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Ora por los que padecen éste mal


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Santoral del 16 de Agosto

INDICE


San ESTEBAN DE HUNGRÍA
Beata HUGOLINA DE VERCELLI
San ROQUE
Beato ÁNGEL AGUSTÍN MAZZINGHI
Beato JUAN DE SANTA MARTA
Beato SIMÓN BUKASAI KIOTA y compañeros. Beato
Beato JUAN BAUTISTA MENESTREL
Beata PETRA DE SAN JOSÉ DE LA MONTAÑA (Ana Josefa Pérez Florido)
Beato VÍCTOR CHUMILLAS FERNÁNDEZ y compañeros
OTROS SANTOS DEL DÍA
Santos: Ambrosio, Aredio, Armagilo, Arsacio, Balsemio, Basilia, Cisio, Demetriano, Diomedes, mártires; Cosme, Teodoro, Radulfo (Raul, Rodolfo), Eleuterio, Simpliciano, obispos; Tito, confesor; Queremón, eremita.

SAN ROQUE, Confesor Laico
Se armará nación contra nación, y un reino
contra otro reino; y habrá pestes, y hambres,
y terremotos en varios lugares.
(Mateo, 24, 7).

San Roque, después de la muerte de sus padres, que eran los señores de Montpellier, vendió sus bienes y distribuyó su precio entre los pobres. Habiéndose declarado una peste en Italia, fue a este país para consagrarse a las víctimas del terrible flagelo. A un gran número curó con la señal de la cruz. Dios recompensó su abnegación curándolo a él mismo, por intermedio de un ángel, de una herida que había recibido. Cuando cayó enfermo en un bosque, todos los días recibió un pan que le traía un perro de un gentilhombre. De vuelta a Montpellier, fue tomado por espía y encarcelado. Permaneció así cinco años y murió en la cárcel a mediados del siglo XIV.

MEDITACIÓN SOBRE TRES AZOTES DE DIOS

I. La peste, la guerra y el hambre son los tres: flagelos de que Dios acostumbra servirse para castigar a los hombres y recordarles sus deberes. Si Dios te envía estos azotes o alguna otra aflicción, di lo que decía San Lupa al rey Atila, azote de Dios: "Sed bienvenido, os deseábamos". Nos dejamos corromper por la prosperidad, y Dios, para corregirnos, nos en vía adversidades.

II. Dios golpea al que ama: a menudo lo visita mediante las enfermedades, las humillaciones y los reveses de fortuna, a fin de desasirlo de las creaturas. Lo prueba con el fuego de la tribulación, como al oro en el crisol. Él conmuta los rigurosos suplicios del purgatorio con aflicciones. Después de esto, oh Dios mío, ¿me quejaré yo de los sufrimientos que Vos me enviáis?

III. Los malvados, por el contrario, gozan de toda clase de prosperidades. Las riquezas, los place res y los honores por todas partes los rodean. No os asombréis de esto, tienen su paraíso en este mundo. Dios, que es justo y que nada deja sin recompensa, les da bienes en esta vida para recompensarlos por algunas buenas acciones que han realizado. ¡Pobres desgraciados! ¡os alegráis de vuestra prosperidad, y no veis que ella es para vosotros señal de reprobación! Es una señal de la cólera de Dios, que el pecador no sea castigado aquí abajo, si no lo hace en este mundo, es para castigarlo en el otro. (San Bernardo).

La paciencia
Orad por los enfermos.

ORACIÓN

Señor, os lo suplicamos, rodead sin cesar a vuestro pueblo con vuestra misericordiosa protección, y, en vista de los méritos del bienaventurado Roque, preservadlo de todo contagio, tanto de cuerpo como de alma. Por J. C. N. S. Amén.

http://www.aciprensa.com/podcast/santo/agosto16-07roque.mp3




San ESTEBAN DE HUNGRÍA. (c.975 - 1038).
Martirologio Romano: San Esteban, rey de Hungría, que, regenerado por el bautismo y habiendo recibido la corona real de manos del papa Silvestre II, veló por la propagación de la fe de Cristo entre los húngaros y puso en orden la Iglesia en su reino, dotándola de bienes y monasterios. Justo y pacífico en el gobierno de sus súbditos, murió en Alba Real (Székesfehérvár), en Hungría, el día de la Asunción, entrando su alma en el cielo.

Nació en Esztergom, Hungría. Se llamaba Vajk, y recibió una educación cristiana de su madre Sarolt y el ánimo de su padre el duque Geza, que aunque era pagano estaba bien dispuesto hacia la nueva religión, de manera que en el 972 fue bautizado por san Wolfgango, otros dicen que por san Adalberto de Praga. Eligió el nombre de Esteban al bautizarse en el 985. Se casó, en el 995, con santa Gisela de Baviera, hermana del rey san Enrique II. En el 997, fue elegido gobernarte de los magiares, con el título de duque y creó la nación de Hungría. En el año 1000 recibió del papa Silvestre II y con el beneplácito del emperador Otón II, la corona, la cruz procesional y los poderes para crear obispados y nombrar dignatarios eclesiásticos; en la Navidad de ese mismo año fue consagrado y coronado primer rey de Hungría.
Su inspirador y educador fue san Adalberto de Praga, mientras su colaborador más íntimo fue el monje húngaro, san Anastasio. Con su acción apostólica, hecha de persuasión, amor y no de violencia, atrajo hacia el cristianismo a su pueblo todavía pagano; aunque hay historiadores que afirman que obligó a su pueblo a la conversión con métodos que hoy no serían muy ortodoxos; aunque termino con los robos, asesinatos... escribió un código de leyes dedicado a su hijo san Emerico, que es un ejemplo de buen gobierno.

Gracias a sus numerosas victorias contra enemigos externos e internos, Esteban unió gradualmente a los magiares en una sola nación; organizó diócesis (la de Esztergom y Kalocsa), fundó abadías (entre ellas la abadía benedictina de Pannonhalma) y se rodeó de ilustres monjes extranjeros entre ellos san Gerardo Sagredo, abad de San Giorgo en Venecia, que fue el preceptor de su hijo san Emerico que murió en su juventud en una accidente de caza. Para Emerico, escribió: "La practica de la oración es la garantía de la salud del reino. No te olvides nunca de repetir: envía, Señor, tu sabiduría para que viva conmigo, y trabaje conmigo y sepa en todo tiempo lo que es grato delante de Ti. Las obras de la piedad serán la base de tu felicidad. Se paciente. Se fuerte. Se humilde. Se dulce. Se casto. Estas son las piedras preciosas de una corona real. Sin ellas perderás el reino de la tierra y no conseguirás tampoco aquel que no se acaba”. Consiguió conversión al cristianismo de Transilvania al vencer a su príncipe y, anexionó Bulgaria a la corona hungara.

Los últimos años de su vida estuvieron llenos de amarguras, pero a pesar de todo no dejó de ser bueno, misericordioso y pío. Escogió como patrona a la Virgen de la Asunción, a la que llamó "La Gran Dama de los Húngaros". Antes de morir quisieron asesinarlo, pero el sicario no lo consiguió, y Esteban le perdonó la vida, y le animó a que se reconciliase con Dios. Murió en Buda tras una larga enfermedad y fue enterrado en la catedral de Sthulweissenburg. Vivió siempre el lema que dejó en herencia a su hijo: “El rey que no escucha la voz de la misericordia, es un tirano”.
Cuarenta y cinco años después de su muerte, a pedido del rey san Ladislao de Hungría, el papa San Gregorio VII hizo trasladar sus reliquias a un santuario construido dentro de la gran iglesia de Nuestra Señora, en Buda y de este modo reconoció su santidad en 1086. Inocencio XI en 1686, fijó su fiesta para el 2 de septiembre, puesto que el emperador Leopoldo recuperó la ciudad de Buda de manos de los turcos en aquella fecha. Es el héroe nacional de Hungría. MEMORIA FACULTATIVA.
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Beata HUGOLINA DE VERCELLI. (1239 - c. 1300).

Nació en Vercelli, en el seno de la noble y potentada familia De Cassami (o de Cassinis, según estudios recientes). Era hija única. Con 16 años, se destacó por su práctica de la caridad hacia el prójimo, la oración constante, la perfecta adhesión a las enseñanzas de sus padres. Tenía un especial amor hacia los peregrinos, que en aquel tiempo eran numerosos. Cuando se enteraba que la meta era Tierra Santa, les daba dinero para el viaje.
Se sabe que a los 14 años, al morir su madre, su padre quiso seducirla, pero gracias a su oración consiguió guiar a su padre a la senda correcta. De todas manera el equilibrio familiar se vio dañado y Hugolina, le confió a una señora de nombre Libera, su deseo de servir al Señor en la oración, viviendo retirada del mundo. Ésta la dijo que meditara a fondo su decisión y que esperara un signo del cielo. Hugolina huyó de su casa disfrazada de hombre, cuando su padre se encontraba de viaje en Turín. Hugolina llegó a un bosque, distante una milla de la ciudad, donde estaba la capilla de Santa María di Betlemme. Había una celda, entonces vacía, que había pertenecido a un ermitaño de nombre san Favorino, que al regresar de Tierra Santa, había construido este lugar para vivir santamente. Hugolina que este sería el lugar de su retiro. Durante 47 años, hizo creer que era un hombre de nombre Hugo, y vivió con los extrictamente necesario, en oración, en intensos coloquios con Dios y penitencias para combatir las tentaciones que no le faltaron.

La capilla fue un punto de referencia para todo el territorio circundante, lugar de oración, de consejo para diferentes personas de distintas clases sociales. Hugolina se comunicaba, sin mostrar su rostro, a través de un ventanuco. Sólo el confesor y la confidente Libera sabían su identidad.
Transcurrieron muchos años hasta que el físico de Hugolina comenzó a declinar: dolores de estómago y fiebres la llevaron al lecho. Unos días antes de su muerte, llamó al sacerdote Valentino (que será su biógrafo) e hizo confesión general y recibió el Viático. Su muerte produjo un clamor de dolor por la pérdida y un homenaje por su vida de santidad. Su tumba fue meta de peregrinaciones y lugar donde se produjeron milagros.
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San ROQUE. (1350 - c.1379).
Martirologio Romano: En la Lombardía, san Roque, que, nacido en Montpellier, del Languedoc, en Francia, adquirió fama de santidad peregrinando piadosamente y curando por toda Italia a los afectados de peste.

Se dice que nació en Montpellier en el seno de una familia acomodada. A los 17 años quedó huérfano y repartió todos sus bienes entre los pobres, ingresó en la Tercera Orden de San Francisco y se hizo peregrino. Marchó a Roma en 1367 y allí estuvo hasta 1371.
Pero en su peregrinación hasta Roma se detuvo en Toscana, en la ciudad de Acquapendente, cuando estaba azotada por la peste, y se hizo enfermero, médico y taumaturgo; consolando, atendiendo y sanando milagrosamente; su fama se extendió por toda la región, por su cuidado a los apestados pero fue expulsado de la ciudad. Llegó a Roma donde curó al sobrino de un cardenal, quien lo habría presentado posteriormente al papa. Luego en el camino de regreso pasó a Cesaba, y por fin a Piacenza, siempre al cuidado de los apestados, a los que podía curar en nombre de Dios, y exponiendo su vida en los lazaretos. Estuvo en Rímini y Novara. En Piacenza, quedó contagiado por el mal, y entonces los habitantes de Piacenza lo echaron de la ciudad y tuvo que refugiarse en una choza del bosque, donde dicen que un perro le llevaba todos los días un pan para su sustento y le lamía las úlceras de la pierna. El extraño comportamiento del animal fue observada por un patricio llamado Gotardo Pollastrelli, de la ciudad, que lo siguió por el bosque y descubrió, lo acogió en su casa y lo atendió. Algún tiempo después, un ángel se apareció al enfermo y le curó milagrosamente.

La tradición asegura que después volvió a su pueblo de Montpellier; pero Roque, estaba tan demacrado, que nadie lo reconoció; lo tomaron por un espía y lo metieron a la cárcel en Anger o Voghera. Estuvo cinco años entre grilletes, y allí murió, sin darse a conocer a su tío, gobernador de la ciudad, que podía liberarlo. Otra tradición dice que murió atendiendo a los enfermos apestados todavía joven en Lombardía.
Tiene culto popular y litúrgico, reconocido por la Santa Sede. Su festividad en España se celebra popularmente el 16 de Agosto, pero en América se celebra litúrgicamente el 18 Agosto. Patrón de Montpellier.
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Beato ÁNGEL AGUSTÍN MAZZINGHI. (c.1386 - 1438).
Martirologio Romano: En Florencia, de la Toscana, beato Ángel Agustín Mazzinghi, presbítero de la Orden de los Carmelitas.

Nació en el seno la noble familia florentina de los Mazzinghi; A los 25 años fue atraído por la espiritualidad que se difundía del convento carmelita de Florencia (la recién iniciada “observancia de Las Selvas”) que intentaban vivir la regla carmelita en toda su pureza y donde vivía san Andrés Corsini, obispo de Fiésole. Esta observancia pronto se integró en la célebre Congregación Mantuana, que tan copiosos frutos de santidad produjo para la Iglesia y la Orden carmelitana.

Se ordenó sacerdote en 1415. Fue un fraile devoto y estudioso, predicador y escritor, maestro de teología y prior de los conventos de Las Selvas y de Florencia durante varios trienios. Fue celoso predicador, obrando ruidosas conversiones, como fruto de sus sermones. En el año 1434 obtuvo el título de Lector. Una de sus tribulaciones que tuvo que soportar fueron los amores de fra Filippo Lippi con la religiosa Lucrezia Buti. El "Necrológico del Carmen" de Florencia le recuerda en estos términos: “Fray Ángel Agustín, varón venerable sumamente virtuoso, insigne por su doctrina, consejero seguro, de gran fama y vida santísima, famosísimo por su predicación, el primer hijo de la observancia de Las Selvas”. El pueblo florentino le veneró siempre con el nombre de beato Angiolino. El culto al beato, muy antiguo y confirmado por numerosos milagros, fue aprobado oficialmente en 1761 por el papa Clemente XIII.
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Beato JUAN DE SANTA MARTA. (1578-1618).
Martirologio Romano: En Kioto, de Japón, beato Juan de Santa Marta, presbítero de la orden de los Hermanos Menores y mártir, que, mientras era conducido al lugar del suplicio, iba predicando al pueblo y cantando el salmo Alabad al Señor, todas las gentes.

Natural de Prades (Tarragona). Formó parte de la Schola Cantorum de la catedral de Zamora. Luego ingresó en la Orden Franciscana. Fue ordenado sacerdote franciscano en el 1606. Partió para Filipinas con Fray Sebastián de San José y otros 30 misioneros Franciscanos, muchos de los cuales darían luego la vida por Cristo. De las Filipinas pasó al Japón, donde abrió una escuela de música. En el Japón ejerció durante 10 años un intenso apostolado, evangelizando varias provincias. Fue puesto a la cabeza de la misión de Fuscimi, en donde se mostró un auténtico apóstol de Cristo, infatigable en la obra evangelizadora y aprendió la lengua local. Su virtud le mereció la veneración de los cristianos y de los mismos paganos.
Al tiempo de la promulgación del edicto de persecución, en 1614, fue desterrado, pero poco después reingresó en el Japón y disfrazado de japonés recorrió las provincias de Arima y de Omura, donde la persecución era más violenta. Visitaba a los cristianos en sus casas, fortalecía a los vacilantes, reconducía a los apóstatas a la iglesia, administraba los Sacramentos. Por la noche se retiraba a algún monte, donde reposaba.

Fue arrestado y puesto en prisión en Meaco, donde permaneció por tres años con indecibles sufrimientos. Mientras era llevado al suplicio, predicó al pueblo y cantaba “Laudate Dominum omnes gentes”. Al llegar al lugar del martirio oró por sus perseguidores, elevó luego los ojos al cielo y ofreció la cabeza al hacha del verdugo; tenía 40 años. Algunas partes de su cuerpo fueron recogidas por cristianos y rodeadas de veneración, realizaron prodigios. Fue beatificado por Pío IX el 7 de julio de 1867.
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Beato SIMÓN BUKASAI KIOTA y compañeros. Beato. M. 1620.
Martirologio Romano: En Cocura, siempre en Japón, beatos mártires Simón Bokusai Kiota, catequista, y María Magdalena, cónyuges, Tomás Guengoro y Marta, también ellos cónyuges, y el pequeño Jaime, su hijo, que, por decreto del prefecto Yetsundo, juntos fueron crucificados cabeza bajo por odio al nombre de Cristo.

Beata María Magdalena Kyota


Simón Bokusai Kyota era miembro de una de las más antiguas familias cristianas de Bungo y era oficial del ejército real. Era cofrade del Rosario y había difundido con todo entusiasmo el evangelio en su entorno social. Su esposa María Magdalena era unánime con él en la profesión y difusión de la fe cristiana, y extremadamente servicial con los misioneros a quienes hospedaba. Tenía 60 años.
Tomás Gengoro era también cofrade del Rosario y no sólo había hospedado a los religiosos sino que había difundido la fe entre sus amistades cuanto había podido. Su esposa María (a veces llamada Marta) participaba de sus mismos sentimientos religiosos, y era cofrade también del Rosario. Jaime era un niño de dos años, hijo de ambos, muerto por ser un niño cristiano, uno de los más jóvenes mártires beatificados.
En la ciudad de Kokura, reino de Fingen, en el Japón, fueron martirizados acusados no solamente de ser cristianos sino también de haber hospedado a los misioneros extranjeros. Ambas acusaciones eran verdaderas, pues se trataba en efecto de cristianos convencidos que habían dado de muy buena gana hospedaje en su hogar a los misioneros y colaborado así al mantenimiento de la cristiandad nipona y a la difusión del evangelio. Su martirio, al que los condenó el prefecto Yetsundo, consistió en que fueran crucificados cabeza abajo, teniendo una agonía larga y dolorosa. Las dos familias fueron beatificados el 7 de julio de 1867 por el papa Pío IX.
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Beato JUAN BAUTISTA MENESTREL. (1748-1794).
Martirologio Romano: En un viejo navío anclado en el mar frente a Rochefort, en Francia, beato Juan Bautista Ménestrel, presbítero y mártir, que, durante la Revolución Francesa, condenado a galeras por ser sacerdote, cubierto de llagas llenas de gusanos consumó su martirio.

Nació en Serécourt, Los Vosgos (Francia). Se desconoce dónde hizo los estudios y cuándo se ordenó sacerdote, pero se sabe que el 13 de mayo de 1776 era vicario de la parroquia de Hagécourt-Valleroy, Los Vosgos. Luego fue canónigo de la colegiata de Remiremont, en la diócesis de Saint Didier. Su nombre falta entre los sacerdotes juramentados que se registraron como tales en Remiremont en enero y febrero de 1791. El consejo municipal lo expulsa de Remiremont el siguiente 4 de junio diciendo que lo hace tanto por la seguridad personal del canónigo como por la tranquilidad pública. El 29 de abril de ese mismo año fue condenado a ser transportado a la casa de arrestos de Epinal. Cuando van a arrestarlo encuentran que lleva enfermo varias semanas a causa de una fiebre biliosa. El canónigo alegó su estado de salud pero no le sirvió, y así tuvo que ir a la cárcel.

Llegó el 23 de mayo a la prisión de Epinal, donde estuvo hasta que partió para Rochefort el 18 de abril de 1794. Pese a su enfermedad no se le dispensó de la deportación. Llegado a Rochefort fue embarcado en el “Washington”. Su cuerpo se llenó de llagas y los gusanos lo devoraban estando aún vivo, y cuando los demás sacerdotes querían curarle las llagas y quitarle los gusanos él decía que los dejaran, que el quitarlos sólo contribuía a prolongar su martirio. Sus compañeros decían que su paciencia era perfecta y su resignación celestial. Por fin pasó al Padre el 16 de agosto de 1794 y fue enterrado en la isla de Aix. Con él se cierra esta gloriosa lista de mártires que esperaron en las playas de Rochefort en espera de su embarque para las Guayanas pero que fueron dejados morir en los inmundos barcos. Fue beatificado el 1 de octubre de 1995 por el papa Juan Pablo II.
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Beata PETRA DE SAN JOSÉ DE LA MONTAÑA (Ana Josefa Pérez Florido). (1845-1906).
Martirologio Romano: En Barcelona, en España, beata Petra de San José (Ana Josefa) Pérez Florido, virgen, que ofreció con alegría un cuidado asiduo a los ancianos abandonados y fue fundadora de la Congregación de Hermanas Madres de los Abandonados.

Ana Josefa Pérez Florido nació en Valle de Abdalajís, Málaga, en el seno de una familia de campesinos. Su infancia y adolescencia pasó de una piedad profunda y una caridad hacia los pobres a la frialdad religiosa. Tuvo que sufrir los abusos caciquiles de la condesa de los Corbos, y salvó la vida de su padre, cuando le fue a matar el alcalde del pueblo, interponiéndose entre la pistola y su padre. Dejó una relación con un muchacho, y a los 19 años, sintió que Cristo le decía: “Tú serás para mí” y ella expresó: “Quedé presa para ser libre, cogida para ser suelta y atada para volar”.

Se entregó a atender a los ancianos de su pueblo, con una gran caridad, y se le unieron otras compañeras con las que abrió un asilo de ancianos abandonados, y poco después abrieron otra en Álora. Después de la muerte de su padre ingresó en la Congregación de las Mercedarias de la Caridad, pero la dejó poco tiempo después, pues ella se quería dedicar a los ancianos abandonados. Fundó la Congregación de Madre de Desamparados y San José de la Montaña en 1881 en Vélez-Málaga y al profesar tomó el nombre de Petra de San José. Aunque los inicios fueron difíciles, abrió varias casas por la península ibérica. Fue una mujer que vivió una fe profunda, robustecida y expresada en una oración intensa y perseverante. De espíritu josefino en 1895, inició en Barcelona el santuario de San José de la Montaña, donde murió. El 16 de octubre de 1994 fue beatificada por SS. Juan Pablo II.
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Beato VÍCTOR CHUMILLAS FERNÁNDEZ y compañeros. M. 1936.

Víctor nació en Olmeda del Rey (Cuenca). En 1914 entró en el seminario menor franciscano de Belmonte (Cuenca). Tomó el hábito franciscano en Pastrana (Guadalajara) en 1917. Profesó de votos temporales en Arenas de San Pedro (Ávila) en 1918. Cursó la filosofía en Pastrana y la teología en Consuegra (Toledo). En 1923 hizo su profesión solemne. En 1925 fue ordenado sacerdote.

Su primer destino fue la casa de noviciado de Arenas de San Pedro. Después fue enviado como profesor a los seminarios de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), La Puebla de Montalbán (Toledo) y Pastrana. En 1932 fue destinado al convento de San Antonio en Madrid, donde actuó como director de la revista “Cruzada Seráfica”, de la catequesis y la Juventud Antoniana, sumando a ello la predicación, la atención al confesonario y a los enfermos. Todo ese trabajo lo continuó en Almagro (Ciudad Real), para donde fue designado Guardián a principios de 1935. En octubre de ese mismo año, el Capítulo le nombró Guardián y Rector del Convento-Teologado de Consuegra, donde permaneció hasta su muerte.
Su carácter era sencillo, alegre, optimista, bondadoso y tranquilo. Siempre fue hombre de oración en medio de su gran actividad. Su espíritu de sacrificio y pobreza eran evidentes. La prudencia, humildad, bondad, servicialidad y dulzura en el trato saturaban su proceder. Su fortaleza y su fe en Dios le hacían infatigable en el trabajo y estaba siempre pronto para cualquier trabajo necesario y para la obediencia. Ya sacerdote, ejerció el apostolado por todos los medios a su alcance: la acción, la palabra, la pluma. Su labor de profesor no le impidió el ejercicio intenso del ministerio sacerdotal: atención al culto, a la predicación, al confesonario, a la dirección espiritual, a la dirección de asociaciones religiosas, a los enfermos y a la catequesis infantil, en la que derrochaba entusiasmo, simpatía e inventiva. Su labor como publicista fue también intensa en las revistas “Cruzada Seráfica” y “Hogar Antoniano”. En los artículos supo iluminar la realidad de la sociedad española con la luz del Evangelio. Eran verdaderas catequesis de adultos y de niños, apropiadas a la España republicana.

El 24 de Julio de 1936 fueron expulsados del convento. El último en salir fue el P. Víctor Chumillas, Guardián, que entregó las llaves a los agentes municipales. Los religiosos fueron hospedados por familiares y bienhechores. En los días de hospedaje llevaron una vida serena y de oración, sin intentar huir ni esconderse de los perseguidores. El P. Víctor expresó repetidamente su deseo de ser mártir.

Entre la tarde y noche del 9 de agosto y la mañana del 10, fueron detenidos 28 de los 32 franciscanos. Los otros cuatro lo serían el día 11. Ellos, sin protestar ni resistirse, pero conscientes de que los matarían, siguieron a los agentes, que los llevaron a la cárcel municipal. La estancia en la misma quedó escrita por el P. Chumillas en su breviario. Todos iban contentos de sufrir por el Señor y, al verse, se abrazaron, se pidieron mutuamente perdón y recibieron del superior la absolución general. Por la noche, ellos y los demás eclesiásticos encarcelados se confesaron, oraron y renovaron los votos y las promesas sacerdotales. El P. Chumillas les exhortó a sufrir el martirio por Dios y todos quedaron con ardiente deseo de padecerlo y se retiraron a descansar. Habiendo ingresado en la cárcel los demás sacerdotes y religiosos del pueblo el día 11, fueron todos trasladados a la iglesia de Santa María. Allí recibían el alimento de los familiares y bienhechores. Estaban serenos y dedicaban el tiempo a la oración y al diálogo mutuo, estimulándose al martirio. Todos hicieron confesión sacramental. El día 14 fueron liberados tres franciscanos de avanzada edad y otros religiosos. También fue liberado uno de los estudiantes de teología, consaburense.
Pasada la media noche del 15 al 16, los franciscanos fueron sacados de la iglesia-prisión. Mientras salían, el beato P. Benigno Prieto dijo: “No os asustéis, hermanos, que vamos al cielo”. Inmediatamente, mandaron volverse a los naturales de Consuegra y a los hermanos no clérigos, en total, ocho, que serían luego asesinados el 19 de agosto y el 24 de septiembre. Los veinte restantes fueron subidos a un camión.

Escoltado por varios coches, en los que iba el alcalde y miembros del Ayuntamiento, el camión salió de Consuegra, pasó por el pueblo de Urda y se detuvo en el lugar llamado Boca de Balondillo, en el término municipal de Fuente el Fresno (Ciudad Real). Los franciscanos, que habían ido rezando por el camino, fueron mandados bajar y ponerse en fila a pocos metros de la carretera. El P. Víctor Chumillas pidió al alcalde que los desatasen para morir con los brazos en cruz, pero no le fue concedido. Pidió que los fusilasen de frente, y el alcalde permitió que se volviesen. Entonces el P. Víctor dijo a su comunidad: “Hermanos, elevad vuestros ojos al cielo y rezad el último padrenuestro, pues dentro de breves
momentos estaremos en el Reino de los cielos. Y perdonad a los que os van a dar muerte”. Y al alcalde: “Estamos dispuestos a morir por Cristo”. Inmediatamente, el beato Fr. Saturnino Río clamó: “¡Perdónales, Señor, que no saben lo que hacen!”. Empezó la descarga de disparos. En ese mismo momento, varios de los franciscanos gritaron: “¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Orden Franciscana! ¡Perdónales, Señor!”. Eran aproximadamente las 3,45 de la madrugada del 16 de agosto de 1936. Los cuerpos de los veinte franciscanos, por orden de la autoridad, fueron recogidos ya de día, llevados en un camión y sepultados en el cementerio de Fuente el Fresno. Una cruz de mármol con una breve inscripción recuerda el lugar de su martirio.
Terminada la guerra civil, fueron llevados al cementerio de Consuegra. El 15 de agosto de 1940, se trasladaron sus cuerpos a la capilla construida al efecto en la iglesia del convento franciscano de esa localidad hasta que el 26 de noviembre de 1982, por cierre de la casa, fueron trasladados a Toledo e inhumados definitivamente en la iglesia franciscana de San Juan de los Reyes el 23 de diciembre de ese mismo año.

Con nuestro beato fueron martirizados los siguientes franciscanos: Ángel Hernández-Ranera de Diego, Domingo Alonso de Frutos, Martín Lozano Tello, Julián Navío Colado, Benigno Prieto del Pozo, Marcelino Ovejero Gómez, José de Vega Pedraza, José Álvarez Rodríguez, Santiago Maté Calzada, Andrés Majadas Málaga, Alfonso Sánchez Hernández-Ranera, Anastasio González Rodríguez, Félix Maroto Moreno, Federico Herrera Bermejo, Antonio Rodrigo Anton, Saturnino Río Rojo, Ramón Tejado Librado, Vicente Majadas Málaga, Valentín Díez Serna, Félix Gómez-Pinto Piñero, Perfecto Carrascosa Santos.
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OTROS SANTOS DEL DÍA.

Santa Serena. M. c. 290.
Santa Serena de Roma, emperatriz, mujer del emperador Diocleciano. Convertida y bautizada por san Ciriaco, practicó la religión católica en el palacio del emperador y salvó las vidas de muchos cristianos, interponiendo su valimiento ante aquel monstruo de crueldad.
Se supone que era la primera esposa del emperador Diocleciano; y cuando este supo que era cristiana la repudió. Según la leyenda murió mártir.






San Arsacio de Nicomedia. M. 358.
Martirologio Romano: Conmemoración de san Arsacio, que, en tiempo del emperador Licinio, dio testimonio de su fe en Cristo y, apartándose del ejército, llevó vida solitaria en Nicomedia. Finalmente, vaticinando la futura destrucción de la ciudad, entregó su espíritu a Dios mientras oraba.
Soldado persa en el ejército romano del emperador Licinio; después de su conversión se retiró como recluso en una torre en Nicomedia, esclarecido con tantos milagros, que se dice haber lanzado a los demonios, y muerto con su oración a un dragón. Advirtió a sus conciudadanos de la inminente destrucción de la ciudad por el terremoto del 358; algunos supervivientes se refugiaron en la torre donde él residía, y lo encontraron muerto en actitud de oración.

San Teodoro de Sión. s. IV.
Martirologio Romano: En Sión, en Valais, entre los helvecios (hoy Suiza), san Teodoro, primer obispo de aquella ciudad, que, siguiendo el ejemplo de san Ambrosio, defendió la fe católica contra los arrianos y veneró con magnificencia las reliquias de los mártires de Agauno.

Según la tradición de la Iglesia de Sión, Teódulo fue el primer obispo de Valais, que entonces llevaba el título de Octodurum (hoy Martgny). Participó en el concilio de Aquilea (381), presidido por san Ambrosio, y junto con el obispo de Milán luchó contra el arrianismo. Antiguo obispo de Grammont, donde su culto está muy difundido en Suiza y Saboya. Este santo es una fusión de san Teodoro, obispo de Octodurum, que en el siglo IV hizo edificar una basílica para los mártires de la legión Tebana, en Agauno, y el san Teódulo, obispo de Sión, quien en el siglo IX habría recibido de Carlomagno el derecho de jurisdicción en el alto valle del Ródano.

Los estudios del canonigo Theurillat, ha demostrado la falsedad de la existencia de dos Teódulos, y afirma sólo como cierta la del contemporáneo de san Ambrosio de Milán, que con él se inició la devoción a los mártires tebanos, pero el Martirologio Romano, ha conservado dos fechas diferentes en su celebración.

San Armagilo. M. 570.
Martirologio Romano: En la Bretaña Menor, san Armagilo, eremita.
Nació en Gales y fue primo de san Sansón de Dol; y estudió bajo la dirección del abad Carentmaël. Lleno de la palabra de Cristo, narrada en el Evangelio que había oído en una iglesia, decidió entregarse a la difusión del cristianismo y embarcó para Francia. Llegó a Finisterre en Bretaña, junto a su maestro y otros compañeros, allí fundó el monasterio de Plonarzel; pero más tarde la tranquilidad de la comunidad estuvo en peligro por el usurpador Conmaro, que había asesinado a Jonás el jefe de la tribu del lugar.

Armagilo se refugió en París, bajo la protección de Childeberto I, rey merovingio, y habría curado a un leproso. En el 555, después que Conmaro fue asesinado por el hijo del difunto Jonás, regresó a Bretaña, donde obtuvo la concesión de un terreno en las cercanías de Rennes, donde fundó la abadía de Saint-Armel-des Bochaux. Murió probablemente en el monasterio Ploërmel que había fundado en el bosque del actual Paimpont. Su vida está plagada de leyendas. Se le dedicó una iglesia en Cornualles con el nombre de Saint-Erme. Cuando regresó a Bretaña un ángel le anunció su próxima muerte. Su vida está plagada de milagros y de leyendas fantásticas.

San Frambaldo de Senlis. M. 650.
Martirologio Romano: En el territorio de la Galia Cenomanense (Le Mans), san Frambaldo, monje, que pasó su vida ya en la soledad, ya viviendo en monasterios.
Natural de Saint Fraimbault de Priéres en la región del Maine. Se hizo anacoreta retirándose en los bosques de Valois. Habría permanecido oculto varios años en una cisterna de Ivry sur Seine, cerca de París. También hizo vida cenobítica.



Radulfo de Fustaie. Beato. M. 1129.
Martirologio Romano: En los bosques cercanos a Rennes, en la Bretaña Menor, beato Radulfo de Fustaie, presbítero, fundador del monasterio de San Sulpicio.
Benedictino en el monasterio de Saint-Joun-de-Marne; ayudó a san Roberto de Abrissel en la fundación de una nueva congregación benedictina y, en el 1092, fundó y gobernó el monasterio doble de San Sulpicio (Rennes).


Lorenzo "el Coracero". Beato. M. 1243.
Martirologio Romano: En Subiaco, en el Lacio, beato Lorenzo, llamado el Coracero. Habiendo matado sin querer a otro, decidió expiar su culpa con gran austeridad y obras de penitencia, viviendo solitariamente en la cueva de un monte.

Nació en Fanello (Puglia); se preparó para ser soldado; pero como mató a un hombre de forma accidental, partió en peregrinación a Compostela. Cuando regresó en el 1209, ingresó en los benedictinos de Subiaco y obtuvo el permiso de vivir como recluso entre las ruinas de uno de los 12 monasterios fundados en la zona por san Benito. El sobrenombre de "Lorigado o Coracero" le viene de la cota de malla que llevaba sobre la piel.

Melchor Kumagai Motonao. Beato. M. 1605.
Martirologo Romano: En Yamaguchi, Japón, beato Melchor Kumagai, samurai muerto por defender la fe cristiana, mientras oraba y meditaba la pasión.
Mártir en Hagi (Japón), tenía 51 años. El samurai Melchor Kumagai Motonao muere decapitado en su casa, por defender la fe cristiana, mientras oraba y meditaba la pasión. La importancia del martirio de este samurai estriba también en su calidad de descendiente de familia noble que se remonta al emperador Kammu (782-805).

El samurai Melchor precedentemente se había enfriado en la fe, pero luego, después de la guerra de Corea, tomó un camino de segunda conversión, entregándose con generosidad hasta el momento de su martirio. En sus cartas dirigidas a sus amigos manifiesta su adhesión incondicional a la fe, mientras, al mismo tiempo, estaba dispuesto a servir con fidelidad a su señor el "daimyó", pariente suyo.

Santa Rosa Fan Hui. M. 1900.
Martirologio Romano: En la aldea Fanjiazhuang, cerca de Wujiao, en la provincia china de Hebei, santa Rosa Fan Hui, virgen y mártir, que, durante la persecución desencadenada por los seguidores de la secta «Yihetuan», fue arrojada a un río recubierta de heridas, todavía con vida.
Era una mujer soltera de la comunidad cristiana de Fanjiazhuang, en la provincia de Hebei, China. Tenía 45 años y desde hacía más de 20 años ejercía como catequista en su pueblo y en otros muchos.

Cuando en julio de 1900 se entera de que los boxers andan matando a los cristianos, se esconde en un sitio y en otro, pero el día 15 de agosto decidió cesar en su huida, y se pasó el día de la Virgen preparándose en la oración al martirio. Cuando a la mañana siguiente llegan los boxers, unos vecinos del pueblo les indican dónde está Rosa escondida. Descubierta, es invitada a renegar del cristianismo, y al negarse, empieza a recibir malos tratos y golpes, sin que ella reniegue. Le hicieron varias heridas con espada y la llevaron a la orilla del canal, donde la tiraron. Pudo nadar hasta la otra orilla, pero allí la esperaban otros boxers que la remataron y echaron su cadáver al canal en Kang-Kia-Tchang. Fue canonizada el 1 de octubre de 2000 por el papa Juan Pablo II.

Enrique de Almazora (Enrique García Beltrán). Beato. (1913-1936).
Martirologio Romano: En la localidad de Benicasim, cerca de Castellón, en España, beato Enrique García Beltrán, diácono de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos y mártir, que, sufriendo el martirio, tuvo parte en la victoria de Cristo.

Nació en Almazora (Castellón). Hizo la profesión temporal en la Orden Capuchina el 1 de septiembre de 1929, y la de votos perpetuos el 17 de septiembre de 1935. Recibió la palma del martirio a los pocos meses de ser ordenado diácono. En efecto, el 18 de julio de 1936 tuvo que dejar el convento de Orihuela y volver a Almassora, a casa de sus padres, en busca de seguridad. Pero fue arrestado el 1 de agosto y encarcelado. En la noche del 15 al 16 de agosto de aquel año, él y un grupo de laicos fueron conducidos por la carretera que lleva a Castellón, hasta una localidad llamada La Pedrera, y allí fusilados. Murieron gritando: “¡Viva Cristo Rey!” .

Gabriel Sanchís Mompó (Gabriel María de Benifayó). Beato. (1866-1936).
Martirologio Romano: En la localidad de Picasent, en el territorio de Valencia, en España, beato Gabriel (José María) Sanchís Mompó, religioso de los Terciarios Capuchinos de la Virgen de los Dolores y mártir, que, por la violencia de los enemigos de la Iglesia, emigró al Señor.
Nace en Benifayó de Espioca, Valencia, hijo de Gabriel y Vicenta. Aprende las primeras letras y carpintería en su pueblo natal, ejerce el oficio hasta que ingresa en el Instituto de los amigonianos, en 1890 hace su primera profesión, en diversas casas de la Congregación ejerció el oficio de administrador sin dejar el de carpintero.

Pasa sus últimos años en Godella,Valencia, como ayudante de adminsitración y carpintero. Afable, bondadoso y servicial, popular. Piadoso, humilde, alegre, trabajador, fraterno, respetuoso de sus cohermanos.
Al estallar la guerra civil, abandona el convento en busca de refugio, acogido por su sobrina Florencia Sanchis. Detenido el 14 de agosto es recluído en la cárcel del pueblo y asesinado junto con cinco sacerdotes nativos del pueblo, en la partida de La Coma, junto a la Masía de Espioca, límites de Picassent, Valencia.

Plácido García Gilabert. Beato. (1895-1936).
Martirologio Romano: En Denia, en el territorio de Alicante, en España, beato Plácido García Gilabert, religioso de la Orden de los Hermanos Menores y mártir, que llevó a cabo un glorioso combate por su amor a Cristo.
Nació en el pueblo de Benitachell, en la provincia de Alicante. Ingresó siendo niño en el Seminario menor de los Franciscanos en Benissa. Desde los años de formación y estudios destacó por su piedad y sus excelentes facultades intelectuales. Emitió la profesión religiosa y recibió el sagrado Orden del Presbiterado. En su Provincia religiosa fue profesor y Prefecto de Estudios. En Roma consiguió el título de Lector General en Derecho canónico y Teología moral.

Vuelto a España, enseñó Teología y fue nombrado guardián (custodio?) de la comunidad, así como Rector del colegio en Onteniente, que refloreció bajo su gobierno. Ejercitó la caridad, la humildad, la paciencia y la mesura de ánimo, así como también la obediencia, el silencio y la oración. Cuando llegó la revolución social, escapó al lugar de su nacimiento. Con fuerte ánimo se preparó a entregar su vida por el Señor y rehusó huir a otro lugar. El día 15 del mes de agosto de 1936 se entregó espontáneamente a los llamados milicianos, que habían rodeado la casa. Detenido, fue conducido a Denia y sometido a injurias, blasfemias y vejaciones. Al día siguiente fue atrozmente mutilado y asesinado.
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