que tan a menudo nos ha engañado y no en Vos, que siempre habéis sido fiel a vuestras promesas!

II. No hay paz en el mundo; por todas partes reinan la división y la turbación: los hombres guerrean unos contra otros y se rebelan contra Dios con sus pecados; ¡concedednos esa paz que dais a vuestros servidores y que el mundo no puede darnos! Imita a los santos, que viven sin turbación en medio del mundo, porque no están animados por el espíritu del mundo, sino por el de Jesucristo.

III. No existen en el mundo verdaderos bienes. Sus favores son emboscadas que nos tiende para perdernos. Sus bienes no son sino aparentes. Sus placeres siempre están mezclados de hiel y de amargura: nunca han contentado ni a uno solo de sus partidarios; cuanto más se tiene, más miserable se es. Renunciemos a un mundo poco fiel y siempre sospechoso: los pequeños son en él presa de oprobios, y los grandes de la envidia (San Euquerio).

El desprecio del mundo.
Orad por los jefes de Estado.

ORACIÓN

Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la solemnidad del bienaventurado Leonardo, vuestro confesor, haced, por vuestra bondad, que honrando su nacimiento al cielo imitemos sus ejemplos de virtud. Por J. C. N. S.



Beato Tomás de San Agustín Kintsuba Jihyoe, presbítero y mártir
†: 1637 - país: Japón
canonización: B: Benedicto XVI 24 nov 2008
hagiografía: «L`Osservatore Romano»
En Nagasaki, Japón, beato Tomás de San Agustín Kintsuba Jihyoe, presbítero de la Orden de San Agustín, quien realizó su apostolado disfrazado de samurai, pudiendo así asistir a los cristianos detenidos en la cárcel, donde estaba preso también su superior, hasta que finalmente fue capturado él mismo, y murió «horca y fosa», donde mostró gran fortaleza.
Ver más información en:
188 mártires de la evangelización del Japón, 1603-1639

Reproduzco aquí la parte pertinente del relato sobre los 188 mártires del Japón publicado en L'Osservatore Romano, con ocasión de la beatificación, en noviembre de 2008 (el escrito completo de Mons. Esquerda Bifet puede leerse en la página del grupo):

El padre Tomás de San Agustín pertenecía a familia de mártires; así se afirma de sus padres, León y Clara. Fue ordenado sacerdote en 1626 o 1627 en Manila, en la Orden de San Agustín. Logró introducirse en Japón (Nagasaki), el año 1631, después de varios intentos y de un naufragio. Realizó su apostolado primero disfrazado de samurai, pudiendo así asistir a los cristianos detenidos en la cárcel, donde estaba preso también su superior, el mexicano Bartolomé Gutiérrez; muchos de ellos ya fueron beatificados por Pío IX. Luego, disfrazado de diversas maneras y escondido en lugares desconocidos y abruptos, lograba atender a los cristianos perseguidos. Las autoridades civiles organizaban verdaderas y costosas cacerías por los montes, pero le descubrieron cuando atendía a los cristianos en Nagasaki.

Fue apresado el 1 de noviembre de 1636, por ser cristiano y sacerdote. Por estos mismos motivos y por no querer delatar a sus protectores, sufrió martirio con refinados tormentos en la cárcel, intentando hacerle apostatar; pero el mártir proclamaba siempre su fe. Sufrió el martirio de la «horca y fosa» ya una primera vez los días 21-23 de agosto, llevándolo de nuevo a la cárcel para que apostatara. Nuevamente fue puesto en la «horca y fosa» el 6 de noviembre de 1637, cuando murió, junto con otros cristianos. Mostró gran fortaleza. Cuando lo llevaban al lugar del martirio, la colina de los mártires de Nagasaki, amordazado para que no predicara, no pudieron impedir que mostrara con gestos su adhesión a la fe.

Su nombre ha quedado ligado durante siglos a dos lugares ahora famosos (uno cerca de Nagasaki y otro en los montes), donde él atendía a los cristianos, desbaratando la búsqueda de los perseguidores. Su recuerdo y su martirio se conservaron durante siglos por parte de los cristianos ocultos.

fuente: «L`Osservatore Romano»
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Beata Cristina de Stommeln, virgen
n.: 1242 - †: 1321 - país: Alemania
canonización: Conf. Culto: Pío X 1908 (?)
hagiografía: Catholic Encyclopedia
Cerca de Colonia, en la Lotaringia, de Germania, beata Cristina de Stommeln, virgen, que superó las tentaciones del mundo viviendo en comunión con la pasión de Cristo.

Nació en Stommeln cerca de Colonia, en 1242 y murió el 6 de Noviembre de 1312. Stommeln -llamada en el siglo XIV Stumbeln- está situada a unos catorce kilómetros al noreste de Colonia.

El padre de Cristina era un acomodado campesino llamado Heinrich Bruso; el nombre de su madre era Hilla. Cuando tenía 5 años, Cristina tuvo visiones de Cristo niño con quien se desposó místicamente a sus diez años. Cuando cumplió los once aprendió a leer el salterio, pero no podía escribir. Cuando tenía doce años sus padres quisieron darla en matrimonio, pero ella se fue al convento de las Beguinas en Colonia, donde llevó una vida de severa penitencia, pasó mucho tiempo en oración, y en ocasiones caía en convulsiones.

A los quince años recibió los estigmas en sus manos y pies y la marca de la Corona de Espinas en su cabeza. Sufrió muchos asaltos del demonio, tuvo muchas pruebas a su fe y fue tentada al suicidio. Las Beguinas la consideraron loca y la trataron con desprecio, así que regresó a casa. En 1267 el cura parroquial, Johannes, recibió a Cristina en su casa, donde conoció a Pedro de Dacia, un Dominico de Gotland quien estuvo en Colonia como alumno de san Alberto el Grande. Un lazo místico de devoción, cuyo objeto era Dios, se formó entre los dos. Pedro visitó a Cristina en 1270 en su camino de Paris a Gotland, y nuevamente en 1279; En su relato menciona hasta quince visitas. El hermano de Cristina siguió a Pedro a Gotland y entró a la Orden Dominica. Pedro llegó a ser lector y en 1283 fue prior en Gotland, donde murió en 1288. Ese mismo año los tormentos que Cristina sufría por el demonio cesaron, y vivió una vida pacífica, usando siempre la vestimenta de las Beguinas, hasta su muerte. Su cuerpo fue enterrado primero en el patio de la iglesia en Stommeln y luego en la iglesia misma; en 1342 sus restos fueron llevados a Niedeggen en Eifel; dos siglos más tarde fueron trasladados a Jülich, donde aún existe un monumento dedicado a ella.

Es difícil decidir cuanta verdad literal existe en las visiones y apariciones del Purgatorio que tuvo Cristina. Pero ni aún Renan dudó de la pureza de su vida (Hist. litt. de la France, XXVII, 1-26). Su culto fue aprobado en 1908.

Reproducimos, con escasos cambios, la traducción de José Luis Fernández Arias en la versión castellana de la Catholic Encyclopedia, de un artículo original de Gabriel Meier (1908). El santoral de Ökumenisches Heiligenlexikon, habitualmente bien informado en este aspecto, indica que el culto fue aprobado en 1908, es decir, bajo el pontificado de San Pío X; por mi parte, no he podido encontrar en Acta Apostolicae Sedis ni en Acta Santae Sedis el decreto correspondiente.

fuente: Catholic Encyclopedia
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San Winoco, abad
†: 717 - país: Francia
otras formas del nombre: Winnoc, Winnow, Wunnoc, Vinoco
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
En la región Taruanense, de Austrasia, san Winoco, de origen bretón, que primero fue recibido por san Bertino en la comunidad de monjes de Sithiu, y después construyó el monasterio de Wormhoudt, que dirigió santamente como prior, trabajando mucho con sus propias manos.
patronazgo: patrono de los molineros.

Winnoc fue probablemente inglés. Era todavía joven, cuando visitó con otros compañeros el monasterio de San Pedro de Sithiu (Saint-Omer), que había sido fundado poco antes. El fervor de los monjes y la prudencia del abad impresionaron tanto a los cuatro jóvenes, que tomaron en ese mismo momento el hábito. El cronista del monasterio afirma que, al poco tiempo, Winnoc brillaba como la estrella matutina entre los ciento cincuenta monjes del monasterio.

Heremaro, un hombre que había abrazado poco antes la fe, pensó que convenía fundar un monasterio en la remota región donde habitaban los morinos para instruirlos y darles buen ejemplo, y con esa intención, regaló a san Bertino algunas tierras en Woemhout, cerca de Dunquerque. San Bertino envió a sus cuatro monjes ingleses a fundar el nuevo monasterio. San Winnoc y sus hermanos trabajaron incansablemente en la construcción de la iglesia, de las celdas, y de un hospital para los enfermos. El sitio se convirtió pronto en un importante centro misional. Se atribuían muchos milagros a san Winnoc, quien vivía entregado al servicio de sus hermanos y de sus vecinos paganos. Aun en su ancianidad, solía moler el grano para los pobres y él mismo accionaba el molino de mano, sin ayuda de nadie. Algunos, admirados de que el santo tuviese fuerzas para ejecutar ese trabajo sin descanso, se asomaron por una rendija, y vieron que el molino daba vueltas sin que Winnoc lo tocase. Naturalmente consideraron aquello como un milagro.

San Winnoc murió el 6 de noviembre del año 717, según una tradición que data del siglo XIV. El conde Balduino IV fundó y dotó en Bergues una abadía, la entregó a los monjes de Sithiu y la enriqueció con las reliquias de san Winnoc. Las tierras del monasterio de Wormhourt pasaron a poder de esa abadía. La población se llama actualmente Bergues-Saint-Winnoc, en el norte de Francia, casi en el límite con Bélgica. Aunque san Winnoc está apenas relacionado con la Gran Bretaña, su nombre figura en casi todos los calendarios locales de los siglos X y XI.

En Acta Sanctorum, nov., vol. III, hay tres biografías latinas de san Winnoc. La única importante es la primera, escrita tal vez en el siglo VIII, ya que las otras dos se basan en ella. Dicha biografía ha sido editada también por Levison, en Monumenta Germaniae Historica, Scriptores Merov, vol. V. Véase a Vander Essen en Elude critique sur les saints méroving, pp. 402 ss.; Flahault, Le culte de St Winnoc á Wormhout (1903) ; y Duine, Memento, p. 64. Según parece, San Winnoc es el titular de Saint Winnow de Cornwall. En una excelente monografía (1940), el canónigo Doble expone las razones que le mueven a pensar que San Winnoc era galés, que fundó la iglesia de Cornwall y que pasó más tarde a Sithiu por la Bretaña.
La imagen es del siglo XVIII, pintada en una puerta, antiguamente en el monasterio de Pforzner, actualmente en el museo Kaufbeurer.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Severo de Barcelona, obispo y mártir
†: c. s. VII - país: España
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
En Barcelona, ciudad de Hispania, san Severo, obispo, que, según la tradición, obtuvo la corona del martirio.
patronazgo: patrono de Barcelona

Ya hacia 1772 escribía Flórez en su monumental «España Sagrada»: «Muy controvertido anda todo lo que pertenece á San Severo : pues no solo discrepan los Autores sobre el tiempo, si fue el de los Gentiles, si de los Godos; si padeció por pública, ó particular persecución; si fue uno, si huvo dos, etc. sino que en nuestros dias ha salido a luz la novedad de que no huvo en Barcelona Obispo San Severo, pues el celebrado aquí solo fue Obispo en Ravena, mal creido de Barcelona» (pág 51 op.cit.bibl.).

Flórez descarta con mucho nervio la identificación entre el san Severo de Ravena (del 1 de febrero) y el de Barcelona, por la principal razón de que el de Barcelona ha sido desde siempre venerado como mártir, y los textos que a él se refieren lo mencionan siempre como mártir. Y es precisamente a esto a lo que se reduce la totalidad de lo que tenemos de histórico respecto de nuestro santo: hay un genuino culto antiguo que lo reconoce como obispo y mártir de Barcelona. El santo aparece mencionado en muchos listados de obispos, se veneran sus reliquias, tanto en san Cugat Del Vallés como en la catedral de Barcelona, adonde fueron trasladadas en la primera mitad del siglo XV, y se conservan diferentes redacciones de los oficios litúrgicos del santo.

Pero allí tenemos también el límite de lo que podemos decir sobre él: todo ese material (que es abundante), no va más atrás del siglo IX, acaso VIII, pero no más. Es verdad que la leyenda del santo nos habla de la época de Diocleciano; sin embargo, esa referencia, en un mártir, no deja de tener algo de convencional: al ser la persecución más conocida, cuando de alguno no se sabía la persecución, siempre quedaba el recurso a que hubiera sido «sub Diocletiano». Lo cierto es que nuestro santo es tan persistentemente venerado como mártir, como completamente desconocida es la persecución en la que pudo haber muerto. Y decir eso es decir que no sabemos en qué época vivió: si atendemos a las leyendas, inicios del siglo IV (Diocleciano), si atendemos a algunos listados episcopales, 354, pero no es ésa ya época de persecuciones, y además parece una fecha contaminada por la confusión entre el Severo de Barcelona y el de Ravena; y si, por fin, atendemos al tiempo en que aparecen las referencias históricas al santo, debemos confesar que no hay ningún motivo para situarlo más atrás del siglo VII, que es lo que hace la última edición del Martirologio al colocarlo tras Callinizo y los mártires del Jerusalén de la primera mitad del siglo VII.

Los oficios litúrgicos antiguos conocidos, y especialmente un himno de Vísperas que se conserva, hablan del martirio con clavos clavados en la sien, a veces se dice tres, aunque algunos han llegado a hablar de dieciocho. Según menciona Villanueva en su «Viage Literario» (t. XVIII, pág. 30), el entonces Arzobispo de Barcelona, Don Francisco Clemente Capera, manda en 1429 suprimir de los oficios la referencia a «dos o más clavos», y dejar sólo uno, así como a quitar del himno de Segundas Vísperas referido la comparación entre la pasión de Severo y la de Cristo. Lamentablemente, carecemos de más datos para hablar de las circunstancias concretas del martirio. Bien sabemos, de todos modos, que en aquellas épocas se aplicaba el nombre de mártir no sólo al que moría en defensa explícita de la fe, sino incluso a aquellos que morían en cumplimiento de una tarea que tuviera relación con ella, como es el caso de muchos obispos muertos por razones político-morales (porque hayan denunciado un abuso de poder u otros motivos semejantes) y que han pasado a la hagiografía como mártires, ya que la muerte se produjo como consecuencia de las exigencias de la fe, aunque ella no hubiera sido la causante directa. La falta de un marco claramente persecutorio en el tiempo y lugar de san Severo hace pensar en esta hipótesis.

Las leyendas abundan, naturalmente, en detalles, no por inverosímiles o simplemente fantásticos, menos transmitidos y repetidos. Citaremos una sección de la historia tradicional, sólo para que se entienda la iconografía del santo, vinculada, como suele ser, a los aspectos más legendarios de su vida y martirio:br>Al tener noticias [de la persecución] el santo obispo Severo juzgó que era conveniente ocultarse, y llegó al Castro Octaviano (el actual San Cugat). Al llegar san Severo a la entrada del lugar, vio a un hortelano, de nombre Medir o Emeterio, que estaba sembrando habas en su campo, y, reconociéndolo como cristiano, después de haberlo alentado a la constancia en la fe en medio de la persecución, le advirtió que, si venían en busca del obispo, les dijera claramente que había pasado por allí.
Entretanto, fueron los soldados en su busca, con la orden expresa y terminante de acabar con él. Llegaron, pues, a la entrada del Castro Octaviano, y se encontraron con el hortelano poco después de la conversación que con él había tenido Severo. Pero en ese breve intervalo, Dios había obrado un gran prodigio, pues las habas sembradas por el hortelano habían crecido rápidamente y estaban ya en flor. Al preguntarle, pues, los soldados si había visto al obispo Severo, respondióles que, en efecto, había pasado por allí. Pero, al insistir ellos sobre el tiempo en que esto había sucedido, repuso que cuando estaba sembrando las habas. Esta respuesta excitó la furia de los soldados, pues viendo las habas ya en flor, juzgaron que aquel hombre se burlaba de ellos. Así, pues, lo prendieron y se lo llevaron consigo al Castro Octaviano, donde poco después acompañó a su obispo en el martirio. La escena puede verse en el mural actual pintado en la iglesia de San Severo, en Barcelona, que reproducimos.

Para terminar, unos versos del himno de II Vísperas del siglo IX, del oficio del santo:

Tu cujus caput portavit
tunc coronam spineam,
sancto dedisti Severo
aureolam fulgidam,
et regnum caeli pro clavo
penetrante galeam.

Tú, cuya cabeza llevó
en aquel tiempo una corona de espinas,
diste a san Severo
una aureola reluciente,
y el reino de los cielos por un clavo,
que penetró en su cabeza.

Y no menos antigua, la oración colecta de la misa en su honor (Ritual membranaceo, en San Cugat del Vallés, siglo X):
Concédenos, Señor, a nosotros tus sievos, por este mártir tuyo, Severo, pontífice, que al presente descansa en la iglesia, por sus gloriosos méritos, que con su piadosa intercesión seamos protegidos de todas las adversidades. Por Cristo, nuestro Señor. Amén.

Ver Florez, España sagrada, Volumen XXIX, pág. 51 en adelante; Villanueva, Viage literario á las Iglesias de España, tomo XVIII, esp. pág 30 (pero hay referencias a la traslatio de las reliquias también en el tomo XVII). La leyenda puede leerse -más amplia que el fragmento que cité- en Año Cristiano, BAC, 2003, tomo XI, pág 130ss.

Abel Della Costa
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Santos Calinizo, Himerio, Teodoro y siete compañeros, mártires
†: 638 - país: Israel
canonización: pre-congregación
hagiografía: Florilegium Martyrologii Romani
En Jerusalén, santos mártires Calinizo, Himerio, Teodoro, Esteban, Pedro, Pablo, otro Teodoro, Juan, otro Juan y uno más cuyo nombre se desconoce, todos los cuales eran soldados en Gaza, y al ser ocupada la ciudad por los sarracenos fueron encarcelados, pero, animados por el obispo san Sofronio, confesaron a Cristo, y coronaron así su martirio por decapitación.

El 6 de noviembre del 638, en tiempo del emperador griego Heraclio en Constantinopla, tres años después de la conquista de Gaza por el comandante musulmán Ambrus, algunos meses después de la rendición de Jerusalén al califa Omar Ibn Al-Khattab de Damasco, fueron al martirio en Jerusalén 10 soldados cristianos y, del mismo grupo un mes después, 50 soldados cristianos en Gaza.

Los árabes musulmanes bajo el liderazgo de Omar, Califa de Damasco, comenzaron la conquista de la Tierra Santa en 634, en 635 capturaron, tras la batalla de Gaza, la ciudad costera y se enfrentaron al ejército cristiano en el año 636, en la batalla de Yarmuk; en la primavera del 638, luego de un corto asedio y sin derramamiento de sangre, fue entregada Jerusalén por el Patriarca Sofronio.

En la batalla de Gaza del 635, los soldados se habían rendido con la firma, por unos 60 miembros, de un documento donde se comprometían a dejar el libre paso a las tropas musulmanas. Sin embargo, esta capitulación ante el comandante de los árabes no fue mantenida por Ambrus, que ordenó a los 60 la inmediata apostasía del cristianismo, y el paso al Islam. Dado que se negaron, fueron separados de sus esposas, hijos y armas, encadenados y mantenidos en cautiverio. Después de treinta días fueron trasladados a Eleutheropolis (literalmente «Ciudad libre» o «de la libertad»), entonces una ciudad importante entre Gaza y Jerusalén, que había sido fundada hacia el 200 por Septimio Severo. Durante cinco meses los prisioneros fueron reclamados en repetidas ocasiones a la apostasía, y luego fueron llevados encadenados a Jerusalén.

El que había sido hasta entonces patriarca de Jerusalén, Sofronio, visita con frecuencia a los presos de noche y los alienta a perseverar en la fe. Después de diez meses el Emir de Jerusalén los pone de nuevo bajo las órdenes de Ambrus. Como advertencia del vigor de la orden de apostasía, toma diez soldados, entre ellos el oficial al mando Calinizo, y los ejecuta. La decapitación de los diez tuvo lugar el 6 de Noviembre del 638. Según la lista es evidente que pertenecían a dos grupos: los de los escitas y la de los voluntarios. Estos 10 mártires fueron enterrados en Jerusalén por el Patriarca Sofronio cerca de la tumba de san Esteban.

Treinta días después, el emir ordenó el envío a Gaza de los restantes 50. Y el 17 Diciembre del 638, hacia el mediodía, son asesinados por guerreros sarracenos. Los cristianos compraron luego los cuerpos, que fueron enterrados en Eleutheropolis, y se construyó sobre la fosa común una iglesia dedicada a la Santísima Trinidad. Estos son los 45 nombres que se conservan del grupo de los 50: Juan, Pablo, Juan, Pablo, Fotino, Zitas, Eugenio, Muselio, Juan, Esteban, Teodoro, Juan, Teodoro, hijo del precedente, Jorge, Teopento, Jorge, Sergio, Jorge, Teodoro, Ciríaco, Juan, Zitas, Filoxeno, Jorge, Juan y Jorge -todos de la cohorte de los Escitas-; Teodosio, Epifanio, Juan, Teodoro, Sergio, Jorge, Tomás, Esteban, Conón, Teodoro, Pablo, Juan, Jorge, Juan, Juan, Paulino, Cayumas, Abramio, Marmises y Marino -todos de la cohorte de los Voluntarios-.

Traducido y resumido para ETF del Florilegium Martyrologii Romani, de Klaus Martin Reichenbach, de la entrada correspondiente al nº2 del 17 de diciembre, con cita allí mismo de fuentes. La imagen corresponde en realidad a uno de los íconos dedicados a los soldados mártires de Sebaste.

fuente: Florilegium Martyrologii Romani
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San Leonardo, eremita
n.: c. 500 - †: c. 559 - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: Santi e Beati
En Noblac, cerca de Limoges, en Aquitania, san Leonardo, ermitaño.
patronazgo: patrono de los presos, también de los agricultores y ganaderos, cocheros, herreros, cerrajeros, fabricantes de cadenas, hebillas y similares, cargadores, comerciantes de frutas, los mineros, de los novios y las madres; protector de los caballos y establos, para todas las preocupaciones de los agricultores; invocado también para dolores de cabeza, enfermedades mentales y enfermedades de los niños.

La primera información sobre su existencia data del siglo XI, en las «historias» de Ademar de Chabannes, escrito alrededor de 1028, donde habla del traslado, en 1017, de sus reliquias. Pocos años después de 1030, se puso en circulación una anónima «Vita Sancti Leonardi», con la descripción de nueve milagros atribuidos a él. Según los estudiosos posteriores de la hagiografía esta 'Vita' es legendaria, pero sigue siendo el más antiguo testimonio, y aun es posible sacar datos de ella.

Leonardo nació en Galia en tiempos del emperador Anastasio I (491-518), sus padres eran nobles francos amigos del rey Clodoveo (481-511), que quiso ser el padrino en el bautismo. De joven se negó a alistarse en el ejército, como era costumbre en los nobles francos, y marchó de discípulo de san Remigio, arzobispo de Reims (438-530), el gran evangelizador de los francos, que había convertido y bautizado el rey Clodoveo. El santo obispo había obtenido del convertido rey el privilegio de poder exigir la liberación de presos, e incluso Leonardo, movido por el gran fervor de la caridad, solicitó y obtuvo el mismo favor, liberando así un gran número de desgraciados prisioneros, víctimas de las bárbaras guerras de aquellos tiempos.

Su fama de santidad se difundió mucho y Clodoveo le ofreció la dignidad de obispo, que Leonardo rechazó, retirándose como ermitaño, primero a San Maximino en Micy, luego a Limoges. Se cuenta que atravesando el bosque de Pavum, cerca de Limoges, donde se había establecido, lo llamaron para rescatar a la reina Clotilde, que acompañaba al rey Clodoveo en una cacería y que había sido sorprendida por los dolores de parto; Leonardo, con su oraciones, le consigue superar el dolor y dar a luz a un hermoso bebé. En agradecimiento Clodoveo le dio parte del bosque para construir un monasterio, que el propio Leonardo delimitó montado en un burro.

El santo ermitaño construyó un oratorio en honor de la Virgen, dedicando un altar a su maestro, san Remigio, muerto hacía tiempo en fama de santidad. Un pozo cavado por él, milagrosamente se llenó de agua y llamó al lugar «Nobiliacum» en memoria de la donación de Clodoveo, rey nobilísimo. Las regiones ya cristianizadas de Alemania, Aquitania, Inglaterra, se llenaron de noticias de la fama que rodeaba el santo ermitaño, de Micy a Orleans, acudían a Nobilac enfermos de todo tipo, que con sólo verlo quedaban curados; pero especialmente el santo libraba a los prisioneros de guerra (recuérdese que en esos siglos la detención se utilizaba para cobrar el rescate). Los prisioneros dondequiera que lo invocaran, podía ver que las cadenas se rompían, los candados se abrían, los guardias se distraían, y estos desgraciados recuperaban su libertad, y se apresuraban a darle las gracias, y muchos permanecían con él.

Algunos familiares del santo ermitaño se asentaron alrededor del monasterio con sus familias, dando a luz a un pueblo, que luego tomará su nombre. Murió en un año descvonocido, hacia mediados del siglo VI, pero después del 530, año de la muerte de su mentor, san Remigio. En el siglo XI, el culto comenzó a extenderse por Europa Central, se erigieron en su honor varios cientos de las iglesias y capillas, y su nombre se incluyó en la toponimia y el folclore. Fue especialmente venerado en la época de las cruzadas y cuenta entre sus devotos al príncipe Bohemundo de Antioquía (Bohemundo de Hauteville, 1050-1111, hijo de Roberto Guiscardo), hecho prisionero por los infieles en 1100 durante la Primera Cruzada, y liberado en 1103; él atribuyó su liberación a la invocación del santo, y cuando regresó a Europa donó, como exvoto, a la capilla de Saint-Léonard-de-Noblat unas cadenas de plata similares a las que lo habían atado.

En el arte se lo representa casi siempre con las cadenas, símbolo de su protección especial para los que están injustamente presos, y por ese motivo pictórico es también patrono de los fabricantes de cadenas, broches, hebillas, etc. Se lo invoca también para partos difíciles, dolores de cabeza y enfermedades de los niños.

Traducido y redactado para ETF a partir de un artículo de Antonio Borrelli. La imagen es de una vidriera dedicada al santo en la iglesia de la que es titular en Basel.

fuente: Santi e Beati
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San Iltuto, abad
†: c. 511 - país: Reino Unido (UK)
otras formas del nombre: Iltudo, Illtyd, Ulltyd, Iltud Farchog, Eltut, Hildutus
canonización: pre-congregación
hagiografía: Catholic Encyclopedia
En el monasterio de Llanilltud Fawr, en Cambria, que lleva su nombre, san Iltuto, abad, que fundó un cenobio, donde la fama de su santidad y eximia doctrina congregó gran número de discípulos.
refieren a este santo: San Brieuc, San Gildas «el Sabio», San Maglorio de Dol

Floreció en la última parte del siglo quinto e inicios del sexto, y recibió gran veneración en Gales, donde le fueron dedicadas muchas iglesias, sobre todo en Glamorganshire. Nacido en Armórica, sus padres eran Bicanys y Rieniguilida, hermana de Emyr Llydaw; era sobrino nieto de san Germán, obispo de Auxerre. De acuerdo con un relato, cruzó a Inglaterra y se unió a la corte del rey Arturo, y más tarde fue a Glamorgan, donde fue milagrosamente convertido por san Cadoc. Estos detalles, sin embargo, se basan en una vida tardía del santo (manuscrito Cottonian, Vesp. A XIV).

Se ha supuesto que fue ordenado por san Dubricio, obispo de Llandaff, y con la asistencia de Meirchon, un jefe de Glamorgan, construyó una iglesia y monasterio, que se convirtió en un centro de estudios, una de las tres grandes escuelas monásticas de la diócesis de Llandaff. Entre los alumnos que se reunieron allí estuvieron los santos0 Gildas, Sansón, y Maglorio, cuyas vidas, escritas hacia el 600 («Acta SS. Ordinis S. Benedicti», Venecia, 1733), constituyen la primera fuente de información sobre san Illtudo.

De acuerdo con ellas, su escuela estaba situada en una pequeña isla desierta, que, por su intercesión, se reunió milagrosamente con el continente, y fue conocida como Llantillyd Fawr, la forma galesa de Llantwit Major, Glamorganshire. La historia del milagro pudo haber sido inspirada por el hecho de que el santo era experto en la agricultura, y se supone que introdujo en Gales mejores métodos de labranza, que han ayudado a ganar terreno al mar. El legendario lugar de su sepultura se encuentra cerca de la capilla dedicada a él en Brecknockshire, y se llama Bedd Gwyl Illtyd, o «tumba de la víspera de san Illtudo», por la antigua costumbre de mantener allí una vigilia en la víspera de su fiesta, que se celebraba el 7 de febrero. Todavía puede verse en Llantwit Major una cruz, probablemente del siglo IX, con la inscripción: «Samson posuit hanc crucem pro anima eius Ilitet Samson regis Samuel Erisar».

Traducido para ETF de «St. Illtyd», de F.M. Rudge, en Catholic Encyclopedia, 1910. El nombre del santo tiene gran cantidad de variantes, de las que consignamos sólo las más comunes.

fuente: Catholic Encyclopedia
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San Melanio de Rennes, obispo
fecha en el calendario anterior: 6 de enero
†: c. 530 - país: Francia
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
En Rennes, de la Bretaña Menor, san Melanio, obispo, que pasó al encuentro del Señor en el lugar llamado Placio, a la vera del río Vicenon, donde él mismo, con sus propias manos, había construido una iglesia y congregado a monjes para el servicio de Dios.

Melanio nació en Placet, de la región bretona de Brain. En razón de que había servido a Dios con gran fervor en un monasterio, fue obligado por el clero y el pueblo de Rennes a aceptar la consagración episcopal, en cuanto murió el obispo san Amando. Al ocupar su cargo desempeñó un papel muy importante en la redacción de los cánones del sínodo de Orléans el año 511. Junto con los obispos Licinio de Tours y Eustoquio de Angers, san Melanio escribió una carta en la que reprendía a dos sacerdotes bretones llamados Lovocato y Catierno, que vagabundeaban de un sitio a otro. En la carta, escrita por todos ellos para dar mayor autoridad a su intervención, advierten a los destinatarios contra dos tipos de abusos: ante todo reprueban a los sacerdotes extranjeros e itinerantes que, con un altar portátil, van celebrando misa de casa en casa; el segundo abuso criticado es el empleo de mujeres, que son además conhospitae (cohabitan con el clero), durante la celebración de la eucaristía, considerando esta práctica de la participación de las mujeres en el ministerio como algo que se remonta al influjo de alguna herejía griega. Ya en nuestra época, se ha cuestionado que esa práctica provenga del influjo griego, y se ha propuesto más bien que fuera una influencia de la religión celta.

Las virtudes más características del santo eran la humildad y el espíritu de oración. Su biógrafo afirma que realizó numerosos milagros. El rey Clodoveo, después de su conversión, llegó a tenerle en alta estima. San Melanio murió antes del año 549, en un monasterio que había fundado en Placet. Fue sepultado en Rennes, donde su fiesta se celebra todavía. Antiguamente, se celebraba también en Mullion de Cornwall, en donde había suplantado a san Moliano como patrón de la ciudad.

Puede verse la biografía del santo en Acta Sanctorum, 6 de enero; Monumenta Germaniae Historica, Scríptores Merov, vol. III; Duchesne, Fastes Episcopaux, vol. II, pp. 340-341; sobre la hipótesis de la cuestión de las mujeres en el culto como resabio celta, N. Chadwick, «The Colonisation of Brittany from Celtic Britain» en Proceedings of the British Academy, 51 (1965) 235-299, en pág. 274; R. Gryson, Le ministere des femmes dans l'église ancienne (Gembloux 1972), 169. El presente artículo combina la noticia del Butler-Guinea, tomo IV, pág. 278, con la cuestión de la carta, en Di Berardino, Patrología, BAC, IV, pág. 376. La bibliografía también se ha compuesto combinando lo fundamental de los dos.
La imagen muestra el detalle dedicado a San Melanio en el fresco «La procesión de los santos de la diócesis de Rennes hacia la catedral de Rennes", de Alphonse Le Hénaff, pintado para la Catedral entre 1871 y 1876.

Abel Della Costa
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San Pablo de Constantinopla, obispo y mártir
fecha en el calendario anterior: 7 de junio
†: c. 350 - país: Turquía
canonización: pre-congregación
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Conmemoración de san Pablo, obispo de Constantinopla y mártir, a quien expulsaron muchas veces los arrianos por mantener la fe nicena y otras tantas volvió a su sede, pero, al fin, el emperador Constancio le relegó a Cucuso, pequeña población de Capadocia, donde, según la tradición, fue cruelmente estrangulado por insidias de los arrianos.

San Pablo era nativo de Tesalónica, pero desde su niñez fue secretario del obispo Alejandro, en Constantinopla. Era todavía muy joven cuando tenía el cargo de diácono en aquella iglesia, y el anciano jerarca, en su lecho de muerte (al parecer en el año 336), recomendó a Pablo como sucesor suyo. Los electores confirmaron la elección. En consecuencia, los más altos prelados ortodoxos consagraron obispo a san Pablo. Todo lo que prácticamente se sabe de él y de su vida es que su episcopado se vio sacudido por algunas tempestades causadas por los herejes arrianos, que habían apoyado la candidatura de un diácono de mayor edad llamado Macedonio. A instancia de los rebeldes, el emperador Constancio convocó a un concilio de obispos arrianos, quienes acabaron por deponer a Pablo. La sede vacante no fue ocupada por Macedonio, sino por el metropolitano Eusebio, de la vecina diócesis de Nicomedia. San Pablo se refugió en el Occidente y no pudo recuperar su sede hasta después de la muerte de su poderoso antagonista que, por otra parte, no tardó mucho en ocurrir.

El regreso del obispo Pablo a Constantinopla, fue recibido con regocijo popular. Los arrianos que aún se negaban a reconocerle, instalaron a un obispo rival en la persona del anciano Macedonio; muy pronto el conflicto estalló abiertamente, y las calles de la ciudad fueron el escenario de violentos tumultos. Constancio intentó restablecer el orden y ordenó a su general Hermógenes que expulsara a Pablo de Constantinopla. Pero el populacho, enfurecido ante la perspectiva de perder a su obispo, incendió la casa del general, lo atrapó cuando huía, lo asesinó y arrastró su cadáver por las calles. El ultraje hizo que el propio Constancio se presentase en la ciudad. Perdonó al pueblo, pero envió a san Pablo al exilio. Por otra parte, se negó a confirmar la elección de Macedonio, puesto que, lo mismo que la de su rival, había tenido lugar sin la sanción imperial.

Una vez más encontramos a san Pablo en Constantinopla en el año 344. Por entonces, Constancio accedió a restablecerlo en su puesto, por temor a incurrir en el descontento de su hermano Constante, quien se había aliado con el papa san Julio I para apoyar a Pablo. Pero al morir el emperador de Occidente, en 350, Constancio envió a Constantinopla al prefecto pretoriano Felipe, con instrucciones precisas para que expulsara a Pablo e instalase a Macedonio en su lugar. Para no correr una suerte tan trágica como la del general Hermógenes, el astuto Felipe recurrió a una estratagema. Invitó a san Pablo a encontrarse con él en los baños públicos de Zeuxippus y, mientras el pueblo, que sospechaba alguna mala jugada, se apiñaba frente al edificio, sacó a Pablo por una ventana posterior, sus hombres se apoderaron de él y lo embarcaron al instante. El infortunado obispo fue desterrado a Singara, en Mesopotamia; de ahí se le trasladó a la ciudad siria de Emesa y, por fin, a la de Cucusus, en Armenia (Cincuenta y cuatro años después, otro obispo de Constantinopla, san Juan Crisóstomo, fue exilado al mismo lugar). Ahí le dejaron encerrado en un siniestro calabozo durante seis días con sus noches, privado de alimento, y luego fue estrangulado. Éste, por lo menos, es el relato que hizo Filagrio, un funcionario que estaba de servicio en Cucusus por entonces.

La vida y los hechos de San Pablo I de Constantinopla, pertenecen a la historia eclesiástica en general. Sobre la vida privada de san Pablo como hombre y como pastor de almas, no sabemos casi nada, a pesar de que hay dos biografías griegas posteriores, impresas en Minge, PG. (ver Biblioteca Hagiográfica Griega, nn. 1472, 1473). Los bolandistas en Acta Sanctorum, junio, vol. II, reunieron todas las informaciones que pudieron encontrar en la antigua literatura cristiana. Su fiesta, que griegos, armenios, y ahora también la Iglesia latina, celebran el 6 de noviembre, está señalada para el 5 de octubre entre los coptos. Hay que señalar que el Hieronymianum conmemora a san Pablo y, de ahí pasó su nombre al «Félire» de Oengus.

fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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San Félix de Toniza, mártir
†: s. IV - país: África Septentrional
canonización: pre-congregación
hagiografía: Abel Della Costa
En Toniza, de Numidia, san Félix, mártir, del que habló san Agustín cuando, dirigiéndose al pueblo, dijo: «Verdaderamente feliz en el nombre y en la corona. Porque confesó y fue atormentado; y al otro día se encontró en la cárcel su cuerpo exánime».
San Agustín predicó el sermón sobre el salmo 127, que hoy tenemos coleccionado en sus «Ennarrationes in Psalmos», el día en que se celebraba la memoria de un mártir norafricano, tunecino, san Félix, cuya historia debía ser suficientemente conocida por el auditorio del gran predicador, ya que dice:

El mártir Félix, que fue verdaderamente feliz por el nombre y la corona, del que hoy celebramos la festividad, despreció el mundo. ¿Acaso temiendo al Señor era feliz, era bienaventurado porque su mujer era en la tierra fecunda como viña y sus hijos rodeaban su mesa? Todas estas cosas las tiene cumplidamente, pero en el Cuerpo de Aquel que aquí se describe; y porque así lo entendió él, despreció lo presente para recibir lo futuro. Sabéis, hermanos, que él no fue muerto como lo fueron otros mártires: Confesó, se le retrasó el tormento, y al día siguiente se halló su cuerpo exánime. Ellos habían cerrado la cárcel, encerrando el cuerpo, no el espíritu. Los verdugos se preparaban a torturar en ella a quien encontraron ausente. Perdieron su saña. Yacía exánime, sin sentido ante ellos, para que así no pudieran atormentarle, pero con sentido ante Dios para ser coronado. ¿Cómo hubiera, hermanos, recibido el galardón este feliz, no sólo en cuanto al nombre, sino también en cuanto al premio de la vida eterna, si hubiera amado estas cosas terrenas?

San Agustín está comentando el breve salmo, que actualmente numeramos como 128, donde se ensalza el temor del Señor y la bendición de un hogar fecundo como signos de la felicidad en Dios; sin embargo, nos dice el santo, todo eso, aunque es supuesto, es superado por la bienaventuranza de los mártires, capaces de despreciar incluso esa legítima felicidad para alcanzar una felicidad aun más duradera.

No tenemos otros datos sobre san Félix de Túnez. La referencia se halla en las Ennarrationes, salmo 127, nº 6 (la traducción citada es de Obras Completas BAC, tomo XXII, pág 366).

Abel Della Costa
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Mártires del siglo XX en España
país: España
hagiografía: El Testigo Fiel
En el aniversario de la beatificación en 2007 del grupo de 498 mártires de España en época de la Guerra Civil, se conmemoran litúrgicamente en esta fecha todos los mártires, santos y beatos, que dieron en España, en el siglo XX, su testimonio de fe.
oración:
Oh Dios, que enviaste a tu Hijo, para que muriendo y resucitando nos diese su Espíritu de amor.

Nuestros hermanos, mártires del siglo XX en España, mantuvieron su adhesión a Jesucristo de manera tan radical y plena que les permitiste derramar su sangre por Él.

Danos la gracia y la alegría de la conversión para asumir las exigencias de la fe; ayúdanos, por su intercesión, y por la de María, Reina de los mártires, a ser siempre artífices de reconciliación en la sociedad y a promover una viva comunión entre los miembros de tu Iglesia en España; enséñanos a comprometernos, con nuestros pastores, en la nueva evangelización haciendo de nuestras vidas testimonios eficaces del amor a Ti y a los hermanos.

Te lo pedimos por Jesucristo, el Testigo fiel y veraz, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Esta celebración es propia de la Iglesia española; por tratarse de una celebración de carácter exclusivamente local, figura al final de la lista del 6 de noviembre.

Aunque la fecha hace alusión a la beatificación realizada en Roma en 2007 de 498 mártires, litúrgicamente agrupa a todos los mártires de la misma persecución que no son celebrados en otra fecha, lo que hace que de los 1523 mártires elevados a los altares entre 1987 y 2013, la mayor parte (más de mil), sean conmemorados hoy.

Transcribimos la homilía del Card. Angelo Amato pronunciada en Tarragona el 13 de Octubre de 2013 con ocasión de la beatificación del último grupo de 522 mártires de diversas partes de España, en la que el Cardenal hace también un breve recuento de los distintos prcesos que se han realizado.

La información de este grupo está relacionada con otros grupos también reseñados en el Santoral: 13 Escolapios y 9 Operarios Diocesanos, 22 Mártires de los Hnos Hospitalarios en Paracuellos (1936), 23 mártires, grupo de Francisco Esteban Lacal y compañeros, 233 Mártires de la persecución religiosa en Valencia (1936), 26 mártires pasionistas de Daimiel, 51 Mártires claretianos de Barbastro (1936) y Mártires de la Orden de San Juan de Dios

Nota provisoria: se van realizando las incorporaciones individuales de mártires a sus respectivas fechas (es decir, a la de la muerte de cada uno de ellos), mientras tanto se coloca tras la homilía el listado de los 498 beatificados en Roma, y el de los 522 de Tarragona, ya que todavía la mayoría de ellos no estarán en otras partes del Santoral.

Homilía del Card. Amato, SDB

l. La Iglesia española celebra hoy la beatificación de quinientos veintidós hijos mártires, profetas desarmados de la caridad de Cristo. Es un extraordinario evento de gracia, que quita toda tristeza y llena de júbilo a la comunidad cristiana. Hoy recordamos con gratitud su sacrificio, que es la manifestación concreta de la civilización del amor predicada por Jesús: «Ahora -dice el libro del Apocalipsis de San Juan- se cumple la salvación, la fuerza y el reino de nuestro Dios y la potencia de su Cristo» (Ap 12, 10). Los mártires no se han avergonzado del Evangelio, sino que han permanecido fieles a Cristo, que dice: «Si alguno quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Quien quiera salvar la propia vida, la perderá, pero quien pierda la propia vida por mí, la salvará» (Lc 9, 23-24). Sepultados con Cristo en la muerte, con Él viven por la fe en la fuerza de Dios (cf. Col 2, 12).

España es una tierra bendecida por la sangre de los mártires. Si nos limitamos a los testigos heroicos de la fe, víctimas de la persecución religiosa de los años 30 del siglo pasado, la Iglesia en catorce distintas ceremonias ha beatificado más de mil. La primera, en 1987, fue la beatificación de tres Carmelitas descalzas de Guadalajara. Entre las ceremonias más numerosas recordamos la del 11 de marzo de 2001, con doscientos treinta y tres mártires; la del 28 de octubre de 2007, con cuatrocientos noventa y ocho mártires, entre los cuales los obispos de Ciudad Real y de Cuenca; y la celebrada en la catedral de la Almudena de Madrid, el 17 de diciembre de 2011, con veintitrés testigos de la fe.

Hoy, aquí en Tarragona, el Papa Francisco beatifica quinientos veintidós mártires, que «vertieron su sangre para dar testimonio del Señor Jesús» (Carta Apostólica). Es la ceremonia de beatificación más grande que ha habido en tierra española. Este último grupo incluye tres obispos: ­Manuel Basulto Jiménez, obispo de Jaén; Salvio Huix Miralpeix, obispo de Lleida y Manuel Borrás Ferré, obispo auxiliar de Tarragona, y además numerosos sacerdotes, seminaristas, consagrados y consagradas, jóvenes y ancianos, padres y madres de familia. Son todos víctimas inocentes que soportaron cárceles, torturas, procesos injustos, humillaciones y suplicios indescriptibles. Es un ejército inmenso de bautizados que, con el vestido blanco de la caridad, siguieron a Cristo hasta el Calvario para resucitar con Él en la gloria de la Jerusalén celestial.

2. En el periodo oscuro de la hostilidad anticatólica de los años 30, vuestra noble nación fue envuelta en la niebla diabólica de una ideología que anuló a millares y millares de ciudadanos pacíficos, incendiando iglesias y símbolos religiosos, cerrando conventos y escuelas católicas, detruyendo parte de vuestro precioso patrimonio artístico. El Papa Pío XI, con la encíclica Dilectissima nobis, del 3 de junio de 1933, denunció enérgicamente esta libertina política antirreligiosa.

Recordemos de antemano que los mártires no fueron caídos de la guerra civil, sino víctimas de una radical persecución religiosa, que se proponía el exterminio programado de la Iglesia. Estos hermanos y hermanas nuestros no eran combatientes, no tenían armas, no se encontraban en el frente, no apoyaban a ningún partido, no eran provocadores. Eran hombres y mujeres pacíficos. Fueron matados por odio a la fe, solo porque eran católicos, porque eran sacerdotes, porque eran seminaristas, porque eran religiosos, porque eran religiosas, porque creían en Dios, porque tenían a Jesús como único tesoro, más querido que la propia vida. No odiaban a nadie, amaban a todos, hacían el bien a todos. Su apostolado era la catequesis en las parroquias, la enseñanza en las escuelas, el cuidado de los enfermos, la caridad con los pobres, la asistencia a los ancianos y a los marginados. A la atrocidad de los perseguidores, no respondieron con la rebelión o con las armas, sino con la mansedumbre de los fuertes.

En aquel periodo, mientras se encontraba en el exilio, Don Luigi Sturzo, diplomático y sacerdote católico italiano, en un artículo de 1933, publicado en el periódico El Matì de Barcelona, escribía con intuición profética que las modernas ideologías son verdaderas religiones idolátricas, que exigen altares y víctimas, sobre todo víctimas, miles, e incluso millones. Y añadía que el aumento aberrante de la violencia hacía que las víctimas fueran con mucho más numerosas que en las antiguas persecuciones romanas.(1)

3. Queridos hermanos, ante la respuesta valiente y unánime de estos mártires, sobre todo de muchísimos sacerdotes y seminaristas, me he preguntado muchas veces: ¿cómo se explica su fuerza sobrehumana de preferir la muerte antes que renegar la propia fe en Dios? Además de la eficacia de la gracia divina, la respuesta hay que buscarla en una buena preparación al sacerdocio. En los años previos a la persecución, en los seminarios y en las casas de formación los jóvenes eran informados claramente sobre el peligro mortal en el que se encontraban. Eran preparados espiritualmente para afrontar incluso la muerte por su vocación. Era una verdadera pedagogía martirial, que hizo a los jóvenes fuertes e incluso gozosos en su testimonio supremo.

4. Ahora planteémonos una pregunta: ¿por qué la Iglesia beatifica a estos mártires? La respuesta es sencilla: la Iglesia no quiere olvidar a estos sus hijos valientes. La Iglesia los honra con culto público, para que su intercesión obtenga del Señor una lluvia beneficiosa de gracias espirituales y temporales en toda España. La Iglesia, casa del perdón, no busca culpables. Quiere glorificar a estos testigos heroicos del evangelio de la caridad, porque merecen admiración e imitación.

La celebración de hoy quiere una vez más gritar fuertemente al mundo, que la humanidad necesita paz, fraternidad, concordia. Nada puede justificar la guerra, el odio fratricida, la muerte del prójimo. Con su caridad, los mártires se opusieron al furor del mal, como un potente muro se opone a la violencia monstruosa de un tsunami. Con su mansedumbre los mártires desactivaron las armas homicidas de los tiranos y de los verdugos, venciendo al mal con el bien. Ellos son los profetas siempre actuales de la paz en la tierra.

5. y ahora una segunda pregunta: ¿por qué la beatificación de los mártires de muchas diócesis españolas adviene aquí en Tarragona?

Hay dos motivos. Ante todo el grupo más numeroso de los mártires es el de esta antiquísima diócesis española, con ciento cuarenta y siete mártires, incluido el obispo auxiliar Manuel Borrás Ferré y los jóvenes seminaristas Joan Montpeó Masip, de veinte años, y Josep Gassol Montseny de veintidós.

El segundo motivo nos viene del hecho de que, en los pnmeros siglos cristianos, aquí en Tarragona, ecclesia Pauli, sedes Fructuosi, patria martyrum, tuvo lugar el martirio del obispo Fructuoso y de sus dos diáconos, Augurio y Eulogio, quemados vivos en el 259 d.C. en el anfiteatro romano de la ciudad.

Recordemos brevemente el martirio de estos dos primeros testigos tarraconenses, porque repropone la dinámica esencial de toda persecución, que, por una parte, muestra la arbitrariedad de las acusaciones y la atrocidad de las torturas, y, por otra, la fortaleza sobrehumana de los mártires en el aceptar la pasión y la muerte con serenidad y con el perdón en los labios.

Tarragona, sede de una floreciente comunidad cristiana, en el siglo III d.C. fue objeto de una violenta persecución, por obra del emperador Valeriano. Fueron víctimas de ella el obispo Fructuoso y los diáconos Augurio y Eulogio. De su martirio tenemos las Actas, que nos transmiten los protocolos notariales del proceso, del interrogatorio, de las respuestas, de la condena y de la ejecución(2). La captura de Fructuoso y de sus diáconos tuvo lugar la mañana del domingo del 16 de enero del 259. Llevado a la cárcel, Fructuoso rezaba continuamente y daba gracias al Señor por la gracia del martirio. Además, también allí continuó su obra de pastor y de evangelizador, confortando a los fieles, bautizando y proclamando el Evangelio a los paganos. Después de algunos días, el 21 de enero, los tres fueron convocados por el cónsul Emiliano para el interrogatorio. Fructuoso y los dos diáconos se negaron a ofrecer sacrificios a los ídolos, reafirmando su fidelidad a Cristo. Los tres fueron entonces condenados a ser quemados vivos. Llevados al anfiteatro, el santo Obispo gritó con fuerza que la Iglesia no quedaría nunca sin pastor y que Dios mantendría la promesa de protegerla en el futuro.

6. ¿Qué mensaje nos ofrecen los mártires antiguos y modernos? Nos dejan un doble mensaje. Ante todo nos invitan a perdonar. El Papa Francisco recientemente nos ha recordado que «el gozo de Dios es perdonar!… Aquí está todo el Evangelio, todo el Cristianismo! No es sentimiento, no es “buenismo”! Al contrario, la misericordia es la verdadera fuerza que puede salvar al hombre y al mundo del “cáncer” que es el pecado, el mal moral, el mal espiritual. Sólo el amor colma los vacíos, la vorágine negativa que el mal abre en el corazón y en la historia. Sólo el amor puede hacer esto, y este es el gozo de Dios!»(3)

Estamos llamados pues al gozo del perdón, a eliminar de la mente y del corazón la tristeza del rencor y del odio. Jesús decía «Sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro Padre celestial» (Lc 6, 36). Conviene hacer un examen concreto, ahora, sobre nuestra voluntad de perdón. El Papa Francisco sugiere: «Cada uno piense en una persona con la que no esté bien, con la que se haya enfadado, a la que no quiera. Pensemos en esa persona y en silencio, en este momento, recemos por esta persona y seamos misericordiosos con esta persona».(4)

La celebración de hoy sea pues la fiesta de la reconciliación, del perdón dado y recibido, el triunfo del Señor de la paz.

7. De aquí surge un segundo mensaje: el de la conversión del corazón a la bondad y a la misericordia. Todos estamos invitados a convertirnos al bien, no sólo quien se declara cristiano sino también quien no lo es. La Iglesia invita también a los perseguidores a no temer la conversión, a no tener miedo del bien, a rechazar el mal. El Señor es padre bueno que perdona y acoge con los brazos abiertos a sus hijos alejados por los caminos del mal y del pecado.

Todos -buenos y malos- necesitamos la conversión. Todos estamos llamados a convertirnos a la paz, a la fraternidad, al respeto de la libertad del otro, a la serenidad en las relaciones humanas. Así han actuado nuestros mártires, así han obrado los santos, que -como dice el Papa Francisco- ­siguen «el camino de la conversión, el camino de la humildad, del amor, del corazón, el camino de la belleza».(5)

Es un mensaje que concierne sobre todo a los jóvenes, llamados a vivir con fidelidad y gozo la vida cristiana. Pero hay que ir contra corriente: «Ir contra corriente hace bien al corazón, pero es necesario el coraje y Jesús nos da este coraje! No hay dificultades, tribulaciones, incomprensiones que den miedo si permanecemos unidos a Dios como los sarmientos están unidos a la vid, si no perdemos la amistad con Él, si le damos cada vez más espacio en nuestra vida. Esto sucede sobretodo si nos sentimos pobres, débiles, pecadores, porque Dios da fuerza a nuestra debilidad, riqueza a nuestra pobreza, conversión y perdón a nuestro pecado.»(6)

Así se han comportado los mártires, jóvenes y ancianos, Sí, también jóvenes como, por ejemplo, los seminaristas de las diócesis de Tarragona y de Jaén y el laico de veintiún años, de la diócesis de Jaén. No han tenido miedo de la muerte, porque su mirada estaba proyectada hacia el cielo, hacia el gozo de la eternidad sin fin en la caridad de Dios. Si les faltó la misericordia de los hombres, estuvo presente y sobreabundante la misericordia de Dios.

Perdón y conversión son los dones que los mártires nos hacen a todos. El perdón lleva la paz a los corazones, la conversión crea fraternidad con los demás.

Nuestros Mártires, mensajeros de la vida y no de la muerte, sean nuestros intercesores por una existencia de paz y fraternidad. Será este el fruto precioso de esta celebración en el año de la fe.

María, Regina Martyrum, siga siendo la potente Auxiliadora de los cristianos.

Amén.
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Notas:
1 Luigi Sturzo, Miscellanea londinese, vol. Il, Anni 1931-1933, Bologna 1967, p. 286. El artículo fue publicado en El Mati de Barcelona, el 19 de dicembre de 1933.
2 Véase el opúsculo, muy bien documentado, de Pedro Battle Y Huguet, Santos Fructuoso Obispo de Tarragona y Augurio y Eulogio diáconos. Las Actas de su Martirio, Tarragona 1959. Estas Actas fueron conocidas incluso fuera de la iglesia tarraconense; por ejemplo, el poeta español Aurelio Prudencio, hizo una transcripción detallada y fiel en el himno VI de su Peri Stephanon o Libro de las Coronas. El mismo san Agustín, en el sermón en el día de la fiesta de estos santos, comenta el texto.
3 Papa Francisco, Angelus del 15 de septiembre de 2013.
4 Ib.
5 Papa Francisco, Meditación del 19 de abril de 2013.
6 Papa Francisco, Homilía del 28 de abril de 2013.

Listas de los mártires:
Los 498 mártires beatificados en 2007:

Obispos: Cruz Laplana y Laguna, Narciso de Estenaga y Echevarria

Presbíteros diocesanos: Agrícola Rodríguez García de los Huertos, Bartolomé Rodríguez Soria, Domingo Sánchez Lázaro, Enrique Vidaurreta Palma, Félix González Bustos, Fernando Español Berdié, Fortunato Arias Sánchez, Francisco López-Gasco Fernández-Largo, Joaquín de la Madrid Arespacochaga, José María Cánovas Martínez, José Polo Benito, Julio Melgar Salgado, Justino Alarcón Vera, Justo Arévalo Mora, Liberio González Nombela, Mamerto Carchano Carchano, Miguel Beato Sánchez, Pedro Buitrago Morales, Ricardo Pla Espí, Rigoberto Aquilino de Anta y de Barrio, Saturnino Ortega Montealegre, Miguel Abdón Senén Díaz Sánchez, Juan Duarte Martín (Diácono)

Misioneros de los SS Corazones: Francesc Mayol Oliver, Miquel Pons Ramis, Pau Noguera Trías, Simò Reynés Solivellas

Carmelitas Descalzos: Alfonso Arimany Ferrer (Alfonso del Sagrado Corazón de María), Antonio Bonet Seró (Antonio María de Jesús), Antonio Bosch Verdura (Jorge de San José), Clemente López Yagüe (Clemente de los Sagrados Corazones), Daniel Mora Nine (Daniel de la Sagrada Pasión), Esteban Cuevas Casquero (Eliseo de Jesús Crucificado), Eufrasio Barredo Fernández (Eufrasio del Niño Jesús), Gregorio Sánchez Sancho (Tirso de Jesús María), Jaime Balcells Grau (Gabriel de la Anunciación), Jaime Gascón Bordas (Jaime de Santa Teresa), José Casas Juliá (Joaquín de San José), José Grijalvo Medel (Ramón de la Virgen del Carmen), José Guillamí Rodó (Romualdo de Santa Catalina), José Luis Collado Oliver (Plácido del Niño Jesús), José María Masip Tamarit (Marcelo de Santa Ana), José Mata Luis (Constancio de San José), José Tristany Pujol (Lucas de San José), Juan Páfila Monlláo (Juan José de Jesús Crucificado), Luis Gómez de Pablo (Félix de la Virgen del Carmen), Luis Minguell Ferrer (Luis María de la Virgen de la Merced), Mariano Alarcón Ruiz (José Mariano de los Ángeles), Melchor Martín Monge (Melchor del Niño Jesús), Nazario Del Valle González (Nazario del Sagrado Corazón), Ovidio Fernández Arenillas (Eusebio del Niño Jesús), Pedro de Alcántara Fortón y de Cascajares (Pedro Tomás de la Virgen del Pilar), Pedro Jiménez Vallejo (Pedro José de los Sagrados Corazones de Jesús y María), Pedro Ramón Rodríguez Calle (Hermilo de San Eliseo), Perfecto Domínguez Monge (Perfecto de la Virgen del Carmen), Ricardo Farré Masip (Eduardo del Niño Jesús), Tomás Mateos Sánchez (José Agustín del Santísimo Sacramento), Vicente Álamo Jiménez (José María de la Virgen Dolorosa)

Carmelitas de la Antigua Observancia: Ángel María Prat Hostench (Ángel María), Ángel Presta Batlle (Ángel María), Antonio Ayet Canós (Ludovico María), Eliseo María Maneus Besalduch (Eliseo María), Fernando María Llovera Puigsech (Fernando María), Gabriel Escoto Ruiz (José María), Ginés Garre Egea (Elías María), José Luis Raga Nadal (EufrosinoMaría), José Solé Rovira (Andrés Corsino María), Juan María Puigmitjá Rubió (Juan María), Juan Prat Colldecarrera (Pedro Tomás María), Luis Fontdecava Quiroga (Eliseo María), Manuel Serrano Buj (Eduardo María), María de Puiggraciós Josefa Francisca Badía Flaquer (María del Patrocinio de San José), Miguel María Soler Sala (Miguel María), Pedro Dorca Coromina (Anastasio María), Pedro Ferrer Marín (Pedro María)

Orden de Hermanos Menores Franciscanos: Alfonso Sánchez Hernández-Ranera, Anastasio González Rodríguez, Andrés MajadasMálaga, Ángel Remigio Hernández-Ranera de Diego (Ángel), Antonio RodrigoAntón, Benigno Prieto del Pozo, Catalina Caldés Socías (Catalina del Carmen), Domingo Alonso de Frutos, Federico Herrera Bermejo, Félix Echevarría Gorostiaga, Felix Gómez-Pinto Piñero, Felix Maroto Moreno, Francisco Carlés González (Francisco Jesús), José Álvarez Rodríguez, José De VegaPedraza, José Mariano Azurmendi de Larrínaga Mugarza (José María), Julián Navío Colado, León Zarragua Iturrízaga (Miguel), Luis Echevarría Gorostiaga, Marcelino Ovejero Gómez, Martín Lozano Tello, Miquela Rullàn Ribot (Miquela del Sacramento), Perfecto Carrascosa Santos (Perfecto del Santísimo Sacramento), Ramón TejadoLibrado, Ruperto Sáez de Ibarra López de Arcaute (Antonio), Santiago Maté Calzada, Saturnino Río Rojo, Simón Miguel Rodríguez, Valentín Díez Serna, Vicente MajadasMálaga, Víctor Chumillas Fernández

Dominicos: Abilio Sáiz López, Abraham Furones Furones (Luis), Adelfa Soro Bó (Adelfa Soro de Nuestra Señora del Rosario), Alfredo Fanjul Acebal, Amado Cubeñas Diego-Madrazo, Antonia Adrover Martí (María Rosa), Antonio Varona Ortega, Bernardino Irurzun Otermín, Buenaventura García Paredes, Buenaventura Sauleda Paulís (Josefina), Celestino José Alonso Villar, Cipriano Alguacil Torredenaida, Cristóbal Iturriaga-Echevarría Irazoia, Eduardo González Santo Domingo, Eleuterio Marne Mansilla, Eliseo Miguel Largo, Enrique Cañal Gómez, Enrique Izquierdo Palacios, Estanislao García Obeso, Eugenio Andrés Amo, Felix Alonso Muñiz, Francisco Fernández Escosura, Germán Caballero Atienza, Gregorio Díez Pérez, Higinio Roldán Iriberri, Inocencio García Díez, Isabelino Carmona Fernández, Isidro Ordóñez Díez, Jacinto García Riesco, Jesús Villaverde Andrés, José Delgado Pérez, José Gafo Muñiz, José Luis Palacio Muñiz, José Manuel Julián Mauro Gutiérrez Ceballos (Manuel), José María García Tabar, José María Laguía Puerto, José María López Carrillo, José María López Tascón, José María Palacio Montes, José Menéndez García, José Prieto Fuentes, José Santoja Pinsach, Juan Crespo Calleja, Juan Herrero Arroyo, Juan Mendibelzúa Ocerín, Juan Peña Ruiz (Vicente), Leoncio Arce Urrutia, Luciano Hernández Ramírez (Reginaldo), Manuel Álvarez Álvarez, Manuel Moreno Martínez, Manuel Santiago Santiago, María del Carmen Zaragoza y Zaragoza, Maximino Fernández Marinas, Miguel Menéndez García, Miguel Rodríguez González, Nicasio Romo Rubio, Otilia Alonso González (Otilia Alonso de Santa Rosa de Lima), Pedro Ibañez Alonso, Pedro Luis Luis, Ramona Fossas Románs (Ramona Fossas de Santo Domingo de Guzmán), Ramona Perramón Vila (Ramona Perramón del Dulce ombre de María), Reginalda Picas Planas, Rosa Jutglar Gallart, Santiago Franco Mayo, Santiago Vega Ponce (Pedro), Teófilo Montes Calvo, Teresa Prats Martí (Teresa Prats de San Vicente Ferrer), Vicente Álvarez Cienfuegos, Vicente Rodríguez Fernández, Víctor García Ceballos, Victoriano Santos Ibáñez Alonso (Victoriano), Vidal Luis Gómara

Agustinos: Agustín Renedo Martino, Alfredo Fernando Fariña Castro (José Agustín), Anastasio Díez García, Ángel Pérez Santos, Antolín Astorga Díez, Antonio María Arriaga Anduiza, Arturo García de la Fuente, Avelino Blas Rodríguez Alonso (Avelino), Balbino Villarroel Villarroel, Benito Alcalde González, Benito Garnelo Álvarez, Benito Rodríguez González, Benito Velasco Velasco, Bernardino Álvarez Melcón, Bernardino Calle Franco, Cipriano Polo García, Claudio Julián García San Román, Conrado Rodríguez Gutiérrez, Constantino Malumbres Francés, Dámaso Arconada Merino, Diego Hompanera París, Dionisio Terceño Vicente, Emilio Camino Noval, Enrique Bernardino Francisco Serra Chorro, Epifanio Gómez Álvaro, Esteban García Suárez, Eugenio Cernuda Febrero, Felipe Barba Chamorro, Florencio Alonso Ruiz, Fortunato Merino Vegas, Francisco Fuente Puebla, Francisco Marcos del Río, Froilán Lanero Villadangos, Gabino Olaso Zabala, Gerardo Gil Leal, Gerardo Pascual Mata, Heliodoro Merino Merino, Isidro Mediavilla Campo, Jacinto Martínez Ayuela, Jesús Largo Manrique, Joaquín García Ferrero, José Antonio Pérez García, José Aurelio Calleja del Hierro, José Dalmau Regás, José Gando Uña, José Gutiérrez Arranz, José Joaquín Esnaola Urteaga, José López Piteira, José Noriega González, José Peque Iglesias, Juan Baldajos Pérez, Juan Monedero Fernández, Juan Pérez Rodríguez, Juan Sánchez Sánchez, Julián Zarco Cuevas, Julio Marcos Rodríguez, Julio María Fincias, Leoncio Lope García, Lorenzo Arribas Palacio, Luciano Ramos Villafruela, Lucinio Ruiz Valtierra, Luis Abia Melendro, Luis Blanco Álvarez, Luis Gutiérrez Calvo, Luis Suárez-Valdés Díaz de Miranda, Macario Sánchez López, Manuel Álvarez Rego de Seves, Manuel Formigo Giráldez, Marcos Guerrero Prieto, Marcos Pérez Andrés, Mariano Revilla Rico, Matías Espeso Cuevas, Máximo Valle García, Melchor Martínez Antuña, Miguel Cerezal Calvo, Miguel Iturrarán Laucirica, Miguel Sanromán Fernández, Nemesio Díez Fernández, Nemesio García Rubio, Nicolás de Mier Francisco, Pedro Alonso Fernández, Pedro de la Varga Delgado, Pedro José Carvajal Pereda, Pedro Martínez Ramos, Pedro Simón Ferrero, Primitivo Sandín Miñambres, Ramiro Alonso López, Ricardo Marcos Reguero, Román Martín Mata, Sabino Rodrigo Fierro, Samuel Pajares García, Senén García González, Severiano Montes Fernández, Tomás Sánchez López, Ubaldo Revilla Rodríguez, Víctor Cuesta Villalba, Víctor Gaitero González, Vidal Ruiz Vallejo

Trinitarios: José Vicente Ormaechea y Apoitia (José de Jesús y María), Juan Francisco Joya y Corralero (Juan de La Virgen de Castellar), Juan Otazuay Madariaga (Juan de Jesús y María), Luis de Erdoiza y Zamallora (Luis de San Miguel de los Santos), María Francisca Espejo y Martos (Francisca de la Encarnación), Melchor Rodríguez Villastrigo (Melchor del Espíritu Santo), Prudencio Gueréquiz y Guezuraga (Prudencio de la Cruz), Santiago AltolaguirreAltolaguirre (Mariano de San José), Santiago Arriaga y Arrien (Santiago de Jesús), Segundo García Cabezas (Segundo de Santa Teresa)

Salesianos de Don Bosco: Anastasio Garzón González, Andrés Gómez Sáez, Andrés Jiménez Galera, Antonio Cid Rodríguez, Antonio Dionisio Torrero Luque, Antonio Enrique Canut Isús, Antonio Mohedano Larriva, Antonio Pancorbo López, Antonio Rodríguez Blanco, Antonio Tomás Fernández Camacho, Carmelo Pérez Rodríguez, Dionisio Ullívarri Barajuán, Emilio Arce Díez, Enrique Sáiz Aparicio, Esteban Cobo Sanz, Esteban García García, Esteban Vázquez Alonso, Federico Cobo Sanz, Félix González Tejedor, Félix Paco Escartín, Florencio Rodríguez Güemes, Francisco Edreira Mosquera, Francisco José Martín López de Arroyave, Francisco Míguez Fernández, Germán Martín Martín, Heliodoro Ramos García, Higinio De Mata Díez, Honorio Hernández Martín, José Blanco Salgado, José Limón Limón, José María Celaya Badiola, José Villanova Tormo, Juan Codera Marqués, Juan Lorenzo Larragueta Garay, Juan Luis Hernández Medina, Justo Juanes Santos, Luis Martínez Alvarellos, Manuel Borrajo Míguez, Manuel Fernández Ferro, Manuel Gómez Contioso, Manuel Martín Pérez, Mateo Garolera Masferrer, Miguel Lasaga Carazo, Miguel Pascual Molina de la Torre, Nicolás de la Torre Merino, Pablo Caballero López, Pablo Gracia Sánchez, Pascual De Castro Herrera, Pedro Artolozaga Mellique, Pío Conde Conde, Rafael Rodríguez Mesa, Ramón Eirín Mayo, Sabino Hernández Laso, Salvador Fernández Pérez, Teódulo González Fernández, Tomás Alonso Sanjuán, Tomás Gil de la Cal, Valentín Gil Arribas, Victoriano Fernández Reinoso, Virgilio Edreira Mosquera

Marianistas: Florencio Arnáiz Cejudo, Joaquín Ochoa Salazar, Miguel Léibar Garay, Sabino Ayastuy Errasti

Congregacion de Religiosas Adoratrices: Aúrea González Fernández (Herlinda), Belarmina Pérez Martínez (Belarmina de Jesús), Concepción Iglesias del Campo (Cecilia), Concepción Vázquez Áreas (Ruperta), Dionisia Rodríguez de Anta (Sulpicia del Buen Pastor), Emilia Echeverría Fernández (Máxima de San José), Felipa Gutiérrez Garay (Felipa), Josefa Boix Riera (Josefa de Jesús), Juana Francisca Pérez de Labeaga García (Blasa de María), Lucía González García (Lucila María de Jesús), Luisa Pérez Adriá (Luisa de la Eucaristía), Magdalena Pérez (Magdalena), Manuela Arriola Uranga (Manuela del Sagrado Corazón), María Dolores Hernández Santorcuato (María Dolores de la Santísima Trinidad), María Dolores Monzón Rosales (María Dolores de Jesús Sacrificado), María García Ferreiro (María de la Presentación), María Prima Ipiña Malzárraga (María Prima de Jesús), María Zenona Aranzábal Barrutia (Borja de Jesús), Mercedes Tuní Ustech (Ángeles), Purificación Martínez Vera (Purificación de María), Rosa López Brochier (Rosaura de María), Sinforosa Díaz Fernández (Sinforosa de la Sagrada Familia), Teresa Vives y Missé (Casta de Jesús)

Carmelitas de la Caridad de Verdruna: Apolonia Lizárraga y Ochoa deZabalegui (Apolonia del Santísimo Sacramento)

Congregación de la Misión. Paúles: Francisca Pons Sardá (Gabriela de San Juan de la Cruz), María Roqueta Serra (María del Refugio de San Angelo), Teresa Subirá Sanjaume (Esperanza de la Cruz), Vicenta Achurra Gogenola (Daniela de San Bernabé)

Hijos del Inmaculado Corazón de María. Claretianos: Carmen Fradera Ferragut, Magdalena Fradera Ferragut, Rosa Fradera Ferragut (Rosa de Jesús)

Hermanos Maristas: Ángel Roba Osorno (Licarión), Aniceto Falgueras Casellas (Anselmo), Antonio Badía Andalé (Hermógenes), Antonio Roig (Antolín), Carlos Brengaret Pujol (Carlos Rafael), Feliciano Ayúcar Eraso (Ramón Alberto), Felipe Ruiz Peña (Gil Felipe), Félix Ayúcar Eraso (Félix León), Fermín Latienda Azpilicueta (Felipe José), Fernando Suñer Estrach (Epifanio), Florentino Redondo Insausti (Leopoldo José), Fortunato Ruiz Peña (Fortunato Andrés), Gregorio Faci Molins (José Carmelo), Isidro Serrano Fabón (Martiniano), Jaime Morella Bruguera (Jaime Ramón), Jerónimo Messegué Ribera (Leónides), Jesús Menchón Franco (Juan de Mata), José Ambrós Dejuán (Víctor Conrado), José Blanch Roca (Victorino José), José Cesari Mercadal (Dionisio Martín), José Miguel Elola Arruti (Vito José), José Mir Pons (Prisciliano), Juan Núñez (Vivencio), Juan Pelfort Planell (Juan Crisóstomo), Juan Tubau (Gaudencio Juan), Julio García Galarza (Frumencio), Leocadio Rodríguez Nieto (Miguel Ireneo), Leoncio Pérez Gómez (Porfirio), Lucio Izquierdo López (Ángel Andrés), Lucio Zudaire Aramendía (Teódulo), Mariano Alonso Fuente (Laurentino), Néstor Vivar Valdivielso (Alberto María), Nicolás Pereda Revuelta (José Federico), Nicolás Ran Goñi (Ismael), Pedro Ciordia Hernández (Baudilio), Pedro Sitjes Puig (Laureano Carlos), Plácido Juan José Fábrega Julià (Bernardo), Ramón Mill (Vulfrano), Santiago Sáiz Martínez (Santiago María), Santos Escudero Miguel (Santos), Segismundo Hidalgo Martínez (Gabriel Eduardo), Serafín Zugaldía Lacruz (Santiago), tr>Casimiro Riba Pi (Bernabé), Trifón Nicasio Lacunza Unzu (Virgilio), Víctor Gutiérrez Gómez (Lino Fernando), Victoriano Gómez Gutiérrez (Silvio), Victoriano Martínez Martín (Isaías María)

Hermanos de las Escuelas Cristianas (Lasallanos): Agustín Pedro Calvo (Honorato Alfredo), Antolín Martínez Martínez (Dámaso Luis), Antonio Jaume Secases (Jaime Bertino), Antonio Serra Hortal (Adolfo Jaime), Antonio Tost Llavería (Francisco Magín), Baldomero Margenat (Esiquio José), Cecilio Manrique Arnáiz (Cirilo Pedro), Crisógono Cordero Fernández (Estanislao Víctor), Dalmacio Bellota Pérez (Carlos Jorge), Diodoro López Hernando (Teodosio Rafael), Emilio Martínez de la Pera y Álava (Lorenzo Santiago), Esteban Anuncibay Letona (Ovidio Bertrán), Eudaldo Rodas Saurína (Olegario Ángel), Eugenio Cuesta (Hilarión Eugenio), Eusebio Roldán Vielva (Eusebio Andrés), Félix España Ortiz (Benito Clemente), Francisco Del Valle Villar (León Justino), Francisco Malle (Francisco Alfredo), Francisco Pujol Espinalt (Honesto María), Germán García García (Luciano Pablo), Isidro Muñoz Antolín (Ladislao Luis), Ismael Barrio Marquilla (Celestino Antonio), Jaime Mases Boncompte (Lamberto Carlos), Jaime Puigferrer Mora (Miguel de Jesús), Jesús Juan Otero (Arnoldo Julián), José Bardalet Compte (Benedicto José), José Casas Lluch (Ildefonso Luis), José Enrique Chamayou Auclés (Jacob Samuel), José Figueras Rey (Lorenzo Gabriel), José Llorach Bretó (Crisóstomo), José Luis Carrera Comas (Agapio José), José María Aragonés Mateu (Leonardo José), José Mas Pujolrás (José Benito), José Plana (Emerio José), José Ruiz de la Torre (Cándido Alberto), José Trilla Lastra (Felix José), Joseph-Louis Marcou Pecalvel (Louis de Jésus), Juan Delgado (Hugo Julián), Luis Villanueva Montoya (Eustaquio Luis), Marcos Morón Casas (Indalecio de María), Mariano Anel Andreu (Adolfo Mariano), Martín Anglés Oliveras (Victorio), Mateo Molinos Coloma (Dionisio Luis), Modesto Sáez Manzanares (Hermenegildo Lorenzo), Narciso Serra Rovira (Raimundo Eloy), Nicolás Alberich Lluch (Valeriano Luis), Pedro Juan Álvarez Pérez (Felipe José), Pedro Masó (Edmundo Ángel), Ramón Colom (Leónides), Ramón Palos Gascón (Cayetano José), Remigio Ángel Olalla Aldea (Agapito León), Ruperto García Arce (Florencio Miguel), Salvio Tolosa Alsina (Onofre), Santos López Martínez (Mariano León), Urbano CorralGonzález (Josafat Roque), Valeriano Ruiz Peral (Julio Alfonso), Vicente Alberich Lluch (Eliseo Vicente), Vicente Fernández Castrillo (Vicente Justino)

Seminaristas: Francisco Maqueda López, José Casas Ros

Laicos: Álvaro Santos Cejudo, Bartolomé Blanco Márquez, Juan De Mata Díez, Prudencia Canyelles I Ginestà, Teresa Cejudo Redondo, Vicente Toledano Valenciano, Antero Mateo García, Miguel Peiró Victorí

Los 522 mártires de Tarragona

Obispos: Manuel Basulto Jiménez, Manuel Borrás Ferré, Salvio Huix Miralpeix.

Presbíteros: Agapito Gorgues Manresa, Agustí Ibarra Anguela, Agustín Bermejo Miranda, Alejo Miquel Rosell, Andreu Prats Barrufet, Antoni Pedro Jaime Nogués Martí, Antoni Pedró Minguella, Antoni Prenaferta Soler, Antonio Mateo Salamero, Dalmau Llebaría Tomé, Damián Gómez Jiménez, Eladi Péres Bori, Enric Gispert Domènech, Estanislao Sans Hortoneda, Félix Pérez Portela, Francesc Antonio Mateo Vidal Sanuy, Francesc Mercader Randé, Francesc Vives Antich, Francesco Company Tarrellas, Francisco López Navarrete, Francisco Solís Pedrajas, Fulgencio Martínez García, Isidre Fabregas Gils, Isidre Torres Balsells, Jaume Sanromá Solé, Jaume Tarragó Iglesias, Jerónimo Ramiro Luis Fabregas Camí, Joan Farriol Sabaté, Joan Roca Vilardell, Joan Rofes Sancho, Joan Salvador José Gibert Galofré, Joan Tomás Gibert, Joan Vernet Masip, Joaquín Balcells Bosch, Jocundo Juan José Bonet Mercadé, José Badía Minguella, José García Librán, José Jordán y Blecua, José Antonio Moro Briz, José Nadal y Guiu, Josep Bru Boronat, Josep Bru Ralduá, Josep Civit Timoneda, Josep Colom Alsina, Josep Gomis Martorell, Josep Guardiet Pujol, Josep Juan Salvador Garriga Ferrer, Josep Mª Panadés Tarré, Josep Mañé March, Josep Mª Salvador Antonio Sancho Toda, Josep Masquef Ferrer, Josep Mestre Escoda, Josep Padrell Navarro, Josep Roselló Sans, Juan Bautista Ceró Cedó, Juan Mesonero Huerta, Lluís Domingo Mariné, Lluís Janer Riba, Lluis Sans Viñas, Magín Albaigés Escoda, Magín Isidro Roque Civit Roda, Miquel Grau Antolí, Miquel Juan Antonio Saludes Ciuret, Miquel Luis Bernardo Vilatimó Costa, Miquel Rué Gené, Narcís Tomás Juan Feliu Costa, Juan Huguet Cardona, Pablo Figuerola Rovira, Pablo Salvador Ramón Bertrán Mercadé, Pablo Segalá Solé, Pau Gili Pedrós, Virgili Monfá, Pau Ramón Francisco, Pau Roselló Borgueres, Pedro Sánchez Barba, Pere Luis Juan Farrés Valls, Pere Rofes Llauradó, Pius Salvans Corominas, Rafael Martí Figueras, Ramón Artiga Aragonés, Ramón Martí Amenós, Sebastià Tarragó Cabré, Tomás Capdevila Miquel.

Seminaristas: Joan Montpeó Masip, Josep Gassol Montseny, Manuel Aranda Espejo.

Sacerdotes Operarios del Sagrado Corazón: Amadeo Monge Altés, Cristobal Baqués Almirall, Joaquín Jovaní Marín, José Manuel Claramonte Agut, José Mª Tarín Curto, José Piquer Arnáu, José Pla Arasa, José Prats Sanjuán, Juan Vallés Anguera, Lorenzo Insa Celma, Mateo Despons Tena, Miguel Amaro Ramírez, Sebastián Segarra Barberá, Tomás Cubells Miguel, Vicente Jovaní Ávila.

Hermanos de las Escuelas Cristianas: Adalberto Juan, Agapito Modesto, Agustín María, Alberto Joaquín, Alejandro Antonio, Alejandro Juan, Alejo Andrés, Alfeo Bernabé, Anastasio Lucas, Anastasio Pedro, Andrés Sergio, Ángel Amado, Ángel Gregorio, Anselmo Pablo, Anselmo Félix, Antonio Gil , Aquilino Javier, Arístides Marcos, Arnoldo Cirilo, Arturo, Augusto María , Benildo José, Benito Juan, Benjamín León, Braulio Carlos, Braulio José, Buenaventura Pío, Claudio José, Clemente Adolfo, Clemente Faustino, Crisólogo, Crisóstomo Albino, Daciano, Daniel Antonio, Eladio Vicente, Eleuterio Román, Elías Paulino, Elmo Miguel, Esteban Vicente, Exuperio, Fausto Luis, Félix Adriano, Floriano Félix, Fulberto Jaime, Gilberto de Jesús, Honorio Sebastián, Hugo Bernabé, Ireneo Jacinto, Ismael Ricardo, Jacinto Jorge, Javier Eliseo, Jenaro, José Alfonso, Juan Pablo, Junián Alberto, Justino Gabriel, Leoncio Joaquín, Luis Alberto, Luis Victorio, Magín Pedro, Marciano Pascual, Mariano Pablo, Mario Félix, Nicolás Adriano, Norberto José, Orencio Luis, Oseas, Pablo de la Cruz, Rafael José, Rogaciano, Sinfronio, Sixto Andrés, Vidal Ernesto, Virginio Pedro.

Hermanos Maristas: Abdón, Adrián, Alipio José, Anacleto Luis, Andrés José, Ángel Hipólito, Aquilino, Aureliano, Benedicto Andrés, Benedicto José, Benigno José, Berardo José, Bruno José, Camerino, Cipriano José, Columbanus Paul, Crisanto, Domingo Ciriaco, Eduardo María, Egberto, Eloy José, Emiliano José, Euquerio, Evencio, Fabián, Feliciano, Felipe Neri, Félix Amancio, Félix Lorenzo, Fernando María, Gaspar, Guzmán, Herminio Pascual, Javier Benito, Jean Marie, Jerónimo, Jorge Camilo, Jorge Luis, José Ceferino, José de Arimatea, José Teófilo, Julián José, Julián Marcelino, Julio Fermín, Justo Pastor, León Argimiro, Ligorio Pedro, Luciano, Luis Alfonso, Luis Damián, Luis Daniel, Luis Fermín, Marino, Millán, Narciso, Néstor Eugenio, Pablo Daniel, Pedro, Pedro Jerónimo, Roque, Severino, Teófilo Martín, Teógenes, Timoteo José, Valente José, Victorico María.

Benedictinos: Ambrosio María Busquets Creixell, Ángel Fuertes Boira, Ángel María Rodamilans Canals, Anselmo Palau Sin, Aurelio Boix Cosials, Bernardo Vendrell Olivella, Domingo Caballé Bru, Domingo González Millán, Emiliano María Guilá Ximénes, Eugenio María Erausquín Aramburu, Fernando Salinas Romeo, Francisco María Sánchez, Fulgencio Albareda Ramoneda, Hildebrando María Casanovas Vilá, Honorato Suárez Riu, Ildefonso Civil Castellví, Ildefonso Fernández Muñiz, José María Fontseré Masdéu, José María Jordá Jordá, Juan Roca Boch, Leandro Cuesta Andrés, León Alesanco Maestro, Lorenzo Ibáñez Caballero, Lorenzo Santolaria Ester, Lorenzo Sobrevía Cañardo, Luis Palacios Lozano, Mariano Sierra Almázor, Mauro Palazuelos Maruri, Narciso María Vilar Espona, Odilio María Costa Canal, Pedro Vallmitjana Abarca, Plácido María Felíu Soler, Raimundo Lladós Salud, Ramiro Sanz de Galdeano Mañeru, Roberto Grau Bullich, Rosendo Donamaría Valencia, Santiago Pardo López, Vicente Burrel Enjuanes.

Capuchinos: Alejandro de Sobradillo, Alejo de Terradillos, Ambrosio de Santibáñez, Andrés de Palazuelo, Ángel de Cañete la Real, Arcángel de Valdavida, Aurelio de Ocejo, Berardo de Visantoña, Carlos de Alcubilla, Carmelo de Coloma, Crispín de Cuevas de San Marcos, Diego de Guadilla, Domitilo de Ayoó, Eloy de Orihuela, Eusebio de Saludes, Eustaquio de Villalquite, Fernando de Santiago de Compostela, Gabriel de Aróstegui, Gil del Puerto de Santa María, Gregorio de la Mata, Honorio de Orihuela, Ignacio de Galdácano, Ildefonso de Armellada, José de Chauchina, José María de Manila, Juan Crisóstomo de Gata de Gorgos, Luis de Valencina, Miguel de Grajal, Norberto Cembranos de Villalquite, Pacífico de Ronda, Primitivo de Villamizar, Ramiro de Sobradillo, Saturnino de Bilbao.

Hijas de la Caridad: Andrea Calle González, Carmen Rodríguez Barazal, Concepción Pérez Giral, Dolores Úrsula Caro Martín, Estefanía Irisarri Irigaray, Estefanía Saldaña Mayoral, Gaudencia Benavides Herrero, Isidora Izquierdo García, Joaquina Rey Aguirre, Josefa Gironés Arteta, Josefa Laborra Goyeneche, Josefa Martínez Pérez, Juana Pérez Abascal, Lorenza Díaz Bolaños, Mª Asunción Mayoral Peña, Mª del Rosario Ciércoles y Gascón, Mª Luisa Bermúdez Ruiz, María del Pilar Nalda Franco, María Dolores Barroso Villaseñor, María Severina Díaz-Pardo Gauna, Martina Vázquez Gordo, Melchora Adoración Cortés Bueno, Micaela Hernán Martínez, Modesta Moro Briz, Pilar Isabel Sánchez Suárez, Ramona Cao Fernández, Victoria Arregui Guinea.

Hermanos de San Juan de Dios: Avelino Martínez de Arenzana Candela, Baltasar Del Charco Horques, Cristóbal Pérez del Barrio, Cruz Ibáñez López, Estanislao de Jesús Peña Ojea, Feliciano Martínez Granero, Gaudencio Íñiguez de Heredia Alzola, Gumersindo Sanz Sanz, Honorio Ballesteros Rodríguez, Jaime Oscar Valdés, José Miguel Peñarroya Dolz, Juan José Orayen Aizcorbe, Leandro José Aloy Domenech, Leoncio Rosell Laboria, Leopoldo de Francisco Pío, Luís Beltrán Solá Jiménez, Matías Morín Ramos, Mauricio Íñiguez de Heredia Alzola, Publio Fernández González, Raimundo García Moreno, Salustiano Alonso Antonio, Segundo Pastor García, Silvestre Pérez Laguna, Trinidad Andrés Lanas.

Claretianos: Abelardo García Palacios, Andrés Felíu Bartomeu, Ángel López Martínez, Ángel Pérez Murillo, Antonio Capdevilla Balcells, Pablo Castellá Barberá, Antonio Lasa Vidaurreta, Antonio Orrego Fuentes, Cándido Catalán Lasala, Claudio López Martínez, Federico Vila Bartrolí, Antonio Vilamassana Carulla, Felipe González de Heredia Barahona, Gabriel Barriopedro Tejedor, Jaime Mir Vime, Jesús Aníbal Gómez Gómez, José María Ruiz Cano, Melecio Pardo Llorente, Otilio del Amo Palomino, Primitivo Berrocoso Maillo, Sebastián Balcells Tonijuan, Tomás Cordero Cordero, Vicente Robles Gómez.

Carmelitas de la Antigua Observancia: Adalberto María Vicente Muñoz, Alberto María Marco Alemán, Ángel María Reguilón Lobato, Ángel María Sánchez Rodríguez, Antonio María Martín Povea, Aurelio María García Antón, Bartolomé Fanti María Andrés Vecilla, Carmelo María Moyano Linares, Daniel María García Antón, Eliseo María Camargo Montes, Eliseo María Durán Cintas, Francisco María Pérez Pérez, Jaime María Carretero Rojas, José María González Delgado, José María Mateos Carballido, José María Ruiz Cardeñosa, Pedro Velasco Narbona, Ramón María Pérez Sousa, Silvano María Villanueva González.

Hijos de la Sagrada Familia: Antonio Mascaró Colomina, Eduardo Cabanach Majem, Fermín Martorell Vies, Francisco Llach Candell, Jaime Llach Candell, Jaume Puig Mirosa, José Vila Barri, Juan Cuscó Oliver, Juan Franquesa Costa, Narciso Sitjà Basté, Pedro Roca Toscas, Pedro Ruiz Ortega, Pedro Sadurní Raventós, Pedro Verdaguer Saurina, Ramón Cabanach Majem, Ramón Llach Candell, Ramón Oromí Sullà, Roberto Montserrat Beliart, Segismundo Sagalés Vilà.

Mercedarios: Amancio Marín Mínguez, Antonio González Penín, Antonio Lahoz Gan, Enrique Morante Chic, Francisco Gargallo Gascón, Francisco Llagostera Bonet, Francisco Mitjá Mitjá, Jaime Codina Casellas, Jesús Massanet Flaquer, José Reñé Prenafeta, José Trallero Lou, Lorenzo Moreno Nicolás, Manuel Sancho Aguilar, Mariano Alcalá Pérez, Mariano Pina Turón, Pedro Esteban Hernández, Serapio Sanz Iranzo, Tomás Campo Marín, Tomás Carbonell Miquel.

Paúles: Amado García Sánchez, Andrés Avelino Gutiérrez Moral, Antonio Carmaniú y Mercader, Fortunato Velasco Tobar, Gregorio Cermeño Barceló, Ireneo Rodríguez González, Leoncio Pérez Nebreda, Luis Aguirre Bilbao, Narciso Pascual Pascual, Pelayo José Granado Prieto, Ricardo Atanes Castro, Salustiano González Crespo, Tomás Pallarés Ibáñez, Vicente Vilumbrales Fuente.

Carmelitas descalzos: Ángel de San José, Bartolomé de la Pasión, Carlos de Jesús María, Damián de la Santísima Trinidad, Elipio de Santa Teresa, Francisco de la Asunción, José Cecilio de Jesús María, Juan de Jesús, Pedro de San Elías, Silverio de San Luis Gonzaga, Vicente de la Cruz.

Mínimas: Asunción, De Santa Margarita de Alacoque de San Ramón, Enriqueta, Filomena de San Francisco de Paula, Josefa del Purísimo Corazón de María, María de Jesús, María de las Mercedes, María de Montserrat, Trinidad.

Redentoristas: Ciriaco Olarte Pérez de Mendiguren, José Javier Gorosterratzu Jaunarena, Julián Pozo y Ruiz de Samaniego, Miguel Goñi Áriz, Pedro Romero Espejo, Victoriano (Víctor) Calvo Lozano.

Trinitarios: Antonio de Jesús y María Salútregui, Buenaventura de Santa Catalina Gabika-, Esteban de San José Barrenechea Arriaga, Francisco de San Lorenzo Euba y Gorroño, Hermenegildo de la Asunción Iza y Aregita, Plácido de Jesús Camino Fernández.

Religiosos de los Sagrados Corazones: Eladio López Ramos, Gonzalo Barrón Nanclares, Isidro Íñiguez de Ciriano Abechuco, Mario Ros Ezcurra, Teófilo Fernández de Legaria Goñi.

Siervas de María: Agustina Peña Rodríguez, Aurelia Arambarri Fuente, Aurora López González, Daría Andiarena Sagaseta.

Hermanos Carmelitas de la enseñanza: Buenaventura Toldrá Rodón, Isidro Tarsá Guibets, Julio Alameda Camarero, Luis Domingo Oliva.

Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor: Gertrudis, Isabel, María Asumpta.

Dominicos: José María González Solís, Raimundo Joaquín Castaño González.

Franciscanos: Antonio Faúndez López, Buenaventura Muñoz Martínez.

Hijos de la Divina Providencia (orionistas): Antonio Isidoro Arrué Peiró, Ricardo Gil Barcelón.

Calasancias: Victoria Valverde González.

Jerónimos: Manuel de la Sagrada Familia.

Laicos: Dolores Broseta Boner, José Gorostazu Labayen, José Mª Povatos Ruiz, Julián Aguilar Martín, Lucrecia García Solanas, Ramón Emiliano Hortelano Gómez, Sebastián Llorens Telarroja.

El Testigo Fiel
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