Santoral del 5 de Abril




INDICE

San Vicente Ferrer, Confesor
Santos MÁRTIRES DE PERSIA
San GERALDO DE SAUVE-MAJEURE
Santa JULIANA DE MONT-CORNILLON
Santa CATALINA TOMÁS
Santa MARÍA CRESCENCIA HÖSS
Beato MARIANO DE LA MATA APARICIO
OTROS SANTOS DEL DÍA






SAN VICENTE FERRER, Confesor
Castigo mi cuerpo y lo reduzco a servidumbre,no sea que habiendo predicado a los otros,venga yo a ser reprobado.(1 Cor., 9, 27).


San Vicente Ferrer, religioso de la orden de Santo Domingo, convirtió por sus predicaciones a un gran número de judíos y de infieles, y movió a vida cristiana a una multitud de cristianos relajados. De ordinario predicaba sobre la penitencia, sobre la Pasión de Jesucristo, el infierno y el juicio. Hacíalo con tanta fuerza y unción, que él mismo lloraba, y sus oyentes, deshechos en lágrimas, no pocas veces hasta en público confesaban sus pecados. Fustigaba sin miedo las malas costumbres. Se dice que el santo regalaba un frasquito con agua bendita a las señoras con problemas con sus maridos y recomendaba: “Cuando su esposo empiece a insultarle, tome el agua y no se la pase mientras el otro no deje de ofenderla.” Práctico y eficaz consejo. Murió en el año 1419. Adoptemos desde hoy la costumbre de rociar la cama por la noche con agua bendita, que, según Santa Teresa de Ávila, es la manera más eficaz de alejar los demonios.

MEDITACIÓN SOBRE EL JUICIO FINAL

I. Todo lo que concierne al juicio final será terrible. Lo precederán señales espantosas: el sol sangrará, abrasaráse el aire, se agitará el mar con vio lenta tempestad, vacilará la tierra sobre su eje; el hambre, la guerra, la peste desolarán la tierra. El Anticristo perseguirá a los fieles con tanta crueldad y refinamiento que apenas si los elegidos podrán resistir a sus tentaciones. Yo creo, Señor, que oiré las terríficas trompetas que me convocarán para dar cuenta de mi vida. Si te sientes movido a cometer un pecado, piensa en este juicio tremendo para todos. (San Basillo).

II. Imagina a todos los pueblos de la tierra congregados en el valle de Josafat, y a Jesucristo que desciende del cielo, seguido de toda la corte celestial, para juzgar al mundo. A su diestra estarán los elegidos acompañados de los ángeles buenos, a su siniestra los réprobos rodeados de una multitud de demonios. Un día estaré en ese valle. ¿Y en qué estado será? Lo ignoro; ignoro si seré colocado a la derecha o a la izquierda, ¡Y vivo ahora en medio de placeres, como si nada debiese temer!

III. Entra en el sentimiento de los elegidos: ¿qué dirán en ese momento? ¿Se arrepentirán de haber despreciado al mundo y mortificado sus cuerpos? ¿Cuáles serán los sentimientos de los réprobos, viéndose a punto de ser condenados? He ahí, ex clamarán, hablando de los elegidos, aquellos de quienes nos burlamos; los tratamos de insensatos, des preciamos su vida oscura. Y ahora, helos ahí, ele vados a la dignidad de hijos de Dios, copartícipes de los santos. Nosotros nos apartamos del camino de la verdad; no brilló para nosotros la luz de la justicia, para nosotros no salió el sol de la inteligencia. ¡Qué triste será ver a Dios y perderlo, perecer a vista del Redentor! (San Euquerio).
El pensamiento del juicio
Orad por los predicadores.

ORACIÓN
Señor, que os dignasteis ilustrar a vuestra Iglesia por los méritos y predicaciones del bienaventurado Vicente, vuestro confesor, acordad, a vuestros siervos la gracia de ser instruidos por sus ejemplos, y de ser librados, por su protección, de toda adversidad. Por J. C. N. S.

http://www.aciprensa.com/podcast/santo/abril05vicenteferrer.mp3






 Martirologio Romano: San Vicente Ferrer, presbítero de la Orden de Predicadores, que, de origen español, recorrió incansablemente ciudades y caminos de Occidente, solícito por la paz y la unidad de la Iglesia, predicando a pueblos innumerables el Evangelio de la penitencia y la venida del Señor, hasta que en Vannes, de la Bretaña Menor, en Francia, entregó su espíritu a Dios. Nació en Valencia y era hijo de Guillermo Ferrer, notario de la ciudad. Ingresó en los dominicos en 1367, profesó en 1368; fue enviado al convento de Santa Catalina de Barcelona para iniciar sus estudios.  En 1370 fue asignado al convento de Lérida como profesor de Lógica y donde escribió “De suppositionibus logicis” (teoría de las suposiciones dialécticas); en 1732, regresó a Barcelona para seguir estudiando; aquí se inició como predicador y se le atribuyen algunos milagros. En 1378, marchó a Toulouse para completar su formación. Fue ordenado sacerdote en el 1379, cuando el Cisma de Occidente, en Barcelona.

Regresó a Valencia donde fue elegido prior, y se puso al lado del papa de Aviñón, el cardenal Pedro de Luna (futuro Benedicto XIII) le ordenó que escribiera un “Tratado del Cisma Moderno”. Dejó el cargo de prior en Valencia. En 1386, fue nombrado catedrático de Teología en la Seo de Valencia. Escribió “Tratado de vida espiritual”; “De unitate universalis”, referente a la unidad característica de los conceptos universales. Fue asesor espiritual de Juan I de Aragón. Apoyó al Benedicto XIII como pontífice, aunque luego, para que se terminara el Cisma, le retiró su apoyo (era su penitenciario mayor); su predicación en favor de este Papa fue tal que atrajo a su obediencia a toda la iglesia española y desempeñó un papel crucial en el Concilio de Costanza. Después de la curación de una enfermedad, mientras se encontraba en Aviñón, sintió la voz de Cristo que le dijo: "Levántate y ve a predicar mi evangelio; avisa a los hombres del peligro en que viven y anuncia el día del Juicio. Yo seré siempre contigo". Vicente encontró en la predicación incansable el apostolado de su vida. Los judíos son uno de sus campos predilectos, y sólo en Valencia bautizó a 10.000 personas; entre ellos está el vallisoletano Pablo de Cartagena, que luego sería obispo de Burgos.

Recorrió con su predicación España, Francia, Suiza e Italia. Decía: "Como en el surtidor, las teorías de la tierra no nos pueden levantar por encima de la tierra; sólo el evangelio nos eleva hasta el Cielo, de donde procede". Tuvo un gran éxito de masas pues por donde iba todo el mundo le seguía. Exhortó a la predicación al beato Pedro Jeremías de Palermo y a san Bernardino de Siena, que se había convertido después de oírle en una predicación en Alejandría. Después de una de sus misiones, la beata Margarita de Saboya, quiso hacerse religiosa. "Son increíbles las ocupaciones que llenan mi vida. A veces tengo que predicar dos y tres veces después de celebrar la misa.

Los sermones los tengo que preparar en los caminos". Hubo un grupo de personas, llamados "los flagelantes" que quisieron imitar su rigor ascético y su compromiso evangélico; Vicente los constituyó en una comunidad (1404), en Lyon. Entre estos flagelantes destacamos a tres beatos que celebran su festividad hoy: Antonio Fuster, (llamado "el ángel de la paz"), Blas de Alvernia y Pedro Cerdán. El periodo de 1412-1419, comprende el apogeo de este apostolado, durante el cual fue invitado a pronunciarse sobre la sucesión de la corona de Aragón, en el Compromiso de Caspe, declarándose a favor del Infante de Castilla. En la tercera y última fase de sus viajes de predicador ya no habló, como anteriormente, del anticristo y del fin del mundo. Murió en Vannes, Francia, cuando le llamó el duque de Bretaña para que predicara en aquella ciudad. Patrón de Valencia y Vannes. MEMORIA FACULTATIVA.

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 Martirologio Romano: En el mismo lugar, conmemoración de ciento once hombre y nueve mujeres, mártires, que, reunidos de varios lugares en la ciudad real de Persia, como rechazaran con firmeza renegar de Cristo y adorar el fuego, por orden del mismo rey fueron entregados a la hoguera. Mártires de Persia durante el rey Shapor II Grupo de 119 mártires que en Seleucia y otras ciudades de Persia, gobernadas por el rey Shapor II, fueron martirizadas a fuego lento por negarse a adorar el fuego y a renegar de Cristo. Entre ellos, había nueve vírgenes consagradas a Dios; el resto eran sacerdotes, diáconos y monjes. Como todos se negasen a adorar al sol, fueron encarcelados durante seis meses en sucias prisiones. Una rica y piadosa mujer, llamada Yaznadocta les ayudó, enviándoles alimentos.

A lo que parece, Yaznadocta se las arregló para averiguar la fecha en que los mártires iban a ser juzgados. La víspera, organizó un banquete en su honor, fue a visitarles en la prisión y regaló a cada uno un vestido de fiesta. A la mañana siguiente, volvió muy temprano y les anunció que iban a comparecer ante el juez y que aún tenían tiempo de implorar la gracia de Dios para tener el valor de dar su sangre por tan gloriosa causa. Yaznadocta añadió: «En cuanto a mí, os ruego que pidáis a Dios que tenga yo la dicha de volver a encontraros ante su trono celestial». El juez prometió nuevamente la libertad a los mártires, con tal de que adorasen al sol, pero ellos respondieron que los vestidos de fiestas que llevaban eran la mejor prueba de que estaban dispuestos a dar la vida por su Maestro.

El juez les condenó a ser decapitados. Esa misma noche, Yaznadocta consiguió recuperar los cadáveres y los quemó para evitar que fuesen profanados. El ciclo de las actas de los mártires de Adiabene, al que este relato pertenece, no siempre es fidedigno.

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Martirologio Romano: En el monasterio de Grande-Sauve, en Aquitania, san Geraldo, abad, que desde el monasterio de Corbie fue elegido abad de Laon, pero más tarde, después de peregrinar varias veces, se retiró a la espesura del bosque, donde fundó su monasterio. Natural de Corbie (Picardía), fue educado y se hizo benedictino en la abadía de su ciudad natal donde ejerció como ecónomo.

Súbitamente le sobrevino una dolorosa enfermedad que, por los síntomas que describe su biógrafo, debió ser una meningitis. Los dolores le impedían pegar los ojos y casi le hacían perder la razón. Los doctores le sangraron y medicinaron, sin conseguir ningún resultado. Naturalmente, el santo no podía ni siquiera orar. Al recuperar la salud, comprendió que lo mejor que podía hacer era servir a Dios en el prójimo y se dedicó a cuidar a tres enfermos, en honor de la Santísima Trinidad. Su abad le llevó consigo a Roma, con la esperanza de que ahí obtendría la salud. Juntos visitaron la tumba de los Apóstoles, y san León IX confirió a Gerardo la ordenación sacerdotal. Cuando regresó a Corbie fue curado por el abad san Adalardo, y algunos autores afirman que fue abad de este monasterio. Lleno de agradecimiento, el santo redobló sus penitencias y mortificaciones.

Tuvo una visión de Cristo que descendía de la cruz, posaba la mano sobre su cabeza y le decía: "Hijo mío, ten confianza en Dios y en el poder de su brazo". Una peregrinación a Jerusalén fue para Gerardo otra fuente de inspiración y consuelo. Poco después de su vuelta, los monjes le elidieron abad de San Vicente de Laon. Pero se trataba de una abadía en la que reinaban la indisciplina y la relajación. Incapaz de reformar a los monjes, Gerardo renunció al cargo y partió con algunos compañeros hacia el sur, en busca de un sitio apto para una nueva fundación. Luego fue abad de Saint Medard en Soissons pero fue expulsado por un usurpador.

En Aquitania, no lejos de la actual ciudad de Burdeos, Guillermo VII, conde de Poitou, les regaló unos bosques; ahí fundaron en 1079 la abadía benedictina de Sauve-Majeure (Silva Major), de la que Gerardo fue el primer abad. Los monjes trabajaban la tierra y misionaban en los alrededores; Gerardo se distinguió entre todos como predicador y confesor. Introdujo la costumbre de celebrar la misa y rezar el oficio de difuntos, durante treinta días después la muerte de los miembros de la comunidad y la práctica de poner pan y vino en el sitio que el difunto ocupaba en la mesa, para darlos después a los pobres. La costumbre se popularizó en otros monasterios y hasta en algunas parroquias; pero al cabo de un tiempo, las ofrendas que se depositaban sobre las tumbas empezaron a destinarse a los sacerdotes en vez de darse a los pobres.

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 Martirologio Romano: En Fosses, de Brabante, santa Juliana, virgen de la Orden de San Agustín, que fue priora de Mont-Cornillon, junto a Liège, y después llevó vida reclusa, en la cual, fortalecida con gracias especiales, promovió la solemnidad del Cuerpo de Cristo. Nació en Rettine (Lieja), en el seno de una familia distinguida. Al perder a sus padres cuando todavía era una niña de cinco años, ella y su hermana fueron enviadas al monasterio doble de Mont-Cornillon, cerca de Lieja, donde se educó bajo la tutela de una religiosa llamada Sofía.

Este monasterio se regía bajo la regla de San Agustín. Juliana recibió una sólida formación: leía con soltura el francés y latín, y estudió las obras de san Agustín y san Bernardo de Claraval. Al morir la priora, Sofia, Juana fue elegida priora en el monasterio de Mont-Cornillon. La disciplina del monasterio le pareció muy relajada, por lo que intentó remediarlo, y esto le trajo la enemistad de una parte de los monjes y de las religiosas. Pronto entró en conflicto con el simoníaco prior de la comunidad masculina, y tuvo que exiliarse. Promovió por una visión, la institución de la fiesta del Corpus Christi; por esto fue considerada como una visionaria y expulsada de Cornillón y con otras religiosas se marchó al monasterio cisterciense de Robertmont, después al de Val-Benoît y finalmente al de Val Notre-Dame.

El obispo de Lieja la llamó, y la reintegró en su comunidad; pero en el 1248, a la muerte del prior Godefroy le sucedió un religioso que acusó a Juliana de apropiarse de los bienes de los pobres, por lo que fue expulsada definitivamente de su convento y se refugió en el cenobio de Salzinnes, la siguieron muchas religiosas “Os seguiremos” le habían dicho, “dondequiera que vayáis, pues prontas estamos a luchar con vos por la justicia”. Cuando éste fue quemado se retiró a Fosses donde vivió como reclusa. Los cistercienses del monasterio de Villiers lucharon por ella para que se celebrase la festividad del Corpus. Compuso un oficio del Santísimo Sacramento que sirvió de modelo a santo Tomás de Aquino, que elaboró otro oficio por orden del papa Urbano IV para uso de la Iglesia romana.
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 Martirologio Romano: En la ciudad de Palma, en la isla de Mallorca, en España, santa Catalina Tomás, virgen, que, habiendo ingresado en la Orden de Canonesas Regulares de San Agustín, destacó por su humildad y la abnegación de la voluntad. Caterina Tomás i Gallard nació en Valldemosa, Mallorca, en el seno de una payeses acomodados; al quedar huérfana a los siete años fue recogida por unos tíos suyos, poco amables y de escasa religiosidad. Catalina fue a vivir en la finca de Son Gallart, cerca del pueblo, haciendo de criadita y de pastora. La niña sufrió en silencio.

Se refugió en la oración y puso en Dios toda su confianza. Se sintió llamada a la vida del claustro. No se atrevió a decirlo a sus tíos. Se marchó de casa a escondidas. Acudió a un ermitaño, el padre Antonio Castañeda, éste la animó, pero no tenía dote. De momento nada se podía hacer. Volvió a casa y los desprecios e insultos aumentaron, solamente contó con la ayuda y comprensión de su hermana Aina. Catalina se abrazó a la cruz. Consagró su virginidad ante un altar de María que ella misma había alzado en un árbol del valle de Valldemossa. Pero el padre Castañeda no se olvidó de Catalina, habló con sus tíos y los convenció. Catalina se trasladó a Palma para trabajar de sirvienta con el propósito de hacerse religiosa, pero al no tener dote ni instrucción, ninguna de las comunidades de la ciudad quiso aceptarla.

La familia Fortesa-Tagamanent, fue la quien la acogió y la enseñaron a leer y a escribir para que pudiera ingresar en el convento.  Por fin se allanaron todas las dificultades, tres conventos estuvieron dispuestos a admitirla, y ella eligió el de Santa María Magdalena, de monjas canonesas agustinas, en el cual tomó el velo en 1553. También allí vivió para servir -nunca pasó de enfermera y ayudante de tornera-, entre éxtasis, visiones y gracias espectaculares que hacían que sus paisanos acudiesen a ella para pedir sus consejos y encomendarse a sus oraciones, la llaman "la secretaria del Altísimo".

El obispo aragonés Diego de Arnedo, alma de la reforma tridentina, que hizo salir a la iglesia mallorquina de la dejadez de la Edad Media e iniciar una edad de oro, que llegaría hasta finales del siglo XVII. El obispo visitó a sor Catalina con frecuencia y le pidió consejo. La humilde monja contribuyó decisivamente a la reforma conciliar. Nada de eso cambió su actitud de obediencia y humildad que vivió en grado heroico, y que a menudo se complacía en rasgos extravagantemente infantiles para que la tomaran por tonta. La nombraron priora, pero renunció el mismo día, por su propia humildad. Las vocaciones en el monasterio aumentaron considerablemente gracias a su ejemplo. Murió a los 43 años como heroína a la fidelidad a Dios, a la caridad y a la oración.
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 Martirologio Romano: En Kaufbeuren, junto al río Iller, en Baviera, santa María Crescencia (Ana) Höss, virgen, que ingresó en la Tercera Orden de San Francisco y procuró comunicar a los demás el fervor del Espíritu Santo, con el que ella misma ardía.

Nació en Kaufbeuren (Alemania), era hija de un pobre tejedor de lana. Se hizo tejedora, para ayudar a su padre, y su pobreza le impidió durante mucho tiempo ingresar en el monasterio de las franciscanas de su ciudad natal. Sólo con la ayuda decisiva del alcalde protestante pudo entrar definitivamente en el convento. Su vida consagrada estuvo siempre impregnada de amor alegre a Dios. Su intensa oración, mediante fervorosos coloquios con la Trinidad y María, desembocó muchas veces en visiones místicas, de las que sólo habló por obediencia con sus superiores. Desde niña tuvo una devoción especial por el Espíritu Santo.

Cuando fue finalmente aceptada en el convento fue tratada como una mendiga y sostuvo muchísimas humillaciones de parte de sus cohermanas. Durante muchos años fue portera del convento, cargo que aprovechó para aconsejar a mucha gente y realizar generosas obras de caridad. Más tarde fue nombrada maestra de novicias. La dulzura con que lo soportó hizo cambiar a las religiosas que la eligieron su superiora en 1741.

Dirigió el monasterio de modo sabio y prudente. Solía subrayar que sin el amor a los demás no podia haber amor de Dios y que “todo el bien que se hacia al prójimo era tributado a Dios, que se escondía en los andrajos de los pobres”. Fue consejera espiritual de muchas personas, y tenía el don de discernimientos de espíritus. El prícipe heredero y arzobispo de Colonia, Clemente Augusto, quedó tan prendado de su santidad que llegó a pedirle al Papa que la canonizara inmediatamente después de muerta. Gracias a ella su pequeño monasterio desempeñó un sorprendente e importante apostolado epistolar. Murió con tal fama de santidad que el monasterio de Kaufbeuren, se convirtió en lugar de peregrinación para católicos y protestantes.
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 Martirologio Romano: En São Paulo, Brasil, beato Mariano de la Mata Aparicio, presbítero. Nació en Barrio de la Puebla (Palencia). En 1921 ingresó en la Orden de San Agustín. En 1922 profesó de manos del prior de la casa, el beato Anselmo Polanco, futuro obispo de Teruel y mártir. Con los estudios filosóficos iniciados en Valladolid, en 1926 se trasladó al monasterio de Santa María de La Vid (Burgos), donde realizó los estudios teológicos. En 1930 fue ordenado sacerdote.

Tras una fugaz estancia en el colegio de la Encarnación de Llanes (Asturias) como profesor, en 1931 fue destinado a la viceprovincia de Brasil, primero a Taquaritinga, después a Santo Agostinho, donde conjugó la labor educativa con los cargos de administrador y secretario. Fue prior provincial y luego consejero. Finalizada la tarea de comisario, se incorporó al colegio Engenhero Schmitt como ecónomo, director y profesor. En 1961 regresó de nuevo a Sao Paulo, en cuyo centro simultaneó la tarea de docente y el cargo de viceprior del colegio de San Agustín, con el trabajo de coadjutor parroquial. Fue un hombre activo y emprendedor, generoso, abierto y comunicativo, lleno de simpatía, sencillez y bondad. Aunque tenía el temperamento fuerte, era incapaz de ocultar su emotividad.

Fue un mensajero de la caridad: amigo de los niños y mayores, enfermos y necesitados, consolador y limosnero de los pobres, sacerdote celoso de sus obligaciones ministeriales. Por la tarde era frecuente verlo recorrer las calles de Sao Paulo, visitando los Talleres de Caridad de Santa Rita, de los que fue durante muchos años asesor religioso. Murió de cáncer en Sao Paulo, sus restos descansa en la iglesia agustina de esta ciudad Su trayectoria humana fuera de lo común hicieron que se le diera su nombre a una guardería, un centro de juventud, un colegio profesional y una calle en Sao Paulo. El gobierno español le concedió la gran cruz de Isabel la Católica.
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Santa Irene de Tesalónica. M. 304.
 Martirologio Romano: En Tesalónica, de Macedonia, santa Irene, virgen y mártir, que, por haber ocultado los libros sagrados en contra de la prohibición del emperador Diocleciano, fue conducida a un lupanar público y después quemada por orden del prefecto Dulcecio, bajo el cual también sus hermanas, Ágape y Quionia, habían padecido juntas poco antes. Mártir en Tesalónica.

La leyenda dice que después de la muerte de sus hermanas, el juez le dijo: “Tus hermanas ya han sido castigadas. Pero tú no debes morir tan deprisa. A ti te ataremos desnudas en un prostíbulo para exhibirte públicamente y cada día recibirás un pan”. Y así sucedió.  No obstante su castidad no fue mancillada, pues nadie osó tocarla o proferir palabras soeces contra ella.

El juez al no lograr convencerla la sometió a toda clase de torturas y murió en la hoguera. Parece que fue martirizada por haber ocultado libros cristianos en la casa de sus padres. Sus restos se conservan en la iglesia de Santa Irene de las Higueras, en Asia Menor.  


Santa Ferbuta. M. c. 342. 
Martirologio Romano: En Seleucia, en Persia, santa Ferbuta, viuda, hermana de san Simeón obispo, que, junto con su acompañante, fue martirizada en tiempo del rey Sapor II. Viuda, hermana del obispo san Simeón Bar Sabbas, en Seleucia, Persia. Fue martirizada por orden del rey Shapor II por confesar su fe en Cristo.

Santos Mártires de Mauritania. M. 459. 
Martirologio Romano: En Arbal en Mauritania, en el territorio de la actual Argelia, pasión de los santos mártires que durante la persecución del rey arriano Genserico fueron ejecutados en la iglesia el día de Pascua; el lector fue traspasado por una flecha en la garganta, mientras en el púlpito cantaba el Aleluya.




San Alberto de Montecorvino. M. 1127.
Martirologio Romano: En Montecorvino, en la Apulia, san Alberto, obispo, que dedicó su vida a la oración continua y a buscar el bien de los pobres.
De origen normando, se estableció con sus padres en Montecorvino donde fue elegido obispo. Perdió la vista pero tuvo los dones de discernimiento de espíritu y de profecía; también fue un gran taumaturgo.
En su ancianidad tuvo un coadjutor llamado Crescencio que lo trató con desprecio y crueldad. Era éste un hombre poco escrupuloso, que deseaba que san Alberto muriese cuanto antes para sucederle en el cargo. En vez de ayudar al obispo, Crescencio y sus amigos le dificultaban la tarea y se burlaban de él cruelmente. Nuestro santo sufrió todas estas pruebas con paciencia heroica, pero predijo a Crescencio que no disfrutaría mucho tiempo de la sede que codiciaba. Se dedicó a hacer el bien y atendió a los pobres.

El pueblo de Montecorvino amó a su obispo hasta el fin. Cuando corrió la noticia de que había entrado en agonía, los hombres, las mujeres y los niños se reunieron llorando a las puertas de su casa. El santo les dio la bendición y los exhortó a vivir piadosa y rectaménte. Después se quedó dormido y murió apaciblemente.
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